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Obras dramáticas de Eurípides (3 de 3) cover

Obras dramáticas de Eurípides (3 de 3)

Chapter 15: ARGUMENTO
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About This Book

Una colección de traducciones al español de tragedias del dramaturgo griego que presenta dramas mitológicos donde confluyen dioses y mortales. Destacan episodios de reconocimiento filial y conflicto ritual: un joven criado en un templo descubre su verdadero origen, sufre sospechas y un intento de envenenamiento, y finalmente se produce un reconocimiento que reconcilia a su madre y a él. Las piezas exploran la arbitrariedad divina, la piedad y la culpa humana, la tensión entre honor privado y sanción pública, y recurren al coro y a pasajes líricos para articular emociones y reflexionar sobre identidad, destino y las consecuencias de la pasión.

LOS HERÁCLIDAS


ARGUMENTO

El objeto de Los Heráclidas, como el de Las Suplicantes, es alabar a Atenas por sus leyes y sentimientos humanitarios favoreciendo al débil y al desdichado. Los descendientes de Heracles, con Hilo, hijo del héroe y de Deyanira, con Yolao, sobrino y escudero del hijo de Zeus y de Alcmena, y con esta, se han refugiado como suplicantes en el ara de Zeus, en Maratón, aldea de Ática, huyendo de la persecución constante de Euristeo, que no los deja tranquilos en toda la Grecia. En Atenas reinaban entonces Demofonte y Acamante, hijos de Teseo. Preséntase, en efecto, en seguida un heraldo argivo en nombre de Euristeo, que no puede arrancarlos de su asilo ni con amenazas ni con razones de conveniencia para Atenas y sus autoridades, concluyendo en declarar la guerra a los atenienses en nombre de Euristeo. Pelean después los dos ejércitos enemigos: el argivo, mandado por Euristeo en persona, y el de los atenienses y los heráclidas, por Hilo, Yolao y los reyes de Atenas, siendo vencidos los invasores y hecho prisionero Euristeo. El oráculo había declarado que para alcanzar la victoria contra los argivos los atenienses y los heráclidas, era necesario el sacrificio previo de una víctima humana, y Macaria, hermana de Hilo, entonces ofrece espontáneamente su vida, y se logra el triunfo deseado.

En la traza y desarrollo del plan de esta tragedia se observa, desde luego, mejor gusto que en otras más famosas de nuestro poeta, como si se hubiese escrito en una época más clásica y atildada, así en el ajuste y distribución de sus partes, como en la sobriedad que en toda ella reina, en la extensión menor de los coros, en la relación más estrecha y constante con el asunto que guardan, y en la falta o parsimonia de las digresiones del poeta, cuando se ofrece la ocasión de entremezclar disputas o alegatos jurídicos, o sostener opiniones más o menos inoportunas sobre política, religión o filosofía. No por esto se abstiene Eurípides, al hablar de Heracles, de decir que fue un héroe, esté donde estuviere, ni de afirmar de Euristeo que sus maldades no son tanto obra suya como de Hera, ni, por último, de asegurar rotunda y categóricamente, sin paliativos de ningún género, que esa misma diosa Hera lo ha engañado y vendido. El personaje de Alcmena, como el de Hécuba en la tragedia de este nombre, atrabiliario, desvergonzado e insolente, iracundo y cruel, como vaciados en el mismo molde, sírvenos además para confirmar el odio del poeta al bello sexo, comparando estos tipos de ancianas con sus semejantes del sexo masculino. Néstor es la personificación homérica del anciano griego, trazado magistralmente con sus largas y viejas narraciones, sus alabanzas exageradas a las cosas y a los hombres que fueron, y con sus arranques extemporáneos juveniles, pero experimentado, prudente y hábil en los consejos. Cuando Eurípides nos presenta ancianos, como el Yolao de esta tragedia o el Peleo de Andrómaca, no se nota en él antipatía, odio ni ensañamiento; no así cuando introduce en sus dramas mujeres ancianas, como las dos citadas, en cuyo trazado brilla siempre la benevolencia por su ausencia.

Esta tragedia y Las Suplicantes, fijándonos en su objeto y en la manera de conseguirlo, nos revelan ya, sin ulteriores disquisiciones, la decadencia sufrida en corto tiempo por la primitiva y verdadera tragedia griega. El espíritu, profunda y exclusivamente religioso, que anima desde el principio hasta el fin a las obras de Esquilo y de Sófocles, ha desaparecido casi por completo; porque lo que de él queda aparece casi siempre empequeñecido y degenerado, e injustos y malvados los dioses, inferiores a los hombres, ya sean Zeus o Hera, Artemisa o Apolo. La influencia del destino se nombra y señala solo por cumplir con la tradición, pero se ve con claridad que el poeta obedece a una fórmula, no a su convicción plena y sincera. Solo Atenea, la patrona de Atenas, sin duda por serlo, disfruta del privilegio de intervenir para hacer el bien de los atenienses, anunciándoles dichas y bienes futuros. El arte drámatico baja desde el cielo a la tierra, y se convierte en instrumento de adulación popular, como la elocuencia de sus oradores y demagogos, y llega en esta parte adonde no llegaron Tucídides, Jenofonte ni aun Heródoto, ni siquiera Demóstenes, que, cuando hay necesidad, no se muerde la lengua y dice al pueblo que lo oye amargas y saludables verdades. Llámanos también la atención la pobreza de inventiva que ambas obras ostentan, signo evidente de decadencia, puesto que son los mismos los motivos dramáticos, igual el enredo y la misma también su resolución. Todas las épocas de decadencia artística o literaria se distinguen generalmente por este fenómeno: porque parece que artistas y literatos pierden la inventiva y carecen del vigor, de la originalidad y de la energía de sus ilustres predecesores.

No hay dato o indicación alguna cierta para señalar, con apariencias siquiera de exactitud, la fecha de su representación, y por tanto, no queda otro recurso que atenernos a simples conjeturas, más o menos aceptables. La diferencia, entre las dos que se admiten, es nada menos que de veintitrés años, porque la fijada por Böckh en sus Tragicis graecis es la del año 3 de la olimpiada 90, o 418 años antes de Jesucristo, o el año 13 de la guerra del Peloponeso, y otros piensan que ha debido escribirse hacia la olimpiada 84, más de diez años antes de dicha guerra. Su factura más parece de esta última fecha.

PERSONAJES

Yolao, escudero de Heracles.
Un heraldo de Euristeo, rey de Argos.
Coro de ciudadanos de Maratón.
Demofonte, hijo y sucesor de Teseo en Atenas.
Macaria, hija de Heracles.
Un criado, escudero de Hilo, hijo de Heracles.
Alcmena, madre de Heracles.
Un mensajero ateniense.
Euristeo, rey de Argos y de Atenas, pariente de Alcmena y de Heracles.

La acción pasa en Maratón.