ESCENA XIII
Testigo 1.º, Testigo 2.º y Testigo 3.º Son tres tipos ridículos; el primero es el Pinturas, dependiente de la barbería, vestido de gala, el segundo, un mancebo de una tienda de ultramarinos a todo lujo, y el tercero un concertista de guitarra. Llevan una guitarra, una bandurria y una cítara.
Testigo 1.º—Güeno, ¿estamos?
Testigo 2.º y Testigo 3.º—Estamos.
Testigo 1.º—Pus ahora permitidme que sus arengue.
Testigo 2.º—Oye, tú, no te dilates, que faltan cinco minutos.
Testigo 1.º—Seré un tiro.
Testigo 3.º—Pues, ¡pum!
Testigo 1.º—Allá voy. Semos, como sus costa, testigos de la boda de la Isabel y Fernando el Guitarrero, y he creído de mi deber componerles un hizno cantando sus esponsales.
Testigo 2.º y Testigo 3.º—Ha sío una idea.
Testigo 1.º—Conque vamos a darle el último repaso con ojeto de ejecutarlo esta tarde después de la cuchipanda.
Testigo 2.º y Testigo 3.º—Duro con él.
Testigo 1.º—Bueno, pues cuando veamos a los novios más amartelaos, me adelanto yo y exclamo: Señores, oído a la caja. Hizno-tango. A Isabel y Fernando, en sus esponsales.
Música
Los tres.
Hablado
Testigo 1.º—¡Creo que ha salío al pelo!
Testigo 2.º—¡Superior!
Testigo 3.º—Sin embargo, en la segunda corchea del otavo compás, te se duerme la púa.
Testigo 2.º—Se tendrá en cuenta.
Testigo 1.º (Se oye dentro rumor de gente.)—¡Chits!... ¡Callarse... que están ahí! ¡Ya viene la cometiva!
Testigo 3.º—¡Es verdá!... ¡Mialos!
Testigo 2.º—¡Vivan los novios!...
Voces (Dentro.)—¡Vivan!...
ESCENA XIV
Dichos, el Guitarrero, la Isabel, Carmen, Valeriano, la señá Antonia, Liborio, invitados e invitadas. Salen todos los del acompañamiento, detrás de los novios y los padrinos, armando alegre algazara, dando vivas y tirando al alto gorras y sombreros.
Antonia.—Hombre, podíais haber avisao. Ya sus echábamos de menos.
Testigo 1.º—Pues estábamos aquí aguardando.
Liborio.—Pues una vez que no falta nadie, en marcha pa la vicaría. Primera pareja, los novios. Segunda, la Carmen y el señor Valeriano, que pronto harán el mismo recorrido por su cuenta.
Antonia.—¡Y que lo digas!
Liborio.—¡Y el resto de la cometiva a la neglisé, y la orquesta a la cola!
Todos.—Mú bien.
Testigo 1.º—¡Andando!
Todos.—¡Andando!
ESCENA XV
Dichos y Serafín, luego Lucila, después unos Chicos, y por último Balbino
Serafín (Saliendo por la derecha.).—¡Señores, un minuto!
Carmen (Con sorpresa.)—¡Serafín!
Antonia.—¿Otra vez?
Valeriano.—¡El consabido pollo!
Liborio.—¿Qué se ofrece, joven?
Serafín.—Ustés disimulen. Siento molestar, pero deseo decirle dos palabras a ese señor.
Valeriano.—¿A mi humilde persona?
Serafín.—Quería que tratásemos un asunto solos y fuera de puertas.
Valeriano.—Joven, es usté menos oportuno que una charanga a la hora e la siesta. Voy envitao. Tenga usté cachaza, que hay tiempo pa todo. (A la gente.) ¡Andando!
Serafín (Deteniéndole.)—¡Es que u viene usté u le llevo yo!
Valeriano (Con calma.)—No me zarandee usté, que puede que me moleste.
Hombres.—¿Pero qué es eso?
Serafín.—¡Eche usté pa alante como los hombres, so tardío!
Todos.—¡Fuera ese!
Carmen.—No haga usté caso. (A Valeriano.)
Antonia.—¿Vienes a armarla, so charrán?
Valeriano.—Señores calma. Por un garbanzo no se descompone la olla. Ustés, a la Vicaría. Yo voy ahí a cincuenta pasos, hago así, (Acción de dar un papirotazo.) y regreso. (A Serafín.) ¡Andando!
Serafín.—Vamos. (Vanse los dos por la izquierda.)
Todos (Intentando detenerlos.)—¡No, no!
Antonia (Furiosa, deteniéndolos a todos.)—¡Sí!... ¡Sí!... ¡Dejarlos! (Se asoma Lucila a la taberna.) ¡Dejarlo que lo escalabre!... ¡Quieto tóo el mundo! (Volviéndose hacia donde se han ido.) ¡Rómpale usté la cabeza a ese golfo, pa que escarmiente! ¡Zurre usté a ese granuja!... ¡Así te hagan trizas, so hambrón!... ¡Sinvergüenza!... ¡Fuerte, dele usté fuerte!
Lucila (Frenética de ira, sale de la taberna, se lanza hecha una hiena sobre la señá Antonia, y la agarra del moño zarandeándola.)—¿Que le dé fuerte? ¡Toma, tía perra! ¡Toma!
Antonia (Aterrada.)—¡Jesús!
Carmen.—¡Ay, mi madre!
Antonia.—¿Pero quién?... ¿Quién ha sido?
Lucila.—¡Yo!... ¡Yo he sido, tía gamberra!
Antonia.—La arrastro. (La sujetan.)
Lucila.—¡Azuzar a dos hombres pa que se maten!... ¡Tía asesina! ¡tía chula! (A los hombres.) ¡Y vosotros, gallinas, que lo consentís!... ¡Cobardes!... ¡Granujas!... ¡Yo!... ¡Yo sola contra todos! (Empieza a tirarles verduras del serón que dejó Balbino a la puerta de la taberna, con una ira y una rapidez que les asusta.) ¡Tomar, tomar, blancotes!
Isabel (Huyendo.)—¡Ay, mi mantilla! (Se arma un escándalo monumental.)
Novio.—¡Que me han dao con un tomate! (Limpiándose la cara.)
Carmen.—¡Sujetarla!
Testigo 1.º—¿Pero quién se arrima?
Muchos.—¡Guardias, guardias!
Lucila (A unos chicos que salen.)—¡Ayudarme vosotros, chicos!
Chico 1.º—¡Venga de ahí! (Los chicos empiezan a tirar también.)
Chico 2.º—¡Duro! (Tirando.)
Balbino (Que sale corriendo.)—¿Pero qué es esto?
Lucila.—¡Padre, duro con ellos!
Balbino.—¡Vaya una menestra! (Huyen todos chillando y corriendo.)
Lucila.—¡Cobardes! ¡Granujas! (Tirando.)
Balbino.—¡Una boda con patatas!
Mutación