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Los Caudillos de 1830

Chapter 18: II. MALOS VIENTOS
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About This Book

Un conspirador experimentado y cínico llega a una ciudad provincial y se integra entre los emigrados liberales que planean una expedición armada; mediante observación discreta y comentarios irónicos traza amistades, rivalidades y los precarios planes de los jóvenes idealistas. La narración sigue reuniones clandestinas, la vigilancia oficial y la labor de agentes locales, mostrando cómo la ambición, el secretismo y las maniobras burocráticas distorsionan los fines revolucionarios y determinan los resultados, mientras los motivos y los equívocos de los personajes impulsan alianzas cambiantes y las intrigas políticas de la trama.

II.
MALOS VIENTOS

Corrían malos vientos, al decir de los inteligentes, por los alrededores de Ustariz. La veleta de Gastizar parecía alarmada, y andaba nerviosa de la derecha a la izquierda con marcada intranquilidad.

En Gastizar se sentía cierta desazón. Había tenido la familia varios disgustos, y todos, excepto Miguel que conservaba su calma, estaban alarmados. El primer acontecimiento desagradable de la serie había sido la noticia de quiénes eran las dos damas del Chalet de las Hiedras. Madama Aristy había recomendado a Miguel que no dijera nada ni hablara a nadie de esta cuestión.

El segundo golpe había sido la llegada de León, el pintor, el marido de Dolores Malpica.

León dijo a su madre que volvía dejando en París una deuda de quince mil francos.

Madama de Aristy habló con Miguel y quedaron de acuerdo en que pagarían la deuda. Como compensación exigieron a León que se quedara a vivir en Ustariz constantemente.

Otro disgusto que vino después de este, fué que madama Luxe dejó de aparecer por Gastizar sin dar ninguna explicación.

Por último, una mañana en que madama de Aristy pasaba por la galería del piso principal sonó un tiro y cayeron los cristales rotos a sus pies. Madama de Aristy dió un grito y acudieron las criadas. Miguel y Darracq bajaron a ver lo que pasaba, y al enterarse de lo ocurrido corrieron a la huerta, pero no encontraron a nadie.

Con todo esto, la familia estaba amedrentada.

Madama Aristy y Miguel suponían que tan repetidos golpes procedían de las damas del Chalet de las Hiedras.

—¿Cuándo se van esas mujeres?—preguntaba Miguel.

—Ya dentro de poco—decía su madre.—Esperemos sin escándalo.

En Chimista tampoco se sentía gran contento.

A Dolores se le había marchado su padre y le había vuelto el marido. Muchas veces Margarita la veía llorando.

León al llegar a su casa pareció satisfecho y entusiasmado, pero pronto comenzó a aburrirse.

León era un hombre petulante, tipo de vanidoso y de descontento. Tenía los tópicos de la época y barajaba siempre en su conversación el Arte, la Naturaleza, Shakespeare, Calderón, las pasiones, la unión de lo maravilloso y lo grotesco... Hablaba mal de todos los artistas, que creía que le estaban usurpando la gloria. Se resistía a encontrar bien las obras de los contemporáneos y hasta las de los antiguos maestros.

Al oirle se sospechaba si se trataría de un hombre de genio. Al ver su obra se comprendía que no era más que un descontento sencillo.

Margarita sintió por León al conocerle un profundo odio. El verle tan frío, tan egoísta, tan indiferente a todo lo que no fuera su vanidad le exasperaba, y muchas veces estaba a punto de insultarle.

Había otras casas en Ustariz que se hallaban en un estado de intranquilidad semejante; madama Luxe desde hacía tiempo no quería recibir a nadie, y en el Chalet de las Hiedras todas eran idas y venidas y misteriosas conferencias.