cabalgando un dia,
desde una montaña
á Granada via.
«Hermosa ciudad,
mírame afanado,
tras de tu beldad.
fé de caballero,
le ofrezco mi diestra
y la tuya espero.»
con los de Castilla,
y te traeré en dones
Córdoba y Sevilla.
joyas muy preciadas,
si dejais al moro
te tengo guardadas.»
«Vuélvete á Toledo
que yo estoy casada
y amarte no puedo.»
vete mas despacio:
mira esa bandera
que ondea en Palacio.»
cien mil campeones
dispuestos aguardan
á tus infanzones.»
así tú mentias
Granada es perjura,
¡grande desventura!
del Abencerrage,
tiene el heredaje:
¡así estaba escrito!
¿Quién te esterminó?
ciudad de las fuentes
¿quién te cautivó?
mansion del placer:
¿para qué es la vida
si no te he de ver?
Al ver ante la ciudad el ejército de Castilla, los caballeros de Granada salieron contra él empeñando reñidas escaramuzas, hasta que al fin se empeñó una batalla campal que fué muy sangrienta, peleando con gran valor tanto los cristianos como los moros.
La matanza fué horrible por ambas partes, y la batalla se mantuvo igual todo el dia, hasta que á la tarde empezaron á ceder los moros, y al amparo de la noche dejaron el campo.
Aquella fué la batalla mas lamentable que tuvo el reino de Granada, que perdió en ella la flor de sus caballeros, y se vió combatida por sus propios hijos.
Llenáronse de tristeza los habitantes, pero la serenidad de ánimo del rey Al-Hayzarí, no les dejó tomar otro partido que el de la defensa.
Un fuerte temblor de tierra, coincidiendo con esta derrota, vino á aterrar á los de Granada, que supersticiosos de suyo, vieron en aquel accidente, puramente físico, el augurio de nuevas desdichas.
Pero el rey de Castilla se contentó con talar la vega, y levantó el campo con gran despecho del ambicioso Al-Hhamar, y se trasladó á Córdoba.
Allí, para consolar á Jusef-Ebn-Al-Hhamar de su despecho, y á sus gentes de la desconfianza en que habian caido, obligados á abandonar, por su rebeldía al rey Al-Hayzarí, sus haciendas y su patria, mandó proclamar rey de Granada á Juzef-Ebn-Al-Hhamar delante de su corte y de su ejército que solemnizó la proclamacion; ofrecióle de nuevo ponerle en el trono de Granada, y allí mismo encargó á los adelantados de las fronteras, que ayudasen á Al-Hhamar hasta conseguirlo.
Esta proclamacion de Al-Hhamar en la córte y campo del de Castilla produjo gran efecto en Granada en daño de Al-Hayzarí: muchos pueblos del rey se levantaron por Al-Hhamar, se le entregó Montefrío, y con la ayuda de los fronteros cristianos se apoderó de los pueblos y fortalezas de Illora, Cambil, Alabar, Ortejicar, Tajarja, Hins-Haleux, Ronda y la ciudad de Loja, de donde salieron para unírsele cuatrocientos caballeros; en Ardales otorgó su carta de vasallaje al rey de Castilla, obligándose á pagarle cada año cierta cantidad de doblas de oro, á ayudarle como vasallo en sus guerras con mil y quinientos caballos, y á acudir á sus cortes cuando las celebrase en cualquier lugar desde mas acá de Toledo hácia Granada.
Despues de este otorgamiento, Al-Hhamar marchó con un respetable ejército sobre la córte de Al-Hayzarí, que movió contra él á su wisir Juzef-Ebn-Zeragh, que llegando á las manos con los invasores, murió en la vega peleando como un leon, al decir de las crónicas árabes. La muerte de este bravo caudillo, causó la confusion y el espanto en el ejército de Al-Hayzarí, que entró en desórden en Granada, ponderando lo innumerable del ejército que los habia vencido, y que la mayor parte de los del rey Al-Hayzarí, habian sido muertos porque los enemigos no tomaban á prision.
Despues de esta victoria de Al-Hhamar, casi todas las taas del reino le proclamaron, y temiendo á las talas y desastres de la guerra, llegaban de todas partes á rendir homenage al vencedor.
Robustecido ya, legitimado por la victoria (el Korán da el califato al vencedor) Juzef-Ebn-Al-Hhamar marchó desde Illora sobre Granada, que se alborotó á su aproximacion, y los nobles y los principales vecinos se presentaron á Al-Hayzarí, y le manifestaron que era imposible la defensa, que con la resistencia se provocarian nuevos desastres, y que no le quedaba mas tiempo que el necesario para ponerse en salvo.
Viéndose, pues, abandonado de la fortuna, Muhamad-Al-Hayzarí, acompañado de sus vasallos mas fieles, llevando consigo su familia, su harem, el tesoro del alcázar y los dos hijos del rey Muhamad-Al-Zaquer, que tenia presos, huyó á la ciudad de Málaga, en cuya adhesion tenia gran confianza.
Juzef-Al-Hhamar, tuvo el buen tacto de entrar en Granada con solos doscientos caballeros, mas como guardia necesaria á su decoro de rey, que como medio de intimidacion á la ciudad.
Esta conducta produjo muy buen efecto: aquietáronse los ciudadanos, y los xeques, wazires, walíes, cadíes y alcaides del reino, salieron á recibirle, le proclamaron solemnemente rey, le juraron y le pasearon en triunfo por la ciudad.
A seguida el nuevo rey envió embajadores al rey de Castilla, confesándose agradecido vasallo suyo, y con la carta siguiente:
«Juzef-Muhamad-Ebn-Al-Hhamar, rey de Granada, vuestro vasallo, beso vuestras manos y me encomiendo á vuestra merced, á la que suplico se digne saber como partí de Illora y fuí á mi ciudad de Granada, y me salió á recibir toda la nobleza y caballería de ella, y me besaron las manos por su rey y señor y me entregaron la Alhambra, y todo esto, señor, por la gracia de Dios y vuestra fortuna. El rey Al-Hayzarí se huyó á Málaga y llevó consigo al hermano del alcaide Ahnaf, su sobrino y dos hijos del rey Muhamad-Zaquer, que dicen ha mandado degollar, y antes de partir robó estos alcázares, y se llevó cuanto en ellos habia. Ahora, señor, con la ayuda y gracia de Dios, y con el auxilio de vuestra grandeza, que Dios prospere, vá contra él vuestro adelantado don Gomez Rivera, y mis caballeros llegarán á Málaga, donde él está, y espero en Dios, que con el favor de vuestra alteza yo le habré en mis manos.»
Esta carta fué muy bien recibida por el rey don Juan, que se alegró mucho del triunfo de su vasallo, y al mismo tiempo llegó un enviado del emir de Túnez, en que éste pedia al rey de Castilla mirase por su pariente Muhamad-Al-Hayzarí, y no quisiese arruinarle ni arrojarle de su reino.
Don Juan el II se escusó con Abu-Faris, y Juzef-Ebn-Al-Hhamar continuó pacíficamente en el trono de Granada.
Pero era anciano, y á los seis meses de reinado, achacoso y débil, no pudo resistir el gran peso de los negocios del gobierno que habia tomado con demasiado fervor, y murió.
Su muerte concluyó los bandos que dividian á los granadinos, y los de una y otra bandería se unieron y llamaron y proclamaron de nuevo unánimemente al fugitivo Al-Hayzarí.
Recibió éste la noticia en Málaga, que se le habia mantenido fiel, y volvió á Granada y á ocupar por tercera vez el trono.
Nombró su wazir á Abdelbar, principalísimo caballero de Granada, y envió embajadores al rey de Castilla y al emir de Túnez, renovando con ellos su alianza y concertando treguas con los cristianos por un año, que cumplido, se prorogaron por otro mas.
Pero espirado el plazo, los fronteros entraron por las tierras de Granada y se apoderaron de la fortaleza de Beni-Maurel, al mismo tiempo que por la parte de Murcia los fronteros castellanos eran desastradamente batidos por la caballería del Algarbe, mandada por el wazir Abdelbar.
A pesar de esta ventaja por la parte de Murcia, el rompimiento de la tregua fué desventajoso para Granada, puesto que la ciudad de Huesca cayó tambien en poder de los cristianos, á pesar de la bravura con que acudió á su socorro el arraez de Baza Alcawun, que entró alguna de su gente en el castillo, rompiendo por medio de los cristianos.
En el año siguiente de ochocientos cuarenta[105] el wazir Abdelbar acometió á los cristianos en unas angosturas en el término de Archidona, y los venció, los persiguió é hizo en ellos una gran carnicería. Habian intentado los fronteros sorprender la villa por caminos estraviados, y Abdelbar, que en las citadas angosturas los esperaba, los destrozó como queda dicho, tomándoles la bandera de la órden de Alcántara, cautivando á casi todos los cristianos que no fueron muertos, y logrando salvarse milagrosamente con unos pocos el maestre de Alcántara, gracias á la velocidad de su caballo.
A seguida Abdelbar se volvió contra los castellanos que cercaban la villa de Huelma, y los obligó á levantar el cerco y retirarse á Jaen.
En el año siguiente la suerte de las armas continuó siendo favorable á los granadinos.
En el subsiguiente los fronteros de Murcia, acaudillados por el adelantado Ebn-Fayard[106], tomaron por avenencia las fronteras de Veladaviad y Veladalhamar[107].
Los habitantes quedaron como mudejares[108] ó mercenarios del rey de Castilla para evitar las talas y atropellos de que los hacian víctimas los bravos fronteros de Murcia, con sus continuas entradas. Con el mismo objeto solicitaron sujetarse al vasallaje del rey de Castilla las ciudades de Guadix y Baza; pero pretendiendo quedar libres, sin sujecion á los adelantados castellanos y sin tomar parte en las guerras que se hiciesen por el rey de Castilla; pero este queria que le rindiesen las fortalezas para hacer desde ellas la guerra al rey de Granada, á lo que no se convinieron, siguiendo por lo tanto las correrías y las talas de los cristianos todo aquel año, talas que fueron muy crueles, y durante las cuales los fronteros se apoderaron de Galera y otras fortalezas, obligando á los moradores á quedar por mudejares del rey de Castilla.
Por el mismo tiempo el conde de Niebla cercó á Gibraltar; pero los moradores salieron contra él, le desbarataron, y el mismo conde murió en la fuga ahogado con muchos de los suyos en el rio Palmones, que estaba crecido con la marea.
En el año siguiente de ochocientos cuarenta y dos[109], don Iñigo Lopez de Mendoza, señor de Ita y Buitrago, y gran poeta, y mejor soldado, tomó á Huelma y dejó salir salvos á los moradores.
Por este tiempo el caudillo Ebn-Zeragh, hijo del wazir Juzef-Ebn-Zeragh, marchó contra los cristianos que recorrian la frontera acaudillados por el adelantado de Cazorla.
Encontráronse en una llanura entrambas huestes y pelearon reñidamente sin sacarse ventaja los unos á los otros; pero el bravo Ebn-Zeragh dió tales ejemplos de valor á los suyos, que estimulados estos desbarataron á los cristianos, costando sin embargo la vida esta victoria al generoso Abencerrage, que cayó desangrado por las muchas heridas: tambien murió como bueno el adelantado de Cazorla Perea, y casi todos los cristianos.
Esta victoria hizo que los castellanos escarmentados se contuviesen en sus correrías, y la frontera disfrutó de algun reposo. Pero como Castilla estaba dividida en bandos y parcialidades, cual si hubiese contagiado á Granada, muchos caballeros ofendidos del rey Muhamad, dejaron el seguro y se fueron al servicio del rey de Castilla, yendo á la cabeza de estos descontentos Ebn-Ismail, sobrino del rey Muhamad, ofendido de él porque le negó el casamiento con una dama, á quien amaba, y la entregó á otro.
Otro sobrino del rey, Ebn-Ozmin, que estaba en Almería, al saber el descontento con que los principales de Granada miraban al rey, se trasladó secretamente á la córte, y comprando á fuerza de oro al populacho, escitando las pasiones y el descontento de los nobles, produjo un alboroto, se apoderó de la Alhambra y demás fortalezas de Granada, prendió á su tio el rey Muhamad-Al-Hayzarí, y le puso en prision.
Era la tercera vez que este desgraciado príncipe se veia depuesto despues de trece años de reinado, y Muhamad-Ebn-Ozmin-el-Ahnaf fué proclamado, aunque no por la voluntad de todos, puesto que le abandonaron muchos, entre ellos el wazir Albdelbar, que se retiró á Montefrio con todos sus parientes y amigos.
Tuvo lugar la tercera deposicion de Al-Hayzarí el año ochocientos cuarenta y nueve[110].
XIII.
Conociendo el wazir Abdelbar, que tomar el nombre del preso rey Al-Hayzarí, para reponerle en el trono, era causar su muerte, escribió al otro sobrino del rey, Ebn-Ismail, que estaba en Castilla, ofreciéndole el trono, y para que pudiese venir sin que el rey de Castilla se lo estorbase, le envió las cartas escritas en cifra por medio de dos caballeros parientes suyos disfrazados.
Recibió á estos mensajeros el infante, pero en vez de recatarse del rey de Castilla, le confió el secreto, y don Juan el II, no solamente le concedió licencia para ir á apoderarse del trono de Granada, sino que le prometió su ayuda y le dió cartas para que los adelantados de la frontera le ayudasen en su entrada.
Partió el infante Ismail con todos los caballeros moros que estaban con él al servicio del rey de Castilla, y desde la frontera le acompañaron los adelantados castellanos con numerosa y escogida caballería: llegó á Montefrio, donde le recibieron alegremente Abdelbar y los de su bando, y le proclamaron rey de Granada.
Ebn-Ozmin, entretanto, pensó en vengarse de los cristianos que ayudaban á su competidor, y con un poderoso ejército acometió las fronteras castellanas, se apoderó de Benamaurel, pasó á cuchillo y cautivó á los cristianos que defendian la villa, entre ellos á su alcaide Herrera, y los fronteros de Andalucía no se atrevieron á ponerse delante del rey Ozmin, aterrados por la violenta entrada de Benamaurel.
Entretanto Ebn-Ozmin, se puso sobre la fortaleza de Aben-Zulema, que estaba defendida por una fuerte guarnicion de castellanos, y por medio del cautivo alcaide Herrera, les intimó que se rindiesen evitando la desdichada fortuna de los de Benamaurel. Pero los de Aben-Zulema resistieron, y acometidos con ardor por los moros á escala franca, fueron entrados, pasados á cuchillo y cautivados, despues de lo cual Ebn-Ozmin se volvió á Granada triunfante con una riquísima presa de ganados, armas y cautivos.
En el siguiente año, el rey Muhamad-Ebn-Ozmin, dividió en dos ejércitos sus fuerzas.
El un ejército marchó sobre la frontera cristiana, y el otro contra su primo Ismail.
El rey se puso en persona á la cabeza del que marchaba sobre la frontera, y tomó las villas de Huesca, Veladabiad y Veladalhamar, ocupó sus fortalezas, taló y quemó la tierra, cautivó hombres y mugeres, apresó gran cantidad de ganado, y contento y rico se volvió á Granada.
Para vengarse mas del rey de Castilla, por la proteccion que dispensaba á su primo el infante Ismail, envió ricos presentes á los reyes de Aragon y de Navarra, que estaban en guerra con don Juan el II, y aliándose con ellos, estipuló que mientras aquellos reyes acometían al de Castilla por sus fronteras naturales, él le embestiria por las de Granada.
El año siguiente, cumpliendo la oferta, entró Ebn-Ozmin por la frontera de Murcia, taló y quemó sus campos y alquerías, y venció á los cristianos que le salieron al encuentro acaudillados por Tellez Giron, matando y prendiendo á muchos que llevó en triunfo á Granada.
Durante dos años aun, los dos reyes rivales Ebn-Ismail en Montefrio, y Ebn-Ozmin, en Granada, conservaron sus mútuas posiciones: Ebn-Ismail, defendia los pueblos que le habian proclamado de las correrías de Ebn-Ozmin, y este talaba contínuamente las fronteras castellanas.
El wisir Abdelbar por su parte, servia eficazmente á Ebn-Ismail, escitando contra Ebn-Ozmin por medio de agentes secretos, la odiosidad de los caballeros de Granada, descontentos la mayor parte de Ebn-Ozmin: ensoberbecido este por sus triunfos sobre los cristianos, se habia hecho altanero y soberbio y tan sanguinario, que con el mas leve pretesto, mandaba matar á los caballeros mas principales del reino, despojaba de sus alcaidias y empleos á los leales y viejos caballeros que los tenian para premiar á los arrayazes que le acompañaban en sus afortunadas correrías. Del mismo modo hacia los matrimonios de la juventud á su antojo y forzaba á los padres á dar sus hijas contra su voluntad á quien él queria.
Aborrecíale por lo tanto la nobleza, y el resto de sus vasallos le temia mas que le respetaba, por su crueldad.
Estas cosas facilitaron y abrieron camino á sus enemigos para llevar sus intentos adelante, y habiendo concluido el rey de Castilla su guerra con los de Aragon y Navarra, con ansia de vengar el daño que le habia causado Ebn-Ozmin, envió un grueso ejército á Ebn-Ismail que con este auxilio y sus gentes marchó ya decididamente sobre Granada.
Salióle al encuentro Ebn-Ozmin, y se trabó en la vega una reñidísima batalla, en que ambos primos pelearon con heróico valor; pero al cabo Ebn-Ozmin fué vencido y obligado á huir con los escasos restos de su caballería á Granada.
Llamó nuevas gentes, que enemistadas con él por su crueldad, le acudieron en corto número, y comprendiendo que la fortuna le volvia las espaldas, mandó que se le presentaran gran número de caballeros, los metió en el alcázar de la Alhambra y se fortificó en él; pero viendo que Granada se alborotaba y que proclamaban á su primo Ebn-Ismail, no se atrevió á esperarle y huyó con unos pocos caballeros que se le habian mantenido leales, metiéndose en las sierras, en las que desapareció.
Fué esta huida del rey Muhamad-Ebn-Ozmin, el año ochocientos cincuenta y nueve[111].
Habia reinado diez años.
XIV.
Entró Ebn-Ismail en Granada, que le recibió en triunfo.
Despues de su solemne proclamacion, tanto en Granada como en las demas ciudades, villas y lugares del reino, envió embajadores al rey de Castilla, declarándose su vasallo, y demostrándole su agradecimiento con un magnífico presente de telas de oro y seda, caballos y jaeces preciosos: pero cuando poco despues murió el rey don Juan el II de Castilla, no renovó la tregua y el vasallaje con su hijo don Enrique IV por no disgustar á sus vasallos, que estaban descontentos y humillados con la amistad y vasallaje que rendia á los reyes de Castilla.
Dió, pues, licencia á sus fronteros de talar las tierras castellanas, y fué grande la presa de cautivos y ganados que se hicieron en las primeras correrías, porque los castellanos, confiados en la buena inteligencia que existia entre su rey y el de Granada, tenian desarmada la frontera.
No habiendo dado motivo los castellanos para este rompimiento, el rey don Enrique mandó levantar un ejército y fué sobre Granada con catorce mil caballos y un formidable número de peones, llevándolo todo á sangre y fuego, quemando las mieses, arruinando los árboles y destruyendo cuanto encontraba de muros á fuera de las poblaciones.
Ebn-Ismail temió esponerse al éxito de una batalla de poder á poder, y solo permitió que taifas ó compañías sueltas de campeadores saliesen á escaramuzar contra los cristianos, á los que llevaban mucha ventaja en estos ataques parciales, mientras en la ciudad todos estaban apercibidos para rechazar un ataque del ejército cristiano.
Al fin don Enrique, viendo que los moros no le presentaban batalla, que en sus escaramuzas mataban á sus mejores caballeros que salian del campo á medirse con ellos, y no atreviéndose tampoco á acometer la ciudad, que estaba muy bien defendida, taló la vega, y se retiró volviendo á aparecer de nuevo al año siguiente con un ejército tan poderoso como el pasado; y como salieran á su encuentro los campeadores de Granada á estorbar á los cristianos el daño que hacian, se fué trabando tan recia escaramuza, que, sin que lo pudiese impedir el rey de Castilla, toda su caballería peleaba en trozos acá y allá con la caballería de Granada, muriendo en una de ellas Garcilaso de la Vega, que era muy querido del rey de Castilla, que en venganza de su muerte hizo una cruelísima tala en la vega, cercó á Gimena, la tomó con su fortaleza y pasó á cuchillo á sus habitantes.
Al fin, deseoso el rey Ismail de poner término á tantos desastres, y no lográndolo por medio de las armas, envió embajadores al rey de Castilla, y con gran dificultad se pactó una tregua de cierto tiempo por entrambas partes, quedando esceptuada de la tregua la frontera de Jaen, que quedó abierta á la guerra.
Aprovechando esta circunstancia los campeadores de Granada, entraron por la parte de Jaen, causaron gran daño á los cristianos, prendieron al adelantado Castañeda, y le llevaron en triunfo á Granada.
Ismail, entretanto, aprovechando la tregua, gobernaba en justicia á sus vasallos, plantaba arbolados, mejoraba los edificios y casas de campo que la guerra habia maltratado, y entretenia á sus caballeros con justas y torneos, entrando algunas veces en sus parejas, y luciendo su maestria en manejar el caballo.
Tenia dos hijos. El mayor era ya mancebo y se llamaba Cid Abul-Hhacem, muy buen caballero, valiente y animoso. El menor Cid Abd-Allah. El príncipe Abul-Hhacem, deseoso de manifestar su valor en alguna jornada contra los cristianos, sin respetar la tregua que su padre tenia con ellos, cayó con un escuadron de caballería, escogida sobre la frontera de Andalucía, robó ganados en la comarca de Estepa, y cautivó y mató los habitantes de las aldeas.
Salieron contra él los fronteros de Osuna, y despues de una reñida pelea, le fué preciso al príncipe Abul-Hhacem, abandonar la presa para volverse á Granada.
El año de ochocientos sesenta y cinco[112], hizo el príncipe otra correría que le fué mas útil y menos peligrosa. Pero entretanto, los cristianos acaudillados por el duque de Medinasidonia tomaron á Gibraltar, y por otra parte don Pedro Giron tomó la fortaleza de Archidona.
Estas pérdidas obligaron de nuevo al rey Ismail, á pedir treguas al de Castilla, y al fin los dos reyes se vieron en la vega, y trataron amistosamente y comieron juntos en una magnífica tienda el año ochocientos sesenta y ocho[113], y despues de haber cambiado algunos ricos presentes, pactaron unas paces sólidas de tal modo, que los caballeros de Granada entraban y salian libremente en la corte de Castilla, y de igual modo los cristianos en la de Granada.
Ismail, en fin, acabó pacíficamente su reinado, muriendo en el alcázar de Almería el año ochocientos sesenta[114].
Al rey Ismail, sucedió su hijo Muley Abul-Hhacem.
XV.
Hasta aquí la cronología de los reyes de Granada, desde el rey Abul-Walid Abu-Sayd, hasta Muley Abul-Hhacem.
La historia de éste, la de su hermano Abd-Allah-el-Zagal, y de su hijo Abd-Allah (Boabdil), será la introduccion de la leyenda siguiente, última de nuestro libro.
Nuestros lectores nos perdonarán si les hemos robado algunas páginas de novela para copiar las crónicas moras de los reyes de Granada: pero nosotros hemos creido que tratándose de la Alhambra, debiamos dar á conocer á todos los reyes que se sentaron en su trono.
LEYENDA VII.
EL PATIO DE LOS LEONES.
I.
El patio de los Leones del alcázar de la Alhambra es la joya mas rica que ha sobrevivido á la ya centenares de años hace pasada arquitectura árabe.
En vano querreis dominar un sentimiento de doloroso entusiasmo, al ver de repente desde el magnífico arco festonado que sirve de entrada al patio de los Leones, yendo del del Mexuar, ó de los Arrayanes, las ciento veinticuatro esbeltas y bellísimas columnas que sostienen sus galerías y sus templetes, sus arcos apuntados ó redondos, de herradura ó semicirculares, estucados labrados, cubiertos de inscripciones bajo aleros de alerce tallados, pero áridos, secos, rotos, torcidos por el tiempo: la gran pila de su fuente de mármol, sostenida por doce leones, y sus estanques de mármol, por donde corre el agua de la fuente[115].
Vereis sus caprichosas y elegantes arcadas, enrojecidas por el tiempo, que ha borrado sus colores, su oro, sus menudos dibujos; los puntales de madera y las barras de hierro que sostienen los aéreos templetes para que no se vengan á tierra; las magníficas ensambladuras de sus techos, agujereadas, convertidas en una ruina miserable, rotos sus alicatados y su pavimento, y sin embargo hermoso todavía.
¿Por qué maldicion incomprensible se deja á esa joya abandonada sin defensa á la implacable y destructora accion del tiempo, que ciego y fatal pulveriza del mismo modo lo hermoso y lo deforme?
¿No merece la Alhambra que se gaste en ella algun oro, que se la cure, en una palabra, que se la devuelva su lozana juventud?
¿Esta realidad, superior á los encarecimientos de las Mil y una Noches, á los ponderados palacios del califa Aarum-al-Raschid?
Pero recordamos que ya en este libro hemos declamado á propósito de la ruina de otros lugares de la Alhambra.
Y como nuestras declamaciones no han de dar resultado.....
Continuemos.
Adheridos al patio de los Leones hay tres departamentos.
La sala de las dos Hermanas á la izquierda.
La de los Abencerrajes, ó de los Leones, á la derecha.
Y al fondo la admirable sala de Justicia.
En la galería que existe entre el patio y la sala de Justicia, y en su estremo derecho, hay una puerta pequeña que sirve de entrada á lo que fué rauda ó pendon de los reyes de Granada.
Todas estas habitaciones con sus dependencias, forman el departamento, por decirlo así, del patio de los Leones.
II.
La sala de las dos Hermanas es uno de los retretes mas suntuosos y mejor conservados del alcázar.
Llámase de las dos Hermanas, porque en su pavimento tiene dos jigantescas losas exactamente iguales.
Los alicatados, los adornos de los cuatro arcos, uno de los cuales la da entrada, dos corresponden á alcobas, y otro da paso al hechicero, al incomparable mirador de Lindaraja[116], son tan lindos, tan bellos, las paredes tan armónica, tan deliciosamente ornamentadas, tan caprichosas sus cenefas, tan magestuosa, tan variada, tan caprichosa su cúpula de estaláctitas, sostenida sobre veinticuatro columnas, entre las cuales se abren ajimeces calados; tan poética, tan misteriosa la luz que la inunda, que mas bien que una obra de los hombres parece el sueño realizado de un poeta[117].
Por el arco de frente al de entrada se pasa á una magnífica antesala, y de allí al mirador de Lindaraja.
III.
El mirador de Lindaraja es perfectamente cuadrado, y da vista al patio que lleva su nombre, tiene un ajimez al frente y dos á cada costado.
Estos ajimeces son muy bajos, es decir, su alfeizar está muy poco levantado del pavimento, sin duda para que sentados sobre los almohadones se pudiese ver el valle del rio y el frontero Albaicin.
Ahora esto no puede verse, porque en tiempos de Cárlos V se construyó con parte de las columnas y materiales ornamentados del palacio árabe de invierno, que destruyó el buen emperador, por no decir otra cosa, para construir un palacio plateresco que podia muy bien haber construido en otra parte, en vez de echarse encima la calificacion de bárbaro que pueden aplicarle las artes. En vez de ese patio que hoy existe, y que se llama de Lindaraja, solo existia un jardin, y en ese jardin un adarve bajo que permitia ver la poblacion cercana.
Este mirador, así como la parte interior y alta de la sala de las Dos Hermanas, por la delicadeza de los adornos, por sus dimensiones, por su carácter general, por sus comunicaciones con los baños y jardines, parecian estar destinados á la mansion de las sultanas ó favoritas. Las celosías que cubren sus ajimeces, lo reducido de los retretes, su media luz lánguida, dan fundamento bastante para esta opinion.
IV.
Frente á la sala de las Dos Hermanas, en el centro de la galería de la derecha del patio, está la cámara de los Leones, llamada hoy de los Abencerrages, en memoria del sangriento suceso que tuvo lugar en aquella sala y que consignaremos mas adelante.
Esta sala es muy semejante á la de las Dos Hermanas: diferénciase en que en vez de los dos arcos que tiene aquella á los costados, y que corresponden á dos alcobas ó alhamíes, tiene dos especies de cenadores sostenidos por una columna en el centro, y con techos planos de ensambladura en el interior; y en que la cúpula, en vez de ser octógona, es estrellada. Además, la fuente de la sala de las Dos Hermanas, está formada por un rebajo del pavimento, y la de los Abencerrages está levantada medio pie sobre el suyo.
Además, esta cámara, tal como está hoy, no tiene comunicacion con ninguna otra del alcázar.
En la fuente de su pavimento hay grandes manchas rojas.
Es tradicion, dice, que aquellas manchas rojas son el resultado de un horrible crímen.
Sobre aquellas manchas rojas se ha escrito la leyenda de que vamos á ocuparnos.
V.
Granada estaba mas que nunca dividida en bandos.
Se acercaba la hora de que los cristianos se apoderasen al fin de aquella Alhambra tan codiciada, de aquella fortaleza cuyo dueño era el dueño de Granada, la cándida y la clara.
Habia en Granada tres reyes á un tiempo.
Uno en la Alhambra, otro en el palacio del Gallo de viento en el Albaicin, y el tercero en Málaga.
Era el uno el viejo rey Muley-Hhacem, hijo de Ismail.
El otro Muley Abu-Allah-al-Zagal[118], su hermano.
Y el tercero, hijo del uno y sobrino del otro, Muley Abu-Abd-Allah-al-Ssagir-al-Zogoibí[119], conocido mas vulgarmente por Boabdil, ó por el rey Chico de Granada.
Estos sobrenombres eran cosa de los bandos, para conocer á cada uno de los reyes.
Llamaban á Muley-Hhacem, el Viejo: á Muley Abd-Allah, el Mozo: á Muley Abu-Ebn-Allah el Chico.
Esto era muy cómodo, porque no podian equivocarse.
VI.
La muerte del rey de Castilla, Enrique IV; la reunion de las dos coronas de Aragon y Castilla, por el casamiento de Isabel I y Fernando V; el formidable carácter del rey de Granada Abul-Hhacem, y la desunion de sus vasallos, habian marcado al momento en que debia sucumbir Granada.
Añadíanse otras ambiciones secundarias á las del hermano y el hijo de Muley-Hhacem, y otras rivalidades terribles.
Estas ambiciones eran las de dos hijos de Abul-Hhacem, llamados los infantes Cidí Yahye y Cidí Al-Hhamar, hijos de una renegada cristiana que Abul-Hhacem habia cautivado en su juventud en la frontera de Martos, por lo que habia repudiado á su prima la sultana Aixa-la-Horra[120], lo que habia establecido odios y banderías entre las dos sultanas, Aixa-la-Horra y Zoraya[121] la renegada[122].
Ayudaba la poderosa familia de los zegríes á la sultana Zoraya: la no menos poderosa de los abencerrages, á la Horra: los Zenetes, los Masamudes, los Mazas, los Gomeles, todas las familias, en fin, estaban entre sí enemistadas y divididas.
Los Reyes Católicos eran demasiado políticos para no volver en su provecho estas disensiones de Granada, y á su advenimiento al trono, al pretender Muley-Hhacem ratificar con ellos las treguas que habian tenido con Enrique IV, Fernando é Isabel le habian impuesto como condicion, que se confesase su vasallo y les pagase tributo.
La respuesta de Muley-Hhacem fué altiva y dura.
«Id y decid á vuestros reyes, dijo á los embajadores castellanos que habian ido á hacerle tal proposicion, que ya murieron los reyes de Granada que pagaban tributo á los cristianos, y que en Granada no se labra sino alfanges y lanzas contra nuestros enemigos.»
Dicho esto despidió á los embajadores y mandó hacer los preparativos para una guerra con Castilla, á pesar de que los Reyes Católicos concedieron la tregua sin otra condicion.
Pero no tardó él mismo en romperla: en el año de ochocientos ochenta y seis[123], aprovechando el descuido de los cristianos en la frontera, entró por ella á sangre y fuego; se puso sobre Zahara, villa situada entre Ronda y Medina Sidonia, y á pesar de que estaba bien guarnecida, la sorprendió durante las tinieblas de una noche oscurísima y tempestuosa, en que se desplomara el aguacero y bramaba el huracan. Los cristianos, á quienes la tregua y lo tempestuoso de la noche, hacian creerse seguros, despertaron despavoridos y pasaron del sueño á la muerte.
Al regresar Muley-Hhacem á Granada y en medio de los plácemes de sus cortesanos, dicen que el anciano fakí Al-Macer dijo con sobrado valor al salir del alcázar:
—«¡Las ruinas de Zahara caerán sobre nuestras cabezas! ¡Ojalá mienta yo, que el ánimo me dá que el fin y acabamiento de nuestro señorío en España es ya llegado!»
A pesar de esto, el rey Abul-Hhacem sin hacer caso de los alimes[124] y de los fakies[125] seguia en sus algaras y cabalgadas y amagaba á las villas fronterizas aunque no podia tomarlas, porque los cristianos, con el escarmiento de Zahara, estaban prevenidos, contentándose con talar la tierra y cautivar y robar lo que encontraba de muros afuera.
No se hizo esperar mucho tiempo la venganza de los cristianos por la desgracia de Zahara. A principios del año de ochocientos ochenta y siete[126], don Rodrigo Ponce de Leon, señor de Marchena, con gentes de Sevilla, se encaminó á la frontera con el bravo intento de tomar la ciudad de Alhama: á media legua de la ciudad, se detuvo con sus ginetes y peones en unos profundos valles rodeados de recuestos y collados muy altos, y oculto en aquel lugar esperó á la noche; cuando esta hubo llegado, y por cierto densa y oscura, se encaminaron á Alhama, y como al acercarse notasen que todo estaba tranquilo en el castillo, algunos de los cristianos pusieron con gran silencio escalas á la muralla, subieron con gran ánimo á ella, mataron los centinelas que encontraron dormidos, abrieron las puertas que daban al campo, y dieron entrada al resto de sus gentes. Los moros, sorprendidos por aquella hazaña, resistieron muy poco, y los mas se salieron del castillo, bajaron á la ciudad y cerraron sus puertas, procurando defenderse con palizadas y barreras.
A la venida del dia, los cristianos emprendieron el asalto; pusieron escalas por diferentes puntos, y á pesar de que los moros se defendian bravamente, los cristianos, aunque á costa de una gran mortandad, lograron penetrar en Alhama.
El combate duró todo el dia y parte de la noche.
Los moros se defendian de calle en calle, en las que hacian barreras con los muebles, con las puertas, con los carros, con cuanto encontraban á mano; pero la llegada de un refuerzo de cristianos, decidió en favor de estos la victoria.
Los moros fueron casi en su totalidad degollados.
Las mugeres, los viejos y los niños, que se habian acogido como débiles é inermes á la mezquita principal, fueron muertos sin compasion, y casas y calles y mezquitas solo mostraban cadáveres.
La venganza que los cristianos tomaron por el desastre de Zahara, fué completa y horrible.
La noticia de este desastre llenó de luto á Granada, los fakies cruzaban por las plazas y por las calles llorando á voces y pronunciando las mas terribles y funestas profecías: el pueblo estaba espantado, y aumentaba el espanto la llegada de los habitantes de las villas fronterizas que venian desalados á encerrarse en Granada con sus haberes, temerosos de una suerte igual á la de Alhacen.
Pero Muley-Hhacem no se aterró; reunió de golpe tres mil caballos y cincuenta mil peones y marchó sobre Alhama, pero con la precipitacion se habia olvidado de llevar artillería y no pudo recobrar la ciudad.
Mas adelante volvió á cercar á Alhama, y ya casi estaba á punto de rendirse cuando le avisaron de que su presencia era necesaria en Granada.
Su hijo y su hermano se le habian rebelado cada cual por su parte, y era llegado el momento en que los bandos interiores no le dejasen tiempo ni fuerza para atentar á la defensa de sus fronteras.
VII.
Entretanto los cristianos tomaron á Loja, y mientras Muley-Hhacem fué á su socorro, su hijo Boabdil, ayudado por su bando, se rebeló abiertamente en Granada proclamándose rey; los vasallos leales del rey acudieron á su defensa, acaudillados por el wazir y por el walí de la ciudad: hubo un reñidísimo combate en las calles, y los rebeldes lograron apoderarse del Albaicin. El populacho ansioso de novedades y trastornos, se declaró por el hijo y desbarató á los que venian con gentes á nombre de su padre. En vano algunos buenos caballeros pretendian restablecer la paz: el rey Muley-Hhacem, dejando lo de Loja acudió á Granada, y ayudado por su hermano el infante Zelim walí de Almería, pudo recobrar la Alhambra á escepcion de una torre que defendia el alcaide Aben-Comixa, que despues fué wazir de Boabdil.
Con estas ventajas el rey viejo y el infante su hermano, se atrevieron á bajar á la llanura, pero fueron desbastados.
Encastillados el rey Chico y el rey Viejo, el uno en el Albaicin, el otro en la Alhambra, cansados de matarse sus parciales, se suspendieron los horrores de la guerra civil, pero sin ceder el padre ni el hijo.
Abul-Hhacem desesperado, y viendo que entretanto Loja se perdia, marchó de nuevo en su socorro, pero apenas salió de la Alhambra, cuando se apoderó de ella el alcaide Aben-Comixa y la entregó al rey Boabdil. Entretanto su padre hacia levantar el sitio de Loja á los cristianos.
Pero si Abul-Hhacem habia recobrado á Loja, habia perdido á Granada.
Boabdil habia sido proclamado rey.
Abul-Hhacem, no pudiendo hacer otra cosa, por consejo de su hermano Abdalá-al-Zagal, se retiró á Málaga, que con Guadix era de su alcaidia, y se mantuvieron fieles al rey.
VIII.
Al fin, despues de desastrosos hechos civiles, en que cada dia se insurreccionaban las salas de Granada, y mientras el ejército de los castellanos acometian las fronteras, el rey Muley-Hhacem, viejo ya y achacosa, cedió la corona á su hermano Abdallah-al-Zagal.
Su hijo, que habia sido hecho cautivo por los cristianos en la batalla de Lucena.
La sultana Aixa-la-Horra, pedia su auxilio á los Reyes Católicos, y estos se lo concedian, mas porque Boabdil fuese á turbar con la guerra civil á Granada y á debilitarla, que por otra razon.
Boabdil, con la ayuda de los cristianos, se apoderó del Albaicin y despues de la Alhambra.
Su tio Abdallah-al-Zagal se retiró á Málaga y Almería.
Y siguió la guerra civil.
Y siguieron los cristianos adelantando en las fronteras.
Al fin Boabdil firmó una alianza con los Reyes Católicos, declarándose su vasallo.
Los Reyes Católicos, que ya se habian apoderado de Málaga ayudando á Boabdil contra su tio, se apoderaron de Baza, despues de un largo sitio.
Aterrado Al-Zagal con la pujanza de los cristianos, se presentó á la merced de los Reyes Católicos, firmó con ellos perpétua alianza, se declaró su vasallo, y les entregó sus ciudades de Guadix y Almería.
Los Reyes Católicos ofrecieron en cambio al Zagal la taa de Andarax y el valle de Alhaurin con todas sus alquerías y la mitad de las salinas de Maleha.
Rindiéronse asimismo las fortalezas de Taberna y Seron en el interior y las marinas de Almunekab y Jalubania, todo lo cual aconteció el año ochocientos noventa y seis[127].
IX.
Quedaba, pues, único señor del reino, pero de un reino deshecho, despedazado por los bandos civiles y casi destruido, el rey Boabdil.
En tales tiempos está consignada la tradicion del patio de los Leones que vamos á referir á nuestros lectores despues de los antecedentes descriptivos é históricos que hemos creido necesarios.
X.
LA SULTANA ZORAIDA.
Era esta desgraciada una joya de Dios.
Apenas habia cumplido veinte primaveras, y ya sus dias eran tristes y sus noches sin sueño.
¿Quién podrá encarecer su blancura, mas intensa que la de la plata vírgen, ni quién sus cabellos dorados como el oro de Arabia?
Sus ojos eran azules como el cielo despejado de una tarde de primavera, y sus pupilas negras como una noche de tempestad.
Y como de la tempestad salen los relámpagos, de las negras pupilas de Zoraida salian tambien relámpagos de amor.
¿Por qué aquella hurí mortal, aquel ramillete de perfeccion estaba triste y silenciosa, sentada en la fresca y embalsamada sala de los Divanes[128]?