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Mindanao: Su Historia y Geografía

Chapter 28: Peces.
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About This Book

Esta obra ofrece una reseña histórica y una descripción geográfica detallada de la isla de Mindanao, abordando hidrografía, costas, ríos, lagunas, orografía y clima, así como fenómenos sísmicos y volcánicos y la mineralogía. Incluye inventarios de fauna y flora —mamíferos, aves, reptiles, peces, moluscos y zoófitos— y examina las razas que pueblan la isla y su división territorial. Completa el panorama con consideraciones sobre la situación militar y la colonización, combinando observaciones de campo y fuentes documentales para presentar un compendio práctico y descriptivo destinado a lectores interesados en geografía, historia y recursos regionales.

Peces.

Numeroso es este grupo de los vertebrados en las aguas de Filipinas; la gran mayoría son de las mismas especies de los conocidos en el Atlántico, con las variaciones consiguientes al clima y constitución del fondo del mar en que viven, elementos que es indudable concurren de un modo directo á las variaciones que en ellos se observan.

El Holocentrum.—De hermosos colores, rojo, dorado y plateado.

Mesoprion.—Especie de besugo de gran tamaño.

Ambassis, parecido al boquerón; el indio lo sala y prepara como las anchoas.

Salmonete, es muy abundante y exquisito al paladar.

Cofre.—Su piel dura y huesosa opone una gran resistencia; es muy parecido al lenguado.

Rompe candados.—Muy semejante á la pescadilla, más alargado que ésta, pero su carne blanca y suave le dá una gran semejanza.

Taraquito, igual al bonito de España.

Atún, abunda en aquellos mares, por más que no sabemos el nombre con que lo distinguen en Filipinas.

Mugil, de regular tamaño y sabrosa carne. La propiedad que tienen estos animales de acudir al resplandor del fuego la aprovechan los filipinos para pescarlos sin gran trabajo: encienden hogueras en las vintas y en la playa, y cuando acuden los clavan con el arpón. Otras veces emplean una red con bolsas donde caen los peces al saltar.

En Mindanao encienden en la playa hogueras ó forman hachas con maderas resinosas, con lo que lo atraen á la orilla y entonces el pescador le clava el arpón y lo recoge.

El volador, pescado que no excede nunca de una tercia: debido al gran desarrollo de sus aletas se eleva sobre las aguas y vuela un largo trecho. Algunas aves aficionadas á su carne lo espían y lo cogen al dar el vuelo; otras veces se elevan tanto que vienen á caer en las cubiertas de los barcos. Nosotros hemos tenido ocasión de examinar algunos de éstos en el viaje á Filipinas, pues en los días de viento eran muchos los que caían á cubierta.

Tiburón.—Este sanguinario animal, que vive á costa de sus congéneres, es abundantísimo en los mares del Archipiélago. Los indios lo comen cuando es pequeño, y si es de gran tamaño aprovechan las aletas y cola que son objeto de comercio para exportarlo á China, donde sacan de ellas una gelatina muy apreciada como alimento.

Tintorera.—También abunda mucho; sacan de ella los mismos beneficios que del tiburón.

Pez sierra y Raya.—De gran tamaño, del que se sacan bastones muy apreciados, y á los que el indio atribuye extrañas virtudes.

Bogoon.—Pececito que no pasa de un decímetro de largo; se coge en cantidades fabulosas, y después de salado y envasado en tinajas es objeto de un importante tráfico.

Por último, mencionaremos el curioso dalag, con el cual acontecen fenómenos que demuestran la extraordinaria vitalidad de este animal.

Al secarse algunos pantanos y arroyos donde éstos habitan se quedan aletargados en el fondo, y cuando al cabo de algunos meses vuelven las aguas, el dalag recobra la vida, volviendo á su anterior estado.

Algunas veces el indio no tiene necesidad de pescarlo; como se produce abundantemente en las sementeras de arroz, donde hay una capa fangosa en vez de agua, en la que el pescado circula con dificultad, mata á palos los que necesita para sus comidas.

Su carne, aunque insípida, es blanca y constituye un manjar agradable y sano.

Cuando el indio quiere dotar á sus sementeras de este pescado, hecha la semilla, como ellos dicen, que consiste en soltar vivos en el fango unos cuantos de éstos, y desde entonces sabe que no le faltará dalag en el momento en que llueva.

Las sardinas abundan extraordinariamente en todo el S. del Archipiélago.

En resumen: es tal la abundancia de pescado en las aguas filipinas, que allí la industria de conserva, tan próspera en las costas gallegas, encontraría una segura prosperidad, dada la abundancia y baratura de la primera materia y su excelente calidad.

Anillados.

Este, que es uno de los cuatro grandes grupos ó tipos en que los zoólogos dividen al reino animal, vertebrados, anillados, moluscos y zoófitos, abunda mucho en las islas Filipinas.

Los anillados, asimismo denominados, articulados y entomozoarios, se subdividen en nueve clases: insectos, miriápodos, arácnidos, crustáceos, anílidos, helmintos, turbilarios, cestóides y rotalarios.

La fauna entomológica, ó sea la clase de los insectos, cuenta con una representación brillantísima en el Archipiélago, existiendo en él especies correspondientes á los diez órdenes en que se dividen: coleópteros, ortópteros, neurópteros, himenópteros, cepidópteros, hemípteros, dípteros, repípteros, parásitos y tesameros.

Entre los coleópteros, orden el más numeroso de la clase de los insectos, son dignos de mención como habitantes de las islas, las familias escaralecidos, malacodirindos y cerambicidos, cuyas especies más notables son los llamados escarabajos y los luciolos ó lampiridos, vulgarmente conocidos bajo el nombre de gusanos de luz, que con su vivísima fosforescencia convierten á los bosques durante la noche en fantásticas irradiaciones de luces esplendentes de colores caprichosísimos y diversos.

El orden de los ortópteros encierra terribles enemigos para el agricultor filipino, que, como los porfienlidos ó tijiritos, causan grandes daños en huertas y jardines; los blatidos, corredores ó cucarachas, por demás abundantes, hasta constituír una plaga verdadera que puebla de huéspedes incómodos las casas y los buques; los mántidos, fásnudos, locústidos ó saltamontes, grilidos y agrididos, voraces por demás, singularmente los últimos, una de cuyas más dañinas especies, la llamada langosta, ocasiona algunos estragos en los campos filipinos.

En la provincia de Manila existe un pájaro llamado Martín, propio de la región índica, el cual causa daños de consideración entre las langostas, toda vez que de ellas exclusivamente se alimenta. Por lo tanto conceptuamos importante que por el Ministerio de Ultramar se adoptasen aquellas medidas necesarias para que esta agridófaga avecilla se extendiese por la isla de Mindanao, donde el voraz agridido destruye instantáneamente leguas y leguas de frondosísimas plantaciones.

Al orden de los heurópteros pertenece el Termes Monocerus, denominado también Anay ú hormiga blanca, que es un insecto notable, en cuya parte alta lleva tres ojuelos, hallándose armado de durísimos dientes en forma de tenazas, con los cuales destruye en pocos instantes maderas, ropas, papeles, libros, etc. La única madera que no ataca es el molave por su amargor y dureza extremada.

Las costumbres del Anay, terrible insecto para el indio filipino, son en extremo curiosas y dignas de ser conocidas por el colono peninsular, contra cuyos horrorosos estragos ha de adoptar gran número de precauciones. El Anay habita en sitios húmedos, construyendo con arcilla viviendas del tamaño de un hombre, tan duras y tan fuertes que un carabao puede pasar por encima de ellas sin que sean destruídas. Interiormente se componen estas habitaciones de celdillas separadas por tabiques, donde las hembras, llamadas por los indios Reina de las hormigas, deposita los 80.000 huevecillos que como resultado de la cópula arroja al exterior. Aunque el Anay destruye todas las maderas, excepto unas cuantas por su amargor y dureza, la que con más placer destruye es la del pinabete.

De los Himmopleros, las familias más conocidas en Filipinas son los Heterogínidos ú hormigas y apidos ó abejas. Las hormigas constituyen huéspedes incómodos y molestos en las casas y dañinos para la agricultura, y las abejas proporcionan á los salvajes y á los indígenas grandes ganancias con la cera y la miel que producen en los bosques, en cuyos árboles viven.

Entre los lepidópteros ó mariposas notables por sus matizadísimos colores, se encuentra el gusano de la seda, que aunque podría ser susceptible de grande y provechosa explotación, no lo es á causa de que los vaguios y tormentas no lo dejan vivir.

De los Hemípteros se conocen en Filipinas sobre 550 especies, entre las cuales se encuentran las chinches y cigarras, así como los pulgóridos, notables por ostentar vivos colores, llevando sobre las alas manchas en forma de ojos como los que se ven en la cola del pavo real.

Los más numerosos de todos los insectos filipinos son los dípteros, ripípteros, parásitos y tisameros, los cuales constituyen enemigos temibles para el hombre, mamíferos y aves. Entre los dípteros, el género Lucilia, que es una especie de mosca, puede ocasionar la muerte de las personas que sorprenda durmiendo con sólo depositar en la boca y narices sus huevos, de los que se originan después larvas que engendran perturbaciones orgánicas en extremo peligrosísimas. Pero como la obra sublime de la naturaleza se halla basada en el equilibrio, existen en aquellas regiones insulares dos familias de insectos dípteros, los asilidos y los impidos, que vienen á ser para todos los insectos dañinos lo que los milanos y gavilanes entre las aves, puesto que con su punta-aguijón chupan la sangre de las mariposas y larvas de que se alimentan.

Los miriápodos ó mil piés, llamados así porque el cuerpo de estos animales es áptero, prolongado y dividido en considerable número de segmentos, en cada uno de las cuales llevan un par de patas cuando menos, viniendo á ser 24 ó más el total de estos miembros. Entre los miriápodos filipinos merecen mención los escolopendras ó cien pies, algunas de cuyas especies son eminentemente venenosas.

De los arsienidos encontramos en Filipinas gran variedad de escorpiones ó alacranes venenosos y de arañas tejedoras.

Los crustáceos cuentan en las islas infinitas especies, que como los cangrejos, las langostas, los langostinos y otras, viven en el mar, en los ríos y en las lagunas, y constituyen un riquísimo y abundante alimento para los indios, aficionados en extremo á todo género de mariscos.

De las demás clases del grupo de los anillados, sólo habitan en los mares y ríos filipinos la de los anilidos, cuyos órdenes, tubérculos, dorsifranquios y abranquios, encierran entre otras especies las lombrices de tierra y las sanguijuelas, que abundan en todos los lagos y riachuelos de tan riquísimo Archipiélago.

Moluscos.

Importantísimo es este grupo en Mindanao, no sólo por lo numeroso de sus especies, sino porque constituye la pesca de ellos una industria productiva y susceptible cada día de asombroso desarrollo.

Los moluscos ó malacozoarios se dividen en seis clases: afalópodos, pterópodos, gasterópodos, acífalos, tunicarios ó braquiópodos y carrópodos ó briozoarios.

Aunque todavía no se hallan por completo exploradas las islas Filipinas, su fauna malacológica cuenta en la actualidad con 2.500 especies de moluscos marinos y 586 terrestres y fluviátiles, motivando tal abundancia la célebre frase de Kiseluz, consignada en su Manual de Conchiología, de que las islas Filipinas son el paraíso de los moluscos.

Entre los cefalópodos hay especies de sus órdenes dibranquiales y tetrabranquiales, que como el pulpo, calamar, la jibia y el nautilus, viven en aquellos mares.

Los géneros más notables de los pterópodos son los llamados Clio, Puenmodermon, Hyaloca y Limacina, abundantes en el Archipiélago.

Pero los gosterópodos, con sus nueve órdenes, pulmonados, undibranquios, imfirobranquios, tectibranquios, pectinbranquios, tubulibranquios, gentibranquios, ciclobranquios y heterópodos, constituyen la clase de los moluscos más numerosa de Filipinas y un manantial inagotable de variada y suculenta alimentación, á la par que conchas caprichosísimas por sus colores matizados y originales formas.

Los lamelibranquios, braquiópodos, órdenes únicos de la clase de los acéfalos, también cuentan con numerosísimas especies en Filipinas.

Los lamelibranquios aparecen representados en los mares filipinos por multitud de especies, siendo entre éstas las más notables el tridacuagigas ó taclovo, cuyos valvus alcanzan hasta un metro de longitud, no bajando su peso de 100 kilogramos, y sirven, una vez extraída de ellos su exquisita y alimenticia carne, de pilas bautismales para las iglesias; la placuna, placenta, que vive en el cieno, á la entrada de los ríos, sin adherirse á parte alguna, y cuyas vulvos, reducidas á láminas de dos pulgadas en cuadro planas y transparentes, empléanse en las ventanas y miradores de Filipinas en vez de cristales, toda vez que ofrecen sobre éstos la ventaja de amortiguar la pureza del sol, consintiendo el paso de una luz bastante clara. Pero sobre todas las especies, la de nulibranquios y aun de acéfalos filipinos en general, hay que colocar la avicula Margaritifera ó madreperla, cuyo molusco está sujeto á una enfermedad especial que produce esas concreciones de tanto valor en joyería, conocidas bajo el nombre de perlas. La pesca de estas conchas reporta grandes beneficios en Joló y en la Paragua, pero sobre todo en Mindanao, donde los indios dedicados á la extracción de tales conchas obtienen de su trabajo sumas cuantiosas.

De los fumicarios y briozoarios, animales más comúnmente llamados moluscoides, conócense las especies del género ascidia, que para defenderse arrojan chorros de agua, y los del pirozoma, que á veces despiden una luz muy brillante, correspondiente á la primera clase, y las de los géneros flusta, retipora y milleposa, comprendidas entre los briozoarios.

Zoófitos.

Son llamados zoófitos ó animales plantas unos organismos sencillos que indudablemente constituyen el paso entre los reinos vegetal y animal, y que se hallan divididos en cinco clases: Equinodermos, Acalifos, Pólipos, Infusorios y Espongiarios.

Las estrellas y los erizos de mar y la holothuria ó balate, objeto esta última de considerable comercio en Mindanao, Joló, Visayas y en las islas Carolinas y Palaos, corresponden á la clase de los equinodermos, fraccionada en tres órdenes; los estelíridos, equinidos y holothuridos.

Los holothuridos, sumamente apreciados por los chinos, por suponer que es un poderoso afrodisiaco, constituyen para ellos un manjar exquisito, llegando á pagarse las especies stichopus y bodohschin, abundantes en Filipinas, á elevadísimo precio.

Los acalifos, llamados ortigas de mar, abundan mucho en aquellos mares, y entre los pólipos se cuentan los anémonas de mar, las madréporas y los corales, que llegan á constituír en los mares filipinos numerosos arrecifes sumamente peligrosos para la navegación, cuyos arrecifes dan lugar con el tiempo á nuevas islas, como son la mayor parte de las llamadas Carolinas y Palaos. Tanto las madréporas como los corales son habitaciones, viviendas, fabricadas con el misterioso esfuerzo de millares de millones de pequeños pólipos, que enseñan lo que pueden aunados esos dos elementos primordiales, base del soberbio edificio de la naturaleza, la asociación y el trabajo.

Los infusorios también abundan mucho en las aguas de Filipinas, y de los Espongiarios encontramos la esponja y la canastilla de Venus (Euplictilla espaciosa), únicamente propia de Filipinas, cuyo zoófito se coge mucho en Cebú y parece más bien un vegetal marítimo que una especie de espongiario, que un animal el que más se acerca á las plantas, la que ha debido segregarse de la escala filológica recientemente, como resultado de la admirable facultad transformatriz inherente á todas las formas organizadoras.

Flora.

La flora de Mindanao, como la de todo país tropical, ofrece un aspecto sorprendente, realzado con la exuberancia de vida que le presta la vegetación portentosa, propia de los fértiles y ricos territorios que la sustentan.

Allí se encuentran bosques inmensos poblados de árboles gigantescos; parajes grandiosos á cuya vista se extasía el pensamiento del hombre civilizado, poco habituado á la contemplación de la naturaleza adornada con sus galas primitivas, mostrando en admirable desorden las más apreciadas maderas, revueltas con otras plantas de frutos riquísimos que, como el café, cacao, canela y algodón, se ofrecen al hombre emprendedor en remuneración espléndida de sus afanes.

Las maderas, las fibras leñosas, esas cantidades inmensas de carbono y de otros elementos químicos que las fuerzas vegetativas van acumulando para que sirvan de armazón al vegetal, son asimismo de aplicación utilísima para la industria.

Puede decirse que las maderas constituyen un artículo de los más necesarios para el hombre.

La isla de Mindanao, cuyas maderas son tan excelentes como lo demuestran los apuntes que acerca de sus clases, peso específico, resistencia, etc., siguen á estas consideraciones, pudieran muy bien ser objeto de una gran explotación de esta especie: elementos tienen para ello.

Las florestas y las selvas filipinas son como las minas y el suelo mismo del Archipiélago: manantiales inacabables de riquezas que con el mudo, pero elocuente lenguaje de los hechos, llaman continuamente á aquellos países á capitales y brazos que exploten los tesoros que con tan pródiga mano ha derrochado allí la naturaleza.

Ya es hora, pues, que las riquezas españolas sean explotadas en provecho de los intereses nacionales, y que por la incuria de unos y la desidia de otros no seamos juguete de la ambición extranjera.

Para que estas noticias puedan ser consultadas con mayor facilidad mencionaremos por orden alfabético todas aquellas maderas y demás productos que sean de más valor ó de útil aplicación.

Acle.—Primera magnitud. De madera rojo obscura, muy buena para entablados, edificios y embarcaciones, es muy abundante.

Achuete.—Para las comidas en substitución del pimiento (la semilla) y también se usa como tinte.

Alintatao.—Muy parecida al nogal; tiene aplicación para muebles de lujo.

Alcanfor.—Se han encontrado algunos ejemplares (canelo).

Almáciga.—Abundantísimo en Surigao y Misamis.

Amuguis.—Rojo claro, suele tener manchas plomizas; su tablazón es excelente para edificios y embarcaciones; al labrarla despide un olor muy desagradable, siendo poco apreciada por lo mucho que le ataca el anay.

Anagap.—De gran magnitud; su madera es amarilla clara; textura fina y rompe en astilla larga. Es poco apreciada en construcción civil.

Antípolo.—De primera magnitud; abunda en todo el Archipiélago; de color amarillento y manchas blanquecinas; su textura es estoposa, y no tiene otra aplicación que para tablazón y embarcaciones menores.

Anubión.—De segunda magnitud; madera amarillenta parduzca, es muy apreciada en el país para los piés derechos de las casas.

Apiton Balao.—De primera magnitud. Su madera, de color ceniciento verdoso con manchas claras, destila resinas muy olorosas que se emplean en ebanistería. (Muy abundante en Mindoro).

Bacao.—La infusión se emplea para preservar las redes de la putrefacción.

Bancat.—De primera magnitud. Su madera es amarilla, oro verdoso y muy resistente para edificios, muebles y barcos; muy abundante en Mindanao y Mindoro.

Balete.—En medicina se aplica para la curación de heridas.

Balibago.—Se emplea en la fabricación de papel, y con sus filamentos se tejen cuerdas muy resistentes.

Bolonquita.—Madera rojiza con vetas negras, muy apreciada.

Balao.—De primera magnitud; produce una gamo-resina que lleva su nombre, muy olorosa y aplicable al barnizado de muebles. Su madera es de color amarillo claro ó ceniciento verdoso, y á veces es de tintes rojizos, manchado de amarillo; su textura es mediana y muy variable; es usada en construcción civil y para la fabricación de canoas.

Bamalagui.—De primera magnitud. La madera es apreciada en construcción civil por sus buenas cualidades de elasticidad y resistencia; es de color blanco sonrosado con manchas cenicientas, y á veces de un rojo claro muy igual; su madera es sólida y resistente.

Baticulin.—Madera blanca amarillenta, muy floja y porosa; se labra con facilidad y adquiere buen pulimento.

Betis (azaola betis.)—Es de primera magnitud, y su madera apreciadísima en construcción naval, no tiene rival para quillas. Es de color rojo variable, de textura sólida y poros poco visibles.

Banaba.—Hay dos variedades, de la misma especie ambas. Es árbol de mediana magnitud y alcanza de 10 á 12 metros de altura. Es muy apreciada por su dureza y ser incorruptible bajo del agua.

Bejuco.—Uno de los vegetales más útiles y de más general aplicación en el Archipiélago. Se emplea entero y partido para cuerdas y en el amarre ó sujeción de cuanto pueda ser necesario, sin que en ningún caso deje de ser utilísima su aplicación. Su longitud es extraordinaria, pasando ordinariamente de 100 metros. Hecho fibras muy finas y perfectamente limpias de la substancia interior, se fabrican tejidos de gran finura, y exportado á Europa se emplea para el tejido de asientos de rejilla.

Calamausauay.—Primera magnitud, y madera muy apreciada, de color blanco sonrosado hasta el rojo subido, textura sólida.

Cauayang.—Esta caña del género bambusa, que alcanza á veces hasta uno y medio y dos decímetros de diámetro, tiene en Filipinas muchas aplicaciones. Enteras constituyen el armazón y piés derechos de las casas ordinarias del indio, para formar balsas, en las que se hace el tráfico por los ríos, acueductos, vasijas de todas clases, cestas, muebles, aparatos de pesca, puentes, armas, cuerdas, y hechas tiras tejen unos tabiques que en el país son irreemplazables.

En resumen, que esta planta, á semejanza del cocotero, la nipa y el bejuco, constituye un don inapreciable en los países tropicales.

Calantas ó cedro.—De primer orden. De color rojo carne, ladrillo y amoratado, y á veces sonrosado; textura grosera y poros muy marcados; su olor es muy agradable. De inmejorable calidad; se emplea para los cajones de tabaco.

Canela ó calugac.—La hay en abundancia en Sibuguey y Lanao (inmediaciones de la laguna), abunda en los montes, y su jugo tiene propiedades medicinales.

Calumpong.—De primera magnitud, madera poco apreciada que sólo se emplea en tablazón.

Culong-manoc.—De mediana magnitud. Su madera, que es de buenas cualidades, se emplea en construcción civil y ebanistería. Su color es variable, del blanco sonrosado á rojo de ladrillo.

Camagón.—De segunda magnitud, muy parecido al ébano; su madera es negra, con vetas rojas ó blancas, adquiere buen pulimento, se emplea en bastones y muebles de lujo.

Camayugan.—Dá excelentes resultados en la construcción. De grandes dimensiones; color variable de rojo claro, violado y rojo encendido y tostado, de textura compacta, y en algunos se nota un olor fuerte y agradable de viviendas.

Café y cacao.—Abunda y se dá de excelente calidad.

Cabo negro.—Sumamente útil por la hilada que de él se extrae; es artículo de exportación.

Clavero.

Calumpit.—De segundo orden. Madera de color amarillento sucio, textura floja con poros pequeños. Muy á propósito para trabajos de adorno y con la corteza se hace un tinte especial para teñir el algodón.

Camuning.—De tercera magnitud; color amarillo con vetas ondeadas y manchas parduzcas; textura compacta y gran dureza y resistencia; adquiere buen pulimento y tiene aplicación para ebanistería. Muy parecido al camagón.

Dita.—Substituye á la quina para la curación de fiebres.

Dinglas.—De primera magnitud; color rojo parduzco, textura fina y poros de mediano tamaño, siendo muy refractario al anay.

Dungol.—De madera rojiza amoratada, textura sólida, fibras comprimidas y poros poco visibles; tiene un olor particular que recuerda al del cuero curtido; muy difícil de labrar, es muy abundante. Árbol de gran magnitud.

Damal.—Madera sumamente blanda, aunque resiste; se emplea para tornear.

Ebano.—De color negro, madera apreciadísima para muebles de lujo y fabricación de carbón de pólvora (difiere del camagón en que no tiene vetas blancas ni amarillas).

Guijo.—De primera magnitud, muy abundante, de madera rojiza. Se emplea en construcción y para carruajes; en Mindanao alcanza dimensiones colosales.

Ilang-ilang.—Arbol de madera blanca sin aplicación alguna, pero sus flores, de las que se extrae la célebre esencia de su nombre, lo hacen sumamente apreciado. Abunda en Butuan.

Ipil.—De primera magnitud, gran tamaño y dureza; su madera es rojiza y de aprecio (muy á propósito para exportarla á Europa, donde sería de aplicación en las vías férreas).

Lauan.—De gran tamaño, segrega una resina que se emplea en Visayas y Mindanao en substitución del incienso. Su madera es muy poco estimada en construcción, no teniendo otra aplicación que la construcción de pancos.

Lanete, segundo orden, madera fina, blanca de hueso ó ceniza; se construyen sillas iguales á las de Vitoria. Muy apreciada para construcción de muebles.

Malatapay.—Para construcción de muebles: de tercer orden.

Malarujat.—De grandes dimensiones, madera amarillenta, vetas y visos morados; dá buena tablazón y se usa en construcción y en muebles ordinarios.

Malatumbaga.—De grandes dimensiones, madera color rojo carne ó ladrillo, de textura compacta y de fácil labra; se saca buena tablazón que se emplea en cajones.

Mayapis.—De gran magnitud, madera rojiza con vetas plomizas, es blanda y poco resistente, sólo se emplea para cajones y construcción de pancos; cortada su madera se vuelve negra, es muy apreciada en la ebanistería para muebles finos.

Malabonga.—De segundo orden, muy abundante; pero poco apreciada por ser muy atacada por el anay.

Mangachapuy.—De primera magnitud, de color blanco y colorado. Se encuentra en todo el Archipiélago y se usa en la construcción de edificios y embarcaciones.

Manungal.—Llamado árbol de la quina; con su madera se hacen copas que dan al líquido que contenga un sabor amargo muy pronunciado, que surte los mismos efectos que la quina.

Mangasinoro.—Muy grande y abundante; pero su madera no tiene resistencia para el empleo en construcción.

Molave.—Alcanza hasta 20 metros de altura y un diámetro en el tronco de 0,60. Madera de gran valor y la más apreciada en el país, su consistencia y duración es casi eterna. Resiste debajo del agua, sin que desmerezcan sus buenas cualidades.

De gran magnitud, de color amarillento verdoso ó pardo, es la mejor madera para piés derechos en la construcción de edificios, por ser impenetrable al anay.

Narra.—De primera magnitud. Muy apreciada y de color encarnado, parecida á la caoba; la variedad blanca es más inferior; sus grandes dimensiones permiten sacar tablas para soleras que miden de 15 á 20 metros, siendo susceptible de adquirir un hermoso pulimento.

Nato.—De primer orden; madera blanca sonrosada con manchas rojizas muy finas y muy abundante en Mindoro, muy apreciada como madera de sierra en construcción civil ó naval.

Nipa.

Pagatpat.—De segundo orden. Crece en las orillas del mar, en los ríos, y sobre todo, en el mangle; su madera es muy dura, pero esponjosa y de poco peso, y se emplea en las obras hidráulicas.

Palo María.—Arbol que adquiere gigantescas proporciones: es muy apreciado, porque además de su útil aplicación para arboladuras, se extrae de él aceite, brea y un excelente bálsamo para curar las heridas.

Palma brava.—Se usa en edificios, estacadas y canales, es de muy bonito veteado para los bastones.

Sampaloc ó tamarindo.—Además de su fruta, de la que se extrae un ácido para refrescos, se utilizan las raíces en ebanistería.

Santol.—Alcanza hasta 12 metros de altura. Dá una fruta muy apreciada del indígena; su madera es fuerte y de bastante duración.

Sibucao.—Madera rojiza anaranjada. Sumamente apreciada por la materia colorante que segrega el tronco; su parecido al campeche, pero muy superior á él; se hace mucha exportación de esta substancia. Los indios emplean la madera para clavazón de barcos.

Tangile.—De primer orden y madera roja tostada. Por la magnitud de su tronco lo emplean los naturales en la construcción de canoas.

Teca.—Arbol de gran magnitud, de madera incorruptible, por lo que después del molave es la más apreciada, es poco conocida en Filipinas, y en Mindanao y Joló es donde principalmente abunda.

Tíndalo.—De gran magnitud, de madera rojiza al cortarla y negra con la acción del tiempo, es apreciada en ebanistería.

Yacal.—Muy apreciada, es celebrada la corpulencia de su tronco, que llega á alcanzar 20 metros y cerca de uno de diámetro; es la mejor madera para embarcaciones del país.

Tabigui.— El fruto de este árbol dá buenos resultados en la curación de humores sifilíticos. Su madera es tintórea.

Tabla comprensiva de las condiciones de las maderas reseñadas.

Nombres. Elasticidad. Peso Específico. Resistencia.
Carga.
Acle 0′004–5′751 0′709 40′594
Amuquis 0′005 0′538 23′924
Anagap 0′006 0′486 23′465
Antipolo 0′007 0′595 34′235
Anubión 0′005 0′593 25′765
Apiton 0′005 0′615 21′624
Banaba 0′0035 0′776 29′820
Bancal 0′005 0′521 31′804
Bansalagui 0′002 0′676 58′087
Baticulin 0′005 0′500 21′394
Batitinan
Balao 0′0037 0′393 31′545
Betis 0′0026 0′719 31′718
Bolonguita 0′003 0′789 34′967
Clamasanay 0′0037 0′643 38′533
Calantas (cedro) 0′0075 0′563 21′222
Calumpong 0′0046 0′765 34′679
Calumpit 0′0044 0′666 22′692
Camagon 0′0022 1′155 40′028
Camayuan 0′0032 0′788 35′341
Camunig
Cubi 0′0034 0′581 41′237
Culing-manoc 0′002 0′773 46′699
Dinglas
Dungon 0′003 0′833 35′140
Ebano 0′0022 1′153 40′028
Guijó 0′0035 0′685 49′746
Ipil 0′0024 0′7≳5 44′658
Lanete 0′0068 0′495 26′829
Lanutan 0′002 0′784 32′667
Lanan
Macasin 0′0052 0′683 28′526
Malahonga
Malacaduis 0′0028 0′≳80 24′845
Maralujat 0′0046 0′641 27′375
Malatalang 0′004 0′662 31′286
Malatapoy
Malatumbaga
Mangachapuy 0′003 0′766 33′127
Mangasinoro
Marang 0′0048 0′465 20′704
Mayapis 0′004 0′511 26′915
Molave 0′0035 0′819 41′552
Narra 0′0037 0′634 41′529
Idem blanca 0′0037 0′615 36′347
Nato 0′003 0′379 31′286
Pagatpat 0′0014 0′898 63′263
Palo-María 0′004 0′7≳3 36′334
Palo-nopuy 0′0035 0′571 25′368
Panguisan 0′0028 0′745 35′127
Pasac 0′0035 0′785 27′145
Santol 0′0032 0′470 26′312
Supa
Tangile 0′004 0′603 29′676
Tíndalo 0′0034 0′809 39′539
Yacal 0′0032 0′925 54′981

La familia de los gramíneas se encuentra representada por más de 4.000 especies; entre éstas las más importantes son: el palais (arroz), maíz, caña de azúcar y el bambú, que toma consistencia leñosa adquiriendo una gran resistencia que, unida á su extraordinaria magnitud, proporciona al indio excelente material para construír sus viviendas, puentes y otras infinitas aplicaciones.

Otras, en cambio, son sumamente perjudiciales como el «cogon», que ocupando grandes extensiones de terreno sin producir ningún beneficio, sirven sólo para que la langosta, encontrando en los cogonales excelentes semilleros, se propague de un modo fabuloso.

Los helechos son muy numerosos en el país; sólo encontramos que tenga una positiva utilidad el llamado Nito, con el cual teje el indio petacas, sombreros, salacos y otra infinidad de objetos.

Como final mencionaremos todas aquellas plantas que por sus productos ó aplicación sean de alguna utilidad.

Se extrae aceite de una fruta parecida á una pequeña aceituna que llaman los naturales «Lumban» y del «Linga», cuya semilla es muy parecida á la del lino.

Sacan filamentos para tejidos del Maguí ó Piña y para cordelaje del Abacá y otros menos importantes.

Substituyen el jabón: el gogo, bansicalay, papaya y otros.

Como plantas alimenticias, aparte del palais, camote y ubi, que sirven de alimento en todas las islas del Archipiélago, lo mismo que el plátano, cuya riquísima fruta constituye uno de los artículos más importantes en la alimentación de los naturales, la manga, piña (anana), mangostan, que sólo se produce en Mindanao y Joló, chicos, ate, santol, lanzon, guayaba y el naranjo y limonero, que han sido importados de España.

Existen también infinidad de plantas medicinales cuya eficacia la consideramos en su mayoría muy dudosa.

Abundan las flores, que á la belleza unen la embriagadora fragancia de su perfume. Entre éstas se distinguen el ilang-ilang, la sampaguita y la azucena.

Como se vé, la riqueza forestal en Mindanao es extraordinariamente variada, por más que aquí sólo mencionamos aquellos productos más importantes y alejándonos de las clasificaciones botánicas á fin de que resulte algo extractado nuestro trabajo.

Razas que Pueblan la Isla.

La población indígena de Mindanao puede dividirse en los grupos siguientes:

Los aborígenes ó primitivos habitantes de la isla llamados aetas, negritos ó mamanuas, sumamente refractarios á la civilización, habitan en el interior de los montes haciendo una vida errante y retraída de todo trato social con los pueblos vecinos. Se encuentran en algunos montes de Surigao y Butuan, corriéndose hacia el S. hasta las inmediaciones del seno de Davao. Ocupan las márgenes de la laguna de Sapongan y las islas del N.

Malayo-mahometanos.2—Los malayo-mahometanos, que dominan en toda la parte S. de Mindanao, extendiéndose hasta las grandes lagunas del centro y en muy pequeño número en algunos puntos de la costa N.

Difícil sería hacer un verdadero estudio de la raza mahometana de Filipinas. Constituída por la mezcla constante entre la raza árabe invasora y las diferentes tribus del país, su constitución es un conjunto abigarrado, en el que han desaparecido casi por completo los caracteres etnológicos de los primeros invasores.

El idioma se encuentra en caso análogo. Los panditas ó sacerdotes se transmiten de unos á otros el conocimiento del idioma árabe, el que necesitan para sus prácticas religiosas; pero la masa total de la población habla mezcla confusa de visaya y árabe con palabras tomadas en cada punto de los pobladores que existían cuando el mahometano conquistase el territorio, constituyendo un idioma dificilísimo de entender por la algarabía consiguiente á la intercalación de palabras de distintos dialectos, según la localidad del que lo habla.

El moro oceánico es en general de regular corpulencia, estatura mediana, de color cobrizo amarillo, propio de la raza malaya; ojos obscuros y rasgados, cejas pobres, nariz roma y labios delgados, por más que el uso del bullo no permita apreciar esta circunstancia; la cara resulta enjuta de carnes aunque ancha por lo saliente de los pómulos. Los panditas y otros jefes se dejan crecer el bigote, pero fuera de estos casos el moro se arranca los pocos pelos que constituyen su barba. La cabeza se la suelen afeitar, pero una vez casados todos se dejan el pelo largo. Su pecho es robusto, de torax desarrollado, á propósito para las rudas faenas que soportan en el mar y en particular en la pesca de la perla.

El traje, aunque varía según la localidad, guarda relación en los detalles generales.

En Mindanao los hombres usan camisa partida, pantalón ancho y pañuelo en la cabeza arrollado en forma de turbante; las mujeres visten de blanco, llevando una especie de saya que llega poco más abajo de la rodilla.

Por influencia del clima, como ocurre al indio, el moro es apático y abandonado; reservado y suspicaz, pocas veces dá á entender sus pensamientos, que oculta hasta en lo más insignificante y baladí.

Celosos de su nobleza, que fundan en larguísimos abolengos, son extremadamente orgullosos. Les gusta relatar los hechos de sus antecesores y las distinciones ganadas por éstos en la guerra, cuya historia se repiten unos á otros durante las largas horas de sus reuniones amigables, llamadas Vicharas.

Su ilustración es escasísima y reside en determinados individuos; pocos saben leer y menos escribir, á excepción de los dignatarios, que sólo por este concepto monopolizan los puestos y poco ó nada hay escrito sobre su lengua, que viene á ser, como ya hemos dicho, una mezcolanza de la árabe con muchas palabras chinas, malayas, tagalas y visayas.

El moro, enemigo taimado y audaz, no perdona nunca medio alguno para causarnos el mayor mal posible; protegidos por la obscuridad han caído sobre pueblos inermes, ocasionando innumerables víctimas, haciendo centenares de cautivos; encastillados y defendidos por los bajos y arrecifes que circundan sus islas, están siempre listos para sorprender las embarcaciones que por allí se aventuran, cautivando á sus tripulantes y haciendo buena presa de los cargamentos.

El moro fué siempre un hombre terrible en la guerra, y lo mismo en Mindanao como en Joló; el número de su fuerzas no es conocido, porque allí donde hay un moro hay un guerrero; vá siempre armado con lanza, cris ó campilan, armas que nunca abandona, que son compañeras inseparables suyas, y que maneja con una rara habilidad; acostumbrado, como el indio, al clima en que vive y á las fatigas de su azarosa vida poco necesita para cubrir sus atenciones; bástale un puñado de arroz, las frutas que el bosque le brinda, la pesca que abunda en sus playas y el agua de sus pantanos. Cuando se pone en marcha no atiende sino á sus armas, duerme á campo raso, come lo que encuentra á mano, siendo esta propiedad tan inherente de su vida que para él, el mal alimento no constituye quebranto alguno.

Dotado de grande astucia, nunca se presenta en el llano en caso de guerra, prefiere lo intrincado de sus bosques, lo inaccesible de sus playas, donde se defiende con esa terquedad que le es común y con ese fanatismo peculiar al mahometano.

Atento primeramente á la seguridad de la familia, elige para situar sus poblaciones los puntos pantanosos de la playa, en la que vive con toda comodidad sí, pero rodeado siempre de precauciones, importándole poco la vecindad de las aguas, que para el moro, criado en ellas, la cosa más natural y más sencilla es el paso á nado de cualquier río por ancho y caudaloso que éste sea.

Sitúa sus fortalezas llamadas Cottas en los puntos culminantes que por su posición dominan el pueblo donde se avecina. Estos fuertes los constituyen una doble estacada rellena de tierra y piedras, que forma un macizo de 6 á 8 metros de espesor y 8 á 10 de altura. Allí parapetados esperan, con la calma que dá la impunidad, hasta descargar sus armas á boca de jarro sobre el enemigo, resguardados en los manglares que por lo regular rodean sus cottas, é impiden la entrada en ellas de no ir provisto de guía.

Fabrican sus armas, á las que dan buen temple, siendo en algunas el trabajo muy esmerado. Estas consisten, generalmente, en una hoja acerada de formas variadas y de 40 á 60 centímetros de longitud, que por medio de una espiga montan en un puño de madera, sujetándole al arranque de la hoja con una virola trincada con hilo metálico, que sube en forma de adorno hasta el pomo. Este suele tener la forma de doble pico de loro. Las vainas las hacen también de madera, en dos piezas á lo largo, sujetas con abrazaderas de bejuco ó de latón. Para el asta de sus lanzas suelen emplear la madera del Guijo ó el Palasan, especie de bejuco, grueso y consistente.

Usan armas de fuego, siendo éstas fusil y cañón, de antiguos sistemas, desechos del Ejército, por más que tengan algunas de retrocarga y de repetición. También emplean un pequeño cañón llamado lantaca, de uno á cuatro centímetros de calibre. La mayor parte de estas piezas proceden de las embarcaciones que en sus antiguas correrías apresaron, si bien las lantacas son fundidas en el país, donde de muy antiguo las fabricaban.

La manera de combatir el moro es por demás original; cubierto con su rodela, armado de cris ó campilan, se presenta al enemigo, al que aturde ó desorienta con sus innumerables saltos y sus penetrantes gritos; ya á su altura casi, amaga un ataque; ya con increible ligereza, colocado á 10 pasos, parece limitado á la defensa, y de pronto, lanzándose sobre el adversario, le dá golpe mortal.

El campilan, arma que usa con preferencia, mantiene en el puño una especie de cola formada por mechones de cerda, y en su danza guerrera vuelve rápidamente la hoja, presentando á la vista del enemigo, para aturdirle, aquel largo penacho que se agita, con cuya operación llama la atención del enemigo, le aturde y cuando le encuentra descubierto le ataca con increible rapidez.

Tienen una habilidad especial para arrojar las flechas y la lanza desde la altura de sus parapetos, atravesando distancias grandes con certera puntería.

Los llamados Juramentados son entre ellos los más temibles; estos fanáticos hacen voto de morir matando, creyendo así conseguir irremisiblemente el Paraíso. Las más de las veces son condenados á muerte, que de este modo intentan redimir su vida, si después de dar muerte á algún soldado consiguen escapar llevando el armamento del muerto. En estos casos no hay para ellos obstáculo alguno, pues ciegos en su furor todo lo salvan con tal de conseguir sus designios. Se han visto casos de presentarse tres de estos fanáticos, después de sorprender los centinelas de un cuerpo de guardia, y aprovechándose de la negligencia del soldado indio acuchillar toda la guardia antes de que ésta pudiera tomar las armas.

En la campaña de 1876, dos de estos desgraciados pretendieron volar el polvorín del fuerte de Afonso XII (Joló), y atravesando el recinto de los primeros centinelas lograron pasar el pueblo, no obstante la exquisita vigilancia de los nuestros, llegando hasta arrojar por encima de la estacada una especie de pucheros pequeños llenos de pólvora y provistos de su mecha, que hubieran causado grave trastorno á no equivocar el punto del ataque.

Por lo descrito puede deducirse con cuánto conocimiento y precauciones debe llevarse la guerra á estas gentes, donde es enemigo hasta el clima, que ocasiona las terribles calenturas palúdicas que han diezmado siempre nuestras expediciones.

En la campaña de Joló en 1876, llevada á cabo por el General Malcampo, la mayoría de las bajas ocurrieron en los mangles, donde quedaron encenagados hombres y pertrechos.

Los moros de Mindanao son recelosos, hipócritas, y como todos los de su especie, fanáticos por sus creencias. Constituídos en gobierno, obedecen directamente á los Dattos, los cuales, para su sostenimiento, cobran de todos sus subditos, ya sean ó no moros, una contribución llamada Pagdatto, que consiste en un jabol, un bolo y veinte gantas de palay por cada matrimonio. Los Dattos dependen de un Sultán, Jefe superior de la isla, que á su vez gobierna sobre los mandarines y otros tantos Radjas, formando una confederación que comprende todas las tribus ó sus rancherías. En cada una existen las siguientes autoridades: el Tuang (Gobernadorcillo), el Cuano (Teniente de justicia), el Lamudia, Nacuda y Timuay (Jueces 1.º, 2.º y 3.º), el Gangalia (alguacil), el Baguadato (Principal ó cabeza) y Maraddiadinda (Primogénito de id.)

Los Dattos suelen distinguirse de la gente del pueblo en el mayor adorno de sus vestidos, en los que usan botones dorados, y en la costumbre de llevar siempre el pañuelo en la mano y seguirle algún esclavo con la caja del bullo.

Su jerarquía religiosa se compone de los llamados Sarip y Pandita, sacerdotes que celebran las ceremonias de sus ritos en el Langa (mezquita ó camarín.) En el Sambayang (tiempo de Pascua), que dura unos siete días, está prohibido á todos los creyentes probar alimento alguno, y sólo soportan este riguroso ayuno, merced á una ligerísima colación que toman á media noche, hora en que creen dormido á su Dios; pasado este tiempo se purifican todos con un baño general, y celebran la fiesta con grandes comilonas, en las que figuran preferentemente unas sopas condimentadas con aceite de coco, llamadas Ponian y Sindo. Les está prohibido asimismo comer carne de cerdo y el uso de bebidas espirituosas.

Para los casamientos han tomado ceremonias de los primitivos habitantes, si bien, estando admitida la poligamia, toman todas las mujeres que pueden mantener. Si el pretendiente pertenece á la categoría de Bacungtao (hombre de pró), tiene que regalar á la novia de uno á seis esclavos por vía de declaración, y durante el tiempo de las relaciones, arroz, buyos, tuba, etc.; si el casamiento no se lleva á cabo puede el novio reclamar lo entregado, siempre que la culpa sea de ella, en cuyo caso recibe, además, un esclavo.

La costumbre que tienen para efectuar sus enlaces es verdaderamente especial. Cuando forman el proyecto de buscar esposa, mandan á uno de sus amigos de más representación á casa de la novia para solicitarla del padre ó pariente, el cual, oído el parecer de la pretendida y siendo favorable, contesta desde luego que puede ir el novio por ella. En su vista éste se dirige á la Mezquita y llama al Iman, en cuya compañía reza las oraciones marcadas, y luego después ambos marchan á casa de la doncella, ante la que se paran, preguntando el pretendiente desde fuera si puede entrar. El padre, que sale á la ventana, contesta afirmativamente, y en el momento de intentar el pretendiente abrir la puerta, salen todos los parientes de la doncella y se arrojan sobre él, simulando un ataque en el que ellos le amenazan y él se defiende, arrojándolos los objetos que para regalo lleva uno de sus esclavos ó servidores en un gran bolsón que contiene los presentes de la novia. Después de este paso, y cuando el campo se ha despejado, sube el novio la escalera de la casa, entrando con el Iman en la habitación donde se encuentra la señora de sus pensamientos muelle é indolentemente tendida en un cogín; preséntale él sus respetos; su acompañante, haciéndola levantar, la coge por la cabeza dándola dos vueltas á la derecha, y, finalmente, asiendo la mano del novio, la coloca sobre la frente de la novia, la que inmediatamente se cubre el rostro en señal de rubor. Retírase luego el Iman, dejándolos solos. El novio prueba á besar y abrazar á la novia, defendiéndose ésta á mordiscos y arañazos; logra él cogerla; ella chilla y huye, y así se están una hora larga, corriendo el uno en pos del otro entre las risas de ella y los juramentos de él, hasta que el padre penetra en la habitación, manifestando que puede darse por satisfecho de la pureza de su hija, y entonces el novio deja la casa para ordenar los preparativos de la boda, que empieza aquella misma noche y dura otras dos más, con grandes comidas, bromas y jaleo de los convidados. El aspecto de esta fiesta es interesantísimo en la última noche, después de la cena, hora en que se ultiman las ceremonias del enlace. La novia, en poder de sus madrinas, cambia el traje de su vida honesta por el que le lleva su señor, y mientras tanto, á los acordes de una música y el canto de los concurrentes, cuyo compás llevan todos colocados en cuclillas, golpeando el sahig (tejido de cañas del piso) con unos baquetones de madera, dos ó tres doncellas ejecutan el baile conocido por el Paujalay, que amenizan ya con dulces y provocativos balanceos, en los cuales ora tocan el suelo, ora se yerguen risueñas, dejando adivinar en sus ligeros trajes todo el incentivo de sus encantos, ó ya, en fin, con ademanes nerviosos, en cuyo espectáculo arrebatador é indescriptible se pasan las horas sin sentir, en el mayor arrobamiento.

Concluida la fiesta, el emisario primitivo conduce la doncella á la casa del señor entre la algazara y chanzonetas de los convidados, que satisfechos y llenos de gozo abandonan también la casa paterna para ir á sus hogares.

Para solicitar las concubinas se acostumbra mandar un emisario á la casa de los padres con el cris ó campilan del pretendiente, en cuyo nombre, una vez tomada la venia, contrata con la doncella las condiciones de la concesión, y seguidamente la lleva á la morada de su dueño. Cuando se trata del Sultán, el emisario, sin tomar permiso de los padres, expone á la pretendida el objeto de su comisión, que todos acatan con las mayores muestras de satisfacción, llevándose la muchacha sin otras ceremonias. En todos estos contratos, para no herir la suspicacia se procura que el mercurio sea por lo menos de la categoría de la mujer.

Con la misma facilidad llevan á efecto los enlaces que la separación de los esposos, que tiene lugar por la sola voluntad del varón, perdiendo la repudiada todo derecho al que fué su señor, el que la devuelve á su familia ó la deja en la calle abandonada á sus propios recursos. Los hijos habidos en esta unión quedan siempre con el padre, á menos que ellos quieran irse con la madre, y en ambos casos tienen derecho como los demás á la herencia de los dos.

En sus bautizos, que celebran según los ritos, acostumbran á tener grandes comilonas, cuya importancia varía según los padrinos, y uno de sus preceptos más respetado es la circuncisión, que llevan á cabo, como muchas razas filipinas, no sólo con sus descendientes, sino con todos los que hacen vida común con ellos.

Para enterrar sus difuntos tienen cementerios señalados, y la fiesta fúnebre se reduce á colocar sobre la sepultura del finado la cabeza de un pollo con un áscua encima, mientras el Pandita murmura las oraciones adecuadas.

Su legislación penal consiste en los castigos corporales y las multas, si bien, dadas las costumbres del país, la justicia se la toma por su mano cada ofendido; así, por ejemplo, el que sorprende en delito de adulterio á su mujer, es árbitro de cortarla una oreja y raparla la cabeza, degradándola á ser esclava de sus concubinas; al seductor cogido infraganti puede quitarle la vida; pero en cambio si éste se pone bajo el amparo del mandarín, paga su delito sólo con la cantidad de ocho pesos, precio bien miserable que sin embargo no le exime de purgar su falta ante el ofendido, pues siendo por principio sagrada entre ellos la venganza, y considerado cobarde el que no lava en sangre sus afrentas, queda aquél á merced de éste, que en la primera ocasión se le presenta cris en mano para cobrar su deuda.

La calumnia no probada se pena con 15 pesos; la herida leve con 5; la grave con 15 y el instrumento con que se perpetró; la muerte, con multa de tres á seis esclavos ó la vida en su defecto, teniendo presente que un esclavo vale de 15 á 30 pesos, según su calidad; el robo de valor de un peso cuesta 30 y un esclavo ó la esclavitud del culpable; el adulterio 60 y dos esclavos ó la vida; la violación 30 y un esclavo ó la vida. Si un deudor se niega á pagar una deuda reconocida, paga por la primera falta el doble, por la segunda el triple y por la tercera queda hecho esclavo ó paga con su pellejo. Las faltas cometidas contra los jefes tienen penas crecidísimas; el que insulta á un Datto es castigado con la muerte, á menos que entregue 15 taeles de oro, y si es perdonado pasa á la categoría de esclavo, cualquiera que sea su clase, siendo esta misma pena aplicable por la junta de jefes al noble que falta gravemente á otro.

Cuentan el tiempo, no por lunas, sino por días de la semana, como nosotros, llamando Sapto al lunes, y así sucesivamente los demás, Ahát, Isnin, Sarasa, Araboja, Cammis, hasta el Domingo que nombran Diammat.

Asumiendo los Dattos el poder omnímodo, son los que dan fallo sobre todos los pleitos de su tribu, cobrando de intereses un real por peso; si el pleito es entre dos Dattos, los embajadores llamados Tumangung son los que arreglan las diferencias, y sólo en caso extremo se apela á la fuerza de las armas.

Conocen la moneda, pero acostumbran en la mayoría de sus negocios á usar los cambios. Su comercio consiste en arroz, café, balate, cera, biao, almáciga, carey, concha, nacar y petates.

Su industria se reduce á los tejidos de algodón y abacá, que coloran con el jugo de algunas plantas, á la fabricación de armas blancas y á la explotación de minas de plata y otros metales que se encuentran en sus dominios.

Además del opio y los gallos, una de las diversiones más concurridas es la lucha de los carabaos, que llevan á efecto colocando dos machos junto á una hembra, y teniéndolos sujetos hasta el momento del celo, llegado el cual los sueltan. Los animales se acometen impetuosamente poseídos del mayor furor, hasta que uno muere ó huye, en cuyo caso el que queda cubre á la hembra, y los espectadores cobran sus apuestas, celebrando la función con gran algazara y chacota.

Conocen, en fin, varios juegos de naipes, entre ellos algunos de azar, como también se ejercitan en el canto y los bailes populares, que son la alegría de sus fiestas, y entre los que merece especial mención el llamado moro-moro, que es una danza de combate que ejecutan los más diestros, armados de campilan y rodela, al son de sus instrumentos guerreros, ya con saltos de costado, simulando defensa, ya con otros al frente y grandes gritos figurando ataque.

Extremadamente supersticiosos, creen que el uso de ciertos talismanes los hace invulnerables en las batallas, y de aquí proviene la ceguedad conocida en los juramentados; también es general la creencia de que puede hacerse invisible el que en determinada época logra ver el cambio de piel en una culebra, y tienen por augurio mortal para sus Dattos la presencia de las nieblas que alcanzan á cubrir ciertas alturas que consideran sagradas. Estas costumbres y otras, tomadas sin duda de la raza indígena y fomentadas por sus sacerdotes, hace de aquel pueblo un centro deplorable de atraso, dificilísimo de reducir por nuestros misioneros.

Siguiendo los fundamentos de su religión, refieren el tiempo á la Egira, y su año es el llamado Embolismal ó de trece lunas, por las que cuentan.

Se sirven de la moneda en sus tráficos, usando indistintamente la española ó la china, de la que emplean la llamada Chapeca, del tamaño de un ochavo, con un hueco cuadrado en el centro, por el que las ensartan, formando largos y pesados rosarios. Cada mil de estas monedas vale un peso. Según noticias fabricaban antiguamente otras de hierro, sumamente delgadas, que venían á valer la quinta parte de la chapeca, y posteriormente usaron las llamadas Piring y Lacban, de cobre, de las que las primeras valían tanto como la china, y las segundas próximamente el doble.

Como todos los pueblos influídos por el mahometismo, son muy desconfiados y suspicaces, y para el asunto más insignificante se pasan los días de Bichara con el sólo objeto de procurar engañar á todo el que tiene algún trato con ellos; su número será de unos 200.000.

De la mezcla de los moros con los aborígenes, y de éstos con los indios Tagalos y Visayas y aún algunos elementos chinos, se han formado una infinidad de tribus de muy distintas condiciones, usos y costumbres, que se clasifican en la siguiente forma:

Manguangas.—Habitan en una extensa porción de terreno, comprendido entre el río Aguzan y la provincia de Misamis, y desde la costa N. hasta las inmediaciones de la laguna de Buhayan; son holgazanes y muy aficionados al robo.

Negritos-mamanuas.—Los negritos ó mamanuas se subdividen en distintas tribus, cuyas costumbres y dialectos varían según las diferentes razas con que se han cruzado.

Habitan en la cordillera oriental entre Butuan y Surigao; en las inmediaciones del seno de Davao, en las orillas del Agusan, se encuentran algunas familias, y en mayor número en las cordilleras centrales de la isla.

De la mezcla con elementos malayos y mongoloides proviene el que tengan la mayoría color algo claro y el pelo lacio, en lo que se diferencian de los de su misma raza en el resto del Archipiélago.

Sumamente montaraces huyen de todo trato social, y cuando alguna vez los misioneros han conseguido que habitaran en las misiones ó pueblos de conquistas, poco han tardado en abandonar el poblado, volviendo á su vida errante en lo más intrincado de los montes, donde siembran sus cosechas, é inmediatamente de hecha la recolección levantan campo, y hasta que las necesidades de cultivar lo exigen no vuelven á pernoctar en sitio determinado, dedicándose á su pasión favorita que es la caza.

Son muy sucios y el pelo se lo dejan crecer sin cortarlo jamás, así es que cuando las mujeres, efecto de la edad, se abandonan en lo que al cuido personal respecta, parecen verdaderas furias.

Las prendas de su uso consisten en un jabul corto que no les llega á las rodillas las mujeres, y taparrabos los hombres.

Sus armas son la flecha y el bolo; la primera, que manejan con rara habilidad, la emplean en la cacería, y emponzoñadas con substancias vegetales si las emplean en combatir á sus enemigos. El bolo es su herramienta universal: cortan árboles y bejucos para construír sus viviendas; cuando cazan, de él se valen para limpiar las pieles y trocear la carne y hasta en el cultivo lo emplean.

Manobos.—Proceden de la mezcla del negrito y el malayo, conservando de los primeros su raquítica complexión. Son muy poco laboriosos, pero muy guerreros y aficionados al robo y la piratería. Habitan una gran parte del río Butuan, prolongándose por las márgenes del Hijo hasta el seno de Davao.