CIPIÓN.--Y con esto pongamos fin a esta plática; que la luz que entra por estos resquicios muestra que es muy entrado el día, y esta noche que viene, si no nos ha dejado este grande beneficio de la habla, será la mía, para contarte mi vida.
BERGANZA.--Sea ansí, y mira que acudas a este mismo puesto.
EL RETABLO DE LAS MARAVILLAS
(Salen CHANFALLA y la CHERINOS.)
CHANFALLA.--No se te pasen de la memoria, Chirinos, mis advertimientos, principalmente los que te he dado para este nuevo embuste.
CHIRINOS.--Chanfalla ilustre, lo que en mí fuere, tenlo como de molde; que tanta memoria tengo como entendimiento, a quien se junta una voluntad de acertar a satisfacerte que excede a las demás potencias.
CHANFALLA.--Chirinos, poco a poco estamos ya en el pueblo, y estos que aquí vienen deben de ser, como lo son sin duda, el Gobernador y los Alcaldes. Salgámosles al encuentro, y date un filo a la lengua en la piedra de la adulación; pero no despuntes de aguda.
(Salen el GOBERNADOR y BENITO REPOLLO, alcalde;JUAN Tostado, regidor, y PEDRO CAPACHO, escribano.)
Beso a vuesas mercedes las manos. ¿Quién de vuesas mercedes es el Gobernador de este pueblo?
GOBERNADOR.--Yo soy el Gobernador; ¿qué es lo que queréis, buen hombre?
CHANFALLA.--A tener yo dos onzas de entendimiento, hubiera echado de ver que esa peripatética y anchurosa presencia no podía ser de otro que del dignísimo Gobernador de este honrado pueblo.
GOBERNADOR.--Y bien, ¿qué es lo que queréis, hombre honrado?
CHIRINOS.--Honrados días viva vuesa merced que así nos honra; en fin, la encina da bellotas, el pero, peras; la parra, uvas, y el honrado, honra, sin poder hacer otra cosa.
BENITO.--Sentencia ciceronianca, sin quitar ni poner un punto.
CAPACHO.--Ciceroniana quiso decir el señor alcalde Benito Repollo.
BENITO.--Siempre quiero decir lo que es mejor, sino que las más veces no acierto; en fin, buen hombre, ¿qué queréis?
CHANFALLA.--Yo, señores míos, soy Montiel, el que trae el Retablo de las Maravillas; hanme enviado a llamar de la corte los señores cofrades de los hospitales, porque no hay autor de comedias en ella, y perecen los hospitales; y con mi ida se remediará todo.
GOBERNADOR.--Y ¿qué quiere decir Retablo de las Maravillas?
CHANFALLA.--Por las maravillosas cosas que en él se enseñan y muestran, viene a ser llamado Retablo de las Maravillas; el cual fabricó y compuso el sabio Tontonelo debajo de tales paralelos, rumbos, astros y estrellas; con tales puntos, caracteres y observaciones, que ninguno puede ver las cosas que en él se muestran, que tenga alguna raza de confeso, o sea hijo de padres ladrones; y el que fuere contagiado destas dos tan usadas enfermedades, despídase de ver las cosas jamás vistas ni oídas de mi Retablo.
BENITO.--Ahora echo de ver que cada día se ven en el mundo cosas nuevas. Y ¡qué! ¿se llamaba Tontonelo el sabio que el Retablo compuso?
CHERINOS.--Tontonelo se llamaba, nacido en la ciudad de Tontonela; hombre de quien hay fama que le llegaba la barba a la cintura.
BENITO.--Por la mayor parte, los hombres de grandes barbas son sabihondos.
GOBERNADOR.--Señor regidor Juan Tostado, yo determino, debajo de su buen parecer, que esta noche se despose la señora Teresa Tostada, su hija, de quien yo soy padrino, y en regocijo de la fiesta, quiero que el señor Montiel muestre en vuestra casa su Retablo.
JUAN.--Eso tengo yo por servir al señor Gobernador, con cuyo parecer me convengo, entablo y arrimo, aunque haya otra cosa en contrario.
CHIRINOS.--La cosa que hay en contrario es, que si no se nos paga primero nuestro trabajo, así verán las figuras como por el cerro de Ubeda. ¿Y vuesas mercedes, señores Justicias, tienen conciencia y alma en esos cuerpos? Bueno sería que entrase esta noche todo el pueblo en casa del señor Juan Tostado, o como es su gracia, y viese lo contenido en el tal retablo, y mañana, cuando quisiésemos mostralle al pueblo, no hubiese ánima que le viese: no, señores, no, señores; ante omnia nos han de pagar lo que fuere justo.
BENITO.--Señora autora, aquí no os ha de pagar ninguna Antona, ni ningún Antoño; el señor regidor Juan Tostado os pagará más que honradamente, y si no el Concejo. ¡Bien conocéis el lugar por cierto! Aquí, hermana, no aguardamos a que ninguna Antona pague por nosotros.
CAPACHO.--¡Pecador de mí, señor Benito Repollo, y qué lejos da del blanco! No dice la señora autora que pague ninguna Antona, sino que le paguen adelantado, y ante todas cosas, que eso quiere decir ante omnia.
BENITO.--Mirad, escribano Pedro Capacho; haced vos que me hablen a derechas, que yo entenderé a pie llano; vos, que sois leído y escribido, podéis entender esas algarabías de allende, que yo, no.
JUAN.--Ahora bien, ¿contentarse ha el señor autor con que yo le dé adelantados media docena de ducados? Y más, que se tendrá cuidado que no entre gente del pueblo esta noche en mi casa.
CHANFALLA.--Soy contento; porque yo me fío de la diligencia de vuesa merced y de su buen término.
JUAN.--Pues véngase conmigo, recibirá el dinero y verá mi casa y la comodidad que hay en ella para mostrar ese Retablo.
CHANFALLA.--Vamos, y no se les pase de las mientes las calidades que han de tener los que se atrevieren a mirar el maravilloso Retablo.
BENITO.--A mi cargo queda eso, y séle decir que por mi parte puedo ir seguro a juicio, pues tengo el padre alcalde; cuatro dedos de enjundia de cristiano viejo rancioso tengo sobre los cuatro costados de mi linaje: miren si veré el tal Retablo.
CAPACHO.--Todos le pensarnos ver, señor Benito Repollo.
JUAN.--No nacimos acá en las malvas, señor Pedro Capacho.
GOBERNADOR.--Todo será menester, según voy viendo, señores Alcalde, Regidor y Escribano.
JUAN.--Vamos, autor, y manos a la obra; que Juan Tostado me llamo, hijo de Antón Tostado y de Juana Macha; y no digo más en abono, y seguro que podré ponerme cara a cara y a pie quedo delante del referido Retablo.
CHERINOS.--Dios lo haga.
(Entranse JUAN Tostado y CHANFALLA.)
GOBERNADOR.--Señora autora, ¿qué poetas se usan ahora en la Corte, de fama y rumbo, especialmente de los llamados cómicos?; porque yo tengo mis puntas y collar de poeta, y pícome de la farándula y carátula. Veinte y dos comedias tengo, todas nuevas, que se ven las unas a las otras; y estoy aguardando coyuntura para ir a la Corte y enriquecer con ellas media docena de autores.
CHERINOS.--A lo que vuesa merced, señor Gobernador, me pregunta de los poetas, no le sabré responder; porque hay tantos, que quitan el sol; y todos piensan que son famosos. Los poetas cómicos son los ordinarios y que siempre se usan, y así no hay para qué nombrallos. Pero dígame vuesa merced, por su vida: ¿cómo es su buena gracia? ¿Cómo se llama?
GOBERNADOR.--A mí, señora autora, me llaman el Licenciado Gomecillos.
CHERINOS.-->¡Válame Dios! ¿Y que vuesa merced es el señor Licenciado Gomecillos, el que compuso aquellas coplas tan famosas de Lucifer estaba malo, y tómale mal de fuera?
GOBERNADOR.--Malas lenguas hubo que me quisieron ahijar esas coplas, y así fueron mías como del Gran Turco. Las que yo compuse, y no lo quiero negar, fueron aquellas que trataron del diluvio de Sevilla; que puesto que los poetas son ladrones unos de otros, nunca me precié de hurtar nada a nadie: con mis versos me ayude Dios, y hurte el que quisiere.
(Vuelve CHANFALLA.)
CHANFALLA.--Señores, vuesas mercedes vengan, que todo está a punto, y no falta más que comenzar.
CHIRINOS.--¿Está ya el dinero in Corbona?
CHANFALLA.--Y aun entre las telas del corazón.
CHIRINOS.--Pues doyte por aviso, Chanfalla, que el Gobernador es poeta.
CHANFALLA.--¿Poeta? ¡Cuerpo del mundo! Pues dale por engañado, porque todos los de humor semejante son hechos a la macacona, gente descuidada, crédula y no nada maliciosa.
BENITO.--Vamos, autor, que me saltan los pies por ver esas maravillas.
(Entranse todos.)
(Salen JUANA Tostada y TERESA REPOLLA, labradoras; la una como desposada, que es la Tostada.)
TOSTADA.--Aquí te puedes sentar, Teresa Repolla amiga, que tendremos el Retablo enfrente; y pues sabes las condiciones que han de tener los miradores del Retablo, no te descuides, que sería una gran desgracia.
TERESA.--Ya sabes, Juana Tostada, que soy tu prima, y no digo más. Tan cierto tuviera yo el cielo como tengo cierto ver todo aquello que el Retablo mostrare. Por el siglo de mi madre, que me sacase los mismos ojos de mi cara, si alguna desgracia me aconteciese bonita soy yo para eso.
JUANA Tostada.--Sosiégate, prima, que toda la gente viene.
(Entran el GOBERNADOR, BENITO REPOLLO, JUAN Tostado, PEDRO CAPACHO, el autor y la autora y otra gente del pueblo, y un sobrino de Benito que ha de ser aquel gentilhombre que baila.)
CHANFALLA.--Siéntense todos; el Retablo ha de estar detrás de este repostero, y la autora también.
GOBERNADOR.--El señor Montiel comience su obra.
BENITO.--Poca balumba trae este autor para tan gran Retablo.
JUAN.--Todo debe de ser de maravillas.
CHANFALLA.--Atención, señores, que comienzo:--¡Oh tú, quienquiera que fuiste, que fabricaste este Retablo con tan maravilloso artificio, que alcanzó renombre de las Maravillas! Por la virtud que en él se encierra, te conjuro, apremio y mando que luego incontinente muestres a estos señores algunas de las tus maravillosas maravillas, para que se regocijen y tomen placer, sin escándalo alguno. Ea, que ya veo que has otorgado mi petición, pues por aquella parte asoma la figura del valentísimo Sansón, abrazado con las colunas del templo, para derriballe por el suelo y tomar venganza de sus enemigos. ¡Tente, valeroso caballero, tente, por la gracia de Dios Padre; no hagas tal desaguisado, porque no cojas debajo y hagas tortilla tanto y tan noble gente como aquí se ha juntado!
BENITO.--¡Véngase, cuerpo de tal, conmigo! Bueno sería que, en lugar de habernos venido a holgar, quedásemos aquí hechos plasta. ¡Téngase, señor Sancho, pesia a mis males, que se lo ruegan buenos!
CAPACHO.--¿Veisle vos, Tostado?
JUAN.--Pues ¿no le había de ver? ¿Tengo yo los ojos en el colodrillo?
CAPACHO [aparte].--Milagroso caso es éste: así veo yo a Sansón ahora como el Gran Turco. Pues en verdad que me tengo por legítimo y cristiano viejo.
CHIRINOS.--¡Guárdate, hombre, que sale el mesmo toro que mató al ganapán en Salamanca! ¡Échate, hombre; échate, hombre; ¡Dios te libre! ¡Dios te libre!
CHANFALLA.--¡Échense todos, échense todos! ¡Húchoho! ¡húchoho! ¡húchoho!
(Echanse todos y alborótanse.)
BENITO.--El diablo lleva en el cuerpo el torillo; sus partes tiene de hosco y de bragado; si no me tiendo, me lleva de vuelo.
JUAN.--Señor autor, haga, si puede, que no salgan figuras que nos alboroten, y no lo digo por mí, sino por estas mochachas que no les ha quedado gota de sangre en el cuerpo de la ferocidad del toro.
Tostada.--Y ¡cómo, padre! No pienso volver en mí en tres días; ya me vi en sus cuernos, que los tiene agudos como una lesna.
JUAN.--No fueras tú mi hija y no lo vieras.
GOBERNADOR [aparte].--Basta que todos ven lo que yo no veo; pero al fin habré de decir que lo veo, por la negra honrilla.
CHIRINOS.--Esa manada de ratones que allá va, deciende por línea recta de aquellos que se criaron en el arca de Noé; dellos son blancos, dellos albarazados, dellos jaspeados, y dellos azules, y finalmente, todos son ratones.
Tostada.--¡Jesús! ¡Ay de mí! ¡Ténganme que me arrojaré por aquella ventana! ¿Ratones? ¡Desdichada! Amiga, apriétate las faldas y mira no te muerdan; y ¡monta que son pocos! Por el siglo de mi abuela, que pasan de milenta.
REPOLLA.--Yo sí soy la desdichada, porque se me entran sin reparo ninguno; un ratón morenico me tiene asida de una rodilla. ¡Socorro venga del cielo, pues en la tierra me falta!
CHANFALLA.---Esta agua, que con tanta priesa se deja descolgar de las nubes, es de la fuente que da origen y principio al río Jordán; toda mujer a quien tocare en d rostro se le volverá como de plata bruñida, y a los hombres se les volverán las barbas como de oro.
Tostada.--¿Oyes, amiga? Descubre el rostro, pues ves lo que te importa. ¡Oh, qué licor tan sabroso! Cúbrase, padre, no se moje.
JUAN.--Todos nos cubrimos, hija.
BENITO.--Por las espaldas me ha calado el agua hasta la canal maestra.
CAPACHO [aparte].--Yo estoy más seco que un esparto.
GOBERNADOR [aparte].--¿Qué diablos puede ser esto, que aún no me ha tocado una gota, donde todos se ahogan? C|empiezo a pensar mal de la honradez de mis padres.
CAPACHO.--Fresca es el agua del santo río Jordán; y aunque me cubrí lo que pude todavía me alcanzó un poco en los bigotes, y apostaré que los tengo rubios como un oro.
BENITO.--Y aun peor cincuenta veces.
CHERINOS.--Allá van hasta dos docenas de leones rampantes y de osos colmeneros; todo viviente se guarde; que, aunque fantásticos, no dejarán de dar alguna pesadumbre, y aun de hacer las fuerzas de Hércules, con espadas desenvainadas.
JUAN.--Ea, señor autor, ¡cuerpo de nos! ¿Y agora nos quiere llenar la casa de osos y de leones?
BENITO.--¡Mirad qué ruiseñores y calandrias nos envía Tontonelo, sino leones y dragones! Señor autor, y salgan figuras más apacibles, o aquí nos contentamos con las vistas, y Dios le guíe, y no pare más en el pueblo un momento.
Tostada.--Señor Benito Repollo, deje salir ese oso y leones, siquiera por nosotras, y recebiremos mucho contento.
JUAN.--Pues, hija, de antes te espantabas de los ratones, ¿y agora pides osos y leones?
Tostada.--Todo lo nuevo aplace, señor padre.
CHIRINOS.--Esa doncella que agora se muestra tan galana y tan compuesta, es la llamada Herodías, cuyo baile alcanzó en premio la cabeza del Precursor de la vida; si hay quien la ayude a bailar verán maravillas.
BENITO.--Esta sí ¡cuerpo del mundo! que es figura hermosa, apacible y reluciente. Sobrino Repollo, tú que sabes de achaque de castañetas, ayúdala y será la fiesta de cuatro capas.
SOBRINO.--Que me place, tío Benito Repollo.
(Tocan la Zarabanda.)
CAPACHO.--¡Toma mi abuelo, si es antiguo el baile de la Zarabanda y de la Chacona!
BENITO.--¡Ea, sobrino! ... Pero diga, señor autor, si esa Herodías es judía, ¿cómo vee estas maravillas?
CHANFALLA.--Todas las reglas tienen excepción, señor Alcalde.
(Suena una trompeta o corneta dentro del teatro, y entra un furrier de compañías.)
FURRIER.--¿Quién es aquí el señor Gobernador?
GOBERNADOR.--Yo soy: ¿qué manda vuesa merced?
FURRIER.--Que luego, al punto, mande hacer alojamiento para treinta hombres de armas, que llegarán aquí dentro de media hora, y aun antes, que ya suena la trompeta. Y adiós.
(Vase.)
BENITO.--Yo apostaré que los envía el sabio Tontonelo.
CHANFALLA.--No hay tal; que esta es una compañía de caballos, que estaba alojada dos leguas de aquí.
BENITO.--Ahora yo conozco bien a Tontonelo, y sé que vos y él sois unos grandísimos bellacos; y mirá que os mando que mandéis a Tontonelo no tenga atrevimiento de enviar estos hombres de armas, que le haré dar docientos azotes en las espaldas, que se vean unos a otros.
CHANFALLA.--Digo, señor alcalde, que no los envía Tontonelo.
BENITO.--Digo que los envía Tontonelo, como ha enviado las otras sabandijas que yo he visto.
CAPACHO.--Todos las habernos visto, señor Benito Repollo.
BENITO.--No digo yo que no, señor Pedro Capacho.
(Vuelve el furrier.)
FURRIER.--Ea, ¿está ya hecho el alojamiento?, que ya están los caballos en el pueblo.
BENITO.--¿Qué, todavía ha salido con la suya Tontonelo? Pues yo os voto a tal, autor de humos y de embelecos, que me lo habéis de pagar.
CHANFALLA.--Séanme testigos que me amenaza el alcalde.
CHIRINOS.--Séanme testigos que dice el Alcalde que lo que manda S.M. lo manda el sabio Tontonelo.
BENITO.--Atontoneleada te vean mis ojos, plega a Dios todopoderoso.
GOBERNADOR.--Yo para mí tengo que verdaderamente estos hombres de armas no deben de ser de burlas.
FURRIER.--¿De burlas habían de ser, señor Gobernador? ¿Está en su seso?
JUAN.--Bien pudieran ser atontonelados; como esas cosas habemos visto aquí. Por vida del autor, que haga salir otra vez a la doncella Herodías, por que vea este señor lo que nunca ha visto; quizá con esto le cohecharemos para que se vaya presto del lugar.
CHANFALLA.--Eso en buen hora, y veisla aquí a de vuelve, y hace de señas a su bailador a que de nuevo la ayude.
SOBRINO.--Por mí no quedará, por cierto.
BENITO.--Eso sí, sobrino, cánsala, cánsala; vueltas y más vueltas; ¡vive Dios, que es un azogue la muchacha! ¡Al hoyo, al hoyo! ¡A ello, a ello!
FURRIER.--¿Está loca esta gente? ¿Qué diablos de doncella es ésta y qué baile y qué Tontonelo?
CAPACHO.--¿Luego no vee la doncella herodiana el señor furrier?
FURRIER.--¿Qué diablos de doncella tengo de ver?
CAPACHO.--Basta: de ex illis es.
GOBERNADOR.--De ex illis es, de ex illis es.
JUAN.--De ellos es, de ellos, el señor furrier; de ellos es.
FURRIER.--Por Dios vivo, que si echo mano a la espada, que los haga salir por las ventanas, que no por la puerta.
CAPACHO.--Basta, de ex illis es.
BENITO.--Basta; de ellos es, pues no vee nada.
FURRIER.--¡Canalla! Si otra vez me dicen que soy de ellos no les dejaré hueso sano.
BENITO.--Nunca los confesos ni ladrones fueron valientes; y por eso no podemos dejar de decir: de ellos es, de ellos es.
FURRIER.--¡Cuerpo de Dios con los villanos! Esperad.
(Mete mano a la espada y acuchíllase con todos, y la Cherinos descuelga la manta y dice:)
El diablo ha sido la trompeta y la venida de los hombres de armas; más parece que los llamaron con campanilla.
CHANFALLA.--El suceso ha sido extraordinario; la virtud del Retablo se queda en su punto, y mañana lo podemos mostrar al pueblo; y nosotros mismos podemos cantar el triunfo de esta batalla diciendo: ¡Vivan Chirinos y Chanfalla!
EL CERCO DE NUMANCIA
FIGURAS SIGUIENTES:
CIPIÓN, romano.
IUGURTA, romano.
Gayo MARIO, romano.
QUINTO FABIO, romano.
CUATRO SOLDADOS ROMANOS.
DOS NUMANTINOS, EMBAJADORES.
TEÓGENES, numantino.
CARAVINO, numantino.
CUATRO GOBERNADORES NUMANTINOS.
MARANDRO, numantino.
DOS SACERDOTES NUMANTINOS.
UN HOMBRE NUMANTINO.
Un Demonio.
CUATRO MUJERES DE NUMANCIA.
LIRA, doncella.
DOS CIUDADANOS NUMANTINOS.
UNA MUJER DE NUMANCIA.
UN HIJO SUYO.
Otro hijo de aquélla.
UNA MUJER DE NUMANCIA.
UN SOLDADO NUMANTINO.
GUERRA.
ENFERMEDAD.
HAMBRE.
VARIATO, muchacho, que es el
que se arroja de la torre.
UN NUMANTINO.
ERMILIO, soldado romano.
JORNADA PRIMERA
Entra CIPIÓN, y IUGURTA y MARIO y un alarde de soldados armados a lo antiguo, sin arcabuces, y CIPIÓN se sube sobre una peña que estará allí, y dice:
CIP. En el fiero ademán, en los
lozanos
Marciales aderezos y
vistosos,
Bien os conozco, amigos, por
romanos:
Romanos, digo, fuertes y
animosos;
Mas en las blancas y delicadas manos,
Y en las teces de rostros tan
lustrosos,
Allá en Bretaña
parecéis criados,
Y de padres flamencos
engendrados.
El general
discuido vuestro, amigos,
El no mirar por lo que tanto
os toca,
Levanta los caídos
enemigos,
Que vuestro esfuerzo y
opinión apoca.
Desta ciudad los muros son
testigos,
Que aun hoy está cual
bien fundada roca,
De vuestras perezosas fuerzas
vanas,
Que sólo el nombre
tienen de romanas.
¿Paréceos, hijos, que es gentil hazaña
Que tiemble del romano nombre
el mundo,
Y que vosotros solos en
España
Le aniquiléis y
echéis en el profundo?
¿Qué flojedad es
ésta tan extraña?
¿Qué flojedad?
Si yo mal no me fundo,
Es flojedad nacida de
pereza,
Enemiga mortal de
fortaleza.
¿Pensáis que sólo atierra la
muralla
El almete y la acerada
punta,
Y que sólo atropella la
batalla
La multitud de gentes y armas
junta?
Si esfuerzo de cordura no
señala
Que todo lo previene y lo
barrunta,
Poco aprovechan muchos
escuadrones,
Y menos infinitas
municiones.
Si a militar
concierto se reduce
Cualque pequeño ejército que sea,
Veréis que como sol
claro reluce,
Y alcanza las victorias que
desea;
Pero si a flojedad él
se conduce,
Aunque abreviado el mundo en
él se vea,
En un momento quedará
deshecho
Por más reglada mano y
fuerte pecho.
Avergonzaos,
varones esforzados,
Porque, a nuestro pesar, con
arrogancia,
Tan pocos españoles, y
encerrados,
Defiendan este nido de
Numancia.
Deciséis años
son, y más, pasados,
Que mantienen la guerra y la
ganancia
De haber vencido con feroces
manos
Millares de millares de
romanos.
No me huela el
soldado otros olores
Que el olor de la pez y de
resina,
Ni por golosidad de los
sabores
Traiga siempre aparato de
cocina:
Que el que usa en la guerra
estos primores,
Muy mal podrá sufrir la
cota fina;
No quiero otro primor ni otra
fragancia,
En tanto que español
viva en Numancia.
En blandas camas,
entre juego y vino,
Hállase mal el
trabajoso Marte;
Otro aparejo busca, otro
camino;
Otros brazos levantan su
estandarte;
Cada cual se fabrica su
destino;
No tiene allí fortuna
alguna parte;
La pereza fortuna baja cría;
La diligencia, imperio y
monarquía.
Estoy con todo
esto tan seguro
De que al fin
mostraréis que sois romanos,
Que tengo en nada el defendido
muro
Destos rebeldes
bárbaros hispanos,
Y así, os prometo por
mi diestra y juro
Que, si igualáis al
ánimo las manos,
Que las mías se
alarguen en pagaros,
Y mi lengua también en
alabaros.
Míranse los soldados unos a otros, y hacen señas a uno dellos, que se llama GAYO MARIO, que responda por todos, y dice:
GAYO. Si con atentos ojos has mirado,
Inclito general, en los
semblantes
Que a tus breves razones han
mostrado
Los que tienes agora
circunstantes,
Cuál habrás
visto sin color, turbado,
Y cuál con ella,
indicios bien bastantes
De que el temor y la
vergüenza a una
Nos aflige, molesta e
importuna:
Vergüenza, de
mirar ser reducidos
A término tan bajo por
su culpa,
Que viendo ser por ti
reprehendidos,
No saben a esa falta hacer
disculpa;
Temor, de tantos yerros
cometidos;
Y la torpe pereza que los
culpa
Los tiene de tal modo, que se
holgaran
Antes morir que en esto se
hallaran.
Pero el lugar y
tiempo que los queda
Para mostrar alguna
recompensa,
Es causa que con menos fuerza
puedan
Fatigarte el rigor de tal
ofensa.
De hoy más, con presta
voluntad y leda,
El más mínimo
déstos cuida y piensa
De ofrecer sin revés a
tu servicio
La hacienda, vida, honra en
sacrificio.
Admite, pues, de
sus intentos sanos
Al justo ofrecimiento,
señor mío,
Y considera al fin que son
romanos,
En quien nunca faltó
del todo brío.
Vosotros levantad las diestras
manos,
En señal que
aprobáis el voto mío.
S.1.° Todo lo que habéis dicho
confirmamos.
S.2.° Y lo juramos todos.
TODOS.
Sí juramos.
CIP. Pues, arrimado a tal ofrecimiento,
Crece ya desde hoy mi
confianza,
Creciendo en vuestros pechos
ardimiento,
Y del viejo vivir nuestra
mudanza.
Vuestras promesas no se lleve
el viento;
Hacerlas verdaderas con la
lanza;
Que las mías
saldrán tan verdaderas,
Cuanto fuere el valor de
vuestras veras.
S.1.° Dos numantinos con seguro vienen
A darte, Cipión, una
embajada.
CIP. ¿Por qué no llegan ya? ¿En
qué se detienen?
SOL. Esperan que licencia les sea dada.
CIP. Si son embajadores,
ya la tienen.
SOL. Embajadores son.
CIP.
Daldes entrada.
Entran dos numantinos, embajadores.
N.1.° Si nos das, gran señor,
grata licencia,
Decirte he la embajada que
traemos;
Do estamos, o
ante sola tu presencia,
Todo a lo que venimos te
diremos.
CIP. Decid; que adonde quiera doy audiencia.
N.1.° Pues con ese seguro que tenemos,
De tu real grandeza
concedido,
Daré principio a lo que
soy venido.
Numancia, de quien
yo soy ciudadano,
Inclito general, a ti me
envía,
Como al más fuerte
capitán romano
Que ha cubierto la noche y
visto el día,
A pedirte, señor, la
amiga mano,
En señal de que cesa la
porfía
Tan trabada y cruel de tantos
años,
Que ha causado sus propios y
tus daños.
Dice que nunca de
la ley y fueros
Del Senado romano se
apartara,
Si el insufrible mando
y desafueros
De un cónsul y otro no
le fatigara.
Ellos con duros estatutos
fieros,
Y con su extraña
condición avara,
Pusieron tan gran yugo a
nuestros cuellos,
Que forzados salimos del y
dellos,
Y, en todo el
largo tiempo que ha durado
Entrambas partes la contienda, es cierto
Que ningún general
hemos hallado
Con quien poder tratar
algún concierto.
Empero agora, que ha querido
el hado
Reducir nuestra nave a tan
buen puerto,
Las velas de la gavia
recogemos,
Y a cualquiera partido nos
ponemos.
No imagines que
temor nos lleva
A pedirte las paces con
instancia,
Pues la larga experiencia ha
dado prueba
Del poder valeroso de
Numancia.
Tu virtud y valor es quien nos
ceba,
Y nos declara, que será
ganancia
Mayor que cuantas desear
podemos
Si por señor y amigo te
tenemos.
A esto ha sido la
venida nuestra.
Respóndenos,
señor, lo que te place.
CIP. ¡Tarde de arrepentidos dais la muestra!
Poco vuestra amistad me
satisface.
De nuevo ejercitad la fuerte
diestra,
Que quiero ver lo que la
mía hace;
Quizá que ha puesto en
ella la ventura
La gloria nuestra y vuestra
sepoltura.
A
desvergüenza de tan largos años,
Es poca recompensa pedir
paces.
Seguid la guerra y renovad los
daños.
Salgan de nuevo las valientes
haces.
N.1.° La falsa confianza mil engaños
Consigo trae; advierte lo que
haces,
Señor, que esa arrogancia que nos muestras,
Remunera el valor en nuestras
diestras;
Y pues niegas la
paz que con buen celo
Te ha sido por nosotros
demandada,
De hoy más la causa
nuestra con el cielo
Quedará por mejor
calificada,
Y antes que pises de Numancia
el suelo,
Probarás dó se
extiende la indignada
Fuerza de aquel que,
siéndote enemigo,
Quiere ser tu vasallo y fiel
amigo.
CIP. ¿Tenéis más que
decir?
N.
No: mas tenemos
Que hacer, pues tú,
señor, ansí lo quieres,
Sin querer la amistad que te
ofrecemos,
Correspondiendo mal de ser
quien eres.
Pero entonces verás lo
que podremos
Cuando nos muestres tú
lo que pudieres;
Que es una cosa razonar de
paces,
Y otra romper por las armadas
haces.
CIP. Verdad decís; y ansí,
para mostraros
Si sé tratar en paz y
hablar en guerra,
No os quiero por amigos
aceptaros,
Ni lo seré jamás
de vuestra tierra.
Y con esto podéis luego
tornaros.
N. ¿Que en esto tu querer,
señor, se encierra?
CIP. Ya te he dicho que sí.
N.2.° Pues,
¡sus!, al hecho;
Que guerra ama el numantino
pecho.
JORNADA SEGUNDA
Salen TEÓGENES y CARAVINO, con otros tres numantinos, gobernadores de Numancia, y siéntanse.
TEÓG. Paréceme, varones
esforzados,
Que en nuestros
daños con rigor influyen
Los tristes signos y
contrarios hados,
Pues nuestra fuerza humana
desminuyen.
Tiénennos los romanos
encerrados,
Y con cobardes manos nos
destruyen.
Ni con matar muriendo no hay
vengarnos,
Ni podemos sin alas
escaparnos.
Mirá si
imagináis algún remedio
Para salir de tanta
desventura,
Porque este largo y trabajoso
asedio
Sólo promete presta
sepoltura.
El ancho foso nos estorba el
medio
De probar con las armas la
ventura,
Aunque a veces valientes,
fuertes brazos,
Rompen mil
contrapuestos embarazos.
CAR. ¡A Júpiter pluguiera
soberano
Que nuestra juventud sola se
viera
Con todo el cruel
ejército romano
Adonde el brazo rodear
pudiera,
Que allí al valor de la
española mano
La misma muerte poco estorbo
hiciera
Para dejar de abrir franco
camino
A la salud del pueblo
numantino!
Mas pues en tales
términos nos vemos,
Que estamos como damas
encerrados,
Hagamos todo cuanto hacer
podemos
Para mostrar los ánimos
osados:
A nuestros enemigos
convidemos
A singular batalla; que,
cansados
Deste cerco tan largo, ser
podría
Quisiesen acabarle por tal
vía.
Y cuando este
remedio no suceda
A la justa medida del
deseo,
Otro camino de intentar nos
queda,
Aunque más trabajoso a
lo que creo:
Este foso y muralla que nos
veda
El paso al enemigo que
allí veo,
En un tropel de noche le
rompamos,
Y por ayuda a los amigos
vamos.
N.1.° O sea por el foso, o por la
muerte,
De abrir tenemos paso a
nuestra vida;
Que es dolor insufrible el de
la muerte,
Si llega cuando más
vive la vida.
Remedio a las miserias es la
muerte,
Si se acrecientan ellas con la
vida,
Y suele tanto más ser
excelente
Cuando se muere más
honradamente.
N.2.° Esta insufrible hambre
macilenta,
Que tanto nos persigue y nos
rodea,
Hace que en vuestro parecer
consienta,
Puesto que temerario y duro
sea;
Muriendo, excusaremos tanta
afrenta;
Y quien morir de hambre no desea,
Arrójese conmigo al
foso, y haga
Camino su remedio con la
daga.
N.3.° Primero que vengáis al
trance duro
Desta resolución que
habéis tomado,
Paréceme ser bien que
desde el muro
Nuestro fiero enemigo sea
avisado,
Diciéndole que
dé campo seguro
A un numantino y a otro su
soldado,
Y que la muerte de uno sea
sentencia
Que acabe nuestra antigua
diferencia.
Son los romanos
tan soberbia gente,
Que luego aceptarán
este partido;
Y si lo aceptan, creo
firmemente
Que nuestro amargo
daño ha fenecido,
Pues está un
numantino aquí presente,
Cuyo valor me tiene
persuadido
Que él solo contra tres
de los romanos
Quitará la victoria de
las manos.
Para morir,
jamás le falta tiempo
Al que quiere morir
desesperado.
Siempre seremos a sazón
y a tiempo
Para mostrar muriendo el pecho
osado;
Mas, porque no se pase en
balde el tiempo,
Mira si os cuadra lo que he
demandado,
Y, si no os parece, dad un
modo
Que mejor venga y que convenga
a todo.
TEÓG. Yo desde aquí me
ofrezco, si os parece
Que puede de mi esfuerzo algo
fiarse,
De salir a esta duda que se ofrece,
Si por ventura viene a
efectuarse.
CAR. Más honra tu valor claro merece;
Bien pueden de tu esfuerzo
confiarse
Más difíciles
cosas, y aun mayores,
Por ser el que es mejor de los
mejores.
Y pues
tú ocupas el lugar primero
De la honra y valor con causa
justa,
Yo, que en todo me cuento por
postrero,
Quiero ser el
heraldo de esta justa.
N.1.° Pues yo con todo el pueblo me prefiero
Hacer de lo que Júpiter
más gusta,
Que son los sacrificios y
oblaciones,
Si van con enmendados
corazones.
N.2.° Vámonos, y
con presta diligencia
Hagamos cuanto aquí
propuesto habernos.
Antes que la pestífera
dolencia
De la hambre nos ponga en los
extremos.
Si tiene el cielo dada la
sentencia
De que en este rigor fiero
acabemos,
Revóquela, si acaso lo
merece
La presta enmienda que
Numancia ofrece.
Vanse.
Salen dos numantinos vestidos como sacerdotes antiguos, y han de traer asido de los cuernos en medio un carnero grande, coronado de oliva y otras flores, y un paje con una fuente de plata y una toalla, y otro con un jarro de agua, y otros dos con dos jarros de vino, y otro con otra fuente de plata con un poco de incienso, y otros con fuego y leña, y otro que ponga una mesa con un tapete donde se ponga todo lo que hubiere en la comedia, en hábitos de numantinos; y luego los sacerdotes, dejando el uno el carnero de la mano, diga, y han de entrar TEÓGENES y muchos numantinos.
S.1.° Señales ciertas de
dolores ciertos
Se me han presentado en el
camino,
Y los canos cabellos tengo
yertos.
S.2.° Si acaso yo no soy mal
adivino,
Nunca con bien saldremos de
esta impresa.
¡Ay, desdichado pueblo
numantino!
S.1.° Hagamos nuestro oficio con la
priesa
Que nos incitan los
agüeros tristes.
Poned, amigos, hacia
aquí esa mesa.
S.2.° El vino, incienso y agua que
trujistes
Poneldo encima, y apartaos
afuera,
Y arrepentíos de cuanto
mal hicistes;
Que la
oblación mejor y la primera
Que se ha de ofrecer al alto
cielo
Es el alma limpia y voluntad
sincera.
S.1.° El fuego no le hagáis vos
en el suelo,
Que aquí viene brasero
para ello,
Que así lo pide el
religioso celo.
S.2.° Lavaos las manos y limpiaos el
cuello.
Dad acá el agua:
¿el fuego no se enciende?
N. No hay quien pueda,
señores, encendello.
S.2.° ¡Oh Júpiter!
¿Qué es esto que pretende
De hacer en nuestro
daño el hado esquivo?
¿Cómo el fuego
en la tea no se enciende?
N. Ya parece,
señor, que está algo vivo.
S.2.° Quítate afuera. ¡Oh flaca llama
escura,
Que dolor en mirarte tal
recibo!
¿No miras
cómo el humo se apresura
A caminar al lado de
Poniente,
Y la amarilla llama, mal
segura,
Sus puntas
encamina hacia el Oriente?
¡Desdichada
señal, señal notoria
Que nuestro mal y daño
está patente!
S.1.° Aunque lleven romanos la
victoria
De nuestra muerte, en humo ha
de tornarse
Y en llamas vivas nuestra
muerte y gloria.
S.2.° Pues debe con el vino ruciarse
El sacro fuego, dad acá
ese vino,
Y el incienso también
que ha de quemarse.
Rocía el fuego con el vino a la redonda, y luego pone el incienso en el fuego, y dice:
Al bien del
triste pueblo numantino
Endereza, ¡oh gran
Júpiter!, la fuerza
Propicia, del
contrario amargo sino.
Ansí como
este ardiente fuego fuerza
A que en humo se vaya el sacro
incienso,
Así se haga al enemigo
fuerza
Para que en humo,
eterno padre inmenso,
Todo su bien, toda su gloria
vaya,
Ansí como tú
puedes y yo pienso;
Tengan los cielos
su poder a raya,
Ansí como esta
víctima tenemos,
Y, lo que ella ha de haber,
él también haya.
S.1.° Mal responde el agüero; mal
podremos
Ofrecer esperanza al pueblo
triste,
Para salir del mal que
poseemos.