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Historia natural y moral de las Indias (vol. 1 of 2) cover

Historia natural y moral de las Indias (vol. 1 of 2)

Chapter 76: CAPÍTULO IX
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About This Book

A compendium of observations gathered on transatlantic voyages that blends natural history with moral and social commentary. It surveys celestial phenomena, climate, soils, minerals, plants, animals, and magnetic and geographic curiosities, while documenting Indigenous rites, laws, governance, and warfare. Drawing on personal observation and reports from others, the author connects environment and resources to local customs and social organization, offers practical remarks for travelers and colonists, and reflects on the challenges of communicating new religious and ethical ideas amid cultural differences, using comparative reasoning to reconcile empirical detail with broader moral considerations.

CAPÍTULO IX

Cómo se beneficia el metal de Plata.

La veta en que hemos dicho que se halla la plata, va de ordinario entre dos peñas que llaman la caja, y la una de ellas suele ser durísima como pedernal; la otra blanda, y mas facil de romper: el metal va en medio, no todo igual, ni de un valor, porque hay en esto mismo uno muy rico que llaman cacilla, ó tacana, de donde se saca mucha plata: hay otro pobre, de donde se saca poca. El metal rico de este cerro es de color de ambar, y otro toca en mas negro: hay otro que es de color como rojo: otro como ceniciento, y en efecto tiene diversos colores, y á quien no sabe lo que es, todo ello parece piedra de por ahí; mas los Mineros en las pintas, y vetillas, y en ciertas señales conocen luego su fineza. Todo este metal que sacan de las minas se trae en carneros del Perú, que sirven de jumentos, y se lleva á las moliendas. El que es metal rico se beneficia por fundicion en aquellos hornillos que llaman Guayras: éste es el metal que es mas plomoso, y el plomo le hace derretir; y aun para mejor derretirlo, echan los Indios el que llaman Soroche, que es un metal muy plomizo. Con el fuego la escoria corre abajo, el plomo y la plata se derriten, y la plata anda nadando sobre el plomo hasta que se apura: vuelven despues á refinar mas y mas la plata. Suelen salir de un quintal de metal treinta, cuarenta, y cincuenta pesos de plata por fundicion. A mí me dieron para muestra metales de que salian por fundicion mas de doscientos pesos, y de doscientos y cincuenta por quintal: riqueza rara y cuasi increíble, si no lo testificara el fuego con manifiesta experiencia; pero semejantes metales son muy raros. El metal pobre es el que de un quintal da dos, ó tres pesos, ó cinco, ó seis, ó no mucho mas: éste ordinariamente no es plomizo, sino seco; y así por fuego no se puede beneficiar. A cuya causa gran tiempo estuvo en Potosí inmensa suma de estos metales pobres, que eran desechos, y como granzas de los buenos metales, hasta que se introdujo el beneficio de los azogues, con los cuales aquellos desechos, ó desmontes que llamaban, fueron de inmensa riqueza, porque el azogue con extraña y maravillosa propiedad apura la plata, y sirve para estos metales secos y pobres, y se gasta y consume menos azogue en ellos, lo cual no es en los ricos, que cuanto mas lo son, tanto mas azogue consumen de ordinario. Hoy dia el mayor beneficio de plata, y cuasi toda el abundancia de ella en Potosí es por el azogue, como tambien en las minas de los Cacatecas, y otras de la Nueva-España. Habia antiguamente en las laderas de Potosí, y por las cumbres y collados mas de seis mil Guayras, que son aquellos hornillos donde se derrite el metal, puestos al modo de luminarias, que verlos arder de noche, y dar lumbre tan lejos, y estar en sí hechos una ascua roja de fuego, era espectáculo agradable. Ahora si llegan á mil ó dos mil Guayras, será mucho, porque como he dicho, la fundicion es poca, y el beneficio del azogue es toda la riqueza. Y porque las propiedades del azogue son admirables, y el modo de beneficiar con él la plata muy notable, trataré de el azogue, y de sus minas y labor, lo que pareciere conveniente al propósito.