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Chapter 104: IV
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About This Book

Una selección de poemas y prosa poética en la que el autor reflexiona sobre la creación propia, la memoria y el paso del tiempo; incluye un prólogo que examina la dificultad de juzgar y corregir la obra propia y su estética íntima. Los poemas exploran la soledad, el viaje, recuerdos infantiles, la pérdida y escenas de la naturaleza —atardeceres, plazas, entierros— mediante imágenes sensoriales y un tono meditativo. Predomina una voz lírica que privilegia la emoción interior sobre la mera apariencia formal, alternando contemplación personal y descripción precisa del paisaje y los estados del ánimo.

OTROS DÍAS


I

Ya están las zarzas floridas,

y los ciruelos blanquean;

ya las abejas doradas

liban para sus colmenas,

y en los nidos, que coronan

las torres de las iglesias,

asoman los garabatos

ganchudos de las cigüeñas.

Ya los olmos del camino

y chopos de las riberas

de los arroyos que buscan

al padre Duero, verdean.

El cielo está azul; los montes

sin nieve son de violeta.

La tierra de Alvargonzález

se colmará de riqueza;

muerto está quien la ha labrado,

mas no le cubre la tierra.


II

La hermosa tierra de España,

adusta, fina y guerrera,

Castilla de largos ríos,

tiene un puñado de sierras

entre Soria y Burgos como

reductos de fortaleza,

como yelmos crestonados,

y Urbión es una cimera.


III

Los hijos de Alvargonzález,

por una empinada senda,

para tomar el camino

de Salduero a Covaleda,

cabalgan en pardas mulas,

bajo el pinar de Vinuesa.

Van en busca de ganado

con que volver a su aldea,

y por tierra de pinares

larga jornada comienzan.

Van Duero arriba, dejando

atrás los arcos de piedra

del puente y el caserío

de la ociosa y opulenta

villa de indianos. El río,

al fondo del valle, suena,

y de las cabalgaduras

los cascos baten las piedras.

A la otra orilla del Duero

canta una voz lastimera:

“La tierra de Alvargonzález

se colmará de riqueza,

y el que la tierra ha labrado

no duerme bajo la tierra.”


IV

Llegados son a un paraje

en donde el pinar se espesa,

y el mayor, que abre la marcha,

su parda mula espolea,

diciendo:—Démonos prisa,

porque son más de dos leguas

de pinar, y hay que apurarlas

antes que la noche venga.

Dos hijos del campo, hechos

a quebradas y asperezas,

porque recuerdan un día,

la tarde en el monte tiemblan.

Allá en lo espeso del bosque

otra vez la copla suena:

“La tierra de Alvargonzález

se colmará de riqueza,

y el que la tierra ha labrado

no duerme bajo la tierra.”


V

Desde Salduero el camino

va al hilo de la ribera;

a ambas márgenes del río

el pinar crece y se eleva,

y las rocas se aborrascan,

al par que el valle se estrecha.

Los fuertes pinos del bosque,

con sus copas gigantescas

y sus desnudas raíces

amarradas a las piedras;

los de troncos plateados,

cuyas frondas azulean,

pinos jóvenes; los viejos,

cubiertos de blanca lepra,

musgos y líquenes canos,

que el grueso tronco rodean,

colman el valle y se pierden

rebasando ambas laderas.

Juan, el mayor, dice:—Hermano,

si Blas Antonio apacienta

cerca de Urbión su vacada,

largo camino nos queda.

—Cuanto hacia Urbión alarguemos,

se puede acortar de vuelta

tomando por el atajo,

hacia la Laguna Negra,

y bajando por el puerto

de Santa Inés a Vinuesa.

—Mala tierra y peor camino.

Te juro que no quisiera

verlos otra vez. Cerremos

los tratos en Covaleda,

hagamos noche, y, al alba,

volvámonos a la aldea

por este valle: que, a veces,

quien piensa atajar, rodea.

Cerca del río cabalgan

los hermanos, y contemplan

cómo el bosque centenario,

al par que avanzan, aumenta,

y los peñascos del monte

el horizonte les cierran.

El agua, que va saltando,

parece que canta o cuenta:

“La tierra de Alvargonzález

se colmará de riqueza,

y el que la tierra ha labrado

no duerme bajo la tierra.”