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Chapter 98: V
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About This Book

Una selección de poemas y prosa poética en la que el autor reflexiona sobre la creación propia, la memoria y el paso del tiempo; incluye un prólogo que examina la dificultad de juzgar y corregir la obra propia y su estética íntima. Los poemas exploran la soledad, el viaje, recuerdos infantiles, la pérdida y escenas de la naturaleza —atardeceres, plazas, entierros— mediante imágenes sensoriales y un tono meditativo. Predomina una voz lírica que privilegia la emoción interior sobre la mera apariencia formal, alternando contemplación personal y descripción precisa del paisaje y los estados del ánimo.

AQUELLA TARDE...


I

Sobre los campos desnudos,

la Luna llena, manchada

de un arrebol purpurino,

enorme globo, asomaba.

Los hijos de Alvargonzález

silenciosos caminaban,

y han visto al padre dormido

junto de la fuente clara.


II

Tiene el padre entre las cejas

un ceño que le aborrasca

el rostro, un tachón sombrío

como la huella de un hacha.

Soñando está con sus hijos,

que sus hijos lo apuñalan;

y cuando despierta, mira

que es cierto lo que soñaba.


III

A la vera de la fuente

quedó Alvargonzález muerto.

Tiene cuatro puñaladas

entre el costado y el pecho,

por donde la sangre brota,

más un hachazo en el cuello.

Cuenta la hazaña del campo

el agua clara corriendo,

mientras los dos asesinos

huyen hacia los hayedos.

Hasta la Laguna Negra,

bajo las fuentes del Duero,

llevan el muerto, dejando

detrás un rastro sangriento;

y en la laguna sin fondo,

que guarda bien los secretos,

con una piedra amarrada

a los pies, tumba le dieron.


IV

Se encontró junto a la fuente

la manta de Alvargonzález,

y camino del hayedo

se vió un reguero de sangre.

Nadie de la aldea ha osado

a la laguna acercarse,

y el sondarla inútil fuera,

que es la laguna insondable.

Un buhonero que cruzaba

aquellas tierras errante,

fué en Dauria acusado, preso,

y muerto en garrote infame.


V

Pasados algunos meses,

la madre murió de pena.

Los que muerta la encontraron,

dicen que las manos yertas

sobre su rostro tenía,

oculto el rostro con ellas.


VI

Los hijos de Alvargonzález

ya tienen majada y huerta,

campos de trigo y centeno

y prados de fina hierba;

en el olmo viejo, hendido

por el rayo, la colmena,

dos yuntas para el arado,

un mastín y cien ovejas.