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Obras dramáticas de Eurípides (3 de 3) cover

Obras dramáticas de Eurípides (3 de 3)

Chapter 17: RESO
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About This Book

Una colección de traducciones al español de tragedias del dramaturgo griego que presenta dramas mitológicos donde confluyen dioses y mortales. Destacan episodios de reconocimiento filial y conflicto ritual: un joven criado en un templo descubre su verdadero origen, sufre sospechas y un intento de envenenamiento, y finalmente se produce un reconocimiento que reconcilia a su madre y a él. Las piezas exploran la arbitrariedad divina, la piedad y la culpa humana, la tensión entre honor privado y sanción pública, y recurren al coro y a pasajes líricos para articular emociones y reflexionar sobre identidad, destino y las consecuencias de la pasión.

RESO


ARGUMENTO

La fábula o acción de esta tragedia está tomada del canto o libro X de La Ilíada, y expone dramáticamente las dos muertes de Dolón y de Reso, troyano el primero, que se propone robar el carro y los caballos de Aquiles, y rey tracio el segundo, que llega en la misma noche al campamento de Héctor. Los dos mueren a manos de Odiseo y de Diomedes, que habían penetrado a favor de las tinieblas en el campamento troyano, y el último principalmente por consejo y a instigación de Atenea, que se aparece a los dos griegos y los salva. Reso, hijo de una de las Musas y del río Estrimón, es la verdadera víctima trágica del destino, porque sabiendo su madre la suerte que le esperaba en Troya, y habiendo intentado vanamente disuadirlo de su propósito, no lo consigue, y parece como que estaba decretada su muerte. Rey Reso, y rey poderoso, y además de origen divino por sus padres, el poder fatal del destino, que se burla del orgullo humano y lo humilla o anonada, muéstrase aquí conforme con la índole característica de este linaje de obras dramáticas.

La trama o el tejido de la acción es sencillo y sobrio, sin notables ni numerosas peripecias, ni sobresale tampoco por sus pasajes patéticos, en que más descuella Eurípides, si se exceptúa la intervención final de la Musa, madre de Reso, ante el cadáver de su hijo, bien trazada y expuesta, digna de su autor, y calculada hábilmente para dejar en los espectadores la impresión dolorosa propia de tales composiciones poéticas. Sin embargo, ninguno de los dos personajes más conspicuos del drama, ni Héctor ni Reso, logran inspirarnos interés ni simpatía, ni se ajustan tampoco a la idea que teníamos de ellos, y en particular el primero, que en nada se asemeja al Héctor del poema inmortal de Homero. El ingenio y el arte incomparables de este poeta brillan sin rival en la creación y diversidad infinita de sus héroes, ninguno de ellos abstracción sensible, seca, vaga ni confusa, sino individuos reales, distintos unos de otros, y de personalidad tan característica, casi tan palpable, que se nos figura conocerlos todos como si los hubiéramos visto y tratado. El Héctor de La Ilíada, valeroso, modesto y bueno, nos es más simpático que el mismo Aquiles, y en esta tragedia, ambos monarcas, orgullosos, fanfarrones e hinchados con su poder y con su grandeza, más mueven en nosotros la antipatía que la admiración o la benevolencia. Como carácter dramático, parécenos mejor el del cochero de Reso, muy natural y muy propio de su situación y de su clase.

Mucho se ha discutido también, e inútilmente, a nuestro juicio, acerca de la autenticidad de esta tragedia de Eurípides, negándole algunos críticos y eruditos sus títulos legítimos de paternidad por su demérito, comparada con otras composiciones del mismo autor.

Desde luego se comprende que su inferioridad respectiva no es ni puede ser por sí sola argumento suficiente para demostrar tal aserto, porque la juventud y la consiguiente inexperiencia de literatos, de poetas y de artistas puede influir sobremanera en el valor de sus obras, como influye también evidentemente en las de su vejez, y como lo confirman numerosos ejemplos. Aun en igual edad de la vida coexisten muchas causas que alteran y pueden alterar notablemente las facultades del hombre en general y diferenciar sensiblemente sus creaciones, en más o en menos, sin dejar por eso de ser suyas. Y las hay, en efecto, tan desemejantes que algunas, a no constar fijamente que lo son, serían unánimamente rechazadas si no lo asegurasen pruebas fidedignas.

Pero cuando la duda o la disputa versa sobre obras muy antiguas, como esta, no hay otro recurso que atenerse a la opinión de su autenticidad, afirmada constantemente por testimonios autorizados desde los coetáneos, o más próximos, hasta nuestros días. En Las Didascalias, o escritos diversos griegos conservados y relativos al arte escénico, y empezando por Aristóteles, de peso enorme en esta cuestión en todos conceptos, siempre se ha atribuido este drama a Eurípides sin contradicción ninguna seria y atendible, puesto que no merece ese dictado la de ningún escoliasta, sea el que fuere. Propio y característico de Eurípides es la intervención de los dioses en la acción en ocasión apurada, y en forma poco respetuosa y reverente, como la de Atenea; sus alardes democráticos contra los monarcas; sus lisonjas a los atenienses, como las de la Musa, madre de Reso, en su plegaria; el conjunto y el corte, por decirlo así, de la ostentación de sus conocimientos astronómicos; el diálogo irónico y eminentemente dramático de Palas y de Paris, y hasta el pensamiento y las palabras de la Musa al hablar de los padres que no tienen hijos iguales a los de Andrómaca. Y si carece, por último, de prólogo, siéndonos desconocida la causa de su existencia y de la fecha del primero que escribiera, no hay fundamento bastante para conceder a tan liviano razonamiento exagerada importancia.

El año de la representación de esta obra dramática es desconocido, y por tanto, solo puede sensatamente suponerse que hubo de ser en la primera juventud del poeta, puesto que si se supiera de cierto, dejaría de ser una presunción y se convertiría en rotundo aserto.

PERSONAJES

Coro de centinelas troyanos.
Héctor, hijo de Príamo.
Eneas, hijo de Anquises y de Afrodita, yerno de Príamo.
Dolón, troyano.
Un mensajero.
Reso, hijo del Estrimón, río tracio, y de una Musa.
Odiseo, rey de Ítaca.
Diomedes, hijo de Tideo.
Atenea.
Paris, hijo de Príamo.
El cochero de Reso.
Una Musa, madre de Reso.

La acción pasa en el campamento troyano, cerca de Troya.