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Orígenes de la novela, Tomo II cover

Orígenes de la novela, Tomo II

Chapter 55: LIBRO QUINTO DE LA DIANA DE GEORGE DE MONTEMAYOR
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Una introducción crítica traza el desarrollo de la narrativa breve hispánica y su relación con modelos europeos, examinando géneros, fuentes, temas y técnicas narrativas. Seguidamente se ofrecen ediciones transcritas de cuentos y novelas de los siglos XV y XVI acompañadas de notas y aparato crítico que comentan estilo, léxico, ortografía y rasgos tipográficos. El volumen explica los criterios de transcripción adoptados, preserva intencionalmente errores y variantes cuando ayudan a la comprensión histórica, y contextualiza cada texto para mostrar cómo circulaban influencias y fórmulas narrativas en ese periodo.

LIBRO QUINTO
DE LA DIANA DE GEORGE DE MONTEMAYOR

Otro dia por la mañana, la sábia Felicia leuantó, y se fue al aposento de Felismena, la cual halló acabandose de vestir, no con pocas lagrimas, paresçiendole cada hora de las que alli estaua mil años. Y tomandola por la mano, se salieron a vn corredor que estaua sobre el jardin, adonde la noche antes hauian çenado, y hauiendole preguntado la causa de sus lagrimas, y consolandola con dalle esperança que sus trabajos aurian el fin que ella deseaua, le dixo: Ninguna cosa hay oy en la vida más aparejada para quitalla a quien quiere bien, que quitalle con esperanças inçiertas el remedio de su mal: porque no ay hora, en quanto desta manera biue, que no le parezca tan espaçiosa quanto las de la vida son apressuradas. Y porque mi desseo es, que el nuestro se cumpla, y despues de algunos trabajos, consigays el descanso que la fortuna os tiene prometido, uos partireys desta uuestra casa, en el mismo habito en que veniades, quando a mis Nimphas defendistes de la fuerça que los fieros saluages les querian hazer. Y tened entendido, que todas las vezes que mi aiuda y fauor os fuera neçessario, lo hallareys sin que ayays menester embiarmelo a pedir: assi que (hermosa Felismena) vuestra partida sea luego, y confiad en Dios que vuestro desseo aurá buen fin: porque si yo de otra suerte lo entendiera, bien podeys creer, que no me faltarán otros remedios para hazeros mudar el pensamiento, como a algunas personas lo he hecho. Muy grande alegria reçibio Felismena, de las palabras, que la sábia Feliçia le dixo, a las quales respondio: No puedo alcançar (discreta señora) con qué palabras podria encaresçer, ni con qué obras podria seruir la merçed que de vos reçibo. Dios me llegue a tiempo en que la experiençia os dé a entender mi desseo. Lo que mandays pondre yo luego por obra, lo cual no puede dexar de suçederme muy bien: siguiendo el consejo de quien para todas las cosas sabe dallo tan bueno. La sabia Feliçia la abraçó, diziendo: yo espero en Dios, hermosa Felismena, de veros en esta casa con más alegria de la que lleuais. Y porque los dos pastores y pastoras nos estan esperando, razon será que vaya a dalles el remedio que tanto an menester. Y saliendose ambas a dos a vna sala hallaron a Syluano, y a Sireno, y a Belisa, y a Seluagia, que esperandolos estauan, y la sábia Feliçia dixo a Felismena: Entretened (hermosa señora) nuestra compañia entre tanto que yo uengo: y entrandole en un aposento, no tardó mucho en salir, con dos uasos en las manos de fino cristal con los pies de oro esmaltados, y llegandose a Sireno, le dixo: Oluidado pastor, si en tus males uuiera otro remedio, si no este, yo te lo[1260] buscara con toda diligençia possible, pero ya que no puedes gozar de aquella que tanto te quiso, sin muerte agena, y está este en mano de solo Dios, es menester que reçibas otro remedio para no dessear cosa que es imposible alcançalla. Y tú, hermosa Seluagia, y desamado Syluano, tomad esse uaso, en el qual hallareys grandissimo remedio para el mal passado, y prinçipio para grandissimo contento: del qual uosotros estays bien descuydados. Y tomando el uaso, que tenía en la mano yzquierda, le puso en la mano a Sireno, y mandó que lo beuiesse, y Sireno lo hizo luego, y Seluagia y Syluano beuieron ambos el otro: y en este punto cayeron todos tres en el suelo adormidos, de que no poco se espantó Felismena, y la hermosa Belisa, que alli estaua, a la qual dixo la sábia Feliçia: no te desconsueles (o Belisa) que aun yo espero de uerte tan consolada como la que más lo estouiere. Y hasta que la uentura se canse de negarte el remedio que para tan graue mal as menester, yo quiero que quedes en mi conpañia. La pastora le quiso besar las manos por ello, Feliçia no lo consintio: mas antes la abraçó, mostrandole mucho amor. Felismena estaua espantada del sueño de los pastores, y dixo a Feliçia: paresçe me, señora, que si el descanso destos pastores está en dormir, ellos lo hazen de manera, que biuiran los más descansados del mundo. Feliçia le respondio: No os espanteys desso: porque el agua que ellos beuieron, tiene tal fuerça ansi la una, como la otra, que todo el tiempo que yo quisiere, dormiran, sin que baste ninguna persona a despertallos. Y para que ueays si esto es ansi, prouá a llamarlo. Felismena llegó entonces a Syluano, y tirándole por vn braço, le començo a dar grandes bozes, las quales aprouecharon tanto, como si las diera a un muerto: y lo mismo le auino con Sireno y Seluagia, de lo que Felismena quedó assaz marauillada. Feliçia le dixo: pues más os marauillareys despues que se despierten, porque uereys una cosa la más estraña que nunca imaginastes; y porque me paresçe que el agua deue auer obrado lo que es menester, yo quiero despertar, y estad atenta, porque oyreys marauillas. Y sacando un libro de la manga, se llegó a Sireno: y en tocandole con él sobre la cabeça, el pastor se leuantó luego en pie con todo su juyzio, y Feliçia le dixo: Dime, Sireno, si acaso uiesses la hermosa Diana con su esposo, y estar los dos con todo el contentamiento del mundo riendose de los amores que tú con ella auias tenido, qué harias? Sireno respondio: Por çierto señora, ninguna pena me darian, antes les ayudaria a reyr de mis locuras passadas. Feliçia le replicó: ¿y si acaso ella fuera ahora soltera y se quisiera casar con Syluano y no contigo, qué hiziera? Sireno le respondio: yo mismo fuera el que tratara de conçertallo. ¿Qué os parece (dixo Feliçia contra Felismena) si el agua sabe desatar los nudos, que este peruerso de amor haze? Felismena respondio: jamas, pudiera creer yo, que la sçiençia de una persona humana pudiera llegar a tanto como esto. Y boluiendo á Sireno, le dixo: ¿qué es esto, Sireno? Pues las lagrimas y sospiros con que manifestauas tu mal, tan presto se an acabado? Sireno le respondio: pues que los amores se acabaron, no es mucho que se acabase lo que ellos me hazian hazer. Felismena le boluio a dezir: ¿y que es possible, Sireno, que ya no quieres bien más a Diana? El mismo bien le quiero (dixo Sireno) que os quiero a uos, y a otra qualquiera persona, que no me aya offendido. Y viendo Feliçia quán espantada estaua Felismena de la subita mudança de Sireno, le dixo: Con esta mediçina curara yo, hermosa Felismena, vuestro mal, y el vuestro, pastora Belisa, si la fortuna, no os tuuiera guardadas para muy mayor contentamiento de lo que fuera ueros en nuestra libertad. Y para que ueays quán differentemente ha obrado en Syluano y en Seluagia la mediçina bien será despertarlos, pues basta lo que han dormido. Y poniendo el libro sobre la cabeça a Siluano se leuantó, diziendo: ¡O hermosa Seluagia, quán gran locura ha sido, auer empleado en otra parte el pensamiento despues que mis ojos te uieron! ¿Qué es esso Syluano, dixo Feliçia, teniendo tan presto el pensamiento en tu pastora Diana, tan subitamente le pones ahora en Seluagia? Syluano le respondio: Discreta señora, como el nauio anda perdido por la mar sin poder tomar puerto seguro, ansi anduuo mi pensamiento en los amores de Diana todo el tiempo que la quise bien, mas agora he llegado a un puerto, donde plega a Dios que sea tan bien recebido, como el amor que yo le tengo lo meresçe. Felismena quedó tan espantada del segundo genero de mudança que uio en Syluano, como del primero que en Sireno auia uisto, y dixole riendo: pues qué hazes, que no despiertas a Seluagia, que mal podra oyr tu pena una pastora que duerme? Siluano entonces tirandole del braço le començo a dezir a grandes bozes: Despierta, hermosa Seluagia, pues despertaste mi pensamiento del sueño de las ignorancias passadas. Dichoso yo, pues la fortuna me ha puesto en el mayor estado que se podia dessear: ¿qué es esto, no me oyes, o no quieres responderme? Cata que no suffre el amor que te tengo, no ser oydo. O Seluagia, no duermas tanto, ni permitas que tu sueño sea causa que el de la muerte dé fin á mis dias. Y viendo que no aprouechaua nada llamarla, començo a derramar lagrimas en tan gran abundançia, que los presentes no pudieron dexar de ayudalle, mas Feliçia dixo: Syluano amigo, no te afflijas, que yo haré que responda Seluagia, y que la respuesta sea tal, como tú desseas; y tomandole por la mano, le metio en un aposento, y le dixo: No salgas de ay, hasta que te llame. Y luego boluio a do Seluagia estaua, y tocandola con el libro despertó, como los demas auian hecho. Feliçia le dixo: Pastora, muy descuydada duermes. Seluagia respondio: Señora, qué es del mi Syluano? no estaua él junto conmigo? Ay Dios, quién me lo lleuó de aqui? Si boluiera? Y Feliçia le dixo. Escucha, Seluagia, que paresçe que desatinas: as de saber que el tu querido Alanio está a la puerta, y dize que ha andado por muchas partes perdido, en busca tuya, y trae liçençia de su padre para casarse contigo. Essa liçençia (dixo Seluagia) le aprouechará a él muy poco, pues no la tiene de mi pensamiento. Syluano qué es dél? Adonde está? Pues como el pastor Syluano oyó hablar a Seluagia, no pudo suffrir sin salir luego á la sala donde estaua, y mirandose los dos con mucho amor, lo confirmaron tan grande entre sí, que sola la muerte bastó para acaballo, de que no poco contentamiento reçibio Sireno, y Felismena, y aun la pastora Belisa. Feliçia les dixo: Razon será, pastores y hermosa pastora, que os boluays a vuestros ganados, y tened entendido que mi fauor jamas os podra faltar, y el fin de vuestros amores será quando por matrimonio cada uno se ayunte con quien dessea. Yo terné cuydado de auisaros, quando sea tiempo, y vos (hermosa Felismena) aparejaos para la partida, porque mañana cumple que partays de aqui. En esto entraron todas las Nimphas por la puerta de la sala, las cuales ya sabian el remedio que la sábia Feliçia auia puesto en el mal de los pastores: de lo cual reçibieron grandissimo plazer, mayormente Dorida, Cinthia, y Polidora: por auer sido ellas la principal ocasion de su contentamiento. Los dos nueuos enamorados no entendian en otra cosa, sino en mirarse uno a otro, con tanta afecçion y blandura como si uuiera mil años que vuieran dado prinçipio a sus amores. Y aquel dia estuuieron alli todos, con grandissimo contentamiento, hasta que otro dia de mañana, despidiendose los dos pastores, y pastora, de la sábia Feliçia, y de Felismena, y de Belisa, y assi mismo de todas aquellas Nimphas, se boluieron con grandissima alegria a su aldea, donde aquel mismo dia llegaron. Y la hermosa Felismena que ya aquel dia se auia uestido en trage de pastora, despidiendose de la sábia Feliçia, y siendo muy particularmente auisada de lo que auia de hazer, con muchas lagrimas la abraçó, y acompañada de todas aquellas Nimphas, se salieron al gran patio, que delante de la puerta estaua, y abraçando a cada vna por si, se partio por el camino donde la guiaron. No yua sola Felismena este camino, ni aun sus imaginaciones la dauan lugar a que lo fuesse, pensando yua en lo que la sábia Feliçia le auia dicho, y por otra parte considerando la poca ventura que hasta alli auia tenido en sus amores, le hazia dudar de su descanso. Con esta contrariedad de pensamientos yua lidiando, los quales aun que por vna parte la cansauan, por otra la entretenian, de manera que no sentia la soledad del camino. No vuo andado mucho por en medio de vn hermoso valle, quando a la cayda del Sol, vio de lexos vna choça de pastores, que entre vnas enzinas estaua a la entrada de vn bosque, y persuadida de la hambre, se fue hazia ella, y tambien porque la fiesta començaua de manera que le seria forçado passalla debaxo de aquellos arboles. Llegado a la choça, oyó que vn pastor dezia a vna pastora que cerca dél estaua assentada: No me mandes, Amarilida, que cante, pues entiendes la rayon que tengo de llorar todos los dias que el alma no desampare estos cansados miembros; que puesto caso que la musica es tanta parte para hacer acresçentar la tristeza del triste, como la alegria del que más contento biue, no es mi mal de suerte, que pueda ser disminuydo, ni accresçentado, con ninguna industria humana. Aqui tienes tu çampoña, tañe, canta, pastora, que muy bien lo puedes hazer: pues que[1261] tienes el coraçon libre y la voluntad essenta de las subiecçiones de amor. La pastora le respondio: no seas, Arsileo, auariento de lo que la naturaleza con tan larga mano te ha conçedido: pues quien te lo pide sabra complazerte en lo que tú quisieres pedille. Canta si es possible aquella cançion que a petiçion de Argasto heziste, en nombre de tu padre Arsenio, quando ambos seruiades a la hermosa pastora Belisa. El pastor le respondio: Estraña condiçion es la tuya (o Amarilida) que siempre me pides que haga lo que menos contento me da. ¿Qué haré que por fuerça he de complazerte, y no por fuerça, que assaz de mal aconsejado seria quien de su voluntad no te siruiesse? Mas ya sabes cómo mi fortuna me va a la mano, todas las vezes que algun aliuio quiero tomar: o Amarilida, viendo la razon que tengo de estar contino llorando me mandas cantar? Por qué quieres ofender a las ocasiones de mi tristeza? Plega a Dios que nunca mi mal vengas a sentillo en causa tuya propia, porque tan a tu costa no te informe la fortuna de mi pena. Ya sabes que perdi a Belisa, ya sabes que biuo sin esperanza de cobralla: por qué me mandas cantar? Mas no quiero que me tengas por descomedido, que no es de mi condiçion serlo con las pastoras á quien todos estamos obligados a complazer. Y tomando un rabel, que çerca de sí tenía, le començo a templar, para hazer lo que la pastora le mandaua. Felismena que açechando estaua oyó muy bien lo que el pastor y pastora passauan: quando vio que hablauan en Arsenio y Arsileo, seruidores de la pastora Belisa, a los cuales tenía por muertos, segun lo que Belisa auia contado a ella, y a las Nimphas y pastores, quando en la cabaña de la isleta la hallaron, uerdaderamente penso lo que veya ser alguna vision, o cosa de sueño. Y estando atenta, uio como el pastor començo a tocar el rabel tan diuinamente, que paresçia cosa del cielo: y auiendo tañido vn poco, con vna boz más angelica, que de hombre humano, dio prinçipio a esta cançion:

¡Ay vanas esperanças, quantos dias
anduue hecho sieruo de vn engaño,
y quán en vano mis cansados ojos
con lagrimas regaron este valle!
pagado me an amor y la fortuna,
pagado me an, no sé de qué me quexo.
Gran mal deuo passar, pues yo me quexo,
que hechos á sufrir estan mis ojos
los trances del amor, y la fortuna:
¿sabeys de quien me agrauio? de un engaño
de una cruel pastora deste valle,
do puse por mi mal mis tristes ojos.
Con todo mucho deuo yo a mis ojos,
aunque con el dolor dellos me quexo,
pues ui por causa suya en este valle,
la cosa más hermosa que en mis dias,
jamas pense mirar, y no me engaño:
preguntenlo al amor y la fortuna.
Aunque por otra parte la fortuna,
el tiempo, la ocasion, los tristes ojos,
el no estar reçeloso del engaño,
causaron todo el mal de que me quexo:
y ansi pienso acabar mis tristes dias,
contando mis passiones a este valle.
Si el rio, el soto, el monte, el prado, el valle,
la tierra, el cielo, el hado, la fortuna,
las horas, los momentos, años, dias,
el alma, el coraçon, tambien los ojos,
agrauian mi dolor, quando me quexo,
¿por qué dizes pastora que me engaño?
Bien sé que me engañé, más no es engaño,
porque de auer yo uisto en este ualle
tu estraña perfecçion, jamas me quexo,
sino de ver que quiso la fortuna
dar a entender a mis cansados ojos,
que allá uernia el remedio tras los dias.
Y son pasados años, meses, dias,
sobre esta confiança y claro engaño:
cansados de llorar mis tristes ojos,
cansado de escucharme el soto, el valle,
y al cabo me responde la fortuna,
burlandose del mal de que me quexo.
¿Mas o triste pastor, de qué me quexo,
si no es de no acabarse ya mis dias?
¿por dicha era mi esclaua la fortuna?
¿halo ella do pagar, si yo me engaño?
¿no anduuo libre, essento en este ualle?
¿quién me mandaua a mi alçar los ojos?
¿Mas quién podra tambien domar sus ojos
o cómo biuire si no me quexo,
del mal que amor me hizo en este ualle?
mal aya un mal que dura tantos dias,
mas no podra tardar, si no me engaño,
que muerte no dé fin a mi fortuna.

Venir suele bonanças tras fortuna,
mas ya nunca veran jamas mis ojos:
ni aun pienso caer en este engaño,
bien basta ya el primero de quien quexo,
y quexaré, pastora, quantos dias
durare la memoria deste ualle.
Si el mismo dia, pastora, que en el ualle
dio causa que te uiesse mi fortuna,
llegara el fin de mis cansados dias,
o al menos uiera esquiuos essos ojos:
çessara la razon con que me quexo,
y no pudiera yo llamarme a engaño.
Mas tú determinando hazerme engaño
quando me uiste luego en este ualle,
mostrauaste benigna, ved si quexo
contra razon de amor, y de fortuna;
despues no sé por qué buelues tus ojos,
cansarte deuen ya mis tristes dias.
Cançion de amor, y de fortuna quexo:
y pues duró vn engaño tantos dias,
regad ojos, regad el soto, el ualle.

Esto cantó el pastor con muchas lagrimas, y la pastora lo oyó con grande contentamiento de uer la graçia con que tañia y cantaua: mas el pastor despues que dio fin a su cançion, soltando el rabel de las manos, dixo contra la pastora: ¿Estás contenta, Amarilida, que por solo tu contentamiento, me hagas hazer cosa que tan fuera del mio es? Plega a Dios (o Alteo) la fortuna te trayga al punto a que yo por tu causa he uenido: para que sientas el cargo en que te soy por el mal que me hiziste. O Belisa, quién ay en el mundo, que más te deua que yo? Dios me trayga a tiempo que mis ojos gozen de ver tu hermosura, y los tuyos vean si soy en conosçimiento de lo que les deuo. Esto dezia el pastor con tantas lagrimas que no vuiera coraçon por duro que fuera, que no se ablandara. Oyendole la pastora, le dixo: Pues que ya (Arsileo) me has contado el prinçipio de tus amores, y cómo Arsenio tu padre fue la prinçipal causa de que tu quisiesses bien á Belisa, porque siruiendola él, se aprouechaua de tus cartas y cançiones, y aun de tu musica (cosa que él pudiera muy bien escusar) te ruego me cuentes cómo la perdiste. Cosa es essa (le respondio el pastor) que yo querria pocas vezes contar, mas ya que es tu condiçion mandar me hazer y dezir aquello en que más pena recibo, escucha, que en breues palabras te lo dire. Auia en mi lugar vn hombre llamado Alfeo, que entre nosotros tuuo siempre fama de grandissimo nigromante, el qual quería bien a Belisa primero que mi padre la començasse a seruir, y ella no tan solamente no podia velle, mas aun si le hablauan en él, no auia cosa que más pena le diesse. Pues como éste supiesse un conçierto que entre mí y Belisa auia, de ylla a hablar desde ençima de vn moral, que en una huerta suya estaua, el diabolico Alfeo hizo a dos espiritus que tomasse el uno la forma de mi padre Arsenio, y el otro la mia, y que fuesse el que tomó mi forma al conçierto, y el que tomó la de mi padre uiniesse alli, y le tirasse con una ballesta, fingiendo que era otro, y que uiniesse él luego, como que lo auia conosçido, y se matase de pena de auer muerto a su hijo, a fin de que la pastora Belisa se diesse la muerte, uiendo muerto a mi padre y a mí, o a lo menos hiziesse lo que hizo. Esto hazia el traydor de Alfeo, por lo mucho que le pesaua de saber lo que Belisa me queria, y lo poco que se le daua por él. Pues como esto ansi fue hecho, y a Belisa le paresçiese que mi padre y yo fuessemos muertos, de la forma que he contado, desesperada se salio de casa, y se fue donde hasta agora no se ha sabido della. Esto me conto la pastora Armida, y yo uerdaderamente lo creo, por lo que despues acá ha suçedido. Felismena que entendio lo que el pastor auia dicho, quedó en extremo marauillada, paresçiendole que lo que dezia lleuaua camino de ser assí, y por las señales que en él vio vino en conosçimiento de ser aquel Arsileo, seruidor de Belisa, al qual ella tenía por muerto, y dixo entre si: No sería razon que la fortuna diesse contento ninguno a la persona, que lo negasse a vn pastor que tambien lo mereçe, y lo ha menester. A lo menos, no partiré yo deste lugar, sin darsele tan grande, como lo reçebira con las nueuas de su pastora. Y llegandose a la puerta de la choça, dixo contra Amarilida: Hermosa pastora, a vna sin ventura que ha perdido el camino, y aun la esperança de cobralle, no le dierades licencia para que passasse la fiesta en este vuestro aposento? La pastora quando la vio, quedó tan espantada de ver su hermosura, y gentil disposiçion, que no supo respondelle: empero Arsileo le dixo: por çierto, pastora, no falta otra cosa para hazer lo que por vos es pedido, sino la posada no ser tal como vos la meresceys, pero si desta manera soys seruida, entrá que no aura cosa que por seruiros no se haga. Felismena le respondió: Esas palabras (Arsileo) bien paresçen tuyas, mas el contento que yo en pago dellas te dexaré, me dé Dios a mí en lo que tanto ha que desseo. Y diziendo esto, se entró en la choça, y el pastor y la pastora se leuantaron, haziendole mucha cortesia, y boluiendose a sentar todos, Arsileo le dixo: por ventura, pastora, ha os ha dicho alguno mi nombre, o aueys me uisto en alguna parte antes de aora? Felismena le respondió: Arsileo, más sé de ti de lo que piensas, aunque estés en trage de pastor, muy fuera de como yo te ui, quando en la academia Salamantina estudiauas. Si alguna cosa ay que comer, mandamela dar, porque despues te dire vna cosa que tú muchos dias ha que desseas saber. Esso haré yo de muy buena gana (dixo Arsileo) porque ningun seruiçio se os puede hazer, que no quepa en vuestro meresçimiento. Y descolgando Amarilida y Arsileo sendos çurrones, dieron de comer a Felismena, de aquello que para sí tenian. Y despues que vuo acabado, deseando Felismena de alegrar a aquel que con tanta tristeza biuia, le empeço a hablar desta manera: No ay en la vida (o Arsileo) cosa que en más se deua tener, que la firmeza, y más en coraçon de muger adonde las menos vezes suele hallarse, mas tambien hallo otra cosa, que las más vezes son los hombres causa de la poca constançia que con ellos se tiene. Digo esto, por lo mucho que tú deues a vna pastora que yo conozco, la qual si agora supiesse que eres biuo, no creo que auria cosa en la uida que mayor contento le diesse. Y entonçes, le començo a contar por orden todo lo que auia passado, desde que mató los tres saluages, hasta que uino en casa de la sábia Felicia. En la qual cuenta, Arsileo oyo nueuas de la cosa que más queria, con todo lo que con ella auian passado las Nimphas, al tiempo que la hallaron durmiendo en la isleta del estanque, como atras aueys oydo, y lo que sintio de saber que la fe que su pastora le tenía jamas su coraçon auia desamparado, y el lugar cierto donde la auia de hallar, fue su contentamiento tan fuera de medida, que estuuo en poco de ponelle a peligro la vida. Y dixo contra Felismena: ¿qué palabras bastarian (hermosa pastora) para encaresçer la gran merçed que de vos he reçebido, o qué obras para poderos la seruir? Plega a Dios que el contentamiento, que vos me aueys dado, os dé él en todas las cosas que vuestro coraçon dessea. O mi señora Belisa, que es posible, que tan presto he yo de ver aquellos ojos, que tan gran poder en mí tuuieron? Y que despues de tantos trabajos me auia de sucçeder tan soberano descanso? Y diziendo esto con muchas lagrimas tomaua las manos de Felismena, y se las besana. Y la pastora Amarilida hazia lo mesmo, diziendo: verdaderamente (hermosa pastora) vos aueys alegrado vn coraçon el más triste que yo he pensado ver, y el que menos meresçia estarlo. Seys meses ha, que Arsileo biue en esta cabaña la más triste vida que nadie puede pensar. Y vnas pastoras que por estos prados repastan sus ganados (de cuya compañía yo soy) algunas uezes le entrauamos a ver y a consolar, si su mal sufriera consuelo. Felismena le respondio: no es el mal de que está doliente, de manera que pueda reçebir consuelo de otro, sino es de la causa dél o de quien le dé las nueuas que yo aora le he dado. Tan buenas son para mí, hermosa pastora (le dixo Arsileo) que me han renouado un coraçon enuegeçido en pesares. A Felismena se le entrenesçio el coraçon tanto de uer las palabras que el pastor dezia, y de las lagrimas, que de contento lloraua, quanto con las suyas dió testimonio, y desta manera estuuieron alli toda la tarde, hasta que la fiesta fue toda passada, que despidiendose Arsileo de las dos pastoras, se partio con mucho contento, para el templo de Diana, por donde Felismena le auia guiado.

Syluano y Seluagia con aquel contento que suelen tener los que gozan despues de larga ausençia de la vista de sus amores, caminauan hazia el deleytoso prado, donde sus ganados andauan pasçiendo, en compañia del pastor Sireno; el qual aunque yua ageno del contentamiento que en ellos ueya, tambien lo yua de la pena que la falta dél suele causar. Porque ni él pensaua en querer bien ni se le daua nada en no ser querido. Syluano le dezia: Todas las uezes que te miro (amigo Sireno) me paresçe que ya no eres el que solias: mas antes creo que te has mudado, juntamente con los pensamientos. Por una parte casi tengo piedad de ti, y por otra, no me pesa de verte tan descuydado de las desuenturas de amor. ¿Por qué parte (dixo Sireno) tienes de mí manzilla? Syluano le respondio. Porque me paresçe, que estar vn hombre sin querer, ni ser querido, es el más enfadoso estado, que puede ser en la vida. No ha muchos dias (dixo Sireno) que tú entendias esto muy al reues, plega a Dios que en este mal estado me sustente a mí la fortuna, y a ti en el contento que reçibes con la vista de Seluagia. Que puesto caso, que se puede auer embidia de amar, y ser amado de tan hermosa pastora: yo te aseguro que la fortuna no se descuyde de templaros el contento que reçebis con vuestros amores. Seluagia dixo entonces: no será tanto el mal que ella con sus desuariados sucçesos nos puede hazer, quanto es el bien de verme tan bien empleada. Sireno le respondió: Ah Seluagia, que yo me he visto tambien querido quanto nadie puede verse, y tan sin pensamiento de ver fin a mis amores, como vosotros lo estays aora: Mas nadie haga cuenta sin la fortuna, ni fundamento sin considerar las mudanças de los tiempos. Mucho deuo a la sábia Feliçia, Dios se lo pague, que nunca yo pense poder contar mi mal en tiempo que tan poco lo sintiesse. En mayor deuda le soy yo (dixo Seluagia) pues fue causa que quisiesse bien a quien yo jamas dexe de uer delante mis ojos. Syluano dixo boluiendo los suyos hazia ella: essa deuda, esperança mia, yo soy el que con más razon la deuia pagar, a ser cosa que con la vida pagar se pudiera. Essa os dé Dios, mi bien (dixo Seluagia) porque sin ella la mia sería muy escusada. Sireno viendo las amorosas palabras que se dezian, medio riendo les dixo: No me paresçe mal que cada uno se sepa pagar tan bien que ni quiera quedar en deuda, ni que le deuan, y aun lo que me paresçe, es que segun las palabras que unos a otros dezis, sin yo ser el terçero, sabriades tratar nuestros amores. En estas y otras razones passauan los nueuos enamorados y el descuydado Sireno el trabajo de su camino, al qual dieron fin al tiempo que el sol se queria poner, y antes que llegassen a la fuente de los Alisos, oyeron vna boz de una pastora, que dulçemente cantaua: la qual fue luego conosçida, porque Syluano en oyendola, les dixo: Sin duda es Diana, la que junto a la fuente de los Alisos canta. Seluagia respondio: Verdaderamente aquella es, metamonos entre los myrthos, junto a ella, porque mejor podamos oylla. Sireno les dixo: Sea como nosotros ordenaredes, aunque tiempo fue que me diera mayor contento su musica, y aun su vista que no agora. Y entrandose todos tres por entre los espesos myrthos, ya que el sol se queria poner, vieron junto a la fuente a la hermosa Diana, con tan grande hermosura, que como si nunca la vuieran visto, ansi quedaron admirados: tenía sueltos sus hermosos cabellos, y tomadas atras con una çinta encarnada, que por medio de la cabeça los repartia. Los ojos puestos en el suelo y otras vezes en la clara fuente, y limpiando algunas lagrimas, que de quando en quando le corrian, cantaua este romançe.

Quando yo triste nasçi,
luego nasçi desdichada:
luego los hados monstraron
mi suerte desuenturada,
el sol escondió sus rayos,
la luna quedó eclipsada,
murio mi madre en pariendo,
moça hermosa, y mal lograda:
el ama que me dio leche,
jamas tuuo dicha en nada,
ni menos la tune yo,
soltera ni desposada.
Quise bien, y fuy querida:
oluidé, y fuy oluydada:
esto causó vn casamiento,
que a mí me tiene cansada.
Casara yo con la tierra,
no me viera sepultada
entre tanta desuentura
que no puede ser contada.
Moça me casó mi padre,
de su obediençia forçada:
puse a Sireno en oluido
que la fe me tenía dada,
pago tan bien mi descuydo
qual no fue cosa pagada.
Celos me hazen la guerra,
sin ser en ellos culpada:
con çelos uoy al ganado,
con çelos a la majada,
y con çelos me leuanto
contino a la madrugada:
con çelos como a su mesa,
y en su cama só acostada,
si le pido de que ha çelos,
no sabe responder nada;
jamas tiene el rostro alegre,
siempre la cara inclinada,
los ojos por los rincones,
la habla triste y turbada,
¡cómo biuira la triste
que se uee tan mal casada!

A tiempo pudiera tomar a Sireno el triste canto de Diana, con las lagrimas que derramaua cantando y la tristeza de que su rostro daua testimonio, que al pastor pusieran en riesgo de perder la uida, sin ser nadie parte para remedialle, mas como ya su coraçon estaua libre de tan peligrosa prision, ningun contento reçibio con la uista de Diana, ni pena con sus tristes lamentaçiones. Pues el pastor Syluano, no tenía a su paresçer porque pesalle de ningun mal que a Diana sucçediesse; visto como ella jamas se auia dolido de lo que a su causa auia passado. Sola Seluagia le ayudó con lagrimas, temerosa de su fortuna. Y dixo contra Sireno. Ninguna perfecçion, ni hermosura puede dar la naturaleza, que con Diana largamente no la aya repartido: porque su hermosura no creo yo que tiene par, su graçia, su discreçion, con todas las otras partes que una pastora deue tener. Nadie le haze uentaja, sola una cosa le faltó, de que yo siempre le vue miedo, y esto es la ventura: pues no quiso dalle compañia con que pudiesse passar la uida, con el descanso que ella meresçe. Sireno respondio: quien a tantos le ha quitado, justa cosa es que no le tenga. Y no digo esto, porque no me pese del mal desta pastora, sino por la grandissima causa que tengo de dessearsele. No digas esso (dixo Seluagia) que yo no puedo creer que Diana te aya ofendido en cosa alguna. ¿Qué offensa te hizo ella en casarse, siendo cosa que estaua en la uoluntad de su padre, y deudos, más quen la tuya? Y despues de casada, qué pudo hazer por lo que tocaua a su honra, sino oluidarte? cierto, Sireno, para quexarte de Diana más legitimas causas auia de auer que las que hasta aora emos uisto, Siluano dixo: Por cierto, Sireno, Seluagia tiene tanta razon en lo que dize que nadie con ella se lo puede contradizir. Y si alguno con causa se puede quexar de su ingratitud, yo soy: que la quise todo lo que se puede querer, y tuuo tan mal conosçimiento, como fue el tratamiento que vistes que siempre me hazia. Seluagia respondio, poniendo en él unos amorosos ojos, y dixo: Pues no erades uos mi pastor para ser mal tratado, que ninguna pastora ay en el mundo, que no gane mucho en que uos la querays. A este tiempo Diana sintio que çerca della hablauan, porque los pastores se auian descuydado algo de hablar, de manera que ella no les oyesse: y leuantandose en pie miró entre los myrthos y conosçio los pastores y pastora que entre ellos estaba asentada. Los quales uiendo que auian sido uistos, se unieron a ella, y la resçibieron con mucha cortesia, y ella a ellos, con muy gran comedimiento, preguntandoles adonde auian estado. A lo qual, ellos respondieron con otras palabras, y otros mouimientos de rostro, de lo que respondian a lo que ella solia preguntalles: cosa tan nueua para Diana, que puesto caso que los amores de ninguno dellos le diessen pena, en fin le pesó de uerlos tan otros de lo que solian; y más quando entendio en los ojos de Syluano el contentamiento que los de Seluagia le dauan, y porque era ya hora de recogerse, y el ganado tomaua su acostumbrado camino hazia el aldea, ellos se fueron tras él: y la hermosa Diana dixo contra Sireno: muchos dias ha (pastor) que por este valle no te he visto: más ha (dixo Sireno) que a mí me yua la vida que no me viesse quien tan mala me la ha dado, mas en fin no da poco contento hablar en la fortuna passada el que ya se halla en seguro puerto. En seguro te paresçe, dixo Diana, el estado en que agora biues? No deue ser muy peligroso (dixo Sireno), pues yo oso hablar delante de ti desta manera. Diana respondio: nunca yo me acuerdo verte por mí tan perdido, que tu lengua no tuuiesse la libertad que aora tiene. Sireno le respondio: tan discreta eres en imaginar esso, como en todas las otras cosas. Por qué causa? (dixo Diana) Porque no ay otro remedio, dixo Sireno, para que tú no sientas lo que perdiste en mí, sino pensar que no te quería yo tanto que mi lengua dexasse de tener la libertad que dizes. Mas con todo esso plega a Dios (hermosa Diana) que siempre te dé tanto contento quanto en algun tiempo me quesiste, que puesto caso que ya nuestros amores sean passados, las reliquias que en el alma me han quedado bastan para dessearte yo todo el contentamiento posible. Cada palabra dessas para Diana era arrojalle vna lança, que Dios sabe si quisiera ella más yr oyendo quexas, que creyendo libertades, y aunque ella respondia a todas las cosas, que los pastores le dezian, con çierto descuydo, y se aprouechaua de toda su discreçion para no dalles á entender que le pesaua de uer los tan libres, todavia se entendia muy bien el descontento que sus palabras le dauan. Y hablando en estas y otras cosas, llegaron al aldea, a tiempo que de todo punto el sol auia escondido sus rayos, y despidiendose unos de otros, se fueron a sus posadas.

Pues boluiendo a Arsileo, el qual con grandissimo contentamiento, y desseo de uer a[1262] su pastora, caminaua hazia el bosque donde el templo de la diosa Diana estaua, llegó junto a vn arroyo, que çerca del sumptuoso templo por entre unos uerdes alisos corria, a la sonbra de los quales se asento, esperando que uiniesse por alli alguna persona, con quien hiziesse saber a Belisa de su uenida, porque le paresçia peligroso dalle algun sobresalto, teniendolo ella por muerto. Por otra parte el ardiente desseo que tenía de uerla no le daba lugar a ningun reposo. Estando el pastor consultando consigo mismo el consejo que tomaria, uio uenir hazia si una Nimpha de admirable hermosura, con un arco en la mano, y una aljaua al cuello: mirando a una y a otra parte, si auia alguna caça en qué emplear una aguda saeta, que en el arco traya puesta. Y quando uio al pastor se fue derecha a él, y él se leuantó, y le hizo el acatamiento que a tan hermosa Nimpha deuia hazerse. Y de la misma manera fue della reçibido, porque ésta era la hermosa Polidora, una de las tres que Felismena, y los pastores libraron del poder de los saluages, y muy affiçionada a la pastora Belisa. Pues boluiendose ambos assentar sobre la uerde yerua, Polidora le preguntó de qué tierra era, y la causa de su uenida. A lo qual Arsileo respondio: Hermosa Nimpha, la tierra donde yo nasçi me ha tratado de manera, que paresçe que me hago agrauio en llamarla mía, aunque por otra parte le deuo más de lo que yo sabria encaresçer. Y para que yo te diga la causa que tuuo la fortuna de traerme a este lugar, sería menester que primero me dixesses, si eres de la compañia de la sábia Feliçia, en cuya casa me dizen que está la hermosa pastora Belisa (causa de mi destierro) y de toda la tristeza que la ausençia me ha hecho suffrir. Polidora respondio: de la compañia de la sábia Feliçia soy y la mayor amiga dessa pastora que has nombrado que ella en la uida puede tener, y para que tambien me tengas en la misma posession, si aprouechasse algo, aconsejarte hya, que siendo posible oluidalla, que lo hiziesses. Porque tan imposible es remedio de tu mal, como del que ella padesçe, pues la dura tierra come ya aquel de quien con tanta razon lo esperaua. Arsileo le respondio: Será por uentura esse que dizes que la tierra come, su seruidor Arsileo? Si por çierto, dixo Polidora, esse mismo es el que ella quiso más que a sí, el que con más razon podemos llamar desdichado, despues de ti, pues tienes puesto el pensamiento en lugar donde el remedio es imposible. Que puesto caso que jamas fuy enamorada, yo tengo por aueriguado, que no es tan grande mal la muerte, como el que deue padesçer la persona que ama a quien tiene la uoluntad empleada en otra parte. Arsileo le respondio: Bien creo, hermosa Nimpha, que segun la constançia y bondad de Belisa, no será parte la muerte para que ella ponga el pensamiento en otra cosa, y que no aurá nadie en el mundo que de su pensamiento le quitasse. Y en ser esto ansi, consiste toda mi bienauenturança. ¿Cómo, pastor (le dixo Polidora) queriendola tú de la manera que dizes, está tu feliçidad en que ella tenga en otra parte tan firme el pensamiento? Essa es nueua manera de amor, que yo hasta agora no he oydo. Arsileo le respondio: para que no te marauilles, hermosa Nimpha, de mis palabras, ni de la suerte del amor que a mi señora Belisa tengo, está un poco atenta, y contarte he lo que tú jamas pensaste oyr, aunque el prinçipio dello te deue auer contado essa tu amiga y señora de mi coraçon. Y luego le conto desdel prinçipio de sus amores, hasta el engaño de Alfeo con los encantamientos que hizo, y todo lo demas que destos amores hasta entonçes auia sucçedido, de la manera que atras lo he contado, lo qual contaua el pastor, aora con lagrimas cansadas de traer a la memoria sus desuenturas pasadas, aora con sospiros que del alma le salian, imaginando lo que en aquellos passos su señora Belisa podia sentir. Y con las palabras y mouimientos del rostro, daua tan grande spirito a lo que dezia, que a la Nimpha Polidora puso en grande admiraçion, mas quando entendio que aquel era uerdaderamente Arsileo, el contento que desto reçibio, no se atreuia dallo a entender con palabras, ni aun le paresçia que podria hazer más que sentillo. Ved qué se podia esperar de la desconsolada Belisa, quando lo supiesse! Pues poniendo los ojos en Arsileo, no sin lagrimas de grandissimo contentamiento le dixo: Quisiera yo (Arsileo) tener tu discreçion y claridad de ingenio para darte a entender lo que siento del allegre sucçesso que a mi Belisa le ha soliçitado la fortuna, porque de otra manera sería escusado pensar yo que tan baxo ingenio como el mio, podria dallo a entender. Siempre yo tuue creydo que en algun tiempo la tristeza de mi Belisa se auia de boluer en grandissima alegria, porque su hermosura y discreçion, juntamente con la grandissima fe que siempre te ha tenido, no meresçia menos. Mas por otra parte tuue temor que la fortuna no tuuiesse cuenta con dalle lo que yo tanto le desseaua. Porque su condiçion es, las más de las uezes, traer los sucçessos muy al reues del desseo de los que quieren bien. Dichoso te puedes llamar, Arsileo, pues mereçiste ser querido en la vida, de manera que en la muerte no pudiesses ser oluidado. Y porque no se sufre dilatar mucho tan gran contentamiento a vn coraçon que tan neçessitado dél está, dame liçençia para que yo vaya a dar tan buenas nueuas a tu pastora, como son las de tu vida y su desengaño. Y no te vayas deste lugar, hasta que yo buelua con la persona que tú más deseas ver, y con más razon te lo meresçe. Arsileo le respondio: hermosa Nimpha, de tan gran discreçion y hermosura como la tuya, no se puede esperar sino todo el contento del mundo. Y pues tanto desseas darmele, haz en ello tu voluntad, que por ella me pienso regir, ansi en esto, como en lo de más que sucçediere. Y despidiendose vno de otro, Polidora se partio a dar la nueua a Belisa, y Arsileo la quedó esperando a la sombra de aquellos alisos; el qual por entretener el tiempo en algo, como suelen hazer las personas que esperan alguna cosa que gran contento les dé, sacó su rabel, y començo a cantar desta manera.

Ya dan buelta el amor y la fortuna,
y vna esperança muerta, o desmayada
la esfuerça cada vno,[1263] y la assegura.

Ya dexan infortunios la posada
de vn coraçon en fuego consumido,
y una alegria viene no pensada.

Ya quita el alma al luto, y el sentido
la posada apareja a la alegria,
poniendo en el pesar eterno oluido.

Qualquiera mal de aquellos que solia
passar quando reynaua mi tormento,
y en fuego del ausençia me ençendia.

A todos da fortuna tal descuento,
que no fue tanto mal del mal passado,
quanto es el bien, del bien que agora siento.

Bolued, mi coraçon sobresaltado
de mil desassosiegos, mil enojos:
sabed gozar si quiera un buen estado.

Dexad vuestro llorar, cansados ojos,
que presto gozareys de uer aquella,
por quien gozó el amor de mis despojos.

Sentidos que buscays mi clara estrella,
embiando acá y allá los pensamientos,
a uer lo que sentis delante della?

A fuera soledad y los tormentos,
sentidos a su causa, y dexen desto
mis fatigados miembros muy essentos.

O tiempo no te pares, passa presto,
fortuna, no le estorues su uenida:
ay Dios? que aun me quedó por passar esto?

Ven mi pastora dulçe, que la uida
que tú pensaste que era ya acabada,
está para seruirte aperçebida.

No uienes, mi pastora desseada?
ay Dios, si la ha topado, o se ha perdido
en esta selua de arboles poblada?

O si esta Nimpha que de aqui se ha ydo
quiça que se oluidó de yr a buscalla:
más no, tal voluntad no suffre oluido.

Tú sola eres pastora adonde halla
mi alma su descanso y su alegria,
por qué no vienes presto a asseguralla?

¿No vees como se ua passando el dia,
y si se passa acaso sin yo verte,
yo boluere al tormento que solia,
y tú de veras llorarás mi suerte?

Quando Polidora se partió de Arsileo, no muy lexos de alli topó a la pastora Belisa, que en compañia de las dos Nimphas, Cinthia y Polidora, se andaua recreando por el espesso bosque; y como ellas la viessen venir con grande priesa, no dexaron de alborotarse paresçiendoles que yua huyendo de alguna cosa de que ellas tambien les cumpliesse de[1264] huyr. Ya que uuo llegado vn poco más cerca, la alegria que en su hermoso rostro uieron las asseguró, y llegando a ellas, se fue derecha a la pastora Belisa, y abraçandola, con grandissimo gozo y contentamiento le dixo: Este abraço (hermosa pastora) si uos supiessedes de qué parte uiene, con mayor contento le reçibiriades del que aora teneys. Belisa le respondio: de ninguna parte (hermosa Nimpha) él puede uenir, que yo en tanto le tenga, como es de la vuestra, que la parte de que yo lo pudiera tener en más, ya no es en el mundo, ni aun yo deuria querer biuir, faltandome todo el contento que la uida me podia dar. Essa uida espero yo en Dios, dixo Polidora, que uos de aqui adelante terneys con más alegria de la que podeys pensar. Y sentemonos a la sombra deste uerde aliso, que grandes cosas traygo que deçiros. Belisa y las Nimphas se assentaron, tomando en medio a Polidora, la qual dixo a Belisa: Dime, hermosa pastora, tienes tú por çierta la muerte de Arsenio y Arsileo? Belisa le respondio, sin poder tener las lagrimas: Tengola por tan çierta, como quien con sus mismos ojos la uio, uno atrauessado con una saeta, y al otro matarse con su misma espada. Y qué dirias (dixo Polidora) a quien te dixesse, que estos dos que tú uiste muertos, son biuos, y sanos, como tú lo eres? Respondiera yo a quien esso me dixesse (dixo Belisa) que ternía desseo de renouar mis lagrimas, trayendomelos a la memoria, o que gustaua de burlarse de mis trabajos. Bien segura estoy (dixo Polidora) que tú esso pienses de mí pues sabes que me han dolido más que a ninguna persona que tú lo ayas contado. Mas dime, quién es un pastor de tu tierra, que se llama Alfeo? Belisa respondio: El mayor hechizero y encantador que ay en nuestra Europa: y aun algun tiempo, se preçiaua él de seruirme. Es hombre (hermosa Nimpha) que todo su trato y conuersaçion es con los demonios a los quales él haze tomar la forma que quiere. De tal manera que muchas uezes pensays que con vna persona a quien conosçeys, estays hablando, y vos hablays con el demonio a que él haze tomar aquella figura. Pues has de saber, hermosa pastora, dixo Polidora, que esse mismo Alfeo con sus hechizerias, ha dado causa al engaño en que hasta agora has biuido, y a las infinitas lagrimas que por esta causa has llorado porque sabiendo él que Arsileo te auia de hablar aquella noche que entre uosotros estaua conçertado, hizo que dos spiritus tomassen las figuras de Arsileo y de su padre, y queriendote Arsileo hablar, passasse delante de ti lo que uiste. Porque paresçiendote que eran muertos, desesperasses, o a lo menos, hiziesses lo que heziste. Quando Belisa oyo lo que la hermosa Polidora le auia dicho, quedó tan fuera de sí, que por vn rato no supo respondelle; pero boluiendo en si, le dixo, Grandes cosas, hermosa Nimpha, me has contado, si mi tristeza no me estoruasse creellas. Por lo que dizes que me quieres, te suplico que me digas de quién has sabido, que los dos que yo vi delante de mis ojos muertos, no eran Arsenio y Arsileo? De quién? (dixo Polidora) del mismo Arsileo. Cómo Arsileo? Respondió Belisa. Que es posible que el mi Arsileo está biuo? y en parte que te lo pudiesse contar? Yo te diré quán posible es, dixo Polidora, que si uienes comigo, antes que lleguemos a aquellas tres hayas, que delante de los ojos tienes, te lo mostraré. Ay Dios, dixo Belisa, qué es esto que oyo? Que es verdad, que está alli todo mi bien? Pues qué hazes (hermosa Nimpha) que no me lleuas a uerle? No cumples con el amor que dizes siempre me as tenido. Esto dezia la hermosa pastora, con vna mal segura alegria, con vna dudosa esperança de lo que tanto deseaua, mas leuantandose Polidora, y tomandola por la mano, juntamente con las Nimphas Cinthia, y Dorida, que de plazer no cabian en ver el buen suçesso de Belisa, se fueron hazia el arrroyo, donde Arsileo estaua. Y antes que allá llegassen, vn templado ayre, que de la parte de donde estaua Arsileo venia, les hirio con la dulçe boz del enamorado pastor en los oydos, el qual aun a este tiempo no auia dexado la musica: mas antes començó de nueuo a cantar esta mote antiguo, con la glosa que el mismo alli a su proposito hizo.

VENTURA, UEN Y DURA

Glosa.

Qué tiempos, que mouimientos,
qué caminos tan estraños,
qué engaños, qué desengaños,
qué grandes contentamientos
nasçieron de tantos daños:
todo lo sufre vna fe
y un buen amor lo assegura,
y pues que mi desuentura,
ya de enfadada se fue,
ven, ventura, uen y dura.
Sueles, ventura, mouerte
con ligero mouimiento,
y si en darme este contento
no ymaginas tener fuerte,
más me uale mi tormento;
que si te vas al partir,
falta el seso y la cordura:
mas si para estar segura
te determinas venir,
ven, ventura, uen y dura.
Si es en uano mi uenida,
si acaso biuo engañado,
que todo teme vn cuytado,
no fuera perder la uida
consejo más açertado?
o temor, eres estraño,
siempre el mal se te figura,
mas ya que en tal hermosura
no puede caber engaño,
ven, ventura, uen y dura[1265].

Qvando Belisa oyó la musica de su Arsileo, tan gran alegría llegó a su coraçon, que sería imposible sabello dezir, y acabando de todo punto de dexar la tristeza que el alma le tenía occupada, de adonde procedia su hermoso rostro no mostrar aquella hermosura de que la naturaleza tanta parte le auia dado, ni aquel ayre y graçia, causa prinçipal de los sospiros del su Arsileo, dixo con vna tan nueua graçia y hermosura que las Nimphas dexó admiradas: Esta sin duda es la boz del mi Arsileo, si es verdad, que no me engaño en llamarle mío. Quando el pastor vio delante de sus ojos la causa de todos sus males passados, fue tan grande el contentamiento que reçibió, que los sentidos, no siendo parte para conprehendelle en aquel punto, se le turbaron de manera que por entonçes no pudo hablar. Las Nimphas sintiendo lo que en Arsileo auio causado la vista de su pastora, se llegaron a él a tiempo que suspendiendo el pastor por vn poco lo que el contentamiento presente le causaua, con muchas lagrimas dezia: O pastora Belisa, con qué palabras podré yo encaresçer la satisfacçion que la fortuna me ha hecho de tantos y tan desusados trabajos, como a causa tuya, he passado? O quién me dara un coraçon nueuo, y no tan hecho a pesares como el mío, para reçebir vn gozo tan estremado, como el que tu uista me causa? O fortuna, ni yo tengo más que te pedir, ni tú tienes más que darme. Sola una cosa te pido. Ya que tienes por costumbre, no dar a nadie ningun contento estremado, sin dalle algun disgusto en cuenta dél, que con pequeña tristeza, y de cosa que duela poco, me sea templada la gran fuerça de la alegria, que en este dia me diste: O hermosas Nimphas, ¿en cuyo poder auia de estar tan gran thesoro, sino en el vuestro, adonde pudiera él estar mejor empleado? Alegrense vuestros coraçones con el gran contentamiento, que el mio resçibe: que si algun tiempo quesistes bien, no os paresçerá demasiado. O hermosa pastora, por qué no me hablas? ha te pesado por ventura de ver al tu Arsileo? ha turbado tu lengua, el pesar de auello uisto, o el contentamiento de velle? Respondeme, porque no sufre lo que te quiero yo estar dudoso de cosa tuya? La pastora entonçes le respondio: muy poco sería el contento de verte (o Arsileo) si yo con palabras pudiesse dezillo. Contentate con saber el extremo en que tu fingida muerte me puso, y por él verás la gran alegria en que tu vida me pone. Y viniendole a la pastora, al postrero punto destas palabras, las lagrimas a los ojos, calló lo mas que dezir quisiera: a las quales las Nimphas enternesçidas de las blandas palabras que los dos amantes se dezian, les ayudaron. Y porque la noche se les açercaua, se fueron todos juntos hazia la casa de Feliçia, contandose vno a otro lo que hasta alli auian passado. Belisa preguntó a Arsileo por su padre Arsenio: y el respondio que en sabiendo que ella era desaparesçida, se auia recogido en una heredad suya, que está en el camino, a do biue con toda la quietud posible, por auer puesto todas las cosas del mundo en oluido, de que Belisa en extremo se holgó, y assi llegaron en casa de la sábia Feliçia donde fueron muy bien reçebidos. Y Belisa le besó muchas vezes las manos, diziendo que ella auia sido causa de su buen suçesso, y lo mismo hizo Arsileo, a quien Feliçia mostro gran voluntad de hazer siempre por él lo que en ella fuesse.

Fin del quinto libro.