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Obras dramáticas de Eurípides (3 de 3) cover

Obras dramáticas de Eurípides (3 de 3)

Chapter 21: ARGUMENTO
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About This Book

Una colección de traducciones al español de tragedias del dramaturgo griego que presenta dramas mitológicos donde confluyen dioses y mortales. Destacan episodios de reconocimiento filial y conflicto ritual: un joven criado en un templo descubre su verdadero origen, sufre sospechas y un intento de envenenamiento, y finalmente se produce un reconocimiento que reconcilia a su madre y a él. Las piezas exploran la arbitrariedad divina, la piedad y la culpa humana, la tensión entre honor privado y sanción pública, y recurren al coro y a pasajes líricos para articular emociones y reflexionar sobre identidad, destino y las consecuencias de la pasión.

EL CÍCLOPE


ARGUMENTO

El famoso Odiseo, rey de Ítaca, no voluntariamente, sino arrastrado por vientos contrarios, arriba a la costa de Sicilia, en donde habitaba Polifemo, el Cíclope, consagrado en absoluto, a pesar de su origen divino, a satisfacer sus apetitos bestiales. Como gigante, necesitaba una cantidad de alimento proporcionada a su estatura, y aunque constituían su más suculenta comida ordinaria los animales domésticos, regalábase también, cuando la ocasión se presentaba, con la carne de los desventurados náufragos o extraviados que aportaban a sus dominios. Los esclavos que a la sazón le servían para atender a su ganadería y a su labranza eran Sileno y los sátiros hijos de este, que habían caído en sus manos cuando buscaban a Dioniso, su señor, en poder de unos piratas tirrenios enviados por Hera, su enemiga.

Odiseo pide a Sileno víveres y agua, estando ausente el Cíclope, y pagándole su precio; y cuando el viejo exayo del hijo de Sémele se dispone a complacerlo, por el vino del comprador y con la piadosa intención de guardarse el precio de la venta, aparece el Cíclope, que desbarata tan seductores proyectos, desoye las súplicas y exhortaciones de Odiseo, y lo destina a ser asado o cocido con sus compañeros. Y, en efecto, mata y se come a dos de ellos, accediendo solo por pura benevolencia y cortesía ciclópea, agradecido al deleite que ha recibido de su prisionero escanciándole el licor de Dioniso, a reservarlo para el último de su antropófago banquete. No queda, pues, otro recurso al héroe de Homero que matar a Polifemo, y así lo hace, embriagándolo primero e introduciendo después en su único ojo frontal un enorme tizón puntiagudo ardiendo.

Esta obra dramática de Eurípides es preciosa para nosotros, por ser la única de su especie que se conserva, por su mérito literario intrínseco, y porque nos ofrece al eminente trágico cómico consumado, y justamente en la época más brillante de su vida y en la flor de su talento. Contaba entonces el año 57 de su edad, y la representación de esta obra tuvo lugar en la olimpiada 85, y en su tercer año, 438 antes de Jesucristo.

El drama satírico, según la opinión más admitida por los eruditos dedicados a estos estudios, fue inventado como homenaje o expiación en favor de Dioniso, de cuyas fiestas habían nacido la tragedia y la comedia, aunque ni la una ni la otra conservaban de su primitivo origen sino la tradición del hecho, desfigurado y casi olvidado, hasta el extremo de afirmar los mismos atenienses que en ninguna de ellas se veía rastro o huella de su origen, aparte de la formación de las palabras que expresaban el nombre de la tragedia de τράγος, macho cabrío, animal consagrado a Dioniso, y de la época de su representación en las fiestas dionisíacas. La prueba evidente y al alcance de todos de esta verdad la hallamos en seguida en los lectores vulgares de esas composiciones, ignorantes por completo de esa relación entre el dios coronado de hiedra y las obras dramáticas griegas, si antes no han llegado a su noticia las indicaciones expuestas. Se exigió, pues, en desagravio del dios, que a las obras trágicas acompañase un drama satírico, cuyo asunto había de desenvolver una fábula o acción relativa a Dioniso, directa o indirectamente, con un coro compuesto de sátiros, de donde le vino su nombre, y sujeto, además, a ciertos límites previamente trazados en su exposición y desarrollo, a sus danzas peculiares y hasta a sus ritmos. Solamente en la mitología o en la edad heroica, a diferencia de la tragedia y de la comedia, habían de fundarse sus argumentos, y fueron entre los griegos lo que las farsas atelanas de los romanos y los entremeses entre los españoles: lo bufo y lo alegre después de lo serio y lo triste. Los escribieron y perfeccionaron todos los grandes poetas, Esquilo, Sófocles, Eurípides, Pratinas, Hegemón y otros muchos.

Pero prescindiendo de su rareza, recomienda especialmente al Cíclope su valor literario intrínseco, extraordinario a nuestro juicio. Su acción, elegida, trazada y desenvuelta con naturalidad, sencillez y sobriedad dramática, tan hábil como práctica en su conjunto y en sus más ínfimos detalles; la gracia, la claridad y la aparente ligereza de sus distintas peripecias, y la variedad, la novedad y el interés escénico de las situaciones burlescas de sus distintos personajes; la mezcla de serio y de ridículo de un gusto depurado y ático que resplandece en todas sus estrofas; la diversidad de los caracteres de sus personajes, maravillosamente diseñados y sostenidos, y, por último, la poesía verdadera derramada a manos llenas en toda ella, y en particular en los cantos de los coros, obligan por necesidad a cuantos lean este drama, si poseen sentido natural para la percepción de la belleza literaria, y han aprovechado la educación consiguiente para perfeccionarla, a admirar a su autor como merece, y a confesar con justicia que su capacidad poética en lo trágico no es inferior, sino más bien al contrario, en el drama satírico titulado El Cíclope. Hasta en las groserías o indecencias que contiene, se muestra hasta cierto punto moderado, porque, comparadas con las de los poetas cómicos contemporáneos, resultan, así respecto a su número como a su calidad, pálidos y vagos reflejos del cinismo, de la desvergüenza y de la osada procacidad de esos antiguos predecesores helenos de algunos novelistas, periódicos y autores dramáticos modernos.

PERSONAJES

Sileno, exayo de Dioniso.
Coro de sátiros, hijos de Sileno.
Odiseo, príncipe de Ítaca.
El Cíclope, Polifemo.

La acción pasa en Sicilia, delante de la caverna del Cíclope.