WeRead Powered by ReaderPub
La Tosca: Drama trágico en cuatro actos divididos en cinco cuadros cover

La Tosca: Drama trágico en cuatro actos divididos en cinco cuadros

Chapter 29: ESCENA II
Open in WeRead

Explore more books like this:

About This Book

The drama unfolds in Rome amid political turmoil and traces a sequence of betrayals and moral dilemmas across four acts. A political fugitive shelters with a compassionate painter; a ruthless chief of police seeks the fugitive while pursuing the painter's beloved, a celebrated singer. The chief exploits authority, surveillance and torture to force a brutal choice, manipulating the singer into sacrificing trust to protect life. The painter is subjected to a mock execution and the ensuing revelations of betrayal precipitate a desperate, fatal act by the singer, closing the play on a note of tragic inevitability.

ACTO CUARTO


CUADRO PRIMERO

La capilla de los condenados a muerte en el castillo de Santángelo. Ventana con fuertes rejas de hierro al fondo, un altar a la derecha y la puerta de entrada a la izquierda.

ESCENA PRIMERA

MARIO, acostado y dormitando, UN CARCELERO, COLOMETTI y DOS SOLDADOS que están de centinela.

Colometti

(Acercándose a Mario.) ¡Caballero! ¡Vamos... caballero!

Mario

(Despertándose.) ¿Eh? ¿Que hay? ¡Ah! ¿Sois vos?... ¡Dormía de una manera tan agradable!... Llegó el momento. ¿No es eso? ¿Venís a poner fin a este hermoso sueño para anunciarme que voy a entrar en el otro, en aquel otro que no concluye nunca?

Colometti

Os equivocáis. Vengo a deciros que está ahí una persona que quiere hablaros. (Se acerca hacia la puerta de entrada, que permanece abierta.)

Mario

(Deteniéndole.) Aguardad. Si es alguno de esos frailes que pretenden hacerme implorar la misericordia divina por haber intentado salvar la vida de un fugitivo, decidle de mi parte que se vaya, que no quiero verle. Sí, yo os ruego que me libréis de la presencia de esas gentes y de sus cánticos lúgubres. La muerte es ya harto desagradable por sí misma para ennegrecerla aún más con la tristeza que infunden en el ánimo semejantes ceremonias. (Vuelve a recostarse como para dormir de nuevo.)

Colometti

No es eso. Los religiosos se han retirado ya por orden de su excelencia. La persona que desea entrar es una persona de vuestro agrado.

Mario

(Vivamente.) ¿Floria?

Colometti

Sí.

Mario

(Levantándose.) ¡Oh!... que venga... que venga al instante... ¿Dónde está? (Colometti hace un gesto al carcelero y este hace entrar a Floria.)

ESCENA II

LOS MISMOS y FLORIA

Floria

(Corriendo a abrazar a Mario.) ¡Mario!

Mario

¡Alma mía!

Floria

¿Me has perdonado ya?

Mario

¡Perdonarte! ¡Tú eres quien debe perdonarme un injusto movimiento de cólera!... ¡Qué habías de hacer después de atormentarte de aquel modo!... ¿Vienes a darme el último adiós?

Floria

(Mirando de soslayo a los polizontes que ante una señal de Colometti se disponen a marcharse.) No... no vengo a darte el último adiós.

Mario

(Sin comprender.) ¿Qué dices?

Floria

(En voz baja.) ¡Calla!... Espera, espera a que se hayan marchado. (Acerca su rostro al de Mario, el cual al sentir su contacto en la mejilla no puede contener un gesto de dolor.) ¿Sufres mucho todavía?

Mario

(Cogiéndole las manos a Floria y besándolas con amor.) No... un poco... Ya estoy mejor.

Floria

Yo te curaré. ¡Amor mío!... Dentro de algunos minutos estaremos lejos, muy lejos de esta ciudad... Los dos juntos... y a salvo de todo riesgo... (En este momento han salido el carcelero y los soldados y no queda más que Colometti.) Sí... te traigo la libertad, la salvación.

Mario

(Asombrado.) ¡Mi libertad!

Floria

Absoluta.

Mario

(Atónito.) ¡De Scarpia!

Floria

Sí, de él, de él mismo... ¿No es cierto señor Comisario? ¿No es verdad que estará libre?

Colometti

Hace pocos momentos su excelencia me ha dado órdenes que confirman todo cuanto dice la señora.

Floria

¿Lo ves, Mario?

Mario

(Mirando a uno y a otro.) ¡Órdenes! ¿Qué órdenes son esas? (Sin comprender.)

Floria

Que tu fusilamiento no será más que simulado. ¿Entiendes? Nada más que por pura fórmula... pero los fusiles estarán cargados con pólvora sola. ¿No es cierto señor Comisario? (Colometti hace una señal de asentimiento.) Sin bala. ¿Entiendes bien? Y para mayor seguridad las armas las preparará el mismo señor Comisario, aquí presente. ¿No es verdad? (Colometti vuelve a afirmar. Mario sigue mirándola con incredulidad.) Que te lo asegure él, que él mismo te lo afirme, porque parece que no quieres dar crédito a mis palabras... Vamos, hablad, hablad pronto. (A Colometti.)

Colometti

Sí, yo mismo he cargado los fusiles... Así lo ha ordenado su excelencia.

Floria

¿Lo oyes? Él mismo acaba de decirlo... Ya ves que no te engaño... En seguida te conducirán a la explanada y al oír el ruido de la descarga te dejarás caer en tierra como muerto... El señor Comisario despedirá al piquete y en el acto te abrirá la puerta del castillo. Saltamos después en mi coche y ya estamos en libertad... ¿Comprendes? En libertad completa... ¡Libres para siempre! ¿Ves qué felicidad tan grande?

Mario

(Con la misma incredulidad.) ¿Pero todo eso es posible?

Floria

Naturalmente. ¿Por qué muestras tanto empeño en negarlo? Mira... Mira... (Sacando del pecho el salvoconducto.) Aquí está el salvoconducto para atravesar la frontera.

Mario

¿Tú?

Floria

Y tú también. ¡Mario mío! Léelo entero. «La señora Floria, llamada La Tosca, y el caballero que la acompaña.» Bien claro está.

Mario

(Después de leer.) Sí, eso dice. ¿Y la firma de Scarpia? (Confuso y sin comprender.)

Floria

¿Estás convencido? (Abrazándole.)

Mario

(Creyendo adivinar.) ¡Ah! (Se detiene mirando a Colometti.)

Colometti

Sí, el caballero no debe tener ningún género de desconfianza. Conviene apresurarse y no aguardar a que el día aclare por completo. Después tendrán tiempo de hablar y abrazarse.

Floria

¡Es verdad!... ¡Tenéis razón!... ¡Pronto!... ¡Pronto!...

Colometti

El piquete se encuentra ya formado en la explanada. Voy a cerciorarme de que el sitio está completamente desierto y vuelvo a buscaros.

Floria

Sí... sí... Que nadie te vea. ¡Cómo os agradezco lo que hacéis por nosotros!

Colometti

Cumplo las órdenes de mi jefe. (Vase.)

ESCENA III

MARIO y FLORIA

Mario

(Apenas sale Colometti se dirige a Floria cogiéndola violentamente por un brazo.) ¡Desgraciada! ¿A qué precio compraste mi libertad?

Floria

¿A qué precio?

Mario

Sí.

Floria

(Con voz terrible.) Pues con una puñalada en el corazón... (Rápidamente.) Pero, antes... ¿entiendes? Antes.

Mario

¿Tú has hecho eso?

Floria

¡Yo!

Mario

¿Y ha muerto?

Floria

(Con alegría.) A mis pies y revolcándose en su propia sangre.

Mario

¿Y no has huido? ¿Y estás aquí tan tranquila? ¡Pero se descubrirá su muerte y te buscarán!

Floria

No, no temas... Él mismo, delante de mí, ordenó que le dejaran descansar. ¡Ya descansa!

Mario

¡No importa... huye... huye pronto!

Floria

Repito que no tengas temor alguno. Es natural que habiendo velado toda la noche sus gentes le dejen solo hasta la hora de almorzar, de modo que tenemos por delante el tiempo suficiente para llegar hasta Civitavecchia, donde podremos encontrar un buque que se haga a la vela, o un bote o una barca de pescadores. Cuando vean el cadáver, nosotros estaremos en alta mar, fuera de las garras de la policía.

Mario

¡Ah, valerosa Floria!... ¡Eres una romana, una verdadera romana de los tiempos heroicos! (Abrazándola.)

Floria

(Al ver que se abre la puerta.) ¡Silencio!... El Comisario.

ESCENA IV

DICHOS, COLOMETTI y SOLDADOS

Colometti

Vamos...

Mario

Cuando gustéis.

Floria

(Vivamente.) ¡Sí... sí! (Al ver a los soldados cambia de tono.) ¡Mario! (Le abraza. En voz baja a Colometti.) ¿Puedo acompañarle?

Colometti

No. (También en voz baja.) Es más conveniente que no os presentéis hasta que oigáis los disparos.

Floria

(Idem.) La explanada está aquí encima. ¿No es cierto?

Colometti

Sí... No hay más que subir veinte escalones.

Floria

Bien...

Colometti

Vamos, caballero. (A Mario.)

Floria

(Siempre abrazada a Mario.) No te olvides de nada. ¡Por Dios, Mario mío, déjate caer en cuanto oigas la descarga!... Y sobre todo no te muevas hasta que yo te avise... ¿Entiendes?

Mario

Sí. (Besándola las manos.) Adiós, Floria.

Floria

Adiós no... Hasta luego, vida mía.

Colometti

¡Adelante!... ¡Marchen! (Los soldados rodean a Mario que sale conmovido.)

ESCENA V

FLORIA sola

Floria

(Después de una pausa.) Sí, no hay duda... Con mis caballos llegaremos a Civitavecchia antes de cuatro horas. ¡Ah, cuándo veré perderse en el horizonte esta maldita tierra romana! ¡Con qué placer respiraremos fuera de ella! (Pausa.) Les oigo andar aquí encima... (Escucha.) Ya se paran... ¡Por fin llegó el momento supremo!... Con tal de que no se le ocurra a nadie ir a despertar al otro para cualquier asunto... (Otra pausa.) ¿Qué es lo que hacen ahora? ¿A qué aguardan? Debía ya de haberse cumplido todo... El más leve indicio puede perderle... Me estremece el alma tanto esperar... ¡Me digo a mí misma que no se trata más que de una ficción, y sin embargo la idea de que van a disparar sobre él me hiela la sangre en las venas!... ¡Pronto!... ¡Pronto!... ¡Dios mío, qué minutos tan eternos!... ¿Pues no estoy temblando?... ¡Concluid!... (Suena el ruido de la descarga, al oírle lanza un grito de espanto.) ¡Ah!... ¡Estoy loca!... ¡Me he estremecido de horror como si fuera verdad!... ¡Ya está hecho!... ¡Ahora pronto, arriba!... Su capa que han olvidado. (Toma la capa de Mario y sale precipitadamente.)

MUTACIÓN