Mientras Aviraneta esperaba con ansiedad los resultados de la gestión de Roquet corrieron por Bayona muchas noticias. Se dijo que los antimarotistas de la Junta Apostólica iban a tener dinero para hacer más intensa la guerra.
El secretario de la Junta, don Florencio Sanz, se agitó y lanzó circulares, afirmando la vuelta al poder de los puros. Se añadió que el padre Larraga había ido a Turín y el general Uranga a Viena; que los dos traerían disposiciones y dinero en abundancia, y que en seguida la Junta Apostólica iría a ponerse de acuerdo con Cabrera y Arias Teijeiro.
Pocos días después el Faro de Bayona confirmó la noticia y añadió que Tarragual había pedido el pase al subprefecto para ir a Toulouse y luego a la frontera catalana.
Todo esto Aviraneta sabía que no tenía importancia; en cambio, por aquellos días supo por el Club antimarotista de Azpeitia una noticia importante.
Se trataba de hacer un empréstito de quinientos millones de reales a don Carlos por las casas Tastet y Francessin. Tastet había pasado al Real de don Carlos con una carta de los principales banqueros de Inglaterra ofreciendo al Pretendiente auxilios si se avenía a firmar el contrato en las condiciones que se le proponían.
El negocio era una combinación de comerciantes ingleses y franceses, dirigida a arruinar la poca industria española.
Tastet fué al Cuartel Real, y primero se vió con el padre Cirilo de la Alameda y éste quiso sacar tajada sin exponerse; pero Tastet era tan cuco como podía serlo el padre Cirilo y estaba dispuesto a no dar un cuarto sin garantías.
Aviraneta temía que, a pesar de que las condiciones eran duras, don Carlos, impulsado por la necesidad, firmase el empréstito para poder tener armas, caballos, efectos de guerra y dinero para pagar a las tropas.
Sabida es la frase del mariscal Trivulzi, que se ha repetido muchas veces:
"Tres cosas son necesarias para llevar bien una guerra: la primera, dinero; la segunda, dinero, y la tercera, dinero."
A esto se puede añadir la frase de Vespasiano, que el dinero no tiene olor; es decir, que lo mismo da que venga de arriba que de abajo; de las flores o del cieno.
Aviraneta, que veía un gran peligro en este empréstito, comenzó a trabajar en contra de él. Dió informes a los antimarotistas de Fermín Tastet, banquero bilbaíno, que había sido liberal y masón; hizo decir a los Clubs de Tolosa, de Azpeitia y de Bayona que el empréstito era una trama pérfida de Maroto para exterminar a los carlistas puros y al Pretendiente, pues dueño el general de este modo de las tropas, pagándolas espléndidamente haría lo que quisiera, transigiría con Espartero, sacrificando la causa de la legitimidad y del catolicismo. Esta era la explicación de que fueran liberales y masones los que ofrecían el dinero.
La idea lisonjeó a los fanáticos, se la apropiaron, y fué tal la enemistad que se produjo contra este empréstito, que Tastet tuvo que escaparse del Real y marchar corriendo a Francia. Los dos banqueros, el español y el francés, se manifestaron asombrados de la enemiga que había producido su proyecto.
Hablaron en Bayona con el marqués de Lalande y uno de los banqueros dijo:
—Sin dinero la guerra se acabará pronto.
El marqués de Lalande parece que añadió:
—Ya no tenemos guerra más que para unos meses.