WeRead Powered by ReaderPub
La perfecta casada cover

La perfecta casada

Chapter 15: XIII
Open in WeRead

About This Book

The author offers a devotional guide for women entering marriage, combining scriptural exegesis with practical counsel on household management, spousal service, and childrearing. He frames marriage as a holy, ancient institution restored and sanctified by Christ, and uses the virtuous woman of Proverbs as a model, detailing virtues, daily labors, and moral obligations. The tone alternates between theological reflection and concrete advice, warning against complacency and urging vigilance, industry, and piety, while emphasizing the need for divine grace and scripture-based instruction to fulfill the married state.

XIII

LA BUENA MUJER HA DE SER DICHA, GLORIA, FELIZ SUERTE Y BENDICIÓN DE SU MARIDO.

Señalado en las puertas

su marido, cuando se asentare

con los gobernadores del pueblo.

PROVERBIOS

En las puertas de la ciudad eran antiguamente las plazas, y en las plazas estaban los tribunales y asientos de los jueces y de los que se juntaban para consultar sobre el buen gobierno y regimiento del pueblo. Pues dice que en las plazas y lugares públicos, y adonde quiera que se hiciere junta de hombres principales, el hombre cuya mujer fuere cual es la que aquí se dice, será por ella conocido y señalado y preciado entre todos. Y dice esto Salomón, ó en Salomón el Espíritu Santo, no sólo para mostrar cuánto vale la virtud de la buena, pues da honra á sí y ennoblece á su marido, sino para enseñarle en esta virtud de la perfecta casada, de que vamos hablando, que es lo sumo della, y la raya hasta donde ha de llegar, que es el ser corona y luz y bendición y alteza de su marido; pues es así que todos conocen y cantan y reverencian, y tienen por dichoso y bienaventurado al que le ha cabido esta buena suerte; lo uno, por haberle cabido, porque no hay joya ni posesión tan preciada, ni envidiada, como la buena mujer; y lo otro, por haber merecido que le cupiese; porque, así como este bien es precioso y raro, y don propiamente dado de Dios, así no le alcanzan de Dios sino los que, temiéndole y sirviéndole, se lo merecen con señalada virtud. Así lo testifica el mismo Dios en el Eclesiástico[119]: «Suerte buena es la mujer buena, y es parte de buen premio de los que sirven á Dios, y será dada al hombre por sus buenas obras.» De arte que el que tiene buena mujer es estimado por dichoso en tenerla, y por virtuoso en haberla merecido tener. De donde se entiende que el carecer deste bien, en muchos es por su culpa dellos. Porque á la verdad, el hombre vicioso y distraído y de aviesa[120] y revesada condición, que juega su hacienda, y es un león en su casa, y sigue á rienda suelta la deshonestidad, no espere, ni quiera tener buena mujer; porque ni la merece, ni Dios la quiere á ella tan mal, que la quiera juntar á compañía tan mala, y porque él mismo con su mal ejemplo y vida desvariada la estraga y corrompe. Pero torna Salomón á lo casero de la mujer, y dice: