XX.
"Ya contaba yo diez y ocho años y María Luisa debería tener diez y seis."
"Mi madre quiso dedicarme al sacerdocio, pero yo deseaba ser abogado; sus temores de que alguna vez pudiese arrastrarme la política en su voraz torbellino, me obligaron á optar por la profesión de mi padre y comencé á estudiar medicina."
"Una tarde al volver del colegio con el libro bajo el brazo y muy satisfecho por mis adelantos, quedé admirado, mudo é inmóvil en la puerta de la sala donde mi madre trabajaba."
"Veía, sin poder creerlo, á María Luisa, que ya convertida en mujer núbil y hermosa, estaba sentada cosiendo junto á mi madre, con la frente caída y la cabellera destrenzada."
"La joven, sorprendida y llena de rubor, se paró á saludarme con respetuoso afecto."
"Aquella criatura que había yo conocido tan pequeña y tan débil, la contemplaba entonces bellísima, gentil y esbelta, flexible como palmera y gallarda como antílope."
"Tenía la mirada de la noche y la sonrisa de la mañana."
"Su tez mórbida y pura ofrecía el tinte de las rosas y el terciopelo de los lirios."
"Me pareció que la primavera vivía en su alma y que la estancia se iluminaba con la luz de sus ojos orientales."
"Vestía un corpiño blanco que realzaba sus formas estatuarias y una enagua obscura y corta permitía ver sus piés desnudos y rosados como los piés de las palomas."
"Oí su voz tan suave y cariñosa como antes, pero algo melancólica."
XXI.
"Mi madre, con su natural ingenuidad, me dijo:—Aquí está María Luisa, ¿qué te parece? Mucho tiempo ha vivido en un pueblo y cuando murió su tía vino á la ciudad; hoy al encontrarla en la calle, me contó que servía en una casa donde yo sé que hay malas costumbres; por eso la he ocupado aquí mientras tiene colocación en otra parte."
"Yo no supe qué responder, estaba sintiendo la turbación eléctrica que se apodera del espíritu en los momentos supremos de placer ó de martirio."
"Ese día formó época en mi vida; despertaron en mi alma las más tiernas afecciones, me pareció que se habían satisfecho todas mis vagas y confusas esperanzas de felicidad."
"Entonces conocí esa ilusión espiritual del sentimiento, ese amor primero que para unir el cielo y la tierra, nace con la adolescencia y muere con la vida."
"¡Qué torbellino de ilusiones se levantó en mi cabeza delirante!"
"¡Qué palacios de nubes alzaba yo en el cielo purísimo de mis sueños!"
"Por mucho tiempo á nadie manifesté lo que sentía."
"El amor que calla es el verdadero amor."
"Yo escondía mi cariño como una flor guardada en el alma, y María Luisa por su parte, sin decir su amor, lo exhalaba como un aroma en torno suyo."
XXII.
"Bajo el humilde traje de la criada, lucían con soberana galanura los deliciosos contornos de su cuerpo y en su frente de diez y seis años admiraba yo la gracia, el esplendor y la belleza de las mujeres que había conocido en las leyendas del Oriente."
"Cuando tenía necesidad de pasar junto á mí ó se hallaba de improviso en mi presencia, sonreía dulcemente, pero luego apartaba su mirada, y varias veces me pareció verla temblar."
"Yo á su lado sentía todas las dichas del cielo."
"No obstante, huía de ella y ella de mí como si fuéramos criminales."
"María ocupaba en mi casa el puesto de una sirvienta, pero su carácter afable, su continuo trabajo y los cuidados que á mi madre prodigaba la hicieron tan necesaria, que no se volvió á tratar de darle colocación en otra parte."
"Solamente Carolina, cuando iba de visita, parecía disgustarse al encontrarla."
"Dos ó tres veces no más, me atreví á dirigir á la bella joven insinuaciones cariñosas, pero honradas."
"Ella entonces, palideciendo, se alejaba sin contestar, pero ante mi madre siempre me hablaba con tranquila familiaridad como cuando era chica."
"Mi tío administraba con gran provecho suyo las haciendas y explotaba la nobleza de los sentimientos de mi madre, inclinándola en algunos casos á tomar determinaciones que me parecían inconvenientes."
"Por entonces no comprendía yo que las tendencias del padre de Carolina consistían en realizar más ó menos tarde mi casamiento con ella; pero sí presumía que deseaba separarme de María Luisa."
"Como él, sin duda, no había conocido más que el amor grosero de la tierra, quería pactar un matrimonio que sólo significara la unión interesada de dos capitales."
"Una vez me propuso que fuéramos á viajar por Europa en compañía de su hija; pero yo me excusé manifestándole la necesidad que tenía de concluir mi carrera profesional."
XXIII.
"Trascurrido poco tiempo, en ocasión que pude cruzar algunas palabras con María, me dijo fijando en mí sus ojos con tristeza:—Tú dirás...... la señora me ha indicado que pronto deberé ir á la Hacienda para servir á Carolina."
"Yo le contesté resueltamente:—Haz lo que te manden y cuando sea yo médico me casaré contigo."
"La huérfana inclinó su lánguida cabeza y luego, moviéndola lentamente, me dijo con expresión de cariño y de dolor:—Eso es imposible."
"Antes de que yo replicara, la humilde joven había desaparecido."
"Tenía razón, su alma estaba enferma de amor, pero no se le ocultaba el mundo de obstáculos puesto por la fatalidad entre ella y yo."
"La intriga de mi tío no tuvo resultado porque María Luisa era la alegría de la casa, sus servicios importantes y su conducta irreprensible."
"Mas por haber sufrido yo una dolencia intestinal, mi madre se afectó mucho y un día me habló de esta manera:"
"El médico ha declarado que nunca sanarás completamente si no haces un viaje largo.—Después de meditar un momento prosiguió:—Hemos dispuesto que concluyas tus estudios en Madrid; al cabo de dos ó tres años iré por tí. Yo te lo pido por tu bien."
"Su voz temblaba y al pasarse el pañuelo por la frente advertí que sus ojos rebozaban lágrimas."
"¿Quién resiste al llanto y al ruego de una madre?"
"En el instante me resigné á mi destino y la dije:—Iré á donde Ud. quiera."
XXIV.
"Muy pronto quedó arreglado el viaje porque mi tío luego se ofreció para llevarme hasta Veracruz donde me recomendaría con un comerciante amigo suyo que estaba próximo á embarcarse para Cádiz."
"En vano intenté hablar con María Luisa, porque huía de mí procurando estar cerca de mi madre."
"La víspera de mi marcha me esperó al anochecer en el fondo de un corredor por donde yo debería pasar."
"Su mirada me sonreía á través de sus lágrimas."
"Viéndola extender sus brazos hacia mí, pensé que intentaba abrazarme y quedé inmóvil.—Esto era de mi madre,—me dijo poniéndome en el cuello un cordón del que pendía una medalla de cobre grabada con la imagen de la Virgen."
"Yo me sentí bañado con su aliento y nada pude contestarle porque en el acto desapareció."
D. Carlos suspendió unos instantes su narración y poniéndose la mano en el pecho, continuó:
"Aquí guardo todavía esta prenda del sentimiento y de la gratitud."
"¡Cuántas veces la he besado, la he comprimido sobre mi corazón y mojado con mi llanto!"
"Era lo único que poseía en el mundo aquella niña desdichada."
"Aun no amanecía; después de abrazar á mi madre, bajé á tomar el coche acompañado por mi tío; Sebastián conducía el equipaje y una linterna."
"En el descanso de la escalera encontré á María Luisa, que había estado allí toda la noche para verme pasar."
"Sus labios temblaban y sus cabellos caían en desorden; sus ojos llenos de lágrimas me dirigieron una mirada de agonía."
"Al pasar junto á ella me pareció escuchar un gemido triste como el ay de la tórtola cuando llora por el hijo que le han robado."
"Yo no tuve ánimo para decirle adiós."
"El coche partió en la calle de mi casa y el buque se hizo á la vela en el puerto de Veracruz."
"Aunque uno de los más hermosos sueños de mi vida consistía en viajar por lejanos países y á pesar del encanto secreto que goza el alma de la juventud cuando corre á lo desconocido, aseguro á Ud., Padre, que no pude soportar el dolor de la nostalgia y pronto me consideré más desventurado que nunca."
XXV.
"Todavía padezco al recordar el peso que cayó sobre mi alma cuando ví desaparecer las encantadas playas de mi patria."
"Me fueron indiferentes las tormentas, las calmas y la magnífica hermosura del mar; yo llevaba una borrasca perpetua en mi corazón."
"Las imágenes queridas del hogar lejano á quienes da forma sensible la magia del amor y los recuerdos, me acariciaban y oprimían al mismo tiempo."
"En los dulcísimos rayos de la luna, en los celajes de la aurora y en el cristal de las aguas contemplaba el semblante de mi madre."
"Los suspiros del viento y el arrullo de las olas me repetían sin cesar el último gemido de María en su silenciosa despedida."
Al oir el Padre José hablar de patria y de familia, se puso la mano en la frente, cerró los ojos cual si quisiera evocar algún recuerdo é interrumpiendo á D. Carlos, exclamó:
—¡Es verdad; existe un poder invisible que nos sujeta con vínculos de flores al lugar donde nacimos!...... Las memorias más gratas y á la vez más dolorosas son las de la patria perdida. Cualquier país que no sea el nuestro nos parece la tierra del castigo y del destierro. Por más que vivamos con tranquilidad y mucho amemos á la patria adoptiva, queda en lo interior del alma un hondo vacío que no se puede llenar. Yo por mi parte, después de cuarenta años y ciego que estuviera, podría llevar á Ud. á la distante aldea y al humilde hogar de mi familia, le mostraría el árbol que me dió su sombra, la floresta donde pasé los días de la inocencia y aquel obscuro rincón en que mi madre me enseñó á rezar.
Después de una pausa ligera concluyó diciendo con tranquila satisfacción:—No obstante, D. Carlos, en todas partes hallamos á Dios y su providencia.
La campana dió el toque de la oración y ambos se dirigieron al convento.
Repentinamente llovió de una manera estrepitosa.
Un fuerte viento sacudía los árboles y maltrataba las flores.
Ocultas entre las ramas piaban tristemente algunas aves, cuyos nidos habían caído deshechos por la tempestad.
XXVI.
En la tarde siguiente llegaron los dos amigos á ocupar el mismo sitio.
D. Carlos, invitado por el Padre José, continuó su historia en estos términos:
"Por espacio de tres años mi vida en Madrid fué pesada, solitaria y monótona, con excepción de breves temporadas."
"Encerrado en un colegio, solamente veía la calle cuando era muy preciso."
"Estudiaba con ahinco, huía de mis compañeros y pensaba sin cesar en mi familia y en mi patria."
"Mi madre y María Luisa eran los objetos invariables de todos mis votos y todas mis esperanzas."
"El sueño había huido de mis ojos."
"Aquella pasión devastadora exasperada con la distancia, estaba consumiendo mi vida."
"A la par que por complacer á mi madre había empezado mis estudios de medicina, también frecuentaba las cátedras de jurisprudencia por cuya carrera tuve siempre decidida vocación."
"Durante largo tiempo no abandoné los libros ni á las horas de comer."
"Vivía como refugiado en mi aislamiento, teniendo la patria en el corazón y la cabeza llena con esas ideas que matan esperanzas y presentan el porvenir del color de la noche."
XXVII.
"Solamente cada tres ó cuatro meses recibía noticias de mi casa porque deshechos á causa de la guerra los lazos que unieron á México y España, las comunicaciones entre uno y otro país no eran muy fáciles."
"Escribía yo á mi madre procurando que no conociera mi pesadumbre y ella me contestaba enviándome sus bendiciones y ofreciéndome ir á reunirse conmigo para regresar á los tres años."
"El respeto inmenso que la debía, siempre me impidió preguntarle por María Luisa."
"Tampoco en mis cartas á Carolina manifesté interés por la mujer á quien ella indudablemente aborrecía."
"Desesperado por no saber cuál era la suerte de la pobre niña que tanto amaba y que desde el otro lado del Océano estaría llorando por mí, mandé con distintas fechas dos cartas á mi buen criado Sebastián preguntándole por todas las personas de la casa y para que no sospechara el interés particular que tenía por María Luisa, le pedí noticias aún de cosas triviales como mis caballos, mis árboles y el perro que nos acompañaba."
"Después de mucho tiempo tuve por única respuesta, el aviso que me dió mi tío de que Sebastián quería dejar la casa para establecerse con el producto de sus ahorros en un pueblo lejano."
"Comprendí que habían sido interceptadas mis cartas y me resigné á no saber de María Luisa hasta el día de mi regreso, pues también ella como no sabía escribir y jamás había profanado su amor haciéndolo pasar del corazón á los labios, era seguro que no se comunicaría conmigo por no valerse de personas extrañas."
XXVIII.
"El rector del colegio, compadecido de mi situación, me permitió salir cuando quisiera y pasar las vacaciones fuera de la capital."
"Aunque tuve tanta libertad no puedo dar amplias noticias de aquella hermosa ciudad ni de su valiente pueblo, que todavía estaba ufano por haber causado á Napoleón la primera derrota de las que lo condujeron al destierro."
"Tan sólo conocí los museos, las bibliotecas y el Palacio real."
"El bullicio de las calles me cansaba y en los paseos me aburría."
"Unicamente en los jardines de la Alhambra y en las soledades del Escorial veía correr menos lentas las horas de mi vida."
"En uno ú otro de aquellos maravillosos sitios pasaba el tiempo de las vacaciones."
"Al aproximarse la Semana Santa cerrábanse las cátedras y me dirigía inmediatamente al famoso alcázar de Felipe II."
"Aquella inmensa mole de piedra obscura, que se alza despreciando los siglos al pié de un monte árido y bajo un cielo sombrío, aquel convento en forma de parrilla, que por sus altos muros y sus techos de plomo parece una gran cárcel ó una morada de sombras donde todo duerme bajo el peso del misterio y del olvido, con razón se ha llamado la octava maravilla del mundo, pero es la más triste y la más solemne."
XXIX.
"Allí todo es melancólico, pesado, formidable."
"El silencio reina por todas partes."
"En aquellos patios abandonados se pasean las nieblas á manera de fantasmas y las fuentes no murmuran."
"Aquellas galerías que se pierden en la distancia, jamás han sido visitadas por los rayos del sol; en aquellos árboles envejecidos ya no cantan las aves."
"La original estructura del edificio, las memorias clásicas que guarda y la soledad que le rodea, parecen convidar á la meditación y las reminiscencias."
"Dejándome llevar por la corriente de mis recuerdos escondía yo mi vida en aquel retiro solitario."
"Cuando no pasaba días enteros en la biblioteca leyendo las obras del ingenio español, permanecía en la iglesia contemplando los cuadros de Giordano y Tintoreto, los riquísimos artesones y las reliquias consagradas que allí existen ó ya con el corazón entristecido dirigíame á la cripta de los reyes para meditar y consolarme de mi abandono ante la negra caja que guarda el polvo de aquel monarca misántropo, primer dueño del Escorial y dueño también de la mitad del mundo."
XXX.
"En invierno, cuando había yo terminado mis exámenes, tomaba el camino de Andalucía, provisto de libramientos y recomendaciones."
"Padre, tiene Ud. razón de sentir, como me lo ha manifestado, que por las vicisitudes de la suerte no haya podido conocer á Granada y su Alhambra, esa joya preciosa de la ilustración y el sentimiento religioso de los árabes."
"Granada, según la expresión de un poeta español, reina del país risueño y pintoresco que la rodea, es una ciudad moruna, sultana favorita del sol y de los genios, que soñando en el amor se oculta en sus jardines ungida con el aliento de las flores y arrullada por el canto de los bardos."
"Bajo un cielo azul sin mancha ve correr á sus piés las aguas del Darro y el Genil, mientras que las auras puras y apacibles de Sierra Nevada descienden á refrescar su frente y á besar sus labios."
"Allí no hay sombras de invierno ni aquilón ni tempestades."
"La atmósfera está siempre tibia, rosada y trasparente."
"Los días son serenos y las noches luminosas."
"En casi todas las plazas se hallan fuentes y arboledas."
"Cada casa es un jardín y cada jardín un paraíso."
XXXI.
"La vega de Granada, vista desde lejos, es una brillante alfombra de verdura, surcada por limpias corrientes y salpicada de bosques donde asoman numerosas casitas blancas como nidos de cisnes."
"Al lado de aquellas casas corren bulliciosos arroyos, en sus puertas anidan pájaros cantores y sobre sus techos pasan enjambres de dorados colibríes."
"En aquel sonriente oasis donde reinan las flores, los torrentes y las aves, vive un pueblo exquisito en sus costumbres, pueblo bizarro y contento, cuyos hijos nacen dotados del noble carácter español y la ferviente sangre de los moros."
"Los hombres allí, por lo común, son altos, morenos y gallardos, portan un traje vistoso parecido al que usan los lidiadores en nuestras plazas de toros."
"Las granadinas, hermosas y elegantes, vestidas de colores muy vivos y cubiertas con la tradicional mantilla blanca, tienen el acento de la pasión y los arranques del genio, cualquiera creería que llevan el sol en sus ojos soberanos."
"Las jóvenes tienen miradas de gacela y donaires inimitables; las niñas parecen mariposas."
"Muchas veces visité la tumba del Gran Capitán y los mausoleos de los reyes Fernando é Isabel, que ofrecen recuerdos inmortales, así como la maravillosa Cartuja donde los himnos de la religión suben al cielo arrebatados por la brisa de la montaña."
"Al dirigir mis solitarios paseos por aquellas sombrías encrucijadas y aquellos aromáticos vergeles tapizados de mirtos, encontraba jóvenes de singular belleza, ligeras, altas y morenas, con ojos que despedían relámpagos."
XXXII.
"Dominado por un solo pensamiento, en aquellas graciosas moriscas encontraba yo algún parecido con María Luisa, quien no sin razón recibía en mi casa el nombre de la africana; una tenía su cuello voluptuoso, la otra sus ojos negros nadando en luz y alguna sus labios de un vivo nácar como flores de granado."
"Pero lo que más me atraía y en donde pasaba días enteros y deliciosas veladas á la luz de la luna era en la Alhambra de Alhamar."
"Aquello no es un alcázar oriental, es un conjunto de palacios y jardines encantados, un mosaico espléndido é inmenso, un fragmento del Edén perdido que ha pasado á través de los siglos y subsiste á despecho de la miseria humana."
"Es una mansión de hadas donde se miran colores de empíreo, se goza de suavísimos aromas y se apura el opio de las huríes del paraíso."
"—¡Ver Nápoles y morir!—me decía con frecuencia un condiscípulo mío y yo le contestaba:—Ver la Alhambra y quedarse allí para siempre."
"El gran palacio de Alhamar parece á primera vista un conjunto de casas y templos en ruina coronados de perpetua vegetación; pero á medida que se penetra en su recinto, surgen por todas partes bosques de finísimas columnas revestidas de flores, galerías de asombrosa arquitectura, fuentes inmensas, patios alfombrados de rosas, cúpulas aéreas y artesonados de riqueza prodigiosa."
"De un gran patio sigue una galería y una mezquita, de allí se pasa á otro patio ó al baño y al retrete oculto que fueron nidos de amor y de felicidad; después á un jardín donde se respiran perfumes de paraíso y se oye á los ruiseñores cantando en los laureles, hasta que fatigada el alma, se siente presa de una fascinación misteriosa y deleitable."
"El Patio de los Leones con su fuente monumental y sus arcadas donde la piedra toma la forma de la filigrana y el encaje, á la verdad es una maravilla del arte oriental, que arranca frases de admiración y suspiros de tristeza."
"Aquel sitio pintoresco parece una decoración de teatro preparada para representar escenas de las legendarias cortes de amor y gentileza, que ocuparon al mundo aristocrático en los tiempos de la Caballería."
"El Patio de los Arrayanes cubierto de flores y rodeado de bellísimos salones, trae á la memoria la hermosura de las odaliscas, la riqueza de los califas y el valor de los abencerrajes."
"En el baño de las reinas y sobro todo, en el gabinete de Lindaraja, parece que aun habita el amor con sus misterios y sus quimeras; allí se ve la fuente que derramaba perfumes costosísimos, el rincón en que ardía el pebetero y la ventana ojiva donde se morían las flores al contacto de la mano ardiente de la sultana prisionera que también agonizaba de amor ó de tristeza."
XXXIII.
"¡Cuántas veces me sorprendió la noche vagando mudo y errante por aquel misterioso paraíso!"
"Sentado con la frente sobre la mano, veía la luna tender su manto de plata sobre aquellas espléndidas ruinas."
"Sentía una dulce tristeza y abandonándome á la esperanza de mejores días, pensaba en mi patria, en mi madre y creo que mucho más en María Luisa."
"El aura suave como el eco de profunda queja me repetía su nombre y yo acariciaba su imagen que veía en los lánguidos rayos de la luna mientras mi pecho exhalaba el ay del desterrado."
"En una de las ocasiones que visité aquellos fantásticos parajes, subiendo la colina donde se alza la Alhambra, miré pasar junto á mí una hermosa gitana que llevaba el mismo rumbo."
"Esbelta y ligera, vestía enagua roja y corpiño blanco; sus cabellos negros y rizados sobre la frente, caían hacia atrás recogidos por una cinta carmesí."
"El hechizo de sus formas peregrinas y su ligereza que la hacía nadar en el aire como mariposa, luego llevaron á mi mente la imagen de la mujer que amaba; cuando volvió su rostro para verme con ademán gracioso, pude advertir que entre una y otra existía increíble semejanza."
"Iba tan rápida que parecía no tocar el suelo con los piés."
"Yo la seguí á cierta distancia y observé que desapareció en una casa cuya puerta no pude distinguir porque llegando á la mitad de la calle encontré varias otras iguales."
"Proponiéndome ir otra vez por aquel lugar para ver si se repetía tan agradable aparición, quise tomar nota de la calle y luego advertí que me hallaba en un barrio muy apartado del centro de la ciudad, entre casas ruinosas y senderos estrechos."
"Estaba yo en el Albaicín, famosa república de gitanos."
"Allí en medio de la moderna España está un pueblo independiente, vicioso é inculto, escondido en habitaciones arruinadas, junto á una bellísima ciudad."
"Aquello es un mundo aparte."
"Entre arboledas frondosas y rocas escarpadas se ve un hacinamiento de casas miserables, mezquitas en ruina y barracas ennegrecidas por el humo é incrustadas en los restos magníficos de monumentos árabes; todo dividido por senderos solitarios y adornado con el lujo de una vegetación prodigiosa."
XXXIV.
"En Granada el barrio del Albaicín es la primitiva ciudad de los musulmanes, el cadáver disecado de la vieja capital morisca, la sombra del islamismo que se ha retirado al pié de la montaña llorando como lloró el rey Boabdil al despedirse de su patria."
"En el orden moral, esas familias de gitanos pueden considerarse como los restos putrefactos de aquel pueblo culto, sabio, fanático y valiente, al que le fué preciso morir envenenado por la molicie de sus costumbres y el fatalismo de su religión."
"Los gitanos apenas reconocen al gobierno español, no le piden derechos ni le pagan contribuciones, son chalanes, mendigos y agoreros; ejercen el comercio por avaricia y la mendicidad como profesión lucrativa."
"Los hombres, altivos y apasionados, tienen fama de ladrones y las mujeres son bellas, pero siempre andan sucias y mal vestidas."
"En aquel laberinto de calles donde me perdí varias veces, conversaba con ancianas casi desnudas, muchachos harapientos y jóvenes graciosas."
"Las mujeres me dirigían miradas indagadoras, los niños se agrupaban en mi derredor y todos me podían cualquiera cosa."
"Yo les daba lo que podía y ellos entonces me decían la buenaventura."
"En honor de la verdad declaro que nada tuve que sentir de aquellas turbas y jamás volví á ver á mi bella desconocida por la que tampoco me atreví á preguntar."
XXXV.
"Una tarde, al volver del Albaicín, me entregaron cartas de México; sin saber por qué temblaba al abrir la de mi madre, su lectura me causó amarga sorpresa, pues en aquella carta aflictiva, participándome su enfermedad, me llamaba para verme por última vez."
"En esa misma noche, haciendo desembolsos y causando molestias á mis amigos, emprendí el viaje de regreso y luego que llegué al puerto, sin haber tocado á Madrid, tomé la primera embarcación que me ofrecieron."
"Como había entrado la primavera, el mar estaba tranquilo y la temperatura muy ardiente."
"Pasaron muchos días sin que las velas se agitaran por una ráfaga de viento."
"El buque no se movía en aquel mar impasible."
"Yo estaba lleno de agitaciones y temores; en el rumor del viento creía percibir la moribunda voz de mi madre que me llamaba desaprobando mi tardanza."
"Más me valiera tal vez, haber naufragado, porque iba muy pronto á soportar un naufragio peor que el de las olas."
"Cuando llegué á Veracruz me alojé en la casa de un comerciante amigo de mi familia, que ya tenía preparado un carruaje para que continuara mi marcha, porque el vómito negro estaba en esos momentos atacando principalmente á los viajeros de Europa."
XXXVI.
"Mientras llegaba el coche fuí convidado á comer por mi bondadoso amigo, quien esperó que concluyera para entregarme una carta en cuyo sobrescrito conocí la letra de mi tío."
"Con breves palabras me informaba de que mi madre había muerto á pocos días de haberme llamado."
"La muerte quizás por ser mujer es ingrata; cuando se la llama no responde y los que la quieren no son correspondidos."
"Yo la pedí á gritos en aquel día memorable."
"Tuve deseos de ser atacado por la peste y morir en el acto."
"El papel cayó al suelo y yo quedé frío, mudo é inmóvil, sentado llorando en un sillón."
"Cuando me recobré ya era de noche."
"Estaba sufriendo esa opresión de espíritu que desconcierta el pensamiento y rompe el corazón."
"No obstante, el hombre es tan débil que no puede ser largo tiempo desgraciado; aun en medio de las más grandes congojas se consuela á sí mismo y se engaña con pintarse horizontes de lejana ventura."
"Por esa funesta condición de la humanidad, veía yo en mis sueños dolorosos á María Luisa, tan amada y tan amable, como único afecto que me quedaba en el mundo; estaría sin duda esperándome para consolarme con su ternura incomparable; su amor sería el último asilo de mi corazón."
XXXVII.
"Al recoger la carta fatal, ví otra que llegó adjunta y de la que no me había apercibido cuando también cayó al suelo."
"Era de Carolina, que con su genial dulzura me daba detalles relativos á la enfermedad de mi madre prodigándome consuelos y despidiéndose de mí porque se iba para Guadalajara donde permanecería por algún tiempo en un colegio; mas en postdata escrita con letra que denunciaba no ser la suya, me decía con frío laconismo:—Te participo que, contagiada con la enfermedad de tu mamá, también murió María Luisa."
"Entonces creí que mis sufrimientos habían llegado al límite del dolor humano."
"Al asomarme en el abismo que la muerte abría en mi alma quitándome cuanto amaba en el mundo, sentí el vértigo de la desesperación. ¿No cree Ud., Padre, que tenía justicia?"
Estas últimas palabras las pronunció D. Carlos con voz muy agitada y el Padre José le contestó inmediatamente:
—No, hijo mío, no le pidamos á Dios cuenta de sus obras; Él sabe lo que hace...... Las gotas amargas que apuramos en algunas ocasiones, suelen ser preservativos para la desgracia...... el llanto derramado para dominar una pasión puede ahorrarnos la necesidad de vadear el río de lágrimas que corre por el valle de la vida.
XXXVIII.
D. Carlos moviendo ligeramente la cabeza, prosiguió:
"No fué aquel llanto el último derramado por esa causa...... Sólo mi corazón sabe cómo fué destrozado después sin merecerlo."
"¿Qué había de hacer? Sofoqué mis lágrimas é hice el viaje á México, dejándome llevar como el moribundo arrebatado por el alud."
"En el camino todo me disgustaba; veía el país árido y el cielo enlutado."
"Sintiendo frío en el corazón y dolor en la cabeza los golpes del coche me parecían retumbos de lejana tempestad."
"Cuando llegué á mi casa con el pecho oprimido y conteniendo el llanto, la encontró sola, sin criados, sin flores, sin ruido."
"Mariano, el hijo del mayordomo de la Hacienda, me abrió la puerta, era el único que allí habitaba y no pudo contestar ni una sola de las innumerables preguntas que le hice, porque acababa de ser empleado por mi tío."
"Todos los criados que me conocían fueron despedidos cuando mi madre murió y no pude hallarlos después."
"La primera pregunta que hice á mi tío, luego que lo ví, fué por el sepulcro de mi madre é inmediatamente nos trasladamos al panteón."
"Allí permanecí largo tiempo y en vano quise ver la sepultura de María Luisa; para los pobres no hay quien grabe su nombre sobre una losa."
"Mi tío me dijo que había sido enterrada violentamente con otros cadáveres en una fosa común, por temor de que se propagara el tifo y procurando tratar de otro asunto, empezó á darme cuentas de mis bienes, pero yo no quise oirle."
"Sólo me quedaban de aquella niña desgraciada una medalla de cobre y una memoria dolorosa."
"Pensando en ella se me figuraba una de esas dulces aves de primavera, que llegan á cantar en nuestras casas y luego se van dejando únicamente como señas de su paso, el eco de su voz y algunas plumas de sus alas."
XXXIX.
"Mucho tiempo viví encerrado comunicándome apenas con las personas que me servían."
"Sintiendo cansancio del pasado y desconfianza en el porvenir, no sabía qué hacer con la poca vida que me restaba."
"Obligado por la necesidad de verter lágrimas y poseído de ese hondo pesar que devora pero no mata cuando se mira el alma sola por la falta de un bien perdido para siempre, no salía de mi casa más que para ir al panteón en donde siquiera encontraba vestigios y recuerdos consoladores."
"Con la vehemencia de mi dolor, pensé algunas veces volver á Europa ó profesar en un convento, pero no tenía fuerza para tomar resolución alguna."
"Por fin, un día reflexionando en los inmensos deberes que el hombre tiene que llenar en la sociedad, me resolví á salir de mi retiro; pero con la firme creencia de que no me sería posible alzar una sola ilusión de felicidad sobre las ruinas de mi amor."
"Necesitaba concluir mis estudios y ver por mi salud y mi fortuna que podían menoscabarse."
"En compensación de tanto sufrimiento, la sociedad me acogió con todos sus halagos y fascinaciones."
"Muy pronto el nuevo gobierno de la República me devolvió los bienes de mi padre, y el pueblo, sabiendo que era yo hijo de uno de los primeros insurgentes sacrificados por la patria, me dió sus votos para presidir el Ayuntamiento de la ciudad."
XL.
"Carolina volvió á México y entonces ya tuve con quien quejarme."
"Ella era la única flor aun no marchita en el inmenso páramo de mis recuerdos; su amistad, como una especie de bálsamo, consoló mi tristeza y mi abandono."
"Con frecuencia la comunicaba mis proyectos y mis secretos; pero jamás le hablaba de María Luisa, por el contrario, alguna vez pensé que si aliviándome del frío indiferentismo que sentía, formaba una familia, sólo Carolina por la dulzura de su carácter y su cariño nunca desmentido, podría volverme no dichoso, pero sí menos infeliz."
"Poco trabajo tuve para obtener el título de abogado é inmediatamente recibí nombramiento de Juez primero de la Capital, empleo molesto y laborioso que acepté con agrado, considerando el trabajo como remedio para mi habitual disgusto y esperando que la repetición de sensaciones fuertes, moderaría el pesar de la pérdida de mi madre, así como el ardor de aquella pasión avasalladora que me oprimía sin objeto y sin esperanza."
"En efecto, el estudio, la aplicación de una ciencia que apenas conocía y el trato con diversas personas, bastante me ocupaban, pero mucho padecía cuando me hallaba en presencia de algo que pudiera relacionarse con mi pasado."
"Concurría maquinalmente á las diversiones y paseaba mi alma descontenta viendo todo con desdén, excepto lo que me recordaba la leyenda dorada de mi primera juventud y tanto era así, que por todas partes creía encontrar mujeres parecidas á María Luisa, las contemplaba y las seguía, cayendo después en un abatimiento inexplicable."
XLI.
"En el teatro, una noche, ví que asomaba por la más alta galería, la cabeza de una mujer tan parecida á María Luisa, que inmediatamente subí á buscarla; pero al llegar quedé persuadido de que todo era ilusión de mis sentidos fascinados."
"Otra vez al anochecer, vagando distraído por las calles, tropecé con una joven donosa y esbelta, que al mirarme, bajó la frente y se cubrió con el rebozo; yo sentí pasar por mi pecho una corriente eléctrica que me conmovió profundamente y regresé con violencia para perseguir á la misteriosa aparición, considerándola como la imagen de la mujer amada que me había robado la muerte; ella precipitó el paso y yo casi corrí para no perderla como á la gitana de Granada; pero se ocultó en un viejo caserón ante cuya puerta me detuve; inmediatamente sentí que me tocaban el hombro; era un amigo mío alegre y conocedor de toda clase de gente, que con acento malicioso me dijo:—Resuélvete á entrar ó aléjate, porque esta casa tiene mala fama. ¿Qué dirán de tí?"
"Me separé de aquel lugar con vergüenza de haber corrido tras de una mujer desconocida, sólo porque me pareció bella como María Luisa y ponderando mi necedad, me dije:—¿Cómo había de estar entre las víctimas del libertinaje, ni la sombra de aquella niña recatada y pudorosa?"
XLII.
"La vida tan agitada que tenía y el conocimiento diario de miserias é infamias, así como la necesidad de castigarlas, me hacían sufrir mucho."
"Solamente algunas tardes me distraía dirigiendo la reconstrucción de varias casas que mi tío había descuidado."
"De preferencia me dediqué á formar una huerta sobre un terreno que había dejado mi padre sin construcción, en la calle que conduce al Paseo."
"Sobre la mitad de aquel campo edifiqué dos casas y el resto lo llenó el jardín que dejé comunicado con una de ellas."
"Después vendí las casas, reservándome el jardín para ocultar allí mis fastidios y estudiar tranquilamente cuando podía."
"En mi cabeza trastornada comenzaban á calmarse las ideas y al sentir algo aliviada la pasión que me había lastimado tanto tiempo, tuve deseos de buscar un remedio para el aislamiento de mi corazón."
"Al fin, por vivir tranquilo y honrado resolví casarme."
"Carolina era muy digna de ser amada y capaz de volver dichoso á un hombre mejor que yo."
XLIII.
"Cuando indiqué tal intención á mi tío, inmediatamente accedió porque no deseaba otra cosa; luego le recibí mis bienes sin pedirle cuentas, dejándole la Hacienda de Guadalajara en compensación de sus servicios."
"El día que hablé á Carolina sobre nuestro porvenir, me contestó llorando:—Ya sabes que toda mi vida te he querido."
"A la vez no dejaba yo de sentir remordimientos, porque en el fondo de mi alma vivía intacta la imagen de María Luisa y mi cariño para Carolina no era más que el resultado de una transacción que intentaba celebrar conmigo mismo; en tal virtud dejé para un tiempo indeterminado la realización de mi matrimonio."
"Por entonces un acontecimiento tan singular como inesperado, cambió la faz de mi vida."
"Cierta noche, cuando ya estaba durmiendo, me buscó el jefe de la policía, para levantar el cuerpo de un hombre asesinado en una casa de vecindad."
"Con mucho disgusto salí proponiéndome renunciar el cargo que me daba tantas molestias."
"La temperatura estaba muy fría y bastante lejano el lugar del suceso."
"En la calle me refirió mi conductor que el occiso había muerto en riña, por causa de una mujer llamada la mora."
"Este apodo no me era extraño porque alguno de mis amigos que no tenía costumbres muy sanas, me había ponderado la hermosura de aquella famosa cortesana que yo no conocía."
XLIV.
"Al entrar en la casa donde había ocurrido aquella desgracia, encontré á los vecinos agrupados en la puerta de un cuarto, cuyo acceso estaba defendido por la policía."
"En medio de la pieza ví, sobro un charco de sangre, tendido el cadáver de un joven blanco y delgado que según su traje negro, su sombrero de fina paja y la brillante pistola que aun apretaba con los dedos crispados, parecía ser hijo de buena familia."
"Recostado en una pobre cama y envuelto en un cobertor, estaba otro joven grueso, pálido y desgreñado que quiso incorporarse al verme."
"Cerca de la cama y sentada en el suelo, contemplé á una mujer que sollozaba cubriéndose la frente con ambas manos."
"El hombre que apenas podía moverse, me dijo con voz muy sofocada:—Sólo yo tengo la culpa de lo que ha pasado aquí por haber creído que sería capaz de amar esa mujer á quien quité del camino de la perdición......... Yo he sido un artesano trabajador...... ella era una mujer deshonrada...... pero estaba enamorado y me casé..... mucho trabajaba para proporcionarle comodidades; la consideraba y la quería esperando que fuera una esposa honesta y una buena madre de mis hijos...... pero la encontré con ese hombre...... él me tiró un balazo causándome esta herida...... y yo lo he matado con uno de los fierros que me servían para trabajar tanto para esa ingrata."
"No pudo decir otra palabra y arrojando sangre por la boca, sacudió la cabeza con marcada desesperación."
XLV.
"Yo estaba emocionado ante aquel cuadro desolador y ordené que el muerto y el herido fueran conducidos al hospital y la mujer á la cárcel."
"Apenas dormí esa noche; no podía olvidar aquel desastre."
"¡Cuán terrible situación la de aquel hombre, que como premio de su honradez y de los sacrificios hechos por una mujer infame, había recibido ingratitud, deshonra y un balazo en el pecho!"
"Aquella esposa degradada me pareció un mónstruo de impudicia y deslealtad, por lo que no había querido dirigirle la palabra."
"Como juez, mi fallo estaba preconcebido; yo la encerraría en una prisión, perpetua y solitaria."
"Nunca fuí defensor de la pena de muerte; pero en aquella ocasión, creí que debería subsistir en ciertos casos para cortar en su raíz el cáncer de la sociedad."
"Por primera vez me sentí un tanto consolado de la pérdida de María Luisa."
"¿Qué habría yo hecho,—me preguntaba,—si unido á ella me hubiera infamado reconociendo los instintos de su sangre y los ejemplos de su primitiva educación? ¡Y luego el mundo condena inicuamente al marido por las faltas de la esposa infiel!"
"En la primera hora útil del día siguiente, me trasladé al hospital para seguir averiguando las causas de aquel triste suceso y me recibieron con la noticia de que el herido había muerto sin pronunciar una palabra."
"Inmediatamente fuí á la cárcel, donde me dijo el alcaide que la mujer aprehendida en la noche anterior, pedía que la dejasen hablar conmigo á solas, para revelarme un secreto que yo debería conocer."
"Accedí á su deseo entrando luego al calabozo cuya puerta cerré."
"Aquel lugar estaba en su mayor parte obscuro, porque sólo una pequeña claraboya se abría cerca del techo."
XLVI.
"En el acto salió de las sombras la prisionera, temblorosa y despeinada; cayendo de rodillas á mis piés, con las manos extendidas, gritó llorando:—¡Perdóname, soy muy culpable!"
"Yo quedé como herido por un rayo, con los ojos fijos y los brazos caídos."
"¡Era María Luisa, la misma María Luisa que volvía yo á encontrar como aparición milagrosa!"
"—En nombre del cielo......—la dije:—¿Eres tú María?"
"—¡Perdón! ¡Perdón!—repitió sin oirme,—déjame aquí toda la vida ó mátame, porque si no me mato yo; pero antes perdóname."
"Sí, María, te perdono con todo el corazón,—contesté,—pero levántate y dime ¿por qué te encuentro así? ¿Por qué me dirían que habías muerto?"
—"¿Por qué me dijeron que te habías casado en España?—repuso sin que cesara de llorar."
"Después de un momento de penosa vacilación se levantó y permaneciendo muda é inmóvil como la estatua del dolor, sus ojos derramaban un fuego sombrío y sus lágrimas rodaban hasta secarse en su pecho enardecido."
"Mostraba tal melancolía en su frente y tanto dolor en su mirada, que me causó inmensa compasión y no queriendo que me viera estremecerme de pesar, retrocedí buscando un apoyo en la pared."
"¡En qué estado y en qué lugar encontré á la mujer que había sido el hechizo y la adoración de mi vida!"
"Cuando partí á Europa dejé una flor sin mancha, una virgen cándida y pura como ángel del cielo y aquel día contemplaba llorando á mis piés, una mujer perdida para siempre, un vaso de ignominia sacado á subasta en el albañal del vicio."
"Por la turbación de mis sentidos no sabía cómo concluir aquella escena terrible."
"Tuve miedo, vergüenza, horror...... y permanecía mudo también."
"Ella rompió el silencio y en breves palabras me refirió cómo después de la muerte de mi madre se enfermó gravemente y apenas restablecida, mi tío quiso seducirla persuadiéndola de que yo estaba casado en España y no volvería; ofendido por su resistencia la despidió de la casa, lo mismo que á Sebastián, única persona que le daba buen trato en memoria mía."
XLVII.
"Enferma y abandonada, se refugió en la guardilla de unas mujeres pobres y vivió algún tiempo á expensas de la caridad; luego fué á servir á una casa de donde salió también acosada por pretensiones infames; después vivió sola trabajando en el Estanco de tabacos y más tarde, abatida y desesperada, se fué con un militar que la llevó á diversos pueblos donde servía; pero habiendo sufrido mucho con aquel hombre grosero y ebrio, lo abandonó el día que supo sus relaciones con otra mujer; al fin, rodando de precipicio en precipicio, fué á parar en ese mercado vil de los placeres, que en los centros de población es siempre censurado, pero nunca suprimido, aunque derrame la gangrena en las arterias de la sociedad."
"Por entonces supo que había yo venido de Europa y que no estaba casado."
"Avergonzada de su mal vivir, huía de mí; mas procuraba verme de lejos."
"Ella fué la que casualmente ví en el teatro y la misma que aquella noche, al encontrarme, corrió para ocultarse en la casa que por desgracia frecuentaba."
"Cansada de arrastrar su existencia por aquel camino en el que todos los días era simultáneamente galanteada, complacida y pisoteada, se casó con un artesano á quien no amaba, por lo cual le fué infiel y le causó la muerte."
"Aquella confesión extensa y franca de María, me inspiró mucha lástima porque á pesar de todo sentía yo que la amaba."
"¿Y qué hacer con ella? Castigarla me era imposible; ponerla en libertad sería ponerme yo en evidencia ante la honrosa opinión que se tenía de mí."
"¿Cubriría con velos de flores aquella historia de miserias y bajezas? ¿Cómo anteponer mi amor á mi conciencia, mi posición social y la dignidad de mi carácter?"
"Al fin prevariqué. Padre, porque aquella mujer me dominaba como una tentación de Satanás."
XLVIII.
"El juez dió un fallo venal y el hombre cayó bajo el poder de la pasión; mas el caballero se salvó como lo sabrá Ud. adelante."
"—Voy á darte libertad, búscame mañana en mi casa y hablaremos,—la dije retirándome."
"Entonces acabé de comprender toda la pérfida hipocresía de mi tío, puesta en práctica para conseguir que se perdiera de algún modo María Luisa y así preparar mi matrimonio con su hija."
"Con razón no pudo señalarme el sepulcro que le pedía."
"La postdata de aquella carta de Carolina, él la inventó."
"Sebastián y los demás criados fueron arrojados de mi casa y su misma hija enviada muy lejos para que no descubriesen tamaña impostura."
"Ese día sentí la más grande aversión por el autor de semejante trama y hasta Carolina que era inocente participó de mi desvío."
"Como Ud. calculará, no me fué difícil torcer la justicia decretando que la esposa criminal no era causa de aquel doble asesinato y después de ordenar su libertad renuncié la judicatura con vergüenza de mí mismo."
"María Luisa no faltó á la cita; triste y humillada se presentó en mi casa, cubierta con un rebozo negro de seda, vestía enagua negra también y bata blanca muy corta sujeta en la cintura."
Su hermoso semblante, algo demacrado, se cubría de cierta languidez graciosa y provocativa.
"Su voz era verdaderamente dulce y melancólica."
XLIX.
"No me habían engañado los libertinos que me hicieron tantos elogios de la seductora belleza de María."
"La niña púdica y sencilla que yo conocí estaba convertida en perfecta cortesana."
"Sus ojos brillaban con un resplandor extraordinario, pero el estigma de las bacantes había sustituido sobre su frente á la corona de las vírgenes."
"Yo la perdoné, pero no podía conformarme con su pasado imperdonable; padecía un dolor intenso pensando que aquella pobre mujer no volvería á sentir el cariño inocente de la adolescencia."
"¡El arcángel vendió sus velos de oro, para cubrirse con las repugnantes alas del vampiro!"
"Sus ropas estaban perfumadas con esencia de aloe, su boca exhalaba un olor de orgía y no era natural el color de sus mejillas; pero á la vez, su acento me pareció la voz del cisne moribundo y sus ojos derramaban una luz y una ternura incomparables."
"Disculpé su caída y sus errores acusando al abandono en que había vivido y al fin me creí responsable de todo por haberla dejado."
"Ella, inclinando el rostro hacia el suelo, me refirió extensamente lo que había sufrido en su enfermedad después del fallecimiento de mi madre y volvió á contarme las seducciones de mi tío y su afán por casarla con uno de sus criados, así como la manera brutal con que despidió al pobre Sebastián por haberla defendido."
L.
"Mucho había yo visto en Europa y después en el tribunal, con relación á las miserias y las úlceras sociales; pero mucho más me contó María Luisa, por haberlo presenciado en su época de afrentosa disipación."
"Acusándose con dureza me refirió los acontecimientos de la vida y la lucha de su alma tempestuosa, hasta el momento en que causó la muerte de aquel hombre que tanto la quería."
"Después de unos instantes en que á la par nos mirábamos silenciosos y aterrados, la dije señalándole una silla."
"—Siéntate: cuando yo acabe de hablar me dirás: sí ó no, porque de tu resolución determinante depende nuestro porvenir. Tú no eres culpable; has sido presa de un vértigo fatal. El mundo infame no comprende los riesgos de la infeliz mujer que vive abandonada á sí misma. Cuando algún desocupado corta las alas á una débil mariposa, viene otro y creyendo que es gusano, la pisotea. La sociedad hipócrita no concede iguales derechos, pero exige los mismos deberes á la niña de alta cuna, guardada y protegida por todos, que á la pobre hija del pueblo criada en la servidumbre, como si no fuese capaz de sentir y de inspirar ese noble y santo amor que perfuma el corazón; en vez de darle buenas costumbres, la expone al precipicio y cuando delinque seducida y engañada, la desprecia y la arroja entre flores y gusanos al degradante tráfico del vicio; después la juzga y la condena sin mirar que aquel daño infinito es obra suya."
LI.
"María Luisa se estremeció y secó el llanto que derramaba involuntariamente, yo continué:"
"—Los hombres, después de haber agotado la juventud, quizás con malas costumbres, llegamos á ocupar puestos distinguidos y nos llaman respetabilísimos señores, mientras que á la pobre mujer que luchó en defensa de su honor y sucumbió por hambre, al verla pasar humillada bajo el peso de la deshonra, con el alma herida profundamente y la corona del oprobio en la cabeza, en vez de llamarla para limpiar el llanto de sus ojos y las llagas de su corazón, le decimos como los judíos: Adelante, tú has faltado al deber, no mereces compasión. Y ella, por culpa nuestra, rueda en la pendiente de la fatalidad pasando desde los salones hasta los tugurios, de allí á los cuarteles y después al hospital. ¡Qué horror! En estos tiempos de progreso y democracia, se forman sociedades de beneficencia, se abren liceos para ilustrar á la juventud, se inventan máquinas que alivian el trabajo del hombre, se aseguran los buques para que el mar no absorba el dinero del rico y todavía no se piensa en la rehabilitación de la joven descarriada...... Pocas son las mujeres que se pierden por instinto, casi todas son irresponsables; han sucumbido por engaño, por necesidad ó por mala educación. Cuando alguna niña sola, pobre y hermosa llega á la edad en que el botón se vuelve flor y la adolescente ángel, los mercaderes del amor impuro y los libertinos de profesión, la ponen asechanzas, la narcotizan con su aliento de serpiente, y como perros de presa, la persiguen hasta precipitarla en el abismo del desprecio. Esa eres tú, María, huérfana hermosísima, dotada de gigantescas pasiones y falsamente persuadida de que te habían robado el primer amor de tu corazón ¿qué habías de hacer? Viviendo en mi casa como una señorita, te lanzaron de repente á la vida libre de la servidumbre; rodeada de seducciones y necesidades, llena de juventud y de belleza, fuiste una perla caída en el fango, fuiste un ángel que se perdió buscando el camino de los cielos. ¡Qué infames son los que te han engañado, vendido y enlodado! Pero yo sé que tu alma está virgen todavía; tú tienes talento y un corazón sensible; aun puedes ser buena y llegar á sentir algún día el inefable contento de la casta esposa y la honorable madre. Yo me propongo regenerarte por medio del trabajo, del honor y de la religión. Créemelo, María, quiero ser tu padre ó siquiera tu hermano por algún tiempo. Tú ya no eres la joven que se pudiera encerrar en un colegio; el ave acostumbrada á volar de árbol en árbol, se muere de tristeza cuando la guardan en la jaula. Si tú quieres te pondré una casa donde tengas criados que te sirvan, maestros que te instruyan y respetos que te honren; yo desde lejos procuraré que nada te falte, mirando en tí una prenda de ventura puesta por Dios bajo mi amparo. Cuando hayan pasado tres ó cuatro años, si aprendiste y observaste los deberes de la dama honesta y fuerte, iremos á vivir donde no te conozcan y me casaré contigo, pero has de cumplir estas tres condiciones que te exijo: primera, te instruirás en los deberes y las labores de la buena educación; segunda, ninguno sabrá de tus labios que yo te amo y te sostengo; y por último, vivirás con modestia y honradez sin tacha."
LII.
"Cuando acabé de hablar, María Luisa continuaba llorando y me contestó profundamente conmovida:"
"—Ni mi madre que me quiso tanto, ni mi tía que me dió muchos consejos al morir, ni los hombres ricos, sabios y apasionados que tuve á mis piés, me han dicho esas cosas. Toda mi vida te serviré contenta y agradecida; tú eres mi padre."
"Aquella tarde María Luisa, trémula de dicha, se despidió de mí bien aleccionada y provista del dinero suficiente para comprar una de las casas contiguas á mi jardín, que según yo sabía, era fácil obtener y su adquisición nos convenía porque, como he dicho antes, cuando formé aquella finca, quedó comunicada con el jardín; por allí podría visitar á María Luisa, cuando fuera preciso, para no ser visto y dar lugar á maliciosas interpretaciones."
"A los ocho días quedó ella instalada en la casa que había obtenido y adornado con cristales, pájaros y flores; yo le obsequié un tocador de mármol y una cama de ébano adornada con arabescos de marfil, que ostentaba en la cabecera una magnífica Virgen de Murillo, en placa de concha, cuyos muebles habían pertenecido á mi madre."
"También la dí lo necesario para comprar otra finca, cuyas rentas completarían sus gastos."
"El público supo que María Luisa había recibido uno de los primeros premios de la lotería; yo, fiel á mi propósito, la visitaba cada ocho días, permaneciendo á su lado sólo el tiempo preciso para que me diera cuenta de sus adelantos y necesidades."
"Una de las piezas que ocupaba en el jardín cuando iba yo á estudiar ó distraerme desde que comencé á formarlo, era la que tenía comunicación con la casa de María."
"Abriendo una pequeña puerta, me hallaba en un pasillo largo que tenía otras dos, una á la derecha para la alcoba y otra en el fondo para la sala, de modo que cuando María cerraba la puerta principal de la sala, que conducía al corredor, quedaba sola y á la hora convenida podía yo entrar sin ser visto de los criados."
LIII.
"Protesto á Ud., Padre, bajo mi palabra de caballero, que durante todo el tiempo en que semanariamente visité á María, no tuve para ella una sola palabra que no fuese honesta, ni un solo pensamiento que no fuese honrado."
"A veces ni la mano le pedía para despedirme."
"Un día no más, un día de su cumpleaños, recuerdo que tomando su cabeza entre mis manos, como si fuese una criatura, le dí un beso en la frente."
"Ella por su parte se manejaba como una perfecta señora, parecía ya completamente regenerada y era feliz porque mecía su corazón en las más brillantes ilusiones."
"Siempre manifestaba repugnancia ó temor de salir á la calle, su trato era sencillo y afable, su vestido modesto, sus maneras elegantes, y aun en ciertas ocasiones, creí sorprender en su rostro algo parecido al pudor de la niñez."
"Aquel espíritu volcánico daba señales de haberse calmado para siempre."
"Como me sentía yo fascinado, encontraba en el porte distinguido y la palabra fácil de aquella mujer, mucho de lo que hay de puro en los sentimientos y de noble en las costumbres."
"En su casa respiraba un aire de tranquila felicidad y las horas se me volvían instantes."
"María Luisa no sabía escribir ni leer; comprendiendo yo que se mortificaría con imponerle un maestro de primeras letras, me comprometí á enseñarla."
"Cada semana recibía mis lecciones, me entregaba lo que había escrito y me participaba sus progresos y dificultades con una gracia verdaderamente infantil."
"Al poco tiempo ya escribía con regularidad y por mi orden, buscó una maestra que la enseñara ciertas labores de lujo y le diera lecciones de música."
LIV.
"Por entonces fuí electo Magistrado del Supremo Tribunal de Justicia y á pesar de mi resistencia para servir empleos públicos, debí aceptar el honorífico puesto que se me ofreció sin solicitarlo."
"Bajo el velo del misterio continuaba mis honradas comunicaciones con María, cuyo comportamiento preparaba mi felicidad."
"Yo veía en ella una hermana ó una hija; era el único afecto de mi vida, el ídolo de amores colocado en el altar de mi corazón, para venerarlo durante todo el porvenir."
"Y ella me miraba como el amparo de su vida y la salvaguardia de su honor."
"Pasaron así dos años sin que el mundo percibiera mi felicidad; únicamente me remordía el compromiso contraído con Carolina y repetidas veces me preguntaba yo reconviniéndome: ¿Cómo llegaré á decirle que no la quiero, que nunca la he querido?"
"Apenas tenía presencia de ánimo para hablarla y ya no la visitaba con frecuencia."
"Ella con exquisita modestia guardaba silencio y esperaba."
"María Luisa, en mi concepto, era dichosa, ya tenía concluida su educación; cumplía con gusto sus deberes domésticos, estudiaba mucho, hacía flores y tocaba el piano perfectamente."
"Mas una tarde, antes de abrir la puerta para entrar en su casa, dí el toque de contraseña y no me contestó; según lo convenido, me abstuve de entrar por temor de que se hallara enferma y en presencia de sus criadas, proponiéndome volver á los ocho días; pero tampoco fuí recibido."
"Como no tenía otro medio de comunicación con ella y para el mundo éramos extraños completamente, no sabía cómo informarme de su salud."
"Ya estaba resuelto á buscarla por la puerta principal de su casa cuando á la tercera semana me recibió por el jardín."
"La encontré pálida, triste y muy consumida; luego me participó, con cierta indecisión, que había estado enferma, pero no pudiendo explicarme su dolencia me dijo que tenía insomnios y dolores de nervios."
"En el acto resolví apresurar nuestro matrimonio, pues había sufrido mucho en aquellos días por ella y por mí."