ARGUMENTO
DEL SEGUNDO CANTO DEL GALLO
En el segundo canto que se sigue, el auctor imita a Plutarco en vn dialogo que hizo entre Ulixes y vn griego llamado Grilo; el qual auia Cyrçes conuertido en puerco. En esto el auctor quiere dar a entender, que quando los hombres estan encenagados en los viçios y prinçipalmente de la carne son muy peores que brutos, y avn ay muchas fieras que sin comparaçion los exceden en el vso de la virtud.
Gallo.—Ya parece, Miçilo, que es hora conueniente para començar a vibir, dando gracias a dios que ha tenido por bien de passar la noche sin nuestro peligro, y traernos al dia para que con nuestra buena industria nos podamos todos mantener.
Miçilo.—Bendito sea dios que ansi lo ha permitido. Pero dime, gallo, es esta tu primera cancion? Porque holgaria de dormir vn poco más hasta que cantes segunda vez.
Gallo.—No te engañes, Miçilo, que ya canté a la media noche como acostumbramos, y como estauas sepultado en la profundidad y dulçura del primer sueño, no te bastaron despertar mis bozes, puesto caso que trabajé por cantar lo mas templado y bien comedido que pude por no te desordenar en tu suave dormir. Por la fortaleza deste primer sueño creo yo que llamaron los antiguos al dormir ymagen de la muerte, y por su dulçura le dixeron los poetas, apazible holganza de los dioses. Agora ya será casi el dia, que no ay dos horas de la noche por passar, despierta que yo quiero prosseguir en mi obligaçion.
Miçilo.—Pues dizes ser essa hora yo me quiero leuantar al trabajo, porque proueyendo a nuestro remedio y hambre, oyrte me sera solaz. Agora di tu.
Gallo.—En el canto passado quedé de te mostrar la bondad y sosiego de la vida de las fieras, y avn la ventaja que en su natural hazen a los hombres. Esto mostraré ser verdad en tanta manera que podria ser, que si alguna dellas diessen libertad de quedar en su ser, o venir a ser hombre como vos, escogeria quedar fiera, puerco, lobo o leon antes que venir a ser hombre, por ser entre todos los animales la especie mas trabajada y infeliz. Mostrarte he el órden y conçierto de su vibir, tanto que te conuenças afirmar ser en ellas verdadero vso de razon, por lo qual las fieras sean dignas de ser en mas tenidas, elegidas y estimadas que los hombres.
Miçilo.—Parece, gallo, que con tu eloquençia y manera de dezir me quieres encantar, pues te profieres a me mostrar vna cosa tan lexos de verdadera y natural razon. Temo me que en eso te atreues a mi presumiendo que facilmente como a pobre çapatero qualquiera cosa me podras persuadir. Agora pues desengañate de oy mas que confiado de mi naturaleza yo me profiero a te lo defender. Di, que me plazerá mucho oyr tus sophisticos argumentos.
Gallo.—Por çierto yo espero que no te parezcan sophisticos, sino muy en demostraçion. Prinçipalmente que no me podras negar que yo mejor que quantos ay en el mundo lo sabré mostrar, pues de ambas naturalezas de fiera y hombre tengo hecha esperiencia. Pues agora pareceme a mi que el prinçipio de mi prueba se deue tomar de las virtudes, justiçia, fortaleza, prudençia, continençia y castidad, de las quales vista la perfeçion con que las vsan y tratan las fieras conoçeras claramente no ser manera de dezir lo que he propuesto, mas que es muy aueriguada verdad. Y quanto a lo primero quiero que me digas; si huviesse dos tierras, la vna de las quales sin ser arada, cabada ni sembrada, ni labrada, por sola su bondad y generosidad de buena naturaleza lleuasse todas las frutas, flores y miesses muy en abundancia? Dime, no loarias más a esta tal tierra, y la estimarias y antepornias a otra, la qual por ser montuosa y para solo pasto de cabras avn siendo arada, muy rompida, cabada y labrada con dificultad diesse fruto poco y miserable?
Miçilo.—Por çierto avnque toda tierra que da fruto avnque trabajadamente es de estimar, de mucho mas valor es aquella que sin ser cultivada, o aquella que con menos trabajo nos comunica su fruto.
Gallo.—Pues de aqui se puede sacar y colegir como de sentençia de prudente y cuerdo, que ay cosas que se han de loar y aprobar por ser buenas, y otras por muy mejores se han de abraçar, amar y elegir. Pues ansi de esta manera verdaderamente y con necesidad me conçederas que avnque el ánima del hombre sea de gran valor, el ánima de la fiera es mucho más; pues sin ser rompida, labrada, arada ni cabada; quiero dezir, sin ser enseñada en otras escuelas ni maestros que de su mesma naturaleza es mas abil, presta y aparejada a produçir en abundançia el fruto de la virtud.
Miçilo.—Pues dime agora tú, gallo, de qual virtud se pudo nunca adornar el alma del bruto, porque pareze que contradize a la naturaleza de la misma virtud?
Gallo.—Y eso me preguntas? Pues yo te probaré que la vsan mejor que el más sabio varon. Porque lo veas vengamos primero a la virtud de fortaleza de la qual vosotros, y principalmente los españoles entre todas las naciones, os gloriais y honrrais. Quan vfanos y por quan gloriosos os teneis quando os oys nombrar atreuidos saqueadores de çiudades, violadores de templos, destruidores de hermosos y sumptuosos edifiçios, disipadores y abrasadores de fertiles campos y miesses? Con los quales exerçiçios de engaños y cautelas aueis adquirido falso titulo y renombre entre los de vuestro tiempo de animosos y esforçados, y con semejantes obras os aueis usurpado el nombre de virtud. Pero no son ansi las contiendas de las fieras, porque si han de pelear entre si o con vosotros, muy sin engaños y cautelas lo hazen, abierta y claramente las verás pelear con sola confiança de su esfuerço. Prinçipalmente porque sus batallas no estan subjetas a leyes que obliguen a pena al que desamparare el campo en la pelea. Pero como por sola su naturaleza temen ser vencidos trabajan quanto pueden hasta vencer a su enemigo avn que no obligan el cuerpo ni sus animos a subjeçion ni vasallaje siendo vencidas. Y ansi la vençida siendo herida cayda en el suelo es tan grande su esfuerço que recoxe el animo en vna pequeña parte de su cuerpo y hasta que es del todo muerta resiste a su matador. No hay entre ellas los ruegos que le otorgue la vida; no suplicaciones lagrimas ni petiçiones de misericordia; ni el rendirse al vençedor confesandole la vitoria, como vosotros hazeis quando os tiene el enemigo a sus pies amenaçandoos degollar. Nunca tú viste que vn leon vençido sirua a otro leon vençedor, ni vn cauallo a otro, ni entre ellos ay temor de quedar con renombre de cobardes. Qualesquiera fieras que por engaños o cautelas fueron alguna vez presas en lazos por los caçadores, si de edad razonable son, antes se dexarán de hambre y de sed morir que ser otra vez presas y captiuas si en algun tiempo pudieran gozar de la libertad. Aunque algunas vezes aconteçe que siendo algunas presas siendo pequeñas se vienen a amansar con regalos y apazibles tratamientos, y ansi aconteçe darseles por largos tiempos en seruidumbre a los hombres. Pero si son presas en su vejez o edad razonable antes moriran que subjetarseles. De lo qual todo claramente se muestra ser las fieras naturalmente naçidas para ser fuertes y vsar de fortaleza, y que los hombres vsan contra verdad de titulo de fuertes que ellos tienen usurpado diziendo que les venga de su naturaleza, y avn esto façilmente se verá si consideramos vn prinçipio de philosophia que es vniuersalmente verdadero; y es, que lo que conuiene por naturaleza a vna especie conuiene a todos los indiuiduos y particulares igual y indiferentemente. Como acontece que conuiene a los hombres por su naturaleza la risa, por la qual a qualquiera honbre en particular conuiene reyrse. Dime agora, Miçilo, antes que passe adelante, si ay aqui alguna cosa que me puedas negar?
Miçilo.—No porque veo por esperiençia que no ay honbre en el mundo que no se rya y pueda reyr; y solo el honbre propiamente se rye. Pero yo no sé a que proposito lo dizes.
Gallo.—Digolo porque pues esto es verdad y vemos que igualmente en las fieras en fortaleça y esfuerço no diffieren machos y hembras, pues igualmente son fuertes para se defender de sus enemigos, y para sufrir los trabajos neçesarios por defender sus hijos, o por vuscar su mantenimiento, que claramente pareçe conuenirles de su naturaleza. Porque ansi hallarás de la hembra tigre, que si a caso fue a vuscar de comer para sus hijos que los tenia pequeños y en el entretanto que se ausentó de la cueua vinieron los cazadores y se los lleuaron; diez y doze leguas sigue a su robador y hallado haze con él tan cruda guerra que veynte honbres no se le igualaran en esfuerço. Ni tampoco para esto aguardan favorecerse de sus maridos, ni con lagrimas se les quexan contándoles su cuyta como hazen vuestras hembras. Ya creo que habrás oydo de la puerca de Calidonia quantos trabajos y fatigas dio al fuerte Theseo con sus fuertes peleas. Que dire de aquel sphinge de Pheniçia y de la raposa telmesia? Que de aquella famosa serpiente que con tanto esfuerço peleó con Apolo? Tambien creo que tú abrás visto muchas leonas y osas mucho mas fuertes que los machos en su naturaleza. Y no se han como vuestras mugeres las quales quando vosotros estais en lo mas peligroso de la guerra estan ellas muy descuidadas de vuestro peligro sentadas al fuego, o en el regalo de sus camas y deleytes. Como aquella Reyna Clithenestra, que mientra su marido Agamenon estaua en la guerra de troya gozaua ella de los bessos y abraços de su adultero Egisto. De manera que de lo que tengo dicho pareçeme no ser verdad, no ser natural la fortaleza a los hombres, porque si ansi fuesse igualmente conuernia el esfuerço a las henbras de vuestra espeçie, y se hallaria como en los machos como aconteçe en las fieras. Ansi que podemos dezir, que los honbres no de su voluntad, mas forjados de vuestras leyes y de vuestros principes y mayores venis a exercitaros en esfuerço, porque no osais yr contra su mandado temiendo grandes penas. Y estando los honbres en el peligro más fragoso del mar, el que primero en la tenpestad se mueue no es para tomar el mas pesado remo y trabajar doblado; pero cada qual procura yr primero por escoger el mas ligero y dexar para los de la postre la mayor carga, y avn del todo la reusarian sino fuesse por miedo del castigo, o peligro en que se ven. Y ansi este tal no se puede dezir esforzado, ni este se puede gloriar ser doctado desta virtud, porque aquel que se defiende de su enemigo con miedo de reçebir la muerte este tal no se deue dezir magnanimo ni esforçado pero cobarde y temeroso. Desta manera aconteçe en vosotros llamar fortaleza lo que bien mirado con prudencia es verdadera cobardia. Y si vosotros os hallais ser mas esforçados que las fieras, por qué vuestros poetas y historiadores quando escriuen y decantan vuestras hazañas y hechos en la guerra os comparan con los leones, tigres y onzas, y por gran cosa dizen que igualastes en esfuerço con ellos? Y por el contrario nunca en las batallas de las fieras fueran en su ánimo comparadas con algun hombre. Pero ansi como aconteçe que comparamos los ligeros con los vientos, y a los hermosos con los angeles, queriendo hazer semejantes los nuestros con las cosas que exceden sin alguna medida ni tasa: ansi parece que desta manera comparais los honbres en vuestras historias en fortaleza con las fieras como a cosas que exceden sin comparaçion. Y la causa desto es, porque como la fortaleza sea vna virtud que consiste en el buen gouierno de las passiones y impetus del animo, el qual más sincero y perfecto se halla en las peleas que entre si tienen las fieras. Porque los hombres turbada la razon con la yra y la soberuia los ciega y desbarata tanto la colera que ninguna cosa hazen con libertad que merezca nombre de virtud. Avn con todo esto quiero dezir que no teneis porqué os quexar de naturaleza porque no os diese vñas, colmillos, conchas y otras armas naturales que dio a las fieras para su defensa, pues que vn entendimiento de que os armó para defenderos de vuestros enemigos le enbotais y entorpeçeis por vuestra culpa y negligençia.
Miçilo.—O gallo, quan admirable maestro me has sido oy de Retorica, pues con tanta abundançia de palabras has persuadido tu proposito avn en cosa tan seca y esteril. Forçado me has a creer que hayas sido en algun tiempo vno de los famosos philosophos que obo en las escuelas de athenas.
Gallo.—Pues mira, Micilo, que por pensar yo que querias redarguirme lo que tengo dicho con algunos argumentos, o con algun genero de contradiçion no pasaua adelante en mi dezir. Y ya que veo que te vas conuenciendo quiero que pasemos a otra virtud, y luego quiero que tratemos de la castidad. En la qual te mostraré que las fieras exçeden a los hombres sin alguna comparaçion. Mucho se preçian vuestras mugeres tener de su parte por exemplo de castidad vna Penelope, vna Lucreçia Porçia, Doña Maria de Toledo, y doña Ysabel Reyna de Castilla; porque dezis que estas menospreçiauan sus vidas por no violar la virtud de su castidad. Pues yo te mostraré muchas fieras castas mil vezes mas que todas esas vuestras, y no quiero que comencemos por la castidad de la corneja, ni Croton, admirables fieras en este caso, que despues de sus maridos muertos guardan la viudez no qualquiera tiempo, pero nueue hedades de hombres sin ofender su castidad. Por lo qual neçesariamente me deues conçeder ser estas fieras nueue vezes mas castas que las vuestras mugeres que por exemplo teneis. Pero porque tienes entendido de mí, Miçilo, que soy retorico, quiero que procedamos en el discurso desta virtud segun las leyes de Retorica, porque por ellas espero vençerte con mas façilidad, Y ansi primero veamos la difiniçion desta virtud continençia, y despues deçenderemos a sus inferiores espeçies. Suelen dezir los philosophos, que la virtud de continençia es vna buena y çierta dispusiçion y regla de los deleytes, por la qual se desechan y huyen los malos, vedados y superfluos y se faboreçen y allegan los neçesarios y naturales en sus conuenientes tiempos. Quanto a lo primero vosotros los hombres todos los sentidos corporales corrompeis y deprabais con vuestros malos vsos y costumbres y inclinaciones, endereçandolos sienpre a vuestro viçioso deleyte y luxuria. Con los ojos todas las cosas que veis endereçais para vuestra laçiuia y cobdiçia. lo qual nosotras las fieras no hazemos ansi. Porque quando yo era hombre me holgaua y regoçijaua con gran deleyte viendo el oro, joyas y piedras preçiosas, a tanto que me andaua bobo y desbaneçido vn dia tras vn Rey o principe si anduuiesse vestido y adornado de jaezes y atauios de seda, oro, purpura y hermosos colores. Pero agora, como lo hacen las otras fieras, no estimo yo en más todo eso que al lodo y a otras comunes piedras que ay por las pedregosas y asperas syerras y montañas. Y ansi quando yo era puerco estimaua mucho más sin comparaçion hallar algun blando y humido cieno, o piçina en que me refrescasse rebolcandome. Pues si venimos al sentido del oler, si consideramos aquellos olores suaues de gomas, espeçias y pastillas de que andais siempre oliendo, regalando y afeminando vuestras personas. En tanta manera que ningun varon de vosotros viene a gozar de su propia muger si primero no se vnta con vnçiones delicadas y odoriferas, con las quales procurais inçitar y despertar en vosotros a venus. Y esto todo avn seria sufridero en vuestras hembras por daros deleyte usar de aquellos olores laboratorios, afeytes y vnturas; pero lo que peor es que lo vsais vosotros los varones para incitaros a luxuria. Pero nosotras las fieras no lo vsamos ansi, sino el lobo con la loba, y el leon con la leona, y ansi todos los machos con sus hembras en su genero y espeçie gozan de sus abraços y açessos solamente con los olores naturales y proprios que a sus cuerpos dio su naturaleza sin admistion de otro alguno de fuera. Quando mas ay, y con que ellas mas se deleytan es al olor que produçen de si los olorosos prados quando en el tiempo de su brama, que es quando vsan sus bodas, estan verdes y floridos y hermosos. Y ansi ninguna hembra de las nuestras tiene necesidad para sus ayuntamientos de afeytes ni vnturas para engañar y traer al macho de su especie. Ni los machos tienen neçesidad de las persuadir con palabras, requiebros, cautelas ni ofreçimientos. Pero todos ellos en su propio tiempo sin engaños ni intereses hazen sus ayuntamientos atsaydos por naturaleza con las dispusiçiones y concurso del tiempo, como los quales son inçitados y llamados a aquello. Y ansi este tiempo siendo passado, y hechas sus preñezes, todos se aseguran y mortiguan en su incentiuo deleyte, y hasta la buelta de aquel mesmo tiempo ninguna hembra cobdiçia ni consiente al macho, ni el macho la acomete. Ningun otro interese se pretende en las fieras sino el engendrar y todo lo guiamos y ordenamos como nuestra naturaleza lo dispone. Y añade á esto que entre las fieras en ningun tiempo se cobdiçia ni soliçita ni acomete hembra a hembra, ni macho con macho en açesso carnal. Pero vosotros los hombres no ansi, porque no os perdonais vnos a otros; pero muger con muger, y hombre con hombre contra las leyes de vuestra naturaleza, os juntais, y en vuestros carnales açessos os toman vuestros juezes cada dia. Ni por esto temeis la pena, quanto quiera que sea cruel, por satisfazer y cumplir uuestro deleyte y luxuria. En tanta manera es esto aborreçido de las fieras, que si vn gallo cometiese açesso con otro gallo, avn que le faltasse gallina, con los picos y vñas le hariamos en breue pedaços. Pareçe, micilo, que te bas conuençiendo y haciendote de mi sentencia, pues tanto callas sin me contradezir.
Miçilo.—Es tan efficaz, gallo, tu persuasion, que como vna cadena me llevas tras ti sin poder resistir.
Gallo.—Dexemos de contar quantos varones han tenido sus ayuntamientos con cabras, ouejas y perras; y las mugeres que han effectuado su lexuria con gimios, asnos, cabrones y perros: de los quales açessos se han engendrado çentauros, sphinges, minotauros y otros admimirables monstruos de prodigioso aguero. Pero las fieras nunca vsaron ansi, como lo muestra por exemplo la continencia de aquel famoso mendesio, cabron egipcio, que siendo encerrado por muchas damas hermosas para que holgase con ellas, ofreçiéndosele desnudas delante, las menospreçio, y quando se pudo soltar se fué huyendo á la montaña á tener sus plazeres con las cabras sus semejantes. Pues quanto ves que son mas inferiores en la castidad los hombres que las fieras, ansi lo mesmo se podra dezir en todas las otras espeçies y differencias desta virtud de continençia.—Pues en lo que toca al apetito del comer es ansi, que los honbres todas las cosas que comen y beben es por deleyte y complacençia de la suauidad. Pero las fieras todo quanto gustan y comen es por neçesidad y fin de se mantener. Y ansi los honbres se engendran en sus comidas infinitos generos y especies de enfermedades: porque llenos vuestros cuerpos de excesiuos comeres, es neçesario que á la contina haya diuersidad de humores y ventosidades: y que por el consiguiente se sigan las indisposiçiones. Á las fieras dio naturaleza á cada vna su comida y manjar conueniente para su apetito; a los vnos la yerua, á los otros rayzes y frutas; y algunos ay que comen carne, como son lobos y leones. Pero los vnos no estorban ni vsurpan el manjar ni comida á los otros, porque el leon dexa la yerua á la oueja y el cieruo dexa su manjar al leon. Pero el honbre no perdona nada constreñido de su apetito, gula, tragazon y deleyte. Todo lo gusta, come, traga y engulle; pareçiéndole que solo á el hizo naturaleza para tragar y disipar todos los otros animales y cosas criadas. Quanto á lo primero, come las carnes sin tener dellas necesidad alguna que á ello le constriña, teniendo tantas buenas plantas, frutas, rayzes y yeruas muy frescas, salutiferas y olorosas. Y ansi no ay animal en el mundo que á las manos puedan auer que los honbres no coman. Por lo qual les es neçesario que para auer de hartar su gula tengan pelea y contienda con todos los animales del mundo, y que todos se publiquen por sus enemigos. Y ansi para satisfazer su vientre tragon á la contina tienen guerra con las aues del cielo y con las fieras de la tierra y con todos los pescados del mar; y á todos vuscan como con industrias y artes los puedan caçar y prender, y han venido á tanto extremo, que por se preçiar no perdonan ninguna criatura de su gusto acostumbran ya á comer las venenosas serpientes, culebras, anguilas, lampreas, que son de vna mesma especie; sapos, ranas, que son de vn mesmo natural, y han hallado para tragarlo todo vnas maneras de guisados con ajos, especias, clauo, pimienta, y açeyte en ollas y cazuelas, en las quales hechos çiertos conpuestos y mezclas se engañan los desuenturados pensando que les han quitado con aquellos coçimientos sus naturales ponçoñas y veneno, quedandoles avn tan gran parte que los bastan dar la muerte mucho antes que lo requiere su natural. ¿Pues qué si dezimos de los animales y cosas que de su vascosidad y podridunbre produce la tierra; hongos, turmas, setas, caracoles, galapagos, arañas, tortugas, ratones y topos? Y para guisar y aparejar esto ¿quantos maestros, libros, industrias y artes de cozina vsan y tienen, tan lexos del pensamiento de las fieras? Y despues con todo esto quéxanse los desuenturados de su naturaleza, diziendo que les dió cortas las vidas, y que los lleua presto la muerte. Y dizen que los medicos no entienden la enfermedad, ni saben aplicar la mediçina. ¡Bobos, neçios! ¿Que culpa tiene su naturaleza si ellos mesmos se corronpen y matan con tanta multitud de venenosas comidas y manjares? Naturaleza todas las cosas desea y procura conseruar hasta el peryodo y tiempo que al comun les tiene puesto la vida[307], y para esto les tiene enseñados çiertos remedios y mediçinas por si acaso por alguna ocasion heridos de algun contrario viniessen á enfermar. Pero es tanta la golosina, gula y desorden en su comer y mantenimiento de los hombres, que ya ni ay mediçina que los cure, ni medico que curarlos sepa ni pueda. Porque ya las artes naturales todas faltan para este tiempo: porque bastan más corronper y quebrar de sus vidas con sus comidas que puede remediar y soldar la philosophia y arte de naturaleza. Pero las fieras no hazen ansi: porque si al perro dió naturaleza que viba doze años y treçientos á la corneja: y ansi de todas las otras fieras: si los honbres no las matan, naturaleza las conserva, de manera que todas mueran por pura vejez; porque á cada vna tiene enseñada su propria mediçina, y cada vna se es á sí mesma médica. ¿Quién enseñó á los puercos quando enferman yrse luego á los charcos á comer los cangrexos con que luego son sanos? ¿Quién enseñó al galapago quando le ha mordido la vibora paçer el orégano y sacudir luego de si la ponzoña? ¿Quién enseñó á las cabras montesas siendo heridas del caçador comer de la yerua llamada dítamo, y saltarle luego del cuerpo la saeta? ¿y al çieruo en siendo herido yr huyendo á vuscar las fuentes de las aguas porque en vañandose son sanos del veneno? y á los perros fatigados del dolor de la cabeça, quién los enseñó á yr luego al prado y paçer yerua porque luego son sanos con ella? Naturaleza es la maestra de todo esto para conseruarlos: en tanta manera que no pueden morir sino por sola vejez, si la guerra que les da vuestra gula insaçiable çesasse. ¿Pues qué si hablassemos de las bebidas, los vinos de estrañas prouinçias adobados con coçimientos de diuersidades de espeçias, despues de aquellas curiosas y artifiçiales bebidas de aloxa y cerbeça? Y sola la fiera mantenida en todo regalo y deleyte sana y buena con el agua clara que naturaleza le da y le cria en las fuentes perenales de la concauidad de la tierra. Pues aquellas agudeças, industrias y vibezas que saben y vsan las fieras qué diras dellas? El perro al mandado de su señor salta y vayla y entra çien vezes por vn aro redondo que para ganar dineros le tiene enpuesto y enseñado el pobre peregrino. Los papagayos hablan vuestra mesma lengua, tordos y cueruos. Los cauallos se ponen y vaylan en los teatros y plazas públicas. ¿Paréçete que todo esto no es más argumento de vso de razon que de flaqueza que aya en su naturaleza? Por çierto que no se puede dezir otra cosa sino que todos estos doctes les venga del valor y perfeçion de su natural; en el qual con tanta ventaja os exçeden las fieras á los honbres. Á lo qual todo sino lo quisieres llamar vso de razon, buen juizio, virtud de buen injenio y prudençia: vista aquella façilidad con que son enseñadas en las mesmas artes y agudeças que vosotros, en tanta manera que en las fieras parezca verdaderamente que nos acordamos de lo que por nuestra naturaleza sabemos quando nos lo enseñan, lo que vosotros no aprendeis sin grande y muy contino trabajo de vosotros mesmos, y de vuestros maestros. Pues si á esta ventaja no la quisieres llamar vso de razon, con tal que la conozcas auerla en las fieras, llamala como más te pluguiere. Yo á lo menos téngola tan conoçida, despues que en cuerpos de fieras entré, que me marauillo de la çeguedad en que muchos de vuestros philósophos estan; los quales con infinita diuersidad de argumentos persuaden entre vosotros á que creais y tengais por aueriguado, que las fieras sean muy más inferiores en su naturaleza que los hombres; diziendo y afirmando que ellos solamente vsan de razon; y que por el consiguiente á ellos solos conuenga el exerçiçio de la virtud. Y ansi por esta causa llaman á las fieras brutos. Añaden á esto afirmando que solos los hombres vsen de la verdadera libertad; siendo por esperiençia tan claro el contrario. Como vemos que las fieras á ningunas leyes tengan subjeçion ni miramiento mas de a las de su naturaleza; porque por su buena inclinaçion no tuuieron de más leyes neçesidad. Pero vosotros los honbres por causa de vuestra soberuia y anbiçion, os subjetó vuestra naturaleza á tanta diuersidad de leyes, no solamente de Dios y de vuestros prinçipes y mayores: pero aueis os subjetado[308] al juizio y sentençia de vuestros vezinos amigos y parientes. En tanta manera que sin su pareçer no osais comer, ni beber, vestir, calçar, hablar ni comunicar. Finalmente en todas vuestras obras soys tan subjetos al pareçer ajeno, tan atentos a aquella tirana palabra y manera de dezir (que diran) que no puedo sino juzgar los hombres por el más miserable animal y más infeliz y descontento de todos los que en el mundo son criados. Agora tú, Miçilo, si algo desto que yo tengo alegado te pareçe contrario á la verdad arguye y propon, que yo te respondere si acaso no me faltasse á mí el vso de la razon con que solia yo en otros tiempos con euidente efficaçia disputar.
Miçilo.—¡O Gallo! quan admirado me tiene esa tu eloquençia, con la qual tan efficazmente te has esforçado á me persuadir esa tu opinion. Que puedo dezir, que nunca gallo cantó como tu oy. En tanta manera me tienes contento que no creo que ay oy en el mundo hombre más rico que yo pues tan gran joya como á ti poseo. Pero de lo que me as dicho resulta en mi vna dificultad y dubda que deseo saber[309]: cómo anima de fiera bruta pueda ver y gozar de Dios?
Gallo.—Y agora sabes que las vestias se pueden saluar? Ansi lo dize el Rey Dauid[310]: Homines et jumenta saluabis Domine. Dime qué más bruta vestia puede ser que el honbre ençenagado en vn viçio de la carne, o auariçia, o soberuia, o yra, o en otro qualquiera pecado? Pues ansi teniendo Dauid á los tales por viles brutos vestias ruega por ellos á Dios diziendo en su psalmo o cançion: yo, Señor, por quien vos sois os suplico que salueis honbres y vestias. Y por tal vestia se tenia Dauid con ser Rey quando se hallaua pecador que dezia[311]: Ut iumentum factus sum apud te. Yo señor soy vestia en vuestro acatamiento. Y ansi quiero que entiendas que en todos mis cantos pretendo mostrarte como por el viçio son los honbres conuertidos en brutos y en peores que fieras.
Miçilo.—Dime agora yo te ruego, Gallo, dónde aprendiste esta tu admirable manera de dezir[312]?
Gallo.—Yo te lo dire. Sabras que demas de ser asessor de Mercurio, el más eloquente que fue en la antigüedad, y ser el gallo dedicado a Esculapio, que no fue menos eloquente que muchos de su tienpo, y demas de criarme yo a la contina entre vosotros los honbres, quiero que sepas con todo esto que yo fue aquel philosopho Pythagoras, que fue vno de los mas facundos que la Greçia çelebró; y prinçipalmente as de tener por aueriguado que la mayor eloquençia se adquiere de la mucha esperiençia de las cosas, la qual he tenido yo entre todos los que en el mundo son de mi edad.
Miçilo.—Por çierto, yo me acuerdo que quando yo era niño oy dezir vna cosa que no me acordaua: que fueste vn paje muy querido de Mars: y que te tenia para que quando yua á dormir algunas noches con Venus muger de Vulcano le velasses la puerta que ninguno le viesse[313]: y prinçipalmente se guardaua que venida la mañana el sol no le viesse siendo salido: porque no auisasse á Vulcano. Y dezian que el sol te echó vna mañana vn gran sueño[314]: por lo qual, viendolos el sol juntos auisó a Vulcano, y viniendo donde estaua el adultero de tu amo los tomó juntos en vna red de hierro y los presentó á Jupiter que los castigasse el adulterio.—Y Mars enojado de tu descuido te conuertió en gallo, y agora de puro miedo pensando que siempre[315] estás en guarda velando al adultero de tu amo cantas a la mañana, despertando a todos mucho antes que salga el sol[316]. Y esto te dio Mars en pena de tu descuido y sueño.
Gallo.—Todo eso es fabula y fingimiento de poetas para ocupar sus versos: que tambien me han hecho asesor de Mercurio: y los antiguos me dedicaron á Esculapio. Pero la verdad es que yo fue aquel filosofo Pythagoras que fue vno de los mas facundos que la Greçia çelebró, y principalmente es de tener por aueriguado, que la mayor eloquencia se adquiere de la mucha esperiencia de las cosas: la qual he tenido yo entre todos los que en el mundo son de mi edad.
Miçilo.—Pues[317] dizes que fueste philosopho Pytagoras dime[318] algo de philosophos, de su vida y costumbres: porque de aqui adelante teniendo tan buen preceptor como á ti me pueda preçiar de philosopho: y philosophe entre los de mi çiudad y pueblo. Y muestrame como tengo de vsar de aquella presunçion, arogançia, y obstentaçion, desden y sobreçejo con que los philosophos tratan á los otros que tienen en la republica estado de comunidad.
Gallo.—De todo te dire, de sus vidas y costumbres. Pero porque se me ofreçen otras cosas que dezir, mas á la memoria, querria eso dexarlo para despues. Pero por no te desgraçiar quiero te obedeçer. Y ansi te quiero dezir de vn poco de tiempo que fue clerigo: la qual es profesion de philosopho[319] cristiano: donde conjeturarás lo que en la vna y otra philosophia son los honbres el dia de oy. Y pues es venida la mañana abre la tienda: y en el canto que se sigue te dire lo demas.
Fin del segundo canto del gallo de Luçiano.