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Rimas

Chapter 18: XIV EL INVÁLIDO
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About This Book

La colección reúne poesías líricas organizadas en cinco secciones: versos patrióticos de impronta bélica y evocaciones de combate; composiciones inspiradas en la pampa y el paisaje rural que exploran figuras gauchescas y escenas campestres; poemas diversos de tono melancólico, fantástico y reflexivo; composiciones familiares y afectivas dirigidas al hogar y a la amistad; y traducciones o imitaciones de poetas extranjeros. El conjunto alterna fervor histórico y nostalgia urbana con paisajes pastorales, elegías y piezas íntimas, y combina un lenguaje directo y sonoro con ejercicios de traducción que muestran la variedad de registros y la filiación literaria del autor.

IX

INVOCACION

(EN EL ANIVERSARIO DE LA INDEPENDENCIA DE CHILE)


I

Pueblos, batid vuestro pendon glorioso
Del Atacama al Cabo tempestuoso
Donde se estrella el mar;
Que en este dia la nacion Chilena
Lo hizo flamear sobre la antigua almena
De independencia al grito popular.


II

Guerreros, por la sangre consagrados,
De inmarcesibles lauros coronados
En el campo de honor;
Despertad del cañon al estampido,
Que hoy rememora un pueblo agradecido
Que os debe de su gloria el esplendor.


III

Niños, alzad las inocentes palmas
Y ardan en entusiasmo vuestras almas
Honrando á la virtud,
Que niños cual vosotros vuestros padres
Descendieron del seno de sus madres
Para destruir la dura esclavitud.


IV

Vírgenes puras, como el sol hermosas,
Que os coronais con perfumadas rosas
La frente virginal;
Cubrid con ellas los sepulcros yertos
De los valientes por la patria muertos
Que duermen sobre almohada terrenal.


V

Sacerdotes del Dios crucificado,
Quemad sobre el altar inmaculado
Inciensos al Señor,
Y suba entre la nube de humo denso
La sublime oracion de un pueblo inmenso
Que ensalza de la patria al Redentor.


VI

Legisladores de alta inteligencia,
Que alumbrasteis del pueblo la conciencia
Clamando: Fiat lux!
Si los campeones dieron altos hechos,
Vosotros proclamasteis los derechos
De la igualdad, que predicó Jesus.


VII

Ancianos, cuya mano temblorosa
Nos indica la ruta misteriosa
Que debemos seguir;
Bendecid con amor á vuestros hijos,
Para que sigan con los ojos fijos
La estrella que los lleve al porvenir.


VIII

Jóvenes, de la patria la riqueza,
El porvenir está en vuestra cabeza,
Bella es vuestra mision:
Es coronar el noble monumento,
Que simboliza el grande pensamiento
Que inauguró la tierra de Colon.


IX

Sombras de las falanges militares
Que alzaron los escudos tutelares
Al pié del patrio altar;
Dejad caer el casco rutilante
Dejad caer el hierro fulminante
Y vuestra obra venid á contemplar.


X

Naves, alzad las flámulas hermosas
Envueltas por las nubes magestuosas
Del humo del cañon,
Conmemorando los gloriosos dias
En que Chile botó á las ondas frias
En leño audaz su invicto pabellon.


XI

Campos feraces do la mies ondea,
Selvas en donde el pájaro gorjea,
Rios que vais al mar:
Un himno alzad con voz estrepitosa,
Que os fecundó la sangre jenerosa
Que enrojeció las gradas de su altar.


XII

Andes, en cuya frente encanecida
La historia americana está esculpida
En cifra colosal;
Tú que levantas la cabeza al cielo,
Pídele á Dios la lluvia del consuelo
Y á la América baña en su raudal.

X

AL CONDOR DE CHILE
[2]

———

Tú que en las nubes tienes alto nido,
Tiende tu vuelo, condor atrevido,
Que sustentas de Chile el paladion;
Sigue del sol la luminosa huella,
Y trae cual Prometeo una centella
Para incendiar con ella á la nacion.

Para incendiarla en alto patriotismo,
Para animar la antorcha del civismo
Para encender del pueblo la virtud;
Para templar los tibios corazones,
Para quemar los últimos girones
Del manto de la torpe esclavitud.

Estiende, estiende el ala vigorosa,
Cual la vela que en noche procelosa
Alza la nave en negra tempestad;
Vuela á traer la vívida centella
Que en ochocientos diez, fulgente y bella,
La antorcha reanimó de libertad.

Tú sabes ya el camino, ave altanera,
Fuiste de nuestros padres mensajera
Para pedir á Dios chispa inmortal
Y dar fuego de alarma los cañones,
Y derretir los ferreos eslabones
De la innoble cadena colonial.

Tú los viste lanzarse á la pelea,
Blandir la espada, sacudir la tea,
Vencer, y caer en la pujante accion
Mientras que tú, cruzando las esferas
Dabas aire de Chile á las banderas,
Y fuego del patriota al corazon.

Tú los viste en la noche tempestuosa
Guiados por tu pupila luminosa,
Cual por la estrella el navegante audaz,
Escalar de los Andes las montañas,
Esculpiendo en su cima las hazañas
Que realizaron con vigor tenaz.

Allí tambien reverberó tu lumbre
Cuando bajó rodando de la cumbre
Desmelenado el iracundo leon,
A par que retumbaba en la eminencia
El grito atronador de independencia
Que repetia el mundo de Colon.

Desde entonces tu llama se ha apagado,
El corazon del pueblo se ha enfriado,
Y ha muerto el fuego patrio en el altar,
Fuego necesitamos: danos fuego,
Que nuestros ojos abundante riego
De libertad al árbol dieron ya.

Haz por los hijos lo que en otros dias
Hiciste por sus padres, cuando hendias
Las esferas con ímpetu veloz,
Para traer la centella salvadora
Que de ese sol, que el universo adora,
Brotó, y en tus pupilas puso Dios.


Las alas tiende y sube hasta los cielos,
Cual si fueras á traer á tus hijuelos
El alimento que la vida dá;
Y mientras bajas desde el alta esfera
Nuestra voz de Setiembre á la bandera
Con himno popular saludará.

Y cuando venga la centella ardiente
Que del cobarde el corazon caliente
Y nos llene de aliento varonil;
Danos sombra propicia con tus alas,
Mientras que en el espíritu que exalas
Impregnamos la túnica viril.

Despues condúcenos á la victoria,
Traza con luz la senda de la gloria
Que nos lleve sin sangre á la igualdad;
Toma luego en tu pico oliva y palma
Y arrancando una chispa á nuestra alma
Vuélvesela á ese sol de libertad.

XI

LA ORACION DE SETIEMBRE

———

Doblemos la rodilla: ya luce en el oriente
El sol, que en otros dias con brillo refulgente
Inauguró del pueblo la estátua colosal.
Miradle en este templo que alzó la providencia:
Sobre el altar se eleva, fijando la creencia
Que llena nuestras almas de espíritu inmortal.

Chile es el templo inmenso: los Andes sus altares,
Sus flores el incienso, sus cedros los pilares,
Sus aves la armonía, su cielo el pabellon;
Valparaiso el pórtico que sobre el mar se inclina,
Y el sol que nos alumbra, la lámpara divina.
Do arde sagrado fuego de eterna religion.

Mirad cual lo saludan del muro los cañones,
Cual alzan los guerreros sus ínclitos pendones,
En que la estrella luce cual signo de hermandad;
Mirad como se riza del mar la blanca espuma,
Cual se disipa en torno la misteriosa bruma,
Y cual se tiñen de oro los Andes, ¡contemplad!


Oid como resuenan los ¡vivas! nacionales,
Cual desde el alta torre sus glorias inmortales
Publica la campana con lenguas de metal;
Oid como retumban los bélicos tambores,
Los cantos de la infancia, del pueblo los clamores,
Que llenan todo el templo cual coro universal.

Doblemos la rodilla, y en nuestros labios vibre,
Una oracion solemne digna de un pueblo libre,
Que en alas de los ángeles remonte hasta el Señor;
Doblemos la rodilla, y alzando el pensamiento,
En un amor unidos y un mismo sentimiento,
Roguemos al abrigo de un manto protector.

Roguemos por la suerte del mundo Americano,
Porque sus nobles hijos con palmas en la mano
En nombre de un principio se abracen con amor;
Roguemos porque caigan los réprobos caudillos,
Que en el altar sagrado dan filo á los cuchillos,
Para apagar, matando, de libertad el clamor.

Roguemos, porque nunca naufrague la creencia,
Para que tenga un culto la excelsa inteligencia
Que dice á la barbarie:—«¡De aquí no pasarás!»
Roguemos porque todos escriban en sus pechos
Con sangre de sus venas, sus leyes y derechos,
¡Que nunca borrar pueda la tiranía audaz!

Pidamos para el campo las mieses abundosas,
El pan para los pobres, virtud á las hermosas,
Y para el pueblo todo, la luz de la razon;
Y ante la tumba fria do yacen nuestros padres,
Que de laurel eterno cubrieron nuestras madres,
Pidamos para todos de paz la bendicion!

Este es el ruego digno de un pueblo generoso,
El único que al sólio del Todo-Poderoso
En alas de los ángeles la brisa llevará;
Roguemos, que templados por el sublime ruego,
El alma encandecida del entusiasmo al fuego
A otras generaciones su ardor trasmitirán.


Doblemos la rodilla: ya luce en el Oriente
El sol que á nuestros padres encandenció la mente
Para vaciar en ella de Chile la nacion;
¡Silencio! en nuestros lábios como en el arpa vibre
Una oracion solemne digna de un pueblo libre
Que pida para todos Amor y Redencion.

XII

Á LA AMÉRICA

———

Por las fieras hambrientas perseguido
Cruza indómito potro las llanuras,
Y amarrado con fuertes ligaduras
En sus hombros Mazzepa va tendido.

Por la carrera al fin desfallecido
El bruto cae sobre las breñas duras,
Y libre de sus recias ataduras
Mazzepa se levanta rey ungido.

Asi América gime entre cordeles
Al rudo potro colonial atada,
Seguida por la jauría de lebreles;
Y exánime, y sangrienta y lacerada
Corre, cae, se levanta y de laureles,
Resplandece su frente coronada.

XIII

Á LOS MÁRTIRES DE LA INDEPENDENCIA

———

Herido por un dardo en la pelea
Epaminondas cae sobre su escudo,
Abierto el pecho por el dardo agudo
Que mata el cuerpo, pero no la idea.

Y al ver triunfal que su pendon flamea
Afloja de la muerte el fiero nudo
Y dice á Tebas: «Madre, te saludo!
«Quedan mis hijas: Leuctra y Mantinea!»

Tambien dos hijas bellas nos dejaron
Los que el libre pendon dieron al viento,
Y á su sombra su espíritu entregaron;

Hijas son de su esfuerzo y su ardimiento:
La Independencia que ellos proclamaron,
La libertad que dió su pensamiento.

XIV

EL INVÁLIDO

———

No mirais aquel mendigo
De aquella iglesia á la puerta,
Cuya miseria despierta
Simpática compasion;
Y que á todos los que pasan
Tendiendo mano transida,
Pide con voz dolorida
Una limosna por Dios!

Es un mártir de la patria,
Un soldado valeroso
Del estandarte glorioso
Que el hemisferio cruzó;
Soldado que en otro tiempo
Hizo temblar al guerrero
Y que hoy pide al pasagero:
Una limosna por Dios!


Ved: en su manga derecha
Se perciben dos galones,
Y de Maipo los cordones
Que la patria le donó:
Cabo inválido, sin brazo,
Solo le resta en la tierra
Pedir despues de la guerra
Una limosna por Dios!

A la puerta de la iglesia
Rememora sus hazañas,
Y las gloriosas campañas
Que en otros siguió;
Y mostrando con orgullo
De su frente un ancha herida,
Pide con voz dolorida
Una limosna por Dios!

«Fuí soldado de los Andes,
«En Maipo Cabo me hicieron,
«Y las balas deshicieron
«Mi brazo en Ituzaingó:
«Entonces mi voz se oia
«En medio del fuego recio,
«Y hoy me arrojan con desprecio
«Una limosna por Dios!

«De frente! A la bayoneta!
«El coronel nos gritaba,
«Y sin miedo nos llevaba
«A la boca del cañon.
«Al brazo el arma llevaba,
«Metralla y bala llovia,
«Y entonces yo no pedia
«Una limosna por Dios!

«Cuantas veces en los Andes
«Al venir la madrugada,
«En medio de una nevada
«Mi bigote emblanqueció.
«Hoy la nieve de los años

«Mi cabello ha encanecido,
«Y estiendo la mano y pido
«Una limosna por Dios!

«Dónde están mis camaradas
«Del Cerrito y Ayacucho,
«Que mordian el cartucho
«Con indomable valor?
«Dónde están? tal vez ahora
«Duermen en la tumba helada,
«Ó piden con voz quebrada
«Una limosna por Dios!

«Como ellos yo moriré,
«Y en la tierra de mi fosa
«¿Qué alma verterá piadosa
«Una gota de dolor?
«Y cuando en algun camino
«Bajo los años sucumba
«¿Quién dará para mi tumba
«Una limosna por Dios!»

Cesa, cesa en tus lamentos
Cabo lleno de laureles,
Que hay olvidos mas crueles
Que los que llora tu voz:
La República Argentina
Bajo el yugo de un tirano
Pide al mundo americano
Una limosna por Dios!
1838

XV

LA CAMPANA

Profético metal, los ciudadanos
Que de agüero y comento son exentos
A tu voz bailarán por estos llanos,
En tanto que tu voz y tus acentos
Oyen descoloridos los tiranos
Y te atienden los reyes macilentos.
QUEVEDO.
(Polimnia—Musa II.)


I

¡Oh, Campana! de mi Patria
Eres símbolo de gloria:
O heraldo de la victoria,
O intérprete del dolor;
Eres corona de bronce
En los aires suspendida,
Que los fastos de la vida
Publicas con tu clamor.

Tú concretas nuestra historia:
Has dado la voz de alerta,
Golpeando de puerta en puerta
Con tu metálica voz;

Has anunciado las paces
Adornada con la oliva,
Y envuelta con palma altiva
La guerra cruenta y feroz.

Has sido la grave orquesta
De los cánticos triunfales,
Y en los tristes funerales,
Melancólico pregon;
Y colgado de tus cuerdas
Un pueblo de audacia lleno,
Ha hecho brotar de seno
La voz de revolucion.

Y tus ecos tempestuosos
Por el aire resonaron
Cuando en Mayo saludaron
El sol de la redencion,
Cuyo vivífico rayo
Como un martillo de oro
Te dió el acento sonoro
De la estátua de Memnon.

Has publicado cien veces
Por el mundo americano,
Las victorias de Belgrano,
De San Martin y Alvear;
Has proclamado á los pueblos
En medio de la matanza,
Y alentado su esperanza
Los triunfos al publicar.

En las contiendas civiles
Esclava de las facciones,
Te ha arrancado tristes sones
La espada del vencedor,
Y dominando el murmullo
Del pueblo desenfrenado,
Ante el mundo has protestado
Con dolorido clamor.


Y cuando por un tirano
El pueblo se vió oprimido,
Tú articulaste un gemido
Con tu lengua de metal,
Y otra vez sobre tu torre
Sonaras estrepitosa,
Cuando mires victoriosa
La bandera azul flotar.

Eres la voz del destino
Que presides á las horas,
Que con sus alas sonoras
Te golpean sin cesar,
Y tú, su vuelo marcando,
Generosa en demasía,
Devuelves una armonía
Por el golpe que te dan.


II

Al pueblo siempre anuncia la campana
Lo que ha sido, lo que es, lo que será:
Cuando á su trono se alza soberana
La virtud que combate á la maldad;
Y cuando los tiranos en su cuello
Han posado su planta ignominiosa
¡Ay! entonces resuena dolorosa
Cual llorando perdida libertad.

¡Ah! de mi patria saludó el bautismo
Cuando subiendo al rango de Nacion,
Sobre su frente el oleo del civismo
Dios derramó cual sacra bendicion.
Mas hoy llora, cual llora por los muertos,
Porque no tiene pueblo soberano,
Y es el despojo de feroz tirano
La que en sus puños desgarró un leon!

Pero ella ha de sonar en algun dia
En la torre de la alta Catedral,
Para mi Patria anuncio de alegría;

Para el tirano un eco funeral.
Y se alzarán los cánticos sagrados
Como cuando cayeron los leones,
Y cuando cien Británicos pendones
En su techumbre el pueblo hizo colgar.

Y entre incienso, plegarias y armonía,
Entre gritos de Patria y Libertad,
Descenderá la horrenda tiranía,
Se elevará radiante la Igualdad:
No existirán divisas de partidos,
Será el color azul, de los hermanos,
Que para combatir á los tiranos
Se abraza con amor la sociedad.

Envuelto en un pendon ensangrentado
En el pendon azul de la Nacion,
Conducirán el cuerpo de un soldado
Tendido en la cureña de un cañon,
Y al pié de la pirámide de Mayo
El cadáver del mártir colocando,
De laureles su frente coronando
Le votarán espléndida ovacion!

¡Muera yo así en mi Patria redimida
Dejándola con gloria y libertad!
¡Muera yo así cantando en mi caida
El himno de la Paz y la Igualdad!
¡Pueda llegar hasta el hermoso dia,
En que suba mi Patria á su alto asiento,
Y ábranse con estruendo en el momento
Las puertas de la negra eternidad!
1839

XVI

SATIRA Á SANDOVAL

AL TRAIDOR QUE ENTREGÓ Á ORIBE Á LAS ILUSTRES VÍCTIMAS
AVELLANEDA Y VILELA

Le traite se fait justice
Il se chasse de nos rangs
Ah! que son nom retentise
Maudit par nos veterans!
Barthelemi.

Prendiendo fuego á un templo portentoso
Erostrato su nombre eternizó;
Vendiendo Judas á Jesus piadoso
Su fama en el Madero se esculpió.

Entregando al verdugo dos cabezas
Te has hecho en nuestros fastos inmortal,
Que si no tienes que contar proezas,
Tienes una traicion ¡vil Sandoval!

¡Vil Sandoval! tu nombre será eterno,
Como un remordimiento le has de oir,
Y hasta tocar el linde del infierno
La maldicion de Dios te ha de seguir.


Siete veces traidor, tú, miserable,
De la historia en el libro vivirás,
Como en jardín ameno y deleitable
Vive entre flores el reptil audaz.

Tú te has hecho justicia con tu crimen:
Mi noble patria batirá las manos,
Al ver que en tí sacuden sucio limen
Los libres que combaten á tiranos.

Signe por esa huella ensangrentada
Que el verdugo señala con su planta,
Y encontrarás al fin de la jornada
Un buen cordel que oprima tu garganta.

Y mientras tu amo el látigo sangriento
Hace sobre tu espalda resonar,
Yo empuñaré el azote del tormento
Para tu nombre infame flajelar.

Tu nombre dije! En qué gloriosas lides
Entre la voz del plomo resonó?
Entre qué renombrados adalides
Tu acero vencedor relampagueó?

Mas no en batallas se probó tu aliento:
En pulperías fueron tus campañas,
Armado con un naipe mas mugriento
Que el corazon que abrigan tus entrañas.

Pérfido el vaso de licor tendiendo
Y bajo el poncho armando la cuchilla,
Y á tus contrarios por la espalda hiriendo,
Seguido por vandálica gavilla;

Tendido entre las patas del caballo,
En vez de sangre revolcado en vino:
Tales son tus proezas, vil lacayo;
Tales tus hechos son, vil asesino.

Escoria de la fragua de los vicios,
Tahur, ladron, borracho y asesino!

Tu eterno compañero es el suplicio;
Traicionar á los libres, tu destino.

Ojos de gato, lengua de serpiente,
Garras de tigre, boca de lagarto!
Satan sin duda con un beso ardiente
Selló tu rostro en la hora de tu parto.

Y al contemplarte mísero gusano
En medio de una gloria colosal
Dijiste tú:—«Ya no pondré mi mano,
«Adonde alcance con su pié triunfal:»

Y envidiando el laurel de la derrota,
Y de los libres la postrera gloria,
Fuiste á vender cual miserable ilota,
Los hijos de la patria y la memoria.

Sí, que la inmensa gloria de los bravos
No era para tus hombros sin pujanza:
Debes cargar cadenas entre esclavos,
No de los libres la quebrada lanza.

Los libres solos su bandera alzando
Con doble esfuerzo treparán los Andes,
Y entre Argentinos el aliento dando
Los buenos solo llamaránse grandes.

Tú, Sandoval, tan ínclita guirnalda
Con tus manos inmundas no ajarás,
Porque ese hierro que marcó tu espalda
Te ha impreso ya su cicatriz tenaz.

No azul pendon te prestará su sombra
Sino la planta del señor feroz,
Que haciéndote servir como de alfombra
Te lanzará iracundo, torpe coz.

El lodo cubra tu cabeza infame,
Tu cuello dobla al récio bofeton,
De tu señor el pié sangriento lame,
Y de tu labio mane corrupcion!


Sicario vil entre sicarios seas,
Sucios insectos cubran tus heridas,
Arrastrado cual vívora te veas,
Y Dios te dé para sufrir, mil vidas!

Sangre bebas en vez de linfa pura,
Sangre tan solo bebas por do quier,
Y al entrar en el lecho, sangre impura
De la almohada veas tú correr!

El mas cobarde escúpate á la cara,
Tu nombre sea voz de deshonor,
Mientras mi musa con candente vara
Fija en tu frente el nombre de TRAIDOR!

La maldicion del mundo eternamente
En tu oido resuene noche y dia,
Y las furias con látigo crujiente
Te precipiten á la tumba fria!

Que por las furias siempre perseguido
Llegues á la mansion de Satanás,
Y al darte abrazo estrecho, estremecido,
Dedos ardientes sientas por detrás.

Y que te brinde copa reluciente,
Y al apurarla lleno de embriaguez,
En la lengua te pique una serpiente,
Que surja enfurecida de la hez.

Luego te traiga naipes caldeados,
Y te obligue con ellos á jugar,
Y sientas por tus dedos abrasados
Tu negra sangre á chorros destilar.

Y levantando un coro de clamores
Los demonios, al son de ronca trompa,
Te arrojen donde yacen los traidores,
Con infernal y con grotesca pompa!
1841

XVII

GRITO DE ALARMA

(DESPUES DE LA DERROTA DEL ARROYO GRANDE EN 1841)

———

Alzaos del polvo inerte
Vencidos, no domados,
Cerniendo la melena
Como soberbio leon;
Alzaos, y ante los bustos
De hermanos degollados,
Levante un pueblo libre
Su alejado pabellon.

Si conservais alientos
Y sangre en vuestras venas,
El aire que os circunda
De fuego llenaré,
Y la dorada copa
Que el entusiasmo inspira,
Al silvo de las balas
Tranquilo os brindaré.


Mas si temblais cobardes,
En vez de altivos cantos
Viriles maldiciones
Levantará mi voz;
Y en vez de alzar la copa
Del génio de la patria,
Os lanzaré mi lira
Con ímpetu feroz.

Oid, que del poeta
Las voces son augustas,
Ya entonen la agonía
O el cántico triunfal
A su eco se levantan
Los pueblos oprimidos,
Y en pechos maldecidos
Esconden el puñal.

A su eco se alza el pueblo
Rompiendo sus cadenas,
Con brazos vigorosos
Mas duros que el metal,
Y si en la dura lucha
Dan vuelta las espaldas,
Vuelven, si dá la lira
De alarma la señal.

Un dia fué en la Grecia
Que en medio á la derrota
Los cantos de Tirteo
Se oyeron resonar,
Y revolviendo al punto
Los escuadrones rotos,
El lauro de victoria
Supieron rescatar.

Será que ya en el mundo
No exista el entusiasmo,
Ni acorran á la patria
Los hombres de esta edad?
¡Oh, no! los corazones

Sacudan ese pasmo,
Y asiendo de la espada
Gritemos: «¡Libertad!»

La libertad no ha muerto,
Y en la sangrienta arena
Donde se vé postrada
Su aliento no rindió:
De heridas traspasada,
Y en rojo humor teñida,
En sus convulsas manos
Nuestro laurel salvó.

Secad el triste lloro
Que baña las mejillas
Al sol de la esperanza
Que miro ya lucir,
Los pueblos no se salvan
Con infecundo llanto,
Sinó queriendo altivos
Ser libres ó morir.

Agrúpense los libres
Al pié de la bandera,
Que las legiones rotas
Aun hacen tremolar,
Y firmes, denodados,
Velando en la trinchera,
Como la sombra al cuerpo
La sigan sin cesar.

Al que á su puesto falte,
Al que la muerte tema,
Al que cobarde tiemble
¡Oprobios veces mil!
Los cascos de los potros
Que doman los valientes
Pisen esas cabezas
Sin nervio varonil.

Verán á los bandidos
Sus puertas derribando,

Violadas en su lecho
Las prendas de su amor,
Y en medio á la algazara
De torpes asesinos
Los cráneos de sus hijos
Colmados de licor!

Honor á los valientes
Que vibren el acero
Confiando en nuestra causa
Con grande corazon;
Y firmes como roca
La espada levantando,
De esclavos y tiranos
Detengan la invasion!

Honor al que en las filas
Peleando como bueno,
Consagre á sus hermanos
La vida en oblacion!
La palma del martirio
Circundará su frente,
Que de los hombres libres
Tendrá la bendicion!

El fuego y el acero
Llevamos en las manos,
Lidiemos con denuedo,
Caigamos con valor,
Y antes que ver la patria
Revuelta por el fango,
En pálidas cenizas
Salvemos el honor.

Luchad como valientes,
Porque do quier que vayais,
Como á traidores viles
El mundo escupirá;
Luchad, que defendemos
El último baluarte,
Donde salvar podremos
La gloria y el hogar.


¡Al arma! Al arma! Al arma!
Y el grito repetido
Haga vibrar las almas
Con súbita emocion,
Y en torno de la hoguera
Que brilla moribunda,
Encienda sus antorchas
Del pueblo la legion.

Arriba, ciudadanos,
Dando de ¡alarma! el grito
Alzad vuestra bandera,
Rodead el patrio altar,
Antes que el nuevo Atila
Pisando vuestras sienes
Os haga á latigazos
Del polvo levantar.

De frente, infantería!
La boca en el cartucho,
La cara al enemigo,
La mano en el fusil,
Soldados, adelante,
Rompamos esas filas:
Quien caiga será grande,
Quien huya será vil!

Valientes escuadrones
Que en ardorosos potros
Oís con lanza en ristre
Los ecos del clarin,
En cargas redobladas
Romped esas legiones,
Que alzan bandera roja
Del campo en el confin!

Tranquilos artilleros,
Al pié de la cureña,
Ardiente lanza-fuego
Tended sobre el cañon;
Y entre humo y entre sangre,
Y en nubes de metralla

Vomite cada bronce
Muertes y destruccion!

Prudentes timoneros
Que con membrudos brazos
Luchais contra las olas
Que agita el huracan,
Poned la proa al viento
Con ánimo esforzado,
Fijando el gobernalle
Con mano de tiran!

Alzad, de alarma al grito,
Vencidos, no domados,
Cerniendo la melena
Como soberbio leon;
Alzad y ante los bustos
De hermanos degollados,
Levante un pueblo libre
Su ajado pabellon.

XVIII

HIMNO

AL 25 DE MAYO

(ARREGLADO Á MÚSICA)

Coro

Libertad, sube á tu trono
De la gloria en el broquel,
Agitando nobles palmas,
Coronada de laurel.

Estrofa

Como la flor hermosa
De cáliz recojido,
Que se abre al estallido
Del rayo destructor,
La Patria, al ronco estruendo
Del rayo de la guerra,
En Mayo dió á la tierra
Su aroma y esplendor.


Coro

Libertad, sube á tu trono
De la gloria en el broquel,
Agitando nobles palmas,
Coronada de laurel.

Estrofa

Esclava Buenos Aires
Gemía en desconsuelo,
Cuando brilló en el cielo
De libertad el sol,
Y entre flotantes nubes
El astro colocando,
Dijo, su sien orlando:
«¡Mirad mi pabellon!»

Coro

Libertad, sube á tu trono
De la gloria en el broquel,
Agitando nobles palmas,
Coronada de laurel.

Estrofa

Dando de alarma el grito
Con eco poderoso,
El pueblo generoso
La espada desnudó;
Y destrozó cadenas,
Y derribó coronas,
Y en las opuestas zonas
Laureles conquistó.

Coro

Libertad, sube á tu trono
De la gloria en el broquel,

Agitando nobles palmas,
Coronada de laurel.

Estrofa

Los héroes con su sangre
Sellaron la victoria,
Cayendo con su gloria
Bajo el sagrado altar,
Y el pueblo agradecido
Sus nombres rememora,
Que el sol de Mayo dora
En la urna tumular.

Coro

Libertad, sube á tu trono
De la gloria en el broquel,
Agitando nobles palmas,
Coronada de laurel.

Estrofa

Alzando verdes palmas
Tejidas con el lirio,
La gloria y el martirio
Reciba su ovacion;
Y alzando patrios himnos
Que vuelen por los aires,
Levante Buenos Aires
Su invicto pabellon.

Coro

Libertad, sube á tu trono
De la gloria en el broquel,
Agitando nobles palmas,
Coronada de laurel.

LIBRO SEGUNDO

ARMONÍAS DE LA PAMPA

———

I

Á UN OMBÚ

EN MEDIO DE LA PAMPA

———

Cual rústico campanario
Que en la campaña desierta
Indica al hombre la puerta
Del melancólico osario
Que ampara su vecindad;
Ahí estás, ombú gigante
A la orilla del camino,
Anunciando al peregrino
Que bajo el tronco pujante
Duerme por siempre un mortal.

La tempestad te acaricia
Con sus alas tenebrosas,
Y en tus entrañas hojosas
Te da con grata delicia
Ardientes besos de amor;

Y con atléticos brazos
Junto á tu tronco la aferras,
Y entre tus ramas encierras
Con titánicos abrazos
Su estrepitoso clamor.

Y tú á su voz amorosa
Enamorado palpitas,
Tu cabellera lujosa
En el seno precipitas
De la recia tempestad;
Y te envuelve con su manto
Que el relámpago colora,
Tu frente que el rayo dora
Te la riega con el llanto
De la mústia soledad.

Y celosa de la tierra
Que te nutre con su seno,
Ruge como ronco trueno,
Tus raices desentierra
Con delirante furor.
Cuando te siente postrado
Entre tus ramas suspira,
Y cual armónica lira
Lanza tu tronco humillado
Ecos de tierno dolor.

Al lucir el alba pura,
En la Pampa ya no brillas,
Y tus hojas amarillas
Rodando por la llanura
Van á perderse en el mar.
Los cisnes de la rivera
Que visten plumas de nieve,
Meciéndose en la onda leve
Siguen tu traza lijera
Por las ondas de cristal!

Eres la verde guirnalda
De la cabaña pajiza,
Que vas marchando de prisa

Con el pasado á tu espalda
Y á tu frente el porvenir.
Donde huye la tribu errante
Y clava el hombre su planta,
Tu cabeza se levanta
Cual la de inmenso gigante
Que está diciendo: «hasta aquí.»

Tú señalas las barreras
Que dividen al desierto,
Y oyes el vago concierto
Que alzan las auras ligeras
De la Pampa en el umbral.
Eres lo último que muere
De la morada del hombre,
Y sin registrar un nombre
Estás diciendo al viajero
Que allí descansa un mortal.

Deten tu paso y escucha
El gemido del hermano,
El rugido del tirano,
El estridor de la lucha...
¡De la lucha fraternal!
El alarido de guerra
A tus espaldas retumba,
La libertad se derrumba,
De horror palpita la tierra
Que en sangre teñida está.

¡Ah! prosigue tu camino
Por la pampa solitaria:
La tiranía es precaria
Y con esplendor divino
Se alzará la Libertad.
Sí, prosigue tu carrera,
Por la llanura estendida,
Y alza en tu cima florida
Del porvenir la bandera
Y del hombre la Igualdad.


Mas ¿qué miras? La campaña
Que á lo lejos se dilata,
El arroyuelo de plata,
El cielo que nada empaña,
O el inmenso pajonal?
No, tú miras á lo lejos
Al trasponer aquel monte
En el lejano horizonte,
Como en mágicos espejos
Lo que es y lo que será.

Miras la pampa argentina
De ciudades matizada,
Y por mil naves surcada
La laguna cristalina
Que hoy cubre verde juncal;
Miras la pobre cabaña
Que en palacio se transforma,
Y que al tomar nueva forma
Una nueva luz la baña
Con resplandor sin igual.

Míras al indio tostado,
Que lanzando un alarido
Vá huyendo despavorido
Por el llano dilatado
En pavoroso tropel;
Y tras él, el tigre fiero
Que abandona su dominio
Hoy teatro del exterminio,
Que ocupa un pueblo altanero
Y que transforma en vergel.

No pases mas adelante
Que mas lejos, abatido,
Marchito y descolorido
Verás al ombú gigante
Hoy de la pradera rey:
Y en su lugar la corona
Verás alzarse del pino,
Que unido al hierro y al lino

Sirve al hombre en toda zona
Para dar al mundo ley.

Ese destino te espera
Arbol cuya vista asombra
Que al caminante das sombra,
Sin dar al rancho madera,
Ni al fuego una astilla dar;
Recorrerás el desierto
Cual mensajero de vida,
Y tu mision concluida
Caerás cual cadáver yerto
Bajo el pino secular.