The Project Gutenberg eBook of Poema del Otoño y otros poemas
Title: Poema del Otoño y otros poemas
Author: Rubén Darío
Illustrator: Enrique Ochoa
Release date: March 26, 2016 [eBook #51569]
Most recently updated: October 23, 2024
Language: Spanish
Credits: Produced by Josep Cols Canals, Chuck Greif and the Online
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POEMA DEL OTOÑO
Y OTROS POEMAS
| Al Índice |
DEDICATORIA
A MARIANO MIGUEL DE VAL
clara, real,
cuando la envuelve la dulzura
primaveral.
meditabundo,
¿has dejado pasar, hermano,
la flor del mundo?
rosa y el lis,
y hay mirtos para tu orgullosa
cabeza gris.
lo que la alegra,
como Zingua, reina de Angola,
lúbrica negra.
y oyes después
la imprecación del formidable
Eclesiastés.
las almas van,
y se explican Anacreonte
y Omar Kayam.
se entra en el mal
por la puerta del paraíso
artificial.
por poseer
la perla, la rosa, la estrella
y la mujer.
clara, real,
cuando la envuelve la dulzura
primaveral.
y las injurias,
cuando retuercen sus reptiles
pálidas furias?
de los ingratos?
¿Para qué los lívidos gestos
de los Pilatos?
cielo e infierno,
y nuestras vidas son la espuma
de un mar eterno!
la amarga prosa;
soñemos en una celeste,
mística rosa.
¡la melodía
de la mágica alondra cante
la miel del día!
y nos corona.
Todos tenemos en la vida
nuestra Verona.
cuando en Oriente
nace el alba para el fragante
adolescente.
niños lozanos,
danzad como las ninfas griegas
y los silvanos.
y va deprisa;
sabed vencerle, Cintia, Cloe
y Cidalisa.
que suena el son
de aquel Cantar de los Cantares
de Salomón.
que Cipris huella;
Hecate hace aullar los mastines;
mas Diana es bella,
de la ilusión,
baja a los bosques de los cielos
por Endimión.
con su virtud;
goza del beso de la aurora,
¡oh juventud!
la sangre arder,
como en un cáliz de cristal,
en la mujer.
y se consume
como una flor hecha de llama
y de perfume.
y respirad
ese perfume que embalsama
la Humanidad.
luz de sus fuegos;
gozad del sol, porque mañana
estaréis ciegos.
que a Apolo invoca;
gozad del canto, porque un día
no tendréis boca.
bien cierto encierra;
gozad, porque no estáis aún
bajo la tierra.
las amorosas;
en las tumbas se han encontrado
mirtos y rosas.
nos da su ayuda;
aún resurge en la obra de Fidias
Friné desnuda.
de sangre humana,
y aún siente nuestra lengua el gusto
de la manzana.
fuerza y acción
la universal y omnipotente
fecundación.
por el camino del Amor!
por la victoria
de este vivir, que es un combate
y es una gloria.
el sino adverso,
en nosotros corre la savia
del universo.
de tierra y sol,
como el ruido de la mar
el caracol.
frondas espesas;
tenemos carne de centauros
y satiresas.
fuerza y calor.
¡Vamos al reino de la Muerte
por el camino del Amor!
INTERMEZZO TROPICAL
I—MEDIODÍA
y el azul fuego envía.
EL CRIOLLO
francés. Un mediodía
y el azul fuego envía.
Pienso en Grecia, en Morea o en Zacinto.
Pues al brillo del cielo y al cariño del agua
se alza en frente una tropical Corinto.
ruda de antigüedad, grave de mito,
la tribu en roca de volcanes viejos,
que, como todo, aguarda su instante de infinito.
con un pez en las garras.
Y sopla un vaho de horno que abochorna
y tuesta en oro las cigarras.
II—VESPERAL
áureos ...
y la hora del Poniente se avecina,
y hay ya frescor en esta
costa, que el sol del Trópico calcina.
Hay un suave alentar de aura marina,
y el Occidente finge una floresta
que una llama de púrpura ilumina.
Sobre la arena dejan los cangrejos
la ilegible escritura de sus huellas.
áureos, caracolillos y fragmentos de estrellas
de mar forman alfombra
sonante al paso en la armoniosa orilla.
Y cuando Venus brilla,
dulce, imperial amor de la divina tarde,
creo que en la onda suena
o son de lira, o canto de sirena.
Y en mi alma otro lucero como el de Venus arde.
III—CANCIÓN OTOÑAL
AIRE DE «SEMINOLE»,
DE EGBERT VANALSTYNE
el sol crepuscular;
vestido de oro y púrpura
mañana volverá.
el sol crepuscular;
vestido de oro y púrpura
mañana volverá.
En la vida hay crepúsculos
que nos hacen llorar,
porque hay soles que pártense
y no vuelven jamás.
CORO
en un ocaso de pasión,
y la acompaña una canción
del corazón.
o quizá de Thulé,
un rey de ensueños líricos
que sonrió una vez.
De su sonrisa hermética
jamás se supo bien
si fué doliente y pálida
o si fué de placer.
CORO
CORO
en un ocaso de pasión,
y la acompaña una canción
del corazón.
IV—RAZA
han sido precisos,
unos regando el agua
y otras vertiendo el vino
de la sangre. Nutrieron
de tal modo a la raza los siglos.
V—CANCIÓN
al cielo y a la mar
la mirada, el acento
y el olor de azahar
que de vuestros cabellos
bellos
amamos respirar;
damas de sol y ensueño,
de luz y de ilusión,
que anima el dios risueño
dueño del corazón,
por vuestros ojos cálidos,
pálidos
los soñadores son.
artista universal,
tan bello simulacro
dé su gracia fatal
y en tal estatua vibre,
libre,
la psique de cristal.
la dicha en lo fugaz,
suele ser eficaz,
quémese uno en tal fuego;
luego
puede dormirse en paz.
VI—A DOÑA BLANCA DE ZELAYA
la primera sería Diana la Cazadora,
a menos que no fuese la Diosa de Justicia,
o la que nos anuncia la entrada de la Aurora.
que asiros de venturanza para los pueblos son,
ya perlas de consuelo, o diamante de gloria;
por ejemplo: la dulce Blanca de Borbón.
siendo como la reina de las flores de lis,
la prestigiosa doña Blanca de Castilla,
decoro de las reinas y madre de San Luis.
otra blancura viene que prestigia y que da
a la maravillosa doña Blanca de Francia
la música de triunfo que por sus nupcias va.
entre lujos de justa y reflejos de lid
nos aparece doña Blanca de Navarra,
orgullosa, preclara y biznieta del Cid.
entre tantas blancuras siendo una regia flor,
por sencilla, por pura, por garrida y por blanca,
Blanca de Nicaragua nos será la mejor.
VIII—A MARGARITA DEBAYLE
y el viento
lleva esencia sutil de azahar;
yo siento
en el alma una alondra cantar:
tu acento.
Margarita, te voy a contar
un cuento.
un palacio de diamantes,
una tienda hecha del día
y un rebaño de elefantes,
un gran manto de tisú,
y una gentil princesita,
tan bonita,
Margarita,
tan bonita como tú.
vió una estrella aparecer;
la princesa era traviesa
y la quiso ir a coger.
decorar un prendedor,
por la luna y más allá;
y una pluma y una flor.
se parecen mucho a ti:
cortan lirios, cortan rosas,
cortan astros. Son así.
bajo el cielo y sobre el mar,
a cortar la blanca estrella
que la hacía suspirar.
de los parques del Señor,
se miraba toda envuelta
en un dulce resplandor.
Te he buscado y no te hallé;
y ¿qué tienes en el pecho,
que encendido se te ve?»
Y así, dijo la verdad:
«Fuí a cortar la estrella mía
a la azul inmensidad.»
que el azul no hay que tocar?
¡Qué locura! ¡Qué capricho!
El Señor se va a enojar.»
a la azul inmensidad,»
yo me fuí no sé por qué;
Por las olas y en el viento
fui a la estrella y la corté.»
«Un castigo has de tener:
vuelve al cielo, y lo robado
vas ahora a devolver.»
por su dulce flor de luz,
cuando entonces aparece
sonriendo el Buen Jesús.
esa rosa le ofrecí:
son mis flores de las niñas
que al soñar piensan en mí.»
y luego hace desfilar
cuatrocientos elefantes
a la orilla de la mar.
pues ya tiene el prendedor
en que lucen con la estrella,
verso, perla, pluma y flor.
y el viento
lleva esencia sutil de azahar:
tu aliento.
Ya que lejos de mí vas a estar,
guarda, niña, un gentil pensamiento
al que un día te quiso contar
un cuento.
IX—EN CASA DEL DOCTOR LUIS H. DEBAYLE.—TOAST
en tan dulces momentos, que son de Epifanía,
como el amanecer de un encantado día
que iniciase las horas de una dicha futura.
aquí se ha consagrado a la eterna Harmonía
por las rosas de idea que han dado al alma mía,
en sus pétalos frescos, la fragancia más pura.
me brindaron consuelos en países extraños,
y hoy sé por el Destino prodigioso y fatal,
que si es amarga y dura la sal de que habla el Dante,
no hay miel tan deleitosa, tan fina y tan fragante,
como la miel divina de la tierra natal.
el oro de la lira,
y las flores de lis
que junten la fragancia
de Nicaragua y Francia
por su adorado Luis.
SANTA ELENA DE MONTENEGRO
hora de terror milenario,
hora de sangre, hora de osario.
en la tumba de la Sibila
y solvet seclum in favila ...
sendas de sulfúreo vapor
y olor de muerte. ¡Horror, horror!
los canes del diablo hacia el cielo
por la boca del Mongibelo.
de hambre, de terror y de frío ...
¡Dios mío! ¡Dios mío! ¡Dios mío!...
nos eriza el pelo y asedia
el espanto de la Edad Media.
que van mordiéndose las manos.
Comienzan su obra los gusanos.
Mas oye el alma del poeta
crujir los huesos del planeta.
se agrega profundo, inoído ...
Viene de lo desconocido.
grita sin fe, sin pan, sin lumbre,
alocada de pesadumbre.
al ver entre el fuego v el miasma
retorcerse al dolor-fantasma.
y Atropos, Laquesis y Cloto
hacen señas al Terremoto ...
son idénticos y espantables
millonarios y miserables.
visiones de duelo y afán
cual vió en su apocalipsis Juan.
el corazón de la tormenta,
y un rincón divino revienta.
Es que pasa en el horror negro
Santa Elena de Montenegro.
y sobre sus frentes el duelo
cae de lo triste del cielo.
¡Oh cabelleras de Medusas!
¡Oh los rictus de las empusas!
ojos do luz siniestra brilla
y escenarios de pesadilla!
repentina, gente que muere ...
¡Ay! ¡Miserere!... ¡Miserere!
y en donde la Muerte más hiere ...
¡Ay! ¡Miserere!... ¡Miserere!
Es que pasa en el horror negro
Santa Elena de Montenegro.
GAITA GALAICA
lo que profundo y dulce nos es.
Dices de amor, y dices después
de un amargor como el de la mar.
al fino verso de rítmicos pies.
Ya nos lo dijo el Eclesiastés:
tiempo hay de todo: hay tiempo de amar,
tiempo de plantar, tiempo de coger,
tiempo de llorar, tiempo de reir,
tiempo de esparcir y de recoger,
tiempo de nacer, tiempo de morir.