¡Oh juicio divinal!
Cuando mas ardía el fuego
Echaste el agua.
Manrique.
Genio, inspiracion divina,
Fuego devora mi mente,
Y siento en el alma ardiente
Una llama circular...
Mas ¡qué importa! si á la tumba
Pronto caerá el genio mio,
Como el torrente bravío
Que vá á morir en el mar!
Ya del carro de la vida
Los corceles fatigados
Caen al suelo postrados
Con anheloso estertor;
Y ya el genio de la muerte
Gira en torno á mi cabeza,
Cual ave que de su presa
Va volando en derredor.
Como el náufrago se abraza
De las astillas flotantes,
De las horas vacilantes
Me abrazo con ansiedad;
Pero en vano, que la urna
De mis años, agotada,
Sobre el abismo inclinada
Se vé, de la eternidad.
Qué importa morir, si solo,
He vivido en este mundo,
Donde corre un aire inmundo
Que no puedo respirar:
Si mis lágrimas cayeron
Confundidas en el cieno,
Sin bañar el tibio seno
Del amor á la amistad!
Qué importa morir, si nunca
Los hombres me han comprendido,
Si ninguno me ha tendido
Una mano fraternal:
Si cual la flor del desierto
Que en soledad se consume,
He dado al viento un perfume
Que nunca sintió el mortal!
Mis ecos se han confundido
Con la música lejana,
Que se alza cada mañana
Del seno de la creacion;
Y entre el canto de las aves,
Y el aroma de las flores,
Del valle de los dolores
Han subido á otra mansion.
Como las nubes de mirra
Que perfuman el sagrario,
Y brotan del incensario
De las brazas al calor,
Al fuego del entusiasmo
De mi cabeza han brotado
Los cantos, que he consagrado
A la Patria y al Señor.
Jamas prodigué alabanzas
A un miserable tirano,
Ni del pueblo soberano
Las banderas deserté:
Fija la vista en el cielo,
Nutrido de amor intenso,
A Dios y al Pueblo el incienso
Del corazon consagré.
La libertad fué la musa
De los cielos mensagera,
Que llenó mi alma severa
Con su espíritu inmortal;
Y en las negras tempestades
Seguí con paso valiente,
Su antorcha resplandeciente
Y su faro celestial.
Oh, Dios, inspírame un himno,
Ó una fúnebre elejia!
Que baje á la tumba fria
Cantando á la libertad!
Permite que adorne un lauro
Mi cadáver macilento,
Y que no muera mi acento
Cual voz en la soledad!
¡Pero ya es tarde! la mano
Que marca la última hora,
Se levanta aterradora
Y vuelca el reló fatal;
Y las cuerdas de mi lira,
Como nervios doloridos
Producen tristes sonidos
Una á una al reventar.
En vano aplico el oido:
Enmudece la memoria,
Y á mis cánticos de gloria
No responde el porvenir;
Que al descender al abismo
La corteza de mi alma,
No se verá ni una palma
Sobre la frente lucir!
Oh musa, vuelve otra vez
A tu celeste morada,
Que el abismo de la nada
Pronto me va á devorar;
Pero antes, rompe las flechas
De mi carcax no vacio:
Mi brazo perdió su brio,
Y el arco se va á quebrar!
LIBRO CUARTO
POESÍAS FAMILIARES
I
Á MI HIJA DELFINA
No te hicieron los cielos tan hermosa
Sinó para ser madre y ser esposa.
Olmedo.
Blanca flor que embalsamas mi existencia
De tus perfumes con la grata esencia;
Música cuya suave melodía
Estremece de amor el alma mía;
Rayo de luz que caes sobre mi frente
Disipando las sombras de la mente;
Lágrima de los ojos desprendida
Del serafin que guarda nuestra vida;
Linfa donde apagué mi sed ardiente.
Como el viagero en agua trasparente;
Pichon que bajo el ala adormecido
Desafias las lluvias en tu nido;
Hija mia, entre sueños virginales,
Envuelta por los brazos maternales,
Y en esa fuente del materno seno
Bebe un raudal que de virtudes lleno
En cada gota verterá en tu mente
De nobles pensamientos la simiente,
Que dormirán hasta que en torvo ceño
El tiempo venga á perturbar el sueño;
Y puros sentimientos, ángel mio,
Que jerminando cual la flor de estio,
Derramarán en tu alma ese perfume
Que la virtud de la niñez asume;
Y beberás un bálsamo del cielo
Para espresar dolores en el suelo,
Para exhalar mil gotas cristalinas
Como su aroma blancas clavelinas:
Porque el llanto es la flor que brota hermosa
En el alma sensible y candorosa,
Y el rostro donde nunca ha resbalado
Es arenal que el cielo no ha regado.
Asi cual de la espléndida natura
El llanto es la espresion de la criatura:
El cielo llora gotas de rocio
En las serenas noches del estio,
Y al ausentarse, lánguida la aurora
Entre luces y sombras tambien llora:
Pero todo desciende suavemente
De la misericordia á el ancha frente:
Fertiliza el rocío los eriales,
Y el aurora los lirios virginales,
Y caen las dulces lágrimas del niño
En un seno purísimo de armiño.
Y mas tarde entre manos cariñosas
Que se ahuecan sensibles y piadosas,
Cual urna sencillísima de cobre
Donde se guarda el óbolo del pobre.
Oh tú, que de tu vida en la mañana
Te meces en el valle tan lozana:
Que sea tu cabeza bendecida
Sobre la dura almohada de la vida;
Que recorras tu plácida alborada
Por angélicas voces arrullada;
Que el viento de la dicha infle tu vela
Mientras la luna del placer riela;
Y que si acaso un dia, negro velo
Míras estender sobre tu cielo,
Veas llegar á tu arca placentera
La paloma de dichas mensagera
Para anunciarte en tu hombro reclinada:
«La tempestad se vé ya apaciguada,
«La luz del sol de nuevo te ilumina
«Y las flores esmaltan la colina;
«Tersa se vé la frente de tu rio
«Y no hay en él ni un áspero bajío:
«Mucho vagaste niña por los mares:
«Al fin reposarás entre tus lares,
«En la ribera nítida y risueña
«Que allá en el horizonte se diseña,
«Do encallará tu barca suavemente
«Como del manso arroyo la corriente.»
Ora, hija mia, lejos de huracanes
Duerme agena de míseros afanes
Mientras tu madre tu cabeza pura
Bautiza con sus gotas de ternura,
Las que tu padre enjuga blandamente
Al deponer un ósculo en tu frente,
Dejando en esas lágrimas escrita
Una dulce palabra:—«¡Eres bendita!»
———
Iris de paz y ventura,
Sueño de toda mi vida,
Que naciste para mí
Como el sol tras noche fria!
¡Ah! cuando tus bellos ojos
Entreabriste adormecida
Sentí que en esa mirada
Me llenabas de delicias;
Como el ciego que cobrando
Loco de gozo la vista
Quiere abrazar á la luz
Pensando que lo acaricia.
Si tú entendieras mis sueños,
Mis esperanzas perdidas,
En esos labios de rosa
Con besos te contaría
Que antes de venir al mundo
En mi mente eras nacida...
¡Oh, si tú me comprendieras
Cuántas cosas te diria!
Entonces supieras tú
Que era muy triste mi vida,
Antes de ver á tu madre
Que la convirtió en delicias;
Entonces fué que la llama
Brotó de tibias cenizas,
Entonces fué que mi pecho
De nuevo se abrió á la dicha,
Y desde entonces serenos
Se deslizaron mis dias,
Entre esperanzas risueñas
Que el futuro embellecian,
Y gratas conversaciones
Llenas de amor y alegría
Que terminaban diciendo:
«¡Ah, no tener una hija!»
Oh, cuantas veces paseando.
En una tarde tranquila,
Al sentarnos cavilosos
Del ancho mar á la orilla
Con el baston, en la arena
Mil caractéres ponia:
Ya una palabra aislada
Signo de melancolía;
Ya una linea caprichosa
Cual la idea fugitiva:
Ya una letra mutilada
Cual del infeliz la vida.
Y sin pensar de repente,
Si estas lineas recorria
Encontraba escrito en ellas:
«¡Ay, no tener una hija!»
Muchas veces junto al fuego
En las noches invernizas
Cruzaban breves las horas
Mirando al fuego que ardia,
Siguiendo su oscilacion
Y viendo brotar sus chispas,
Que en sus fantásticos giros
Todo el hogar recorrian,
Hasta caer soñolientas
Entre pálidas cenizas;
Y entonces en los carbones
Que á trecho en trecho lucian,
Como dos ojos ardientes
Sobre frente encanecida,
Nos parecia leer:
«¡Oh, no tener una hija!»
Naciste tú, y has colmado
La copa de nuestra dicha:
Ya no en fantásticos sueños
Nuestra mente se fatiga:
Fijos delante tu rostro
Con nuestra vista en tu vista,
Bebemos miel deliciosa
En tu inefable sonrisa;
Y pensamos en tu suerte
Cuando vengan otros dias,
Cuando corazon y mente
Con doble peso te aflijan,
Haciendo inclinar tu frente
Como una rosa marchita;
Cuando á los piés de tu cama
Colocada de rodillas
Alabes á tu Criador
En tus plegarias de niña;
Cuando pidas á tus padres
Que amorosos te bendigan,
Dándote un beso en la frente
Para ir á dormir tranquila;
Cuando indagues cavilosa
En mi frente encanecida
Los hondos surcos que marquen
El tránsito de la vida;
Cuando recorran tus ojos
Estas paternales líneas,
Que si eres feliz leerás
Con angélica sonrisa,
Y si sufres, se verán
Por tu llanto humedecidas;
Cuando en un mar proceloso
Pueda servirte de guia,
Llevándote ángel hermoso
Hasta el puerto de la dicha,
Como te llevo en mis brazos
Hasta la cuna tranquila.
Abre esos ojos azules
Do la ternura se anida,
Oye mis tiernas palabras
Y luego duerme, hija mia.
———
¿Vés de tu madre la húmeda pupila
Que fija en tí, cual mágica sibila
Parece que interroga el porvenir?
Si, le interroga, y pide que el destino
Matizando de flores tu camino
Embalsame de dichas tu vivir.
Hoy que yaces envuelta en la inocencia
Y no puede abarcar tu inteligencia
Lo que es la maternal contemplacion.
Entenderás la voz del sentimiento
Que inoculada en mi amoroso aliento
Descenderá á tu puro corazon.
No te señalaré de las estrellas
Ni el claro sol, las rutilantes huellas,
Para elevar tu mente al Hacedor:
No obligaré á que dobles la rodilla
Al que arrojó en el mundo la semilla
Del árbol que se eleva á su Criador.
No te diré si el vicio desbocado,
Cual torrente del monte desatado,
Quiere hacer las virtudes zozobrar;
Oh, no sabrás si alzada la cabeza
Enarbola bandera la impureza
De la familia en el derruido altar.
Nunca tu padre manchará tu frente,
Donde brilla la luz del inocente
Como en los rios nubes de zafir;
Por mostrarte la crápula del vicio,
Jamas te acercaré del precipicio
Que vértigo derrama en el vivir.
Me inclinaré sobre tu boca pura
Y te daré consejos de ternura
En el ignoto idioma del amor;
Y mis palabras bajarán á tu alma
Cual en noches de estío, en grata calma
Se inocula el rocío entre la flor.
Inefables consejos ignorados,
Sin traduccion, como ecos tribulados
Del aura de la noche en el jardin;
Nadie entiende sus quejas doloridas
Pero al nacer la aurora, entretegidas
Se ven brotar do quier rosas sin fin.
Nadie comprenderá ahora mi acento:
Mas llegará, hija mia, algun momento
Que se verán las rosas jerminar,
Y alzando ufanas sus cabezas rojas
El viento murmurando entre sus hojas
Se bañará en lo que hizo fecundar.
Algun dia serás lozana rosa
Cuando mi frente pálida y rugosa
Se incline en tu perfume á refrescar;
Cuando el labio marchito de dolores
Quiera gozar el aura de las flores
Sintiéndote, ángel bello, respirar.
Dios te colme de santas bendiciones
Apretando los duros eslabones
Que separan del vicio á la virtud,
Y tierna madre, enamorada esposa,
Mire brotar pimpollos de mi rosa
Para aliviar mi ingrata senectud.
El genio de la paz y la armonía
Cubriendo tu cabeza noche y dia
Te guarde del aliento del dolor;
Y el ángel puedas ser de tu familia
Que en las eternas noches de vigilia
Dés amparo á las prendas de tu amor.
Y de los niños fiados á tus manos
Salgan fuertes y buenos ciudadanos
Formados en el halda maternal,
Donde aprendan á odiar la tiranía
Y á combatir con ínclita porfía
Por los santos principios de igualdad.
¡Oh, la mision de la mujer es santa!
Ella la flor de las virtudes planta
Del niño en el fecundo corazon,
Y cuando vé á la patria que agoniza
Desprende de su seno á el ancha liza
De patriotas audaz generacion.
Así en Mayo nacieron los campeones
Que rompieron los duros eslabones
Que nos forjó la torpe iniquidad,
Y con la leche encima de los labios,
Fuertes guerreros, gobernantes sabios
Contempló con asombro aquella edad.
Y hoy en la lucha santa que emprendimos
Niños sobre la arena descendimos
Para arrimar el hombro al patrio altar,
Y al darnos nuestra madre abrazo estrecho
Nos pone sollozando sobre el pecho
Los colores de Salta y Tucuman.
De la virtud modesta de los lares
Guarda el fuego sagrado en tus altares,
De la familia cándida vestal;
Que ese fuego que el casto hogar calienta
Es la luz que nos guia en la tormenta
De la vida, cual místico fanal.
II
Á UN AMIGO DE 24 HORAS
———
En los ardientes climas tropicales
Con el rocío de una sola noche,
La perfumada flor abre su broche
Y al sol y al aire entrega su beldad.
Así en mi corazon, de amor fecundo,
Ha brotado en un dia una flor pura,
Y esa flor de rarísima hermosura
Es por tí mi simpática amistad.
III
LAS TRES MARIAS
CONSOLANDO Á UN AMIGO QUE HABIA PERDIDO TRES HIJAS, LAS TRES CON EL
NOMBRE DE MARÍA
———
Por qué llorais, esposos, la prematura muerte
De las criaturas bellas, frutos de vuestro amor,
Cuando al morir cambiaron perecedera suerte
Por la que goza el ángel en torno del Señor.
Llorais porque sus rubias cabezas inclinaron
Sobre la fria almohada del lecho sepulcral,
Y cual mortales tristes al sueño se entregaron,
Y ángeles despertaron del coro celestial?
¡Oh! no sabeis sin duda que la alta Providencia
Para su dicha eterna tal vez lo quiso así,
Para salvar del mundo su cándida inocencia
Que atropellar pudiera del vicio el frenesí.
Fueron tres flores bellas en un rosal brotadas
Que al ostentar ufanas su grato rosicler,
Cruzaron por el cielo nubes encapotadas
Y el viento tempestuoso las arrancó al nacer.
Fueron tres gotas de agua lloradas por la noche
En el virgíneo cáliz de la fragante flor,
Y que al brillar el dia, cuando entreabrió su broche,
Se evaporaron todas al matinal calor.
Fueron tres mariposas de alas tornasoladas,
Que al encontrar amargas las flores del jardin,
Al cielo se elevaron, buscando atribuladas
Las flores con que ciñe su frente el serafin.
Fueron tres chispas ténues de la divina hoguera
Que vuestros corazones de casto amor llenó,
Chispas que remontaron á la celeste esfera,
Y que en estrellas fijas el cielo convirtió.
Por qué llorais entonces, cuando en las noches bellas
Podeis hasta los cielos vuestra mirada alzar,
Y contemplar brillando las tres blancas estrellas
En que á las tres Marías Dios quiso transformar.
Esas estrellas puras son vuestras tres Marías:
Flores de una mañana que no tuvo su ayer,
Mariposas que huyeron de las regiones frias,
Gotas de agua perdidas del cielo al descender.
Felices esos seres, que nunca conocieron
La punzadora espina que labra el corazon,
Y el inocente labio jamas humedecieron
En la dorada copa que mana corrupcion.
Felices esos seres, que nunca calentaron
Las engañosas manos de la amistad infiel,
Que nunca las miserias del mundo presenciaron
Ni el dictamo sagrado vieron trocarse en hiel.
Oh, no lloreis, esposos: mejor es su destino;
Su vida es mas tranquila y exenta de dolor;
Sentadas en las gradas del trono diamantino
En torno de sí vierten mas suave resplandor.
Tú, padre, que navegas en borrascosa vida,
Eleva á Dios tus manos porque á su lado esten,
Como al audaz marino que en nave combatida
Recuerda que sus hijos espuestos no se ven.
Tú, madre, que has sentido las santas alegrías
De ver brotar la vida del seno maternal,
Espera: aun no ha pasado la aurora de tus dias
Y ha de brillar un dia de gozo sin igual.
En las calladas noches alzad la vista al cielo,
Mirad á vuestras hijas resplandecer allí,
Y sentireis el alma bañada de un consuelo
Que para el alma enferma nunca se encuentra aquí.
IV
EN UN ÁLBUM
———
Que á cada hoja del álbum de tu vida
Que desdoble la mano del destino,
Al seguir los inviernos su camino
Las primaveras queden en tu sien;
Y así, que en cada año que transcurra
Añadas una flor á tu guirnalda,
Y que cruzando prados de esmeralda
Llegues hasta las puertas del Eden.
V
AL PRIMOGÉNITO DE UN AMIGO
———
Hoy que el placer corona tu cabeza,
Quiero estrechar tu mano con terneza
Y darte el parabien:
Porque en los dias de contento ó duda
La mano del amigo nos ayuda
A soportar nuestro placer tambien.
Hoy un hijo ha nacido en tu familia,
Como tras larga noche de vigilia
Se vé brillar el sol;
Y su sonrisa pura cual la aurora
Todo el hogar doméstico colora
Tiñendo los semblantes de arrebol.
Bendigo á Dios, que desde el alto cielo
Al ver tu corazon envuelto en duelo,
Un niño hizo nacer,
Para que despertando á la alegría
Sacase de mi lira una armonía
Con sus dedos de leche y rosicler.
Bendice á Dios tambien, triste en el mundo
Has sido presa del dolor profundo
Que roe el corazon,
Hasta que un ángel que bajó del cielo
Te dió en su labio plácido consuelo,
Y te abrigó en sus alas con uncion.
De su frente nacieron tres estrellas,
Como ella puras, cual su rostro bellas,
Que volaron á Dios
En alas de la brisa rumorosa,
Que repitió la queja dolorosa
Que brotó el alma rota de los dos.
Hoy en vez de una estrella fugitiva
Ves brillar una flor nitida y viva
De perfume inmortal,
Que no ha de marchitar el cierzo helado
Si del materno seno enamorado
Tiendes sobre ella el cándido cendal.
No conozco aun á tu hijo, mas soy padre,
Y al través de los ojos de su madre
Le miré con amor,
Como al través de un rayo luminoso
Desprendido de un cielo magestuoso
Suele verse á lo lejos una flor.
Mas conociendo tu alma generosa
Y el corazon sencillo de tu esposa,
Tu hijo conozco ya,
Porque la flor lozana y perfumada
Por la mano divina destilada
Siempre una esencia embriagadora dá.
Conociendo la flor, siento su esencia,
Que apesar, caro amigo, de la ausencia,
La brisa trae á mí,
La brisa del recuerdo y del cariño
Enviada por el hálito de un niño,
Que hoy me refresca y que te baña á tí.
Que nunca á tu vivir falte ese aliento,
Que siempre de tu esposa el blando acento
Mitigue tu dolor;
Que nunca falten flores á tu almohada,
Ni miel en tu colmena perfumada,
Ni en el hogar el hijo de tu amor.
VI
¿POR QUÉ LLORAR?
(EN UN ALBUM FÚNEBRE, RECORDANDO Á UNA MADRE SU HIJO MUERTO EN EDAD
TEMPRANA)
———
Por qué sobre el torrente de la vida,
Como una flor del árbol suspendida
Te inclinas á llorar?
Madre y esposa, veo en tus miradas,
Que buscas en sus olas agitadas
Al hijo que en su fondo viste ahogar.
———
Te diré donde está: bajo una losa
Su blando cuerpo trémulo reposa,
Tibio aun con tu calor.
¡Blanca flor que cayó de tu guirnalda
Y que al bajar á la maternal falda
Llevó marchita el viento del dolor!
———
¿Quiéres sentir su espíritu invisible?
En el hogar doméstico apacible,
Nido de la quietud,
Sentirás un perfume penetrante,
Ese es de tu hijo el corazon amante
Impregnado en tu amor y tu virtud.
———
Asi sucede en la colmena rota
Cuando el invierno asolador agota
La balsámica miel:
Siempre queda el perfume, y mas nutrida
Llega á encontrarla estacion florida
Rica con los productos del vergel.
———
Mira ese cielo. ¿Ves aquella estrella,
Que entre las otras fúlgida descuella
Del mar en el confin?
Ese es tu hijo tambien. ¡Chispa divina,
Que brotó de tu mente peregrina,
Y en sus alas llevóse un serafin!
———
¿Por qué llorar? Feliz tú, que amorosa
Aun puedes suspirar sobre una losa,
Tibia con tu calor,
Y aun puedes aspirar el suave aroma
Del alma de tu hijo, que ora asoma
En el cielo cual astro de tu amor.
VII
Á LA NIÑA LEONOR
———
Ven á mis brazos, niña encantadora,
Y mírenme tus ojos con dulzura,
Que me retratan la mirada pura
De una hija, á quien recuerdo sin cesar.
Tú tambien eres mi hija en el cariño
Pues lo eres de una amiga cariñosa,
Y de tu padre el alma generosa
Unida está á la mia en amistad.
Ven á mis brazos, ven, para adormirte
Te arrullaré con versos de cariño,
Y en tu frente mas pura que el armiño
Un castísimo beso imprimiré;
Porque los niños son, Leonor querida,
Para el hombre una gota de consuelo,
Para que el poeta inspiracion del cielo
Que en la pureza y la virtud dan fé.
———
En el seno de tu madre
Tu frente oculta, ángel mio,
Cual la gota de rocío
En el cáliz de la flor,
Y mientras el mundo torpe
No empañe de tu cabeza
El sello de la pureza,
Duerme tranquila, Leonor.
Flor delicada y hermosa
En el jardin de la vida,
Hoy te miras protegida
Por el maternal amor.
¡Ay! antes que por los cierzos
Te mire despedazada,
En esa blanda almohada
Duerme tranquila, Leonor.
En esa edad infantil
Exenta de sinsabores,
Es tu camino de flores,
Tu vida sueño de amor;
Pero antes de penetrar
A otro camino de abrojos,
Cerrando tus bellos ojos
Duerme tranquila, Leonor.
Paloma de la inocencia
Tan cándida como bella,
Tan pura como una estrella
De la mañana en su albor,
Si quieres vivir feliz
No dejes tu blando nido,
Mientras te canto al oido
Duerme tranquila, Leonor.
Pimpollo apenas abierto,
Algun dia serás rosa,
Que derramará pomposa
Su perfume embriagador...
Pero ¡ay! entonces tal vez
Te oprimirán las congojas!...
Antes que esparsas tus hojas
Duerme tranquila, Leonor.
Tal vez el mundo te brinde
La copa de los amores,
Y en ella en vez de dulzores
Bebas amargo dolor;
Tal vez serias dichosa,
Mas mi cariño te dice
Que hoy cual nunca eres felice...
Duerme tranquila, Leonor.
———
Triste es la vida, sí, bella criatura,
Pero tambien en ella hay gratas flores,
Que llenan con suavísimos olores
El sendero, que lleva á la virtud;
Hay tambien sus delicias inefables
En llenar los deberes de la esposa,
La mision de la madre cariñosa,
Y aliviar la cansada senectud.
Que la mujer es ángel de la tierra
Que Dios creó para hermosear el mundo,
Para que en medio del dolor profundo
Dé al corazon el bálsamo de paz.
Tú no comprendes hoy estas palabras
Mientras duermes tu sueño de inocencia,
Mas cuando brille en tí la inteligencia
Mis versos con amor estudiarás.
VIII
ELIZA EN LA TUMBA
———
A dónde fuiste, blanca flor, caida
Del árbol de esperanza de la vida
A ese abismo sin fin;
Cual de la palma al borde de un torrente
Hoja que arrastra rápida corriente,
Y la lleva á regiones sin confin?
Al borde de ese abismo te lloramos,
Y con vista anhelosa te buscamos
Sin poderte encontrar,
Como busca con ansia el marinero
Al que cayó del alto mastelero
Y se perdió en las ondas de la mar.
Y tus padres te llaman con ternura,
Y en esa piedra silenciosa y dura
Se estrella su dolor,
Como el llanto que el párpado humedece
Se retira, se oculta y desaparece
Al encontrar un mundo sin amor.
Ya de tu rostro no verán, Eliza,
Resplandecer la plácida sonrisa,
Como el rayo de luz
Cuando brilla la estrella vespertina,
Que halaga dulcemente y que ilumina
Cuando la noche tiende su capuz.
Tu lecho se halla solitario y frio,
Tu asiento acostumbrado está vacio
En el paterno hogar,
Como el nido de cándida paloma
Que al mirarse con alas, vuelo toma
Y al cielo sube para no tornar.
Por qué cambiaste la materna almohada
De amor y de inocencia perfumada
Por esa terrenal,
Cual virgen consagrada á los altares
Que deja la guirnalda de azahares
Para dormir en losa sepulcral?
Tú dejaste el mundo, virgen pura,
Porque al probar del mundo la amargura
Lloró tu corazon,
Y en su llanto se ahogó, como esas flores
Que al derramar suavísimos olores
Se ahogan con su propia emanacion.
IX
Á CATALINA
———
Dios abriendo sus manos desde el cielo
Distribuye sus dones generosos:
Al árbol dá los frutos deliciosos,
Y al valle ameno la fragante flor.
Y la mujer, cual ángel de la tierra,
Reina de la creacion que ha embellecido,
Lleva en sí como vaso bendecido
Los gérmenes fecundos del amor.
Tú, Catalina, eres el dulce fruto
De una mujer, que cual lozana planta,
En su corona fresca flor levanta,
Mientras el fruto de sus ramas dá;
Eres la prenda del cariño tierno
De un noble amigo, que con blando anhelo,
Guarda esa planta del rigor del cielo
Cuidándola con amoroso afan.
Por tí, por ellos hoy mi voz levanto
Para cantar la aurora de tu vida,
Cual ave que entre rosas escondida
Canta á la rosa que abre su boton;
Abre el oído, hermosa miniatura,
Para escuchar mis blandas armonías,
Antes que de la tierra las orgías,
El eco te conturbe el corazon.
Salve, blanca paloma de inocencia,
Que por primera vez tiendes el ala,
Y cuyo pico, que pureza exhala,
De la vida en el cáliz vá á beber;
Vuela, tiende tu cuello blandamente,
Para que no se agite la onda pura,
Que levantando la hez de la amargura
Te ofrecerá veneno en vez de miel.
Bebe una gota al borde de ese cáliz,
Una gota no mas, y en raudo vuelo,
Como si fueras á buscar tu cielo
Vuelve á asilarte al seno maternal,
Porque sinó de la pasion al soplo
Desbordará un torrente enfurecido,
Que arrastrará á las playas del olvido
Tu vida y tu inocencia angelical.
Vuela y vuelve á dormir tranquilamente
De la esperanza en la divina almohada,
Por el amor materno perfumada,
Vuela y vuelve paloma á reposar;
Y ojalá que al abrir tus ojos bellos,
Por la razon fulgente iluminados,
De lágrimas no se hallen empañados,
Ni puedan estas páginas borrar.
X
Á UN AMIGO
QUE ME ASISTÍA EN UNA ENFERMEDAD, SIENDO MI MÉDICO UN AMABLE FILÓSOFO
———
Mi médico, suaviza mis dolores
Hablándome de ciencia y poesía,
Como Platon el ático lo haría
Perteneciendo al gremio de doctores.
Tú en los remedios que haces, viertes flores
Que impregna la amistosa simpatía,
Y de tu mano brota noche y dia
Bálsamo aliviador de sinsabores.
Me hallo como el viagero que ha colgado
Su hamaca entre dos árboles floridos;
Que envuelto en un ambiente perfumado
Le acarician sus gajos estendidos;
Y que al fin se aletarga blandamente
Y hojas y flores caen sobre su frente.
XI
EN UN ÁLBUM
———
Es el álbum un libro misterioso
Donde todos deponen suaves flores:
Allí ofrece el amante sus amores,
Y el amigo su sincera oblacion;
Allí están los recuerdos del hermano,
Del padre, del amigo y del esposo,
Y el crugir de sus hojas, armonioso,
Es un eco del tierno corazon.
Es el álbum un ara consagrada
Al candor, la virtud y la belleza,
Donde ella, reclinando su cabeza,
Melancólica piensa en lo que fué:
Allí llega el poeta y el artista
Para quemar su incienso á la hermosura,
Para ofrecerla alguna rosa pura
Que ella en su seno secará tal vez.
Allí tambien se acerca el peregrino,
Para doblar humilde la rodilla
Ante la hermosa, en cuyas sienes brilla
La corona que adorna á la virtud;
Y cuya frente cándida y serena,
Como el disco argentado de la luna,
Que se refleja en plácidas lagunas,
Del corazon refleja la quietud.
Yo el peregrino soy que arrodillado
Ante el altar modesto de tus lares,
Culto rindo á los genios tutelares
De la mansion tranquila del placer;
Y al contemplarte á tí bajo su amparo
Admiro en tí la madre cariñosa,
Y las virtudes de la casta esposa,
Flores que brota el alma de mujer.
Yo soy el peregrino que cruzando
Del Andes la region encanecida,
Admiré entre las nieves escondida
Una flor de bellísimo color:
Aquella flor en medio del desierto
Me hizo olvidar de la aridez del suelo,
Y encontré en el camino algun consuelo
Recordando lo suave de su olor.
Tú eres la flor que he visto en este valle,
Y cuando de él me aleje mi destino
Recordaré en el áspero camino
Tus virtudes, tu gracia y candidez;
Y este recuerdo en tu álbum estampado
Es la huella fugaz del pasagero,
Que al pasar á la sombra del palmero
Su cifra misteriosa grava al pié.
XII
QUÉ PODRÉ DECIR
(EN EL ÁLBUM SIN VERSOS DE UNA JÓVEN ESPOSA!)
———
Todos dicen, Señora:—«Álbum sin versos
Es arpa no encordada todavía,
Donde duerme tranquila la armonía
Esperando la suave vibracion;
Y que si el vate arroja una palabra
En el mar de sus hojas incoloras,
Se estremecen sus páginas sonoras
Cual árbol que sacude el aquilon.»
¡Oh! no es cierto! sin duda quien tal dijo,
Jamas tu álbum purísimo ha tenido,
Porque entonces habria allí leido
Lo que en sus hojas blancas yo leí:
Lo que se lée en las ondas de los rios
Cuando la blanca luna los colora;
Lo que se lée en las nubes del aurora
Entre celajes de oro y de carmin.
¿Qué podré yo decir, que ya no diga
Esta página blanca de azucena?
Aquí se vé lucir pura y serena
Tu frente que selló la castidad;
Aquí se leen tus albos pensamientos
Y la inefable candidez de tu alma,
Y una elocuente imágen de la calma
En la apacible vida del hogar.
Aquí toda tu vida está en compendio
Donde dice con cifra misteriosa:
Bella argentina, madre cariñosa,
Esposa tierna... ¿qué mas quieres, dí?
Yo te juro que todo cuanto he dicho
Diciendo está tu libro en su pureza,
Y en su nivea blancura hay mas belleza
Que la que el númen puede darte á tí.
Tampoco creas que el pensil mas bello
Pueda exalar mas inefable aroma,
Cuando el aurora en el oriente asoma
Y la tierra le ofrece su ovacion;
Que aquí, de las domésticas virtudes
Un misterioso olor llena el ambiente,
Que baña al peregrino blandamente
Si se acerca á tu umbral con emocion.
Todo lo dice un libro inmaculado
Para espresar una existencia pura,
Y esa misma elocuencia, la natura
Manifiesta en el agua y en la flor;
Pero si algo deseas, jóven bella,
Que en este álbum purísimo te diga,
Diré:—El cielo tu existir bendiga
Bajo el ala azulada del amor.
Puedas volver al seno de tu patria
En brazos del esposo que te adora,
Y esa prole que el alma te enamora
Le dé dias de gloria y esplendor.
Mi voto es tal, y el corazon me dice
Que si mi patria fuese tu familia,
Pasaria su noche de vigilia
Y brillaria de esperanza el sol.