NOTAS
[1] El mar Egeo, hoy el Archipiélago, es un golfo del Mediterráneo entre la costa oriental de la península griega, la occidental del Asia Menor, la Tracia y la isla de Creta. Llamose así por haberse precipitado en sus aguas Egeo, padre de Teseo.
[2] Las cincuenta hijas de Doris y del dios marino Nereo.
[3] Poseidón y Apolo conspiraron contra Zeus, y en castigo fueron expulsados del Olimpo, y trabajaron ambos en la construcción de las murallas de Troya, reinando en ella Laomedonte.
[4] Epeo, hijo de Panopeo, construyó el caballo de madera que los griegos introdujeron en Troya, y fundó después a Metaponto. Odiseo, en la Odisea, VIII, ν. 492, dice así: «Prosigue, pues, y canta el caballo de madera, obra de Epeo y de Atenea, lleno de enemigos, que el divino Odiseo llevó astutamente al alcázar troyano».
[5] El texto griego dice δούρειος ἵππος. Sin embargo, aunque δούρειος parezca derivado de δόρο, lanza, en su significación figurada quiere decir bélico o guerrero, puesto que, según leemos en Hesiquio, el caballo de la ciudadela de Atenea se llamaba también δούρειος ἵππος, aunque era de bronce.
[6] Murió a manos de Pirro o Neoptólemo, hijo de Aquiles. Este Zeus Herceo era uno de los penates que se adoraban dentro de las casas, si creemos lo que dice Festo: Hercius Jupiter intra consemptum domus cujusque colebatur, quem etiam deum penetralem appellabant. Pirro lo mató al pie del ara por vengar a su padre Aquiles, que cayó herido al pie del altar de Apolo Timbreo.
[7] Hera y Atenea fueron enemigas encarnizadas de los frigios, por vengarse de Paris cuando en su célebre juicio adjudicó a Afrodita la manzana de la Discordia.
[8] Río famoso de la Frigia, que nacía en el monte Ida. Sus fuentes eran dos, una termal y otra fría; desaguaba en el Simois, y juntos desembocaban en el mar Egeo, cerca del promontorio de Sigeo.
[9] Acamante y Demofonte. (V. Los Heráclidas, de Eurípides).
[10] Casandra, hija de Príamo y de Hécuba. Apolo fue su enamorado, y le concedió el don de profetizar en premio de sus favores; pero negándose ella a complacerlo, y no pudiendo el dios retractar su promesa, se vengó desacreditándola y haciendo que nadie creyese lo que decía. Ordinariamente tal ha sido la suerte de los profetas.
[11] Casandra se había refugiado en el templo de Palas cuando los griegos tomaron a Troya, acogiéndose a su altar; pero Áyax, el hijo de Oileo, la arrastró por los cabellos, haciéndole sufrir los más indignos ultrajes, sin respetar a la diosa ni su templo. Virgilio, en su Eneida, II, 403, dice así:
[12] Eubea, hoy Negroponte, isla grande del mar Egeo, frente al Ática, la Beocia, la Lócrida y el país de los melieos, desde el cabo Sunio hasta la Tesalia.
[13] Miconos, Delos, Esciros son islas del mar Egeo. El promontorio Cafereo estaba situado en la costa SE de la Eubea.
[14] Hijo de Tindáreo y de Leda, uno de los Dioscuros. Higino, en la fábula 77, dice así: Jupiter Lædam Thestii filiam, in cignum conversus, ad flumen Eurotam compressit, et ex eo peperit Pollucem et Helenam, ex Tyndareo autem Castorem et Clytemnestram.
[15] El Eurotas, ό βασιλιπόταμος, río de la Laconia, que corre hacia el mediodía. Ovidio dice de él, lib. II, Amor, eleg. 17:
[16] Los reyes y nobles cautivos se cortaban el cabello. Ovidio, Amor, I, 14, 15, dice así:
Claud. in Eutrop., I, 385, se expresa de esta suerte:
Sidonio Apol., Epist. VIII, 9, dice también:
[17] De la Ftía, ciudad de la Ftiótide, junto al golfo Maliaco y el río Apídano, patria de Aquiles. Ovidio, lib. 13, Metamorf., dice así: Quis locus Ajaci? Phthiam hæc, Scyrumve ferantur!
[18] Las esclavas ancianas que ya no servían para trabajos más duros, cuidaban de los niños de sus dueños o servían de porteras.
[19] Las esclavas jóvenes solían traer agua de las fuentes o de los ríos, y ordinariamente dormían con sus dueños.
[20] Persio la llama fons caballinus. Nacía en el Acrocorinto o ciudadela de Corinto, y sus aguas eran suavísimas. Estacio, lib. I, Silv. Carm., 4, dice así:
[21] Peneo, río de la Tesalia, que nacía en el Pindo, y por el valle de Tempe desaguaba en el golfo Pagásico. Ovidio, en su Metamorf., lib. IV, dice así:
Virgilio, en el lib. IV, Georg.:
[22] La región contigua al Etna.
[23] Nombre de un monte y de un río del Peloponeso, que nace en él, y atravesando la Acaya, desemboca en el golfo de Corinto, cerca de Egas. Hay otro en la Calabria, que nace en los Abruzos y desemboca en el golfo de Tarento, famoso por las virtudes medicinales de sus aguas. El poeta alude a este, porque antes habla del Etna.
[24] Llamábase Dóride un reducido territorio, cuna de los dorios, entre la Fócida, la Lócrida y la Tesalia. Los dorios, siempre en constante lucha con los demás pueblos helénicos, y distintos de ellos por su dialecto, costumbres y gobierno, conquistaron después el Peloponeso, en donde reinaba Menelao. Aludiendo a este último y a su reino, dice Hécuba que ya ella es esclava de la Dóride.
[25] Clitemnestra, hermana de Helena y esposa de Agamenón. Fue hija de Tindáreo y de Leda, reyes de Esparta.
[26] Porque no solo era profetisa, sino sacerdotisa de Apolo.
[27] Como Políxena ha sido sacrificada en el túmulo de Aquiles, y Taltibio se compadece de Hécuba, no quiere aumentar su aflicción, y usa, sin faltar a la verdad, de palabras ambiguas, guardándose de responderle directa y categóricamente.
[28] Andrómaca, esposa de Héctor, era hija de Eetión, rey de Cilicia.
[29] Feliz y eminentemente trágica es esta invención de Eurípides, y quizá el único complemento que faltaba a tan sombrío cuadro. Cuando todas las esclavas lloran su triste suerte porque de libres se hacen esclavas, y abandonan su patria destruida, en donde dejan tantos restos queridos, se presenta delirante la fatídica Casandra y entona su lúgubre profecía, en horrible consonancia con las demás partes del cuadro. Aconsejamos al lector que, así al leer esta como las demás tragedias de Eurípides, se esfuerce en figurarse, no que él lee, sino que asiste a su representación. Nos dará las gracias, y formará de su mérito más acertado juicio.
[30] (V. el Agamenón, de Esquilo.) Casandra alude aquí al hacha con que la matará después Clitemnestra, la esposa de Agamenón, a la muerte de este, de Egisto y de su esposa por Orestes y Electra.
[31] El sacrificio de Ifigenia en Áulide, hija de Agamenón y Clitemnestra.
[32] En todo este discurso de Casandra reina cierta filosofía práctica y tan sabia experiencia, tan atinado y sensato juicio, que, en nuestro concepto, es de gran mérito literario.
[33] La famosa Penélope, madre de Telémaco y esposa de Odiseo.
[34] El Siculum fretum o estrecho de Mesina. Caribdis, según la fábula, fue una mujer siciliana que robó los bueyes de Heracles, y en castigo fue transformada por los rayos de Zeus en un abismo horroroso en la costa NE de Sicilia, al SE de ScilLa, situada en la costa meridional de Italia.
[35] Polifemo, antropófago y famoso cíclope, hijo de Poseidón y de la ninfa Toosa, rico en ganados, que habitaba en la Sicilia en una cueva inmediata al mar. Cuando Odiseo arribó a su país estuvo a punto de ser devorado con todos sus compañeros, y solo se salvó embriagándolo y cegando su único ojo con una estaca puntiaguda. (V. El Cíclope, de Eurípides).
[36] Circe, célebre mágica, hija del Sol y de la ninfa Perseis, que habitaba en la isla de Eea, en Italia, al pie del promontorio de Circe. Transformó en cerdos a los compañeros de Odiseo y lo retuvo mucho tiempo a su lado, inspirándole un amor vehemente. Tuvo de ella un hijo llamado Telégono.
[37] El loto, que crecía en el país de los lotófagos, antiguo pueblo del África occidental, al parecer hacia Trípoli. Los extranjeros que lo comían se olvidaban para siempre de su patria. Se cree que el loto era una especie de azufaifa.
[38] Estos bueyes del Sol, que debían ser sagrados e inviolables para los mortales, fueron devorados por los compañeros de Odiseo durante su sueño, a pesar de la expresa prohibición que tenían de hacerlo. Sus restos, después de asados, se arrastraban por la ribera y daban horribles mugidos. Zeus los castigó suscitándoles en la mar una furiosa tempestad. (V. el cap. XII de la Odisea).
[39] Este tinte melancólico que se refleja en las palabras de Hécuba y que aquí parece originado de su aflictiva situación, reina también en la poesía épica griega, cuyos héroes más famosos, como Aquiles, mueren en la flor de sus años, y en la poesía dramática, en la cual el destino envuelve en sus sombríos decretos a los héroes y heroínas más famosos. Hasta en la estatuaria griega se observa, y en sus obras más célebres se nota sin esfuerzo, contribuyendo a llenar el alma de dulce melancolía.
[40] Dardania, de Dárdano, hijo de Zeus y de Electra, hija de Atlas, natural de Samotracia, desde donde pasó a la Teucria, a orillas del Escamandro, poseyendo después todo este territorio y dándole su nombre.
[41] Llamose Pérgamo al alcázar de Troya, en el monte Ida, y a las altísimas murallas que circundaban a aquella ciudad. Virgilio, Eneid., III, dice así:
Marcial, en el lib. XIV, epigram. 51, se expresa así:
[42] Parte de los despojos enemigos se llevaban a los templos de los dioses, así entre los griegos como entre los romanos, ad perpetuam rei memoriam, y para animar a los ciudadanos a imitar a los vencedores.
Virgilio, Eneid., VII, 183, dice así:
[43] El poeta alude al sueño funesto de Hécuba cuando llevaba a Paris en sus entrañas, a la respuesta del oráculo aconsejando a Príamo que lo matase al nacer, y a la ternura de su madre, que por desgracia le salvó la vida encomendándolo a los pastores del Ida. Este himeneo es el de Paris y Helena.
[44] He aquí la diferencia capital que separa a la religión gentílica de la cristiana. Entre ellos la vida era todo, la muerte nada; y entre nosotros, al contrario, la vida es solo breve peregrinación, y la verdadera vida comienza en el sepulcro. Esta sola idea fundamental abre un inmenso abismo entre la antigüedad y la historia cristiana, y caracteriza profunda e indeleblemente a las letras de los idólatras y de los cristianos.
[45] Andrómaca parece una buena esposa, aunque ni la ocasión es muy oportuna para vanagloriarse con sus virtudes, ni sientan bien en sus labios tales alabanzas.
[46] Lo contrario sucede con más frecuencia.
[47] Acerca de estas palabras de Hécuba solo debemos observar que en vez de dar al auditorio la excusa de que nunca ha visto nave alguna, para hacer la comparación que subsigue, impropia, sin duda, de su aflictiva situación, podía haber suprimido sin obstáculo el exordio y el símil que le sigue. Tampoco se comprende que diga más abajo ἄφθογγός εἰμι, muda estoy, habiendo hablado tanto. En todo caso sería de cansancio, no de horror.
[48] Séneca, Troades, 791, dice así:
Ahora, como casi siempre, vale más el original que el imitador.
[49] Telamón, hijo de Éaco, rey de Egina, y hermano de Peleo. Huyó de su patria por haber matado a su hermano primogénito con el disco, y se refugió en Salamina, casándose con la hija de su rey Cicreo. Acompañó a Heracles a la conquista de Troya, y en premio le dio aquel héroe a Hesíone por esposa. Fue padre de Áyax y de Teucro.
[50] Salamina era una isla del mar Egeo, en el golfo Sarónico, a cuatro kilómetros del Ática, famosa por la batalla que ganó Temístocles a los persas.
[51] Esta oliva, que se veneró mucho tiempo en Atenas, fue la que hizo brotar Atenea en su disputa con Poseidón, que a su vez creó el caballo de un golpe de su tridente.
[52] Laomedonte, rey de Troya, prometió a Heracles doce de sus mejores caballos si libraba a su hija Hesíone de un monstruo marino que Poseidón había suscitado contra Troya en venganza de la mala fe de su rey, pues este había pactado con él y con Apolo que les daría cierto salario si edificaban las murallas de Troya, y faltó después a su promesa villanamente. Heracles, en efecto, libró a Hesíone de la muerte; pero Laomedonte tampoco cumplió su palabra. El hijo de Alcmena tomó entonces a Troya y mató a Laomedonte y a todos sus hijos, excepto a Príamo, a quien colocó en el trono.
[53] Estos caballos, tan codiciados de Heracles, fueron presente de Zeus para consolar a Laomedonte de la pérdida de Ganimedes, a quien Zeus robó transformado en águila para que sirviese de copero en el Olimpo en lugar de Hebe.
[54] Este amante de la Aurora era Titono, hijo de Laomedonte, de extraordinaria belleza, y padre de Memnón el egipcio y de Ematión. Su amada obtuvo de Zeus que le concediese la inmortalidad; pero habiéndosele olvidado pedir también para él juventud perpetua, llegó a ser tan viejo que la Aurora lo convirtió en cigarra, sin duda porque esta la saluda al aparecer en el horizonte.
[55] El filósofo es el que habla, no Hécuba. Sin duda estas palabras aluden al sistema astronómico de los torbellinos, que se arrastran unos a otros, y a la doctrina de Anaxágoras, su maestro, que enseñaba la existencia de un ser supremo, ya se le llamase Zeus, ya se le diese otro cualquier nombre. Eurípides no se contenta con poner en boca de Hécuba esta invocación insólita, y por si pasa desapercibida, le pregunta a continuación Menelao cuál es la causa de dirigir a los dioses preces inauditas, sin duda para llamar la atención hacia ellas. Por lo demás, calificar la existencia de Zeus, del pater hominum atque deorum, de pura invención humana es una verdadera impiedad, supuestas aquellas creencias.
[56] Hécuba, cuando llevaba a Paris en sus entrañas, soñó que daba a luz una antorcha encendida que devoraba su palacio.
[57] Paris o Alejandro, después que fue reconocido como hijo de Príamo, fue de embajador a Esparta, en donde reinaba Menelao, casado ya con Helena, a pedir su tía Hesíone, robada, como hemos dicho antes, por Heracles, que la dio en premio de su ayuda a Telamón. Menelao se ausentó entonces, dejándolos solos, y se embarcó para Creta a recoger la herencia de Creteo, su abuelo materno, rey de aquella isla.
[58] Uno de los hijos de Príamo.
[59] Amiclas, llamada también Táigete, ciudad del Peloponeso, próxima a Esparta, al pie del Taigeto, célebre por haber nacido en ella Cástor y Pólux, y por sus excelentes perros. Virgilio en el lib. III, Georg., dice así:
[60] Afrodita se llama en griego Ἀφροδίτη, y la locura, la falta de prudencia, ἀφροσύνης. Se ve fácilmente que es la misma la raíz de ambas voces.
[61] Eurípides, como hace nuestro Calderón con Semíramis y otros personajes antiquísimos, habla de ellos y de sus pueblos como si fuesen de su tiempo; y así como Troya simboliza el lujo y la molicie asiática, así también supone que la Esparta de Menelao era igual a la de su época; esto es, pobre y poco amante de placeres.
[62] Ambos fueron hermanos de Helena y famosos luchadores y marinos. Como Pólux solo era inmortal, porque su padre fue Zeus, y Tindáreo el de su hermano, rogó a su padre que concediese la inmortalidad a Cástor o se la quitase a él, y Zeus le otorgó que viviese uno de ellos mientras el otro habitaba en los infiernos. Por eso dice Virgilio:
Al fin fueron convertidos en astros, y forman el signo de Géminis.
[63] Porque entre los bárbaros, no entre los griegos, los reyes y grandes personajes eran adorados a la usanza oriental.
[64] El texto griego dice terminantemente:
Su verdadera traducción es, pues, la nuestra, por más que nos haga reír y nos parezca más propia de comedia que de tragedia. Lo ridículo no tanto es aquí lo que dice Menelao, que sospecha si Helena estará encinta, cuanto su sorpresa y el susto que lleva.
[65] M. Artaud, II, pág. 143, cita muy oportunamente estas palabras de Pomponio Mela: «El monte Ida, al salir el sol, ofrece aspecto muy diferente del que tiene en otras horas: cuando se mira desde su cumbre hacia la madrugada, se observan ciertas llamas que se cruzan y desaparecen; y a medida que viene el día, parece que se acercan y confunden.» Lo mismo sucedía en el Olimpo, y de aquí, sin duda, que supusieran los paganos que uno y otro eran residencia de los dioses. Hoy se explica esto por las auroras boreales.
[66] Porque los frigios celebraban en los plenilunios alegres fiestas.
[67] Todavía existen restos de estas construcciones ciclópeas. (Véase a Batissier, Histoire de l’art monumental).
[68] El coro habla del istmo de Corinto.
[69] Los espejos de los antiguos eran circulares, con mango, o cuadrados como los nuestros, aunque jamás los fijasen en ningún otro mueble. En un principio se hacían de metal blanco formado de una aligación de cobre y estaño (Plinio, Η. N., XXXIII, 45) y después de plata. Se pulimentaba su superficie, y se conservaba este pulimento con polvos de piedra pómez, que se pasaban por él por medio de una esponja atada al marco con un pequeño cordón.
[70] Hubo varias ciudades llamadas así en la Tróade, en Macedonia, en la Misia y en la Laconia, a orillas del Eurotas. Eurípides habla de esta última.
[71] El templo de Atenea Calcieco.
[72] Acasto, hijo de Pelias y de Anaxibia, fue rey de Yolco, en donde se refugió Peleo huyendo de la venganza de los parientes de su suegro, a quien mató involuntariamente en la caza del jabalí de Calidón. Enamorose de él la mujer de Acasto, y enfurecida de su castidad, engañó a su esposo como la mujer de Putifar, haciéndole creer que había intentado violarla. Acasto desterró de su reino a Peleo, y cargándolo de cadenas, lo dejó abandonado en los montes. Tal es la versión de los mitólogos. Sin embargo, o este mito no es bien conocido, o la tradición a que alude Eurípides diverge de aquel. En efecto, cuando Aquiles había muerto y su hijo Neoptólemo era hombre, puesto que se trata de una época posterior al sitio de Troya, cuando Neoptólemo se había desposado con Andrómaca, no debía estar Peleo, ya viejo, en disposición de inspirar a las mujeres pasiones tan violentas.
[73] Como trofeo de Aquiles, padre de Neoptólemo.
[74] La mayor ignominia que se podía sufrir entre griegos y romanos, era la de quedar insepulto. Así nos lo dice Vegecio, y así es de presumir, no solo por lo que Homero nos cuenta al principio de La Ilíada, en donde mira como una de las mayores desdichas de los aqueos la de no ser sepultados a causa de la peste, sino también por el cuidado que muestran los trágicos, así Esquilo como Sófocles y Eurípides, de no omitir nunca esta importantísima o imprescindible ceremonia. Cuando amenazaba algún naufragio, los que poseían riquezas solían atárselas a la cintura con una inscripción en que manifestaban su voluntad de cederlas al que los encontrase, siempre que enterraran su cadáver. Entre los cristianos, a pesar de recomendarse como obra de misericordia el enterrar los muertos, no se le da esa importancia, y los héroes de nuestros teatros mueren, y después el poeta se guarda bien de decir si son o no sepultados, lo cual nunca omitían los griegos. En nuestro concepto esta diferencia proviene de que para nosotros el cuerpo es polvo vil y despreciable, y el alma, inmortal, riquísimo oro de Ofir. Todo cambia en este mundo, y especialmente las costumbres que se fundan en determinadas creencias, pues faltando o variando estas, faltan o varían aquellas.
[75] El buen sentido de Eurípides le hace pensar en este punto como piensan los cristianos más cuerdos, y es muy de extrañar en un pagano. Y sin embargo, podría pasar entre ellos, que no tenían de la otra vida la idea que nosotros, careciendo de las luces de la revelación; pero es inconcebible que los que preconizan las excelencias de la caridad, mirándola como una de las principales virtudes, gasten en suntuosos funerales lo que bastaría para hacer la felicidad de muchas familias desgraciadas y virtuosas.
[76] Llama Cronio a Zeus, porque fue hijo de Cronos y de Rea.
[77] Estas palabras se dirigen a Príamo.
[78] La conclusión de esta tragedia con el incendio de Troya y su ruina, nos prueba que el arte escénico llegó entre los griegos a grande altura, o, por lo menos, que no se escaseaban los gastos en este género de espectáculos, puesto que como las tragedias se representaban de día y al aire libre, no podía haber entre ellos las imitaciones que entre nosotros, y era preciso hacer todo esto a lo vivo, o lo que es lo mismo, pegar fuego a la ciudad entera, que debía verse en lontananza.
[79] Anfitrión, rey de Tirinto, en la Argólida, hijo de Alceo, nieto de Perseo y esposo de Alcmena, hija de Electrión, rey de Micenas. Habiendo matado a su suegro en una disputa, huyó a Tebas, y mandó los ejércitos tebanos en diversas expediciones militares, que le hicieron célebre, si bien favorecieron los proyectos amorosos de Zeus, pues este, tomando su forma, visitó varias veces el lecho de su esposa. Alcmena dio a luz dos hijos: Heracles, que lo era de Zeus, e Ificles, de Anfitrión.
[80] De este Alceo, rey de Tirinto, tomó Heracles el nombre de Alcides.
[81] Perseo, hijo de Dánae y de Zeus, que, transformado en lluvia de oro, penetró en su palacio y la sedujo. Sabedor Acrisio de la deshonra de su hija Dánae, la arrojó a las olas con su hijo, y fueron llevados por ellas a Serifos, en donde su rey Polidectes los socorrió. Ya hombre, Perseo libró a su madre de la brutal lujuria de su protector, venció a las Gorgonas y cortó la cabeza de Medusa, de cuya sangre nació el caballo alado Pegaso. Montado en él libró a Andrómeda de un monstruo marino, y se casó con ella. Mató involuntariamente con el disco a su abuelo Acrisio, le sucedió en el trono de Argos, y fue padre de Esténelo y de Electrión.
[82] Ya en Las Fenicias hemos hablado de este dragón y de los hijos de sus dientes, así como de Creonte, hijo de Meneceo.
[83] Este Euristeo es el famoso hijo de Esténelo, rey de Micenas, a quien obedeció siempre Heracles por haber nacido algunas horas después. Por su orden ejecutó sus famosos trabajos.
[84] El Ténaro era un promontorio de la Laconia en su costa SO, a cuyo pie se veía una caverna que despedía vapores mefíticos, por lo cual se le miraba como la entrada de los infiernos.
[85] Sobre Dirce y Anfión y Zeto, véase Las Fenicias.
[86] Habla irónicamente.
[87] Minias, nombre común a los habitantes de Yolco, en la Tesalia, y a los de Orcómeno, en Beocia. Anfitrión alude a estos últimos, a quienes venció Heracles, libertando a los tebanos de la obligación de pagarles cierto tributo.
[88] Los tafios o teléboas habitaban en las pequeñas islas del mismo nombre, entre la Acaya y Léucade, llamados así de Tafio y Teleboas, hijos de Poseidón, que reinaron en ellas. Fueron famosos piratas, vencidos por Anfitrión y los tebanos, por haber dado muerto a los hermanos de su esposa Alcmena.
[89] El coro alude a los hijos de Heracles.
[90] La famosa hidra de Lerna tenía un cuerpo con cien cuellos, rematando en otras tantas cabezas, que renacían duplicadas al cortarse. Cuando Heracles combatió con ella, y a fin de evitar esta funesta reproducción, empleó a su escudero Yolao en cauterizar las heridas que le hacía. Heracles mojó en la sangre sus flechas, que desde entonces fueron mortales.
[91] El león de Nemea era de monstruoso tamaño, y no se le podía herir ni con el hierro, ni con el bronce, ni con las piedras, y, por consiguiente, era necesario luchar con él a brazo partido. Escondíase en el monte Tretos, y desde su guarida devastaba todo el territorio comprendido entre Micenas y Nemea. Heracles lo persiguió, cerró la entrada de la caverna en donde habitaba, y lo ahogó en sus robustos brazos, llevando desde entonces consigo como un trofeo su hermosa y grande piel.
[92] En la guerra de los dioses y de los gigantes, junto a Palene, Heracles fue terrible auxiliar de los primeros.
[93] La guerra de Heracles y de los centauros fue de esta manera: un centauro, llamado Folo, que daba hospitalidad a Heracles, quiso obsequiarlo espléndidamente y para ello destapó un tonel de vino tan añejo como exquisito, cuyo aroma atrajo a la casa de Folo a todos los demás centauros, que a toda costa querían beber de él, oponiéndose Heracles y su huésped. Este se retiró al fin, y dejó al héroe con sus enemigos, trabándose al fin la batalla entre uno y otros, y siendo vencidos los segundos, a pesar del socorro que les dio su madre Néfele (nube).
[94] Foloe, monte de la Tesalia, próximo al Otris, en donde Heracles peleó con los centauros. Sid. en el Paneg. de Mayor., dice así:
[95] Monte de la Eubea, llamada antiguamente Abántida, o país de los abantes. Homero nunca la denomina Eubea.
[96] Los abantes, valientes y belicosos, fueron un pueblo originario de Tracia que se estableció en la Eubea.
[97] Estos límites atlánticos son las columnas de Heracles, o estrecho de Gibraltar, la última tierra conocida de los griegos hacia el occidente. Así, cuando hablan de los límites atlánticos, es como cuando nosotros lo hacemos del Polo.
[98] Helicón, famoso monte de la Beocia, muy celebrado por los poetas.
Ovidio en sus Metam., lib. II, dice así:
Y Estacio en su Tebaid., lib. VII: