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Orígenes de la novela, Tomo II cover

Orígenes de la novela, Tomo II

Chapter 3: CARCEL DE AMOR
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About This Book

Una introducción crítica traza el desarrollo de la narrativa breve hispánica y su relación con modelos europeos, examinando géneros, fuentes, temas y técnicas narrativas. Seguidamente se ofrecen ediciones transcritas de cuentos y novelas de los siglos XV y XVI acompañadas de notas y aparato crítico que comentan estilo, léxico, ortografía y rasgos tipográficos. El volumen explica los criterios de transcripción adoptados, preserva intencionalmente errores y variantes cuando ayudan a la comprensión histórica, y contextualiza cada texto para mostrar cómo circulaban influencias y fórmulas narrativas en ese periodo.

CARCEL DE AMOR

DE

DIEGO DE SAN PEDRO

EL SIGUIENTE TRACTADO FUÉ HECHO A
PEDIMENTO
DEL SEÑOR DON DIEGO HERNANDES:
ALCAYDE DE LOS DONZELES Y DE OTROS
CAUALLEROS CORTESANOS:
LLÁMASE «CARCEL DE AMOR».
CONPÚSOLO SAN PEDRO

COMIENÇA EL PROLOGO ASSI

Muy virtuoso señor:

Aunque me falta sofrimiento para callar, no me fallesce conoscimiento para ver quanto me estaria meior preciarme de lo que callase que arepentirme de lo que dixiese; y puesto que assi lo conozca, avnque veo la verdad sigo la opinion, y como hago lo peor nunca quedo sin castigo, porque si con rudeza yerro con verguença pago. Verdad es que en la obra presente no tengo tanto cargo pues me puse en ella más por necesidad de obedescer que con voluntad de escreuir. Porque de vuestra merced me fue dicho que deuia hazer alguna obra del estilo de vna oracion que enbié a la señora doña Marina Manuel porque le parecia menos malo que el que puse en otro tratado que vio mio. Assi que por conplir su mandamiento pense hacerla, auiendo por meior errar en el dezir, que en el desobedecer. Y tambien acordé endereçarla á vuestra merced, porque la fauorezca como señor y la emiende como discreto. Como quiera que primero que me determinase, estuue en grandes dubdas. Vista vuestra discrecion temia, mirada vuestra virtud osaua. En lo uno hallaua el miedo, y en lo otro buscaua la seguridad, y en fin escogí lo más dañoso para mi verguença, y lo más provechoso para lo que deuia.

Podré ser reprehendido, si en lo que agora escriuo, tornare á dezir algunas razones, de las que en otras cosas he dicho. De lo qual suplico á vuestra merced me salue; porque como he hecho otra escritura de la calidad de esta, no es de marauillar que la memoria desfallesca. Y si tal se hallare, por cierto más culpa tiene en ello mi oluido que mi querer.

Sin dubda, Señor, considerado esto y otras cosas que en lo que escriuo se pueden hallar, yo estaua determinado de cesar ya en el metro y en la prosa, por librar mi rudeza de juyzios, y mi espíritu de trabaios. Y paresce quanto más pienso hazerlo, que se me ofrecen más cosas para no poder conplirlo. Suplico á vuestra merced antes que condene mi falta, juzgue mi voluntad, porque reciba el pago no segund mi razon, mas segund mi deseo.

COMIENÇA LA OBRA

Despues de hecha la guerra del año pasado, viniendo á tener el inuierno á mi pobre reposo, pasando vna mañana, quando ya el sol queria esclarecer la tierra, por vnos valles hondos y escuros, que se hazen en la Sierra Morena, vi salir á mi encuentro por entre unos robredales do mi camino se hazia, vn cauallero assi feroz de presencia como espantoso de vista, cubierto todo de cabello á manera de saluaie. Leuaua en la mano ysquierda vn escudo de azero muy fuerte y en la derecha una ymagen femenil, entallada en vna piedra muy clara, la qual era de tan estrema hermosura, que me turbaua la vista; salian della diuersos rayos de fuego que leuaua encendido el cuerpo de vn onbre quel cauallero forciblemente leuaua tra si. El qual con un lastimado gemido de rato en rato dezia: en mi fe se sufre todo.

Y como empareió comigo, dixome con mortal angustia: caminante, por Dios te pido que me sigas y me ayudes en tan grand cuyta. Yo que en aquella sazon tenia más causa para temor que razon para responder; puestos los oios en la estraña vision estoue quedo, trastornando en el coraçon diuersas consideraciones. Dexar el camino que leuaua pareciame desuario, no hazer el ruego de aquel que assi padecia figurauaseme inumanidad. En siguille auia peligro, y en dexalle flaqueza. Con la turbacion no sabia escojer lo meior. Pero ya que el espanto dexó mi alteracion en algund sosiego, vi quanto era más obligado á la virtud que á la vida: y empachado de mi mesmo por la dubda en que estuue, seguí la via de aquel que quiso ayudarse de mi. Y como apresuré mi andar, sin mucha tardança alcancé a él y al que la fuerça le hazia, y assi seguimos todos tres por vnas partes no menos trabaiosas de andar, que solas de plazer y de gente, y como el ruego del forçado fué causa que lo siguiese, para acometer al que lo leuaua faltabame apareio y para rogalle merescimiento, de manera que me fallecia conseio. Y despues que reboluí el pensamiento en muchos acuerdos, tomé por el meior ponerle en alguna plática, porque como él me respondiese, así yo determinase. Y con este acuerdo supliquéle con la mayor cortesia que pude, me quisiese dezir quien era, á lo qual assi me respondió: Caminante, segund mi natural condicion, ninguna respuesta quisiera darte porque mi oficio mas es para secutar mal que para responder bien; pero como siempre me crié entre onbres de buena criança, vsaré contigo de la gentileza que aprendi y no de la braueza de mi natural. Tú sabras pues lo quieres saber. Yo soy principal oficial en la casa de amor, llamanme por nombre Deseo. Con la fortaleza deste escudo defiendo las esperanças, y con la hermosura desta ymagen causo las aficiones y con ellas quemo las vidas, como puedes ver en este preso que lieuo á la carcel de Amor donde con solo morir se espera librar.

Quando estas cosas el atormentator cauallero me yba diziendo, sobiamos vna sierra de tanta altura, que á mas andar mi fuerça desfallecia: y ya que con mucho trabaio llegamos á lo alto della, acabó su respuesta. Y como vido que en más pláticas quería ponelle yo que començaua á dalle gracias por la merced recebida, supitamente desaparecio de mi presencia. Y como esto pasó a tienpo que la noche venia, ningund tino pude tomar para saber donde guió: y como la escuridad y la poca sabiduría de la tierra me fuesen contrarias, tomé por propio conseio no mudarme de aquel lugar. Allí comence á maldezir mi ventura, allí desesperaua de toda esperança, allí esperaua mi perdimiento, allí en medio de mi tribulacion nunca me pesó de lo hecho; porque es meior perder haziendo virtud, que ganar dexandola de hazer. Y assí estuue toda la noche en tristes y trabaiosas contemplaciones: y quando ya la lumbre del día descubrio los canpos, vi cerca de mí, en lo mas alto de la sierra, vna torre de altura tan grande, que me parecía llegar al cielo; era hecha por tal artificio, que de la estrañeza della comence á marauillarme. Y puesto al pie, avnque el tienpo se me ofrecia más para temer que para notar, miré la nouedad de su lauor y de su edificio.

El cimiento sobre que estaua fundada, era vna piedra tan fuerte de su condicion y tan clara de su natural, qual nunca otra tal iamás auia visto: sobre la qual estauan firmados quatro pilares de vn marmol morado muy hermoso de mirar. Eran en tanta manera altos, que me espantaua como se podian sostener. Estaua encima dellos labrada vna torre de tres esquinas, la más fuerte que se puede contemplar. Tenia en cada esquina, en lo alto della, vna ymagen de nuestra umana hechura, de metal, pintada cada vna de su color; la vna de leonado, y la otra de negro, y la otra de pardillo. Tenia cada vna dellas vna cadena en la mano asida con mucha fuerza. Ví más encima de la torre vn chapitel sobrél qual estaua vn aguila que tenia el pico y las alas llenas de claridad de vnos rayos de lumbre que por dentro de la torre salían á ella. Oya dos velas que nunca vn solo punto dexauan de velar. Yo que de tales cosas iustamente me marauillaua, ni sabia dellas qué pensase, ni de mí qué hiziese; y estando conmigo en grandes dubdas y confusion, ví trauada con los mármoles dichos vn escalera que llegaua á la puerta de la torre, la qual tenia la entrada tan escura, que parescia la sobida della á ningund onbre posible. Pero ya deliberado quise antes perderme por sobir, que saluarme por estar, y forçada mi fortuna, comencé la sobida. Y á tres pasos del escalera hallé vna puerta de hierro, de lo que me certificó más el tiento de las manos que la lumbre de la vista, segund las tinieblas do estaua. Allegado pues á la puerta, hallé enella vn portero, al qual pedí licencia para la entrada, y respondiome que lo hacia, pero que me conuenia dexar las armas primero que entrase; y como le daua las que leuaua, segund costumbre de caminantes, díxome:

Amigo, bien paresce que de la usança desta casa sabes poco. Las armas que te pido, y te conuiene dexar, son aquellas con que el coraçon se suele defender de tristeza, assí como Descanso, y Esperança, y Contentamiento, porque con tales condiciones ninguno pudo gozar de la demanda que pides.

Pues sabida su intencion, sin detenerme en echar iuyzios sobre demanda tan nueua, respondile que yo venía sin aquellas armas, y que dello le dava seguridad. Pues como dello fue cierto, abrió la puerta: y con mucho trabajo y desatino llegué ya á lo alto de la torre donde hallé otro guardador que me hizo las preguntas del primero, y despues que supo de mí lo que el otro, diome lugar á que entrase. Y llegado al aposentamiento de la casa, ví en medio della vna silla de fuego en la qual estaua asentado aquel cuyo ruego de mi perdicion fue causa. Pero como allí con la turbacion descargaua con los oios, la lengua más entendía en mirar marauillas que en hazer preguntas, y como la vista no estaua despacio, ví que las tres cadenas de las ymágines que estauan en lo alto de la torre tenían atado aquel triste que sienpre se quemaua y nunca se acabaua de quemar. Noté más, que dos dueñas lastimeras con rostros llorosos y tristes le seruían y adornauan, poniendole con crueça en la cabeza vna corona de vnas puntas de hierro sin ninguna piedad, que le traspasauan todo el celebro. Y después desto miré que vn negro vestido de color amarilla venia diuersas vezes á echalle una visarma, y ví que le recebía los golpes en vn escudo que supitamente le salia de la cabeça y le cobria hasta los pies. Ví más, que quando le truxeron de comer le pusieron vna mesa negra, e tres seruidores mucho diligentes, los quales le dauan con graue sentimiento de comer. Y bueltos los oios al vn lado de la mesa, ví vn vieio anciano sentado en vna silla, echada la cabeça sobre vna mano en manera de onbre cuidoso, y ninguna destas cosas pudiera ver segund la escuridad de la torre, sino fuera por vn claro resplandor que le salía al preso del coraçon, que la esclarecía toda. El qual como me vió atónito de ver cosas de tales misterios, viendo como estaua en tienpo de poder pagarme con su habla lo poco que me deuia, por darme algund descanso, mezclando las razones discretas con las lágrimas piadosas, començo en esta manera á dezirme:

EL PRESO AL AUCTOR

Alguna parte del coraçon quisiera tener libre de sentimiento por dolerme de tí, segund yo deuiera y tú merecías. Pero ya tu vees en mi tribulacion, que no tengo poder para sentir otro mal sino el mio. Pidote que tomes por satisfacion no lo que hago, mas lo que deseo. Tu venida aquí yo la causé. El que viste traer preso yo soy, y con la turbacion que tienes, no as podido conoscerme. Torna en tí tu reposo, sosiega tu iuyzio porque estés atento á lo que te quiero dezir. Tu venida fué por remediarme, mi habla será por darte consuelo puesto que yo dél sepa poco. Quien yo soy quiero dezirte; de los misterios que vees quiero informarte. La causa de mi prision quiero que sepas, que me delibres quiero pedirte si por bien lo touieres. Tú sabras que yo soy Leriano, hijo del duque Guersio, que Dios perdone, y de la duquesa Coleria. Mi naturaleza, es este reyno do estás, llamado Macedonia. Ordenó mi ventura que me enamorase de Laureola hija del rey Gaulo que agora reyna, pensamiento que yo deviera antes huyr que buscar; pero como los primeros mouimientos no se puedan en los onbres escusar, en lugar de desuiallos con la razon, confirmelos con la voluntad, y assi de amor me vencí, que me truxo á esta tu casa la qual se llama Carcel de Amor. Y como nunca perdona, viendo desplegadas las velas de mi deseo, púsome en el estado que vees, y porque puedas notar meior su fundamiento y todo lo que has visto, deues saber que aquella piedra sobre quien la prision está fundada, es mi Fé que determinó de sofrir el dolor de su pena por bien de su mal. Los quatro pilares que asientan sobre ella son mi Entendimiento y mi Razon, y mi Memoria, y mi Voluntad. Los quales mandó Amor parescer en su presencia antes que me sentenciase; y por hazer de mi iusta iusticia, preguntó por si á cada vno si consentía que me prendiesen, porque si alguno no consentiese me absoluería de la pena. Á lo qual respondieron todos en esta manera. Dixo el Entendimiento: yo consiento al mal de la pena por el bien de la causa, de cuya razon es mi voto que se prenda. Dixo la Raçon: yo no solamente do consentimiento en la prision, más ordeno que muera; que meior le estará la dichosa muerte que la desesperada vida, segund por quien se ha de sofrir. Dixo la Memoria: pues el Entendimiento y la Razon consienten, porque sin morir no pueda ser libre, yo prometo de nunca oluidar. Dixo la Voluntad: pues que assi es, yo quiero ser llaue de su prision y determino de sienpre querer. Pues oyendo Amor que quien me auia de saluar me condenaua, dió como iusto esta sentencia cruel contra mí. Las tres ymágines que viste encima de la torre cubiertas cada vna de su color, de leonado y negro y pardillo, la vna es Tristeza, y la otra Congoxa, y la otra Trabaio. Las cadenas que tenian en las manos son sus fuerças, con las quales tiene atado el coraçon porque ningund descanso pueda recebir. La claridad grande que tenia en el pico y alas el aguila que viste sobre el chapitel, es mi Pensamiento, del qual sale tan clara luz por quien está en él, que basta para esclarecer las tinieblas deste triste carcel, y es tanta su fuerça que para llegar al aguila ningund impedimento le haze lo grueso del muro, assi que andan él y ella en vna conpañía, porque son las dos cosas que más alto suben, de cuya causa está mi prision en la mayor alteza de la tierra. Las dos velas que oyes velar con tal recaudo, son Desdicha y Desamor. Traen tal auiso porque ninguna esperança me pueda entrar con remedio. El escalera obscura por do sobiste es el Angustia con que sobí donde me vees. El primero portero que hallaste, es el Deseo, el qual á todas tristezas abre la puerta, y por esso te dixo que dexases las armas de plazer si por caso las trayas. El otro que acá en la torre hallaste, es el Tormento que aquí me traxo, el qual sigue en el cargo que tiene la condicion del primero, porque está de su mano. La silla de fuego en que asentado me vees, es mi iusta Aficion cuyas llamas siempre arden en mis entrañas. Las dos dueñas que me dan como notas corona de martyrio, se llaman la vna Ansia y la otra Passion, y satisfaçen á mi Fé con el galardon presente. El vieio que vees asentado, que tan cargado pensamiento representa, es el graue Cuydado que iunto con los otros males pone amenazas á la vida. El negro de vestiduras amarillas que se trabaia por quitarme la vida, se llama Desesperar; el escudo que me sale de la cabeça con que de sus golpes me defiendo, es mi Iuyzio, el qual viendo que vo con desesperacion á matarme, dizeme que no lo haga, porque visto lo que merece Laureola antes deuo desear larga vida por padecer, que la muerte para acabar. La mesa negra que para comer me ponen, es la Firmeça con que como, y pienso y duermo, en la qual sienpre estan los maniares tristes de mis contenplaciones. Los tres solicitos seruidores que me seruian, son llamados Mal y Pena y Dolor. El vno trae la cuyta con que coma y el otro trae la desesperança en que viene el maniar, y el otro trae la tribulacion y con ella, para que beua, trae el agua del coraçon á los oios, y de los oios á la boca.

Si te parece que soy bien seruido tú lo iuzga; si remedio he menester tú lo vees; ruegote mucho, pues en esta tierra eres venido, que tú me lo busques y te duelas de mí. No te pido otro bien sino que sepa de tí Laureola, quál me viste, y si por ventura te quisieres dello escusar porque me vees en tienpo que me falta sentido para que te lo agradezca, no te escuses, que mayor virtud es redemir los atribulados que sostener los prósperos. Assi sean tus obras que ni tú te quexes de ti por lo que no heziste, ni yo por lo que pudieras hazer.

RESPUESTA DEL AUCTOR Á LERIANO

En tus palabras, señor, as mostrado que pudo Amor prender tu libertad y no tu virtud, lo qual se prueua porque segund te veo deues tener mas gana de morir que de hablar, y por proueer en mi fatiga forçaste tu voluntad, iuzgando por les trabaios pasados y por la cuyta presente que yo ternía de beuir poca esperança, lo que sin duda era assí, pero causaste mi perdicion como deseoso de remedio y remediastela como perfeto de iuyzio. Por cierto no he avido menos plazer de oyrte que dolor de verte, porque en tu persona se muestra tu pena y en tus raçones se conosce tu bondad; siempre en la peior fortuna socorren los virtuosos como tú agora á mí heziste, que vistas las cosas desta tu carcel yo dubdaua de mi saluacion creyendo ser hechas más por arte diabólica que por condicion enamorada. La cuenta, señor, que me as dado te tengo en merced; de saber quien eres soy muy alegre; el trabaio por tí recebido he por bien enpleado. La moralidad de todas estas figuras me ha plazido saber puesto que diuersas vezes las ví; mas como no las pueda ver sino coraçon catiuo, quando le tenía tal conoscialas, y agora que estaua libre dubdaualas. Mandasme, señor, que haga saber á Laureola quál te vi, para lo qual hallo grandes inconuenientes porque un onbre de nacion estraña ¿qué forma se podrá dar para negociacion semeiante? Y no solamente ay esta duda pero otras muchas. La rudeça de mi engenio, la diferencia de la lengua, la grandeza de Laureola, la graueza del negocio, assí que en otra cosa no hallo apareio sino en sola mi voluntad la qual vence todos los inconuenientes dichos, que para tu seruicio la tengo tan ofrecida como si ouiese seydo tuyo despues que nascí. Yo haré de grado lo que mandas. Plega á Dios que lieues tal la dicha como el deseo, porque tu deliberacion sea testigo de mi diligencia. Tanta aficion te tengo y tanto me ha obligado á amarte tu nobleza, que avría tu remedio por galardon de mis trabaios. Entre tanto que vo, deues tenplar tu sentimiento con mi esperança porque quando buelua, si algund bien te truxere, tengas alguna biua con que puedas sentillo.

EL AUCTOR

E como acabé de responder á Leriano en la manera que es escrita, informeme del camino de Suria, cibdad donde estaua á la sazon el rey de Macedonia, que era media Jornada de la prision donde partí, y puesto en obra mi camino, llegué á la corte y despues que me aposenté fuy á palacio por ver el trato y estilo de la gente cortesana, y tanbien para mirar la forma del aposentamiento por saber donde me conplía yr ó estar ó aguardar para el negocio que quería aprender. Y hize esto ciertos días por aprender meior lo que mas me conuiniese, y quanto más estudiaua en la forma que ternía, menos dispusicion se me ofrecía para lo que deseaua; y buscadas todas las maneras que me auían de aprouechar, hallé la mas apareiada comunicarme con algunos mancebos cortesanos de los principales que allí veya, y como generalmente entre aquellos se suele hallar la buena criança, assí me trataron y dieron cabida que en poco tienpo yo fuí tan estimado entrellos como si fuera de su natural nacion, de forma que vine á noticia de las damas; y assí, de poco en poco, oue de ser conoçido de Laureola y auiendo ya noticia de mí, por más participarme con ella, contauale las cosas marauillosas de Spaña, cosa de que mucho holgaua, pues viendome tratado della como seruidor, pareciome que le podría ya dezir lo que quisiese; y vn día que la ví en vna sala apartada de las damas, puesta la rodilla en el suelo, díxele lo siguiente:

EL AUCTOR Á LAUREOLA

No les está menos bien el perdon á los poderosos quando son deseruidos, que á los pequeños la vengança quando son iniuriados; porque los vnos se emiendan por onrra y los otros perdonan por virtud, lo qual si á los grandes ombres es deuido, mas y muy mas á las generosas mugeres que tienen el coraçon real de su nacimiento y la piedad natural de su condicion. Digo esto, señora, porque para lo que te quiero dezir halle osadia en tu grandeza, porque no la puedes tener sin munificencia. Verdad es que primero que me determinase estoue dubdoso, pero en el fin de mis dubdas toue por meior, si inumanamente me quisieses tratar, padecer pena por dezir, que sofrilla por callar. Tú, señora, sabras que caminando vn día por unas asperezas desiertas vi que por mandado del Amor leuauan preso á Leriano, hijo del duque Guersio, el qual me rogó que en su cuyta le ayudase, de cuya razon dexé el camino de mi reposo por tomar el de su trabaio; y despues que largamente con el caminé vile meter en vna prision dulce para su voluntad y amarga para su vida, donde todos los males del mundo sostiene, dolor le atormenta, pasion le persigue, desesperança le destruye, muerte le amenaza, pena le secuta, pensamiento lo desuela, deseo le atribula, tristeza le condena, fé no le salua, supe dél que de todo esto tú eres causa, iuzgué, segund le ví, mayor dolor el que en el sentimiento callaua que el que con lagrimas descobría, y, vista tu presencia, hallo su tormento iusto. Con sospiros que le sacauan las entrañas me rogó te hiziese sabidora de su mal. Su ruego fue de lastima y mi obediencia de compasion. En el sentimiento suyo te iuzgué cruel, y en tu acatamiento te veo piadosa, lo qual va por razon que de tu hermosura se cree lo vno y de tu condicion se espera lo otro. Si la pena que le causas con el merecer, le remedias con la piedad, serás entre las mugeres nacidas la más alabada de quantas nacieron. Contenpla y mira quanto es meior que te alaben porque redemiste, que no que te culpen porque mataste; mira en qué cargo eres á Leriano, que avn su passion te haze seruicio, pues si la remedias, te da causa que puedas hazer lo mismo que Dios, porque no es de menos estima el redemir quel criar: assí que harás tú tanto en quitalle la muerte, como Dios en darle la vida. No sé que escusa pongas para no remediallo. Si no crees que matar es virtud, no te suplica que le hagas otro bien sino que te pese de su mal, que cosa graue para tí no creas que te la pidirya; que por meior avrá el penar que serte á tí causa de pena. Si por lo dicho mi atreuimiento me condena, su dolor del que me enbía me asuelue, el qual es tan grande que ningund mal me podrá venir que yguale con el que me causa. Suplícote sea tu respuesta conforme á la virtud que tienes y no á la saña que muestras, porque tú seas alabada, y yo buen mensaiero, y el catiuo Leriano libre.

RESPUESTA DE LAUREOLA

Así como fueron tus razones temerosas de dezir, assi son graues de perdonar. Si como eres de Spaña fueras de Macedonia, tu razonamiento y tu vida acabaran á vn tiempo, assi que por ser estraño no recebiras la pena que merecias, y no menos por la piedad que de mi iuzgaste, como quiera que en casos semeiantes tan devida es la iusticia como la clemencia, la qual en tí secutada pudiera causar dos bienes: el vno, que otros escarmentaran, y el otro que las altas mugeres fueran estimadas y tenidas segund merecen. Pero si tu osadía pide el castigo, mi mansedumbre consiente que te perdone, lo qual va fuera de todo derecho, porque no solamente por el atreuimiento deuias morir, más por la ofensa que á mi bondad heziste, en la qual posiste dubda; porque si á noticia de algunos lo que me dexiste veniese, más creería que fué por el apareio que en mi hallaste que por la pena que en Leriano viste, lo que con razon assí deue pensarse, viendo ser tan iusto que mi grandeza te posiese miedo, como su mal osadia. Si mas entiendes en procurar su libertad, buscando remedio para él hallarás peligro para tí; y auysote, avnque seas estraño en la nación, que serás natural en la sepoltura. Y porque detenerme en plática tan fea ofendo mi lengua, no digo más, que para que sepas lo que te cumple, lo dicho basta. Y si alguna esperança te queda porque te hable, en tal caso sea de poco beuir si más de la embaxada pensares vsar.

EL AUCTOR

Quando acabó Laureola su habla, ví, avnque fue corta en razon, que fue larga en enoio, el qual le enpedía la lengua; y despedido della comence á pensar diuersas cosas que grauemente me atormentauan. Pensaua quan alongado estaua de Spaña, acordauaseme de la tardança que hazia, traya á la memoria el dolor de Leriano, desconfiaua de su salud, y visto que no podía cunplir lo que me dispuse á hazer sin mi peligro ó su libertad, determiné de seguir mi propósito hasta acabar la vida ó leuar á Leriano esperança. Y con este acuerdo uolui otro día á palacio para ver qué rostro hallaria en Laureola, la cual como me vido, tratóme de la primera manera sin que ninguna mudança hiziese: de cuya seguridad tomé grandes sospechas. Pensaua si lo hazía por no esquiuarme, no auiendo por mal que tornase á la razon comentada. Creía que disimulaua por tornar al propósito para tomar emienda de mi atreuimiento, de manera que no sabia á qual de mis pensamientos diese fé. En fin, pasado aquel dia y otros muchos, hallaua en sus aparencias más causa para osar que razon para temer, y con este crédito, aguardé tiempo conuenible y hízele otra habla mostrando miedo, puesto que lo tuuiese, porque en tal negociacion y con semeiantes personas conuiene fengir turbacion: porque en tales partes el desenpacho es auido por desacatamiento, y parece que no se estima ni acata la grandeça y autoridad de quien oye con la desverguença de quien dize; y por saluarme deste yerro hablé con ella no segund desenpachado, mas segund temeroso.

Finalmente, yo le dixe todo lo que me parecio que conuenia para remedio de Leriano. Su respuesta fue de la forma de la primera saluo que ouo en ella menos saña, y como avnque en sus palabras avía menos esquiuidad para que deuiese callar, en sus muestras hallaua licencia para que osase dezir. Todas las vezes que tenia lugar le suplicaua se doliese de Leriano, y todas las vezes que gelo dezia, que fueron diuersas, hallaua áspero lo que respondía y sin aspereza lo que mostraua; y como traya aviso en todo lo que se esperaua prouecho, miraua en ella algunas cosas en que se conosce el coraçon enamorado. Quando estaua sola veyala pensatiua, quando estaua acompañada no muy alegre; erale la compañía aborrecible y la soledad agradable. Más vezes se quexaua que estaua mal por huyr los plazeres. Quando era vista fengia algun dolor, quando la dexauan daua grandes sospiros. Si Leriano se nombraua en su presencia, desatinaua de lo que dezía, boluiase supito colorada y despues amarilla, tornauase ronca su boz, secauasele la boca; por mucho que encobría sus mudanças forçauala la pasion piadosa á la disimulacion discreta. Digo piadosa porque sin dubda segund lo que despues mostró ella, recebia estas alteraciones más de piedad que de amor, pero como yo pensaua otra cosa viendo en ella tales señales, tenia en mi despacho alguna esperança; y con tal pensamiento partime para Leriano y despues que estensamente todo lo pasado le reconté, díxele que se esforçase á escreuir á Laureola, proferiéndome á dalle la carta, y puesto que él estaua más para hazer memorial de su hazienda que carta de su pasion, escriuio las razones de la qual eran tales.

CARTA DE LERIANO Á LAUREOLA

Si touiera tal razon para escreuirte como para quererte, sin miedo lo osara hazer, mas en saber que escriuo para tí, se turba el seso y se pierde el sentido, y desta causa antes que lo començase toue conmigo grand confusion. Mi fé dezia que osase, tu grandeza que temiese. En lo vno hallaua esperança y por lo otro desesperaua, y en el cabo acordé esto; mas guay de mí que comence temprano á dolerme y tarde á quexarme, porque á tal tiempo soy venido que si alguna merced te meresciese no ay en mí cosa biua para sentilla sino sola mi fé. El coraçon está sin fuerça, y el alma sin poder, y el iuycio sin memoria. Pero si tanta merced quisiesses hazerme que á estas razones te pluguiese responder, la fé con tal bien podria bastar para restituir las otras partes que destruiste. Yo me culpo porque te pido galardon sin averte hecho seruicio, avnque si recibes en cuenta de servir el penar, por mucho que me pagues siempre pensaré que me quedas en deuda.

Podras dezir que cómo pense escreuirte; no te marauilles que tu hermosura causó el aficion, y el aficion el deseo, y el deseo la pena, y la pena el atreuimiento; y si porque lo hize te pareciere que merezco muerte, mandamela dar, que muy meior es morir por tu causa que beuir sin tu esperança. Y hablandote verdad, la muerte sin que tú me la dieses yo mismo me la daria, por hallar en ella la libertad que en la vida busco, si tú no ouieses de quedar infamada por matadora, pues mal auenturado fuese el remedio que á mí librase de pena y á tí te causase culpa. Por quitar tales inconuenientes te suplico que hagas tu carta galardon de mis males, que avnque no me mate por lo que á ti toca, no podré beuir por lo que yo sufro, y todavía quedarás condenada. Si algund bien quisieres hazerme no lo tardes, sino podra ser que tengas tienpo de arrepentirte y no lugar de remediarme.

EL AUCTOR

Aunque Leriano segund su graue sentimiento se quisiera más estender, vsando de la discrecion y no de la pena no escriuio más largamente; porque para hazer saber á Laureola su mal bastaua lo dicho, que quando las cartas deuen alargarse es quando se cree que ay tal voluntad para leellas quien las recibe como para escriuillas quien las enbia; y porquél estaua libre de tal presuncion, no se estendio más en su carta. La qual despues de acabada recebí con tanta tristeza de uer las lágrimas con que Leriano me la daua, que pude sentida meior que contalla; y despedido dél partíme para Laureola, y como llegué donde estaua, hallé propio tienpo para poderle hablar, y antes que le diese la carta díxele tales razones.

EL AUCTOR Á LAUREOLA

Primero que nada te diga, te suplico que recibas la pena de aquel catiuo tuyo por descargo de la inportunidad mia, que donde quiera que me hallé siempre toue por costunbre de seruir antes que inportunar. Por cierto, señora, Leriano siente más el enoio que tú recibes que la pasion que él padece, y este tiene por el maior mal que ay en su mal. De lo qual quería escusarse, pero si su voluntad por no enoiarte desea sufrir, su alma por no padecer querria quexar. Lo vno le dize que calle y lo otro le haze dar bozes; y confiando en tu virtud, apremiado del dolor, quiere poner sus males en tu presencia, creyendo, avnque por vna parte te sea pesado, que por otra te causará conpasion. Mira por quantas cosas te merece galardon. Por oluidar su cuyta pide la muerte porque no se diga que tú la consentiste. Desea la vida porque tú la hazes; llama bienauenturada su pena por no sentirla; desea perder el iuyzio por alabar tu hermosura; quería tener los agenos y el suyo. Mira quanto le eres obligada que se precia de quien le destruye, tiene su memoria por todo su bien y esle ocasion de todo su mal. Si por ventura siendo yo tan desdichado pierde por mi intercesion lo quél merece por fé, suplícote recibas vna carta suya, y si leella quisieres, á él harás merced por lo que ha sufrido, y á tí te culparás por lo que le as causado, viendo claramente el mal que le queda en las palabras que enbia, las quales avnque la boca las dezia, el dolor las ordenaua. Assí te dé Dios tanta parte del cielo como mereces de la tierra, que la recibas y le respondas y con sola esta merced le podras redemir. Con ella esforçarás su flaqueza, con ella afloxarás su tormento, con ella fauoreceras su firmeza; pornasle en estado que ni quiera mas bien ni tema mas mal. Y si esto no quisieres hazer por quien deues, que es él, ni por quien lo suplica, que so yo, en tu virtud tengo esperança, que segund la vsas no sabras hazer otra cosa.

RESPUESTA DE LAUREOLA AL AUCTOR

En tanto estrecho me ponen tus porfias que muchas vezes he dubdado sobre qual haré antes; desterrar á tí de la tierra ó á mí de mi fama en darte lugar que digas lo que quisieres, y tengo acordado de no hazer lo vno de compasion tuya, porque si tu embaxada es mala, tu intencion es buena, pues la traes por remedio del querelloso. Ni tanpoco quiero lo otro de lástima mía, porque no podría él ser libre de pena sin que yo fuese condenada de culpa. Si pudiese remediar su mal sin amanzillar mi onrra, no con menos aficion que tú lo pides yo lo haría, mas ya tú conosces quanto las mugeres deuen ser más obligadas á su fama que á su vida, la qual deuen estimar en lo menos por razon de lo más que es la bondad. Pues si el beuir de Leriano ha de ser con la muerte desta, tú iuzga á quien con mas razon deuo ser piadosa, á mí ó á su mal. Y que esto todas las mugeres deuen assi tener, en muy más manera las de real nacimiento, en las quales assi ponen los oios todas las gentes, que antes se vee en ella la pequeña manzilla que en las baias la grand fealdad. Pues en tus palabras con la razon te conformas, ¿cómo cosa tan iniusta demandas?; mucho tienes que agradecerme porque tanto comunico contigo mis pensamientos, lo qual hago porque si me enoia tu demanda me aplaze tu condicion, y he plazer de mostrarte mi escusacion con iustas causas por saluarme de cargo.

La carta que dizes que reciba fuera bien escusada, porque no tienen menos fuerza mis defensas que confiança sus porfías. Porque tú la traes plazeme de tomarla. La respuesta no la esperes, ni trabages en pedirla, ni menos en mas hablar en esto, porque no te quexes de mi saña como te alabas de mi sofrimiento. Por dos cosas me culpo de auerme tanto detenido contigo. La vna porque la calidad de la plática me dexa muy enoiada, y la otra porque podras pensar que huelgo de hablar en ella y creeras que de Leriano me acuerdo. De lo qual no me marauillo, que, como las palabras sean ymagen del coraçon, yrás contento por lo que iuzgaste y leuarás buen esperança de lo que deseas: pues por no ser condenada de tu pensamiento si tal le touieres, te torno á requerir que sea esta la postrimera vez que en este caso me hables; si no, podra ser que te arrepientas y que buscando salud agena te falte remedio para la tuya.

EL AUCTOR

Tanta confusion me ponían las cosas de Laureola que quando pensaua que más la entendía, menos sabía de su voluntad. Quando tenía más esperança me daua mayor desuio, quando estaua seguro me ponia maiores miedos, sus desatinos cegauan mi conocimiento. En el recebir la carta me satisfizo, en el fin de su habla me desesperó. No sabía qué camino siguiese en que esperança hallase, y como onbre sin conseio partime para Leriano con acuerdo de darle algund consuelo entre tanto que buscaua el mejor medio que para su mal conuenía, y llegado donde estaua comencé á dezirle.

EL AUCTOR Á LERIANO

Por el despacho que traygo se conoce que donde falta la dicha no aprouecha la diligencia. Encomendaste tu remedio á mi que tan contraria me ha sido la ventura que en mis propias cosas la desprecio porque no me puede ser en lo porvenir tan fauorable que me satisfaga lo que en lo pasado me ha sido enemiga, puesto que en este caso buena escusa touiera para ayudarte, porque si yo era el mensaiero, tuyo era el negocio.

Las cosas que con Laureola he pasado ni pude entenderlas ni sabre dezirlas, porque son de condicion nueua. Mill vezes pensé venir á darte remedio y otras tantas á darte la sepoltura. Todas las señales de voluntad vencida vi en sus aparencias, todos los desabrimientos de muger sin amor vi en sus palabras; iuzgandola me alegraua, oyendola me entristecia; á las vezes creya que lo hazia de sabida y á las vezes de desamorada. Pero con todo viendola mouible creya su desamor, porque quando amor prende haze el coraçon constante y quando lo dexa libre mudable. Por otra parte pensaua si lo hazia de medrosa segund el brauo coraçon de su padre. Qué dirás, ¿que recibió tu carta y recebida me afrentó con amenazas de muerte si mas en tu caso le hablaua? Mira qué cosa tan graue parece en vn punto tales dos diferencias. Si por estenso todo lo pasado te oviese de contar, antes falleceria tiempo para dezir que cosas para que te dixiese. Suplícote que esfuerce tu seso lo que enflaquece tu pasion, que segund estás mas as menester sepoltura que consuelo. Si algund espacio no te das, tus huesos querrás dexar en memoria de tu fé, lo qual no deues hazer, que para satisfacion de tí mismo más te conuiene beuir para que sufras que morir para que no penes. Esto digo porque de tu pena te veo gloriar: segund tu dolor gran corona es para tí que se diga que touiste esfuerço para sofrirlo. Los fuertes en las grandes fortunas muestran mayor coraçon; ninguna diferencia entre buenos y malos avria si la bondad no fuese tentada. Cata que con larga vida todo se alcança: ten esperança en tu fé que su propósito de Laureola se podra mudar y tu firmeza nunca. No quiero dezirte todo lo que para tu consolacion pense, porque segund tus lágrimas en lugar de amatar tus ansias las enciendo. Quanto te pareciere que yo pueda hazer mandalo, que no tengo menos voluntad de seruir tu persona que remediar tu salud.

RESPONDE LERIANO

La dispusicion en que estó ya la vees, la priuacion de mi sentido ya la conoces, la turbacion de mi lengua ya la notas; y, por esto, no te marauilles si en mi respuesta ouiere mas lágrimas que concierto, las quales, porque Laureola las saca del coraçon, son dulce manjar de mi voluntad. Las cosas que con ella pasaste, pues tú que tienes libre el iuyzio no las entiendes, ¿qué haré yo que para otra cosa no le tengo sino para alabar su hermosura y por llamar bienauenturada mi fin? Estas querria que fuesen las postrimeras palabras de mi vida porque son en su alabança. ¿Qué mayor bien puede auer en mi mal que querello ella? Si fuera tan dichoso en el galardon que merezco como en la pena que sufro, ¿quién me podiera ygualar? Meior me es á mi morir, pues de ello es seruida, que beuir si por ello ha de ser enoiada. Lo que mas sentire quando muera, será saber que perecen los oios que la vieron y el coraçon que la contempló, lo qual segund quien ella es, va fuera de toda razon. Digo esto porque veas que sus obras en lugar de apocar amor acrecientan fé. Si en el coraçon catiuo las consolaciones hiziesen fruto, la que tú me as dado bastara para esforçarme, pero como los oydos de los tristes tienen cerraduras de pasion no ay por donde entren al alma las palabras de consuelo. Para que pueda sofrir mi mal como dizes, dame tú la fuerça y yo porne la voluntad. Las cosas de onrra que pones delante conozcolas con la razon y niegolas con ella misma.

Digo que las conozco y aprueuo si las ha de vsar onbre libre de mi pensamiento, y digo que las niego para comigo pues pienso avnque busque graue pena que escogí onrrada muerte. El trabaio que por mi as recebido y el deseo que te he visto me obligauan á ofrecer por tí la vida todas las vezes que fuere menester, mas pues lo menos della me queda de beuir seate satisfacion lo que quisiera y no lo que puedo. Mucho te ruego pues esta será la final buena obra que tú me podras hazer y yo recebir que quieras leuar á Laureola en vna carta mia nueuas con que se alegre, porque della sepa como me despido de la vida y de mas dalle enoio, la qual en esfuerço que la leuarás quiero començar en tu presencia y las razones della sean estas.

CARTA DE LERIANO Á LAUREOLA

Pues el galardon de mis afanes auie de ser mi sepoltura ya soy a tiempo de recebirlo. Morir no creas que me desplaze, que aquel es de poco iuyzio que aborrece lo que da libertad. ¿Mas que haré que acabará comigo el esperança de verte graue cosa para sentir? Dirás que cómo tan presto en vn año ha o poco mas que ha que soy tuyo desfallescio mi sofrimiento; no te deues marauillar que tu poca esperança y mi mucha pasion podian bastar para más de quitar la fuerça al sofrir, no pudiera pensar que á tal cosa dieras lugar si tus obras no me lo certificaran.

Siempre crey que forçara tu condicion piadosa á tu voluntad porfiada, como quiera que en esto si mi vida recibe el daño mi dicha tiene la culpa, espantado estoy cómo de tí misma no te dueles. Dite la libertad, ofrecite el coraçon, no quise ser nada mio por serlo del todo tuyo, pues, ¿cómo te querrá seruir ni tener amor quien sopiere que tus propias cosas destruyes? Por cierto tú eres tu enemiga. Si no me querias remediar porque me saluara yo, deuieraslo hazer porque no te condenaras tú. Porque en mi perdicion ouiese algund bien deseo que te pese della, mas si el pesar te avie de dar pena no lo quiero, que pues nunca biuiendo te hize seruicio no seria iusto que moriendo te causase enoio. Los que ponen los oios en el sol quanto mas lo miran mas se ciegan, y assi quanto yo más contenplo tu hermosura mas ciego tengo el sentido. Esto digo porque de los desconciertos escritos no te marauilles: verdad es que á tal tienpo escusado era tal descargo, porque segund quedo mas estó en disposicion de acabar la vida que de desculpar las razones.

Pero quisiera que lo que tú auias de ver fuera ordenado, porque no ocuparas tu saber en cosa tan fuera de tu condicion. Si consientes que muera porque se publique que podiste matar, mal te aconseiaste, que sin esperiencia mia lo certificava la hermosura tuya; si lo tienes por bien porque no era merecedor de tus mercedes, pensaua alcançar por fé lo que por desmerecer perdiese, y, con este pensamiento, osé tomar tal cuydado. Si por ventura te plaze por parecerte que no se podria remediar sin tu ofensa mi cuyta, nunca pense pedirte merced que te causase culpa. ¿Cómo auia de aprouecharme el bien que á ti te viniese mal? Solamente pedí tu respuesta por primero y postrimero galardon. Dexadas mas largas te suplico, pues acabas la vida que onrres la muerte, porque si en lugar donde van las almas desesperadas ay algun bien, no pediré otro si no sentido para sentir que onrraste mis huesos por gozar aquel poco espacio de gloria tan grande.

EL AUCTOR

Acabada la habla y carta de Leriano, satisfaziendo los oios por las palabras con muchas lagrimas, sin poderle hablar despedime dél, auiendo aquella, segund le vi, por la postrimera vez que lo esperaua ver; y puesto en el camino puse su sobrescrito á su carta porque Laureola en seguridad de aquel la quisiese recebir. Y llegado donde estaua, acordé de gela dar, la qual creiendo que era de otra calidad recebio, y començo y acabó leer; y como en todo aquel tiempo que la leya nunca partiese de su rostro mi vista, vi que quando acabó de leerla quedó tan enmudecida y turbada como si gran mal touiera, y como su turbacion de mirar la mia no le escusase, por asegurarme hizo me preguntas y hablas fuera de todo proposito, y para librarse de la conpañia que en semeiantes tienpos es peligrosa, porque las mudanças públicas no descubriessen los pensamientos, retraxose. Y assí estuuo aquella noche sin hablarme nada en el propósito, y otro dia de mañana mandome llamar y despues que me dixo quantas razones bastauan para descargarse del consentimiento que daua en la pena de Leriano, dixome que le tenia escrito pareciéndole inumanidad perder por tan poco precio un onbre tal; y porque con el plazer de lo que le oya estaua desatinado en lo que hablaua, no escriuo la dulceza y onestad que ouo en su razonamiento. Quien quiera que la oyera pudiera conocer que aquel estudio auie vsado poco: ya de enpachada estaua encendida, ya de turbada se tornaua amarilla. Tenia tal alteracion y tan sin aliento la habla como si esperara sentencia de muerte; en tal manera le tenblaua la boz que no podía forçar con la discrecion al miedo. Mi respuesta fué breve porque el tienpo para alargarme no me daua lugar, y despues de besalle las manos recebi su carta, las razones de la qual eran tales.

CARTA DE LAUREOLA Á LERIANO

La muerte que esperauas tú de penado merecia yo por culpada si en esto que hago pecase mi voluntad, lo que cierto no es assí, que más te escriuo por redemir tu vida que por satisfazer tu deseo. Mas, triste de mi, que este descargo solamente aprouecha para conplir comigo, porque si deste pecado fuese acusada no tengo otro testigo para saluarme sino mi intencion, y por ser parte tan principal no se tomaria en cuenta su dicho, y con este miedo, la mano en el papel, puse el coraçon en el cielo, haziendo iuez de mi fin aquel á quien la verdad de las cosas es manifiesta.

Todas las vezes que dudé en responderte fue porque sin mi condenacion no podias tú ser asuelto. Como agora parece que puesto que tú solo y el levador de mi carta sepays que escreui, qué sé yo los iuycios que dareys sobre mi; y digo que sean sanos sola mi sospecha me amanzilla.

Ruegote mucho quando con mi respuesta en medio de tus plazeres estés mas vfano, que te acuerdes de la fama de quien los causó, y auiso te desto, porque semeiantes fauores desean publicarse teniendo mas acatamiento á la vitoria dellos que á la fama de quien los da. Quanto meior me estouiera ser afeada por cruel que amanzillada por piadosa, tú lo conosces, y por remediarte vsé lo contrario. Ya tú tienes lo que deseauas y yo lo que temia. Por Dios te pido que enbueluas mi carta en tu fe, porque si es tan cierta como confiesas no se te pierda ni de nadie pueda ser vista, que quien viese lo que te escriuo pensaria que te amo, y creeria que mis razones antes eran dichas por disimulacion de la verdad que por la verdad. Lo qual es al reues, que por cierto mas las digo, como ya he dicho, con intencion piadosa que con voluntad enamorada. Por hazerte creer esto querria estenderme y por no ponerte otra sospecha acabo, y para que mis obras recibiesen galardon iusto auia de hazer la vida otro tanto.

EL AUCTOR

Recibida la carta de Laureola acordé de partirme para Leriano, el qual camino quise hazer acompañado, por leuar comigo quien á él y á mí ayudase en la gloria de mi enbaxada, y por animarlos para adelante llamé los mayores enemigos de nuestro negocio que eran Contentamiento, y Esperança, y Descanso, y Plazer, y Alegría, y Holgança. Y porque si las guardas de la prision de Leriano quisiesen por leuar conpañía defenderme la entrada, pense de yr en orden de guerra, y con tal pensamiento, hecha vna batalla de toda mi conpañía, seguí mi camino, y allegado á vn alto donde se parecia la prision, viendo los guardadores della mi seña que era verde y colorada, en lugar de defenderse pusieronse en huyda tan grande que quien mas huya mas cerca pensaua que yua del peligro. Y como Leriano vido sobre á ora tal rebato, no sabiendo qué cosa fuese, pusose á vna ventana de la torre, hablando verdad, mas con flaqueza de espíritu que con esperança de socorro. Y como me vio venir en batalla de tan hermosa gente, conocio lo que era, y lo vno de la poca fuerça y lo otro de supito, bien perdido el sentido, cayó en el suelo de dentro de la casa. Pues yo que no leuaua espacio, como llegué al escalera por donde solia sobir eché á descanso delante, el qual dió estraña claridad á su tinibra, y subido á donde estaua el ya bienauenturado, quando le ví en manera mortal pense que yua á buen tienpo para llorarlo y tarde para darle remedio, pero socorrio luego Esperança que andaua allí la mas diligente y echandole vn poco de agua en el rostro tornó en su acuerdo, y por más esforçarle dile la carta de Laureola, y entre tanto que la leya todos los que leuaua comigo procurauan su salud. Alegria le alegraua el coraçon, Descanso le consolaua el alma, Esperança le bolvia el sentido, Contentamiento le aclaraua la vista, Holgança le restituya la fuerça, Plazer le abiuaua el entendimiento, y en tal manera lo trataron que quando lo que Laureola le escrebió acabó de leer estaua tan sano como si ninguna pasion vuiera tenido. Y como vido que mi diligencia le dio libertad echabame muchas vezes los brazos encima, ofreciendome á él y á todo lo suyo, y pareciale poco precio segund lo que merecia mi seruicio. De tal manera eran sus ofrecimientos que no sabía responderle como yo deuia y quien él era. Pues despues que entre él y mí grandes cosas pasaron, acordó de yrse á la corte, y antes que fuesse estuuo algunos dias en vna villa suya por rehazerse de fuerças y atauios para su partida, y como se vido en disposicion de poderse partir pusolo en obra, y sabido en la corte como yua, todos los grandes señores y mancebos cortesanos salieron á recebirle. Mas como aquellas cerimonias vieias touiesse sabidas, mas vfana le daua la gloria secreta que la onrra pública, y así fue acompañado hasta palacio. Quando besó las manos á Laureola pasaron cosas mucho de notar, en especial para mí que sabia lo que entre ellos estaua: al vno le sobraua turbacion, al otro le faltaua color; ni él sabie qué dezir, ni ella qué responder, que tanta fuerça tienen las pasiones enamoradas que sienpre traen el seso y discrecion debaxo de su vandera; lo que allí vi por clara esperiencia.

Y puesto que de las mudanças dellos ninguno touiese noticia por la poca sospecha que de su pendencia auia, Persio, hijo del señor de Gavia miró en ellas, trayendo el mismo pensamiento que Leriano traya; y como las sospechas celosas escudriñan las cosas secretas, tanto miró de allí adelante las hablas y señales dél, que dió crédito á lo que sospechaua: y no solamente dió fé á lo que veya, que no era nada, mas á lo que ymaginaua él que era todo. Y con este maluado pensamiento, sin más deliberacion ni conseio, apartó al rey en vn secreto lugar y dixole afirmadamente que Laureola y Leriano se amauan y que se veyan todas las noches despues que él dormia, y que gelo hazia saber por lo que deuie á la onrra y á su seruicio. Turbado el rey de cosa tal, estouo dubdoso y pensatiuo sin luego determinarse á responder, y despues que mucho dormio sobre ello, tovolo por verdad, creyendo segund la virtud y auctoridad de Persio que no le diria otra cosa. Pero con todo esso primero que deliberase quiso acordar lo que deuie hazer, y puesta Laureola en vna carcel mandó llamar á Persio y dixole que acusase de traydor á Leriano, segun sus leyes, de cuyo mandamiento fue mucho afrontado. Mas como la calidad del negocio le forçaua á otorgarlo, respondió al rey que aceutaua su mando y que daua gracias á Dios que le ofrecia caso para que fuesen sus manos testimonio de su bondad; y como semeiantes autos se acustumbran en Macedonia hazer por carteles y no en presencia del rey, enbió en vno Persio á Leriano las razones siguientes:

CARTEL DE PERSIO PARA LERIANO

Pues procede de las virtuosas obras la loable fama, iusto es que la maldad se castigue porque la virtud se sostenga, y con tanta diligencia deue ser la bondad anparada que los enemigos della si por voluntad no la obraren, por miedo la vsen. Digo esto, Leriano, porque la pena que recebirás de la culpa que cometiste sera castigo para que tú pagues y otros teman, que si á tales cosas se diese lugar no sería menos fauorecida la desvirtud en los malos, que la nobleza en los buenos.

Por cierto mal te as aprovechado de la limpieza que eredaste; tus mayores te mostraron hazer bondad y tú aprendiste obrar trayzion; sus huessos se leuantarian contra tí si supiesen como ensuziaste por tal error sus nobles obras. Pero venido eres á tienpo que recibieras por lo hecho, fin en la vida y manzilla en la fama. Malauenturados aquellos como tú que no saben escoger muerte onesta; sin mirar el seruicio de tu rey y la obligacion de tu sangre touiste osada desuerguença para enamorarte de Laureola, con la qual en su camara, despues de acostado el rey, diuersas vezes as hablado, escureciendo por seguir tu condicion tu claro linage, de cuya razon te rebto por traydor, y sobrello te entiendo matar ó echar del canpo; ó lo que digo hazer confesar por tu boca, donde quanto el mundo durare sere en exenplo de lealtad; y atreuome á tanto confiando en tu falsía y mi verdad. Las armas escoge de la manera que querras y el canpo. Yo de parte del rey lo hago seguro.

RESPUESTA DE LERIANO

Persio, mayor seria mi fortuna que tu malicia si la culpa que me cargas con maldad no te diese la pena que mereces por iusticia. Si fueras tan discreto como malo, por quitarte de tal peligro antes deuieras saber mi intencion que sentenciar mis obras. Á lo que agora conozco de tí, mas curauas de parecer bueno que de serlo. Teniendote por cierto amigo todas mis cosas comunicaua contigo y segund parece yo confiaua de tu virtud y tú vsauas de tu condicion. Como la bondad que mostrauas concertó el amistad, assi la falsedad que encobrías causó la enemiga. ¡Ó enemigo de tí mismo! que con razon lo puedo dezir, pues por tu testimonio dexarás la memoria con cargo y acabarás la vida con mengua. ¿Por que pusiste la lengua en Laureola que sola su bondad basta a si toda la del mundo se perdiese para tornarla á cobrar? Pues tú afirmas mentira clara y yo defiendo causa iusta, ella quedará libre de culpa y tu onrra no de verguença. No quiero responder á tus desmesuras porque hallo por mas onesto camino vencerte con la persona que satisfazerte con las palabras. Solamente quiero venir a lo que haze al caso, pues allí está la fuerça de nuestro debate. Acusasme de traydor y afirmas que entré muchas vezes en su camara de Laureola despues del rey retraydo. Á lo vno y á lo otro te digo que mientes, como quiera que no niego que con voluntad enamorada la miré. Pero si fuerça de amor ordenó el pensamiento, lealtad virtuosa causó la lynpieza dél; assi que por ser della fauorecido y no por ál lo pensé. Y para mas afearte te defendere no solo que no entré en su camara, mas que palabras de amores iamás le hablé, pues quando la intencion no peca saluo está el que se iuzga, y porque la determinacion desto ha de ser con la muerte del vno y no con las lenguas dentramos, quede para el dia del hecho la sentencia, la qual fio en Dios se dara por mí, porque tú reutas con malicia y yo defiendo con razon y la verdad determina con iusticia. Las armas que á mí son de señalar sean a la bryda segund nuestra costumbre, nosotros armados de todas pieças, los cauallos con cubiertas y cuello y testera, lanças yguales y sendas espadas sin ninguna otra arma de las vsadas, con las quales defendiendo lo dicho, ó (te) haré desdezir ó echaré del campo sobrello.

EL AUCTOR

Como la mala fortuna enbidiosa de los bienes de Leriano vsase con él de su natural condicion, diole tal reues quando le vido mayor en prosperidad. Sus desdichas causauan pasion á quien las vio y conbidan á pena á quien las oye. Pues desando su cuyta para hablar en su reuto, despues que respondio al cartel de Persio como es escrito, sabiendo el rey que estauan concertados en la batalla, aseguró el canpo, y señalando el lugar donde hiziesen, y ordenadas todas las cosas que en tal auto se requerian segund las ordenanças de Macedonia, puesto el rey en vn cadahalso, vinieron los caualleros cada vno acompañado y fauorecido como merecía y guardadas en ygualdad las onrras dentrambos entraron en el canpo: y como los fieles los dexaron solos, fueronse el vno para el otro donde en la fuerça de los golpes mostraron la virtud de los animos, y quebradas las lanças en los primeros encuentros pusieron mano á las espadas, y assi se conbatian que quien quiera ouiera enbidia de lo que obrauan y compasion de lo que padecian.

Finalmente, por no detenerme en esto que parece cuento de ystorias vieias, Leriano le cortó á Persio la mano derecha, y como la meior parte de su persona le viese perdida dixole: Persio, porque no pague tu vida por la falsedad de tu lengua deues te desdezir. El qual respondio: haz lo que as de hazer, que aunque me falta el braço para defender no me fallece coraçon para morir. Y oyendo Leriano tal respuesta diole tanta priesa que lo puso en la postrimera necesidad; y como ciertos caualleros sus parientes le viesen en estrecho de muerte suplicaron al rey mandase echar el baston, que ellos le fiauan para que dél hiziese iusticia si claramente se hallase culpado; lo qual el rey assi les otorgó. Y como fuesen despartidos, Leriano de tan grande agrauio con mucha razon se sentio, no podiendo pensar porqué el rey tal cosa mandase. Pues como fueron despartidos, sacaronlos del canpo yguales en cerimonia avnque desyguales en fama, y assi los leuaron á sus posadas donde estuvieron aquella noche; y otro dia de mañana avido Leriano su conseio, acordó de yr á palacio á suplicar y requerir al rey en presencia de toda su corte, le mandase restituir en su onrra haziendo iusticia de Persio. El qual como era malino de condicion y agudo de iuyzio, en tanto que Leriano lo que es contado acordaua, hizo llamar tres onbres muy conformes de sus costumbres que tenia por muy suyos, y iuramentandolos que le guardasen secreto dió á cada uno infinito dinero porque dixesen y iurasen al rey que vieron hablar á Leriano con Laureola en lugares sospechosos y en tienpos desonestos, los quales se profirieron á afirmarlo y iurarlo hasta perder la vida sobrello. No quiero dezir lo que Laureola en todo esto sentia porque la pasion no turbe el sentido para acabar lo començado, porque no tengo agora menos nueuo su dolor que quando estaua presente. Pues tornando á Leriano que mas de su prision della se dolia que de la Vitoria dél se gloriaua, como supo que el rey era leuantado fuese á palacio y presentes los caualleros de su corte hizole una habla en esta manera.

LERIANO AL REY

Por cierto, señor, con mayor voluntad sufriera el castigo de tu iusticia que la verguença de tu presencia, si ayer no leuara lo meior de la batalla, donde si tú lo ouieras por bien, de la falsa acusacion de Persio quedara del todo libre: que puesto que á vista de todos yo le diera el galardon que merecia, gran ventaia va de hizieralo á hizolo. La razon por que despartir nos mandaste no la puedo pensar, en especial tocando á mi mismo el debate, que aunque de Laureola deseases vengança, como generoso no te faltaria piedad de padre, comoquiera que en este caso, bien creo quedaste satisfecho de tu descargo. Si lo heziste por conpasion que auias de Persio, tan iusto fuera que la vuieras de mi onrra como de su vida, siendo tu natural. Si por ventura lo consentiste por verte aquexado de la suplicacion de sus parientes, quando les otorgaste la merced deuieras acordarte de los seruicios que los mios te hizieron, pues sabes con quanta costança de coraçon, quantos dellos en muchas batallas y combates perdieron por tu seruicio las vidas. Nunca hueste iuntaste que la tercia parte dellos no fuese. Suplicote que por iuyzio me satisfagas la onrra que por mis manos me quitaste: cata que guardando las leyes se conseruan los naturales. No consientas que biua onbre que tan mal guarda las preeminencias de sus pasados, porque no corronpan su benino los que con él participaren. Por cierto no tengo otra culpa sino ser amigo del culpado, y si por este indicio merezco pena, damela avn que mi inocencia della me asuelua, pues conserué su amistad creyendole bueno y no iuzgandole malo. Si le das la vida por seruirte del, digote que te sera el mas leal cizañador que puedas hallar en el mundo. Requierote contigo mismo, pues eres obligado á ser ygual en derecho, que en esto determines con la prudencia que tienes y sentencies con la iusticia que vsas. Señor, las cosas de onrra deuen ser claras, y si á este perdonas por ruegos, ó por ser principal en tu reyno, ó por lo que te plazera, no quedará en los iuyzios de las gentes por desculpado del todo; que si vnos creyeren la verdad por razon, otros la turbarán con malicia: y digote que en tu reyno lo cierto se sepa. Nunca la fama leua lexos lo cierto; como sonará en los otros lo que es pasado, si queda sin castigo publico; por Dios, señor, dexa mi onrra sin disputa, y de mi vida y lo mio ordena lo que quisieres.

EL AUCTOR

Atento estuuo el rey á todo lo que Leriano quiso dezir, y acabada su habla respondiole que el auria su conseio sobre lo que deuiese hazer, que en cosa tal con deliberacion se auie de dar la sentencia. Verdad es que la respuesta del rey no fue tan dulce como deuiera, lo qual fue porque si á Laureola daua por libre segund lo que vido, él no lo estaua de enoio; porque Leriano penso de seruilla auiendo por culpado su pensamiento avnque no lo fuese su entencion: y asi por esto como por quitar el escandalo que andaua entre su parentela y la de Persio mandóle yr á vna villa suya que estaua dos leguas de la corte, llamada Susa, entre tanto que acordaua en el caso. Lo que luego hizo con alegre coraçon teniendo ya á Laureola por desculpada, cosa que él tanto deseaua.

Pues como del rey fue despedido, Persio que siempre se trabaiaua en ofender su onrra por condicion y en defenderla por malicia, llamó los coniurados antes que Laureola se delibrase y dixoles que cada vno por su parte se fuese al rey y le dixese como de suyo por quitar le dubdas, que él acusó á Leriano con verdad de lo qual ellos eran testigos, que le vieron hablar diuersas veces con ella en soledad. Lo que ellos hizieron de la manera que él gelo dixo, y tal forma supieron darse y assi afirmaron su testimonio que turbaron al rey, el qual despues de auer sobrello mucho pensado mandólos llamar y como vinieron, hizo á cada uno por si preguntas muy agudas y sotiles para ver si los hallaria mudables ó desatinados en lo que respondiesen. Y como deuieran gastar su vida en estudio de falsedad, quanto mas hablauan meior sabian concertar su mentira, de manera que el rey les dió entera fé: por cuya informacion teniendo á Persio por leal seruidor, creya que mas por su mala fortuna que por su poca verdad auia leuado lo peor de la batalla. ¡O Persio, quanto meior te estouiera la muerte vna vez que merecella tantas! Pues queriendo el rey que pagase la inocencia de Laureola por la traycion de los falsos testigos acordó que fuese sentenciada por iusticia: lo qual como viniese á noticia de Leriano estouo en poco de perder el seso, y con vn arrebatamiento y pasion desesperada acordaua de yr á la corte á librar á Laureola y matar á Persio ó perder por ello la vida. Y viendo yo ser aquel conseio de mas peligro que esperança, puesto con el en razon desvielo dél, y como estaua con la aceleracion desacordado quiso seruirse de mi parecer en lo que ouiese de delibrar, el qual me plogo dalle porque no dispusiese con alteracion, para que se arrepintiese con pesar, y despues que en mi flaco iuycio se representó lo mas seguro, dixele lo que se sigue.

EL AUCTOR Á LERIANO

Asi, señor, querria ser discreto para alabar tu seso como poderoso para remediar tu mal, porque fueses alegre como yo deseo y loado como tú mereces. Digo esto por el sabio sofrimiento que en tal tiempo muestras, que como viste tu iuyzio enbargado de pasion conociste que seria lo que obrases no segund lo que sabes mas segund lo que sientes, y con este discreto conocimiento quesiste antes errar por mi conseio sinple y libre que acertar por el tuyo natural y enpedido. Mucho he pensado sobre lo que en esta tu grande fortuna se deue hazer y hallo segund mi pobre iuyzio que lo primero que se cunple ordenar es tu reposo, el qual te desuia el caso presente.

De mi voto el primer acuerdo que tomaste sera el postrero que obres, porque como es gran cosa la que as de enprender, assi como gran pesadunbre se deue determinar; sienpre de lo dubdoso se ha de tomar lo mas seguro, y si te pones en matar á Persio y librar á Laureola deues antes ver si es cosa con que podras salir, que como es de mas estima la onrra della que la vida tuya, sino pudieses acabarlo dexarias a ella condenada y a ti desonrrado. Cata que los onbres obran y la ventura iuzga; si a bien salen las cosas son alabadas por buenas, y si a mal auidas por desuariadas. Si libras a Laureola dirase que heziste osadia y sino que pensaste locura; pues tienes espacio daqui a nueue dias que se dara la sentencia prueua todos los otros remedios que muestran esperança, y si en ellos no la hallares dispornas lo que tienes pensado, que en tal demanda avnque pierdas la vida la daras a tu fama. Pero en esto ay una cosa que deue ser proueyda primero que lo cometas y es esta: estemos agora en que as forçado la prision y sacado della a Laureola. Si la traes a tu tierra es condenada de culpa; donde quiera que allá la dexes no la librarás de pena. Cata aqui mayor mal que el primero. Pareceme a mi, para sanear esto obrando tú esto otro, que se deue tener tal forma: yo llegaré de tu parte a Galio, hermano de la reyna, que en parte desea tanto la libertad de la presa como tú mismo, y le dire lo que tienes acordado, y le suplicaré, por que sea salva del cargo y de la vida, que esté para el dia que fueres con alguna gente, para que si fuere tal tu ventura que la puedas sacar, en sacandola la pongas en su poder a vista de todo el mundo, en testimonio de su bondad y tu linpieça; y que recebida, entre tanto que el rey sabe lo vno y provee en lo otro, la ponga en Dala fortaleza suya donde podra venir el hecho a buen fin. Mas como te tengo dicho, esto se ha de tomar por postrimero partido. Lo que antes se conuiene negociar es esto: yo yre a la corte y iuntaré con el cardenal de Gausa todos los caualleros y perlados que ay se hallaren, el qual con voluntad alegre suplicará al rey le otorgue a Laureola la vida; y si en esto no hallare remedio suplicaré a la reyna que con todas las onestas y principales mugeres de su casa y cibdad le pida la libertad de su hija, á cuyas lagrimas y peticion no podrá, a mi creer, negar piedad. Y si aqui no hallo esperança dire a Laureola que le escriua certificandole su inocencia; y quando todas estas cosas me fueren contrarias proferirme al rey que daras vna persona tuya que haga armas con los tres maluados testigos; y no aprouechando nada desto probarás la fuerça en la que por ventura hallarás la piedad que en el rey yo buscaua. Pero antes que me parta me parece que deues escreuir a Laureola esforçando su miedo con seguridad de su vida la qual enteramente le puedes dar. Que pues se dispone en el cielo lo que se obra en la tierra, no puede ser que Dios no reciba sus lagrimas inocentes y tus peticiones iustas.

EL AUCTOR

Solo vn punto no salio Leriano de mi parecer porque le parecio aquél propio camino para despachar su hecho mas sanamente, pero con todo esso no le aseguraua el coraçon, porque temia, segund la fama del rey, mandaria dar antes del plazo la sentencia, de lo qual no me maravillaua, porque los firmes enamorados lo mas dudoso y contrario creen mas ayna, y lo que mas desean tienen por menos cierto. Concluyendo él escriuió para Laureola con mucha duda que no querria recebir su carta, las razones de la cual dezian assi:

CARTA DE LERIANO Á LAUREOLA

Antes pusiera las manos en mí para acabar la vida que en el papel para començar a escreuirte, si de tu prision uvieran sido causa mis obras como lo es mi mala fortuna. La qual no pudo serme tan contraria que no me puso estado de bien morir segund lo que para saluarte tengo acordado; donde si en tal demanda muriese tú serás libre de la prision y yo de tantas desauenturas: assi que será vna muerte causa de dos libertades. Suplicote no me tengas enemiga por lo que padeces, pues como tengo dicho no tiene la culpa dello lo que hize, mas lo que mi dicha quiere. Puedes bien creer por grandes que sean tus angustias, que siento yo mayor tormento en el pensamiento dellas que tú en ellas mismas. Pluguiera a Dios que no te uviera conocido, que avnque fuera perdidoso del mayor bien desta vida que es averte visto, fuera bienauenturado en no oyr ni saber lo que padeces. Tanto he vsado beuir triste que me consuelo con las mismas tristezas por causallas tú. Mas lo que agora siento, ni recibe consuelo, ni tiene reposo porque no deja el coraçon en ningun sosiego. No acreciente la pena que sufres la muerte que temes, que mis manos te saluarán della. Yo he buscado remedios para templar la ira del rey; si en ellos faltare esperança, en mí la puedes tener, que por tu libertad haré tanto que será mi memoria, en quanto el mundo durare, exemplo de fortaleza. Y no te parezca gran cosa lo que digo, que sin lo que tú vales la iniusticia de tu prision haze iusta mi osadia. ¿Quien podra resistir mis fuerças pues tú las pones? qué no osará el corazon enprender estando tú en él? Solo vn mal ay en tu saluacion, que se compra por poco precio segund lo que mereces. Avnque por ella pierda la vida, no solamente esto es poco; mas lo que se puede desear perder no es nada.

Esfuerça con mi esperança tu flaqueza, por que si te das a los pensamientos della, podria ser que desfallecieses, de donde dos grandes cosas se podrian recrecer. La primera y mas principal, seria tu muerte; la otra que me quitarias a mi la mayor onrra de todos los onbres no podiendo saluarte. Confia en mis palabras, espera en mis pensamientos, no seas como las otras mugeres que de pequeñas causas reciben grandes temores. Si la condicion mugeril te causare miedo, tu discrecion te dé fortaleça la qual de mis seguridades puedes recebir, y porque lo que haré será prueua de lo que digo, suplicote que lo creas. No te escribo tan largo como quisiera por proueer lo que a tu vida cunple.

EL AUCTOR

En tanto que Leriano escreuia ordené mi camino y recebida su carta partime con la mayor priesa que pude; y llegado á la corte trabaié que Laureola la recibiese, y entendi primero en dargela que ninguna otra cosa hiziesse por dalle algun esfuerço; y como para vella me fuese negada licencia, informado de vna camara donde dormia vi una ventana con vna rexa no menos fuerte que cerrada; y venida la noche, doblada la carta muy sotilmente pusela en vna lança y con mucho trabaio echela dentro en su camara. Y otro dia en la mañana como disimuladamente por alli me anduuiese, abierta la ventana vila, y vi como vido, como quiera que por la espesura de la rexa no la pude bien deuisar. Finalmente ella respondio: y venida la noche quando sintio mis pisadas echó la carta en el suelo, la qual recebida, sin hablarle palabra por el peligro que en ello para ella auia, acordé de yrme; y sintiendome yr dixo: cata qui el gualardon que recibo de la piedad que tuve. Y porque los que la guardauan estauan iunto comigo no le pude responder. Tanto me lastimó aquella razon que me dixo, que si fuera buscado, por el rastro de mis lagrimas pudieran hallarme. Lo que respondio á Leriano fue esto.

CARTA DE LAUREOLA Á LERIANO

No sé, Leriano, qué te responda sino que en las otras gentes se alaba la piedad por virtud y en mi se castiga por vicio. Yo hize lo que deuia segund piadosa y tengo lo que merezco segund desdichada. No fue por cierto tu fortuna ni tus obras causa de mi prision, ni me querello de tí ni de otra persona en esta vida, sino de mí sola que por librarte de muerte me cargué de culpa, como quiera que en esta compasion que te uve mas ay pena que cargo, pues remedié como inocente y pago como culpada. Pero todavia me plaze mas la prision sin yerro que la libertad con él, y por esto avnque pene en sofrilla, descanso en no merecella. Yo soy entre las que biuen la que menos deuiera ser biua. Si el rey no me salua espero la muerte, si tú me delibras la de tí y de los tuyos, de manera que por vna parte o por otra se me ofrece dolor. Si no me remedias he de ser muerta; si me libias y lieuas sere condenada; y por esto te ruego mucho te trabaies en saluar mi fama y no mi vida, pues lo vno se acaba y lo otro dura. Busca como dizes que hazes quien amanse la saña del rey, que de la manera que dizes no puedo ser salua sin destruycion de mi onrra. Y dexando esto á tu conseio que sabras lo meior, oye el galardon que tengo por el bien que te hize.

Las prisiones que ponen á los que han hecho muertes me tienen puestas porque la tuya escusé; con gruesas cadenas estoy atada, con asperos tormentos me lastiman, con grandes guardas me guardan, como si tuuiese tuercas para poderme salir. Mi sofrimiento es tan delicado y mis penas tan crueles, que sin que mi padre dé la sentencia, tomará la vengança muriendo en esta dura carcel. Espantada estoy cómo de tan cruel padre nació hija tan piadosa; si le pareciera en la condicion no le temiera en la iusticia, puesto que iniustamente la quiera hazer. Á lo que toca á Persio no te respondo porque no ensuzie mi lengua como ha hecho mi fama. Verdad es que más querria que de su testimonio se desdixese que no que muriese por él; mas avnque yo digo tú determina, que segund tu iuyzio no podras errar en lo que acordares.

EL AUCTOR

Muy dudoso estuue quando recebí esta carta de Laureola sobre enbialla á Leriano ó esperar á leualla yo, y en fin hallé por meior seso no enuiargela por dos inconuenientes que hallé. El vno era porque nuestro secreto se ponia á peligro en fiarla de nadie, el otro porque las lastymas della le pudieran causar tal aceleracion que errara sin tiempo lo que con el acertó, por donde se pudiera todo perder. Pues boluiendo al proposito primero, el dia que llegué á la corte tenté las voluntades de los principales della para poner en el negocio a los que hallase conformes a mi opinion; y ninguno hallé de contrario deseo saluo á los parientes de Persio, y como esto vue sabydo supliqué al cardenal que ya dixe le pluguiese hazer suplicacion al rey por la vida de Laureola, lo qual me otorgó con el mismo amor y compasion que yo gelo pedia. Y sin mas tardança iuntó con él todos los perlados y grandes señores que allí se hallaron, y puesto en presencia del rey, en su nombre y de todos los que yuan con él hizole vna habla en esta forma.

EL CARDENAL AL REY

No sin razon los soberanos principes pasados ordenaron conseio en lo que vuiesen de hazer segund quantos prouechos en ello hallaron, y puesto que fuesen diuersos, por seys razones aquella ley deue ser conseruada. La primera porque meior aciertan los onbres en las cosas agenas que en las suyas propias, porque el corazon de cuyo es el caso no puede estar sin yra ó cobdicia ó aficion ó deseo ó otras cosas semejantes, para determinar como deue. La segunda porque platicadas las cosas siempre quedan en lo cierto. La tercera porque si aciertan los que aconsejan, avnque ellos dan el voto, del aconseiado es la gloria. La quarta por lo que se sigue del contrario; que si por ageno seso se yerra el negocio, el que pide el parecer queda sin cargo y quien gelo da no sin culpa. La quinta porque el buen conseio muchas vezes asegura las cosas dudosas. La sesta porque no dexa tan ayna caer la mala fortuna y sienpre en las aduersidades pone esperança. Por cierto, Señor, turbio y ciego conseio puede ninguno dar á ssi mismo siendo ocupado de saña ó pasion, y por esto no nos culpes si en la fuerça de tu yra te venimos á enoiar, que más queremos que ayrado nos reprehendas porque te dimos enoio que no que arrepentido nos condenes porque no te dimos conseio. Señor, las cosas obradas con deliberacion y acuerdo procuran prouecho y alabancia para quien las haze, y las que con saña se hazen con arrepentimiento se piensan. Los sabios como tú quando obran, primero delibran que disponen y sonles presentes todas las cosas que pueden venir assí de lo que esperan prouecho como de lo que temen reues. Y si de qualquiera pasion enpedidos se hallan no sentencian en nada fasta verse libres; y avnque los hechos se dilaten hanlo por bien, porque en semeiantes casos la priesa es dañosa y la tardanza segura; y como han sabor de hazer lo iusto piensan todas las cosas, y antes que las hagan siguiendo la razon establecenles secucion onesta. Propriedad es de los discretos prouar los conseios y por ligera creencia no disponer, y en lo que parece dubdoso tener la sentencia en peso, porque no es todo verdad lo que tiene semeiança de verdad. El pensamiento del sabio agora acuerde, agora mande, agora ordene, nunca se parta de lo que puede acaecer, y siempre como zeloso de su fama se guarda de error, y por no caer en él tiene memoria en lo pasado por tomar lo meior dello y ordenar lo presente con tenplança y contenplar lo porvenir con cordura por tener auiso de todo. Señor, todo esto te avemos dicho porque te acuerdes de tu prudencia y ordenes en lo que agora estás, no segund sañudo, mas segund sabidor. Assí buelue en tu reposo, que fuerçe lo natural de tu seso al acidente de tu yra. Auemos sabido que quieres condenar á muerte á Laureola. Si la bondad no merece ser iusticiada, en verdad tu eres iniusto iuez. No quieras turbar tu gloriosa fama con tal iuyzio, que puesto que en él vuiese derecho, antes serías, si lo dieses, infamado por padre cruel que alabado por rey iusticiero. Diste crédito á tres malos onbres; por cierto tanta razon auía para pesquisar su vida como para creer su testimonio.