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Las figuras de cera: novela

Chapter 17: VI EL DINERO
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About This Book

A framing conversation about a recovered manuscript opens a debate over historical truth and novelistic invention, and the ensuing narrative moves into wartime border country, following convoys, travel scenes and the daily lives of marginal townspeople. Episodes portray urban intrigue, opportunism, smuggling and the petty economies that arise around conflict, while offering richly observed landscapes and social detail. The work blends documentary fragments and fiction, favoring realist description and sustained observation as it questions memory, authorship and the limits of narrative accuracy.

VI
EL DINERO

Mientras Aviraneta esperaba con ansiedad los resultados de la gestión de Roquet corrieron por Bayona muchas noticias. Se dijo que los antimarotistas de la Junta Apostólica iban a tener dinero para hacer más intensa la guerra.

El secretario de la Junta, don Florencio Sanz, se agitó y lanzó circulares, afirmando la vuelta al poder de los puros. Se añadió que el padre Larraga había ido a Turín y el general Uranga a Viena; que los dos traerían disposiciones y dinero en abundancia, y que en seguida la Junta Apostólica iría a ponerse de acuerdo con Cabrera y Arias Teijeiro.

Pocos días después el Faro de Bayona confirmó la noticia y añadió que Tarragual había pedido el pase al subprefecto para ir a Toulouse y luego a la frontera catalana.

Todo esto Aviraneta sabía que no tenía importancia; en cambio, por aquellos días supo por el Club antimarotista de Azpeitia una noticia importante.

Se trataba de hacer un empréstito de quinientos millones de reales a don Carlos por las casas Tastet y Francessin. Tastet había pasado al Real de don Carlos con una carta de los principales banqueros de Inglaterra ofreciendo al Pretendiente auxilios si se avenía a firmar el contrato en las condiciones que se le proponían.

El negocio era una combinación de comerciantes ingleses y franceses, dirigida a arruinar la poca industria española.

Tastet fué al Cuartel Real, y primero se vió con el padre Cirilo de la Alameda y éste quiso sacar tajada sin exponerse; pero Tastet era tan cuco como podía serlo el padre Cirilo y estaba dispuesto a no dar un cuarto sin garantías.

Aviraneta temía que, a pesar de que las condiciones eran duras, don Carlos, impulsado por la necesidad, firmase el empréstito para poder tener armas, caballos, efectos de guerra y dinero para pagar a las tropas.

Sabida es la frase del mariscal Trivulzi, que se ha repetido muchas veces:

"Tres cosas son necesarias para llevar bien una guerra: la primera, dinero; la segunda, dinero, y la tercera, dinero."

A esto se puede añadir la frase de Vespasiano, que el dinero no tiene olor; es decir, que lo mismo da que venga de arriba que de abajo; de las flores o del cieno.

Aviraneta, que veía un gran peligro en este empréstito, comenzó a trabajar en contra de él. Dió informes a los antimarotistas de Fermín Tastet, banquero bilbaíno, que había sido liberal y masón; hizo decir a los Clubs de Tolosa, de Azpeitia y de Bayona que el empréstito era una trama pérfida de Maroto para exterminar a los carlistas puros y al Pretendiente, pues dueño el general de este modo de las tropas, pagándolas espléndidamente haría lo que quisiera, transigiría con Espartero, sacrificando la causa de la legitimidad y del catolicismo. Esta era la explicación de que fueran liberales y masones los que ofrecían el dinero.

La idea lisonjeó a los fanáticos, se la apropiaron, y fué tal la enemistad que se produjo contra este empréstito, que Tastet tuvo que escaparse del Real y marchar corriendo a Francia. Los dos banqueros, el español y el francés, se manifestaron asombrados de la enemiga que había producido su proyecto.

Hablaron en Bayona con el marqués de Lalande y uno de los banqueros dijo:

—Sin dinero la guerra se acabará pronto.

El marqués de Lalande parece que añadió:

—Ya no tenemos guerra más que para unos meses.