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Retrato de la Lozana Andaluza / En lengua española muy clarísima, compuesto en Roma. cover

Retrato de la Lozana Andaluza / En lengua española muy clarísima, compuesto en Roma.

Chapter 53: MAMOTRETO XLIX.
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About This Book

The narrative presents a vivid, often coarse portrait of a resourceful woman who navigates urban life through wit, sexual commerce, and networks of patrons and intermediaries. Told largely through extended conversations and episodic scenes, it records encounters with a range of social types, institutions, and religious and legal figures, blending satirical observation with practical detail. The language is colloquial and at times explicit, capturing speech and moral ambiguity. The work’s structure alternates dialogue, anecdote, and commentary to evoke a bustling metropolitan milieu and its informal economies.

MAMOTRETO XLIX.

Cómo vinieron á llamar á la Lozana que fuese á ver un gentil-hombre nuevamente venido, que estaba malo, y dice ella entre sí, por las que se partieron:

Loz. Yo doy munchas gracias á Dios porque me formó en Córdoba más que en otra tierra, y me hizo mujer sabida y no bestia, y de nacion española y no de otra; miraldas cuáles van despues de la Ceca y la Meca y la Valdandorra, por eso se dice, sea marido aunque sea de palo, que por ruin que sea es marido; éstas están ricas, y no tienen sus maridos, salvo el uno una pluma y el otro una aguja, y trabajar de dia y de noche, porque se den sus mujeres buen tiempo, y ellos trampear, y de una aguja hacer tres y ellas al reves; yo me recuerdo haber oido en Levante á los christianos de la cintura, que contaban cómo los moros reprendian á los christianos en tres cosas: la primera que sabian escrebir y daban dineros á notarios y á quien escribiese sus secretos, y la otra que daban á guardar sus dineros y hacian ricos á los cambiadores, la otra, que hacian fiesta la tercera parte del año, las cuales son para hacer al hombre siempre en pobreza, y enriquecer á otrie que se rie de gozar lo ajeno, y no me curo, porque, como dicen, no hay cosa nueva debaxo del sol; querria poder lo que quiero, pero como dixo Séneca, gracias hago á este señal que me dió mi fortuna, que me costriñe á no poder lo que no debo de querer, porque de otra manera yo haria que me mirasen con ojos de alinde.

Ramp. ¿Qué haceis? mirá que os llama un mozo de un novicio bisoño.

Loz. Vení arriba, mi alma, ¿qué buscais?

Herjeto. Señora, á vuestra merced, porque su fama vuela.

Loz. ¿De qué modo, por vida de quien bien quereis? que vos nunca lo hecistes sosegadamente, que el aire os lo da, y si no os diese cien besos en esos ojos negros, mi rey, decíme y ¿quién os dixo mal de mí?

Herj. Señora, en España nos dixeron mill bienes de vuestra merced, y en la nao unas mujeres que tornan acá con unas niñas que quedan en Civita Vieja, y ellas rezan á las niñas vuestro nombre, porque si se perdieren, que vengan á vos, porque no tienen otro mamparo y vienen á ver el año santo, que segun dicen han visto dos, y con éste serán tres, y creo que esperan el otro por tornar contentas.

Loz. Deben de ser mis amigas, y por eso saben que mi casa es alhóndiga para servirlas, y habrán dicho su bondad.

Herj. Señora Lozana, mi amo viene de camino y no está bueno, él os ruega que le vais á ver, que es hombre que pagará cualquier servicio que vuestra merced le hiciere.

Loz. Vamos, mi amor, á vos, digo, Rampin, no os partais, que habeis de dar aquellos trapos á la galan portuguesa.

Ramp. Sí haré, vení presto.

Loz. Mi amor, ¿dó posais?

Herj. Señora, hasta agora yo y mi amo habemos posado en la posada del señor don Diego ó Santiago á dormir solamente, y comer en la posada de Bartolero, que siempre salimos sospirando de sus manos; pero tienen esto, que siempre sirven bien, y allí es otro estudio de Salamanca, y otra Sapiencia de París, y otras Gradas de Sevilla, y otra Lonja de Valencia, y otro Drageto ó Rialto en Venecia, y otra barbería de cada tierra, y otro Chorrillo de Nápoles, que más nuevas se cuentan allí que en ninguna parte destas que he dicho, por munchas que se digan en Bancos. En fin, hemos tenido una vita dulcedo, y agora mi amo está aquí en casa de una que creo que tiene bulda firmada de la Cancillería de Valladolid, para decir mentiras y loarse, y decir que fué y que fué, y voto á Dios que se podia decir de quince años como Elena.

Loz. ¿Y á qué es venido vuestro amo á esta tierra?

Herj. Señora, por corona; decíme, señora, ¿quién es aquella galan portuguesa que vos dexistes?

Loz. Fué una mujer que mandaba en la mar y en la tierra, y señoreó á Nápoles, tiempo del gran Capitan, y tuvo dineros más que no quiso, y vesla allí asentada demandando limosna á los que pasan.

Herj. Aquélla el temor me pone á mí, cuanto más á las que ansí viven, y mirá, señora Lozana, como dicen en latin: Non proposuerunt Deum ante conspectum suum, que quiere decir que no pusieron á Dios las tales delante á sus ojos, y nótelo vuestra merced esto.

Loz. Sí haré, entremos presto, que tengo que hacer. ¿Aquí posais casa desa puta vieja, lengua doca?

Herj. Doña Ines, zagala como espada del Cornadillo.

Loz. Ésta sacó de pila á la doncella Teodor.