That live to weep, and sing their fall.
Grey, oda X.
Yertos están sus labios generosos
Sellados por la muerte y la quietud;
Mudos están sus ecos dolorosos.
Mudo tambien su armónico laud.
Mústios están los ojos que abatia
Al contemplar un libro amarillento,
Buscando en él como en la fuente fria
Saciar su sed el viajador sediento.
Marchita está su frente luminosa
Sellada por el genio del dolor,
Pero aun brilla la chispa misteriosa
Que estampó con su dedo el Hacedor.
Y en vano bramarán las tempestades
En alas del furioso vendabal,
Ha de arder al través de las edades
La llama de su genio celestial.
———
Llorad, llorad en torno de la fosa
Del bardo fiel que su mision llenó,
Y que las plantas de su Patria hermosa
Con versos aromáticos bañó.
Llore tambien el mísero mendigo,
Y el desvalido en miserable lecho,
Cayó sin vida el que con voz de amigo
Defendiera su pan y su derecho.
Llorad, llorad, poetas orientales,
Al que cantó las penas del Esclavo,
Al que en la Cruz, con versos celestiales
Cantó, pendiente del sangriento clavo;
Que como Job sobre la piedra dura
Inflamado de espíritu inmortal,
Brillaba su alma transparente y pura
Tendido sobre inmundo lodazal.
———
Pasagero en el valle de la vida
Clavó su tienda en medio del desierto,
Y en busca de una linfa apetecida
Cruzó animoso el arenal incierto.
Y al percibir en su cabeza ardiente
Del genio de la muerte helada brisa,
En su rostro de luz resplandeciente
Brilló inefable y plácida sonrisa.
Y era porque su mente se adormia
Sobre la almohada de la eterna fé,
Y era que el desterrado sonreia
Al estampar sobre su patria el pié.
Y al apagarse en su fulgor naciente
La purísima aurora de su edad,
Brilló sobre su tumba, refulgente,
La aurora de la inmensa eternidad.
———
Envuelto por el humo del combate
Su canto fué de paz y bendicion,
Y de la lucha entre el feral embate
Puro permaneció su corazon.
El genio le ciñó con sus espinas,
Su herencia fué una lágrima de hiel,
Pero de sus creaciones peregrinas,
Brotan torrentes de armonía y miel.
Descendió como un mártir á la arena
Atleta de la Paz y la Igualdad:
Destrozando del hombre la cadena
Dió consuelo á la triste humanidad.
Con la osadía del apóstol fuerte
De la verdad la antorcha reanimó,
Y al caer en el abismo de la muerte
Encendida á su borde la dejó.
VII
AL VIOLINISTA CAMILO SIVORI
IMPROVISADO DESPUES DE UN CONCIERTO
———
Muda el alma de asombro en tu presencia
Cuando vibraba el arco palpitante,
Con eco penetrante
Sintió la cuerda armónica llorar.
Una lágrima tibia brotó de ella
Que se mezcló á tus blandas armonías,
Y en dobles simpatías
Vibró al compas el arco y corazon.
Al eco misterioso de los bosques
Uniste al trino puro de las aves,
Y en melodías suaves
Brotó tu inspiracion como raudal.
El ángel de las santas armonías
Cubrió tu frente con sus alas de oro,
Y en tu violin sonoro
De Paganini el alma suspiró.
El pueblo que en silencio te escuchaba
Ante tu genio doblegó la frente,
Y escuchó reverente
De tu arco la inmortal revelacion;
Que si al pisar la corte de los Reyes
Una joya te dió de sus coronas,
De América en las zonas
Al pueblo soberano diste ley.
VIII
¡ADIOS POR SIEMPRE!
I
Triste es cruzar el mundo peregrino
Para encontrar en medio del camino
Una flor que nos llene de embriaguez,
Y continuar su marcha fatigosa
Dejando atras aquella flor hermosa
Que ya no encontraremos otra vez.
Así al cruzar el valle de la vida
Te miré y admiré flor bendecida,
Caida de la corona de mi Dios,
Y seria feliz al contemplarte
Si no tuviese pronto que dejarte
Y decirte por siempre: ¡Adios! Adios!
II
Mas si el dejarte es triste y doloroso
Recordarte será muy deleitoso
Si una dulce memoria he de llevar;
Porque el recuerdo es la perenne esencia
Que perfuma del hombre la existencia
Y en el tiempo pasado hace gozar.
Y por eso en la copa de amargura
Que en este trance el seco labio apura,
Encuentro algunas gotas de dulzor,
É inclinando ante tí la frente mústia
Comprendo que aun en medio de la angustia
Hay consuelo en decirte: ¡Adios! Adios!
III
Como árbol que dió sombra en el desierto,
Cual la estrella guiadora en viage incierto,
Como las horas de la verde edad,
Como agua clara al viajador sediento,
Cual pan sabroso para el labio hambriento,
Así recordaré yo tu beldad.
Como la lumbre en noches del invierno,
Como el recuerdo de un afecto tierno,
Como el acento de la amada voz,
Así, tú serás grata á la memoria
Del que al darte una ofrenda transitoria
Te dice entristecido: ¡Adios! Adios!
IV
Las personas que viven siempre unidas
Suelen á veces contemplar caidas
Las hojas del amor y del placer;
Hojas que de la espléndida guirnalda,
Bajan de la belleza hasta la falda,
Y el viento del dolor viene á barrer.
Mas nunca lloran su ilusion perdida
Los que se van en medio de la vida
Para encontrarse en brazos de su Dios,
Porque siempre se miran en la mente
Como cuando esclamaron tristemente
Al dejarte por siempre: ¡Adios! Adios!
V
Solo puede dejarte mi cariño
Esta guirnalda que á tu frente ciño
Adornada con flores de amistad;
Flores del alma que brotaron bellas
Al calor de esos ojos que destellas
Iluminando el alma en su mirar.
¡Adios! Adios! no quede ya perdido
Entre la negra noche del olvido,
Y que el recuerdo sea de los dos;
Y cristaliza en tu alma aquesta gota
Que tibia y pura de mis ojos brota
Al decirte por siempre: ¡Adios! Adios!
IX
¡COMO TÚ!
ESCRITO Á ORILLAS DEL QUEGUAY
———
Es el Queguay[8] un rio trasparente
Cual urna de purísimo cristal,
Cuyo fondo se ve puro y tranquilo
Como el fondo de tu alma angelical.
Quieta es la superficie de sus aguas
Si el viento no la agita con furor,
Como tu frente es cándida y serena
Si no la agita el soplo del amor.
En el lecho pedroso do descansa
Se deslizan sus aguas con quietud,
Como tus horas corren no sentidas
Por el sendero fiel de la virtud.
Los sauces que coronan sus riveras
Hunden su verde copa en el Queguay,
Cual tu frente en mi seno cariñoso
Blando se inclina envuelto con un ¡ay!
Los ubajais[9] ocultan en sus ramas
Pájaros bellos, raros en matiz,
Como tu mente abriga mil ideas
Que hace brotar la inspiracion feliz.
Del Uruguay[10] dos gigantescos brazos
Oprimen su cintura en derredor,
Como tu talle esbelto y delicado
Circuye en torno el brazo del amor.
Esconde la rivera entre sus guijas
Las perlas con el nacar y el coral,[11]
Como atesora tu alma rica y bella
De angélicas virtudes un caudal.
La brisa de la noche entre sus hojas
Hace brotar suspiros de dolor,
Cual de tus labios ecos misteriosos
El delirante beso del amor.
La selva umbría que lo guarda en torno
Impide ver sus ondas de cristal,
Cual del pudor el velo misterioso
Sombrea tu semblante sin igual.
La blanca aurora rompe el denso velo
Que sobre sus espaldas se ve ondear,
Cual tú, graciosa, al despertar apartas
El pelo de oro que robó tu faz.
En sus ondas azules se reflejan
Del cielo la bonanza y tempestad,
Cual tus ojos azules reproducen
De otros ojos la sombra y claridad.
Sus linfas puras entre fango nacen
Mas cristalinas caminar se ven,
Cual tú nacida de la tierra impura,
Pura te miro caminar tambien.
X
DESPEDIDA
———
Adios, mujer nacida para inspirar amores,
Nacida como nacen en el jardin las flores,
Para esparcir en torno su misterioso olor;
¡Adios! palabra amarga que sale de mi seno,
Y que mis labios quema como letal veneno,
Cuando en mis ojos brilla la gota del dolor.
Adios, mas no por siempre: un mundo hay mas hermoso,
Y cuando al seno vueles del Todo-Poderoso
Volverte á ver espero tan bella como aquí;
Pero si en el inmenso celeste paraiso
A tí no te encontrase, mi celestial hechizo,
Los celestiales goces tristes serán sin tí.
Adios, vuelvo á decirte, adios ángel divino,
A quien pusiera el cielo delante mi camino
Para calmar mis horas de doloroso afan;
Desde el momento mismo que pude contemplarte,
Mi corazon ardiente tan solo supo amarte,
Como en la vida se ama, solo una vez no mas.
Adios, sueño querido, que me halagó un instante
Cuando soñé demente que un corazon amante
Latia sobre el mio con férvido afanar,
Adios, visiones vagas que atormentais mi pecho
¡Oh no volvais ya nunca á visitar mi lecho,
Que aunque soñar es dulce, muy triste es despertar!
Adios, adios por siempre, celestes fantasías
Que al corazon tranquilo, y en mas serenos días,
Brindaron halagüeñas, dichoso porvenir,
Pasad engañadoras visiones peregrinas:
En vez de frescas rosas tan solo piso espinas,
Y el sol de mi esperanza no veo ya lucir.
¡Adios!... mas no es posible dar un adios eterno
A tu divina imágen y á tu recuerdo tierno,
Que mi inmortal memoria no olvidará jamas;
Delante de mis ojos siempre estarás presente,
Y en mi alma, y en mi pecho y en mi abrasada mente
Tu imágen deliciosa se gravará tenaz.
Yo sentiré en la brisa tu perfumado aliento,
Tu voz consoladora traerá á mi oido el viento,
Y te veré en las nubes cruzar como vision;
Yo sentiré tus pasos en medio á las tinieblas,
Y al ver cubrirse el aire de transparentes nieblas,
Tus blancas vestiduras veré yo en mi ilusion.
Oh, si el destino crudo de tí no me apartara,
Si de los patrios lares ¡ay Dios! no me arrojara,
Mi porvenir entero se cifraría en tí!
Porque al mirar tu rostro tan cándido y divino
Veo que mi destino se liga á tu destino;
Veo que para amarte tan solo yo nací.
Entonces tú serías la refulgente estrella,
Que iluminases pura la fatigosa huella
Que el hombre en este mundo tiene que atravesar;
Entonces tú serías el sol de mi existencia,
Entonces estasiado de amor en tu presencia
De amor entre tus brazos quisiera yo espirar.
Entonces por tus gracias celestes inspirado
La lira del poeta pulsára entusiasmado
Y á tí te dedicára mis cánticos de amor.
Oh, tú me inspirarias canciones inmortales,
Y al oirlas estasiados, del orbe los mortales,
Tu nombre repitieran con alta admiracion.
Entonces fuera grande, por tu esplendor guiado;
Con el laurel del genio me viera coronado
Para arrojar coronas de glorias á tus piés...
Qué digo de coronas de gloria en mi delirio?
Yo siento la corona del perennal martirio
Clavando sus espinas en mi marchita sien.
Adios, de nuevo os digo, sueños encantadores,
Dejad en mis oidos de susurrar amores,
Que aunque soñar es dulce, muy triste es despertar:
Posaos sobre la almohada de la mujer que adoro,
Llevadle algunas gotas de mi amoroso lloro,
Para que en medio al sueño me pueda recordar!
XI
TU ESTRELLA
(CANCION ARREGLADA Á MÚSICA)
———
En medio de la noche
Al contemplar tu estrella,
En su fulgente huella
Mi alma te busca á tí;
Y pienso que al mirarla
Brillando placentera
En celeste esfera,
Te acordarás de mí.
Ausente de tu lado
Mirando ese astro bello
Creeré ver un destello
Emanacion de tí;
Y esclamaré con ansia:—
Tal vez la hermosa mia
En medio á la alegría
Se olvidará de mí!
Cuando de tí me aleje
Y á los combates vaya,
En medio á la batalla
Me acordaré de tí,
Y esperaré la noche
Para calmar mi anhelo,
Interrogando al cielo:—
¿Se acordará de mí?
¡Adios! nunca me olvides,
Y que tu estrella amiga
Siempre á tu mente diga
Que estoy pensando en tí:
Y si en el campo caigo
Por la metralla muerto,
Mira ese rayo incierto
Y acuérdate de mí.
XII
NADA DIRÉ
———
La belleza se ciñe la corona
Que entretege el amor y la amistad,
Arrancando una flor á cada zona,
Tomando un pensamiento á cada edad.
Y la contempla el mundo entusiasmado,
Coronada, de pié sobre el altar,
Sobre el altar de joyas incrustado,
Cubierto de jazmines y azahar.
Por eso guardo mi modesta ofrenda
Que es la silvestre y solitaria flor,
Que á tu corona, de las gracias prenda,
Dar no puede fragancia ni esplendor.
Yo que no tengo cortesano genio
Nada quiero decir ante tu altar,
Cuando otros mil las flores de su ingenio
Á tus plantas vendrán á derramar.
Nunca con alabanzas fementidas
Incensaré las luces de tu faz,
Solo palabras tiernas y sentidas
En vez de incienso mentidor tendrás.
No en la trípode de oro del poeta
Belleza celestial te cantaré,
Pero tendrás mi admiracion secreta,
Y poseerás del corazon la fé.
No te diré si es bella tu cabeza,
Ni si tienes de Fidias el perfil,
Ni si tu frente, cielo de pureza,
Está cubierto con estrellas mil.
No te diré si tu alma resplandece
Como diamante en urna de cristal,
Ni si tu seno blando se estremece
Como la niebla al soplo matinal.
No te diré si el labio que enamora
En sus palabras desparrama miel,
Ni si al caer, cual perlas del aurora,
Hacen brotar las flores del vergel.
No te diré si tus hermosos ojos
Son dos astros que Dios dejó caer,
Para alumbrar los púdicos sonrojos
Que tus mejillas suelen encender.
No te diré si tus cabellos rubios
Que circundan tu frente cual capuz,
Llamas son de magnéticos efluvios
Que de tu mente vuelan á la luz.
No te diré si tus airosos brazos
Los gajos son de madreselva en flor
Si se entreabren para dar abrazos
Y al pino añoso visten con amor.
Solo diré:—«Jamas á tu cabeza
Falte la eterna flor de la virtud,
Ni la sonrisa falte á tu belleza,
Ni al corazon le falte su quietud.»
XIII
EN EL ÁLBUM
DE LA HIJA PÓSTUMA DE UN COMPAÑERO DE ARMAS
———
En el libro inmortal de nuestra historia
Busco un nombre que guarda mi memoria
Y tu filial amor,
Y al encontrar la página enlutada
La veo al mismo tiempo señalada
Por una fresca y perfumada flor.
XIV
VERSOS
(EN UNA CORONA DE LAUREL)
———
Si faltase una hoja á tu corona
Y colocarla fuese dado á mí,
Sea ese lauro que á tus sienes falta
La admiracion que te consagro á tí.
XV
UN RETRATO SIN NOMBRE
———
Quiero hacer tu retrato, mujer bella
Mirando de tu rostro la hermosura,
Que irradia en torno suyo la luz pura
Como desde los cielos una estrella...
Mas no tengo un pincel con que pintarte,
Que el cielo me ha negado el don precioso
Que al lienzo dá trasunto primoroso,
La inspiracion uniendo con el arte.
Y el mas hábil pintor nada podría
No teniendo del iris los colores,
Y los varios matices de las flores,
Que en tu persona brillan á porfía.
Cómo pintar tu rostro de azucena
Sin combinar los cándidos jazmines
Al brillo de la nieve en los confines
Alumbrada por luz blanca y serena?
¿Cómo pintar tu rubia cabellera
Que en ondas de oro baja de tu frente,
Sin las hebras de luz del sol ardiente
Cuando espléndido brilla en alta esfera?
Sin el sereno azul del firmamento
¿Cómo pintar de tu ojo la dulzura,
Y esa mirada cariñosa y pura
Que hace olvidar al hombre su tormento?
Sin las rojizas nubes de occidente
¿Cómo dar vida á tus purpúreos labios,
Que hacen borrar del mundo las agravios
Cuando al hablar se entreabren dulcemente?
¡Oh, jamas! del artista la paleta
Esas tintas tendrá para pintarte!
Y si alguno pudiera retratarte
Seria en su entusiasmo algun poeta!
Ven á mis manos, armoniosa lira:
Quiero cantar la gracia y la belleza,
Que el entusiasmo que arde en mi cabeza
Manda que cante á la beldad que inspira.
———
No encuentro nombre que darle
Y mi ardiente fantasía
No tiene la poesía
Que esa imágen tiene en sí.
Cantaré sus perfecciones
Mucho mas bellas al verlas,
Mas si quereis comprenderlas
A contemplarlas venid.
¿La conoceis? es un ángel
Bajado del alto cielo,
Para verter el consuelo
Del hombre en el corazon:
Es una cosa sin nombre
Como una luz misteriosa,
Como vision vaporosa,
Como un acento de amor.
Es blanca como la luna,
Es pura como una estrella,
Es tan cándida y tan bella
Cual la primer luz del sol,
Como esa luz que se mezcla
A los tintes de la aurora,
Y el verde campo colora
Con espléndido arrebol.
Es una cosa sin nombre
Entrevista en un ensueño,
En que se mira el diseño
Y no se puede esplicar,
Ó cual los ecos sin nombre
Que en mágica melodía
De la noche en la armonía
El alma suele escuchar.
Es una cosa sin nombre
Cual las quejas del amante,
Cuando suspira anhelante
De la música al compas;
Como el perfume que exhala
El cáliz de una flor pura,
Que inspira amor y ventura,
Y alivia el dolor tenaz.
Como el sol en el ocaso
Cuando moribundo arde,
Cual la estrella de la tarde
En la calma celestial;
Como el canto de las aves
En la enramada florida,
Ó cual sílfide vestida
De vaporoso cendal.
Es una cosa sin nombre
Como esas blancas visiones,
Que en largas meditaciones
Pasan con vuelo fugaz;
Ó como el blando murmullo
Que se oye en la selva umbría,
Cuando de la noche fria
Sopla la brisa fugaz.
Sol, estrella, luna, flor,
Aurora, sílfide, brisa,
Que alumbra con su sonrisa
Y alumbra con su mirar,
Es original sin tipo
Que encierra en sí al universo,
Y que no es dado, ni al verso,
Ni al pincel el retratar!
———
La lira cae de mi cansada mano,
Y me siento vencido en tu presencia:
Perdóname si quise en mi demencia
Tu candorosa imágen retratar.
No es dado á los pinceles ni á la lira
Ofrecer de tus gracias una idea,
Y todo aquel que tus encantos vea
Admirarlos podrá, mas no copiar.
No vivirás en mármoles, ni en lienzos,
No robarán tus formas los cinceles,
Ni colores darás á los pinceles
Para causar al mundo admiracion,
Por eso yo, tu rostro contemplando,
Hice un bosquejo en vez de tu retrato,
Mas me consuela el pensamiento grato
Que tu retrato está en mi corazon.
XVI
NOCHES DE DICIEMBRE
———
En esas noches serenas
De Diciembre delicioso,
Cuando entregada al reposo
La tierra parece estar,
Y cuando la blanca luna
Cruza el ancho firmamento,
Absorto en mi pensamiento
Yo me complazco en vagar.
Miro brillar en el cielo
Las estrellas encendidas,
Letras de luz esparcidas
Por la mano del Creador,
Que en inefables palabras
Revelan nuestro destino,
Y señalan el camino
Del audaz navegador.
Miro la onda agitada,
Que corona leve espuma
Y entre misteriosa bruma
Melancólica gemir;
Y en la playa solitaria
Estenderse blandamente,
Y bajo otra ola rugiente
Desfallecida morir.
Miro del árbol sombrío
Como se ajita el ramaje,
Mientras el verde follaje
A compas se oye vibrar.
Como si un aéreo coro
En él tuviese su nido,
Para recrear el oido
Con misterioso cantar.
Miro cruzar por el aire
Mil fantasmas vagarosas,
Cual las sombras vaporosas
Que en sueños vemos pasar,
Y por la mente, alumbrada
Con el reflejo del alma,
Las miro en plácida calma
Lijeras atravesar.
Entonces mi alma estasiada
Se desprende de este suelo,
Y se remonta hasta el cielo
A contemplar la creacion;
Y desplegando sus alas
Como el águila altanera,
Vuela de esfera en esfera
En rápida sucesion.
Si por acaso una voz
Dulce, tierna y melodiosa,
Una cancion armoniosa
A lo lejos hace oir,
La música me figuro
De la danza de las horas,
Que con sus plantas sonoras
Hacen el aire crujir.
Si á la vez, la mansa brisa
Que á los jazmines halaga
Y entre su copa se embriaga,
Viene mi rostro á besar,
Creo que alguna sílfide
Que cruza por el ambiente
Toca mi pálida frente
Con sus alas al pasar.
Y si una mujer hermosa
De blanca tela vestida,
Ante mi vista abstraida
Pasa como aparicion,
En éxtasis arrobado
Bajo influjo de un hechizo,
Creo que del paraiso
La puerta abre una vision.
Pero el aire de la noche
Mis pensamientos enfria,
Y apaga cual lluvia fria
De la mente el resplandor:
Que así el vapor de la tierra
Se desprende en forma leve,
Y luego en forma de nieve
Debilita su calor.
XVII
DOS PENSAMIENTOS
———
Como una estrella fugaz
Que luce en la noche umbría,
Brilló un instante María
En el valle del dolor:
Era una vírgen, tan pura
Cual de la tarde la brisa,
Cuya mágica sonrisa
Reflejo era del amor.
Se marchitó como rosa
Que su perfume derrama,
Como fosfórica llama
Un solo instante vivió;
Porque faltaba á su alma
El aire puro del cielo,
Y tomando raudo vuelo
Otra atmósfera buscó.
Un dia que en un jardin
Ivamos juntando flores
(Emblemas de los amores
Que en la tierra puso Dios)
Un pensamiento la di,
Y ella me dió un pensamiento,
Y animada de contento
Formó un ramo de los dos.
Aquellos dos pensamientos
Su vida simbolizaban,
Ó quizá identificaban
Su vida, su alma y su ser,
Porque apenas en su pecho
Hallaron tibia guarida,
Pálida y desfallecida
Bajó la marchita sien.
Sobre el lecho de agonía
Cayó, como flor tronchada
Por el viento deshojada,
Y su frescura perdió;
Y cual se exhala el perfume
Del cáliz de lirio hermoso,
De su cuerpo primoroso
Su alma angélica voló.
Antes de cerrar sus ojos
Y dar el último aliento,
Con blando y lloroso acento
A su lado me llamó:
Su bello rostro cubría
La palidez de la muerte,
Y con mano casi inerte
Dos pensamientos me dió.
Y me dijo:—«Dulce amigo,
«Solo en el mundo te dejo:
«Del valle triste me alejo,
«Y no te veré ya mas,
«Y hasta que llegue el instante
«De oir de Dios los acentos,
«Guarda esos dos pensamientos,
«Y no me olvides jamas!»
Esos pensamientos mústios
Dados de muerte en el lecho,
Yo los conservo en mi pecho
Como sacro talisman,
Porque se hallan impregnados
Del espíritu invisible
Del alma pura y sensible,
Que calma mi triste afan.
Yo que profeso en el alma
La religion de la muerte,
Sobre su sepulcro inerte,
Llanto y flores derramé,
Y entre las fúnebres flores
Lágrimas puse á millares,
Y entre blancos azahares
Pensamientos coloqué.
Y al pié del mústio sepulcro
De la cándida María,
Mis ojos vieron un dia
Dos pensamientos brotar,
Y luego ví el huracan
Llegar con vuelo violento,
Deshojar un pensamiento...
Y uno tan solo dejar.
XVIII
EL VELO
———
La mies se corona de espigas doradas,
Y el cielo se esmalta con nubes de azul,
Las flores se envuelven con hojas variadas,
Y en gajos flexibles el verde abedul.
Se ciñe el guerrero con palma triunfante,
El rey con diadema circunda la sien,
La falsa coqueta prefiere un diamante,
Que á par de ella, muchas prefieren tambien.
Se ciñen los montes coronas de hielo,
De blancas espumas las olas del mar,
De fresco rocío las plantas del suelo,
De llamas rojizas la esfera solar.
Mas hay una bella que dulce y modesta
Ni flores, ni nubes, ni llamas buscó,
Y en vez de la joya que adorno le presta,
Con diáfano velo su frente ciñó.
———
Si fuese al combate, colgára en mi lanza
Con lauros de triunfo su leve crespon,
Y altivo, animado de doble esperanza
Seria de guerra mi sacro pendon.
Si fuese marino, colgára ese velo
Por vela á mi buque, por toldo á su iman,
Y en calma mirando los astros del cielo
Las iras burlára del negro huracan.
Si fuese poeta, mi armónica lira
Podria al amparo del ténue cendal,
Y al son de la brisa que mansa suspira
Le diera inspirado su acorde final.
Si fuese viajero deseara una palma
Que sombra tranquila me diese á su pié,
Como esa que el velo, con plácida calma,
Derrama en la frente que el ojo entrevé.
———
Feliz el que pueda del cándido velo
Alzar el estremo que cubre la sien,
Porque ese, olvidando las penas del suelo,
La luz habrá visto del mágico Eden.
Feliz el que pueda con él envolverse
Y dar estasiado su espíritu á Dios,
Y ver á la tierra de vista perderse,
Cual ave que asciende con ala veloz.
Feliz el que pueda colgar á su estremo
La escelsa corona de rosa y laurel,
Cual símbolo hermoso del genio supremo
Que indique á la reina de todo el verjel.
Feliz el que pueda mezclar sus despojos
Al polvo impalpable que el viento alzará,
Cuando esa belleza con llanto en los ojos
Desgarre ese velo que sombra le dá.
———
Mas esto es muy triste, tal vez distraido
Su frente he podido de nieblas cubrir,
Y al velo que lleva solo es permitido
Con nubes lijeras su frente circuir.
Él es como nube que cruza su frente,
Cual cruza los cielos la bruma fugaz,
Realzando en el fondo su rostro esplendente
Que adornan matices del iris de paz.
Yo soy como un ciego que canta á la puerta
Deseando al que me oye placeres y amor,
Deseando que nunca se mire cubierta
La gaza, con perlas que borde el dolor.
¡Mas no soy tan ciego! pues miro en el cielo
Brillar las estrellas con tibio fulgor,
Y luego eclipsarse si entreabre su velo
Mostrando dos ojos que irradian amor.