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Rimas

Chapter 6: II RECUERDOS DE BUENOS AIRES
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About This Book

La colección reúne poesías líricas organizadas en cinco secciones: versos patrióticos de impronta bélica y evocaciones de combate; composiciones inspiradas en la pampa y el paisaje rural que exploran figuras gauchescas y escenas campestres; poemas diversos de tono melancólico, fantástico y reflexivo; composiciones familiares y afectivas dirigidas al hogar y a la amistad; y traducciones o imitaciones de poetas extranjeros. El conjunto alterna fervor histórico y nostalgia urbana con paisajes pastorales, elegías y piezas íntimas, y combina un lenguaje directo y sonoro con ejercicios de traducción que muestran la variedad de registros y la filiación literaria del autor.

Montesquieu, que tenia todas las calidades brillantes de poeta, y que se estasiaba en leer á Ovidio, Montesquieu, el que encontró las tablas perdidas de los derechos del hombre, tambien ha escrito poesías. Beaumarchais, el autor del Barbero de Sevilla, fué un hábil negociante y un diplomático sagaz. Pocos hombres han poseido en tan alto grado la ciencia del mundo y el conocimiento del corazon humano, como el poeta Molière, cuyas obras valen por doscientos tratados de moral. Voltaire, el representante del buen sentido de la humanidad, fué un poeta, y como tal será admirado en el futuro, cuando nadie lea sus obras en prosa. Federico II, á pesar de ser un mal versificador, rindió también culto á las musas, y sus composiciones poéticas, escritas en la víspera de sus grandes batallas, han sido reco[Pg L.]gidas por la historia y adoptadas por la literatura. Canning, el hábil Ministro que salvó la Inglaterra, fué un poeta. Beranger, otro representante del buen sentido universal, es uno de los primeros poetas del siglo. Madama Stael, una de las cabezas mas fuertes de nuestros dias, era una cabeza eminentemente poética. Rossi, el profundo economista, el político sesudo, uno de los primeros jurisconsultos del siglo, empezó su carrera literaria traduciendo en verso italiano los poemas de Byron, por lo que ha merecido los elogios del severo historiador Mignet. El mismo Lamartine, á quien por su calidad de poeta se le han negado las facultades del hombre político, tuvo (con todas sus deficiencias) la idea de la República cuando todos vacilaban; pacificó la Europa con un manifiesto, y en tres meses de gobierno hizo mas y se mostró mas hábil que el hábil Luis Felipe auxiliado por Thiers y por Guizot, en el espacio de diez y ocho años. Entre nosotros, Florencio Varela, el hombre de tacto político, el hombre de recto juicio y de tino práctico, era tambien poeta. De manera, que si los poetas pueden revindicar para sí la ciencia práctica y el buen sentido que por la vulgaridad se les niega, los hombres positivos que se enorgullecen de su ignorancia poética, deben convenir, en vista de estos ejemplos, que son incompetentes para juzgar aquello de que no entienden, ó no son capaces de sentir.

Alejandro, Tácito, Sócrates, Platon, Herodoto, Napoleon, Tito-Livio, Colon, Bolívar, han sido poetas á su manera, y si no escribieron poemas, fué porque dieron otra direccion á las fuerzas[Pg LI.] poéticas de que podian disponer. El primero, las aplicó á las grandes conquistas civilizadoras; el segundo, á las pinturas dramáticas que lo han inmortalizado. Sócrates y Platon presintieron, por intuicion poética, las sublimes verdades del progreso moral. Herodoto es el verdadero rival de Homero, y Tito-Livio eclipsa muchas veces á Virgilio. Para comprender la idea poética que hizo á Colon descubrir el Nuevo Mundo, es necesario leer su Diario de Viaje, publicado por Navarrete, en el cual se ve al visionario, al espíritu entusiasta, mirando con los ojos del alma la tierra prometida de que se reian los espíritus positivos. Además, es bien sabido que Colon hizo realmente versos, habiéndose salvado algunos de los que le inspiró la musa cristiana en su Libro de las Profecías. Bolívar, que carecía del genio metódico de la guerra y de las calidades sólidas del político, derramó toda la poesía que rebosaba en su alma en bríndis, proclamas, discursos, boletines y acciones grandiosas dignas de la epopeya; procurando en esto marchar tras la huella de Napoleon, poeta en accion, cuyo genio militar se dilataba en presencia de las Pirámides ó evocando los recuerdos de la antigua Roma: y que se dormia bajo su tienda militar leyendo á Corneille ó á Ossian, como Alejandro leyendo á Homero, y derramando lágrimas de dolor á la idea de que no tendría un poeta semejante que cantase sus hazañas.

¿Sabe Vd. cuál es el reproche que los ingleses hacen á Roberto Peel, el primer hombre de Estado de nuestros dias? Pues bien, le reprochan no haber sido poeta. No se sonría: lea la biografía de Peel, escrita por D'Israeli, el gefe del partido[Pg LII.] tory, y se convencerá de que hablo formalmente. Todos convienen en que este reproche es merecido. Roberto Peel era un gran organizador, pero carecía de esa facultad poética que se llama creadora, sea que ella se aplique á la composicion de un poema, ó á los negocios de la administracion ó de la política. Nada de lo que Peel ha hecho ha sido creado por él, y aun la misma reforma comercial que ha ilustrado su nombre, á la cual se opuso largo tiempo, fué, como se sabe, idea original de Cobden, caudillo audaz de la Liga de Manchester. Sus reformas sobre la Irlanda le fueron sugeridas por O'Connel, el gran poeta de los meetings al aire libre, á cuya palabra poética debe su redencion un pueblo que lo aclama su libertador. Si Peel hubiese poseido la potencia creadora, es decir, si hubiese podido merecer el nombre de poeta que se le niega, habria sido el mas eminente hombre práctico de nuestros dias, habria equilibrado la gloria de Napoleon y completado el binomio de los grandes hombres en el siglo XIX, y hoy se diria: Napoleon + Peel. No se dice por qué faltó al segundo término la potestad creadora, que es el patrimonio de los génios poéticos, sea que hagan ó no versos. Así, pues, en los negocios prácticos de la vida las calidades poéticas, lejos de ser un inconveniente, constituyen una ventaja real y positiva, siempre que la imaginacion no predomine de tal modo, que sofoque todas las demas facultades del entendimiento.

Ahora estudiemos al poeta por el lado de la seriedad. Generalmente se le considera como un hombre frívolo, que pasa su vida contando sílabas[Pg LIII.] en vez de contar patacones, y que malgasta todo su talento en producir ficciones, en vez de llevar á cabo realidades. Distingamos. Hay dos especies de poetas: unos que se llaman objetivos y otros que llamaremos sugestivos. Los primeros son los que se asimilan todas las ideas poéticas de los demas identificándolas con las suyas propias, y que sin agotar su propia sustancia, las vuelven modificadas y digeridas como si esclusivamente les pertenecieran. Estas naturalezas artísticas pero frias, no se gastan jamás y producen siempre, y á ellas corresponden Voltaire y Goethe, que debieron á esta circunstancia el poder alcanzar una ancianidad serena. Los poetas por temperamento, para quienes la poesía es una vocacion, son como las lámparas: alumbran gastando en sus poemas el aceite de la vida, derramando en sus obras su propia sustancia y apagándose muy temprano, como Byron ó como Schiller. Considerada bajo este punto de vista, hay pocas ocupaciones mas serias que la del poeta, que en cada sílaba, en cada verso, en cada estrofa, gasta tal vez un minuto, una hora, un dia de su existencia, viviendo en un solo momento lo que otros en un año. Todo cuanto el poeta describe ó pinta lo ha visto, lo ha sentido, y existe desparramado en toda la creacion, aunque los ojos del vulgo no puedan percibir su armonioso conjunto. Los tipos inmortales creados por Rafael, no han existido ni existirán jamás; ¿son por esto una mentira? ¡Oh, no! ellos son la idealizacion de la realidad, ó como se ha definido el ideal, "la espresion mas alta de la verdad." Tal es la poesía; y el poeta, su inspirado intérprete, y cuando de pié sobre la trípode[Pg LIV.] del genio fatídico repite las palabras misteriosas que susurran en su alma, se asemeja á la síbila de la antigüedad, que solo entonaba el canto profético en medio de dolorosas convulsiones.

En vista de todo esto, podremos decir que tanto la prosa como la poesía, son dos manifestaciones de la palabra, son las dos formas de que se reviste el pensamiento, y que si la una es el fruto, la otra es la flor; que sin flor no puede haber fruto, y que por lo tanto, enredarse mas en esta cuestion seria lo mismo que disputar sobre si tiene mas importancia la base que la cúspide de la pirámide, ó cual fué primero: el huevo ó la gallina.

Por lo que, pongo aquí el punto final á mi disertacion.

He terminado, pues, y sin embargo, apenas he desflorado el vasto campo de mi tésis. Podrian escribirse sobre ella muchos volúmenes, gastando tantas plumas de diamante, cuantas yo he gastado de acero en esta carta. Dejo á otros esa agradable tarea. A mí me falta tiempo para ser literato, así como me ha faltado para ser poeta, si es que hubiese podido serlo.

Hubo un tiempo en que fuí poeta por vocacion, como Vd. me ha llamado en sus Viages, y cuando me acuerdo de esto, me digo á mí mismo, penetrado de una profunda melancolía: ¡Y yo tambien viví en Arcadia!

Las poesías que va á leer, fueron escritas casi todas ellas á la edad de veinte años. Entonces soñaba con la inmortalidad, y los laureles de Homero me quitaban el sueño. Pronto comprendí que ni podia aspirar á vivir en la memoria de mas de una generacion como poeta, ni[Pg LV.] nuestra sociedad estaba bastante madura para producir un poeta laureado. Sin embargo, ese poco de poesía que Dios habia depositado en mi alma, lo he derramado á lo largo del camino de mi vida, consagrándolo unas veces á mi patria, otras á mis amigos, otras á las afecciones puras y serenas del hogar, porque el que cuenta por seguro que sus versos no llegarán á la posteridad, debe ser generoso con su pequeño tesoro.

Tal es el orígen de las pocas composiciones que he escrito despues de los veinte años. Hoy, hace tanto tiempo que no hago versos, que creo que me he olvidado de pulsar la lira, hablando en estilo metafórico de mal gusto. Por eso amo las páginas que siguen, las cuales reflejan algunos de esos dolores intensos y de esos momentos solemnes de la última revolucion contra el tirano de nuestra patria, tiranía que, para honor de nuestro culto, no ha contado un solo poeta entre sus filas. La tiranía se levantó, imperó veinte años en nuestro pais haciendo rodar cabezas, y cayó al fin postrada por sus propios escesos, sin que un solo poeta le quemara un grano de incienso, lo que prueba que la poesía ha sido considerada entre nosotros como un verdadero sacerdocio, mientras que la prosa se prostituia torpemente. Por este solo rasgo serian acreedores nuestros poetas á la corona cívica, aun cuando no fuesen dignos de ceñir sus sienes con el lauro literario de los grandes génios. En la antigua Roma, el despotismo de Augusto tuvo por auxiliares la musa de Horacio, de Virgilio y de Ovidio; y la bárbara tiranía de Neron tuvo por aduladores á Séneca y á Lucano, no[Pg LVI.]tables poetas de la decadencia latina. Entre nosotros, la tiranía de Rosas apenas ha merecido algunas coplas vulgares, porque la poesía que tiene el sentimiento de lo bello, huye de la fealdad moral, á la par que se apasiona por la virtud y la justicia, que es un reflejo de la belleza ideal sobre la tierra. Por eso los poetas del Rio de la Plata han derramado en sus versos, su amor á la libertad y su ódio por la tiranía, guiados siempre por ese sentimiento de lo bello, que hace comprender cuánto hay de sublime y de hermoso en la libertad y en la justicia.

Tengo otra razon mas para odiar á Rosas, y la publicacion de estas Rimas es mi venganza. Odio á Rosas, no solo porque ha sido el verdugo de los Argentinos, sino porque á causa de él he tenido que vestir las armas, correr los campos, hacerme hombre político y lanzarme á la carrera tempestuosa de las revoluciones sin poder seguir mi vocacion literaria. Hoy mismo, en medio de las embriagantes agitaciones de la vida pública, no puedo menos de arrojar una mirada retrospectiva sobre los dias que han pasado, y contemplar con envidia la suerte de los que pueden gozar de horas serenas entregados en brazos de la musa meditabunda. Cuando esto me pasa, se me viene á la memoria un cuento que en otro tiempo me hizo reir, y que hoy me hace suspirar, tal es la profunda verdad que encierra. Oiga el cuento, por fin de carta. Un pobre pastor, hablando consigo mismo, se decia:—¡Ah! si yo fuera rey!....—Y bien, qué harias? preguntóle uno que le oia, sin él advertirlo.—¿Qué ha[Pg LVII.]ria? dijo el pastor, ¡cuidaria mis ovejas á caballo! Digo lo mismo. Si fuese rey haria versos. Y sin embargo, es probable que en el resto de mi vida no haga una docena de versos:

Bartolomé Mitre.

LIBRO PRIMERO

POESÍAS PATRIÓTICAS

———

I

Á LA

DERROTA DEL QUEBRACHO

(CON MOTIVO DE LA MUERTE DE RUFINO VARELA)

Corramos al combate, á la venganza
Y el que niegue su pecho á la esperanza
Hunda en el polvo la cobarde frente.

QUINTANA.

Cuando tremolen patrios pabellones
Anunciando del pueblo la victoria,
Entone el vate bélicas canciones
Y cante los guerreros y la gloria;
Mas si la patria yace en agonía
Rompa el canto á la fúnebre elegía.

Cuando en liza ó al pié de la muralla
Derrotados se miren los valientes,
Cuando vea que el plomo y la metralla
Ha postrado patriotas eminentes,
Arda su pecho en fuego sacrosanto
Y entone de la guerra el noble canto.


Cuando un laurel los déspotas levanten
Y en medio de los brindis de la orgía
El triunfo impío en su insolencia canten,
Fulmine su tremenda profecía,
Y anuncie con su voz aterradora
De libertad la celestial aurora.

Sí, que del vate la mision sagrada
Es inflamar del bravo el ardimiento,
Dar nuevo temple á la fulmínea espada
Con el soplo encendido de su aliento,
Y al fúnebre clamor de la derrota,
Alzar del libre la bandera rota.

Para probar los pueblos de la tierra,
Para templar las almas de los bravos,
En medio del estruendo de la guerra
Dios suele coronar á los esclavos,
Mas luego con su mano poderosa
Los hunde de la noche en la honda fosa.

En la derrota el pueblo valeroso
Templa su brazo y su robusta lanza,
Para volver despues mas ardoroso
Y entre el polvo, la sangre y la matanza,
Y entre el humo que envuelve la pelea
Desafiar el cañon que centellea.

Cancha-Rayada viera con denuedo
A los héroes de Mayo caer vencidos,
Pero sin dar cabida al torpe miedo
Alzaron sus pendones abatidos,
Al cielo sus espadas elevaron
Y en sus hombros la patria sustentaron.

Imitemos nosotros su alto ejemplo:
El pendon de la patria enarbolando
Marchemos de la gloria al sacro templo
«O muerte ó libertad» todos clamando;
Y apoyando la planta en los escombros
La libertad alcemos en los hombros.


Aquel cobarde que del triunfo dude,
Quien al tirano eternizado crea,
El que á los gritos del honor no acude
Y do el pendon de libertad flamea,
Ese es un vil de corazon cobarde
Do el entusiasmo de la patria no arde.

¿Y quién no abriga fuego sacrosanto
Y vuela con ardor á la batalla?
¿A quién detiene ni el amor, ni el llanto,
Ni el silbo de la bala y la metralla?
¿Quién por la patria perecer no jura
De Varela en la yerta sepultura?

Los atrevidos cantos de la guerra
Resuenen en la losa del soldado,
Y de flores cubramos esa tierra
Donde cayó sin vida, ensangrentado,
Y de la patria el estandarte santo
Sea de paz y proteccion su manto.

No débil llanto su cabeza inunde!
Que una corona del laurel sagrado
Su frente polvorosa orne y circunde,
Y empuñando su hierro ensangrentado,
La juventud que á combatir se apresta
Muestre la enseña de la patria enhiesta.

El funeral del martir generoso
Le corresponde al pueblo redimido,
Cuando libre del yugo vergonzoso
La pira encienda en el altar ungido,
Y cuando puedan respirar sus almas
Y sus manos alzar cívicas palmas.

Vamos á conquistarle noble tumba
En la tierra natal purificada,
Para que aquel que en esta lid sucumba
Pueda dormir en tierra libertada,
Y no sean sus huesos quebrantados
Por tiranos ni siervos pisoteados.


Duerme en tanto en el campo de batalla
Mientras su patria gime en servidumbre;
Mientras la fé del corazon desmaya
Y el hierro se carcome con la herrumbre;
Cuando el tirano al vernos en derrota
Con su lauro la espalda nos azota!

¿Quién es el vil que ríe, canta y danza
Cuando el lamento de la patria suena,
A sus hijos llamando á la venganza?
Y si el cañon de la batalla truena,
Quién el torpe que el miedo no sacude
Y al grito ronco del honor no acude?

Juventud de mi patria, los laureles
Se conquistan peleando con bravura,
Y la lira, la pluma ó los cinceles
No eternizan jamás progenie impura:
Los genios á los fuertes divinizan
Y á los cobardes con su planta pisan.

Vuestros padres, titanes todos fueron,
Que desplegando al viento sus banderas
Contra un poder gigante combatieron,
Y encima de las altas cordilleras
Lanzaron sobre el leon de las Españas
Del pueblo irresistible las montañas.

Y vosotros, qué sois? flojos pigmeos
Sin brazos, sin espada, sin creencia,
Temblando ante el tirano como reos
Sofocando la voz de la conciencia...!
Y bebereis oprobio eternamente
Sin levantar la deslustrada frente!

Mas así no será, que de Varela
Todos van á clamar sobre la tumba,
Que es un cobarde el que á pelear no vuela,
Su canto de victoria ya retumba
Y en medio de las huéstes debeladas
Resuena el estridor de las espadas.


En esa triste y yerma sepultura
Entonad los cantares de la gloria,
Ensalzad el martirio y la bravura
Y volad en seguida á la victoria
A recoger laureles inmortales,
Cantando con denuedo: «Oid mortales!»

Imitad su constancia y bizarría
Y el alto ejemplo que su vida abona,
Que de la Patria en el hermoso dia
El pueblo os ceñirá sacra corona,
Y vuestra muerte con guerrera pompa
Publicará la fama con su trompa.

Empuñad una lanza vibradora,
Abandonad el ócio y la molicie,
Arrimad una mano protectora
Antes que nuestra patria se desquicie
Y arrastre en su caida soberana,
La libertad, la gloria americana.

II

RECUERDOS

DE BUENOS AIRES

———

¡Oh patria! oh Buenos Aires! oh sueño de mi vida!
Como inmortal recuerdo reinas en mi memoria
Recorriendo los dias de dicha promisoria
Que en tu seno amoroso, Buenos Aires, pasé.
Recuerdo la ribera do á meditar yo iba
Y el árbol perfumado que sombra me prestaba,
Recuerdo los momentos en que se deslizaba
Mi vida por un lago sereno de placer.

¡Oh patria, oh Buenos Aires! tú ocupas hoy la mente
De miles de proscriptos por tierras estrangeras,
De grandes ciudadanos á los que el ser tu dieras
Y vagan desterrados del suelo de su amor;
Y tu eres para ellos el sueño de su vida,
Eres la blanca estrella que guia al peregrino,
Y en noche tempestuosa le enseña su camino
Como astro de los mares que alumbra al viajador.


Pasaron ¡ay! pasaron las puras alegrias,
Y errante y solitario por playas estrangeras
Poeta peregrino, con quejas lastimeras,
Al pais de mis recuerdos dirijo esta cancion.
En vez de ornar con flores las cuerdas de mi lira,
Pensando en Buenos Aires las riego con mi llanto,
Y encuentro entre esas gotas amargas de quebranto
En los recuerdos nobles viril consolacion.

¡Oh patria! Aunque de lodo te cubran la cabeza
Yo siempre con orgullo pronunciaré tu nombre,
Diré que con tus hechos ganaste un gran renombre
Que oscurecer no pueden mil siglos de baldon.
¡Ah! vuélvante la espalda degenerados hijos:
Yo inclinaré mi frente ante tu altar caído,
Y besaré la orla del manto carcomido,
Llorando tus desdichas, cantando tu esplendor.

En vano en los albores de una existencia estéril
Abandoné tus playas; no te olvidé por eso,
Como al dejar la bella que nos brindó su beso
Dá mas placer al alma pensar en él despues.
Atravesando mares y recorriendo campos,
La pluma manejando con la ñudosa lanza,
Vivificado siempre por íntima esperanza
Jamás he sacudido tu polvo de mis piés.

Si leo algun escrito que nombra á Buenos Aires
Sus páginas exalan magnético perfume,
Y todas las palabras mi mente las asume
Como el rocío puro que cae sobre la flor;
Y entonces se presentan á mi memoria triste
Tus torres, tus jardines, tus calles animadas,
Tu cielo hermoso y puro, tus brisas perfumadas,
Tu rio, tu horizonte, tu hermoso bicolor.

¿Dó están aquellas plazas llenas de movimiento,
Sus altas catedrales, sus grupos bulliciosos,
Sus verdes arboledas, sus alazanes briosos,
Que ofrecen á la vista contínua variedad?

¿Qué es del perfume suave del polvo de la patria,
De aquel aroma puro de sus lozanas flores,
De sus flotantes nubes de vívidos colores,
De la dulzura grata de su agua de cristal?

Tus magas misteriosas contemplo entusiasmado
El rayo de la luna bañando su alba frente,
Con blancas vestiduras cruzar rápidamente,
Cual cruza por los aires celeste aparicion.
Mi mente acalorada poblando los espacios
Admira la aérea forma que tienen las porteñas,
Sus ojos que derraman miradas halagüeñas,
Sus lábios que destilan el bálsamo de amor.

Y veo en mis ensueños tus bailes voluptuosos,
Salones que perfuman las ninfas Argentinas,
Y grupos en que brillan sonrisas peregrinas—
Cual no las ha fijado de Fidias el cincel.—
Y siento entre los giros del valz, que corre, vuela,
La brisa que producen las alas del ambiente
Cargadas con efluvios que envuelven dulcemente
Mi corazon y mi alma, mi espíritu y mi ser.

¡El valz! silfos alados sin duda lo inventaron
Al ver entretegida la madreselva airosa
En torno de la encina que altiva y vigorosa
Se viste con sus galas cuando sus brazos dá!
Así te me presentas ciudad fuerte y hermosa
Pendientes de tus brazos tus hijas hechiceras,
Como guirnaldas ténues que adornan las palmeras,
Y al recibir su apoyo le dan su emanacion.

No suenan en mi oido las dulces vidalitas
Que en medio de la noche modula el tucumano,
Ni los sentidos Tristes que repite el riojano,
Ni el alegre cielito que el porteño hace oir;
Cantares de mi patria, al abrir yo mis ojos
Susurrabais suaves á la par de mi cuna,
Y vuestro éco inefable en las noches de luna
Es música del alma que el alma sabe oir.


A veces, paseando de noche por las calles
De la dulce guitarra el éco me encantaba,
Cuando el amante tierno un Triste modulaba
Al pié de los balcones del ángel de su amor.
Mientras, tal vez la niña oyendo las canciones
Que desde la ventana le enviaba su querido,
Entre cendales albos el plácido sonido
Llenaba su alma y mente de plácida ilusion.

No veo el rio hermoso, de mástiles cubierto
Como un espeso bosque de gigantescos pinos,
Ni aquel conjunto bello de buques Argentinos
Que ostentan sus pendones bañados por el sol;
No veo el alta torre del templo magestuoso
Cuyo círculo cubre la gloria con sus alas,
Al verle acribillado de las rugientes balas
Que el cañon Argentino lanzara á Whittelok.

No veo aquellos muros que consagró la gloria
Cuando asilado en ellos ejército estrangero,
El pueblo omnipotente con ademan severo
Hizo rendir la espada del bravo Berresford;
No veo el foro inmenso do fueron nuestros padres
A usar de los derechos que Dios les concedia,
Ni el balconage rústico donde el Cabildo un dia
La gran soberanía del pueblo proclamó.

No veo la tribuna do ardientes oradores,
El pan de la palabra caliente derramaban,
Y desde lo alto de ella terribles fulminaban,
Rayos á los tiranos con santa indignacion;
No veo el pueblo inmenso la catedral llenando,
Oyendo los sonidos del órgano, suaves,
Ni entre nubes de incienso cruzando por las naves
Leopardos, quinas, leones, mirar con emocion.

¡Oh patria! como esclava suspiras en cadenas,
Cubiertas de cadalzos tus calles enlutadas,
Marchitos tus laureles, tus glorias mancilladas,
Ajada tu bandera de gloria y esplendor;

Tu seno profanado por déspota cobarde
Que duerme resguardado de míseros esclavos,
Que en su calvario triste remachan férreos clavos
Al pueblo generoso que en Mayo se elevó.

Pero ¡ay! de tí, apartado y errante por el mundo,
Hijo desheredado de tu cariño inmenso,
De la estranjera playa te quemo el puro incienso
Que á tí tan solo, oh madre! me es dado tributar.
No solo en llanto estéril he de inundar la tierra:
Mis vacilantes manos arrimaré á tus aras;
Si derrumbadas bajan.... entre reliquias caras
Feliz si entre su polvo, me puedo sepultar!

III

LA MUERTE

DE ZACARIAS ALVAREZ

(EN LA BATALLA DEL SAUCE GRANDE)

———

Los gritos de los bravos,
El ¡ay! de los esclavos,
Y el trueno del cañon;
Del plomo los rugidos,
Del sable los crugidos,
Y el golpe del tambor.

Del potro las carreras,
Los vivas y los mueras,
Y el toque del clarin,
Cual trueno tramontano
Que asorda todo el llano
Retumba en el confin.


Y en medio á las legiones
Penachos y pendones
Se miran tremolar;
Y en la humareda envueltos,
Como cabellos sueltos
Del sol se ven flotar.

Los bravos se adelantan,
Y el polvo que levantan
Con ímpetu veloz,
Sus rostros ennegrece,
Y entre él desaparece
La enseña del honor.

El Escuadron de Maza
Sin casco ni coraza
Se avanza con valor,
Y su entusiasmo brilla
Como en verde cuchilla
Los reflejos del sol.

Y con marcial fiereza
Se mira á su cabeza
Zacarias marchar:
Alma grande y altiva
Que renunció la oliva
Del pacífico hogar.

Y voló á la batalla,
Y la acerada malla
Y el plomo despreció,
Y al frente de sus bravos
De Rosas los esclavos
Valiente acuchilló.

Potentes escuadrones
Al pié de los cañones,
Su lanza dispersó,
Y en medio á sus fusiles
Y bayonetas viles
Su caballo dejó.
[1]

Al frente de su tropa
Zacarías galopa
Y hace el suelo crugir,
Y la potente lanza
Blandida con pujanza
Se mira relucir.

Magnífica tremola
La bella banderola
Del ínclito campeon,
Y en medio á la pelea
La moharra centellea
Como una exalacion.

Escúchase un redoble:
La infantería inmoble
Sus armas descargó.
Y al ver sus bayonetas
«Á la carga, cornetas!»
Zacarías gritó.

Y todos enristraron
Y en pos de él se arrojaron
Sus lanzas á estrellar.
¿El plomo y la metralla,
El foso y la alta valla
Su furia detendrá?

Proteja Dios al fuerte
Que va á retar la muerte
Cargando con valor!
Y si caer le toca,
Caiga como una roca
Con ímpetu y fragor.

Y en la veloz carrera
Flameaba la bandera
Del ínclito Escuadron,
Y al ver la artillería
Su gefe le decía:
«Soldados, al cañon!»


Mas ¡ay! bala traidora
De pronto silvadora
Su pecho traspasó;
Y con ferrea pujanza
Apretando la lanza
Moribundo cayó.

Alzando la cabeza
Repite con firmeza:
«Avance el Escuadron!
«Este es mi adios postrero...
«Yo por la patria muero...
«Soldados, al cañon!»

Ningun soldado gime,
Pero dolor sublime
Las frentes inundó;
Mas él del hondo seno
Lanzaba voz de trueno:
«Soldados, al cañon!»

Y el Escuadron valiente
A la batalla ardiente
Con furia se lanzó,
Y en la garganta estrecha
Y encima de la mecha
Su gefe le miró.

Y su bandera viendo
Él esclamó muriendo:
«¡Oh de mi Patria sol!»
Y su cabeza noble
Como gigante roble
Al polvo descendió.

Murió como un valiente
De su Escuadron al frente
Cargando con valor,
En un túmulo inmenso
Y en medio del incienso
Del taco del cañon.


No cánticos pagados...
Sus voces sus soldados
Alzaron en loor;
No funerales fuegos...
Ardientes lanzafuegos
Brillaron en su honor.

No triste terciopelo,
Ni lágrimas de hielo,
Ni orgullo y vanidad;
Banderas le envolvieron,
Y ¡vivas! le siguieron
A la mansion de paz.

IV

AL SOL DEL 25 DE MAYO DE 1844

(EN MONTEVIDEO SITIADO)

———

Cascadas del Niagára y Tequendama
Donde el agua de un mundo se derrama
Para apagar de América la sed!
Amazonas, Ontario, bello Plata,
Donde la vírgen pura se retrata
En la márgen bañándose los pies!

Pampas inmensas, selvas olorosas,
Del Andes cordilleras orgullosas
Que corona la ardiente cruz del Sud!
Perfumaos como nube de incensario,
Armonizaos cual himno del santuario
Para decir de Mayo al Sol: Salud!


Salve, página inmensa de la historia,
Divino resplandor de la memoria,
Fuente de perennal inspiracion!
En tus alas de fuego me sublimas,
Y al entusiasmo sacro en que me animas
Calientas mi cabeza y corazon.

Hoguera abrasadora del gran Mayo,
Do se incendió terrible como el rayo
El fuego de un pensar generador;
Que el corazon templó cual hierro fuerte,
Y dió existencia á la materia inerte,
Como el soplo divino del Creador.

Al vivífico rayo de tu lumbre
Se estremeció la inmensa muchedumbre
Y el polvo del esclavo sacudió;
Allí surgió la dignidad humana
En la nacion potente y soberana
Que el soplo democrático animó.

Allí, genios pujantes, inspirados,
Formularon derechos conculcados
En solo una palabra: ¡Libertad!
Y Dios vertió con generosa mano
Perfumes sobre el mundo Americano,
Y le dijo: «Naciones, levantad!»

La inspiracion del alta inteligencia,
El calor de la intrépida elocuencia
En el astro de Mayo concentró;
Y del ardiente labio de Moreno
Se desprendió de su palabra el trueno
Y el programa de Mayo formuló.

«Derribemos su trono al despotismo,
«Abramos ancha via al patriotismo,
«Alcemos los fanales de la Ley;
«Rompamos su barrera á la ignorancia,
«Alumbremos la mente de la infancia,
«Y ennoblezcamos á la humana grey!»


Esta palabra el entusiasmo inflama,
Prende en los corazones noble llama,
Que como chispa eléctrica cundió:
Y cual hierve entre escollos la marea,
Hirvió entre las cabezas una idea
Que dió vida á la gran revolucion.

Revolucion sin lanzas ni fusiles,
Un alto pensamiento fué su Aquiles,
Y la razon su escudo tutelar;
Revolucion fundada en la justicia,
Que tuvo los principios por milicia,
Y por columna ardiente la verdad.

Revolucion con cauda de cometa,
Que atravesó el espacio, cual saeta
Despedida del arco del Señor;
Parto de mil ideas generosas
Que volaron en chispas luminosas
Por todo el continente de Colon.

Solo una vez brillaron sus espadas:
Para romper cadenas execradas,
Y sostener las tablas de la Ley;
Para postrar esclavos y tiranos,
Para afirmar los vínculos de hermanos,
Y atarlos con cadenas de laurel.

Tuvo ejércitos, grandes generales,
Que pasearon gloriosas y triunfales
Sus banderas, del pueblo paladion;
Y de los Andes en la blanca cima,
En Chile hermoso y opulenta Lima
Postraron al ibérico leon.

Legisladores de alta inteligencia
Que encendieron la luz de la esperiencia
Para legar un pacto al porvenir,
De Independencia el acta formularon
Y entre rayos y truenos proclamaron
Decálogo del nuevo Sinaí.


Sol de Mayo, que entonces refulgente
Suspendido por Dios en el oriente
Alumbraste la gran Revolucion,
Al fecundar su universal semilla
Hoy te doblan humildes la rodilla
Los nietos de esa audaz generacion.

Mira el árbol sembrado por sus manos,
Que enarbola sus gajos soberanos
Sombreando el Sud, el Norte y Ecuador;
A cuyo pié la Libertad divina
Vagando por el mundo peregrina
La tienda americana levantó.

En vano las segures cortadoras
En su tronco se hundieron destructoras
Sin conseguir sus ramas marchitar;
Y aunque hollado por hondas cicatrices
Estiende poderoso sus raices
La América abarcando cual titan.

Contempla al Norte, en trece fajas bellas
Como flamea el pabellon de estrellas
Simbolizando libertad y union;
Y en la torre de su alto Capitolio
La democracia antigua en su gran solio
Con mas justicia y con mejor razon.

De allí voló de Mayo la simiente,
De allí de Libertad el soplo ardiente
Que la mente del pueblo calentó;
Como se esparcen jugos y colores
En el fecundo polen de las flores,
Que la brisa en sus alas derramó.

Contempla al pueblo libre que en el Istmo
Defendió con intrépido heroismo
El suelo que dos mundos ha de atar;
Al formarle parece que Dios quiso
Dar á su Americano paraíso
Vínculo de eternal fraternidad.


Al Sud, siete Repúblicas hermanas
Enarbolan banderas soberanas
En vez del estandarte colonial,
Y al soplo tempestuoso de la guerra
Fortalecen sus astas en la tierra
Como árbol que sacude el vendabal.

Las Repúblicas hijas de Bolívar
Beben en copa de oro miel y acíbar
Caminando á un hermoso porvenir,
Y Chile cual fanal del marinero
Nos muestra mas seguro derrotero
Porque debe la América seguir.

¿Y qué es de la República que un dia
Hizo surgir de entre la noche fria
De esclavitud, un mundo colosal;
La que dando patrióticas lecciones
Fundó en el Continente tres Naciones
Sobre el polvo del trono colonial?

De aquella que con brazos vigorosos
Derribó los guerreros orgullosos
Del Brasil, de la Iberia y Albión;
La que abatió la cima de los Andes,
Y dió á la historia de los hombres grandes
Páginas inmortales de esplendor?

La que envuelta en el manto de la gloria
Sobre el carro triunfal de la victoria
Se coronó la frente de laurel;
Y en vez del negro trono de los reyes
Supo elevar el ara de las leyes
Y derramó sobre ella mirra y miel?

La que libre, feliz y soberana
Bebia la virtud republicana
En el soplo viril del huracan;
La que en alas del rápido pampero
Parecía decir al mundo entero:
«Adonde vá mi viento el brazo vá.»


La que Atenas del mundo Americano
Distribuyó con generosa mano
De ilustracion y de verdad el pan,
Y en la mente sin luz de la criatura
Encerraba la ardiente levadura
Que con la edad debia fermentar?

Ahí la teneis en lo alto de un calvario,
Envuelta por el fúnebre sudario
Que le arrojó la torpe esclavitud;
Reina con el cabello pisoteado,
Laurel al que la lluvia no ha regado
Y se marchita en flor de juventud.

Su sociedad sin leyes, desquiciada,
Y bajo férrea mano nivelada,
Tiembla ante la cuchilla del terror;
Los nombres de patriotas eminentes,
No gravados en bronces relucientes
Sino en tablas de ingrata proscripcion.

Los principios de Mayo conculcados,
Los derechos del hombre pisoteados,
Sin que pueda decir: «yo tengo un pan»;
Un pueblo destinado al sacrificio
Sobre el horrendo tajo del suplicio
Que sangre pura destilando está.

Al deshonor sus hijas entregadas,
Las madres en los templos azotadas
Coronadas del moño de irrision,
Arrastrando cual mulas torpe carro
Donde llevan un ídolo de barro
Que colocan al lado del Señor!!

La tribuna de Agüero y de Dorrego,
Cuya palabra descendió cual riego
En medio de la barra popular,
Hoy la ocupan estúpidos sectarios
Donde leen un papel sin comentarios
En defensa del crímen y maldad.


La bandera que guiaba al combatiente
Despojada del sol resplandeciente,
Y ennegrecido su divino azul;
Desterrado el honor de su milicia,
Derrumbado el altar de la justicia,
Sus poetas sin patria ni laud.

En todo impreso del demonio el sello:
El robo, la injusticia y el degüello
Sancionados en ley y religion;
Coágulo de los vicios mas inmundos
Que emponzoñara el aire de mil mundos
Si no se contuviese su espansion.

El genio que preside esta anarquía
Entre el vapor espeso de la orgía
Desparrama en su aliento corrupcion:
Aborto abominable del infierno,
Ó maldicion tremenda del Eterno
Porque el lazo rompimos de la union.

Salvage que en sus raptos de demencia
Volcó la hermosa antorcha de la ciencia
Para encender con ella su fogon,
Donde quemó del pueblo los derechos,
Y el bello libro de los grandes hechos...
Mas ¡ah! su cifra está en el corazon.

Entonces en demanda tuya, ¡oh Mayo!
Armamos nuestra diestra con tu rayo
Para acorrer la patria en su orfandad,
Dando al viento de nuevo los colores
Que engalanó en los nítidos albores
De nuestra patria el sol de libertad.

Pero la diestra que mi patria azota
La revolcó en el campo de la rota,
Y vió abatido su inmortal pendon;
Los cruzados de Mayo sucumbieron
Y á las playas de Oriente se acojieron
Cual la paloma que huye del halcon.


Hijo del pabellon del Argentino
Su bandera dió sombra al peregrino
Como el palmero al pobre viajador;
Pero el feroz tirano, en torvo ceño,
Los despertó de su ajitado sueño
En la tierra de lenta proscripcion.

Al mirar levantarse agigantado
Un pueblo por las leyes gobernado,
Vió su trono sangriento bambolear;
Ante la ley retrocedió el salvage
Y sus hordas hambrientas de pillage
Bajo rojo pendon hizo juntar.

Y dijo:—«Al otro lado de este rio
«Se levanta con fuerte poderío
«El odiado pendon de libertad;
«Corred allí, mis bravos federales,
«Y quemad esos libros infernales
«En que se habla de Patria y de Igualdad.

«A la carga! á degüello! mis sicarios,
«Que mueran los salvages unitarios
«Por mi mazhorca á filo de puñal;
«Despedazad sus cráneos con la bola
«Y arrastrad de los potros á la cola
«Sus cabezas en medio de un cardal!

«Que vista en pocos dias triste luto
«Y que me pague en llanto su tributo
«La que llaman República Oriental:
«Atádmela á la cincha con un lazo
«Que dando espuela y rienda á mi picazo
«La vereis por las pampas arrastrar.

«Predicad que á los pies de mi caballo
«He borrado los códigos que en Mayo
«Una turba de locos escribió,
«Y he formado en la palma de mi mano
«Un famoso sistema americano
«Para reinar sobre las leyes, yo!»


La mesnada de torpes asesinos
Que deshonran el nombre de Argentinos
Volaron cual hambriento gavilan,
Y al barbárico son de un clamoréo
Llegan ante la gran Montevideo,
Donde los libres en su puesto están.

Llegan, y se detienen asombrados
Ante los fuertes muros, levantados
Del pueblo por la mano colosal:
Y en el Cerrito de eternal memoria
Donde Rondó se coronó de gloria
El invasor levanta su real.

No ya cual otro tiempo, en las almenas
Van á trozar las bárbaras cadenas
De tres siglos de oprobio y opresion:
Renegando las glorias de esos dias
Vienen á traer satánicas orgías,
Vienen á traer degüello y proscripcion.

Por las orillas fértiles del Plata
La gavilla de Rosas se dilata
Amenazando hundir la Libertad:
Montevideo grande, fiel, sublime,
Bajo el enorme peso que la oprime
Alza tranquila el último fanal.

Oponiendo su espada á la venganza
Guarda el arca de la última esperanza
Como el pueblo elejido de Jehová;
Y en ella cual depósito sagrado
Se encierra el porvenir ilimitado
Que en los tiempos su luz proyectará.

En ella, como en surcos misteriosos
Fructifican los gérmenes hermosos
Que fecunda la sangre y el sudor,
Y dia y noche la ciudad invicta
Guardando con amor su arca bendita
Vela al pié del sagrado pabellon.


En vano viejos pueblos enervados
Escriben por el miedo dominados
«El oro! el oro es de la tierra Dios;»
Que ella dice con hechos elocuentes:
«En los pueblos viriles y valientes
«El Dios, es de la patria el santo amor.»

Funde cañones, arma ciudadanos,
Y al niño, á la muger y los ancianos
Les infunde su aliento varonil;
Amasa con su sangre su muralla
Bajo el fuego de la hórrida metralla
Y el mortífero plomo del fusil.

La pólvora y la sangre siempre humea,
De sol á sol su ejército aun pelea,
Y uno á uno sus hijos vé caer;
Pero ella mas heróica y mas constante
Los envuelve en su manto rutilante
Y les ciñe coronas de laurel.

Al que infame, cobarde y miserable
Deserta su defensa inimitable
Le estampa el sello ardiente del traidor,
Y teje siempre-viva y mustio lirio
Para ceñir coronas de martirio
Al que le dé su vida en oblacion.

Y sus hijas tambien, con patriotismo,
Bendan al que cayó con heroismo
Defendiendo su hogar y castidad;
Y comprendiendo su mision inmensa
Se entregan de la patria á la defensa
Ofreciendo sus hijos en su altar.

Oh, mil veces, mil veces venturosa
La juventud que en lucha tan hermosa
Puede toda su sangre derramar;
La que serena ante el embate rudo
De los tiranos, cae en el escudo
Del mártir de una causa universal.


Estos tus hijos son, los que á tus dogmas
Hoy tributan sus cánticos y aromas
Su brazo y su poder intelectual:
Que acaudillan de Mayo aquellos hombres
Cuyos gloriosos é inmortales nombres
Son nuestro patrimonio nacional.

Cada viejo de Mayo es flor divina
De la corona cívica Argentina
Y la corona cívica Oriental;
Y si el viento arrebata alguna hoja
Tu luz seca las gotas de congoja
De nuestra patria en la divina faz.

Detente, oh Sol, y mira ese caido:—
Fué un guerrero de nombre esclarecido
Que en holocausto tuyo se ofreció,
Y hasta lanzar sus postrimer aliento
Á tí te consagró su pensamiento,
Y al ver tu faz contento sucumbió.

Grande, entre los gigantes de aquel Mayo
Que robaron á Dios su ardiente rayo
Para decir al pueblo: Fiat Lux,
Hoy miró su postrer aniversario,
Sirviéndole de espléndido sudario
De la ciudad el estandarte azul.

Tuvo seis hijos, del amor el fruto,
Que presentó á la Patria por tributo
Cuando miró su estátua bambolear,
Y á la cabeza de su prole hermosa
Desenvainó su espada victoriosa
Para poner á raya la maldad.

Y en cien combates de eternal memoria,
Do la ciudad se coronó de gloria
Relampagueó su acero vencedor,
Y el entusiasmo puro en que en él ardía
Á sus valientes hijos infundía
Entre el silvo del plomo matador.


Hermosa cual su vida, fué su muerte:
Con el aliento varonil del fuerte
Peleando por la patria sucumbió.
En hombros de su ejército esforzado,
De balazos el pecho acribillado
El campo de batalla abandonó.

Estendido en el lecho de agonía
Reconcentró de su alma la energía
Para poderte contemplar ¡oh Sol!
Y á veces repetia el fuerte anciano:
«Pueda mirar el astro soberano
«Que el dia de la América alumbró!»

El cielo oyó su ruego. Esta mañana
Cuando tocaba á vuelo la campana
Y tronaba la salva del cañon,
Sintió fuego patriótico en el alma
Y cual hojas al tronco de la palma
Su valerosa prole le rodeó.

Sobre su calva é inspirada frente
Relucía la chispa refulgente
Que fijó con su dedo el Hacedor:
Abrió sus ojos á la luz süave,
Y arrojó una mirada dulce y grave
A sus retoños, que en amor regó.

Los estrechó con paternal terneza,
Y elevando exaltada su cabeza
En las nubes de Oriente la fijó:
Cayeron de rodillas ante el lecho
El corazon en lágrimas deshecho
Y así les dió postrera bendicion:

«Benditos seais, para salvar la Patria
«Y fecundar de Mayo la simiente,
«Para adornar con palma refulgente
«De nuestra patria el pabellon triunfal.


«Benditos seais, para morir por ella,
«Entre el ardor de la feral batalla,
«Para oponer incontrastable valla
«En la tribuna al despotismo audaz.

«Benditos seais, para rasgar el pecho
«Del torpe Rosas, con robusta mano,
«Y dar al pueblo en que nació Belgrano
«De libertad y gloria la señal.

«El mundo entero aplaudirá ese golpe,
«La humanidad consagrará loores,
«Y el cincel de los grandes escultores
«Os armará del salvador puñal.

«Himnos sin cuento os rendiran los vates,
«Párvulos tiernos, santas bendiciones,
«Casta doncella, puras emociones,
«Y admiracion la noble ancianidad.

«El pueblo grato os ceñirá de lauros,
«Enjugareis de una nacion el lloro,
«Que vuestro nombre escribirá con oro
«En las fajas del Lávaro triunfal.

«Grandes sereis por mil generaciones,
«Y vuestra gloria inundará este suelo,
«Y vuestro padre desde el alto cielo
«Os enviará su bendicion de paz.

«Benditos seais, para salvar la Patria
«Y dar al mundo ese inmortal ejemplo
«Volar de gloria al sacrosanto templo
«Y de Mayo las aras levantar.»

Dijo el anciano, y el gran sol de Mayo
Vertió sobre su frente un puro rayo
Que en misteriosa auréola la ciñó.
Le contempló con ojo entusiasmado
Diciendo: «¡Patria mia!».... y apagado
Quedó su inteligente resplandor!


Así de Libertad sucumbe el hijo:
Sobre la Patria el pensamiento fijo,
Abrazando las gradas de su altar;
Como Castelli y cual Beron de Astrada,
Como Lavalle de alma no domada,
Muere para vivir, vida inmortal.

Con mártires de grandes corazones
Se alzan y regeneran las naciones
Y su sangre es la ofrenda que les dan:
Mártir fué el Redentor, y de un madero
Do lo enclavó el impio, al mundo entero
Regeneró con su mision de paz.

Bebiendo el entusiasmo de sus hechos
Buscaremos del hombre los derechos
Á la radiante luz de la verdad;
En el templo de Mayo elevaremos
Hostia de paz y allí profesaremos
Su doctrina de amor y de hermandad.

Profética la mente ve otros dias
En que se oirán sublimes armonías
Bajo el domo que habremos de elevar
No habrá tiranos, ni sangrienta guerra,
Tierra de promisión será esta tierra,
Norma de la aflijida humanidad.

¡Oh Mayo! de tu espíritu invisible
Penetrarás un mundo indivisible,
Como la luz la vasta la inmensidad:
Y al relucir tu sol del alto cielo
Se elevará sonoro desde el suelo
Un coro de alabanza universal.