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La Isabelina

Chapter 7: V. TRES AMBICIOSOS
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About This Book

A sequence of memoir-like episodes recounts a life entangled with political plots, military skirmishes and personal adventures. The narrator relays meetings with ex-clerics, conspirators, soldiers and wanderers, combining anecdote, keen social observation and ironic character sketches. Episodes shift between intimate recollections—failed romances, ethical uncertainty and vocational changes—and broader depictions of public life, tracing tensions between conservative traditions and liberal impulses while showing how cunning and adaptability shape survival amid upheaval.

V.
TRES AMBICIOSOS

Un poco antes de la muerte del rey, Tilly supo que Aviraneta se encontraba en Madrid, y le escribió una carta. Aviraneta se presentó en la Casa del Jardín, y hablaron. Tilly contó a don Eugenio su vida desde que habían dejado de verse; le habló de su enfermedad y de la protección del cura Mansilla, con quien estaba unido por agradecimiento y por interés.

—¿Qué clase de pájaro es ese Mansilla?—preguntó Aviraneta.

—Es un hombre inteligente, enérgico y liberal; todo lo liberal que puede ser un cura.

—¿Usted puede contar con él?

—Sí, en absoluto. Usted le verá dentro de un rato y charlará usted con él.

Tilly le dió a Aviraneta toda clase de detalles respecto a Mansilla.

Aviraneta explicó después a Tilly la empresa política en que se veía metido.

—Yo tengo organizada la Sociedad Isabelina, que ahora marcha viento en popa—le dijo—. Está formada, principalmente, por militares y por empleados; pero he pensado que al mismo tiempo podríamos organizar una serie de triángulos para ayudarnos.

—Me parece muy bien.

—Usted es un hombre que me conviene, decidido, ambicioso y enérgico. Nos ayudaremos mutuamente y escalaremos las más altas posiciones.

—Nada; cuente usted conmigo.

—¿Este cura Mansilla, querría formar parte de nuestro primer triángulo?

—Ya lo creo.

—Nos vendría muy bien un auxiliar en el Clero. Hay que tener todas las puertas abiertas. Si no se puede la llave, emplearemos la palanqueta.

—Estamos de acuerdo.

—¿Así que usted cree que podemos constituír el triángulo?

—Nada, está constituído.

—Muy bien; entonces lo formaremos usted, él y yo. Usted el número uno, Mansilla el dos, yo el tres.

—Muy bien, acepto. Dentro de poco vendrá Mansilla, a quien tengo citado.

Tilly puso en relación a Aviraneta con el abate Mansilla, y los tres se prometieron ayudarse y favorecerse. Desde aquel día se formó el primer triángulo del Centro. ¿Tenían algún dogma? ¿Tenían alguna doctrina? Al parecer, ni dogma, ni doctrina; su único objeto era ayudarse y prosperar.