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Novelas y cuentos

Chapter 26: NOTAS:
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About This Book

Conjunto de novelas y cuentos que recrean ambientes andaluces y árabes mezclando historia y fantasía; incluyen relatos de intriga, memorias epistolares y episodios sobre tesoros y pasiones en paisajes rurales y palaciegos. Predominan las evocaciones de la Granada musulmana y las tensiones entre mundos culturales, con desenlaces a menudo trágicos y un lenguaje que remite al gusto viejo de las letras clásicas. El volumen alterna descripciones costumbristas, escenas emotivas y marcos narrativos orientales, ofreciendo variedad de tonos que van de lo popular a lo melancólico.

Feliz el que cubriendo su cabeza
con la holanda sutil del blanco lecho,
fija la mente en mágica belleza,
se aduerme el alba en plácido reposo:
y mil veces feliz y más dichoso
si bebiendo en la copa del beleño,
visita las mansiones encantadas
que con oro y azul fabrica el sueño.

Soledades.

¡Oh, Nadir! Estás cautivo, y el feroz sultán Ismael no soltará jamás los nudos de tus cadenas. Tú tienes fértiles territorios, él posee grandes Estados; están en linde y deben confundirse, y con tu muerte, él los hereda como hermano de tu padre; triste catástrofe.... ¡Oh, Nadir, me inspiras compasión!

—¡Oh, virgen hermosa! Tú no puedes ser sino Híala; tus acentos me revelan algo de más celestial que las vulgares bellezas del serrallo; tus ojos de gacela[18] me manifiestan quien tú eres. Tú sufres como yo; tú, como yo, eres prisionera; si mi cárcel es el estrecho recinto de una torre, también es prisión tuya ese jardín en que vagas. Tenga el Sultán un deseo, y ese ámbito se estrechará hasta....

—¿Hasta qué?

—Hasta el recinto de su camarín, hasta el cerco de su lecho. ¡Oh, Híala, me inspiras compasión!

—Resolución de mujer, es palma contra el siroco; se dobla, y finge que cede; pero al fin cumple siempre el gusto suyo y triunfa de la fuerza. Quien viene a verte en la torre de los Siete Sellos, algún poder tiene, y quien te habla desde un ajimez[19], alto cien codos del suelo, algo tiene de las propiedades de las aves, y el poder y la belleza sólo se rinden al placer. ¡Oh, Nadir, qué inadvertido eres!

—Las aves también se prenden, y la burla que en su loca vanidad hacen de las redes, la pagan a caro precio, sacudiendo los hilos de alambre de su jaula y lastimándose contra ellos; al poder y la belleza los vence más poder y mucha astucia. ¡Oh, Híala, qué inadvertida eres!

—Nadir, a pesar de la indiscreción de que me acusas, tú tienes cierto oculto presentimiento de que te verás libre por arte y ayuda mía. Un sueño, una visión, cuyas circunstancias no quiero apuntarte, te han participado tal suceso, y las aventuras por donde has de pasar, y las finezas que me has de deber, y las delicias que juntos hemos de disfrutar, son casos tan verdaderos para tu fantasía, que todo lo crees con la mayor certeza; y es preciso confesar que no puede haber credulidad mayor como dar fe a las sombras del sueño. ¡Oh, Nadir, cuán crédulo eres!

—Híala, no negaré que hay algo de verdad en la relación que has hecho; los sueños son el único consuelo de los desgraciados, y ya halaguen sólo los miembros fatigados y lasos, o ya entretengan con sus juegos la sed de una imaginación ardiente, siempre es dulce el disfrutarlos. Pero el desvelo acerca al punto la mano fría de la realidad, y toda ilusión desaparece; así, mis sueños huyen, y con ellos la credulidad mía; si tú me juzgas crédulo, ¡oh, hermosa Híala, cuán crédula eres!

—Mira, Nadir, nos hemos echado en cara como defectos tres cosas, cada una mejor que la otra, y que juntas hacen el encanto de los sentidos y la delicia del espíritu; juntas, digo, forman el verdadero amor, y amor con juventud y belleza es el almíbar de los cielos. La compasión es ternura; ser inadvertidos es ser inocentes y crédulos... ¡Oh, Nadir! La credulidad, y la credulidad más ciega, es el único y cierto distintivo del amor. Si yo a mi amante le dijese (y no lo creyera) que volaba la montaña Kal, y que el mar venía encerrado en la concha de mis zarcillos los separaba al punto de mi mente. Así, Nadir, dejemos ese lenguaje, que, aunque lleno de flores, siempre presta alguna amargura, y dispongamos la evasión tuya y la fuga mía para cumplir tu sueño y completar nuestra dicha.

—Mira, Híala, ya en mí es un deseo, un delirio, un frenesí el más extremado lo que en tu corazón acaso no será sino un antojo pasajero. Pero ¿perderé mis Estados? ¿Dejaré de llevar a cabo mi venganza? Para mí la venganza es la miel de la vida, y el ponerte al lado de este ídolo y sagrario de mi corazón es el mayor encarecimento de la pasión mía. Rompe mis cadenas, dame un hanjar, y toma con mi cariño la última lágrima de mi sangre; pero antes de todo, déjame vengar.

—Mira, tus Estados son grandes, son fértiles, pero el fruto más puro y la flor más linda revelan siempre la fatiga de un esclavo, el sudor de un infeliz. La venganza es manjar muy dulce, y debo saberlo, porque soy mujer; acaso estamos de acuerdo, y sólo nos diferenciamos en el modo; concédeme que nuestra venganza sea menos violenta, y yo daré tal susceptibilidad a nuestro enemigo, que le sea dolorosa en mucho más. El acero casi se embota en la dureza de la mano, y una espina de la rosa hace lastimar y desangrar el corazón. Ya el Sultán se abrasa perdidamente en el fuego mío; cuando al huir nos mire pasar por ante sus ojos y todo su poder no alcance a estorbarlo, su propio cuello se lo morderá de rabia, y para que no calme este leve sinsabor, todas las siestas le recordará su burla y nuestro amor la paloma azul, que vendrá a arrullar sobre su ventana. Por lo demás, puedes poner en el menos valer, en el desprecio, todas las riquezas de tu herencia, y todas las arideces de tus floridos vergeles. Mi dote te hará más rico que todos los monarcas de la Arabia y de la Persia, y sólo consiste en esta llave, este listón y esta mariposa blanca y verde de cachemira. Con la llave abrirás y entrarás y visitarás invisiblemente, desde la cabeza gorda y maciza del visir Barbaruk hasta el último abismo del mar. Con el listón, sacándolo y ensortijándolo donde quieras, aunque sea en los círculos del aire, por un oculto sortilegio que no quiero explicarte, él mismo, y por su propia virtud, traza un oasis encantado, mansión afortunada de todos los gustos y placeres, sin que la saciedad ni el fastidio tengan poder para entrar en el mágico cerco de la isla. Genios aéreos servirán el más leve de nuestros caprichos, sin emplear jamás las groseras manos del hombre (que no puede haber dicha en la pútrida atmósfera del sudor ajeno ni en el trabajo del esclavo). Carros de luz nos columpiarán en el éter; corolas misteriosas de flores peregrinas nos suministrarán, como en cálices de oro, los manjares más deliciosos, las bebidas más delicadas; y esta mariposa, en fin, nos llevará a nuestro antojo, y con la viveza del pensamiento, doquiera que mandemos, dándote a ti asiento en la verde y a mí en la blanca y siniestra ala. Mira, Nadir, cuál despliega el insecto hermoso su plumaje de iris para volar hasta ti, llevándote la llave misteriosa que ha de abrir los siete sellos que cierran las puertas de tu torre. Abre, huye, y escapemos juntos de la vileza y podredumbre del mundo de Arismane, y volvamos a la isla de los encantos; parte, vuela....

—Tiendo, trémulo de placer, la mano, y me encuentro, ¡ira de Dios! ¡cuerpo de Cristo!, me encuentro con la mano gafa de mi criado Bartolo, que me movía y sacudía, cual violenta peripecia de tragedia, para despertame del sueño más delicioso que mortal alguno pudo disfrutar: me asestaba aquel Longinos la larga lista de sus sisas, que como traidora lanza cotidianamente me dilacera el flaco y doliente costado, sacándome el revuelto rosicler de la plata y calderilla. No pudiendo mi imaginación abandonar el hilo de oro de sus ideas, aun todavía yo soñoliento, se me escapaban de mis labios estas palabras, que Bartolo, tomándolas por otras tantas interrogaciones matinales de las que acostumbro hacerle, procuraba satisfacer del mejor modo, entablándose así el siguiente diálogo:

—¡Oh, Ismael!

—Don Rafael entró aquí muy de mañana; dió tres vueltas y cuatro carrerillas; por no despertarle, pintó a Vmd., con la tinta avinagrada del escritorio, tres o cuatro bordados en la cara con mucha sutileza, que todavía los conservará Vmd. con el mayor primor (y era verdad), salvo que se han extendido, ennegreciéndolo de oreja a oreja. Dióme cuatro capirotazos, llamándome bruto y asturiano; se almorzó el chocolate, quebró el vaso, tronchó dos sillas y se despidió, prometiéndome siempre volver después para diablear un poco.

—¡Oh, Híala; oh, hurí mía!...

—Doña María entró también con la doncella de su sobrina; trajo papel del sello pobre para un memorial pedigüeño que debe Vmd. hacerle; dejó nota de la mucha hambre que padece, nombre del marido que pudo tener y murió, y estadística del estado en que puede hallarse la niña; dejaron la ropa blanca; me dió cuatro pellizcos de monja, y volverán para lamentarse, la vieja, del tacaño tiempo, y la sobrina, de la poca fe de los hombres....

—¡Oh, llave misteriosa; oh, paloma azul; oh, mariposa de Cachemira!...

—Señor, no fué Cachemira, fué cachetina, y cachetina endiablada la que se dieron. El uno debía y dijo nones, y el otro quiso su dinero y decía quiero: fuerza era que se sacudiesen.

—¡Calla, maldito, calla!—le dije al fin—. No desplegues tus labios y no me martirices sacándome de los sueños que encantan para conducirme a las realidades que matan. ¡Calla, maldito, calla!

Pero todo fué en vano; el hilo estaba ya roto, y ya me fué imposible remontar mi mente hasta los palacios de Armida, de donde bajé en un salto; y así, el artículo principiado con las mágicas razones de Híala y Nadir, fuerza fué acabarlo con la parla rastrera de mi académico Bartolo.


EL FARIZ[20]
——

Si no existiera la mujer hermosa
fuera un bridón el ídolo del moro.
Mas si los dos al orbe prestan lumbre,
los dos a un tiempo forman un tesoro.

Poesía árabe.

¡Cuán dichoso es el árabe cuando, montado en su corcel, se lanza, desde las rocas en el desierto; cuando los pies de su bridón, sumergiéndose en la arena, levantan el mismo murmullo que el hierro ardiendo mojado en el agua! Vedlo allá cuál nada en el Océano de arena, y cuál hiende las áridas ondas con su pecho del delfín.

Aprisa, aprisa: apenas toca con sus pies la faz de las arenas: aguija, aguija: ya se lanza envuelto en un turbillón de polvo.

Es negro el corcel mío como nube de otoño; blanca estrella como la aurora brilla sobre su frente; da al viento su crin hermosa, como garzotas ondantes, y sus pies cuatralbos vibran centellas de fuego.

Vuela, vuela, bridón mío, el de la estrella blanca; selvas, montañas, abrid paso, dadme lugar.

En vano la verde palma se me brinda con sus dátiles y sombra; yo desprecio su hospedaje.

La palmera avergonzada huye de mí, se oculta en el Oasis, y en el susurro de sus hojas parece que se burla de la temeridad mía.

Sus altas rocas, custodios de la frontera del desierto, vuelven sobre mí su faz negra y torva, repiten la carrera de mi caballo, y parece que me amenazan así.

"El insensato, ¿dónde va? Su cabeza no encontrará ya amparo contra los dardos del sol, ni bajo la verde caballera de la palma, ni bajo el blanco pabellón de la tienda. Allí no hay más que una tienda, la bóveda del cielo. Allí las rocas solas pasan la noche; sólo las estrellas viajan por allí."

Yo corro más y más: vuelvo la cabeza y miro las rocas huir avergonzadas de mí, y que se ocultan y bajan sus crestas las unas tras las otras.

Pero el águila escuchó sus amenazas, y juzga con la loca presunción que me hará su prisionero en el desierto; se lanza por los aires y sigue mis huellas con carnívoro afán, y tres veces cerniéndose en el cénit me rodea la cabeza con una negra corona.

"Yo siento, yo percibo, grita de lo alto, el olor de un cadáver: ¡oh, caballero insensato, oh, desgraciado bridón! ¿El jinete inquiere aquí la senda? ¿El caballo busca aquí la hierba? ¡Insensatos! El viento sólo halla aquí el camino; las sierpes solas encuentran aquí su pasto; los cadáveres solos descansan en el desierto, y los buitres tan sólo viajan por él."

Así gritando roncamente me amenazaba esgrimiendo sus garras. Tres veces se encontraron nuestros ojos, y tres veces nos medimos con gesto amenazador; y de los dos ¿quién se arredró? El águila fué, que huyó aterrada.

Corro más y más, y cuando volví los ojos, el águila estaba lejos, muy lejos, suspendida del aire como una mancha negra, grande como un jilguero, luego como una mariposa, después como el más pequeño insecto, y en fin, se desvaneció entre lo azul de los cielos.

¡Corre, vuela, corcel mío, el de la blanca estrella! ¡Rocas, águilas, hacedme lugar!

Pero una nube oyó las amenazas del ave carnívora, y desplegando en el éter sus cenicientas alas comienza a perseguirme, presumiendo ser en el cielo tan veloz como yo sobre la tierra, se fija sobre mi cabeza y así me amenaza entre los silbos del viento.

"El insensato, ¿dónde va? El calor le fundirá el pecho cual si fuese cera; ningún celaje con su lluvia le templará su cabeza cubierta del polvo más sofocador, ninguna fuente lo llamará con voz sonante y argentina, ni la más leve gota del rocío llegará a él para consolarle, porque apenas cuajada, ya la habrá devorado con su aliento el viento de fuego."

En vano me amenaza. Yo corro más y más, y la nube, vencida del cansancio, comienza a vacilar en los cielos, dobla su altiva cresta y busca apoyo sobre una roca.

Cuando volví la cabeza, un horizonte entero nos separaba; pero sin embargo divisé la nube, y sobre su faz leí lo que pasaba en su corazón. Primero se tiñó en rojo de encendida rabia, luego vistió la amarillez de la envidia, y por último, poniéndose negra como un cadáver, se ocultó detrás de las montañas.

¡Vuela, vuela, bridón mío, el de la blanca estrella! ¡Nubes y aves, hacedme lugar!

En aquel punto, como si fuera el sol, di una mirada en derredor por todo el horizonte y no vi a nadie: yo solo estaba en el desierto.

Aquí la naturaleza aletargada no se despertó nunca por los cuidados del hombre. Aquí los elementos no se mueven en torno de mí, así como los animales de una isla descubierta por la vez primera no se asustan con las miradas del hombre.

Pero, ¡oh Alah! yo no soy aquí el primero ni el solo venido.

Allí en campo cercado de arena miro brillar numerosa comitiva. ¿Serán éstos pacíficos viajeros, o salteadores que acechan los pasos del peregrino? Corro a ellos y no se mueven, les grito y nada me responden.

¡Oh Dios! éstos son cadáveres, es la antigua caravana exhumada por el viento del hondo de las arenas. Sobre los esqueletos del camello cabalgan los huesos de los árabes, por los cóncavos donde en otro tiempo se animaban los ojos, y por las mandíbulas descarnadas se desliza corriendo la arena sutil, y estos murmullos parecen amenazas.

"El insensato, ¿dónde va? Más allá el huracán lo espera, y tendrá nuestra propia suerte."

Yo los desprecio y corro y vuelo más y más: ¡cadáveres y huracanes, hacedme lugar!

Un huracán, el más terrible de los que recorren el Africa, discurría solitario por el Océano del desierto. Me divisa al lejos, se maravilla al verme, detiene el paso, y enroscándose en sí mismo, se dijo:

"¿Quién es aquel viento, el más débil de todos mis hermanos, que con su vuelo lánguido y perezoso se arriesgó a entrar hasta en mis estados hereditarios?"

Encendido en rabia, marcha en contra mía como pirámide ambulante, y reconociéndome por un mortal, furioso y despechado hiere el suelo con su planta, y trastorna la mitad de la Arabia. Me asalta y prende como el sacre a la paloma: con sus alas fulminantes me azota y me maltrata, me abrasa con su aliento de ascua, me lanza en el aire y me rechaza al suelo. Yo me defiendo y combato, y rompo vigorosamente los nudos gigantescos de sus turbillones; lo desgarro y lo muerdo, y tasco entre mis dientes las arenas de sus miembros. El huracán quiere evadirse y deslizarse, en forma de columna, del ahogo de mis brazos; no puede lograrlo, y se estrella y rompe.

Su cabeza se desvaneció en lluvia de polvo, y su enorme cadáver cayó a mis pies como las murallas de un alcázar.

Entonces respiré, levanté los ojos y los fijé fieramente en las estrellas, y todas las estrellas fijaban sobre mí sus ojos de oro, pues en el desierto nadie había sino yo.

¡Oh, cuán dulce es respirar aquí con toda la holgura de su pecho! Yo respiro libre, ancha y desembarazadamente, y todo el aire del Arabistán bastará apenas para el pecho mío. ¡Oh cuán dulce es mirar de aquí con todo el alcance de su vista! Mis ojos se engrandecen, se fortifican y alcanzan más allá de los límites del horizonte. ¡Oh cuán dulce es extender aquí mis brazos franca, poderosamente y en toda su extensión! Me parece que con ellos abrazaría todo el universo, desde el oriente al ocaso. El pensamiento mío se lanza como una flecha, alto, muy alto, más alto todavía, hasta llegar al abismo de los cielos. Y como la abeja envía su vida en el aguijón que dispara, así yo con mi pensamiento elevo a los cielos todo mi espíritu.


Adán Mickiewier se ha dado a conocer ventajosamente en Europa por su Conrado, bosquejo histórico, sacado de los anales de la Lituania, y por sus sonetos de Crimea; pero lo que más le ha recomendado por su originalidad y valentía es el rasgo que hemos dado a conocer, y que, traducido libremente al castellano, ofrecemos al público.

FIN

 

CALPE

COLECCIÓ UNIVERSAL
——


Precio del número, 0,30


La Colección Universal, inaugurada por la editorial CALPE, publicará las mejores producciones literarias del ingenio humano, en todos los órdenes: novela, historia, poesía, ciencia, filosofía, teatro, memorias, viajes, ensayos, etc.

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La Colección Universal será pronto, para los lectores de habla española, un elemento indispensable de educación y cultura. Hará asequibles a todo el mundo los beneficios y los goces del trato espiritual con los más grandes genios de la humanidad.

La Colección Universal publicará las obras en su ABSOLUTA INTEGRIDAD, sin supresiones ni adiciones de ninguna especie.

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La Colección Universal cuidará con extremado celo de que las traducciones sean siempre fidelísimas y correctas; no publicará traducciones anónimas; encargará sus traducciones a reputados escritores.

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La Colección Universal cuenta, para las ediciones de autores españoles, con el consejo y la colaboración de eminentes filólogos.

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La Colección Universal se vende a 0,30 el número. La extensión de un número es, aproximadamente, de 100 páginas. Las obras que tengan mayor extensión irán publicadas en volúmenes de 200, 300, 400 y más páginas, valuándose cada volumen como 2, 3, 4 y más números.

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La Colección Universal, por su extraordinaria baratura, representa un esfuerzo editorial, nunca realizado en España.

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La Colección Universal publicará todos los meses VEINTE números, o sean unas DOS MIL páginas de selecta lectura, repartidas en ocho o diez tomos de presentación elegante y de cómodo uso. Los 240 números anuales de la Colección Universal constituirán una copiosa y elegida biblioteca de unos 100 tomos.

La Colección Universal admite suscripciones por un trimestre, un semestre y un año. Para los suscriptores, el precio del número será de 0,25.

Suscripcióntrimestral...15ptas.
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Compañía Anónima CALPE

Consejo de Ciento, 416 y 418

Apartado: 89 BARCELONA

 

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OBRAS PUBLICADAS

N.º 1-4.—Poema del Cid. Texto y traducción.—La traducción ha sido hecha por Alfonso Reyes, del Centro de Estudios Históricos.

N.º 5-6.—LOPE DE VEGA: Fuente Ovejuna. Comedia.—Edición revisada por Américo Castro.

N.º 7.—M. KANT: La paz perpetua. Ensayo filosófico.—La traducción ha sido hecha por F. Rivera Pastor.

N.º 8-10.—O. GOLDSMITH: El Vicario de Wakefield. Novela.—La traducción ha sido hecha por Felipe Villaverde.

N.º 11-13.—LA ROCHEFOUCAULD: Memorias.—La traducción ha sido hecha por Cipriano Rivas Cherif.

N.º 14-15.—J. ORTEGA MUNILLA, de la Real Academia Española: Relaciones contemporáneas.

N.º 16.—P. MERIMÉE: Doble error. Novela. La traducción ha sido hecha por A. Sánchez Rivero.

N.º 17-20.—STENDHAL: Rojo y Negro. Novela. Tomo I.—La traducción ha sido hecha por Enrique de Mesa.

N.º 21-24.—STENDHAL: Rojo y Negro. Novela. Tomo II.—La traducción ha sido hecha por Enrique de Mesa.

N.º 25-26.—J. W. GOETHE: Las cuitas de Werther. Novela.—La traducción, de D. José Mor de Fuentes, ha sido cuidadosamente revisada y corregida.

N.º 27.—ANTONIO MACHADO: Soledades, galerías y otros poemas.—Segunda edición.

N.º 28-29.—CERVANTES: Novelas ejemplares. Tomo I. «La gitanilla» y «El amante liberal».

N.º 30-33.—L. ANDREIEV: Sachka Yegulev. Novela.—La traducción del ruso ha sido hecha por N. Tasin.

N.º 34-35.—C. CASTELLO-BRANCO: Novelas del Miño.—La traducción del portugués ha sido hecha por P. Blanco Suárez.

N.º 36-37.—CICERON: Cuestiones académicas.—La traducción del latín ha sido hecha por A. Millares.

N.º 38-40.—VILLALON: Viaje de Turquía. Tomo I.—La edición ha sido cuidada por A. Solalinde, del Centro de Estudios Históricos.

Y otras obras de Mme. de Stael, Antón Chejov, Estévanez-Calderón, Trindade Coelho, Moratín, Plutarco, Barbey d'Aurevilly, Tácito, George Eliot, Massimo d'Azeglio, Kant, Leopoldo Alas (Clarín), César, Garcilaso de la Vega, Sterne, Schiller, Jules Sandeau, Montesquieu, A. Kuprin, etcétera.

 

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Precio del número, 0,30 ptas.

ALGUNAS DE LAS OBRAS PUBLICADAS

Novela.

N.º 8, 9 y 10.—O. GOLDSMITH: EL VICARIO DE WAKEFIELD. Novela.—Traducción, por Felipe Villaverde.

N.º 14 y 15.—J. ORTEGA MUNILLA, de la Real Academia Española: RELACIONES CONTEMPORANEAS.

N.º 16.—P. MERIMÉE: DOBLE ERROR. Novela.—Traducción, por A. Sánchez Rivero.

N.º 17, 18, 19 y 20.—STENDHAL: ROJO Y NEGRO. Novela. Tomo I.—Traducción, por Enrique de Mesa.

N.º 21, 22, 23 y 24.—STENDHAL: ROJO Y NEGRO. Novela. Tomo II.—Traducción, por Enrique de Mesa.

N.º 25 y 26.—W. GOETHE: LAS CUITAS DE WERTHER. Novela.—La traducción, de don José Mor de Fuentes, ha sido cuidadosamente revisada y corregida.

N.º 28 y 29.—CERVANTES: NOVELAS EJEMPLARES. Tomo I. "La gitanilla" y "El amante liberal".

N.º 30, 31, 32 y 33,—L. ANDREIEV: SACHKA YEGULEV. Novela.—Traducción del ruso, por N. Tasin.

N.º 34 y 35.—C. CASTELLO-BRANCO: NOVELAS DEL MIÑO.—Traducción del portugués por P. Blanco Suárez.

N.º 44 y 45.—V. KOROLENKO: EL DIA DEL JUICIO. Novelas.—La traducción del ruso ha sido hecha por N. Tasin.

N.º 46 y 47.—S. ESTÉBANEZ CALDERÓN: NOVELAS Y CUENTOS.

N.º 52, 53 y 54.—ABATE PREVOST: MANON LESCAUT. Novela.—Traducción del francés por Enrique de Mena.

Viajes y Memorias.

N.º 11, 12 y 13.—LA ROCHEFOUCAULD: MEMORIAS. Traducción, por Cipriano Rivas Cherif. N.º 38, 39 y 40.—VILLALON: VIAJE DE TURQUIA. Tomo I.—La edición ha sido cuidada por A. Solalinde, del Centro de Estudios Históricos. N.º 41, 42 y 43.—VILLALON: VIAJE DE TURQUIA. Tomo II.—La edición ha sido cuidada por A. Solalinde, del Centro de Estudios Históricos.

NOTAS:

[1] El apellido Venegas es árabe; por consiguiente, debe escribirse Ben-Egas. Los que le llevaban, por ocultar el origen moruno, escribieron Venegas, y algunos después Vanegas.

[2] Algunas personas han sospechado que esta novela era una traducción a secas del francés; para descargo de su conciencia, se les dirá que, entre los manuscritos antiguos de donde se ha copiado, se encontraron varios fragmentos de versos y sentencias árabes y nada más, única circunstancia que puede presentarse contra la originalidad de la novela, pudiendo decirse que sea traducida o imitada de algún libro oriental: dejando este punto para la investigación de los curiosos, lo único que afirmamos es que no es traducción de ningún idioma vulgar. Para inteligencia de algunos pasajes, hemos creído útil añadir notas.

[3] Zahara.—Fortaleza que tenían los moros, fronteriza al adelantamiento de Andalucía.

[4] Zefar.—Es el nombre de la luna que nace en agosto.

[5] Lecrín.—Valle frondoso a tres leguas Poniente de Granada; era muy rico en tiempo de moros; tenía veinte pueblos y lo bañaban seis ríos.

[6] Delhex.—Nombre de la luna que nace en mayo.

[7] Jorail o Holais.—Es lo mismo que Sierra Nevada, y la misma a quien los antiguos llamaron Oróspeda.

[8] Gumín.—Luna que nace en noviembre.

[9] Alijares.—Huerta de hermosa recreación, que los reyes de la Alhambra tenían a la espalda del monte del Sol, que llaman hoy de Santa Elena: aun todavía se ven sus ruinas. Este palacio, dice un historiador antiguo, estaba cercado de grandes estanques, fuentes y verjeles; las labores de sus techos eran iguales a las que se ven todavía en la Torre de Comares o Comaresch. De esta mansión es de quien canta el romance morisco:

................................
................................
Los otros los alijares
labrados a maravilla.
El moro que los labraba,
cien doblas ganaba al día;
el día que no labraba
otras tantas se perdía.

El P. Echevarría, que tachó primeramente de exagerada esta suma, en un libro que publicó después, dijo haber visto las cuentas y sumas de la obra en los papeles de una familia descendiente del arquitecto morisco, y dió por exacto al romance.—Nadie saldrá fiador de lo fiado ni del fiante.

[10] Generalif.—Huerto y palacio a un tiro de ballesta a Levante de la Alhambra; quiere decir jardín de las Zambras o del festejador.

[11] Belet y Hacen.—Son las dos crestas más elevadas de Sierra Nevada, que conservan todavía su nombre arábigo con muy corta corrupción: en la geografía de Antillón y en el viaje Bowles se encuentran noticias interesantes sobre estos picos.

[12] Alef.—Letra del alfabeto árabe, que equivale a nuestra A.

[13] Yemen.—Los Abencerrajes descendían de un príncipe de aquella región de la Arabia.

[14] Betmendí.—Palabra persa, y usada por los árabes en sus cuentos y poesías, y quiere decir la fortuna, la ventura.

[15] Son capítulos o párrafos.

[16] Es el Código civil.

[17] Este Lokman no puede confundirse con el que tanta fama ganó en Oriente con sus apólogos o fábulas.

[18] Híala es lo mismo que gacela.

[19] Ventana, mirador.

[20] Fariz es un título de honor, que entre los árabes vale tanto como caballero. Los arabistas pretenden que de fariz viene en castellano la palabra alférez.