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Retrato de la Lozana Andaluza / En lengua española muy clarísima, compuesto en Roma. cover

Retrato de la Lozana Andaluza / En lengua española muy clarísima, compuesto en Roma.

Chapter 29: MAMOTRETO XXV.
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About This Book

The narrative presents a vivid, often coarse portrait of a resourceful woman who navigates urban life through wit, sexual commerce, and networks of patrons and intermediaries. Told largely through extended conversations and episodic scenes, it records encounters with a range of social types, institutions, and religious and legal figures, blending satirical observation with practical detail. The language is colloquial and at times explicit, capturing speech and moral ambiguity. The work’s structure alternates dialogue, anecdote, and commentary to evoke a bustling metropolitan milieu and its informal economies.

MAMOTRETO XXV.

Cómo el auctor dende á pocos dias encontró en casa de una cortesana favorida á la Lozana y la habló.

Auctor. ¿Qué es esto, señora Lozana? ¿ansí me olvidais? al ménos mandános hablar.

Loz. Señor, hablar y servir; tengo que hacer agora, mandáme perdonar, que esta señora no me dexa, ni se halla sin mí, que es mi señora, y mire vuestra merced, por su vida, qué caparela me dió nueva, que ya no quiere su merced traer paño, y su presencia no es sino para brocado.

Auctor. Señora Lozana, decíme vos á mí cosas nuevas, que eso ya me lo sé, y soyle yo servidor á esa señora.

Loz. ¡Ay, ay, señora! y puede vuestra merced mandar á toda Roma y no se estima más; por vida de mi señora, que ruegue al señor dotor cuando venga, que le tome otras dos infantescas, y un mozo más, que el mio quiero que vaya á caballo con vuestra merced, pues vuestra fama vale más que cuanto las otras tienen; mirá, señora, yo quiero venir cada dia acá y miraros toda la casa, y vuestra merced que se esté como señora que es, que no entienda en cosa ninguna.

Cort. Mira quién llama, Madalena, y no tires la cuerda si no te lo dice la Lozana.

Loz. ¡Señora, Señora! ¡asomaos, asomaos! por mi vida, guayas, no; él, él, el traidor, ¡ay, qué caballadas que da! él es el que se apea; por mi vida y vuestra, abre, abre. ¡Señor mio de mi corazon! mirá aquí á mi señora, que ni come ni bebe, y si no viniéredes se moria. ¿Vuestra señoría es desa manera, luégo vengo, luégo vengo? que yo ya me sería ida, que la señora me queria prestar su paño listado, y por no dexalla descontenta, esperé á vuestra señoría.

Caballero. Tomá, señora Lozana, comprá paño y no lleveis prestado.

Loz. Bésole las manos, que señor de todo el mundo le tengo de ver, bésela vuestra señoría y no llorará por su vida, que yo cierro la cámara. Oyes, Madalena, no abras á nadie.

Madalena. Señora Lozana, ¿qué haré? que no me puedo defender deste paje del señor caballero.

Loz. ¿De cuál? ¿de aquel sin barbas? ¿qué te ha dado?

Mad. Unas mangas me dió por fuerza, que yo no las queria.

Loz. Calla y toma, que eres necia, véte tú arriba y déxamelo hablar, que yo veré si te cumple; á vos, galan, una palabra.

Paje. Señora Lozana, y áun dos.

Loz. Entrá, y cerrá pasico.

Paj. Señora, mercedes son que me hace, siéntese, señora.

Loz. No me puedo sentar, porque yo os he llamado, que quiero que me hagais un servicio.

Paj. Señora, mándeme vuestra merced, que mucho há que os deseo servir.

Loz. Mirá, señor, esta pobreta de Madalena es más buena, que no os lo puedo decir, y su ama le dió un ducado á guardar, y unos guantes nuevos con dos granos de almizcle, y todo lo ha perdido, y yo no puedo estar de las cosas que hace la mezquina, queríaos rogar que me empeñásedes esta caparela en cualque amigo vuestro, que yo la quitaré presto.

Paj. Señora, el ducado veislo aquí, y esotras cosas yo las traeré ántes que sea una hora, y vuestra merced le ruegue á Madalena de mi parte que no me olvide, que la deseo mucho servir.

Loz. Hi, hi, hi, ¿y con qué la deseais servir? que sois muy mochacho y todo lo echais en crecer.

Paj. Señora, pues deso reniego yo, que me crece tanto, que se me sale de la bragueta.

Loz. Si no lo pruebo, no diré bien dello.

Paj. Como vuestra merced mandáre, que mercedes son que recibo, aunque sea sobre mi capa.

Loz. ¡Ay, ay, que me burlaba! parece píldora de torre sanguina que así labora; ¿es lagartixa? andar, ¿por dó pasa moja? Ésta es tierra que no son salidos del caxcaron y pian; dámelo barbi-poniente, si quieres que me aproveche; entraos allá, deslavado, y callá vuestra boca. Madalena, vén abaxo, que yo me quiero ir; el paje del señor caballero está allí dentro, que se pasea por el jardin, es cari-deslavado, si algo te dixere, súbete arriba, y dile que si yo no te lo mando, que no lo tienes de hacer, y dexa hacer á mí, que mayores secretos sé yo tener que este tuyo.

Paj. Señora Madalena, ¡cuerpo de mí! siempre me echas unos encuentros como broquel de Barcelona. Mirá bien que esta puta güelfa no os engañe, que es de aquellas que dicen: Marica, cuécelo con malvas.

Mad. Estad quedo, así me ayude Dios, mas me sobajais vos que un hombre grande, por eso los páxaros no viven mucho; ¿que hacés? ¿todo ha de ser eso? tomá, bebeos estos tres huevos, y sacaré del vino; esperá, os lavaré todo con este vino griego, que es sabroso como vos.

Paj. Ésta y no más, que me duele el frenillo.

Mad. ¿Heos hecho yo mal?

Paj. No, sino la Lozana.

Mad. Dexála torne la encrucijada.