NOTAS
[1] El autor de las Actas no da directamente á San Pablo el título de Apóstol, que solo aplica en general á los miembros del colegio central de Jerusalem.
[2] Homilias seudo-clementinas, XVII, 13-19.
[3] Justino, Apol. I, 39. En las Actas predomina tambien la idea de que Pedro fué el Apóstol de los gentiles. Véase sobre todo el Cap. X y compárese I Petri, I, 1.
[4] I Cor., III, 6, 10; IV, 14, 15; IX, 1, 2; II Cor., XI, 2, etc.
[5] Carta de Dionisio de Corinto, en Eusebio, Hist. eccl., II, 25.
[6] Los lectores franceses que deseen obtener más ámplios detalles sobre la discusion y comparacion de las cuatro narraciones, pueden consultar los siguientes escritos: Strauss, Vie de Jésus, 3.ª sec., cap. IV y V (traduccion Littré); Nouvelle Vie de Jésus, l. I, § 46 y siguientes; l. II, § 97 y siguientes (Traduccion Nefftzer y Dollfus).
[7] La Iglesia la admite desde luego como evidente. Véase el cánon de Muratori (Antiq. Ital., III, 854), colacionado por Wieseler y restituido por Laurent (Neutestamentliche Studien, Gotha, 1866), lin. 33 y siguientes.
[8] Luc., I, 1-4, Act., I, 1.
[9] Véase sobre todo Act., XVI, 12.
[10] Sabido es que entre los escritores del Nuevo Testamento es muy pobre la manera de expresarse, si bien cada uno tiene su pequeño diccionario, y esto nos proporciona una regla precisa para determinar quién es el autor de los escritos, aun de los más cortos.
[11] El empleo de esta palabra, Act., XIV, 4, 14, es muy indirecto.
[12] Compárese por ejemplo, Act., XVII, 14-16; XVIII, 5, á I Tes., III, 1-2.
[13] I Cor., XV, 32; II Cor., I, 8; XI, 23 y siguientes. Rom., XV, 19; XVI, 3 y siguientes.
[14] Act., XVI, 6; XVIII, 22-23, comparando la epístola á los Galatas.
[15] Por ejemplo, la estancia en Cesarea queda en la oscuridad.
[16] Mabillon, Museum Italicum, I, 1.ª pars, pág 109.
[17] Col., IV, 14.
[19] Casi todas las inscripciones son latinas, así como en Neapolis (Cavala) el puerto de Filipos. Véase Heuzey, Mission de Macédoine, pág. 11 y sig. Los notables conocimientos náuticos del autor de las Actas (véase sobre todo cap. XXVII-XXVIII) dan lugar á creer que era de Neapolis.
[20] Por ejemplo, Act., X, 28.
[21] Act., V, 36-37.
[22] Los hebraismos de su estilo pueden ser resultado de una lectura asídua de las traducciones griegas del Antiguo Testamento, y sobre todo de la lectura de los escritos compuestos por sus correligionarios de Palestina, que copia con frecuencia textualmente. Sus citas del Antiguo Testamento se han hecho sin ningun conocimiento del texto original (por ejemplo, cap. XV, pág. 16 y sig.).
[23] Act., XVII, 22 y sig.
[24] Luc., I, 26; IV, 31; XXIV, 13. Compárese más abajo, página 73, nota.
[25] Luc., I, 31, comparado con Mateo, I, 21. El nombre de Juana que solo Lucas conoce, es sospechoso, pues no parece probable que Juan tuviese entonces correspondencia femenina. Sin embargo, véase Talm. de Bab., Sota, 22 a.
[26] Act., II, 47; IV, 33; V, 13, 26.
[27] Act., IX, 22, 23; XII, 3, 11; XIII, 45, 50 y otros muchos pasajes. Lo mismo sucede con el cuarto Evangelio porque tambien fué redactado fuera de Siria.
[28] Luc., X, 33 y sig.; XVII, 16; Act., VIII, 5 y sig. y lo mismo en el cuarto Evangelio: Juan, IV, 5 y sig. Comp. Mat., X, 5-6.
[29] Act., XXVIII, 30.
[30] Véase Vida de Jesús, pág. XVII.
[31] Luc., XXIV, 50. Marc., XVI, 19, viene á decir lo mismo.
[32] Act., I, 3, 9.
[33] Véase sobre todo Luc., I, 1, la expresion τῶν πεπληροφορημένων ἐν ἡμῖν πραγμάτων.
[34] Cap. X, XXII, XXVI.
[35] El centurion Cornelio y el procónsul Sergio Paulo.
[36] Act., XIII, 7 y sig.; XVIII, 12 y sig.; XIX, 35 y sig.; XXIV, 7, 17; XXV, 9, 16, 25; XXVII, 2; XXVIII, 17-18.
[37] Ibid., XVI, 37 y sig.; XXII, 26 y sig.
[38] Semejantes precauciones no eran raras: el Apocalipsis y la epístola de Pedro designan á Roma con palabras embozadas.
[39] Luc., I, 4.
[40] Act., I, 22.
[41] Véase la Vida de Jesús, pág. XXXIX y sig.
[42] Esto se nota principalmente en la historia del Centurion Cornelio.
[43] Act., II, 47; IV, 33; V, 13, 26. Cf. Luc., XXIV, 19-20.
[44] Act., II, 44-45; IV, 34 y sig.; V, 1 y sig.
[45] I Cor., XII-XIV. Comp. Marc., XVI, 17, y Act., II, 4, 13; X, 46; XI 15; XIX, 6.
[46] Compárese Act., III, 2 y sig. á XIV, 8 y sig.; IX, 36 y sig. á XX, 9 y sig.; V, 1 y sig. á XIII, 9 y sig.; V, 15-16 á XIX, 12; XII, 7 y sig. á XVI, 26 y sig.; X, 44 á XIX, 6.
[47] En un discurso que el autor pone en boca de Gamaliel, allá por el año 36, se trata de Teudas cuya empresa se declara fijamente que fué anterior á la de Judas el Gaulonita (Act., V, 36-37). Ahora bien, la rebelion de Teudas es del año 44 (Jos., Ant., XX, V, 1), y en todo caso muy posterior á la del Gaulonita (Jos., Ant., XVIII, I, 1; B. J., II, VIII, 1).
[48] Las personas que no puedan leer sobre este punto los escritos alemanes de Baur, Schneckenburger, de Wette, Schwegler y Zeller, donde se conducen á una solucion definitiva las cuestiones críticas relativas á las Actas, pueden consultar con fruto los Études historiques et critiques sur les origines du christianisme, por A. Stap (París, Lacroix, 1864), p. 116 y sig.; Michel Nicolas, Études critiques sur la Bible. Nouveau Testament (París, Lévy, 1864), p. 223 y sig.; Reuss, Histoire de la théologie chrétienne au siècle apostolique, l. VI, ch. V; diversos trabajos de los señores Kayser, Scherer, Reuss en la Revue de théologie de Strasburgo, 1.ª serie, t. II y III; 2.ª serie, t. II y III.
[49] Para el matiz de οὐ προσανεθέμην σαρκὶ καὶ αἵματι, compárese Mat., XVI, 17.
[50] Él mismo lo declara así bajo juramento: léase sobre todo los Cap. I y II de la epístola de los Galatas.
[51] Act., XII, 1.
[52] Jos., Ant., XIX, VIII, 2; B. J., II, XII, 6.
[53] La cita de Amos (XV, 16-17), hecha por Jacobo conforme á la version griega, y que está en desacuerdo con el hebreo, demuestra claramente que este discurso es una ficcion del autor.
[54] Demostraremos luego que este es el verdadero sentido: en todo caso la duda sobre la cuestion de saber si Tito se circuncidó ó no, importa poco para nuestro razonamiento.
[55] Comp. Act., XV, 1; Gal., I, 7; II, 12.
[56] I Cor., VIII, 4, 9; X, 25-29.
[57] Act., XXI, 20 y sig.
[58] Los ebionitas sobre todo. Véanse las Homilias seudo-clementinas; Ireneo, Adv. hær., I, XXVI, 2; Epifanio, Adv. hær., hær. XXX; San Gerónimo, In Matth., XII, init.
[59] Á mi parecer, sin embargo, Ananías y Safira son personajes imaginarios.
[60] De divinatione, II, 57.
[61] Prefacio de los Études d’histoire religieuse.
[62] Marc., XVI, 11; Luc., XVIII, 34; XXIV, 11; Juan, XX, 9, 24 y sig. La opinion contraria expresada en Mat., XII, 40; XVI, 4, 21; XVII, 9, 23; XX, 19; XXVI, 32; Marc., VIII, 31; IX, 9-10, 31; X, 34; Luc., IX, 22; XI, 29-30; XVIII, 31 y sig.; XXIV, 6-8; Justino, Dial. cum Tryph., 106, proviene de que á partir de cierta época, se tiene gran empeño en demostrar que Jesús anunció su resurreccion. Por lo demás, los sinópticos reconocen que si Jesús habló, los Apóstoles no comprendieron nada. (Marc., IX, 10, 32; Luc., XVIII, 34; compárese Luc., XXIV, 8, y Juan, II, 21-22.)
[63] Marc., XVI, 10; Luc., XXIV, 17, 21.
[64] Pasajes precitados, sobre todo Luc., XVII, 24-25; XVIII, 31-34.
[65] Talmud de Babilonia, Baba Bathra, 58 a, y el extracto árabe que da el abate Bargés en el Bulletin de l’Œuvre des pélerinages en terre sainte, febrero 1863.
[66] Ibn-Hischam, Sirat errasoul, edic. Wüstenfeld, pág. 1012 y sig.
[67] Luc., XXIV, 23; Act., XXV, 19; Jos., Ant., XVIII, III, 3.
[68] Salmo XVI, 10. El sentido del original es un poco diferente pero así es como las versiones recibidas traducen el pasaje.
[69] I Tes., IV, 12 y sig.; I Cor., XV entero; Apoc., XX-XXII.
[70] Mat., XVI, 21 y sig.; Marc., VIII, 31 y sig.
[71] Josefo, Ant., XVIII, III, 3.
[72] Leer con cuidado los cuatro relatos de los Evangelios y el pasaje I Cor., XV, 4-8.
[73] Mat., XXVIII, 1; Marc., XVI, 1; Luc., XXIV, 1; Juan, XX, 1.
[74] Juan, XX, 2, parece suponer que María no estaba siempre sola.
[75] Juan, XX, 1 sig., y Marc., XVI, 9 y sig. Es preciso notar que el Evangelio de Márcos tiene, en nuestros textos impresos del Nuevo Testamento, dos finales: Marc., XVI, 1-8; Marc., XVI, 9-20, sin hablar de otros dos, uno de los cuales ha sido conservado por el manuscrito L de París y el margen de la version filoxeniana (Nov. Test. edic. Griesbach-Schultz, I, pág. 291, nota), el otro por San Gerónimo, Adv. Pelag., l. II (t. IV, 2.ª parte, col. 520, edic. Martianay). El final XVI, 9 y sig. falta en el manuscrito B del Vaticano, en el Codex Sinaiticus y en los más importantes manuscritos griegos, pero es de una remota antigüedad y concuerda con el cuarto Evangelio de una manera admirable.
[76] Mat., XXVII, 60; Marc., XV, 46; Luc., XXIII, 53.
[77] Juan, XIX, 41-42.
[78] Véase Vida de Jesús, p. XXXVIII.
[79] El Evangelio de los hebreos contenia acaso algun dato análogo (en San Gerónimo, De viris illustribus, 2).
[80] M. de Vogüé, Les Églises de la terre sainte, pág. 125-126. El verbo ἀποκυλίω (Mat., XXVIII, 2; Marc., XVI, 3, 4; Luc., XXIV, 2) prueba suficientemente que tal era la disposicion del sepulcro de Jesús.
[81] El relato del cuarto Evangelio tiene en este punto una gran superioridad y nos sirve de guia principal. Segun Lucas, XXIV, 12, solo Pedro va al sepulcro. En el final de Márcos que nos da el manuscrito L y el margen de la version filoxeniana (Griesbach, l. c.), se menciona τοῖς περὶ τὸν Πέτρον. San Pablo (I Cor., XV, 5) tampoco hace figurar más que á Pedro en esta primera vision. Más lejos, Lucas (XXIV, 24) supone que varios discípulos han ido al sepulcro con lo cual se indica probablemente las visitas que se hicieron luego. Es posible que Juan, cediendo á una segunda intencion, que se revela más de una vez en su Evangelio, quisiera demostrar que desempeñó en la historia de Jesús un papel tan importante como el de Pedro. Acaso tambien las repetidas declaraciones de Juan de haber sido testigo ocular de los hechos fundamentales de la fé cristiana (Evang., I, 14; XXI, 24; I Juan, I, 1-3; IV, 14), deben aplicarse á esta visita.
[82] Juan, XX, 1-10. Compar. Luc., XXIV, 12, 34; I Cor., XV, 5 y el final de Márcos en el manuscrito L.
[83] Mat., XXVIII, 9, observando que Mateo, XXVIII, 9-10, contesta á Juan, XX, 16-17.
[84] Juan, XX, 11-17, conforme con Márcos, XVI, 9-10. Compárese el relato paralelo, aun cuando menos satisfactorio, de Mat., XXVIII, 1-10; Luc., XXIV, 1-10.
[85] Juan, XX, 18.
[86] Compárese Marc., XVI, 9; Luc., VIII, 2.
[87] Luc., XXIV, 11.
[88] Ibid., XXIV, 24.
[89] Ibid., XXIV, 34; I Cor., XV, 5; el final de Márcos en el manuscrito L. El fragmento del Evangelio de los hebreos en San Ignacio, Epist. ad Smyrn., 3, y en San Gerónimo, De viris ill., 16 parece situar la «vision de Pedro» por la noche, y la fusiona con la de los apóstoles reunidos. Pero San Pablo distingue expresamente las dos visiones.
[90] Luc., XXIV, 22-24, 34. Resulta de estos pasajes que las noticias se extendieron separadamente.
[91] Marc., XVI, 1-8.—Mat., XXVIII, 9-10 dice lo contrario, pero esto desentona con el sistema sinóptico en el cual las mujeres no ven sino un ángel. Parece que el primer Evangelio ha querido conciliar el sistema sinóptico con el cuarto, donde una sola mujer vé á Jesús.
[92] Mat., XXVIII, 2 y sig.; Marc., XVI, 5 y sig.; Luc., XXIV, 4 y sig., 23. Esta aparicion de los ángeles se ha introducido en el relato del cuarto Evangelio (XX, 12-13), trastornándolo completamente, puesto que se atribuye á María Magdalena. El autor no ha querido prescindir de este hecho referido por la tradicion.
[93] Marc., XVI, 8.
[94] Luc., XXIV, 4-7; Juan, XX, 12-13.
[95] Mat., XXVIII, 1 y sig. En el relato de Mateo es donde más se han exagerado estas circunstancias. El temblor de tierra y lo de los guardias son probablemente adiciones tardías.
[96] Los seis ó siete relatos que tenemos de la escena de la mañana, (Márcos tiene dos ó tres, y Pablo tiene tambien el suyo, sin hablar del Evangelio de los hebreos) están en completo desacuerdo unos con otros.
[97] Mat., XXVI, 31; Marc., XIV, 27; Juan, XVI, 32; Justino, Apol., I, 50; Dial. cum Tryph., 53, 106. Justino opina que en el momento de la muerte de Jesús, cundió una completa apostasía entre los discípulos.
[98] Mat., XXVIII, 17; Marc., XVI, 11; Luc., XXIV, 11.
[99] Marc., XVI, 9; Luc., VIII, 2.
[100] Véase, por ejemplo, Calmeil, De la folie au point de vue pathologique, philosophique, historique et judiciaire. París, 1845, 2 volúmenes en 8.º
[101] Véanse las Lettres pastorales de Jurieu, primer año, séptima carta; tercer año, cuarta carta; Misson, Le Théâtre sacré des Cévennes (Lóndres, 1707), págs. 28, 34, 38, 102, 103, 104, 107; Memorias de Court, en Sayous, Hist. de la littér. française à l’étranger, siglo XVII, I, pág. 303; Bulletin de la Société de l’hist. du protest. franç., 1862, página 174.
[102] Mat., XIV, 26; Marc., VI, 49; Luc., XXIV, 37; Juan, IV, 19.
[103] Marc., XVI, 12-13; Luc., XXIV, 13-33.
[104] Compárese Josefo, B. J., VII, VI, 6. Lucas dice que esta aldea se hallaba á sesenta estadios de Jerusalem, y Josefo á treinta. Ἑξήκοντα, que aparece en algunos manuscritos y algunas ediciones de Josefo, es una correccion cristiana. Véase la edicion de G. Dindorf. La situacion más probable de Emmaus es Kulonié, lugar muy bonito que se halla en el fondo de un valle en el camino de Jerusalem á Jaffa. Véase Sepp, Jerusalem und das heilige Land (1863), I, p. 56; Bourquenoud, en los Études rel. hist. et litt. des PP. de la Soc. de Jésus, 1863, núm. 9, y para las distancias exactas, H. Zschokke, Das neutestamentliche Emmaus (Schaffhausen, 1865).
[105] Marc., XVI, 14; Luc., XXIV, 33 y sig.; Juan, XX, 19 y sig.; Evangelio de los hebreos en san Ignacio, Epist. ad Smyrn., 3, y en san Gerónimo, De viris ill., 16; I Cor., XV, 5; Justino, Dial. cum Tryph., 106.
[106] Luc., XXIV, 34.
[107] En una isla que hay frente á Rotterdam, cuya poblacion es calvinista y de las más austeras, los aldeanos están persuadidos que Jesús va á su lecho de muerte para confirmar á sus elegidos de su justificacion; muchos le ven en efecto.
[108] Para concebir la posibilidad de semejantes ilusiones, basta recordar las escenas de nuestros dias, en que varias personas reunidas reconocen unánimemente que han oido rumores imaginarios, y esto con la mejor buena fé. La expectativa, el esfuerzo de la imaginacion, la disposicion á creer, á veces bromas inocentes, explican esos fenómenos cuando no son hijos del engaño. Esas bromas provienen en lo general de personas convencidas, animadas de un sentimiento benévolo que no desean que una reunion languidezca y que tratan de sacar de apuro á los dueños de la casa. La duda y la negacion son imposibles en esa clase de reuniones, porque se disgustaria á las personas que os han invitado y creen en tales milagros. Hé aquí por qué esas experiencias que dan buen resultado en pequeños grupos, hacen fiasco por lo general ante un público que paga, y no pueden verificarse ante las comisiones científicas.
[109] Juan, XX, 22-23, que resuena en Lucas, XXIV, 49.
[110] Mat., XXVIII, 17; Marc., XVI, 14; Luc., XXIV, 39-40.
[111] Juan, XX, 24-29; compárese Márcos, XVI, 14; Luc., XXIV, 39-40, y el final de Márcos conservado por San Gerónimo, Adv. Pelag., II (véase más arriba, p. 63).
[112] Juan, XX, 29.
[113] Es muy notable en efecto que Juan, bajo cuyo nombre se nos ha trasmitido dicha frase, no tenga vision particular para él solo. Cf. I Cor., XV, 5-8.
[114] Juan, XX, 26. El pasaje XXI, 14, supone, es cierto, que no se produjeron en Jerusalem más que dos apariciones ante los discípulos reunidos; pero los pasajes XX, 30, y XXI, 25 dejan mucha más latitud. Compárese Act., I, 3.
[115] Luc., XXIV, 41-43; Evangelio de los hebreos, en San Gerónimo, De viris illustribus, 2; final de Márcos, en San Gerónimo, Adv. Pelag., II.
[116] Mat., XXVIII, 7; Marc., XVI, 7.
[117] Mat., XXVIII, 10.
[118] Ibid., XXVI, 32; Marc., XIV, 28.
[119] Mat., XXVIII, 16; Juan, XXI.—Luc., XXIV, 49, 50, 52 y las Actas, I, 3-4, están aquí en contradiccion manifiesta con Marc., XVI, 1-8, y Mateo. El segundo final de Márcos (XVI, 9 y sig.) y aun los dos otros que no forman parte del texto recibido (véase más arriba, p. 63), parecen arreglados al sistema de Lucas, pero esto no puede prevalecer contra el acuerdo de una parte de la tradicion sinóptica con el cuarto Evangelio, y aun indirectamente con lo que dice Pablo (I Cor., XV, 5-8) sobre este punto.
[120] Mat., XXVIII, 16.
[121] Ibid., XXVIII, 7; Marc., XVI, 7.
[122] Final de Márcos, en San Gerónimo, Adv. Pelag., II.
[123] Mat., XXVIII, 16.
[124] Juan, XXI, 2 y sig.
[125] El autor de las Actas, I, 14, las supone en Jerusalem desde la Ascension, pero esto depende de su plan sistemático (Luc., XXIV, 49; Actas, 1-4) de no admitir el viaje á Galilea despues de la resurreccion, (sistema opuesto al de Mateo y de Juan). Para sostener esta opinion, se vé precisado á suponer la ascension en Betania, lo cual contradicen todas las tradiciones.