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Prosas Profanas / Obras Completas Vol. II cover

Prosas Profanas / Obras Completas Vol. II

Chapter 22: VARIA
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About This Book

This collection assembles lyrical poems and prose-poems that fuse ornate, musical language with classical and exotic imagery, evoking myth, courtly scenes, and sensual moods. The pieces foreground rhythm and sonority, experimenting with varied meters and melodic phrasing while embracing an aestheticist, escapist sensibility. Frequent allusions to antiquity and foreign courts create luxurious, dreamlike atmospheres, balanced by ironic or elegiac undertones that register ambivalence toward contemporary life. Across polished diction and diverse forms, the poems probe beauty, desire, and the act of poetic creation from a cosmopolitan, symbolically rich perspective.


BOUQUET


BOUQUET

Un poeta egregio del país de Francia,
Que con versos áureos alabó el amor,
Formó un ramo armónico, lleno de elegancia,
En su Sinfonía en Blanco Mayor.
Yo por ti formara, Blanca deliciosa,
El regalo lírico de un blanco bouquet,
Con la blanca estrella, con la blanca rosa
Que en los bellos parques del azul se ve.
Hoy que tú celebras tus bodas de nieve,
(Tus bodas de virgen con el sueño son)
Todas sus blancuras, Primavera, llueve
Sobre la blancura de tu corazón.
Cirios, cirios blancos, blancos, blancos lirios.
Cuellos de los cisnes, margarita en flor,
Galas de la espuma, ceras de los cirios
Y estrellas celestes tienen tu color.
Yo al enviarte versos de mi vida arranco
La flor que te ofrezco, blanco serafín:
¡Mira cómo mancha tu corpiño blanco
La más roja rosa que hay en mi jardín!

EL FAISÁN

Dijo sus secretos el faisán de oro:—
En el gabinete mi blanco tesoro,
De sus claras risas el divino coro
Las bellas figuras de los gobelinos,
Los cristales llenos de aromados vinos,
Las rosas francesas en los vasos chinos.
(Las rosas francesas, porque fué allá en Francia
Donde en el retiro de la dulce estancia
Esas frescas rosas dieron su fragancia.)
La cena esperaba. Quitadas las vendas,
Iban mil amores de flechas tremendas
En aquella noche de Carnestolendas.
La careta negra se quitó la niña,
y tras el preludio de una alegre riña
Apuró mi boca vino de su viña
Vino de la viña de la boca loca,
Que hace arder el beso, que el mordisco invoca.
¡Oh los blancos dientes de la loca boca!
En su boca ardiente yo bebí los vinos,
y pinzas rosadas, sus dedos divinos,
Me dieron las fresas y los langostinos.
Yo la vestimenta de Pierrot tenía,
Y aunque me alegraba y aunque me reía,
Moraba en mi alma la melancolía.
La carnavalesca noche luminosa
Dió a mi triste espíritu la mujer hermosa,
Sus ojos de fuego, sus labios de rosa.
Y en el gabinete del café galante
Ella se encontraba con su nuevo amante,
Peregrino pálido de un país distante.
Llegaban los ecos de vagos cantares;
Y se despedían de sus azahares
Miles de purezas en los bulevares.
Y cuando el champaña me cantó su canto,
Por una ventana vi que un negro manto
De nube, de Febo cubría el encanto.
Y dije a la amada de un día:—¿No viste
De pronto ponerse la noche tan triste?
¿Acaso la Reina de luz ya no existe?
Ella me miraba. Y el faisán cubierto de plumas de oro:
—«¡Pierrot! ten por cierto
Que tu fiel amada, que la Luna, ha muerto!»

GARÇONNIERE

A. G. Grippa.

Como era el instante, dígalo la musa
Que las dichas trae, que las penas lleva:
La tristeza pasa, velada y confusa;
La alegría, rosas y azahares nieva.
Era en un amable nido de soltero,
De risas y versos, de placer sonoro;
Era un inspirado cada caballero,
De sueños azules y vino de oro.
Un rubio decía frases sentenciosas:
Negando y amando las musas eternas
Un bruno decía versos como rosas,
Dos sonantes rimas y palabras tiernas.
Los tapices rojos, de doradas listas,
Cubrían panoplias de pinturas y armas,
Que hablaban de bellas pasadas conquistas,
Amantes coloquios y dulces alarmas.
El verso de fuego de D'Anunzio era
Como un son divino que en las saturnales
Guiara las manchadas pieles de pantera.
A fiestas soberbias y amores triunfales.
E iban con manchadas pieles de pantera,
Con tirsos de flores y copas paganas
Las almas de aquellos jóvenes que viera
Venus en su templo con palmas hermanas.
Venus, la celeste reina que adivina
En las almas vivas alegrías francas
Y que les confía, por gracia divina,
Sus abejos de oro, sus palomas blancas.
Y aquellos amantes de la eterna Dea,
A la dulce música de la regia rima,
Oyen el mensaje de la vasta Idea
Por el compañero que recita y mima.
Y sobre sus frentes que acaricia el lauro,
Abril pone amable su beso sonoro,
Y llevan gozosos, sátiro y centauro.
La alegría noble del vino de oro.

EL PAIS DEL SOL

Para una artista cubana.

Junto al negro palacio del rey de la isla de Hierro—(¡oh, cruel, horrible destierro!)—¿cómo es que tú, hermana harmoniosa, haces cantar al cielo gris, tu pajarera de ruiseñores, tu formidable caja musical? ¿No te entristece recordar la primavera en que oiste a un pájaro divino y tornasol

en el país del sol?

En el jardín del rey de la isla de Oro—(¡oh, mi ensueño que adoro!)—fuera mejor que tú, harmoniosa hermana, amaestrases tus aladas flautas, tus sonoras arpas; tú que naciste donde más lindos nacen el clavel de sangre y la rosa de arrebol,

en el país del sol!

O en el alcázar de la reina de la isla de Plata (Schubert, solloza la Serenata...) pudieras también, hermana harmoniosa, hacer que las místicas aves de tu alma alabasen dulce, dulcemente, el claro de luna, los vírgenes lirios, la monja paloma y el cisne marqués. La mejor plata se funde en un ardiente crisol,

en el país del sol!

Vuelve, pues, a tu barca, que tienes lista la vela—(resuena, lira, Céfiro, vuela)—y parte, harmoniosa hermana, a donde un príncipe bello, a la orilla del mar, pide liras, y versos y rosas, y acaricia sus rizos de oro bajo un regio azul parasol,

en el país del sol.

New-Yoy, 1893.


MARGARITA

In memoriam...

Recuerdas que querías ser una Margarita
Gautier? Fijo en mi mente tu extraño rostro está,
Cuando cenamos juntos, en la primera cita,
En una noche alegre que nunca volverá.
Tus labios escarlatas de púrpura maldita
Sorbían el champaña del fino baccarat;
Tus dedos deshojaban la blanca margarita
«¡Sí... no... sí... no...» y sabías que te adoraba ya!
Después, ¡oh flor de Histeria! llorabas y reías;
Tus besos y tus lágrimas tuve en mi boca yo;
Tus risas, tus fragancias, tus quejas, eran mías.
Y en una tarde triste de los más dulces días,
La Muerte, la celosa, por ver si me querías,
¡Como a una margarita de amor, te deshojó!

MÍA

Mía: así te llamas.
¿Qué más harmonía?
Mía: luz del día,
Mía: rosas, llamas.
¡Qué aroma derramas
En el alma mía
Si sé que me amas,
¡Oh Mía! ¡oh Mía!
Tu sexo fundiste
Con mi sexo fuerte,
Fundiendo dos bronces.
Yo triste, tu triste...
¿No has de ser entonces
Mía hasta la muerte?

DICE MÍA

Mi pobre alma pálida
Era un crisálida.
Luego mariposa
De color de rosa.
Un céfiro inquieto
Dijo mi secreto...
—¿Has sabido tu secreto un día?
¡Oh Mía!
Tu secreto es una
Melodía en un rayo de luna...
—¿Una melodía?

HERALDOS

¡Helena!
La anuncia el blancor de un cisne.
¡Makheda!
La anuncia un pavo real.
¡Ifigenia, Electra, Catalina!
Anúncialas un caballero con un hacha.
¡Ruth, Lía, Enone!
Anúncialas un paje con un lirio.
¡Yolanda!
Anúnciala una paloma.
¡Clorinda, Carolina!
Anúncialas un paje con un ramo de viña.
¡Sylvia!
Anúnciala una corza blanca.
¡Aurora, Isabel!
Anúncialas de pronto
Un resplandor que ciega mis ojos.
¿Ella?
(No la anuncian. No llega aún.)

ITE, MISSA EST

A. Reynaldo de Rafael.

Yo adoro a una sonámbula con alma de Eloisa
Virgen como la nieve y honda como la mar;
Su espíritu es la hostia de mi amorosa misa
Y alzo al són de una dulce lira crepuscular.
Ojos de evocadora, gesto de profetisa,
En ella hay la sagrada frecuencia del altar;
Su risa es la sonrisa suave de Monna Lisa.
Sus labios son los únicos labios para besar.
Y he de besarla un día con rojo beso ardiente;
Apoyada en mi brazo como convaleciente
Me mirará asombrada con íntimo pavor;
La enamorada esfinge quedará estupefacta,
Apagaré la llama de la vestal intacta
¡Y la faunesa antigua me rugirá de amor!

COLOQUIO DE LOS CENTAUROS

A Paul Groussac.


COLOQUIO DE LOS CENTAUROS

En la isla en que detiene su esquife el argonauta
Del inmortal Ensueño, donde la eterna pauta
De las eternas liras se escucha—: Isla de oro
En que el tritón elige su caracol sonoro
Y la sirena blanca va a ver el sol—un día
Se oye un tropel vibrante de fuerza y de armonía.
Son los Centauros. Cubren la llanura. Les siente
La montaña. De lejos, forman són de torrente
Que cae; su galope al aire que reposa
Despierta, y estremece la hoja del laurel-rosa.
Son los Centauros. Unos enormes, rudos; otros
Alegres y saltantes como jóvenes potros;
Unos con largas barbas como los padres-ríos,
Otros imberbes, ágiles y de piafantes bríos,
y de robustos músculos, brazos y lomos aptos
Para portar las ninfas rosadas en los raptos.
Van en galope rítmico. Junto a un fresco boscaje,
Frente al gran Océano, se paran. El paisaje
Recibe de la urnal matinal luz sagrada
Que el vasto azul suaviza con límpida mirada.
Y oyen seres terrestres y habitantes marinos
La voz de los criados cuadrúpedos divinos.
QUIRÓN
Calladas las bocinas a los tritones gratas,
Calladas las sirenas de labios escarlatas.
Los carrillos de Eolo desinflados, digamos
Junto al laurel ilustre de florecidos ramos
La gloria inmarcesible de las Musas hermosas
Y el triunfo del terrible misterio de las cosas.
He aquí que renacen los lauros milenarios;
Vuelven a dar su lumbre los viejos lampadarios;
Y anímase en mi cuerpo de Centauro inmortal
La sangre del celeste caballo paternal.
RETO
Arquero luminoso, desde el zodiaco llegas;
Aun presas en las crines tiene avejas griegas;
Aun del dardo herakleo muestras la roja herida
Por do salir no pudo la esencia de tu vida.
¡Padre y Maestro excelso! Eres la fuente sana
De la verdad que busca la triste raza humana:
Aun Esculapio sigue la vena de tu ciencia;
Siempre el veloz Aquiles sustenta su existencia
Con el manjar salvaje que le ofreciste un día,
y Herakles, descuidando su masa, en la harmonía
De los astros, se eleva bajo el cielo nocturno...
QUIRÓN
La ciencia es flor del tiempo: mi padre fué Saturno.
ABANTES
Himnos a la sagrada Naturaleza; al vientre
De la tierra y al germen que entre en las rocas y entre
Las carnes de los árboles, y dentro humana forma
Es un mismo secreto y es una misma norma,
Potente y sutilísimo, universal resumen
De la suprema fuerza, de la virtud del Numen.
QUIRÓN
¡Himnos! Las cosas tienen un sér vital: las cosas
Tienen raros aspectos, miradas misteriosas;
Toda forma es un gesto, una cifra, un enigma;
En cada átomo existe un incógnito estigma;
Cada hoja de cada árbol canta un propio cantar
Y hay un alma en cada una de las gotas del mar;
El vate, el sacerdote, suele oir el acento
Desconocido; a veces enuncia el vago viento
Un misterio; y revela una inicial la espuma
O la flor; y se escuchan palabras de la bruma.
Y el hombre favorito del numen, en la linfa
O la ráfaga encuentra mentor—; demonio o ninfa.
FOLO
El biforme ixionida comprende de la altura,
Por la materna gracia, la lumbre que fulgura,
La nube que se anima de luz y que decora
El pavimento en donde rige su carro Aurora,
Y la banda de Iris que tiene siete rayos
Cual la lira en sus brazos siete cuerdas; los mayos
En la fragante tierra llenos de ramos bellos,
Y el Polo coronado de cándidos cabellos.
El ixionida pasa veloz por la montaña
Rompiendo con el pecho de la maleza huraña
Los erizados brazos, las cárceles hostiles;
Escuchan sus orejas los ecos más sutiles:
Sus ojos atraviesan las intrincadas hojas
Mientras sus manos toman para sus bocas rojas
Las frescas bayas altas que el sátiro codicia;
Junto a la oculta fuente su mirada acaricia
Las curvas de las ninfas del séquito de Diana;
Pues en su cuerpo corre también la esencia humana
Unida a la corriente de la savia divina
Y a la salvaje sangre que hay en la bestia equina.
Tal el hijo robusto de Ixión y de la Nube.
QUIRÓN
Sus cuatro patas, bajan; su testa erguida, sube.
ORNEO
Yo comprendo el secreto de la bestia. Malignos
Séres hay y benignos. Entre ellos se hacen signos
De bien y mal, de odio o de amor, o de pena
O gozo: el cuervo es malo y la torcaz es buena.
QUIRÓN
Ni es la torcaz benigna, ni es el cuervo protervo:
Son formas del Enigma la paloma y el cuervo.
ASTILO
El Enigma es el soplo que hace cantar la lira.
NESO
¡El Enigma es el rostro fatal de Deyanira!
Mi espalda aun guarda el dulce perfume de la bella;
Aun mis pupilas llama su claridad de estrella.
¡Oh, aroma de su sexo! ¡oh, rosas y alabastros!
¡Oh, envidia de las flores y celos de los astros!
QUIRÓN
Cuando del sacro abuelo la sangre luminosa
Con la marina espuma formara nieve y rosa,
Hecha de rosa y nieve nació la Anadiomena.
Al cielo alzó los brazos la lírica sirena,
Los curvos hipocampos sobre las verdes ondas
Levaron los hocicos; y caderas redondas,
Tritónicas melenas y dorsos de delfines
Junto a la Reina nueva se vieron. Los confines
Del mar llenó el grandioso clamor; el universo
Sintió que un hombre harmónico sonoro como un verso
Llenaba el hondo hueco de la altura; ese hombre
Hizo gemir la tierra de amor: fué para el hombre
Más alto que el de Jove: y los númenes mismos
Lo oyeron asombrados; los lóbregos abismos
Tuvieron una gracia de luz ¡Venus impera!
Ella es entre las reinas celestes la primera,
Pues es quien tiene el fuerte poder de la Hermosura.
¡Vaso de miel y mirra brotó de la amargura!
Ella es la más gallarda de las emperatrices;
Princesa de los gérmenes, reina de las matrices,
Señora de las savias y de las atracciones,
Señora de los besos y de los corazones.
EUIRITO
¡No olvidaré los ojos radiantes de Hipodamia!
HIPEA
Yo sé de la hembra humana la original infamia.
Venus anima artera sus máquinas fatales,
Tras los radiantes ojos ríen traidores males,
De su floral perfume se exhala sutil daño;
Su cráneo obscuro alberga bestialidad y engaño.
Tiene las formas puras del ánfora, y la risa
Del agua que la brisa riza y el sol irisa;
Mas la ponzoña ingénita su máscara pregona:
Mejores son el águila, la yegua y la leona.
De su húmeda impureza brota el calor que enerva
Los mismos sacros dones de la imperial Minerva;
Y entre sus duros pechos, lirios del Aqueronte,
Hay un olor que llena la barca de Caronte.
ODITES
Como una miel celeste hay en su lengua fina;
Su piel de flor aun húmeda está de agua marina.
Yo he visto de Hipodamia la faz encantadora,
La cabellera espesa, la pierna vencedora.
Ella de la hembra humana fuera ejemplar augusto;
Ante su rostro olímpico no habría rostro adusto;
Las Gracias junto a ella quedarían confusas,
Y las ligeras Horas y las sublimes Musas
Por ella detuvieron sus giros y su canto.
HIPEA
Ella la causa fuera de inenarrable espanto:
Por ella el ixionida dobló su cuello fuerte.
La hembra humana es hermana del Dolor y la Muerte.
QUIRÓN
Por suma ley un día llegará el himeneo
Que el soñador aguarda: Cinis será Ceneo;
Claro será el origen del femenino arcano:
La Esfinge tal secreto dirá a su soberano.
CLITO
Naturaleza tiende sus brazos y sus pechos
A los humanos seres; la clave de los hechos
Conócela el vidente; Homero con su báculo,
En su gruta Deifobe, la lengua del Oráculo.
CAUMANTES
El monstruo expresa un ansia del corazón del Orbe,
En el Centauro el bruto la vida humana absorbe,
El sátiro es la selva sagrada y la lujuria,
Une sexuales ímpetus a la harmoniosa furia.
Pan junta la soberbia de la montaña agreste
Al ritmo de la inmensa mecánica celeste;
La boca melodiosa que atrae en Sirenusa
Es de la fiera alada y es de la suave musa;
Con la bicorne bestia Pasifae se ayunta,
Naturaleza sabia formas diversas junta,
Y cuando tiende al hombre la gran Naturaleza,
El monstruo, siendo el símbolo, se viste de belleza.
GRINEO
Yo amo lo inanimado que amó el divino Hesiodo.
QUIRÓN
Grineo, sobre el mundo tiene un ánima todo.
GRINEO
He visto, entonces, raros ojos fijos en mí:
Los vivos ojos rojos del alma del rubí;
Los ojos luminosos del alma del topacio
Y los de la esmeralda que del azul espacio
La maravilla imitan; los ojos de las gemas
De brillos peregrinos y mágicos emblemas.
Amo el granito duro que el arquitecto labra
Y el mármol en que duermen la línea y la palabra...
QUIRÓN
A Deucalión y a Pirra, varones y mujeres
Las piedras aun intactas dijeron: «¿Qué nos quieres?»
LICIDAS
Yo he visto los lemures flotar, en los nocturnos
Instantes, cuando escuchan los bosques taciturnos
El loco grito de Atis que su dolor revela
O la maravillosa canción de Filomela.
El galope apresuro, si en el boscaje miro
Manes que pasan, y oigo su fúnebre suspiro.
Pues de la Muerte el hondo, desconocido Imperio,
Guarda el pavor sagrado de su fatal misterio.
ARNEO
La Muerte es de la Vida la inseparable hermana.
QUIRÓN
La Muerte es la victoria de la progenie humana.
MEDÓN
¡La Muerte! Yo la he visto. No es demacrada y mustia
Ni ase corva guadaña, ni tiene faz de angustia.
Es semejante a Diana, casta y virgen como ella;
En su rostro hay la gracia de la núbil doncella
Y lleva una guirnalda de rosas siderales.
En su siniestra tiene verdes palmas triunfales,
y en su diestra una copa con agua del olvido.
A sus pies, como un perro, yace un amor dormido.
AMICO
Los mismos dioses buscan la dulce paz que vierte.
QUIRÓN
La pena de los dioses es no alcanzar la Muerte.
EURETO
Si el hombre—Prometeo—pudo robar la vida,
La clave de la muerte serále concedida.
QUIRÓN
La virgen de las vírgenes es inviolable y pura.
Nadie su casto cuerpo tendrá en la alcoba obscura,
Ni beberá en sus labios el grito de victoria,
Ni arrancará a su frente las rosas de su gloria.
* * * * *
Mas he aquí que Apolo se acerca al meridiano.
Sus truenos prolongados repite el Oceano.
Bajo el dorado carro del reluciente Apolo
Vuelve a inflar sus carrillos y sus odres Eolo.
A lo lejos, un templo de mármol se divisa
Entre laureles-rosa que hace cantar la brisa.
Con sus vibrantes notas de Céfiro desgarra
La veste transparente la helénica cigarra,
Y por el llano extenso van en tropel sonoro
Los Centauros, y al paso, tiembla la Isla de Oro.

VARIA

A Luis Berisso.


EL POETA PREGUNTA POR STELLA

Lirio divino, lirio de las Anunciaciones;
Lirio, florido príncipe,
Hermano perfumado de las estrellas castas,
Joya de los abriles.
A ti las blancas dianas de los parques ducales;
Los cuellos de los cisnes,
Las místicas estrofas de cánticos celestes
Y en el sagrado empíreo la mano de las vírgenes.
Lirio, boca de nieve donde sus dulces labios
La primavera imprime,
En tus venas no corre, la sangre de las rosas pecadoras.
Sino el ícor excelso de las flores insignes.
Lirio real y lírico
Que naces con la albura de las hostias sublimes
De las cándidas perlas
Y del lino sin mácula de las sobrepellices,
¿Has visto acaso el vuelo del alma de mi Stella,
La hermana de Ligeia, por quien mi canto a veces es tan triste?

PÓRTICO[1]

Libre la frente que el casco rehusa,
Casi desnuda en la gloria del día,
Alza su tirso de rosas la musa
Bajo el gran sol de la eterna Harmonía.
Es Floreal, eres tú, Primavera,
Quien la sandalia calzó a su pie breve;
Ella, de tristes nostalgias muriera
En el país de los cisnes de nieve.
Griega es su sangre, su abuelo era ciego;
Sobre la cumbre del Pindo sonoro
El sagitario del carro de fuego
Puso en su lira las cuerdas de oro.
Y bajo el pórtico blanco de Paros,
Y en los boscajes de frescos laureles,
Píndaro dióle sus ritmos preclaros,
Dióle Anacreonte sus vinos y mieles.
Toda desnuda, en los claros diamantes
Que en la Castalia recaman las linfas,
Viéronla tropas de faunos saltantes,
Cual la más fresca y gentil de las ninfas.
Y en la fragante, harmoniosa floresta,
Puesto a los ecos su oído de musa,
Pan sorprendióla escuchando la orquesta
Que él daba al viento con su cornamusa.
Ella resurge después en el Lacio,
Siendo del tedio su lengua exterminio;
Lleva a sus labios la copa de Horacio,
Bebe falerno en su ebúrneo triclinio.
Pájaro errante, ideal golondrina,
Vuela de Arabia a un confín solitario,
Y ve pasar en su torre argentina
A un rey de Oriente sobre un dromedario;
Rey misterioso, magnífico y mago.
Dueño opulento de cien Estambules,
Y a quien un genio brindara en un lago
Góndolas de oro en las aguas azules.
Ese es el rey más hermoso que el día,
Que abre a la musa las puertas de Oriente;
Ese es el rey del país Fantasía,
Que lleva un claro lucero en la frente.
Es en Oriente donde ella se inspira
En las moriscas exóticas zambras;
Donde primero contempla y admira
Las cinceladas divinas alhambras;
Las muelles danzas en las alcatifas
Donde la mora sus velos desata,
Los pensativos y viejos kalifas
De ojos obscuros y barbas de plata.
Es una bella y alegre mañana
Cuando su vuelo la musa confía
A una errabunda y fugaz caravana
Que hace del viento su brújula y guía.
Era la errante familia bohemia,
Sabia en extraños conjuros y estigmas,
Que une en su boca plegaria y blasfemia,
Nombres sonoros y raros enigmas;
Que ama los largos y negros cabellos,
Danzas lascivas y finos puñales,
Ojos llameantes de vivos destellos,
Flores sangrientas de labios carnales.
Y con la gente morena y huraña
Que a los caprichos del aire se entrega,
Hace su entrada triunfal en España
Fresca y riente la rítmica griega.
Mira las cumbres de Sierra Nevada,
Las bocas rojas de Málaga, lindas,
Y en un pandero su mano rosada
Fresas recoge, claveles y guindas.
Canta y resuena su verso de oro,
Ve de Sevilla las hembras de llama,
Sueña y habita en la Alhambra del moro;
Y en sus cabellos perfumes derrama.
Busca del pueblo las penas, la flores,
Mantos bordados de alhajas de seda,
Y la guitarra que sabe de amores,
Cálida y triste querida de Rueda;
(Urna amorosa de voz femenina,
Caja de música de duelo y placer:
Tiene el acento de un alma divina,
Talle y caderas como una mujer.)
Va del tablado flamenco a la orilla
Y ase en sus palmas los crótalos negros,
Mientras derrocha la audaz seguidilla
Bruscos acordes y raudos alegros.
Ritma los pasos, modula los sones,
Ebria risueña de un vino de luz,
Hace que brillen los ojos gachones,
Negros diamantes del patio andaluz.
Campo y pleno aire refrescan sus alas;
Ama los nidos, las cumbres, las cimas;
Vuelve del campo vestida de galas,
Cuelga a su cuello collares de rimas.
En su tesoro de reina de Saba,
Guarda en secreto celestes emblemas;
Flechas de fuego en su mágica aljaba,
Perlas, rubíes, zafiros y gemas.
Tiene una corte pomposa de majas.
Suya es la chula de rostro risueño,
Suyas las juergas, las curvas navajas
Ebrias de sangre y licor malagueño.
Tiene por templo un alcázar marmóreo,
Guárdalo esfinge de rostro egipciaco,
Y cual labrada en un bloque hiperbóreo,
Venus enfrente de un triunfo de Baco.
Dentro presenta sus formas de nieve,
Brinda su amable sonrisa de piedra,
Mientras se enlaza en un bajo-relieve
A una driada ceñida de hiedra.
Un joven fauno robusto y violento,
Dulce terror de las ninfas incautas,
Al son triunfante que lanzan al viento
Tímpanos, liras y sistros y flautas.
Ornan los muros mosaicos y frescos,
Áureos pedazos de un sol fragmentario,
Iris trenzados en mil arabescos,
Joyas de un hábil cincel lapidario.
Y de la eterna Belleza en el ara,
Ante su sacra y grandiosa escultura,
Hay una lámpara en albo carrara.
De una eucarística y casta blancura.
Fuera, el frondoso jardín del poeta
Ríe en su fresca y gentil hermosura;
Ágata, perla, amatista, violeta,
Verdor eclógico y tibia espesura.
Una andaluza despliega su manto
Para el poeta de música eximia;
Rústicos Títiros cantan su canto;
Bulle el hervor de la alegre vendimia.
Ya es un tropel de bacantes modernas
El que despierta las locas lujurias;
Ya húmeda y triste de lágrimas tiernas,
Da su gemido la gaita de Asturias.
Francas fanfarrias de cobres sonoros,
Labios quemantes de humanas sirenas,
Ocres y rojos de plazas de toros,
Fuegos y chispas de locas verbenas.
* * * * *
Joven homérida, un día su tierra
Vióle que alzaba soberbio estandarte,
Buen capitán de la lírica guerra,
Regio cruzado del reino del arte.
Vióle con yelmo de acero brillante,
Rica armadura sonora a su paso,
Firme tizona, broncíneo olifante,
Listo y piafante su excelso pegaso.
Y de la brega tornar vióle un día
De su victoria en los bravos tropeles,
Bajo el gran sol de la eterna Harmonía,
Dueño de verdes y nobles laureles.
Fué aborrecido de Zoilo, el verdugo.
Fué por la gloria su estrella encendida.
Y esto pasó en el reinado de Hugo,
Emperador de la barba florida.