ARGUMENTO
DEL QUARTO CANTO DEL GALLO
En el quarto canto que se sigue el auctor imita á Luçiano en el
libro que hizo llamado Pseudomantir. En el qual descriue
marauillosamente mil[359] tacañerías y embaymientos y engaños
de vn falso religioso llamado Alexandro, que en muchas
partes del mundo fingió ser propheta, dando respuestas ambiguas
y industriosas para adquerir con el vulgo crédito y
moneda[360].
Gallo.—En este canto te quiero, Miçilo, mostrar los engaños y perdiçion de los hombres holgaçanes; que bueltas las espaldas á Dios y a su vergüença y conçiençia, a vanderas desplegadas se van tras los viçios, ceuados de un miserable preçio y premio con título apocado de limosna, por solo gozar debajo de aquellos sus viles habitos y costunbres de vna suçia y apocada libertad. Oyras vn genero vil de encantamento fingido; porque no bastan los injenios bajos y viles destas desuenturadas gentes mendigas a saber el verdadero encantamento, ni cosa que tenga título verdadero de saber: no mas de porque su vilissima naturaleza no es para conprehender cosa que tenga título de sçiençia, estudio y especulaçion. Son amançebados con el viçio y oçiosidad; y ansi, puesto caso que no es de aprobar el arte magica y encantar, digo que por su vileza se hazen indignos de la saber. Y vsando de la fingida es vista su ruyn intençion: que no dexan de saber la verdadera por virtud. Y ansi sabras, Miçilo, que despues de lo passado vine a ser hijo de vn pobre labrador que vibia en vna montaña, vasallo de vn señor muy cobdiçioso que los fatigaua ordinariamente con infinitos pedidos de inposiçiones, que vno[361] alcançaua a la contina al otro. En tanta manera que solo el hidalgo se podia en aquella tierra mantener, que el labrador pechero era neçesario morir de hanbre.
Miçilo.—¿Pues porque no se iba tu padre á vibir a otra tierra?
Gallo.—Son tan acobardados para en eso los labradores, que nunca se atreuen a hazer mudança de la tierra donde naçen: porque vna legua de sus lugares les pareçe que son las Indias: y imaginan que ay alla gentes que comen los honbres biuos. Y por tanto muere cada vno en el pajar donde naçio, avnque sea de hanbre. Y deste padre naçimos dos hijos varones, de los quales yo fue el mayor, llamado por nonbre Alexandro. Y como vimos tanta miseria como passauan con el señor los labradores, pensauamos que si tomauamos offiçios que por entonçes nos libertassen se oluidaria nuestra vileza, y nuestros hijos serian tenidos y estimados por hydalgos y viuirian en libertad. Y ansi yo elegi ser saçerdote, que es gente sin ley; y mi hermano fue herrero, que en aquella tierra son los herreros exentos de los pedidos, pechos y velas del lugar donde siruen la ferreria. Y ansi yo demandé liçencia a mi padre para aprender a leer: y avn se le hizo de mal porque le seruia de guardar vnos patos. y ojear los pajaros que no comiessen la simiente de vn linar. En conclusion mi padre me encomendo[362] por criado y monaçino de vn capellan que seruia vn beneffiçio tres leguas de alli. ¡O Dios omnipotente, quien te dixera las bajezas y poquedades deste honbre! Por cierto si yo no huuiera tomado la mano oy para te contar[363] de mi y no de otros, yo te dixera cosas de gran donayre. Pero quierote hazer saber que ninguno dellos sabe más leer que deletrear y lo que escriben aslo de sacar por discreçion. En ninguna cosa estos capellanes muestran ser auentajados, sino en comer y beber: en lo qual no guardan tiempo ni medida ni razon. Con este estuue dos años que no me enseñó sino a mal hazer, y mal dezir, y mal pensar y mal perseuerar. A leer me enseñó lo que el sabia, que era harto poco, y á escreuir vna letra que no pareçia sino que era arado el papel con pies de escarabajos. Ya yo era buen moço de quinze años, y entendia que para yo no ser tan asno como mi amo que deuia de saber algun latin. Y ansi me fue á Zamora a estudiar alguna gramatica: donde llegado me presenté ante el bachiller y le dixe mi necesidad, y el me preguntó si traya libro: y yo le mostré vn arte de gramatica que auia hurtado a mi amo, que fue de los de Pastrana que auia mas de mil años que se inprimió. Y el me mostró en el los nominatiuos que auia de estudiar.
Miçilo.—¿De qué te mantenias?
Gallo.—Dauame el bachiller los domingos vna çedula suya para vn cura, o capellan de vna aldea comarcana el qual me daua el çetre del agua bendita los domingos y andaua por todas las casas a la hora del comer echando a todos agua: y en cada casa me dauan vn pedaço de pan, con los quales mendrugos me mantenia en el estudio toda la semana. Aqui estube dos años: en los quales aprendi declinaciones y conjugaçiones: genero, preteritos y supinos. Y porque semejantes honbres que[364] yo luego nos enhastiamos de saber cosas buenas, y porque nuestra intinçion no es saber más: sino tener alguna noticia de las cosas y mostrar que emos entendido en ello quando al tomar de las ordenes nos quisieren examinar. Porque si nuestra intinçion fuesse saber algo perseuerariamos en el estudio. Pero en ordenandonos començamos a oluidar y damonos tan buena priesa que si llegamos a las ordenes neçios, dentro de vn mes somos confirmados asnos. Y ansi me sali de Çamora, donde estudiaua harto de mi espaçio, y por estar ya enseñado á mendigar con el çetre sabiame como miel el pedir: y por tanto me bolui a ello[365]. Y ansi acordé de yrme por el mundo en compañia de otros perdidos como yo, que luego nos hallamos vnos a otros. Y en esta compañia fue gran tiempo zarlo, ó espinel: y alcançe en esta arte de la zarleria todo lo que se pudo alcançar.
Miçilo.—Nunca esa arte á mi noticia llegó: declarate me mas.
Gallo.—Pues quiero descubrirtelo todo de raiz. Tu sabras que yo tenia la persona de estatura creçida y andaua vestido en diuersas prouinçias de diuersos atauios, porque ninguno pudiesse con mala intinçion aferrar en mi. Pero mas á la contina traya vna vestidura de vuriel algo leonado obscuro, honesta, larga y con vna barua espesa y muy prolixa, de grande autoridad y un manteo encima, puesto á los pechos vn boton[366]. Otras vezes mudando las tierras mudaua el vestido: y con la mesma barua vsaua de vn habito que en muchas prouinçias llaman veguino: con vna saya y vn escapulario de Religioso que hazia vida en la soledad de la montaña; vna cayada y vn rosario largo, de vnas cuentas muy gruesas en la mano, que cada vez que la vna cuenta caya sobre la otra lo oyan todos quantos en vn gran templo estuuiessen. Publiqué adiuinar lo que estaua por venir, hallar los perdidos, reconçiliar enamorados, descubrir los ladrones, manifestar los thesoros, dar remedio façil á los enfermos y avn resuçitar los muertos. Y como de mí los honbres tenian noticia venian luego prostrados con mucha humildad a me adorar y bessar los pies y a ofreçerme todas sus haziendas, llamandome todos propheta y diçipulo y sieruo de Dios, y luego les ponia en las manos vno versos que en vna tabla yo traya scriptos con letras de oro sobre vn barniz negro; que dezian de esta manera:
Muneribus decorare meum vatem atque ministrum
precipio: nec opum mihi cura, at maxima vatis.
Estos versos dezia yo auermelos enbiado Dios con vn angel del çielo, para que por[367] su mandado fuesse yo de todos honrrado y agradeçido como ministro y sieruo de su diuina magestad. Hallé por el reyno de Portogal y Castilla infinitos honbres y mugeres los quales avnque fuessen muy ricos y de los más prinçipales de su republica, pero eran tan tímidos superstiçiosos que no alçauan los ojos del suelo sin escrupulizar. Eran tan façiles en el credito que con vna piedra[368] arrebuxada en unos trapos ó vn pergamino con vnos plomos ó sellos colgando, en las manos de vn hombre desnudo y descalço luego se arrojauan y humillauan al suelo, y venian adorando y ofreciendose a Dios sin se leuantar de alli hasta que el prestigioso questor los leuantasse con su propria mano; y ansi estos como me vian con aquella mi santidad vulpina façilmente se me rendian sin poder resistir. Venian á consultar en sus cosas conmigo todo lo que deuian, ó querian hazer y yo les dezia, que lo consultaria con Dios, y que yo les responderia su diuina determinacion, y ansi a sus preguntas procuraua yo responder con gran miramiento porque no fuesse tomado en palabras por falso y perdiesse el credito. Sienpre daua las respuestas dubdosas, ó con diuersos entendimientos, sin nunca responder absolutamente a su intinçion. Como a vno que me preguntó; qué preçeptor daria a vn hijo suyo que le queria poner al estudio de las letras. Respondi que le diesse por preçeptores al Antonio de Nebrija y a Sancto Thomas. Dando á entender que le hiziesse estudiar aquellos dos auctores, el vno en la gramatica y el otro en la theología; y suçedió morirse el mochacho dentro de ocho dias; y como sus amigos burlasen del padre porque daua credito a mis desuarios y de mis juizios llamandolos falsos, respondió que muy bien me auia yo dicho: porque sabiendo yo que se auia de morir, di a entender que auia de tener por preçeptores aquellos allá. Y a otro que auia de hacer vn camino y temiasse de vnos enemigos que tenia, que me preguntó si le estaua bien yr aquel camino. Respondi que más seguro se estaua en su casa si le podia escusar; y caminó por burlar[369] de mi juizio, y sucedió que salieron sus enemigos y hirieronle mal. Despues como aquel juizio se publicó me valio muchos dineros a mi: porque desde allí adelante no auian de hazer cosa que no la viniessen comigo á consultar pagandomelo bien. En fin en esta manera dy muchos y diuersos juizios que te quisiera agora contar, sino fuera porque me queda mucho por dezir. Deziamos yo ser Juan de vota Dios[370].
Miçilo.—¿Qué hombre es ese?
Gallo.—Este fingen los zarlos superstiçiosos vagabundos que era vn zapatero que estaua en la calle de amargura en Hierusalen, y que al tiempo que passauan a Cristo presso por aquella calle, salió dando golpes con vna horma sobre el tablero diziendo: vaya, vaya el hijo de María; y que Cristo le auia respondido: yo yré y tú quedarás para sienpre jamas para dar testimonio de mi; y para en fe desto mostraua yo vna horma señalada en el braço, que yo hazia con cierto artifiçio muy façilmente, que pareçia estar naturalmente empremida allí: y a la contina traya vn compañero del mesmo offiçio y perdiçion que fuesse mas viejo que yo, porque descubriendonos el vno al otro lo que en secreto y confession con las gentes tratauamos, pareçiendo vn dia el vno y otro dia el otro les mostrauamos tener speçie de divinaçion y spiritu de profeçia, lo qual sienpre nosotros queriamos dar á entender. Y haziamos se lo façilmente creer por variarnos cada dia en la representaçion; y deziales yo que en viendome viejo me yba a bañar al rio Xordan y luego boluia de edad de treynta y tres años que era la edad en que Cristo murio. Otras vezes dezia que era vn peregrino de Hierusalen, honbre de Dios, enviado por él para declarar y absoluer los muchos pecados que auia[371] secretos en el mundo, que por verguença los honbres no los osan descubrir ni confesar a ningun confessor.
Miçilo.—¿Pues para qué era eso?
Gallo.—Porque luego en auiendoles hecho creer que yo era qualquiera destos dos façilmente los podia abunir a qualquiera cosa que los quisiesse sacar. Luego como los tenia en este estado començaua la zarleria cantandoles el espinela, que es vn genero de diuinança, a manera de dezir la buenauentura. Es vna agudeça y desenboltura de hablar, con la qual los que estamos platicos en ello sacamos façilmente qualesquier genero de scollos (que son los pecados) que nunca por abominables se confessaron a saçerdote. En començando yo a escantar con esta arte luego ellos se descubren.
Miçilo.—Yo querria saber qué genero de pecados son los que se descubren a ti por esta arte, y no al saçerdote?
Gallo.—Hallaua mugeres que tuuieron açeso con sus padres, hijos y con muy çercanos parientes, y vnas mugeres con otras con instrumentos hechos para effectuar este viçio; y otras maneras que es verguença de las dezir; y hallaua honbres que se me confessauan auer cometido grandes inçestos, y con animales brutos, que por no infiçionar el ayre no te los quiero contar. Son estos pecados tan abominables que de pura verguença y miedo honbres ni mugeres no los osan fiar ny descubrir a sus curas ni confessores; y ansi aconteçe muchos[372] destos neçios morirse sin nunca los confessar.
Miçilo.—Pues de presumir es que muchos destos honbres y mugeres, pensando bastar confessarlos a ti se quedaron sin nunca á sacerdote los confessar.
Gallo.—Pues ese es vn daño que trae consigo esta peruersa manera de vibir, el qual no es daño qualquiera sino de gran caudal.
Miçilo.—Querria saber de ti, qué virtud, o fuerça tiene esa arte que se los hazeis vosotros confessar, y qué palabras les dezis?
Gallo.—Fuerça de virtud no es: pero antes industria de Sathanas. La manera de palabras era: que luego les dezia yo que por auer aquella persona naçido en vn dia de vna gran fiesta en çinco puntos de Mercurio y otros çinco de Mars, por esta causa su ventura estaua en dos puntos de gran peligro, y que el vn punto era vibo, y el otro era muerto, y que este punto vibo conuenia que se cortasse, porque era vn gran pecado que nunca confessó, por el qual corria gran peligro en la vida. En tanta manera que si no fuera porque Dios le quiso guardar por los ruegos del bienauenturado San Pedro, que era mucho su abogado ante Dios, que muchas vezes le ha cometido el demonio en grandes, afrentas donde le quiso auer traydo a la muerte; y que agora era enbiado por Dios este su peregrino de Hierusalen y santo profeta; que soy vno de los doze peregrinos que residen á la contina en el sancto sepulcro de Hierusalen en lugar de los doze apostoles de Cristo; y que yo soy su abogado San Pedro que conuiene que el me le aya de descubrir y confessar para que yo se le absuelua, y avn pagarle[373] por el, y asegurarle que no penará ni peligrará por el[374] pecado más. Y ansi él luego me descubre su pecado por graue y inorme que sea; y prostrado por el suelo llorando me pide misericordia y remedio y le mande quanto yo quisiere que haga para ser absuelto, que en todo me obedeçerá y avn me dará quanto yo le pidiere y el tuuiere para su neçesidad; y ansi quando yo veo a la tal persona tan obediente y rendida digola. Pues mira, hermana, que este pecado se ha de absoluer con tres signos y tres cruzes y tres psalmos y tres misas solenes: las quales se han de dezir en el templo del Santo Sepulcro de Hierusalen, y que son misas de mucha costa y trabajo, porque las han de dezir tres cardenales y rebestirse con ellos al altar tres obispos; y hanlas de offiçiar tres patriarcas vestidos de pontifical, y han de arder alli tres çirios a cada misa, que pesse cada vno seys libras de cera; y luego dize el tal penitente:
Pues vos mi padre y santo señor vays allá hazedlas dezir, y yo al presente daré los dineros y limosna que pudiere y boluiendo vos por aqui lo acabaré de pagar; y yo respondo: que a mi me conuiene forçado estar en Hierusalen la Semana Santa, y que en llegando se las haré dezir, y ansi luego el penitente me da diez y veinte[375] ducados y más, o menos como cada qual tiene la facultad, y yo la doy vna señal por la qual quedo de boluer a la visitar dentro de vn año o dos, sin pensarla mas ver; y otras vezes para auctoriçar esta mi mala arte digoles: que yo le daré parte del gran trabajo que tengo de reçebir en el camino que emos de hazer los escolares peregrinos de Hierusalen quando todos juntos vamos la Santa pasqua de Resureçion por el olio y crisma a la torre de Babilonia, como lo tenemos por costunbre y promesa traerlo nosotros doze para la iglesia de Dios; lo qual se trae en doze cauallos yendo nosotros a pie. Que van luego los siete y quedan los çinco aguardando; y aquellos siete que van lleuan siete ropas ricas y siete armas, con las quales peleamos con siete gigantes que guardan el santo crisma y el olio de noche y de dia, y como son mas fuertes que nosotros dannos grandes palos y bofetadas, hasta que vienen del çielo siete donzellas en siete nubes y en su fabor siete estrellas; las quales peleando con los gigantes los vencen y ansi las damos las siete ropas, y nos cargan los cauallos del Santo olio y crisma y nos venimos con ello á Hierusalen para que en la Santa pascua de Resurreçion se distribuya por toda la cristiandad; y ansi por la misericordia de Dios nuestro señor, por esta tu limosna te haré parçionera deste trabajo que en este viaje tengo de lleuar por la iglesia de Dios; y demas desto porque quedes más purgada deste pecado me vañaré por ti en la fuente y rio Xordan vna vez. Y con este fingimiento y enbaymiento, fiçiones y engaños las hazia tan obedientes a mi mandado, que despues de auerme dado su hazienda si queria tenia açesso con ellas a medida de mi voluntad, y ellas se preçiaban auer tenido açesso con el profeta diçipulo de Dios y peregrino[376] santo de Hierusalen, sieruo de Jesu-Cristo[377]. Y se tenian por muy dichosos los maridos por auer querido yo ansi bendezir a su muger; y ellas se piensan quedar benditas para sienpre jamas con semejantes bendiçiones. En estas maldades querria yo mucho que el mundo estuviesse auisado, y que no diesse lugar ninguno a se dexar engañar de semejantes honbres malos, pues todo esto es manifiesta mentira y fiçion.
Y sé yo que al presente andan muchos por el mundo, los quales tienen engañada la mayor parte de los cristianos, y se debria procurar que los juezes los vuscassen, y hallados los castigassen en las vidas, porque es vna speçie de superstiçion y hurto el mas nefando que entre infieles nunca se vsó, ni se sufrió. Y porque veas quanta es la desverguença y poquedad de los semejantes hombres te quiero contar vn passo que passé, porque entiendas que los tales ninguna vellaqueria ni poquedad dexan de acometer y executar. Sabras que vn dia yuamos tres compañeros del offiçio del zarlo y espinela, que andauamos vuscando nuestra ventura por el mundo. Y como llegamos acaso en vna çiudad á la hora del comer, nos entramos en vn bodegon, donde comimos y bebimos muy a pasto todos tres, y acordamos que se saliesse el vno á vuscar çierto menester, y como se tardasse algo fuele el otro vuscar: y ansi me dexaron solo a mi por gran pieza de tiempo, y dixome la bodegonera: hermano, pagad, ¿que aguardais? Respondi yo: aguardo aquellos compañeros que fueron á vuscar çierta cosa para nuestra necesidad; y ella me dixo: pagad que por demas los esperais: por neçios los ternia si ellos boluiessen acá; y yo le pregunté quanta costa estaua hecha, para pagarla; y ella contando á su voluntad y sin contradiçion dixo que quatro reales auiamos comido y bebido; y luego me leuanté de la mesa viniendome para la puerta de la casa mostrando vuscar la bolsa para la pagar, y dixela: señora echadme en vna copa vna vez de vino, que todo junto lo pagaré: y diziendo esto nos fuemos llegando a vn cuero de vino que sobre vna mesa tenia junto a la[378] puerta, y la buena dueña, avnque no era menos curial en semejantes maldades que yo, descuydose: y desató luego el cuero echando la cuerda sobre el hombro por tener con la vna mano el piezgo y con la otra la medida, y começando ella a medir le tomé yo la cuerda del ombro y fueme lo mas solapadamente que yo pude por la calle adelante y avnque ella me llamaua no le respondia: ni ella por no dexar el cuero desatado me vio mas hasta oy. Cansado ya desta miserable y trabajada vida fueme a ordenar para clerigo.
Miçilo.—¿Con que letras te yuas al examen?
Gallo.—Con seys conejos y otras tantas perdiçes que lleué al prouisor, y ansi maxcando vn euangelio que me dio a leer, y declinando al reues vn nominatiuo me passó, y al escrivano que le dixo que no me deuia de ordenar respondio: andad que es pobre y no tiene de qué viuir.
Miçilo.—Por çierto que todo va ansi. Que yo conozco clerigos tan neçios y tan desuenturados que no les fiaria la tauerna del lugar. No saben sino coger la pitança y andar, y si les preguntais, ¿donde vays tan apriesa? Responde él con el mesmo desasosiego: a dezir misa. ¿Que no ay mas? Por vn miserable estipendio, que si no fuesse por él no la diria.
Gallo.—La cosa que más lastimado me tiene el coraçon en las cosas de la cristiandad es esta: el poco acatamiento que tienen estos capellanes en el dezir misa. Que de todas las naçiones del mundo no ay ninguna que más bienes aya reçebido de su Dios que los cristianos: que los de los otros no son dioses: no los pueden dar nada; y con tantas merçedes como los ha hecho, que avn asi mesmo se les dio, y no ay naçion en el mundo que menos acatamiento tenga á su Dios que los cristianos: y por eso les da Dios enfermedades, pestelençias, hambres, guerras, herejes. Que en vn rincon de la cristiandad ay todos estos males y justamente los mereçen. Que como ellos tratan a Dios ansi los trata él a ellos a osadas. Que vno que para tauernero no es sufiçiente se haze saçerdote por ganar de comer: y tanbien tienen desto gran culpa los seglares, por el trato que anda de misas y varatos malos: que si esto no huuiesse no se ordenaria tanto perdido y oçioso como se ordenan con confiança desto. Escriben los historiadores por gran cosa, que vn papa ordenó tres saçerdotes y çinco diaconos, y ocho subdiaconos. Y agora no hay obispo de anillo que cada año no aya ordenado quinientos desos ydiotas y mal comedidos asnos. Por eso determinó la iglesia que los saçerdotes no se pudiessen ordenar sino en qvatro temporas: porque entonçes ayunasse el pueblo aquellos dias, y rogassen á Dios que les diesse buenos saçerdotes, y por yr en ello tanta parte del bien de la republica. Pues y crees tú que se haze esto alguna vez? Yo confio que nunca le passa por pensamiento mirar en esto a honbre de toda la cristiandad: ni avn creo que nunca tú oyste esto hasta agora.
Miçilo.—No por çierto.
Gallo.—Pues sabete que es la verdad. Aveis de rogar a Dios que os dé buenos saçerdotes: porque algunos saçerdotes ay que no os los dio Dios, sino el demonio, la simonia y avariçia. Como a mí que en la verdad yo me ordené por auariçia de tener de comer: y simoniacamente me dieron las ordenes por seys conejos y otras tantas[379] perdiçes, y permitelo Dios, Quia qualis populus talis est sacerdos. Quiere Dios daros ruynes saçerdotes por los pecados del pueblo: porque qual es el pueblo tales son sus[380] sacerdotes.
Miçilo.—Por çierto que en quanto dizes has dicho verdad, y que me he holgado mucho en oyrte. Boluamos, pues, a donde dexaste: porque quiero saber tú que tal saçerdote heziste.
Gallo.—Por çierto dese mesmo jaez: y avn peor que todos los otros de que emos hablado. Luego como fue saçerdote el primer año mostré gran santidad: y çertificote que yo mudé muy poquito de mi vida passada: pero mostraua gran religion: y ansi vibi dos años aqui en esta villa: y como me viessen la bondad que yo representaua, que siempre andaua en compañía de vna trulla de clerigos santos que ha auido de pocos tiempos en ella, andando a la cortina visitando los hospitales y corrales donde auia[381] pobres, en compañía de vnas mugerçillas andariegas y vagarosas, callegeras que no sufren estar vn momento en sus casas quedas, que estas con todo desassosiego tratauan en la mesma santidad.
Miçilo.—Mayor santidad tuuieran estando en sus casas en oraçion y recogimiento.
Gallo.—-De las quales[382] teniamos nuestras çiertas granjerias, como camisas, pañizuelos de narizes: y la ropa blanca labada cada semana: y algunas ollas y otros guisadillos regalados[383] y algunoe vizcochos y rosquillas: y como vian todos la bondad que representaua hablome vn letrado rico si queria enseñarle vnos niños pequeños que tenia, sus hijos.
Miçilo.—Por cierto a cuerdo lobo encomendaua los corderos: hydeputa y qué Socrates, Pythagoras o Platon: ¿y qué les enseñauas?
Gallo.—Lleuaualos y trayalos del estudio, de casa del bachiller de la gramatica.
Miçilo.—Eso no era sino enseñarles el camino por donde auian de yr y venir. De manera que moço de çiego te pudieran llamar.
Gallo.—Ansi es. Acompañaua tanbien á su muger á qualquiera parte que queria salir, lleuauala de la mano, y avn algunas vezes la rascaua en la palma. Aqui estube dos años en esta casa y de aqui me fue a mi tierra á seruir vn curazgo.
Miçilo.—Pues ¿porque te fueste de Valladolid?[384]
Gallo.—Porque obo çierta sospecha en casa que me fue forçado salir de alli.
Miçilo.—¿Pues de que fue esa sospecha?
Gallo.—Allegate aca y dezirtelo he a la oreja.
Miçilo.—En ese caso poco se puede fiar de todos vosotros.
Gallo.—De aqui me vine á viuir á una muy buena aldea de buena comarca y de honbres muy ricos. Ofreçianme cada domingo mucho vino y mucho pan: y quando moria algun feligres toda la hazienda le comiamos con mucho placer en entierro y honrras: teniamos aquellos dias muy grandes papilorrios: que ansi se llaman[385] aquellas comidas entre nosotros, que se dan en los mortuorios.
Miçilo.—¡O desdichados de hijos del defunto si alguno quedaua: que todo se lo auiades de comer; que bien heredado le dexauades comiendoselo todo!
Gallo.—Ganenlo.
Miçilo.—Pues y vosotros ¿porqué no lo ganades tanbien?
Gallo.—Pues yo ¿a qué lo auia de ganar? Aquel era mi offiçio.
Miçilo.—Holgar.
Gallo.—Pues y agora sabes, quod sacerdotium dicit ocium? Toda nuestra vida era holgar y holgar en toda oçiosidad, andandonos cada dia en papilorrios, sin tener ninguna buena ocupaçion. Porque despues que vn capellan de aquellos ha dicho misa con aquel descuydo que qualquier offiçial entiende en su offiçio y cunplido con el papilorrio, no auia mas que yr a cazar. Por Dios que estoy bien con la costumbre que tienen los saçerdotes de Greçia, que todos trabajan en particulares offiçios: con los quales bien ocupados ganan de comer para sí y para sus hijos.
Miçilo.—¿Pues cómo y casados son?
Gallo.—Eso es lo mejor que ellos tienen: porque de alli van mejor dispuestos al altar que los de acá.
Micilo.—Pues ¿porqué no te ocupauas tú en leer algun libro?
Gallo.—Porque quando el hombre no es buen lector no le es sabrosa la lectura. Y despues desto no podia acabar comigo a ocuparme ansi.
Miçilo.—Pues ¿cómo te auias en el rezar?
Gallo.—Como leya mal haziasseme gran trabajo rezar maitines cada dia: prinçipalmente a la mañana que tardaua tres horas en los rezar. Y yo queria dezir misa en amaneçiendo, porque a la contina me leuantaua con gran sed: y ansi por comer temprano dezia misa rezando solo prima.
Miçilo.—Pues ¿porqué no rezabas maytines antes que te acostasses?
Gallo.—Porque siempre me acostaua las noches con mala dispusiçion, y me caya dormido sobre la mesa: y ansi por gouernarme mal en mi comer y beuer me dio vn dolor de costado del qual en tres dias me acabé, y luego mi alma fue lançada en vn corpezuelo de vn burro que estaua por naçer. Saly del vientre de mi madre saltando y respingando: el mas contento y vfano que nunca se vio animal.
Miçilo.—¿Y asno tueste? Poco trabajó naturaleza en te mudar. ¡O desventurado de ti! ¿y en cuyo poder?
Gallo.—Por cierto desuenturado fue: que bien pagué lo que holgué en el sacerdoçio. Quisieron los mis tristes hados que cayesse en manos de vn brauoso[386] recuero andaluz que nunca hazia sino beodo renegar. ¡O Dios inmortal, qué carga comienço agora! Aqui se me dio el triste pago de mi mereçer. Porque luego que fue de edad para carga serui con la requa ele çeuadero o fatero de seys buenos machos que mi amo traya. Y lleuando a la contina casi tanta carga como cada vno dellos, cada vez que se sentia cansado subia en mi tan grande como yo: y queria que siempre fuesse delante de todos: y ansi sobre esto[387] me daua tantos de palos que no podia más llevar. Nunca le pareçia al desventurado que yo mereçia el comer: y ansi siempre entresacaua de todos los machos vna pobre raçion con que me hazia perder el deseo. Y avn de paja no me queria hartar. Pero vsaua yo de una cautela por me mantener: que luego en la noche como llegauamos a la posada me entraba en la caualleriça y echauame luego en el suelo, fingiendo querer descansar: y como yo a la contina andaua con ruyn albarda y peor xaquima façilmente rompia mis miserables ataduras: y como echauan de comer á mis compañeros procuraua remediarme entre ellos; y avn algunos dellos me dauan muy fuertes cozes defendiendo su pasto; otros auia que teniendo piedad de mi me dexauan comer. Pero ¡ay de mí! si aquel traydor de mi amo entraua en aquella sazon, haziamelo a palos gormar. A la contina caminauamos en compañia de otros recueros[388], porque ellos lo[389] acostumbrauan ansi por se ayudar en neçesidad y peligros que de cada dia se les ofreçen, para cargar y descargar. Y ansi vna vez yuamos por vn camino sobre auer llouido tres dias a rreo; y llegamos a vn allozar donde estaua vn grande atolladero por causa de vnos grandes llamares de agua que en todo tiempo auia alli; y el bellaco de mi amo por poder passar mejor subio sobre mi; y como yo no sabia el passo y yua delante de todos atollé y cay. ¡O desuenturado de asno! vierasme cubierto de lodo y agua que no podia sacar braço ni pie; y mi amo apeado en medio del barro palos y palos en mi. Por çierto mil vezes me quisiera alli ahogar; y avn te digo de verdad que otras tantas vezes me quise matar si no fuera por no caer en el pecado de desesperaçion.
Miçilo.—Pues deso ¿qué se te daua á ti?
Gallo.—Tuuiera más que pagar. Porque has de tener por çierto que los trabajos que yo padeçia en vn estado o naturaleza, era en penitençia de pecados que cometia en otra. Pues sobre todo esto verás otra cosa peor; que guiando tras mi vn mulo de aquellos que lleuaua vna gran carga de açeyte, y tanbien atolló junto a mi. Y tanto tuuieron que entender en su remedio que me dexauan a mi ahogar; y el vellaco de mi amo no hazia sino renegar de Dios. En fin entraron él y sus compañeros en medio del barro y ronpiendo los lazos y sobre carga y avn vn cuero de seys arrobas que no se pudo remediar; y ansi arrastrando sacaron el mulo afuera. Y despues boluieron por mi y a palos tirando por las orejas y cola me huuieron de sacar. Nunca me pareció que era yo inmortal sino alli, y pessauame mucho porque en todas las speçies de animales en que viui me duraua aquella tanto siendo la peor; y lloraua porque quando yo fue clerigo, rana, o puerco no me perpetué; y vine á viuir tanto en vn tan ruyn natural. Despues salidos a tierra todos los duelos auian de caer sobre mi; porque como el macho era vestia de valor, como le sintieron algo fatigado, fue de voto de todos que me cargassen vn rato el otro cuero que lleuaua el mulo y que le regalassen a él; proponiendo[390] entre si que llegando a la primera venta le tornarian a cargar; y yo como vi ser tal su determinaçion, y que no podia apelar, porque para ellos mesmos no me admitian[391] suplicaçion, por tanto callé y sufrí y mal que me pessó le lleué hasta que anocheçio. Aqui es de llorar; que si por malos de mis pecados me detenia algo al pasar de vn lodo, o de alguna aspereça, o por piedras, o por qualquiera otra ocasion, cogia aquel vellaco vna vara que lleuaua de doze palmos y vareauame tan cruelmente por barriga y ancas y por todo lo que la carga descubria que en todo mi cuerpo no dexaua lugar con salud. Por çierto yo llegué tal aquella noche al meson que rogué con gran affeto a Dios que me acabasse el viuir. En llegando que me descargaron me arrojé al suelo en la caualleriza, que ni tenia gana de comer, ni avn era yo tan bien pensado que me sobrase la çeuada. Pero basta que yo llegué tal que no sabia parte de mi. Tenia quebrantadas las piernas del cansancio, y herido todo el cuerpo magullado á palos; y como me hallé tan miserable aborreçime en tanta manera que estuue por desesperar. Y estando ansi tan desbaratado con mi passion acordé (que no deuiera) de probar a me libertar, y huyendo yrme a mis venturas, pensando que a açertar a libertarme ganaua descanso para toda mi vida; y que a salirme mal no podia ser mas que o caer en manos de otro vil, o en manos de mi amo que me tornasse a palear, o en manos[392] de vn lobo que me comiesse. Y ninguna destas cosas tenia por peor; y ansi como me determiné auiendo çenado los recueros y aparejado sus camas en que se acostar, y sobre su cansançio y vino començaron a dormir, y como tube gran cuydado de ver todo lo que passaua, lo mas seguro que pude sali por la puerta del meson; y como yo me vi en libertad, ¡o Dios soberano! quien podra encareçer el gozo en que se vio mi alma. Luego me fue al mas correr la calle que mas a mano tomé hasta salir del lugar; y por el camino que açerté comienço con tanta furia a correr que no auia cauallo que en ligereza se me pudiesse comparar. Que con quanto cansado venia con el cuero de açeyte quando al meson llegué, me pareçio quando de la possada sali que en todo deleyte auia estado aquel mes; y quando yo pensé que me auia alongado de mi amo cuatro leguas por la gran furia con que en dos horas corri; y como la noche hazia obscura por el nublo que tenia el çielo; echeme con gran seguro en vn prado á descansar, y plugo a mis tristes hados que en el meson obo[393] ocasion como me hallaron menos en la caualleriza; y como mi amo fue auisado me procuró luego seguir; porque avn no faltó quien me vió quando yo salí del lugar, y el camino que lleué. Y como caminó a toda furia quando amaneçio se halló junto a mi. ¡O valame Dios! quando yo le vy, quisiera tener vn arma, ó qualquier otro medio como[394] me matar. Pluguiera a Dios que luego me matara alli; y como me vio dixo: ¡a! don traydor, ¿pensastes os me yr? Agora me lo pagareis; y diziendo esto diome tantos de palos que no pensé mas viuir; y puedes creer que digo la verdad que en alguna manera me alegré, pensando que me acabaua ya, esperando que con la muerte me suçediera[395] mejor. Pero no mereçia yo tanto bien; y ansi me salio al reues; porque quando vio que me auia bien castigado subio en mi y corriendo como en vna posta me tornó al lugar con la posible furia; donde llegamos antes que los compañeros pudiessen aparejar. Y ansi sin perder ellos punto de xornada perdi yo la çena y almuerço y descanso; porque luego en llegando cargando a todos y a mi nos hizieron caminar.
Miçilo.—Por çierto mal te trataua ese honbre. Mala gente deue de ser recueros.
Gallo.—Por Dios mala quanto se puede encareçer. Es el genero de honbres mas vil que en el mundo Dios crió; la hez, escoria y deshecho de todos quantos son. No tienen cuenta sino con beuer, y quanto hurtan, ganan y trapazan no es sino para vino, y vino y mas vino. No pareçe su cuerpo sino vna cuba manantial. Es gente que por su boca nunca professó ley, porque sino es lo que el padrino respondió por ellos al baptismo nunca de la ley de Cristo honbre dellos se acordó, ni otro sacramento reçibió. Porque toda su vida no entienda[396] sino andar con la recua nunca paran quaresma en su feligresia para se confesar; y si vienen despues de quaresma a su pueblo y su cura les dize que se confiessen muestran[397] vnas çedulas de confession fingidas y falsas, hechas para cumplir. Con esto no les verás hazer cosa por donde entiendas de qué ley son, porque sus dos mas prinçipales obras es[398] beber y renegar. Que quaresma ni quatro temporas, ni visperas de Santos, ni viernes no hazen differençia en el comer. Antes mofan de los que en aquellos dias hazen alguna espeçificaçion. No quiero hablar desta ruyn gente mas, porque avn mi lengua, avnque de gallo, tiene asco y enpacho de hablar de hombre tan peruerso y tan vil. Que si en sus bajezas me quisiesse detener, tiempo faltaria para dezir. Pero pues tengo intençion de te cantar[399] de honbres mas altos, de los que tiene el vulgo por nobles y los çelebra con solenidad, no me quiero detener en honbres tan sueçes, porque me pareçe que del tiempo que en los tales se gastasse se deuria restituçion. En fin quiero concluir con la miserable vida que me dió; que ella fue tal que en ninguna manera la pude sufrir; y ansi viniendo vn dia de Cordoua para Salamanca con vn cargo de açeyte, y yo traya tanbien mi parte, y no la menor, yo venia tan aborrido y tan desesperado que propuse en my determinaçion de tomar la muerte, ofreçida la oportunidad; y ansi vna mañana bajando vn porteçuelo que dizen de la Corchuela, deçendiendo sobre el rio Taxo a passar la puente del Cardenal, viniendo por la ladera de la sierra pareçese el rio de Taxo abajo que va por entre vnas peñas con mucho ruydo y braueza, que a todos quantos por alli passan pone espanto. Luego como vi aquella ocasion pense arroxarme de alli al rio y acabar aquella vida de tanto trabajo, hambre y miseria contina; y ansi a vna vuelta que la sierra da en que descubre el rio vn gran pedaço, por razon de auer comido con la fuerça que por alli lleua vna gran parte de la montaña, está vn despeñadero muy grande, que el que de alli cayere no puede parar hasta el rio.
Suçedio que yendo yo pensando en esto dió mi amo vn palo a vn mulo que venia tras mi, y herido el mulo con algun pauor quiso[400] passar ante mí; y con la furia y fuerça que lleuaua encontró con mi flaqueza y façilmente me hizo rodar a mí y a mis cueros de açeyte. De tal manera que dando de peña en peña hecho pedaços llegué al rio sin sentir el dolor que padeçen con la demasiada agua los que se ahogan; y ansi acabé la más misserable vida y más penosa que en el mundo jamas se padeçió. Con protestaçion que hize mil vezes de ser bueno por no venir á otro tan gran mal.
Miçilo.—Deseo tenia de verte salir de tan gran[401] penitencia, y heme holgado mucho en averte oydo hasta aqui; ya pareçe que es venido el dia, y avn pareçe que ha más de media hora que salio el sol; y porque no perdamos la coyuntura de nuestro ganar de comer, calla y abriré la tienda, que mucho á mi sabor has cantado oy; y a la noche yo velaré el rato que se me ha passado desta mañana sin trabajar, y oyrte he hasta que te quieras dormir. Agora despierta tus gallinas y venios a comer.
Gallo.—Mira, Miçilo, no te engañes en eso comigo, porque yo antes despertaré a la media noche y quedaré sin dormir mas, que no velaré a la prima noche. Pero yo haré vna cosa por te conplazer; que recogeré vn hora antes que anochezca mis gallinas, y aure dormido un sueño bueno quando tú acabes de çenar, y despertandome tú yo velaré todo lo que querras. Y al sabor de la historia que yo cantaré trabajarás tu hasta que quieras dormir.
Miçilo.—Muy bien dizes; hagasse ansi. Quisiera que me dixeras una cosa que se me oluidó de te preguntar, y es: quando fueste capellan de aquel curazgo (que cura te podriamos llamar) ¿cómo te sabias auer con tus ouejas? ¿cómo sabias gouernar tus feligreses? En fin, ¿cómo te auias en su gouierno y confession?[402] cómo te huuiste cuando eras cura con tus feligreses.
Gallo.—Eso te diré yo de muy buena voluntad, y cantarte he otras muchas cosas muy graciosas, que confio holgarás de oyr. Porque en el canto que se sigue te cantaré[403] de vn mançebo de animo generoso, çiego y obstinado en los deseos y apetito de la carne. Encantado y hechizado con el veleño y embaymiento de una maga mala muger. Çiego de la razon, disipando el tesoro del buen natural que de su padre Dias heredó; hasta que por la[404] misericordia de Dios me quiso alumbrar para salir de tan gran confusion y vestialidad.
Miçilo.—Pues por agora calla que llaman a la puerta, que deuen de venir a conprar.
Fin del quarto canto del gallo de Luçiano.