PROBLEMA
«Un cosechero recoge de sus fincas en los años ordinarios doscientas cincuenta fanegas de trigo candeal, noventa de centeno y treinta y siete de mijo. Ahora bien, suponiendo que durante un año llueve una tercera parte menos que en los ordinarios, ¿cuánto trigo, centeno y mijo recogerá?»
Dicho se está que trataré de desenvolver este problema de tal modo que se deduzca del contenido mismo de la fábula, y no sea un miembro agregado artificiosamente á la novela. Para ello he de procurar que la acción sea rápida, haciendo que dure solamente los tres meses de otoño. La descripción de la sequía, que como es natural formará una parte muy principal de la obra, será bastante sobria, sin perder de su verdad y energía; las escenas, sobre todo desde que el nudo se forma por entero, serán vivas y dramáticas. Por último, veré de concentrar en cuanto sea posible un gran interés sobre el cosechero, héroe de la acción, haciéndole morir trágicamente en el cadalso. Lo difícil en esta obra, como en todas las demás del arte docente, es presentar el problema aparentando encubrirlo, como hacen los arroyos con las guijas que tienen en el fondo.
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En este momento llega á mi noticia que el señor Revilla no es el inventor del arte docente. Aún más, que el Sr. Revilla lo ha combatido personalmente con gran encarnizamiento hace pocos años. Cuando esto fuese cierto, no es posible negar que el arte docente era muy digno de ser inventado por el señor Revilla. La conversión, según me aseguran, se realizó al doblar nuestro poeta la esquina de la calle de la Montera á la del Caballero de Gracia, donde creyó escuchar una voz misteriosa saliendo del fondo de la tierra, que decía: «¡Emanuel! ¡Emanuel! ¿Cur persequeris me?» Instantáneamente el poeta sintió iluminarse su alma con una luz viva y purísima, y derramando abundantes lágrimas, dió gracias al Todopoderoso por no haberle dejado eternamente en el abismo del arte por el arte. En el mismo punto levantó en su pecho un altar al culto del arte docente, y el sol de la verdad comenzó á teñir de grana y oro los bordes de sus revistas de teatros. Sin dar paz á la mano, el Sr. Revilla viene trabajando desde entonces tanto y tanto en favor de esta nobilísima teoría, que bien puede perdonársele el no haberla inventado.
Mas el Sr. Revilla empieza ya á recorrer ese doloroso calvario que el mundo ofrece siempre al genio. El público (¡á reserva de glorificarlo después de muerto!), cuando no se ríe de ellas, aparenta no comprender sus intrincadas opiniones; en tanto que el Gobierno, cuya obligación de alentar al genio debiera ser una verdad, me aseguran que está pensando seriamente en prohibir el uso de los vocablos objetivo y subjetivo. Si por desgracia este rumor tuviese fundamento, ¡triste es decirlo! al Sr. Revilla no le queda otro recurso que retirarse á la vida privada.
FIN.
| Los oradores del Ateneo. | |
| Páginas. | |
| Treinta años después | 7 |
| Proemio | 19 |
| D. Miguel Sánchez | 25 |
| » Segismundo Moret y Prendergast | 33 |
| » Carlos Mena Perier | 41 |
| » Juan Valera | 47 |
| » José Moreno Nieto | 57 |
| » Manuel de la Revilla | 65 |
| » Gabriel Rodríguez | 73 |
| » Francisco de Paula Canalejas | 81 |
| » Francisco Javier Galvete | 89 |
| » Emilio Castelar | 99 |
| Los novelistas españoles. | |
| Proemio | 121 |
| Fernán Caballero | 127 |
| D. Pedro Antonio Alarcón | 141 |
| » Juan Valera | 153 |
| » Manuel Fernández y González | 177 |
| » Francisco Navarro Villoslada | 189 |
| » Enrique Pérez Escrich | 199 |
| » José de Castro y Serrano | 215 |
| » José Selgas | 231 |
| Nuevo viaje al Parnaso. | |
| Proemio | 247 |
| D. José Echegaray | 259 |
| » José Zorrilla | 277 |
| » Ramón Campoamor | 295 |
| » Antonio F. Grilo | 317 |
| » Adelardo López de Ayala | 333 |
| » Ventura Ruiz de Aguilera | 355 |
| » Gaspar Núñez de Arce | 379 |
| » Manuel de la Revilla | 399 |
- Las correcciones hecho por el transcriptor del texto electrónico:
- titulos de nobleza=> títulos de nobleza {pg 53}
- un debilidad=> una debilidad {pg 79}
- lucida y primorosa=> lúcida y primorosa {pg 85}
- rigorosa dialéctica=> rigurosa dialéctica {pg 102}
- La palabra de Casteler=> La palabra de Castelar {pg 115}
- el profundo pielago=> el profundo piélago {pg 115}
- la candida y mística sonrisa=> la cándida y mística sonrisa {pg 135}
- ferrocarrriles=> ferrocarriles {pg 142}
- La trama da El escándalo=> La trama de El escándalo {pg 149}
- casi impercetible=> casi imperceptible {pg 165}
- en su almario=> en su armario {pg 175}
- a ra los que habitamos=> para los que habitamos {pg 184}
- los árboles con angustía=> los árboles con angustia {pg 212}
- habia evocado=> había evocado {pg 248}
- os poetas españoles=> los poetas españoles {pg 285}
- más conmodedor=> más conmovedor {pg 347}
- ejmplar=> ejemplar {pg 299}
- la opinion=> la opinión {pg 304}
- su vída privada=> su vida privada {pg 304}
- al sonido arriculado=> al sonido articulado {pg 322}
- ó mis ojos=> á mis ojos {pg 335}
- uno esos mundos=> uno de esos mundos {pg 339}
- gorro de dormír=> gorro de dormir {pg 362}
- Vendrá un dia que irán=> Vendrá un día que irán {pg 365}
- elegancía=> elegancia {pg 384}
- un si es no=> un sí es no {pg 398}
- extrañisima relación=> extrañísima relación {pg 400}
- Francisco Javier Calvete=> Francisco Javier Galvete {pg 417}
NOTAS:
[1] Estas butacas fueron sustituídas al fin por otras, si no tan vistosas, un poco más cómodas.
¡Loado sea el señor secretario!
[2] Observen ustedes que escribo Krause con una ese, aun cuando sus impugnadores en España lo escriben casi siempre con dos.
[3] La Academia de la Lengua no permite que se haga política, pero la haremos á hurtadillas.
[4] Elia, cap. X.
[5] Se me figura que ya he dicho algo sobre este señor en otra parte. Véase por si acaso Los oradores del Ateneo.
[6] Véase Herbert Spencer, First principles.
[7] No hago mención de Goethe, porque el Júpiter de la poesía abrazó con su poderoso ingenio el romanticismo histórico, el filosófico y el realismo de nuestros días.
[8] Darwin.—La descendencia del hombre y la selección natural.
Haeckel.—Historia de la creación de los seres organizados según las leyes naturales.
[9] Hovelacque.—La lingüística.
Whitney.—La vida del lenguaje.
[10] Al leer esta semblanza, escrita ha más de treinta años, no puede menos de parecerme injusta. Revilla fué uno de los hombres de más talento que he conocido. Pero al mismo tiempo, siento en mi alma un cosquilleo de orgullo al pensar que tal violenta arremetida al crítico máximo de aquella época, que daba y quitaba reputaciones á su talante, fué obra de un joven literato de 23 años. Era lo que se ha llamado, después de la hazaña de Hernán Cortés, quemar las naves.
Cuando se publicó en la Revista Europea, mis juveniles compañeros del Ateneo me miraban con asombro y lástima, y se decían al oído: «¡Se ha perdido! ¡Se ha perdido para siempre!»
Por la noche me hallaba sentado entre ellos en un diván del pasillo de dicho centro, cuando acertó á pasar Revilla, que no me saludó, como era natural. Pero volvió á cruzar una y otra vez y yo advertí que estaba inquieto. Al fin se plantó delante de nosotros, se respaldó contra el armario de libros que guarnecía toda la pared del corredor, sacó un cigarrillo, lo encendió con calma, y mirándome fijamente me dijo:
—Ya he leído eso.
Yo me limité á sonreir sin contestar.
—No siento el ataque—profirió al cabo de un momento;—lo único que deploro es que está escrito sin gracia alguna.
—No lo he escrito para que le hiciese gracia á usted—respondí—sino al público.
—Pues se ha equivocado usted, porque al público tampoco le hace gracia.
—Será á sus amigos: á sus enemigos les ha hecho destornillarse de risa.
La conversación siguió en este tono algunos momentos y al cabo el insigne crítico se alejó con sonrisa amenazadora, diciendo:
—¡Nos encontraremos!
Por desgracia para él y para las letras patrias no pudo saciar su venganza. Poco tiempo después le acometió una enfermedad cerebral á la cual sucumbió.
[11] «Genio», en la acepción que aquí le damos, es un neologismo que debe admitirse, pues en ocasiones como la presente, no hay vocablo castellano con que pueda ser sustituído.