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Los apostólicos

Chapter 36: XXXV
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About This Book

La obra presenta la vida cotidiana de un viudo que debe criar solo a varios hijos tras la muerte de su esposa; describe sus desvelos por conseguir nodrizas, alimentar y educar a los niños, y a la vez atender los negocios y las costumbres sociales. A través de aniversarios familiares, escenas domésticas y observaciones sobre la crianza y el deber, se alternan el humor y la ternura con la reflexión moral y la sátira de ciertas prácticas sociales, mostrando la evolución personal del padre y los cambios en la vida hogareña ante las demandas de la comunidad y el paso del tiempo.

XXXV

A la misma hora, la muchedumbre, paseando en los amenísimos jardines, comentaba los sucesos de aquellos días. Don Benigno y Salvador paseaban juntos como viejos amigos, y ya se habían contado parte de sus secretos. Cordero estaba triste, Monsalud se iba exaltando más cada día con la idea política. De pronto vieron que la multitud se agolpaba en un sitio, por donde discurría en abigarrada procesión gente de Palacio, con dorados uniformes y huecos casacones. Abría calle el público para dar paso a estos señores. Cordero y Monsalud se acercaron para ver mejor. Sostenida por una nodriza, rodeada de damas, seguida de personajes, una niña de dos años andaba con dificultad, batiendo palmas y riendo de alegría. Aquellos eran los primeros pasos de una reina.

Del gentío salió una voz que gritó con furor: «¡Viva Isabel II!». Y una exclamación inmensa recorrió los jardines, perdiéndose y desparramándose como los primeros ecos de una tempestad naciente.

La tempestad estaba cerca: oíanse los primeros truenos; pero el que quiera conocer los notables sucesos, ya privados, ya públicos, que restan por referir, tenga paciencia y espere a leer lo que con toda verdad se dirá en el libro siguiente.

FIN DE «LOS APOSTÓLICOS»

Madrid. — Mayo-junio de 1879.