Coro
«Gran lámpara del templo soberano,
«Vasta concretacion del ser humano,
«Condensacion de la inmortal verdad;
«Fuente perenne de fecunda idea
«Que en los espacios, nuevos mundos crea,
«Antorcha de la inmensa eternidad.
«Inagotable manantial de vida
«Que fecunda la savia bendecida
«Del árbol de la sacra libertad;
«Árbol que ostenta flores inmortales
«Teñidas de colores celestiales,
«Con que perfuma Dios la humanidad.
«Cosmopolita cifra que concreta
«Las utopias doradas del poeta
«Y el ideal del genio pensador;
«Efluvio poderoso de otros mundos,
«Que haces brotar los gérmenes fecundos
«En el limbo del surco de labor.
«Del gran dia celeste monumento,
«Donde arde su divino pensamiento
«Como el fuego sagrado en el altar:
«Tú alumbrarás del mundo las edades
«En medio de las negras tempestades
«Para impedir al mundo naufragar.
«Númen del libre, signo de victoria,
«Luz de los pueblos, astro de la gloria,
«Que das al genio noble inspiracion:
«Tú, la divina imágen que soñaron,
«Los hombres que tus luces invocaron,
«Realizas con tu sola emanacion.
«Tú guardas de los hombres el tesoro
«Y en tus altares, de las urnas de oro
«Derramas democrático raudal;
«Tú bañas con tu linfa á las naciones,
«Y viertes en sedientos corazones
«De la justicia universal maná.
«Bajo la ígnica cruz del cristianismo
«Que corona tu domo, el despotismo
«Yace herido del rayo popular,
«Y la divina imágen que soñaron
«Los hombres que tu basa levantaron
«Le oprime con su planta de titan.»
V
EL CORSARIO
(PROSPECTO DE UN PERIÓDICO POLÍTICO EN 1840)
Es mi barco mi tesoro,
Es mi Dios la libertad.
Espronceda.
Es una linda goleta
Ligera como la brisa,
Que en el Plata se desliza
Cual fantástica vision.
Ruge el viento enfurecido
En la blanquecina vela,
Mientras ligero revuela
Del corsario el pabellon.
Sentado un hombre en la popa
El ancho rio admirando
Meditabundo fumando,
Entre una nube se vé:
Es su frente ancha y altiva,
Es tostado su semblante,
Es su mirar penetrante
Y su brazo de temer.
Entre sus manos robustas
Una guitarra se mira,
Que blandamente suspira
Como querella de amor,
Y mientras ruge en los cables
El pampero embravecido,
De su guitarra al sonido
Entona aquesta cancion.
CANCION
"Es mi goleta el cisne de este rio
Que tiende el ala cuando brilla el sol:
Es en el puerto libre como el viento
Y en altos mares libre como yo.
A mi querida la llaman
La goleta «Libertad,»
Porque asila al hombre libre
Y hace fuego á la maldad.
Y de todos tiranos los pendones
Se abaten al rugir de sus cañones.
Ha navegado hasta la vieja Europa
Enarbolando el argentino sol,
Y en su crucero, al pabellon de Iberia
Con sus rayos ardientes eclipsó:
Y al divisarse sus velas
De Cádiz en la ciudad,
Decían los gaditanos:
«Allí viene la «Libertad!»
Y flotaba el pendon Americano
Desafiando las balas del tirano.
Cubierto el puente de caliente sangre
Izando al tope flámula de honor
Ha visto la bandera de un Imperio
Sepultarse entre el humo del cañon.
Y al pasar por su costado
Brown que el combate ordenaba
Con su bocina de mando
A los bravos saludaba.
En el Juncal, donde con pecho fuerte
Clamaban todos: «Libertad ó muerte!»
Ora corsario de los hombres libres
Se vé mi enseña por do quier flotar,
Y el marinero en medio de la noche
Suele decir: «Ahí vá la «Libertad!»
Soy el amigo del pueblo,
Ante nadie me arrodillo,
Ni á los esclavos halago,
Ni á los déspotas me humillo.
Vivo en el mar, desprecio los tiranos,
Nunca con ellos enlacé mis manos.
Cuando cruzando el Rio de la Plata
Veo flamear de Rosas el color,
De alerta el grito doy á mis marinos
Empuñando la barra del timon.
Y cuando al frente aparecen
Grito á mis valientes ¡fuego!
Por no tomar esas presas
A las llamas las entrego.
Que allí mi Libertad tan solo impera:
Bajo sus fuegos rinden su bandera.
Mi divisa es:—«Valor é Independencia.»
Mi ley:—«Aborrecer al opresor.»
Mi religion:—«La libertad del mundo.»
Mi patria:—«El continente de Colon.»
Y sin tener mas tesoro
Que mi barco y mi puñal,
Primero daré la vida
Que rendir la Libertad.
Que ese pendon que brilla con la luna
Jamás se abate ante bandera alguna.»
El marinero que en la cofa estaba
Gritó al Corsario que tambien velaba,
«Un barco viene.»
El se levanta magestuoso y mudo,
Y de los vientos al silvido rudo
Todo previene.
Era francés el buque que venia,
Y allá en su mástil ondear se via
De Julio el pabellon.
Viva la Francia! gritan muchas veces;
Vivan los libres! gritan los franceses
De noble corazon.
Sigue el buque francés su derrotero
Impelido del soplo del Pampero
Por el piélago azul.
En tanto que el Corsario navegaba
Y al divisar sus velas esclamaba
«A los libres, salud.»
Un negro bergantin pasó á lo lejos,
Y de la mústia luna á los reflejos,
Dijo, al ver su pendon:
«Mirad, se llama de la mar señora
«Esa bandera que enlutada llora
«En el templo de Dios.
«Hoy de la Francia muéstrase celosa
«Porque cree que fuerte y poderosa
«Nos podrá sojuzgar.
«Islas quiere la Francia? Ya el Britano
«Ha robado en el mundo Americano
«Malvinas y Roatan.
«Quiere nuestras ciudades? los pedazos
«De la bandera inglesa, que á balazos
«Supimos conquistar,
«Y son de gloria nuestra herencia rica,
«Levantados en lo alto de una pica
«A la Europa dirán:
«Que en todo el continente Americano
«Ni el francés, ni el inglés, ni el castellano
«Su mano asentará.
«A ver! que alguno la conquista intente
«Y de todo un ejército insolente
«Los cráneos mostrará.»
Dijo el Corsario, y en su altiva frente
Relámpago de luz cruzó luciente
Como una exalacion.
Volvió á la popa, y se acostó en su asiento,
Y en medio de la música del viento
Tranquilo se durmió.
——
La aurora aparece con dulce sonrisa
Y llena de aromas la atmósfera está,
Hermosa goleta que impele la brisa
Surcando va el agua del gran Paraná.
En tanto el Corsario la costa admirando
Saluda aquel rio de gracia inmortal,
Y en alto levanta, su sien desnudando,
Tres fajas de blanco y azul celestial.
Y dice las islas y el bosque mirando:—
«Lavalle y sus bravos aquí me hallarán,
«Y el rio en mi barco, veloces pasando,
«Mi vida y mi barco por suyo tendrán!»
De pronto en el llano se ven mil guerreros,
Bandera Argentina se mira lucir,
Y al pié resplandecen los fuertes aceros
Que van sus valientes con gloria á esgrimir.
«Salud, hombres libres, la patria os espera,
«Guerreros antiguos y nuevos, salud.»
Gritóles, y todos al ver su bandera
Bajaron sus lanzas diciendo: «Salud.»
VI
ELEGÍA
AL GENERAL LAVALLE
Mejor se triunfa muriendo que matando.
INTRODUCCION
En la region andina que libertó Bolívar
Reposa la cabeza del mártir esforzado,
Que en sus membrudos hombros potente ha sustentado
La inmensa pesadumbre de gran revolucion.
Robusto como el pino que bate la tormenta
Sus ramas han crujido con ímpetu violento,
Y hoy yace por el suelo tendido y sin aliento...
Tendido y sin aliento, pero domado nó!
Donde un mortal sucumbe, un héroe se levanta,
Sus formas luminosas se animan lentamente....
Relámpagos y nubes coronan su alta frente
A par de los gigantes que doman la creacion:
Los Andes, atrevidas pirámides del mundo
Vestidas por la pompa severa del invierno;
Inmensos pedestales que levantó el Eterno
De pedestal le sirven y de eternal panteon.
Cual página mas grande para inscribir su nombre
Que esas gigantes moles que mundos equilibran,
En cuyas canas frentes los huracanes vibran
Como arpas misteriosas que pulsa el vendabal?
Atleta americano lanzóse de su cumbre
Por conquistar á hierro la libertad de un mundo,
Y de su altivo paso se vé surco profundo
Que el tiempo despeñado se para á contemplar.
Su vida fué un invierno, sañudo, interminable:
Envuelto por el hielo, luchando brazo á brazo,
Y el fuego de la patria guardando en su regazo
Para encender la antorcha de gloria y libertad.
Por eso para libro de sus heróicos hechos
Los Andes han abierto su inmensurable seno,
Como para la tumba del inmortal Moreno
Bastar pudo tan solo la inmensidad del mar.
EL CENTINELA
Trémula brilla en la celeste esfera
La blanca antorcha que sucede al dia,
Y de la noche la mortaja fria
Sus anchos pliegues tiende en derredor.
Soberbia en tanto entre la espesa bruma
Se vé la cumbre de los altos Andes,
Donde un gran pueblo con alientos grandes
La alta bandera de igualdad clavó.
Sordo fragor en sus entrañas ruge
Al despeñarse el agua del torrente,
Cual si arrastrase en rápida corriente
De un mundo el esqueleto colosal.
Y allá en su cima los eternos hielos
Brillan como el almete de un guerrero,
Cuando cubierto de fulmineo acero
Se vé atrevido su creston ondear.
Y en ancho mar de blanquecina nieve
Solo una forma humana se elevaba:
La de un fiel centinela que velaba
Apoyada la mano en su fusil.
Blancos cabellos su cabeza orlaban,
Hondos surcos cruzaban su semblante,
Y su mirada firme y penetrante
Revelaba un aliento varonil.
Era una sombra de las grandes huestes
Que de Mendoza al Ecuador partieron,
Y que del grande San Martin siguieron
Por entre abismos la pisada audaz;
Era un guardian de la ignorada tumba
De los caidos sin legar su nombre,
Que esperaba á los héroes de renombre
Para dar á otro mundo la señal.
Asi velaba en medio de dos mundos
Los vivos y los muertos custodiando,
Cuando un rumor los ámbitos llenando
La montaña en su base conmovió.
¿Quién vive? preguntó, y tristes voces
«Quien murió por la Patria,» contestaron,
Y cuarenta adalides avanzaron
Alzando un desgarrado pabellon.
Negros los rostros y la frente roja,
La mano herida y como sierra el sable
Llevaba aquella hueste formidable,
Fugitiva del campo del honor.
Envueltos en banderas argentinas
Conducian los restos de un soldado,
Y brillaba en su cráneo descarnado
La aureola que al mártir coronó.
El centinela comprendió que á un héroe
Aquellos huesos frios sustentaron:
Sus lágrimas ardientes resbalaron
Y su fusil al hombro levantó.
¿Quién es el héroe? preguntó, y un jóven
De veinte Mayos é inspirada frente,
Doblando la rodilla reverente
En discurso elocuente respondió:
DISCURSO
«Su nombre está escrito del pueblo en el seno,
De sus altas glorias el mundo está lleno,
Su frente circuye laurel inmortal;
Atleta de Mayo, venció los esclavos,
De un pueblo de siervos rompiendo los clavos
Bañó su cabeza con óleo de paz.
«Los Andes le vieron alzarse á su cumbre,
Y allí derramando magnética lumbre
De América el mundo con ella alumbró;
Le vieron soberbio venciendo á los Reyes,
Llevando el programa de glorias y leyes
Grabado en el sable que grillos trozó.
«Con lanza enristrada cruzó como rayo
Llevando la enseña del pueblo de Mayo
Del Plata á los Andes y ardiente Ecuador;
Y reales diademas, y tronos y cetros
Se hicieron pedazos, cual viejos espectros,
Crujiendo á las plantas del gran lidiador.»
——
El centinela alzó la noble frente
Que súbito relámpago cruzó;
Y atónito, el fusil resplandeciente
Ante los huesos frios presentó.
——
«Alzóse en su patria soberbio tirano,
De libres la senda mostrónos su mano
Y heróico el primero por ella cruzó.
Y justos principios alzando en su espada
Llevó el estandarte de santa cruzada
Que en rota y victoria seis veces se vió.
«Pero él en su espada, con nervio pujante
La patria y sus glorias sostuvo constante,
Y nunca cobarde su espalda dobló:
Miró su bandera de polvo cubierta,
Miró de la lucha la arena desierta,
Y entonces su frente soberbia rindió.
«Su grande destino la muerte ha cortado!
La causa camina, pero ¡ay! está helado
El soplo de fuego que vida le dió!
Así en otros tiempos en circo estendido
El fuerte guerrero yacia caido
Y el carro que hollaba seguir triunfador!»
——
El centinela atento le escuchaba
Y el corazon guerrero arder sintió,
Y aquel fusil que al frente presentaba
Rendido hasta sus plantas abatió.
——
«Envueltos sus restos por patria bandera
Encuentren al menos en tierra estrangera
La tumba que al mártir su patria negó.
Sus fieles soldados cavando su fosa
Cubrirán de tierra con mano piadosa
La frente laureada que el mundo admiró.
«Al pié de su tumba que calle la envidia!
Su espíritu noble preside á la lidia
Que aun arde en nosotros su llama inmortal.
Apóstol y mártir su pueblo le nombra,
Y grande y serena su pálida sombra
De dulce esperanza levanta el fanal.
«Un dia los hijos del pueblo argentino
Orlando sus sienes con lauro divino,
Darán á sus manes sagrada ovacion,
Y entonces nosotros los Andes cruzando
Vereis que volvemos en triunfo llevando
Los huesos proscriptos del grande campeon.»
——
El centinela contempló aquel muerto
Que un huracan del mundo arrebató,
Y arrodillado sobre el suelo yerto
Humilde ante su gloria se postró.
EPILOGO
Como una chispa de la luz divina
Se vé brillar en la region andina
La estrella matinal;
Y una mano invisible, misteriosa,
Levanta de la noche silenciosa
El fúnebre cendal.
Y descubre un cadáver coronado,
De lágrimas y espinas incrustado
Su lauro triunfador:
Y en su presencia el ángel del aurora
Levanta con su voz consoladora
El himno del dolor.
HIMNO
Lavalle, tu cabeza
De penas fué calvario,
Y vaso lacrimario
Tu grande corazon:
Y los cautivos pueblos
Vertieron en tu seno
El llanto de amor lleno
Que el pueblo derramó.
Luchando cuerpo á cuerpo
Caiste en noble guerra,
Sobre la misma tierra,
Que tu sudor regó.
Y el corazon del mártir
Que atesoraba el llanto
Un génio sacrosanto
Del cuerpo arrebató.
Alzóse hasta las cumbres
Del alto Chimborazo,
Y allí con fuerte brazo
Tu corazon clavó;
Y cual en noble túmulo
Brilla la urna de oro,
La urna de nuestro lloro
Allí vierte esplendor.
Torrente de dolores
Por Dios atesorado,
Cual dictamo sagrado
Que destiló el amor!
¡Oh corazon que fuiste
El cáliz de amarguras,
A las espadas duras
Dá el templo del honor!
Acérquese allí el jóven
Y beba fortaleza,
Allí busquen firmeza
Los brazos sin vigor;
Allí vaya ese pueblo
Que dobla su garganta,
Y beba la ira santa
Que hiera al opresor.
Allí vaya la vírgen
A derramar sus flores,
Para jurar amores
Al que combata al vil;
Acérquese allí el niño
Y en su dolor templado
Levante el grito osado
De lucha varonil.
Y diga á los que duermen
En el polvo sangriento:
«Dad otra vez al viento
«De Mayo el pabellon;
«Y vencidos cien veces,
«Otras tantas deshechos,
»Oponed duros pechos
«A la dura opresion.»
Sí, que la voz del niño
Oráculo es del cielo
Para anunciar consuelo
A un pueblo en horfandad,
Y sus puras palabras
Al tiempo de verterlas
Se convierten en perlas
En la urna funeral.
VII
JOSÉ CAMPON
(PÁGINA DE UN DIARIO MILITAR EN 1839)
I
Cuando las huestes de Rosas
Pisaron de Oriente el suelo,
Al toque de la corneta
Seis mil bravos acudieron:
A su cabeza se vió
Al héroe antiguo de Haedo,
Acaudillando los bravos
Que de la patria en el seno
Heróicos se levantaron
En sosten de sus derechos.
Todo Oriental que abrigaba
De la libertad el fuego,
Bajo el pendon de la gloria
Iba á desnudar su acero,
Lleno de noble energía,
Y de patriotismo lleno.
II
Campon tranquilo vivía
Bajo del paterno techo:
Ciñóse al punto su espada,
Montó un veloz parejero,
Y voló do le llamaban
De la corneta los ecos.
Ni le detuvo el peligro,
Ni el triste llanto materno,
Ni del amor las dulzuras,
Ni del dolor los lamentos:
Solo escuchó al patriotismo
Que atesoraba en su pecho.
III
A la orilla de un arroyo
Se vén veinte coraceros
Dispersados en guerrilla
Sobre caballos lijeros;
Se ven al frente asomar
Bajo los talas y seibos
Que baña Santa Lucía
Míl y quinientos guerreros;
Y el denodado Campon
Mandando los coraceros
Con firmeza les repite:
«Antes que rendirse... ¡fuégo!»
Lanzando grito salvaje
Viene la tropa de siervos,
Como una nube de polvo
O una bandada de cuervos.
Campon, cual muro de bronce
El choque espera sereno,
Y á sus valientes soldados
Manda hacer continuo fuego,
Y cuando balas no tuvo
Dijo la espada blandiendo:
«La carabina á la espalda
«Sable en mano, coraceros!»
IV
Santander con su Escuadron
Se lanza en el entrevero;
Cuadra, ¡A la carga! ¡á la carga!
Repite con voz de trueno:
Sigue Blanco con sus bravos
Montados en moros negros.
Por su valor y su arrojo
Es conocido el primero,
Y se distingue el segundo
Por su semblante sereno:
La calva frente de Blanco
Es de su alma fiel espejo,
Pues se retratan en ella
La honradez y el ardimiento.
Trescientos hombres le siguen
Cargando al son de degüello,
En proteccion de los bravos
Que lidiando como héroes,
Mas que hombres de hueso y carne
Parecen hombres de hierro!
Ni les intimida el número,
Ni el morir les causa miedo;
Con sables hechos pedazos
Sus ojos despiden fuego,
Está abollado el morrion
Y sangre vierten sus miembros,
Ruge el plomo en sus cabezas
Y retiembla el pavimento;
Pero ellos imperturbables
En medio del entrevero,
Sueltan la rienda al caballo,
Descargan golpes tremendos;
Y ante su diestra valiente
Llenos de susto los siervos,
Bajan la mústia cabeza,
Abren un ancho sendero;
Y allí donde el clarin
Resuenan los tristes ecos
Llenos de sangre y de polvo
Júntanse los coraceros.
Blanco, que fué rechazado
En el encuentro primero,
Al frente del enemigo
Organiza los dispersos,
Hace tocar á la carga
Y otra vez los lleva al fuego.
V
Campon y Alberdi entretanto
De los esclavos en medio,
Abandonados se miran
Del hombre, no de su aliento.
De su alarido de guerra
Retumba el éco á lo lejos;
Al galopar sus corceles
Con fragor retumba el suelo;
Sobre sus negras corazas
Rechina el fúlgido acero,
Los sables cubren la luz
Sobre sus cráneos sangrientos.
Heróicamente lidiaron,
Cien heridas recibieron,
Y clamando—¡Libertad!
Al suelo cayeron muertos.
Y la divina corona
Que la Patria dá al guerrero,
Sobre sus frentes marchitas
Se vió caer desde el cielo.
Blanco á la carga conduce
A sus valientes de nuevo,
Pero al querer batallar
Todos se miran envueltos,
Y cual las hojas de otoño
Por la campaña dispersos.
En vano el buen coronel
Levanta su voz de trueno,
Abandonado y sin gente
Solo le ampara su acero.
VI
En la inmediata cuchilla
Un relámpago de fuego
Brilló, rugiendo con furia
Del cañon el ronco trueno.
Nuñez avanza atrevido
Con setecientos guerreros,
Blandiendo lanza potente,
Montando un tordillo negro.
Es imponente su marcha,
Y por su rostro moreno
El entusiasmo asomaba
Como en la noche un reflejo.
Al marchar de sus campeones,
Al relumbrar de sus hierros,
Y al tremolar su estandarte
Los enemigos huyeron.
Los libres en vez de rostros
Espaldas tan solo vieron.
VII
Cuando los viles esclavos
Riendas al caballo dieron,
De cadáveres y de armas
El campo quedó cubierto,
En expiacion de los libres
Que con honor sucumbieron.
Cuarenta bravos perdimos
En este glorioso encuentro,
Y al otro dia al pasar
Aquel campo de los muertos
Nuestros soldados decian:
«Tanta sangre vengaremos,
«Por cada gota de sangre
«Un arroyo verteremos.»
VIII
En los campos de Cagancha
En medio al humo y al fuego,
El escuadron de Campon
Admiró por su denuedo.
El ala izquierda ocupaba,
Y en el furibundo encuentro
El campo quedó sembrado
De hombres y caballos muertos.
Quedó en medio á la cuchilla
De sangre un ancho reguero:
¿Quién lo hizo? el escuadron
Que por vengar sus guerreros,
Pasó legiones de esclavos
A los filos de su acero.
VIII
HIMNO
Á LOS MÁRTIRES DE LA LIBERTAD
INVOCACION
Llegad en torno mio,
Venid, sombras nocturnas,
Y alzad con poderío
Las cinerarias urnas,
Cubiertas con el lirio
Que consagró el martirio:
Alzad, sombras, alzad!
Bañadlas con el llanto
Del pueblo que suspira,
Y el ardoroso canto
Que se alce con mi lira,
Por todo el hemisferio
Libre del cautiverio.
Llevad, sombras, llevad!
CORO
De América las vírgenes
Con mano temblorosa,
La cabellera frígida,
Sangrienta y polvorosa
De las heróicas víctimas,
Con flores ceñirán.
Entre perfumes célicos
Y grata melodía
De cánticos suavísimos,
Hasta la tumba fria
Entre aureolas fúlgidas
Los héroes bajarán.
Sobre la huesa húmeda
Donde su lauro brilla,
Los pueblos redimidos
Doblando la rodilla,
Al trono del Altísimo
Plegarias alzarán.
El Bardo de la América
Invocará sus manes,
Y al son de la arpa armónica
Que pulsan los titanes,
Sobre su frente pálida
La inspiracion caerá.
POETA
La tumba del valiente
No pide débil llanto,
Sino del vate ardiente
El estridente canto,
Que imite en su armonía,
Vibrante vocería
Del campo del honor.
Qué importan á los bravos
La pompa de los templos
Que compran los esclavos!
Les bastan sus ejemplos,
Su inmarcesible gloria,
Su tumba, su victoria,
Sus lauros, su valor!
Cual rinde su alta frente
El sol al Océano,
Como el audaz torrente
Que baja al ancho llano,
Debe ser la caida
Del que rinde la vida
Del pueblo en el altar.
Cantemos á los muertos
En la feral pelea,
Que sus despojos yertos
De América presea,
Valen mas que la pompa
Que celebra la trompa
Del poeta servil.
Indómitos guerreros
Ante el altar caidos,
Blandiendo los aceros
De sangre reteñidos,
Venid, llegó la hora:
La América hoy valora
Vuestra mision viril.
Llegad, nubes de incienso
Bañando vuestras frentes,
Oireis el himno inmenso
Que pueblos reverentes
Cantan en el osario,
No al génio sanguinario,
Ni al Régulo opresor.
Generaciones nuevas
Ricas de independencia,
Tras dolorosas pruebas
Por fecundar tu herencia,
Se acercan á las aras
Que con tu sombra amparas
Del Plata al Ecuador.
Oh brazos tan robustos
Que á un mundo estremecieron,
Y en dias mas augustos
Sus aras contuvieron,
Poderosos se eleven
Y á la mansion me lleven
De sacra inspiracion!
CORO
Sus lívidos cadáveres
Veranse entre humo denso,
Del pueblo, del incienso,
Y entre la pompa nítida
Del templo de Israel.
Relucirán las lámparas
Ante el sombrío coro,
Y al órgano sonoro
Se mezclarán melódicas
Las arpas de Sion.
Resonará en la bóveda
El cántico suave,
Y en medio á el ancha nave
Se elevará en el túmulo
La gloria y libertad.
Y el inspirado vate,
Envuelto por el manto
Del entusiasmo santo,
Exclamará profético:
«Tu nombre vivirá.»
POETA
La libertad se encumbra
Sobre sangrienta pira,
Y con su antorcha alumbra
Las cuerdas de la lira,
Que el vate pulsa altivo
Al son del éco divo
Del férvido huracan.
Su luz, los nombres dora
De la urna funeraria,
Donde enlutada llora
La musa solitaria,
Los mártires valientes
Cuyas soberbias frentes
Humeando sangre estan.
Miradlos sobre el suelo
Que hollamos con la planta,
Mirad: en raudo velo
Su espíritu levanta
La célica bandera,
Que ondear hace altanera
La ráfaga veloz.
Cayeron cual jigantes
En medio de la gloria:
Sus páginas brillantes
Abrió la inmensa historia,
Y en letras de granito
Su triunfo ha sido inscrito
Con fúlgido esplendor.
Ese pendon miraron
Yaciendo moribundos,
Del suelo se aferraron
Con brazos tremebundos,
Cual si al morir peleando
La tierra asi abrazando
Quisieran defender.
Sublime abrazo inmenso
Rodeado por las balas,
En medio al humo denso;
Bajo las negras alas
De la terrible muerte
Y con la sien inerte
Ceñida de laurel!
Y al abrazar la tierra
Con ánimo esforzado,
Su alarido de guerra
Por el viento llevado
Resonó en los hogares,
Y en los undosos mares,
Cual voz de redencion.
Y hoy sus huesos dispersos,
En la estéril llanura,
Blanqueados por los cierzos,
Se estiman mas que el oro
Y forman el tesoro
Del mundo de Colon.
Si existe una creencia
Y un pabellon triunfante,
Si es libre la conciencia,
Si en libro de diamante
Se esculpen altos hechos,
Debémoslo á los pechos
Que el hierro atravesó.
A los varones fuertes
Que la espada blandieron,
Que arrostrando mil muertes
En el campo cayeron
Del noble sacrificio,
Bajo el marcial auspicio
Del alto galardon.
De todo un pueblo el luto,
De todo un mundo el llanto,
Es mísero tributo
Para su polvo santo,
En que renacen palmas,
Y en que resurgen almas
Al soplo del creador.
No necesitan urnas
Ni estátuas levantadas,
Porque las horas diurnas
De estrellas coronadas
Guardan el monumento,
Que cubre el firmamento
Del hemisferio austral.
CORO
De la tierra sangrienta
Se elevarán los muertos,
Y con rayos inciertos
La luna amarillenta,
El esqueleto pálido
Trémula alumbrará.
De luces coronada
La sombra de los fuertes,
En túmulos inertes
Relucirá animada,
Cual la vision fantástica
Del Cristo Salvador.
Las fúlgidas espadas,
Las bélicas banderas,
Trotones y cimeras,
Y lanzas destrozadas,
Cual súbito relámpago
Fulmíneas brillarán.
Se elevarán ardientes
Atléticas legiones
Al pié de sus pendones,
Cuando el Omnipotente
Les diga como á Lázaro:
«Del polvo levantad.»
POETA
Cuando la densa bruma
Los valles enlutaba,
Cuando la blanca espuma
Los mares circundaba,
Cual mágicos concentos
Nacian los acentos
Del arpa de Ossian.
Al eco melodioso
La bruma relucía,
Y en carro vaporoso
Celeste aparecía
Poblando la colina,
La sombra de Malvina,
De Morven y Fingal.
¿Y el Bardo arrebatado
Que invoca realidades,
No ha de poder osado
Anticipar edades
Del tiempo en la penumbra,
Cuando su mente alumbra
Inspiracion mas fiel?
¿La losa de la tumba
Levantará mi lira?—
Oid: el viento zumba,
El Hacedor me inspira,
Siento su soplo ardiente
Que en alas del ambiente
El polvo hace tremer.
¡Campeones inmortales!
Alzad la noble frente,
Que adornan las señales
De la metralla ardiente,
Alzaos del frio lecho,
Con voces en el pecho,
Latiendo el corazon.
Rasgad con mano fuerte
La fúnebre mortaja
Con que os vistió la muerte,
Y oireis la sorda caja
Que toca ¡á bayoneta!
La voz de la corneta,
Y el trueno del cañon.
La luna brilla hermosa
Cual lámpara divina
Rielando misteriosa;
En la region Andina
Su genio se levanta,
Y en torno se quebranta
La tierra con fragor.
Los cascos resplandecen
Cual rápido meteoro,
Las plumas que se mecen
Entre celajes de oro
Anuncian mil campeones,
Y en medio á las lejiones
Se eleva un pabellon.
Mil ecos fragorosos
Producen los aceros,
Los potros ardorosos
Relinchan altaneros,
Y en masas apiñadas
De sombras laureadas
Se forma una legion.
Descance con mi plectro
Mi cítara de acero,
Desfile cada espectro
Con ademan severo,
Al son de los clarines
Que llenan los confines
Con son atronador!
¡Silencio! los tambores
Ya la señal han dado,
Y rayo de fulgores
El campo ha iluminado.
¡Gloria á los inmortales
Que pisan los umbrales
De un mundo superior!
Mirad, ya no es del alma
Fantasma vaporoso,
Vestidos con la palma
Del mártir generoso,
Despues de su caida
Renacen á la vida
De glorias perennal!
CORO
De América las lágrimas
Bañando los cabellos
De los gigantes mártires,
Cual nítidos destellos,
Una corona bélica
A sus virtudes cívicas
Y á su valor serán.
En las eternas páginas
Del libro de los hombres,
Como inmortal espíritu
Revivirán sus nombres,
Y las coronas pálidas
De las edades áridas
De gloria teñirán.
El santo tabernáculo
De la igualdad preciosa
Protegerán impávidos
Con su égida gloriosa,
Guardando el testo bíblico
Del inmortal decálogo
Que á un mundo redimió.
Aéreo coro de ángeles
Entonará mil cánticos
Como la brisa plácidos;
La libertad en tanto,
Como vision espléndida,
Tendiendo el ala rápida
Se elevará hasta Dios.
POETA
Del tiempo la corriente
Bramando se derrumba,
Como la voz rugiente
Del huracan retumba,
Y en rápida carrera
La humanidad lijera
Se hunde en la eternidad.
Despeñados los siglos
Cruzan los hemisferios,
Como inmensos vestiglos
Se abaten los imperios,
Y en medio á la ruina
Encúmbrase divina
La santa Libertad.
Como en el Andes brama
El huracan tremendo,
Cuando veloz derrama
El trueno ronco estruendo,
Y en tanto el polo cruje,
Resisten al empuje
Sus quicios de cristal;
Así del tiempo el vuelo
Que abate las barreras,
Estiende por el suelo
Sus ondas altaneras,
Chocando resonantes
El muro de diamantes
Del alma libertad.
Y ella con faz serena
Sus furias dominando,
Desde la escelsa almena
Los cielos contemplando,
Mira nacer la aurora
Que al mundo es precursora
De paz y de igualdad.
Y su sagrada enseña
Al viento desplegando,
A tiranos domeña
Pueblos emancipando,
Y concita á sus bravos
Rompan de los esclavos
La argolla y el cordel.
Y por eso los nombres
De redentores fuertes
Alientan á los hombres,
Y cuando caen inertes
Las almas se electrizan,
Y gratas divinizan
Su nombre y su laurel.
Vuestros restos divinos
Son nítidas lumbreras,
Que alumbran los caminos
De edades venideras,
Por donde ardientemente
La juventud valiente
Se lanza al porvenir,
Son cual la luz bendita
De la columna ardiente
Del pueblo Israelita;
La estrella reluciente
Cuyos reflejos vagos,
A los tres Reyes Magos
Condujo hasta el Señor.
Vendrán horas serenas
Que vuelen en pedazos
Las últimas cadenas
Que amarran nuestros brazos,
Alzando los escudos
Que con brazos membrudos
Vuestro aliento elevó.
En ellos sostendremos
Al génio Americano,
Y altivos hundiremos
A todo vil tirano
Que con su torpe planta
A la corona santa
Manche de libertad.
Y de Colon la sombra
El ámbito cruzando
Sobre celeste alfombra,
Se elevará clamando:
«La aurora de Dios brilla!
«Tiranos, de rodilla!
«Naciones, levantad.»