Y aquí, aunque parezca inoportuna digresión, se me antoja comparar la cándida espontaneidad americana con el arte reflexivo de los franceses. Zola ha escrito ya quince ó veinte novelas, y siempre promete revelarnos en la última el enigma, darnos el resultado de todos sus estudios en la novela experimental, y exponernos su sistema. Bellamy, por el contrario, dice cataplún, y lanza su sistema de repente.
Yo no atino á prever desde aquí si el partido nacionalista, que de él ha nacido, vendrá á importar tanto ó más que el libro de Enrique George y que la ingente asociación ú orden de los caballeros del trabajo, Knights of labor, en el movimiento de socialismo que se advierte por todas partes, y que ahí tiene cierto carácter optimista que me hace gracia: pero, á pesar de mis cortísimos conocimientos económicos, como yo tuviese humor y vagar para ello, aún había de escribir á usted largo, diciéndole mil cosas que me sugiere Looking backward y lo escrito en contra por Walker.
Entretanto, me complazco en repetir que me admira la serenidad y que simpatizo con la confianza regocijada que se nota en toda manifestación de ese pueblo joven.
El plan de Bellamy no se limita á dar por resuelto el más difícil y temeroso de los problemas económicos, sino que resuelve ó da por resuelto también el magno problema de la paz y del desarme universales; sin decirnos cómo puede ser esto, cuando las naciones se arman más cada día, y cuando desde 1850 ha habido en el antiguo y en el Nuevo Mundo guerras tan sangrientas y costosas. Es de desear que el Sr. Bellamy escriba otra novela, ó la continuación de la misma, en que nos explique cómo además de haberse logrado el bienestar económico de cada nación, se habrá logrado también, en el año 2000, que las naciones no se combatan ni se amenacen como en el día.
Dispénseme usted que me haya extendido tanto en darle mi opinión, aunque tan incompleta, sobre la novela que me ha remitido.
ÍNDICE
NOTAS:
[A] Trabajos parecidos al del Sr. Granada se han hecho en casi todas y para casi todas las regiones de América donde se habla español: por ejemplo, Pichardo para Cuba, Cuervo para Colombia, Arona para el Perú, y don Zorobabel Rodríguez para Chile.
[B] Ya se entiende que no hay para qué tomar aquí en cuenta la locura declarada, que, durante algunos años, y sobre todo de 1826 á 1828, padeció Augusto Comte.