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Los Lusíadas: Poema épico en diez cantos cover

Los Lusíadas: Poema épico en diez cantos

Chapter 3: CANTO PRIMERO
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About This Book

The epic narrates an oceanic voyage undertaken by a Portuguese fleet under Vasco da Gama, framed by classical gods whose rivalries influence events; it interweaves sea‑adventure episodes—storms, encounters, hospitality at Melinde, negotiations at Calicut—and long digressions recounting national history and celebrated deeds. The poem celebrates maritime exploration, national pride, and heroic virtue while blending classical myth with Christian themes; it culminates in a fantastical reward scene in which a divine protector grants the sailors a paradisiacal island of nymphs. Structured in ten cantos, the verse alternates vivid narrative, encomium, and learned allusion to praise the seafaring achievements and moral character of the nation.

CANTO PRIMERO

Las armas y varones señalados

que de la playa occidua lusitana

pasaron por caminos nunca usados

el no surcado mar de Taprobana,

en peligros y guerras levantados

sobre el valor de toda fuerza humana,

que entre gente remota edificaron

reino, con que su nombre eternizaron:

Las memorias de príncipes, gloriosas,

que la Fe santa y su poder mostrando,

fueron con sus empresas milagrosas

las tierras de Asia y Libia conquistando:

aquellos que con obras hazañosas

de la muerte se fueron libertando,

mi verso cantará por cualquier parte,

si a tanto me ayudare ingenio y arte.

Cesen del sabio griego y del troyano

las prolijas derrotas que siguieron;

cállese de Alejandro y de Trajano

la fama de victorias que tuvieron:

pues canto el pecho ilustre lusitano

a quien Neptuno y Marte obedecieron;

cese lo que la Musa antigua canta,

que otro valor más alto se levanta.

Vosotras, mis Tagides, que criado

habéis en mí un ingenio nuevo ardiente:

si siempre en verso humilde celebrado

fué de mí vuestro río alegremente,

dadme un son apolíneo sublimado,

un estilo grandílocuo y corriente:

así las nuestras aguas Febo ordene

no envidien las que corren de Hipocrene.

Dadme una fuerza grande sonorosa,

no de silvestre avena, o flauta ruda,

mas de terrible trompa belicosa

que el pecho inflama y la color demuda:

dadme alabanza igual a la famosa

gente, que el Marte tiene por su ayuda;

que resuene por todo el universo,

si tan sublime precio cabe en verso.

Y vos, oh bien nacida confianza

de la libertad santa lusitana,

y no menos certísima esperanza

del aumento de ley y fe cristiana,

nuevo temor de la turquesca lanza,

maravilla fatal de edad temprana,

a quien el mundo todo Dios reparte,

porque del mundo a Dios le dé gran parte:

Vos, tierno y nuevo ramo floreciente

de la árbol que de Cristo es más amada

de cuantas han nacido al Occidente,

Cesárea o Cristianísima llamada,

miradlo en vuestro escudo, que presente

os muestra la victoria ya pasada

en que por armas, como a regalado,

os dió las que en la Cruz él ha tomado.

Vos, poderoso Rey cuyo alto imperio,

luego que nace el sol, lo ve primero,

y del medio lo ve de su hemisferio,

y al trasmontar lo deja por postrero:

vos que seréis el yugo y vituperio

del ismaelita torpe caballero,

del enemigo turco y bruta gente

que aun bebe del río sacro la corriente:

Inclinad por un poco la realeza

que en vuestro tierno rostro yo contemplo,

indicio claro de la suma alteza

que tendréis cuando vais al sacro templo:

Los ojos abajad de la grandeza

de vuestro ser: veréis un claro ejemplo

de amor, de patrios hechos valerosos,

en versos celebrado numerosos.

Veréis amor de patria, no movido

por premio vil, mas alto y casi eterno,

pues que no es premio vil ser conocido

por pregón de su nido, aunque paterno.

Oid; veréis el nombre engrandecido

de aquellos de quien es vuestro el gobierno,

y juzgaréis cuál es más excelente,

el ser señor del mundo, o de esta gente.

Atended y veréis, no con hazañas

fantásticas, fingidas, mentirosas,

los vuestros alabar, ni con extrañas

musas, de engrandecerse deseosas.

Las verdaderas vuestras son tamañas

que vencen las soñadas fabulosas

de Orlando, de Rugero y Bradamante,

aunque cante verdad quien de ellos cante.

Por éstos a don Nuño os daré, el fiero,

que hizo al Rey y Reino tal servicio;

un Fuas y un Egas, para quien de Homero

la sonorosa cítara codicio:

pues por los doce Pares daros quiero

los doce de Inglaterra con Magricio,

el valeroso, sabio, ilustre Gama,

que para sí tomó de Eneas la fama.

Y si a trueco de Carlo, o la pujanza

del gran César, queréis igual memoria,

ved al primer Alfonso, cuya lanza

obscurece cualquiera extraña gloria:

y aquel que dió a su reino gran bonanza

con la famosa y próspera victoria,

o al otro Juan, invicto caballero,

el quinto, el cuarto Alfonsos, o el tercero.

No dejarán mis versos olvidados

aquellos que en los reinos de la Aurora

se hicieron por armas señalados

con la bandera vuestra vencedora;

un Pacheco feroz, y los amados

Almeidas, por quien siempre el Tajo llora;

Alburquerque terrible; Castro fuerte

y otros a quien rendir no osó la muerte.