WeRead Powered by ReaderPub
Señora ama: Comedia en tres actos cover

Señora ama: Comedia en tres actos

Chapter 11: ESCENA VIII
Open in WeRead

Explore more books like this:

About This Book

The drama takes place in a rural household where the mistress's authority shapes the lives of family and servants; gossip about a young woman's perceived disgrace and her bond with a young man exposes social pressures. Across three acts of closely observed domestic scenes, conversations reveal hypocrisy, sexual double standards, class tensions, and conflicts over marriage, honor, and female agency. Characters maneuver between personal desire and communal reputation, using moral posturing to control others. The work relies on realistic dialogue and local detail to probe power dynamics and the costs of social enforcement, ending with confrontations that unsettle accepted judgments without offering simple resolutions.

ESCENA VII

DICHAS y FELICIANO

Feliciano

¡Dominica!

Dominica

¿Qué quieres?

Feliciano

Tu padre y la María Juana que quieren irse; no consienten comer con nosotros.

Dominica

Déjalos estar; que se vayan cuando quieran. Voy a despedirlos, porque la María Juana, estando ustedes aquí, tendrá reparo de entrar... Es muy vergonzosa...

D.ª Julita

Nosotras sí que nos iremos.

Dominica

Pero qué, ¿se van ustedes por eso?

D.ª Julita

No, mujer. Es que ya nos hemos entretenido bastante. A las doce que nos esperaban en casa. ¡Buenas nos pondrá Romualdo! ¡Pegará con el santo!

D.ª Rosa

¡Habremos de oírle mil abominaciones!

Dominica

Entonces no les digo nada.

D.ª Julita

Queda con Dios...

Dominica

Que ustedes sigan bien... Doña Rosa...

D.ª Rosa

Que siga usted tan buena y tan conforme.

Feliciano

Vayan ustedes con Dios... Voy a acompañarlas hasta el carro...

D.ª Julita

No te molestes...

Dominica

Voy yo también.

(Salen todos.)

ESCENA VIII

MARÍA JUANA, el TÍO ANICETO y JOSÉ

Tío Aniceto

Ya han salío. Aquí no te ven... Aquí esperamos pa despedirnos. Pero, ¿vas a llevarte llorando toa la vida?

José

No sé por qué. Yo lo tengo too hablao con el tío Aniceto. Pa San Roque nos casamos. El tío Aniceto ya me ha dicho lo que él piensa hacer por parte suya.

Tío Aniceto

Ya lo sabe ella y no sé a qué vienen tantos lloros.

M.ª Juana

Si es que yo de too esto, no siento otra cosa más que de ver a la Dominica tan imparcial conmigo, que parece mismamente que al igual de agradecer y que yo no haiga hecho cara a su marido, le ha dao como rabia.

José

No te diré que así no sea, que la Dominica es de una conformidad que parece que se alegra con que toas le hagan cara al marido.

Tío Aniceto

Yo no he visto otra. Y que no sirve predicarla. Le estará muy bien cuando les llegue el día en que se haigan quedao sin naa, que ha de llegarles al paso que llevan... ¡Las tierras abandonás y en manos de unos y de otros! ¡El ganao lo mismo! Y ninguno a pagar y toos a pedir, y como toos se creen con derecho, unos que la mujer, otros que la moza, así anda too, que esta casa parece la venta de mal abrigo... Pues yo les aseguro que lo que hace a lo mío no han de coger mucho, que yo veré de ponerlo too en orden y será pa quien deba de ser y me cuidie y me asista... que lo que hace la Dominica, ni me tie ley ni me la ha tenío nunca, que pa ella no hay naa que no sea ese hombre que la tie encantá como yo la digo... ¡Ese gallo alborotaor! que no es otra cosa más que un gallo alborotaor, como yo le digo... que es la vergüenza del mundo, que no vas por parte que no haiga dejao rastro suyo... Y ni tan siquiera respeta lo que más tenía que haber respetado siempre... (A José.) Y tú no seas tonto y lo que tenéis de vuestra madre sin partir entavía, hacéis las suertes y ca uno lo suyo.

José

En eso estoy.

M.ª Juana

¡A ver si vais a tener un disgusto!

Tío Aniceto

Él no pide más que lo suyo.

ESCENA IX

DICHOS, DOMINICA y FELICIANO

Dominica

Qué, ¿ya quieren ustedes irse?

Tío Aniceto

Sí, que quiero que lleguemos a buena hora, que ya van acortando los días y el camino tie ranchos muy malos.

Dominica

Como usté quiera.

Feliciano

Que vaya Pilaro con ustedes.

Tío Aniceto

No es menester naide.

Dominica

(A María Juana.) Bueno, mujer, no estés así.

M.ª Juana

(Llorando.) ¡Cómo quies que esté! ¡Cómo quies que esté! ¡Bien quisiera estar como tú!

Dominica

¡Creerás tú que no siento! Más que nadie cree. Pero yo no siento solo por esto, siento por muchas cosas que veo de venir. ¡Anda con Dios, anda con Dios! Y cuídame a padre; no te digo más. (Se abrazan llorando.)

Tío Aniceto

¡Vamos! ¡Dejarlo ya! Que se hace tarde... Quedar con Dios todos.

José

Hasta muy pronto.

M.ª Juana

Hasta cuando quieras.

(Salen María Juana, Dominica y tío Aniceto.)

Feliciano

¿No vas tú con ellos?

José

No, me vuelvo al pueblo de seguida. Escucha... No quería decirte naa, pero...

Feliciano

Ya sé lo que quieres, que se parta lo que tenemos junto. La herrén de la encrucijá, la del arroyo y el pradillo de la Umbría. ¿No es eso? Too se hará, descuida.

José

Pues cuanto antes.

Feliciano

Mañana mismo. Por la mañana bien temprano me ties en el pueblo. ¿Te conviene así?

José

Bien está.

Feliciano

Pues hasta mañana.

José

Si Dios quiere.

(Sale.)

ESCENA X

FELICIANO y DOMINICA

Dominica

¿Qué dice José?

Feliciano

Nada de particular... (Pausa.) Te habrás convencido que too esto ha sío cosa urdida de la María Juana... Pero tu padre se ha puesto de su lao, que ahora le ha entrao el amor por ella; pa que veas si es verdá lo que toos hemos dicho siempre.

Dominica

Ya lo he visto. Es que yo era tan tonta, que porque era mi padre creía que no había sío como toos... ¡Toos los hombres sois lo mismo! ¡Tocante las mujeres no miráis más que vuestro capricho! Y después sucede lo que sucede; hijos esperdigaos, hermanos sin saber unos de otros, que lo mismo puen llegar a quererse como no deben, que aborrecerse y matarse... ¡Todo contra la ley de Dios! ¡Todo por no tener conciencia los hombres! ¡Más vale que Dios no me haiga dao hijos!

Feliciano

Eso no lo sientes. ¿Pues pa qué estás siempre pagando misas y llevando cera a la iglesia?

Dominica

Pues mira, si alguna vez los he deseao no ha sío por mí sino por ti; por ver si los de casa te sujetaban algo...

Feliciano

¿Los de casa? ¡Como si hubiese otros!

Dominica

¡Calla, calla! Y ya que ha sío, no los reniegues.

Feliciano

Que se te ha puesto en la cabeza...

Dominica

Mira que empiezo a contar y no acabo.

Feliciano

¡Quita! ¡quita! ¡No tengas ganas de músicas!

Dominica

Sí, sí, hazte el sordo de conveniencia.

Feliciano

Mira, ahí viene la Jorja con sus chicos; vendrán a ver si les has traído algo...

Dominica

A tiempo pa disimular. Como decía la otra: «¿Ande vas, hija, con esas coles?—Calle, madre, que tinto lo traigo...»

Feliciano

¡Mia que eres!

Dominica

Yo, ¿verdá? ¡Si me valiera!

Feliciano

¿Qué ibas a hacerme...?

Dominica

¡Anda, anda, que no quiero ni verte!

(Sale Feliciano.)

ESCENA XI

La JORJA, con dos chicas y tres chicos; DOMINICA, y después, GUBESINDA

Gubesinda

¡Vamos! ¡Andar y no os dé vergüenza, cualquiera diría que la teníais!

Jorja

(Dentro.) ¡Estos muchachos siempre han de sofocarla a una! ¡Calla tú, acidentá, que paeces acidentá!

Dominica

¿No quieren verme?

Gubesinda

¡Calla, mujer!

Dominica

Mira, que os he traído almendras... (Entran.) Anda, Gubesinda; en las alforjas verás un cucurucho de ellas.

Jorja

¿Cómo ha venío usté?

Dominica

Muy bien. ¿Y vosotros cómo andáis por aquí?

Jorja

Ya lo ve usté. Sí que está usté muy buena, pues nos habían dicho que no andaba usté bien de salú, pues pa mí que vale usté más que la última vez que la vide... vamos, vosotros; no decís na, di tú (Al mayorcito.) venga usté con Dios, señora ama, para servirla... Luego bien lo charláis too cuando no hace falta.

Dominica

Están buenos todos.

Jorja

¡Gracias a Dios!... Estos no son míos.

Dominica

Ya lo sé... Estos son de la Ciscla.

Jorja

Y esta pequeña de la Engracia, pero a toos se les ha puesto de venir...

Gubesinda

(Entra.) Las almendras... y un cacho de pan pa ca uno... tomar... ¿Cómo se dice? ¿Habéis dao un beso a señora ama?

Dominica

No, a mí que no se acerquen con esas caras y con esas manos...

Gubesinda

¡Esta Jorja! ¡Mia que sois! ¿Por qué traéis así a estas criaturas, vamos a ver?

Jorja

¡Cualquiera pue con ellos! Toda la santa mañana ando tras de ellos pa lavarlos y peinarlos... ¡como no los matara!

Dominica

¡Quita, quita! ¡Si es que sois de lo que no hay! ¡No sé por que Dios os da hijos! Como no os dejéis lavar, bien lavaos, no hay almendras... Tú, Gubesinda, lava a estos de la Ciscla. Mira este... No hay más que mirarlo... ¡Qué cara de tunela! Como este otro... tú dirás de quién es esta cara...

Gubesinda

No mires, que no hay más... digo...

Dominica

Aquel regojo... Entre ciento los conoceré yo... Anda, anda... arreglarlos.

Gubesinda

Estos, de cabeza van al pozo ahora mismo.

Dominica

No los asustes...

Jorja

¡Déjate, yo los lavaré a toos!

Dominica

Dejarme a esta, que esta sí está lavada; así me gusta... La Engracia siempre ha sío más curiosa... Dame un peine, Gubesinda, y unas cintas azules que estarán ahí en ese cajón, que voy a ponerla unos moños... verás qué preciosa... Y vosotros no me parezcáis por aquí hasta que os vea yo muy bien lavaos... No tenéis la culpa vosotros... ¡Pero cuánto abandonadas seréis!

Jorja

¡Eso dirá usté! Estos chicos siempre han de sofocarla a una. Venir acá, condenaos, que me tenéis aborrecida: ya estáis andando, que os restriegue con un estropajo...

(Sale Jorja con los chicos. Suena un tiro.)

Dominica

¡Ay! Vamos, pues no me he asustao...

Gubesinda

Es el amo que anda tirando a las palomas.

Dominica

Como no tiene con quien pegar, pega con las palomas... (Asomándose a una ventana.) ¡Feliciano! ¡Feliciano!

Feliciano

(Dentro.) ¿Qué quieres?

Dominica

Que no tires a las palomas; hombre, ¿no ves que puen tener pichones criando y se desgracian...?

Feliciano

Se les ponen a otras y los crían.

Dominica

Es que muchas conocen luego que no son suyos y los matan.

Feliciano

Bueno, déjalo, yo me divierto.

Dominica

Pues diviértete, hombre, diviértete... (Se sienta a peinar a la pequeña.)

Gubesinda

Es que este Feliciano se cree que todas las palomas son como la que él tiene, que en siendo criaos en el palomar, toos los pichones le parecen suyos.

Dominica

¿Soy yo esa? Pues es verdá... ¿Qué mal han hecho ellos? Ven acá, tú... Vas a estarte muy quietecita que voy a ponerte muy guapa... No digas que no es guapa... ¡Mira qué ojos! ¡Uy! ¡Qué ojos tan retepreciosos! ¿De quién son estos ojos? ¿De quién han de ser? ¡Como que no hay otros así en el mundo! (Besando con efusión a la niña.)

Gubesinda

¡Anda, anda! ¡Así está él de ufano!... ¡Hay que ver, señor, hay que ver!...

(Telón.)

FIN DEL ACTO PRIMERO