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Historia natural y moral de las Indias (vol. 1 of 2) cover

Historia natural y moral de las Indias (vol. 1 of 2)

Chapter 109: CAPÍTULO XLII
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About This Book

A compendium of observations gathered on transatlantic voyages that blends natural history with moral and social commentary. It surveys celestial phenomena, climate, soils, minerals, plants, animals, and magnetic and geographic curiosities, while documenting Indigenous rites, laws, governance, and warfare. Drawing on personal observation and reports from others, the author connects environment and resources to local customs and social organization, offers practical remarks for travelers and colonists, and reflects on the challenges of communicating new religious and ethical ideas amid cultural differences, using comparative reasoning to reconcile empirical detail with broader moral considerations.

CAPÍTULO XLII

De las piedras bezaares.

En todos los animales, que hemos dicho ser propios del Perú, se halla la piedra bezaar, de la cual han escrito libros enteros Autores de nuestro tiempo, que podrá ver quien quisiere mas cumplida noticia. Para el intento presente bastará decir, que esta piedra que llaman bezaar, se halla en el buche y vientre de estos animales, unas veces una, y otras dos, tres y cuatro. En la figura, grandeza y color tienen mucha diferencia: porque unas son pequeñas como avellanas, y aun menores: otras como nueces: otras como huevos de paloma: algunas tan grandes como huevos de gallina; y algunas he visto de la grandeza de una naranja. En la figura unas son redondas: otras ovadas: otras lenticulares; y así de diferentes formas. En la color hay negras, pardas, blancas, berengenadas y como doradas: no es regla cierta mirar la color ni tamaño para juzgar que sea mas fina. Todas ellas se componen de diversas túnicas ó láminas una sobre otra. En la provincia de Jauja, y en otras del Perú se hallan en diferentes animales bravos y domésticos, como son guanacos, pacos, vicuñas y tarugas: otros añaden otro género, que dicen ser cabras silvestres, á las que llaman los Indios cipris. Esotros géneros de animales son muy conocidos en el Perú, y se ha ya tratado de ellos. Los guanacos, carneros de la tierra y pacos comunmente tienen las piedras mas pequeñas y negrillas, y no se estiman en tanto, ni se tienen por tan aprobadas para medicina. De las vicuñas se sacan piedras bezaares mayores, y son pardas, ó blancas ó berengenadas, y se tienen por mejores. Las mas excelentes se creen ser las de las tarugas, y algunas son de mucha grandeza: sus piedras son mas comunmente blancas, y que tiran á pardas; y sus láminas ó túnicas son mas gruesas. Hállase la piedra bezaar en machos y hembras igualmente: todos los animales que la tienen rumian, y ordinariamente pastan entre nieves y punas. Refieren los Indios, de tradicion, y enseñanza de sus Mayores y Antiguos, que en la provincia de Jauja, y en otras del Perú hay muchas yerbas y animales ponzoñosos, los cuales emponzoñan el agua y pastos que beben, comen y huellan. Y entre estas yerbas hay una muy conocida por instinto natural de la vicuña, y esotros animales que crian la piedra bezaar, los cuales comen esta yerba, y con ella se preservan de la ponzoña de las aguas y pastos; y de la dicha yerba crian en su buche la piedra, y de allí le proviene toda su virtud contra ponzoña, y esotras operaciones maravillosas. Esta es la opinion y tradicion de los Indios, según personas muy prácticas en aquel Reino del Perú han averiguado. Lo cual viene mucho con la razon, y con lo que de las cabras monteses refiere Plinio[196], que se apacientan de ponzoña, y no les empece. Preguntados los Indios, que pastando, como pastan, en las mismas punas carneros y ovejas de Castilla, cabras, venados y vacas, ¿cómo no se halla en ellos la piedra bezaar? Responden, que no creen ellos que los dichos animales de Castilla coman aquella yerba; y que en venados y gamos ellos han hallado tambien la piedra bezaar. Parece venir con esto lo que sabemos, que en la Nueva-España se hallan piedras bezaares, donde no hay vicuñas, ni pacos, ni tarugas, sino solamente ciervos, y en algunos de ellos se halla la dicha piedra. El efecto principal de la piedra bezaar es contra venenos y enfermedades venenosas; y aunque de ella hay diferentes opiniones, y unos la tienen por cosa de aire, otros hacen milagros de ella, lo cierto es ser de mucha operacion, aplicada en el tiempo y modo conveniente, como las demás yerbas, y agentes naturales. Pues no hay medicina tan eficaz, que siempre sane. En el mal de tabardillo, en España é Italia ha probado admirablemente: en el Perú no tanto. Para melancolía y mal de corazon, y para calenturas pestíferas, y para otros diversos males se aplica molida, y echada en algun licor que sea á propósito del mal que se cura. Unos la toman en vino, otros en vinagre, en agua de azahar, de lengua de buey, de borrajas y de otras maneras, lo cual dirán los Médicos y Boticarios. No tiene sabor alguno propio la piedra bezaar, como de ella también lo dijo Rasis, Arabe. Hánse visto algunas experiencias notables; y no hay duda, sino que el Autor de todo puso virtudes grandes en esta piedra. El primer grado de estima tienen las piedras bezaares, que se traen de la India oriental, que son de color de aceituna: el segundo las del Perú: el tercero las de Nueva-España. Despues que se comenzaron á preciar estas piedras, dicen, que los Indios han hecho algunas artificiales y adulteradas. Y muchos, cuando ven piedras de éstas, de mayor grandeza que la ordinaria, creen que son falsas; y es engaño, porque las hay grandes y muy finas, y pequeñas contrahechas: la prueba y experiencia es el mejor Maestro de conocerlas. Una cosa es de admirar, que se fundan estas piedras algunas veces en cosas muy extrañas, como en un hierrezuelo, ó alfiler ó palillo, que se halló en lo íntimo de la piedra, y no por eso se arguye que es falsa, porque acaece tragar aquello el animal, y cuajarse sobre ello la piedra, la cual se va criando poco á poco una cascara sobre otra, y así crece. Yo ví en el Perú dos piedras fundadas sobre dos piñones de Castilla, y á todos los que las vimos nos causó admiracion, porque en todo el Perú no habíamos visto piñas, ni piñones de Castilla, si no fuesen traidos de España; lo cual parece cosa muy extraordinaria. Y esto poco baste cuanto á piedras bezaares. Otras piedras medicinales se traen de Indias, como de hijada, de sangre, de leche y de madre; y las que llaman cornerinas para el corazon, que por no pertenecer á la materia de animales que se ha tratado, no hay obligación de decir de ellas. Lo que está dicho sirva para entender, como el universal Señor y Autor omnipotente á todas las partes del orbe que formó, repartió sus dones, secretos y maravillas, por las cuales debe ser adorado, y glorificado por todos los siglos de los siglos. Amen.

FIN DEL LIBRO CUARTO