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Recuerdos Del Tiempo Viejo

Chapter 37: III.
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About This Book

Memorias en forma de cartas y artículos que relatan episodios de la vida del autor: la muerte de allegados, la pérdida económica y la supresión temporal de una pensión, la búsqueda de recursos mediante gestiones con editores y periódicos, y el apoyo recibido de amigos y conocidos. A lo largo del texto el autor combina anécdotas personales con reflexiones sobre la edad, la fama literaria y la necesidad de volver al trabajo, expresando gratitud hacia quienes le auxiliaron y explicando las circunstancias que motivaron la publicación de estas piezas.

APÉNDICE A ESTE TOMO.

Razon suficiente da el prólogo de este libro de mi venida y permanencia actual en Barcelona: pero por torpe é ingrato deberia tenerme, si yo cerrara este libro sin dar á sus habitantes las gracias por el recibimiento que en su ciudad me han hecho, y el hospedaje que en ella me han dado.

Atemorízame y apócame sin embargo el miedo de no acertar con palabras que espresen mi gratitud, y pesárame en el alma que, con las que voy á escribir, pareciese que sólo intento darme importancia, y prolongar el ruido que esta especie de resurreccion mia ha levantado en la capital de Cataluña.

A ella llegué el 30 de Octubre, y su pueblo se aglomeró en el teatro para saludarme; pero con tan cordial cariño, con tan franca espontaneidad, que no en mis oidos sinó en mi corazon resonaron los aplausos que, de pié y vueltos al palco que ocupaba, me dirigieron los espectadores. ¿Quién era yo, qué habia yo hecho para merecerlos de Barcelona? Aún puedo apenas comprenderlo; y las lágrimas, que como aquella noche anublaron mis ojos, vuelven á enturbiar mi vista ahora que, con infinito agradecimiento, en estas líneas hago de aquella escena tal vez inoportuna conmemoracion.

No espero que nadie de mí se mofe ni me avergüence por mis lágrimas de gratitud, ni por consignar aquí con la más sincera los obsequios de que fuí objeto y los nombres de los que me los prodigaron.

El 1.º de Noviembre apareció en Madrid, en el número 1841 de El Globo, un tan curioso como oportuno y por mí no esperado artículo, prohijado por la redaccion, puesto que aparece de fondo y sin firma, en el cual me considera como un muerto que sobrevive á su gloria y asiste á su apoteósis desde una butaca del salon de espectáculo; ¡Dios mio! si la redaccion de El Globo me hubiera podido honrar con su compañía en mi palco del teatro Principal de Barcelona el 30 de Octubre, hubiera comprendido lo poco que estimo mis obras, pero tambien la escitacion febril que me producia el placer de recibir aquella ovacion del público de Barcelona. ¡Gracias á quien quiera que aquel original artículo me escribió en ocasion tan oportuna; gracias á la redaccion que lo aceptó por suyo, y gracias (si le hay) á su trás ella escondido é invisible inspirador.

El Diario literario de avisos de Barcelona, copió este artículo de El Globo en su número del jueves 4; y en el del viernes 5 de La Crónica de Cataluña apareció otro afectuosísimo de D. Teodoro Baró, á quien seria imposible que yo expresara mi reconocimiento por tal escrito, en frases que á las suyas correspondieran. Baró siente sin duda por mí algo que no se puede comparar más que con un amor de niño: con una sencillez infantil, y una fraternal familiaridad se ocupa de mi faz, de mi traje, de mis costumbres, hasta de mis intereses; recordando en su artículo que cómo y pago alquiler de casa, y que no es justo que se me reimpriman mis obras como si fueran propiedad de todos, impidiéndome utilizar sus productos, para probarme la inmensa popularidad que me han adquirido. Baró trata de mí, de mis obras, de mis acciones y hasta de mis sentimientos íntimos y de mis pensamientos recónditos, con una discrecion, con una delicadeza, con un decoro y con un respeto, que no fueran mayores si él fuera padre, hijo ó hermano del viejo poeta, á quien honra con el artículo en que le da tan cordial bienvenida. Yo ocupo, por lo visto, en el alma de Baró un lugar entre sus creencias: leyó de niño mis versos, se familiarizó conmigo desde muy muchacho, aprendió sin duda al mismo tiempo el Catecismo y mis Cantos del Trovador, el Padre nuestro y El reló, la Historia de España y Margarita la Tornera, y ahora tiene de mí la misma idea que de los personajes históricos y de las imágenes religiosas, que entran en nuestro espíritu con los primeros rudimentos de nuestra primera educacion. Y ¿qué voy yo á responder á los artículos de Baró? ¿Cómo voy yo á corresponder á esta especie de veneracion innata que por mí siente? Con palabras es imposible: no las encuentro; con versos, ya no puedo, porque ya no los hago: con visitas, con cumplidos, con banalidades sociales, seria bajarme yo mismo cantando las peteneras del altar en que Baró me tiene en su corazon colocado; tengo pues que callar, consagrándole en el mio una silenciosa gratitud.

Alonso del Real, en los lunes de La Gaceta de Cataluña, hoja literaria del 25 del mismo mes de Noviembre, me dió por un poeta sin rival, indiscutible, indeclinable, digno y capaz de vivir sin decadencia ni senectud los años matusalénicos; la redaccion de La Publicidad, en su número del 7, compuso su artículo de fondo con mi biografía encomiástica, y encuadró mi retrato en su primera página: y ¿cómo voy á corresponder á tan benévola acogida? ¿Enviando á Alonso del Real y á los redactores de La Publicidad, y á los de El Diluvio, y del Diari Catalá y de La Ilustracion Catalana, y El Correo Catalan, mis tarjetas ofreciéndoles mi casa y dándoles las Páscuas y acompañándolas con un pavo?—Tengo, pues, que encomendarme á Dios y al tiempo, que me deparen una ocasion de probarles mi agradecimiento; y ellos tendrán que darse por contentos y satisfechos con estas pocas y desaliñadas frases.

Pero hay algo más difícil aún de recibir y de aceptar que los escritos encómios: estos, al cabo, se leen á solas, y los que los han escrito no ven la cara que al leerlos pone aquel en loor de quien los escribieron. El Presidente del Ateneo, D. Manuel Angelon, me preparó una velada literaria: en ella hizo el Presidente de su seccion de literatura, Sr. Feliu y Codina, mi presentacion al Ateneo en un discurso floridísimo, durante el cual no sabia yo qué continencia tomar. El poeta D. Enrique Freixas, me dedicó unos endecasílabos, de cuyas ideas soy yo el único que no puede hacer mencion: el jóven Mata y Maneja, me probó que habia tomado por un género de poesía mis extravíos fantásticos y mis delirios métricos, en uno tan intrincado que me pareció mio; y por último, el Ateneo me regaló una magnífica medalla de plata, que no pude colocar en ningun bolsillo por temor de que con su peso me lo desgarrara.

La Sociedad «Romea» dió una funcion en obsequio mio, en el Teatro Catalan del mismo nombre y me ofreció una corona.

La Sociedad «Latorre» me dedicó otra, y otra la Sociedad «Cervantes;» y por fin, dióme la de «Romea» una segunda fiesta, poniendo en escena mi Sancho García; en cuya representacion pusieron los actores más esmero y dieron á la obra mia más relieve de los que acostumbran hoy los que por primeros se consideran; y me inundó el escenario de flores y de laureles.

El Sr. D. Santiago Vilar, en una velada de despedida, me presentó á los alumnos de su colegio, como modelo de yo no sé cuántas cosas: los niños pasaron la noche entera en recitar versos mios, lo que probaba que habian pasado un mes estudiándolos y pensando en mí; el Sr. Obispo de Avila me abrazó en público por los que yo recité; y no sé yo lo que pensar pudieron los espectadores que atestaban aquel salon de aquel abrazo episcopal, dado con cariñosa efusion al poeta más desatalentado del siglo. Presentáronme en un estuche una joya preciosa, primoroso ejemplar de cinceladura, en cuyo trabajo de argentería son estremados los artistas barceloneses; y despues de un refrigerio, necesario para reponer en los vasos linfáticos la saliva gastada en tan prolongada lectura, salimos de aquella conmovedora fiesta de la niñez, presidida por un ilustre prelado, á deshora de la noche, como viciosos que á su casa vuelven ruidosamente de madrugada, calmando la inquietud de su desvelada familia é interrumpiendo el tranquilo sueño de sus honrados vecinos[3].

A este mes entero de fiestas y regalos, no puede el viejo poeta corresponder más que apuntando rápidamente en este apéndice lo sucedido. He protestado mil veces contra mis públicas exhibiciones; pero Barcelona como Valencia, á manera de muchachas locas enamoradas de un viejo, han pedido á gritos mi presentacion en los teatros: he alegado los sesenta y cuatro años que me apocan y enronquecen, y Barcelona me ha dicho: «que no; que yo no tengo edad y que canto como un ruiseñor.» He tenido que acudir al Dr. Osío para que me azoara la glotis, y Barcelona ha escuchado como sonora y argentinamente timbrada mi voz perdida, y ha aplaudido frenética, como si nunca los hubiera oido, mis versos tan viejos como yo. A esta idea preconcebida, á este partido tomado, á este cariño maternal de Barcelona, ¿qué puedo, qué debo yo ofrecer en accion de gracias? Dejarme querer, y seguir trabajando en silencio, y en la duda afanosa de si la posteridad sancionará los aplausos, la predileccion y el juicio con que Barcelona me acepta y me recibe en su seno.

Me he limitado, pues, á escribir estas cuatro vulgares páginas; y como ya no hago versos dos años hace, y el molde en que los vaciaba está ya enmohecido y agujereado, no he sabido más que hilvanar con unos que hice á Valencia, mi madre adoptiva, y otros que me ha inspirado mi gratitud á Barcelona, una estrafalaria poesía, que aquí publico como recuerdo de mi madre y homenaje á la Ciudad Condal. Carece completamente de mérito literario, y la presento sin pretension alguna: es sólo un ejemplo de lectura, en la cual colocados los alientos y dilatados sus períodos para ser leida por mí, tal vez sólo mi arte de alentar la hace escuchar sin fatiga, y tal vez sólo en mi boca tiene armonía su dislocada metrificacion. Creada en el corazon más que imaginada en el cerebro, espero que sólo con el corazon me la acepten y me la juzguen Valencia y Barcelona.


BARCELONA Y VALENCIA.
LECTURA HECHA POR EL AUTOR EN BARCELONA.

I.

Barcelona y Valencia son dos hermanas;
y reclinadas ambas del mar á orillas
como dos garzas blancas, son dos sultanas
que tremolan bandera de soberanas
sobre ricas ciudades y alegres villas.
Yo soy huésped en ambas bien recibido;
y en las villas que de ambas son comarcanas,
voy y vengo á mi antojo, paso ó resido:
y dó quier, campesinas ó ciudadanas,
á mí, poeta viejo de las Castillas,
al par Barcelonesas y Valencianas,
desde las pobres huérfanas á las pubillas,
me reciben alegres y oyen ufanas
mis romancejos godos y mis coplillas,
que son mitad muzárabes, mitad cristianas:
y desde las más cándidas y más sencillas
payesas á las damas más cortesanas,
donde á cantar me paro, niñas y ancianas,
oyendo de mis cuentos las maravillas
sonríen al poeta y honran sus canas.
Así que en Barcelona como en Valencia,
dó quier que me preguntan «y tú ¿quién eres?»
digo con ciertos humos de impertinencia:
«Soy el viejo poeta de las mujeres.»
Pero en conciencia,
¿Qué soy de Barcelona? ¿Qué de Valencia?

II.

Yo de los valencianos hijo adoptivo,
considero á Valencia como á mi madre;
mas cuando á Barcelona vengo, aquí vivo
como si aquí tuviera casa mi padre.
Aquí y allí de raza ni de abolengo
no, sinó de cariño títulos tengo;
allí y aquí mis versos en castellano
me dan fuero y derechos de ciudadano,
porque á mi vieja musa mora-cristiana
Cataluña y Valencia ven como hermana.
Mas no es mi vida en ambas muy regalona,
pues aquí y allí vivo como la ardilla
en inquietud perpétua: se me eslabona
una con otra fiesta; de villa en villa,
de teatro en teatro se me pregona;
voy y vengo sin tiempo de tomar silla:
por dó quiera me dicen: «¡parla! ¡enrahona!»
yo suelto de mis versos la taravilla,
y dó quier mi presencia fiesta ocasiona:
porque aquí y allí paso por maravilla,
porque escribí el Tenorio, que es quien me abona
lo mismo en Cataluña que por Castilla;
y aquí, cuando en las calles ven mi persona,
dicen los noys que pasan:—«es en Surrilla,»
lo mismo que si fuera de Barcelona.
Mas mi conciencia
¿qué cree de Barcelona?
¿qué de Valencia?

III.

Faro de isla cercado de guardabrisas,
camarin alfombrado de minutisas,
ajimez festonado con ramos de oro,
joyel que de cien reinas guarda el tesoro,
sultana de pensiles cultivadora,
latina, provenzala, cristiana y mora,
Valencia es un compendio de los primores
con que ornó al mundo la Omnipotencia,
cuna de silfos, nido de amores,
patria de bardos y trovadores,
vergel poblado de ruiseñores,
pomo de esencia,
jarron de flores:
eso, señores,
eso es Valencia.
Mas Barcelona
es la muchacha alegre de la montaña,
sana, robusta y ágil: que, rica obrera,
de un blason que mancilla servil no empaña
y un condal nobilísimo féudo heredera,
tiene al pié de un peñasco que la mar baña
y de un aro de montes trás la barrera,
un campo con mil torres para cabaña,
por toldo y guardabrisa la cordillera,
por taller la más rica ciudad de España,
por mercado las plazas de España entera;
y obrera que de estirpe noble blasona,
da á la historia de España su prez guerrera,
el floron más preciado de su corona,
el cuartel más glorioso de su bandera.
Artesana, que ciñe condal corona,
en el taller sin penas trabaja y canta:
con hilos y alfileres hace primores;
en un puño de tierra cultiva y planta
viñedos y olivares que, en vez de flores,
en sus breñas y cerros, lomas y alcores
diestra escalona,
cuida y abona
con cien labores:
eso, señores,
es Barcelona.

IV.

Valencia es la florida puerta del cielo,
el balcon por donde abre la aurora el dia:
Dios por él de la España bendice el suelo
y la salud, la gracia y el sol la envia.
Valencia es un florido pensil modelo,
mansion de los deleites y la alegría,
á quien sirve de cerca, de espejo y velo,
á sus plantas echada, la mar bravía.
Valencia está debajo del paraíso;
y cuando Dios le priva de su presencia,
por el balcon del alba, sin su permiso,
los ángeles se asoman á ver Valencia.
Valencia es alkatifa de cien colores
de Dios tendida para una audiencia,
donde del cielo los moradores
de Dios derraman en la presencia
ramos de flores,
pomos de esencia:
eso, señores,
eso es Valencia.
Mas Barcelona.....
Barcelona es la reina del mar Tyrreno,
cuyas ondas azules cubre de lona;
y á los hijos activos que da su seno
la posesion del mundo dar ambiciona.
Barcelona es un águila de vuelo altivo,
fénix que, renaciendo de sus cenizas,
torna jardin su suelo duro al cultivo
y en palacios sus viejas casas pajizas.
Barcelona, á quien nutre vital esceso,
late con los volantes de sus talleres,
se remonta en las alas de su progreso,
brilla con la hermosura de sus mujeres:
y cuando Dios se ausenta del paraíso
y duerme Barcelona de noche, al peso
del trabajo rendida, sin su permiso
baja un ángel por todos á darla un beso.
Porque del cielo los moradores,
miéntras los mundos Dios inspecciona,
al noble pueblo que en sí amontona
turbas de pobres trabajadores,
cuyo trabajo con Dios le abona,
como á una vírgen limpia de amores
cuya alma el cuerpo casto abandona,
del huerto Edénico
con lauro y flores
tejen los ángeles
una corona:
y esa, señores,
cae de sus manos
en Barcelona.

V.

Valencia, más hermosa, más cortesana,
es más jóven, más libre, más Moslemina;
Barcelona es más hosca, ménos galana,
más morena, más séria, más Bizantina:
aquélla más coqueta, y ésta más llana.
Valencia afecta á veces ser campesina,
mas bravéa con humos de soberana:
y es una rubia y grácil hurí-cristiana,
que viste por capricho de tunecina.
Valencia dice á todos que es hortelana,
y es una neerlandesa pálida ondina
que duerme en una rica concha perlina;
y del mar en la espuma blanca y liviana
canta á la arrebolada luz matutina,
vestida por capricho de valenciana.
Barcelona es el cráter donde fermenta,
con el hierro fundido y el tufo denso,
el espíritu hermano de la tormenta
que se pasea, de ellas sin tener cuenta,
sobre el móvil abismo del mar inmenso.
Valencia es la Hada núbil de la alegría
que respira de rosa y ámbar esencia;
la Vénus Afroditis del Mediodía,
de quien ver deja ignuda la gallardía
de un pudor algo moro la transparencia.
Barcelona es Minerva ya desarmada;
cuyo manto, que lame la mar bravía
salpicando de perlas su orla murada,
lleva en lugar de armiños y pedrería
la greca de su vuelo y cáuda bordada
con rieles y máquinas de ferrovía,
con espolones, hélices y anclas de Armada.
Valencia, alméa grácil y encantadora,
trova, canta, recita, danza y se espresa
en voz, accion y gracia tan seductora,
que atrae, fascina, embriaga, turba, embelesa,
magnetiza, avasalla, rinde, enamora,
y en tierra con las almas da por sorpresa.
Barcelona, valiente, ruda payesa
con timbres y con fueros de gran señora,
labra, teje, cultiva, destila, pesa,
funde, lima, taladra, cincela y dora;
y ejemplar solo de alta noble condesa
con corazon de obrera trabajadora,
con el trabajo nunca de latir cesa:
y apresurada siempre trás árdua empresa,
hierve como encendida locomotora:
cuando se mueve, asombra; cuando anda, pesa:
respira fuego y humo cual los volcanes,
y estremece la tierra, como si dentro
de ella fuera la raza de los titanes
queriendo de la tierra cambiar el centro.

VI.

Barcelona y Valencia son dos hermanas,
pero una es blanca y rubia y otra morena:
son por naturaleza dos soberanas;
pero la una celeste, la otra terrena.
Valencia es la versátil hija del cielo,
á quien Dios por herencia dió un paraíso;
Barcelona, hija de Eva, vive en anhelo
de tornar por sí misma su estéril suelo
en el Edén que el cielo darla no quiso.

VII.

Yo idolatro á Valencia por su hermosura,
su luz, su poesía, la donosura
de su gente, sus usos, trajes y aliños;
y de un amor primero con la fé pura,
la doy de hijo y amante los dos cariños.
Pero amo á Barcelona por tiranía
de ley inevitable de mi destino:
Dios condenó al trabajo la vida mia;
morir sobre el trabajo tengo por sino.
Barcelona trabaja... y á su existencia
el trabajo da fuerza, pan y alegría:
que me dé cuando espire tumba Valencia,
pan Barcelona, miéntras mi inteligencia
Dios alumbre y mis ojos la luz del dia.

VIII.

Olvidaba que entre ambas hay diferencia:
no en la tierra, en el cielo; pero os aviso
que es secreto que á solas fiarme quiso
el buen ángel que alumbra mi inteligencia.
La diferencia es esta: pero es preciso
que Valencia lo ignore; cuando en ausencia
de Dios se quedan dueños del paraíso
y con la luz del alba, sin su permiso,
los ángeles se asoman á ver Valencia....
es porque á Barcelona Dios en persona
baja en el sol, y absorto de complacencia
se olvida de los ángeles en Barcelona.

Esta obra es propiedad de su Autor, el que perseguirá ante la ley á quien la reimprima en todo ó en parte sin su consentimiento.

NOTAS:

[1] Estas dos composiciones van en el apéndice de esta obra.

[2] Cada cual con su razon; Lealtad de una mujer; primera y segunda parte de El Zapatero y el Rey; El eco del torrente; Los dos vireyes; El molino de Guadalajara; Un año y un dia; Apoteosis de Calderon; Sancho García; El caballo del rey D. Sancho; La mejor razon la espada; El puñal del godo; La oliva y el laurel; Sofronia; La Creacion y el Diluvio; El rey loco; La reina y los favoritos; La copa de marfil; El alcalde Ronquillo; D. Juan Tenorio.

[3] En la lectura de la sociedad «Latorre» debí el honor de que me acompañara al célebre poeta dramático, sostenedor del teatro catalan, D. Federico Soler; quien bajo el seudónimo de «Serafi Pitarra», hace años que con prodigiosa fecundidad surte de obras originales la catalana escena. De ÉL, de sus obras y del teatro Romea, tendré ocasion de ocuparme en mis artículos de El Imparcial.