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Señora ama: Comedia en tres actos cover

Señora ama: Comedia en tres actos

Chapter 9: ESCENA VI
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About This Book

The drama takes place in a rural household where the mistress's authority shapes the lives of family and servants; gossip about a young woman's perceived disgrace and her bond with a young man exposes social pressures. Across three acts of closely observed domestic scenes, conversations reveal hypocrisy, sexual double standards, class tensions, and conflicts over marriage, honor, and female agency. Characters maneuver between personal desire and communal reputation, using moral posturing to control others. The work relies on realistic dialogue and local detail to probe power dynamics and the costs of social enforcement, ending with confrontations that unsettle accepted judgments without offering simple resolutions.

ACTO PRIMERO


Sala en una casa de labor

ESCENA PRIMERA

GUBESINDA y después la POLA

Pola

(Dentro.) ¡Gubesinda! ¡Gubesinda! ¡Gubesinda! ¿Ande estás?

Gubesinda

¡Jesús! ¡La Pola!... ¡Entra por aquí, que ando aviando! ¡Entra, mujer, entra!

Pola

(Entrando.) ¿Cómo lo pasas?

Gubesinda

Ya lo ves... tan buena; tú mejor que nunca.

Pola

¡No me lo digas! Que he estao a la muerte. De milagro lo cuento. Qué, ¿no lo has sabío?

Gubesinda

No creí que fuea tanto.

Pola

¡Haste cargo! Con el disgusto que hemos tenío con la chica.

Gubesinda

¡Mira! Yo soy muy prudente y no quería ecirte na, pero ya que eres tú la primera que hablas, hablaré yo tamién, que si tú no sabes callar, menos tengo yo por qué callarme... Y lo que te digo yo es que tan poca vergüenza ties tú como tu chica; pa que te enteres.

Pola

¡Mírate mucho antes de soltar esas expresiones!

Gubesinda

Las que tenéis que mirarse mucho y teníais de haberse mirao más antes, sois vosotras... ¿Pero qué os teníais creío, que nadie estábamos enteraos? ¿Que en el pueblo no se sabe la verdá de too?

Pola

¿Y qué puen decir en el pueblo? Que mi chica y ha tenío una desgracia... No ha sío la primera ni será la última, y si se casa, naide tie que decir naa... Después de too, como muchas y de más alto que ella, y si fueamos a ver, las que más hablan...

Gubesinda

¡Y si las que más tenéis hablao de toas en vuestra vida habéis sío vosotras! Pa al fin y a la postre venir a caer en lo mismo, que no hay como hablar pa que too caiga encima... ¿Qué no tendréis hablao de la Jorja y de la Engracia y de la Ciscla y de toas...?

Pola

En el nombre del Padre... ¡Bendito y alabao! ¿Pero es que de mi hija y hay quien puea decir otro tanto? Es que tú tamién has ido a creerte de más de cuatro, que bien las conozgo y serán las que habrán ido a ecirle al ama lo que haigan querío... Que a eso vengo, a hablarle yo tamién, y que sepa de mi boca la verdá de too.

Gubesinda

¡Mejor te hubieas estao en tu casa! Lo que el ama quie es no verte ni oírte, a ti ni a ninguna... ¡Sinvergonzonas! ¡Desastrás! Que no sé cómo tenéis cara pa presentaros ande ella pisa... ¡Ay, si no fuea una santa, que de puro santa paece boba, como le digo yo y le decimos todos!... ¡Ay, si vosotras tuviáis vergüenza! ¡Y si tuviean vergüenza vuestros maridos, que con eso bastaba aunque no la tuvieais vosotras!

Pola

¡Mira, Gubesinda, que si no mirase y que eres tú la que me lo dices!...

Gubesinda

¡Y tanto como has de mirarte! Y si quies hacerte caso de mí, vuélvete a la Umbría y no te pongas delante del ama, y tu chica menos.

Pola

¡Eso es! Pa consentir y que la Jorja que está más cerca del ama le haga ver lo que no ha sío y el ama se crea de ella más que de nosotras, que esa tie mucha miel y trae engañá a mucha gente.

Gubesinda

Descuida, que ni al ama ni a mí, ni la Jorja ni tú ni ninguna nos traéis engañás, que toas sois lo mismo... ¿Conque dices y que tu hija se casa? Con Francisco, ¿verdad? ¡Si mientras haiga hombres pa too, tan ricamente! ¿Y el amo el padrino... con su buen regalo?

Pola

No hará más que por otros...

Gubesinda

¡Y que la Dominica lo consienta y no coja y se vaya a casa de su padre a estar como una reina, como estaba de moza con too el regalo del mundo!...

Pola

¿Regalo? no sé yo qué le falte; que si ella vino de buena casa el amo no vino desnudo ni descalzo... Y bien enamoricá d’él andaba, que su padre de ella no quería casarla... Y sus padres d’él querían casarle con la Dacia. Y bien supo ella plantarse con tos y buen mozo se llevó y bien orgullosa está ella de habérselo quitao a muchas más principales que andaban desatinás por él.

Gubesinda

¡Así es, desatinás! Que la mujer que no mira más que la presencia del hombre, too le está muy merecío... Y así ha sío con la Dominica. ¿Pa qué le ha servío el buen mozo? Pa las demás.

Pola

Dejará de ser ella su mujer y el ama de su casa.

Gubesinda

¡Buen consuelo! Pa verse siempre rebajá... ¿Y por quién? Por quien no le llega a la suela del zapato por cualquier lao que se mire.

Pola

¿Qué hemos de hacerle? Siempre perdices cansan. ¡El mundo es así y así son los hombres!

Gubesinda

Si yo de los hombres no digo naa... que ellos naa tienen que perder por naa... Pero las mujeres son las que no tenían que ser como son...

Pola

¡Ay, hija! Naide podemos decir que somos de Dios tan y mientras que no nos tiente el demonio.

Gubesinda

¡El demonio! El demonio son las mujeres que no tienen vergüenza, que ellas son las que les tientan a los hombres; que lo tengo muy visto, que los hombres no se propasan a más de lo que las mujeres son consentidoras.

Pola

¡A saber! Como tú eras ya moza cuando el amo aún no andaba...

Gubesinda

¡Que no habrá habío hombres en el mundo hasta que el amo fue mozo! Que en la casa ande yo me crié y he servío toa mi vida, no había cuatro que eran la envidia del mundo, y uno el padre del ama, el tío Aniceto, que si viejo da gloria de verlo, qué no sería cuando era más nuevo como yo le he conocío... Y toos andaban detrás de nosotras como mozos que eran y mozas que éramos... Pero como no habían de casarse ninguno con una pobre... pues algunas teníamos vergüenza...

Pola

Algunas, pero no toas; que en todos los tiempos ha habío de todo...

Gubesinda

¡No me digas! ¡Como esto no se ha visto y cuando una moza se desgraciaba era una vergüenza pa toa la familia!... Pero ahora... ¡Si parece y que lo tienen a gala! Bendito sea Dios que no ha querío darme hijos, pa que alguno hubiá sío hija y hubiea tenío que matarla...

Pola

Por eso puedes hablar y porque nunca te ha faltao que comer.

Gubesinda

¡Que habré ido a robarlo!

Pola

¡Ni yo te digo que así sea! ¡Jesús, mujer, y cómo estás conmigo!

Gubesinda

Con los trabajos del mundo y con la honra del mundo y el comportamiento que toos saben, lo hemos ganao siempre yo y mi marido... No como otros, que lo que sobra de too en sus casas falta de vergüenza... ¡Pa que te enteres!

Pola

¿Qué voy a enterarme? Pa mí lo que me dices como si me lo dijera mi madre.

Gubesinda

Si por algo y hubiea querido serlo es por haberte tullío a puros golpes, a ver si habías andao derecha, como Dios manda.

ESCENA II

DICHAS, FELICIANO y PILARO

Feliciano

(Dentro.) ¡Gubesinda! ¡Gubesinda!

Gubesinda

¿Qué manda usté?

Pola

¿Qué, está aquí el amo?

Gubesinda

Pues luego... ¿No lo sabías? Desde antiayer.

Pola

¡Vaya por Dios!

Feliciano

(Dentro.) ¡Gubesinda! ¿Qué haces que no

vienes?

Gubesinda

¡Ya voy, ya voy!... (A la Pola.) Ya le tendrás conocío... Tú verás como se entere de que le vienes al ama con cuentos...

Pola

¡Yo a él que tengo que icirle!

(Entran Feliciano y Pilaro.)

Feliciano

Pero qué, ¿no has acabao de aviar entoavía?

Gubesinda

¡Usté verá! ¡Tamién es usté de bulla! Que la hija de mi madre ha parao desde que llegamos... Usté dirá... Jabelgar y limpiarlo too... que ende que el ama estuvo la última vez naide se había tomao ese trabajo... ¡Ya se ve! ¡Como aquí no hay criaos, toos son señores!...

Pilaro

Ya estás hablando por demás... La Jorja hace su obligación y toos la hacemos... Pero tú siempre ties que argumentar elante del amo.

Feliciano

¡Calla tú!... (Viendo a la Pola.) ¡La Pola!

Pola

Sí, señor, aquí estoy... Muy buenos días tenga usté... ¿Cómo lo pasa usté? ¿Y señora ama... y toos?

Feliciano

¿Y a qué has venío tú aquí, si pue saberse? ¿Ocurre algo en la Umbría?

Pola

Nada de particular... He venío porque supimos de cómo venía el ama a la dehesa, y que no andaba muy buena de salú... y he acudío a ofrecerme...

Feliciano

¡Pues maldito lo que pintas! Ya estás arreando... Y no me acudáis tan y mientras que nadie os llame. ¿Has entendío?

Gubesinda

Ya estás avisá...

Pola

Está muy bien... Y qué, ¿no irá el ama por allá cualquier día de estos?

Feliciano

No; aquello no le sienta, con el río y con este temporal menos... Yo seré el que no tarde en ir por allí; pero antes, que venga Francisco, que tengo que hablarle, pero solo... ¿Lo has entendío?

Pola

Así lo haré saber de su parte.

Feliciano

Y lárgate ya... ¿Has almorzao?

Pola

No señor. Salí muy temprano...

Feliciano

(A Gubesinda,) Dale pan y chorizo... Almuerzas por el camino... Y pa nosotros prepara también algo, que la Jorja está a lavar al arroyo y yo y Pilaro vamos a salir al encuentra del ama que ya debe venir muy cerca.

Gubesinda

¿Qué quiere usté que le ponga?

Feliciano

Cualquier cosa, lo que esté antes listo...

Gubesinda

Tú, Pilaro, a ver si te acuerdas de traerme unas trameras, que la leña que has acarreao hogaño está muy verde y no hay forma de hacerla arder... A más la dejaste toa la noche al sereno.

Pilaro

No tuve lugar de entrarla en la portalera.

Gubesinda

(A la Pola.) Anda tú que te dé con que almuerces...

Pola

Con su permiso. Que usté se conserve tan bueno y que el ama se mejore; quede usté con Dios...

Feliciano

Escucha... Me han dicho que Martín ha puesto una denuncia a los de Telesforo...

Pola

Les pilló cortando leña... y es toos los días, y que no se andan con lo chapodao, sino que arrean con las mejores chaparras. Y a más nos han encojao un perro y han faltao unos atarres de unas caballerías que Martín se dejó olvidadas en el Encinar... Y a más son unos insultadores que han sacao unas coplas muy indecentes... de nosotros y de usté también, pa que usté lo sepa.

Feliciano

No quiero saber na; lo que has de decirle a Martín es que no vuelva a poner denuncias a Telesforo sin decírmelo a mí primero.

Pola

¡Así están de envalentonaos! ¡Habrá sío la Patro la que le haiga venío a usté con el cuento!

Pilaro

¿Te importa a ti...? ¡Que no has de dejar en paz a naide!

Feliciano

¡Calla tú!

Pola

Por nosotros... ¡Mia tú! Mas que no dejen un paligote... ¡Si es gusto del amo!

Gubesinda

Too llegará a este paso, que el mejor día nos llevará a toos por delante con una cadena del pescuezo como en tierra de moros...

Feliciano

¡No calles tú tampoco! ¡Seréis cuchareteras!

Gubesinda

¡Por mí como si quiere usté dejarse azotar!

Feliciano

A vosotras sí que era menester azotaros. Anda, anda a tu quehacer y tú arrea luego... ¡Qué mujeres! Con la primera tenían que haber hecho lo que yo hubiá dicho...

Pola

¡Mal templao está!

Gubesinda

Tie su porqué... ¡Y más pue que tenga! Vamos nosotras.

(Sale la Gubesinda y la Pola.)

ESCENA III

FELICIANO y PILARO

Feliciano

(Sacando de la petaca tabaco picado y papel de fumar.) Vamos a echarlo, Pilaro.

Pilaro

Esta algo traía.

Feliciano

¡Qué iba a traer! Desazones, cuentajos pa el ama. ¡Como si tuviéramos pocos!

Pilaro

Lo que tie esta Pola es que la tie tomá con nosotros. Cuidao que yo se lo tengo dicho a la Jorja, que con ella poca conversación y apurando más con ninguna. ¡Toas son lo mismo! ¡Es que lo tengo visto! En juntándose que se juntan dos mujeres, ya está el infierno...

Feliciano

¡Si es que el hombre no debiera de casarse nunca!

Pilaro

Esa es la mía. El casorio es bueno para las mujeres, pero los hombres no debían de perder su libertá así como así... Y no es que yo me queje, no vaya Dios a castigarme, que otras habrá peor que la Jorja... Pero es lo que yo digo, que a un hombre solo, tire por ande tire, nunca le falta. Yo por mí sé decir que cuando andaba en el servicio, yo tenía menos que ahora y nunca me faltaba una peseta; el cómo era yo no sabré decirlo, pero que así era. Y ende la hora que me casé, siempre ando lampando, que ni pa una docena de pitos tengo nunca una perra de sobra... Y no hay que decir que me haiga quedao sin comer ningún día, no vaya Dios a castigarme, que peor estarán otros; pero que yo no he vuelto a estar como entonces, como yo digo, que no tenía na y me sobraba too; el cómo era yo no sabré decirlo, pero que así era... No tire usté... (Pidiéndole la cerilla para encender el cigarro que ha ido haciendo con mucha calma.)

Feliciano

Escucha. Cuando fuiste ayer al pueblo, ¿quién andaba por casa? ¿Viste al ama?

Pilaro

Sí que la vi.

Feliciano

¿Qué cara tenía?

Pilaro

La cara de siempre, con aquella risa que se ríe por too...

Feliciano

¿Habló contigo?

Pilaro

Pues luego... como siempre; me preguntó por toos; por la Jorja, por los muchachos, por Antolín en principalmente; es el que ella ha querío más siempre; no sé si porque usté lo sacó de pila...

Feliciano

Y al señor Aniceto, ¿le viste?

Pilaro

Ese sí me pareció que andaba mal encarao. Y José también.

Feliciano

¿También andaba por allí mi hermano...? Y la María Juana, ¿la vistes?

Pilaro

A esa también, sí señor, que tenía los ojos como de haber llorao... Como dicen que el señor Aniceto se la lleva al Sotillo, es natural, ella les tie que tener ley a ustedes y a la casa. Ende chica sin separarse del ama.

Feliciano

Ella se tie la culpa de todo.

Pilaro

Eso tengo entendío.

Feliciano

¿Qué has entendío? ¿Andaste por el pueblo?

Pilaro

No, señor, no andé naa... Cuando voy nunca ando por el pueblo. ¿Pa qué? Pa tener un día una cuestión con alguno. Son muchas envidias las que le tienen a uno. Ahora que del caso de la María Juana, sí entendí de hablar, porque hablar, ¡hágase usté cargo! ¡Hasta las piedras! Como que no falta quien diga y que el ama se iba con su padre al Sotillo, y porque yo dije que no era verdad, que el ama ande venía era aquí, a la dehesa, ande usté la aguardaba, se me echaron a reír... Conque hoy se verá quién llevaba razón. A más que no había más que ver al ama pa comprender que too era hablar de la gente, y es no conocerla...

Feliciano

Sí, es no conocerla. Pero tanto harán toos y tanto le dirán unos y otros que acabarán por soliviantarla.

Pilaro

Así es. Es lo que yo digo. ¿Qué le importan a naide los negocios de naide?

Feliciano

Ahora no ha tenío nadie la culpa más que la María Juana. Yo a ti no voy a decirte una cosa por otra. Tú has sío siempre el primer sabedor de toas mis cosas.

Pilaro

Así es, que no ha habío otro que haiga andao más que yo a su lao de usté, ahora y de mozo...

Feliciano

Pues lo que yo te digo, y bien puedes creérmelo, es que yo nunca le he dicho palabra ninguna con intención a la María Juana; que la he mirao siempre, como lo que es para mí, como una chiquilla, que la he conocío de toa la vida al lao de la Dominica... Y como lo que toos sabemos que es, porque, ¿quién no lo sabemos?

Pilaro

Así es.

Feliciano

Si así no fuera, ¿por qué tenía que haberla acogío el tío Aniceto en su casa cuando murieron sus padres de ella...? Y que ella no ha sío una criada más en casa de mi suegro, sino que ha sío tan hija como la Dominica.

Pilaro

Así ha sío, y bien lo hemos visto. ¡Bueno es el tío Aniceto pa hacer caridades si no hubiera un porqué como ese!

Feliciano

De manera que yo la he respetao siempre por dos cosas: primeramente, porque ya sabes que cuando estás siempre al lao de una mujer que has conocío desde chico, pues parece que no hay aquella ilusión que con cualquiera otra que ves de pronto.

Pilaro

Como que así es. Más que querían a mí casarme con una prima hermana que nos habíamos criao juntos, y convenirme me convenía por toos los estilos... Pues nunca pude mirarla en mal sentío... Y estábamos veces solos, y no hay que decir que no lo valía... pues...

Feliciano

A más, ya te digo, bastaba que yo supiera lo que hay y de cómo es hermana de padre de la Dominica, para no pensar en ella ni por entre sueños.

Pilaro

Así había de ser.

Feliciano

Pero ya ves qué me ha valío... Si ha sío ella la que ha ido diciendo que yo me había propasao.

Pilaro

Con su idea habrá sío.

Feliciano

¡Tan con su idea! Esa tie más idea de lo que parece. Y es que ella se sabe lo que toos sabemos, y está muy engreída de que es tanto como la Dominica, y se le ha puesto y que ha de casarse con mi hermano José, que será tan bestia que se casará con ella y dejará a la Dacia, que baste que ya estuvo pa casarse conmigo y que toos en las dos familias queremos que se case, pa que él nos lleve a toos la contra... Y como María Juana ve too esto pa emberrenchinarle más, sale con que yo la traigo acosá. Y para que el tío Aniceto se amontone y se la quiera llevar consigo, que al fin la sangre, como dicen, sin fuego hierve... Y pa que la Dominica se alborote tamién y salga diciendo que no respeto naa, y tendría razón si fuera verdad... y pa que mi hermano se vuelva contra mí y se ciegue por ella, y pa que toos hablen y traigan y lleven... Y yo me haiga venío aquí por no oírlos a toos, que de naa me ha servío, que toos han de acudir aquí como ves, ca uno con su música, que es mucha música, más cuando estoy inocente de todo... ¡Puedes creérmelo!

Pilaro

Sí que lo creo.

Feliciano

Pero esa no se sale con su idea, esa no se casa con José, así tengamos que andar a golpes.

Pilaro

En eso ya no obrará usté bien. Si es gusto de uno y otro. ¡Anda con Dios! Hay más que dejarlos...

Feliciano

Si es que... voy a decírtelo todo; si es que ha sío la María Juana la que me ha andao buscando y yo huyéndole... Si es que se come de envidia de la Dominica y quiere ser tan ama de mi casa como ella, y como por ahí no ha podido ser, ahora dice que soy yo el que la ha buscao... Y ya se ve, como siempre he tenío esa nota de gustarme toas las mujeres...

Pilaro

Si es que ha sío usté tan enamoriscao...

Feliciano

No he sío yo siempre, Pilaro.

Pilaro

En eso estoy. Es uno en su pobreza y más de una y más de dos vienen todavía a comprometer... ¡Es que las hay de comprometeoras!

Feliciano

Y yo tengo visto muy claro lo que quiere la María Juana; lo primero, casarse con José pa asegurarse y verse en su casa tanto como la Dominica en la suya... Y cuando esté así volver a buscarme...

Pilaro

Y que así sería.

Feliciano

¡Y eso no, yo no hago esa acción con mi hermano! Si él no lo ve, yo lo veo... Y si habíamos de tener un disgusto, que sea antes... Que después como él se casara y ella volviera con las mismas y yo consintiera y me callara... Es pa que mi hermano me mate o tener que matarle... Y si no soy consentidor y hablo y voy y le digo: «¿Lo ves ahora? ¿Lo ves y a quién quería?» Pues es pa tener él que matarla a ella y de cualquier suerte, la ruina de un hombre y de una casa.

Pilaro

Y que así sería...

Feliciano

Y de esto ni palabra a nadie, a la Jorja menos. Pero con alguien tenía que desahogarme cuando toos pegan contra mí.

Pilaro

Bien sabío debe usté de tener que a hombre secreto no me gana naide, que de otras cosas he sío yo solo sabedor y por mí en jamás se habrá traslucido naa...

Feliciano

Ya lo sé, hombre, y por eso me declaro contigo... Pero esa Gubesinda, ¿no tendrá listo el almuerzo? Anda a ver, hombre...

Pilaro

¿No la entiende usté de hablar a la puerta? ¿Con quién podrá ser?

Feliciano

¡Calla! Si son doña Julita con la Dacia y con su cuñá... ¿A qué habrán venío?

Pilaro

A la cuenta que vuelven del Tiemblo, que tengo entendío que estaban a cumplirle una promesa a San Antonio y de vuelta habrán dao un arrodeo pa acercarse aquí.

Feliciano

Y cucharetear lo que se cuece. Estarán enteradas de too.

Pilaro

Así será...

Feliciano

Si pudiera escapar sin verlas...

Pilaro

No lo piense usted. Hasta aquí se cuelan. Velailas aquí, usté.

ESCENA IV

DICHOS, DOÑA JULITA, DOÑA ROSA, la DACIA y GUBESINDA

Gubesinda

Pasen ustedes que aquí está el amo. Mire usté quién está aquí. ¡Doña Julita con la Dacia y con su cuñá!... ¿Cómo es su gracia de usté, usté perdone?

D.ª Rosa

Doña Rosa.

Feliciano

¡Cuánto bueno!

D.ª Julita

¡Qué sorpresa, verdad, de vernos por aquí!... Tú no conoces a mi cuñada Rosa.

Feliciano

Ya tenía ese gusto, para servirla.

D.ª Rosa

El gusto es mío; servidora de usté.

D.ª Julita

No me acordaba. Como tú paras poco en el pueblo y ella hace poco que vino con nosotros...

Feliciano

Siéntense ustedes, tomarán ustedes algo. Anda tú, Gubesinda, a ver que les traes a estas señoras.

Gubesinda

Ya les he ofrecío, pero dicen que no quieren tomar nada.

D.ª Julita

No, muchas gracias, se agradece lo mismo. Queremos llegar al pueblo antes del toque de medio día, que nos esperan en casa y estarán con cuidado.

Gubesinda

Con su permiso, que tengo a medio aviar el almuerzo.

(Sale.)

Feliciano

¿Conque antes de las doce? Está bueno. Yo creí que venían ustedes a pasarse tres o cuatro días con nosotros...

D.ª Julita

¡Jesús! ¡Tres o cuatro días! ¡Con lo que ya faltamos de casa! ¡Bueno se pondría Romualdo!

Feliciano

Pues hoy viene aquí la Dominica. Debe de estar llegando. Yo iba a salir a esperarla al camino...

D.ª Julita

Nos lo han dicho; por eso nos llegamos por verla, creyendo que ya estaría. Qué, ¿vais a pasaros una temporada en la dehesa?

Feliciano

Según nos pinte. Yo tenía que dar una vuelta de todos modos; cuestión de las ovejas... Y la Dominica parece que no andaba muy buena estos días, conque esto puede que la siente. ¿Y ustedes del Tiemblo? ¿De rezarle al santo?

D.ª Julita

Tú verás. Que iba para dos años que le teníamos hecha promesa. ¡Ya estábamos avergonzadas! Pero que un día por una cosa, otro día por otra, en una casa como la mía nunca puede hacerse lo que una quiere. Luego, Romualdo, que ya le conoces, en diciéndole de santos y de iglesia, no transige, y cada vez que le decíamos de ir, nos dejaba sin carro y sin caballerías.

D.ª Rosa

¡Mi hermano es así, por desgracia! Yo no sé quién haya podido imbuirle esas hipótesis. No habrá sido en nuestra familia, donde solo ha podido ver buenos ejemplos. Un tío nuestro, por parte de madre, canónigo de la santa sede catedral de Sigüenza, una lumbrera del púlpito. Todo el mundo decía que hubiera llegado a obispo si la muerte no le hubiera sorprendido infragante en la flor de su vida... Hoy mismo tenemos una prima, por parte de padre, religiosa en las Adoratrices de Madrid: no de las arrepentidas, de las otras, porque las hay de dos clases... pero mi hermano, no sé a quién haya podido salir. Son las malas lecturas, lecturas perniciosas.

D.ª Julita

¡No digas, mujer! Si él nunca lee nada.

D.ª Rosa

¡Pero oye! Así es que yo, créame usted, si no fuera por mi cuñada y por mi sobrina, y porque dónde voy yo sola como estoy en el mundo desde la desgracia de mi marido, que para mí peor que si se hubiera muerto, porque un hombre que no tiene vergüenza, para mí es lo último. Y aquí mi cuñada le dirá a usted que no exagero. Cualquiera que me vea y se le diga la edad que tengo... ¿Qué edad me calcula usted?

Feliciano

No sé decirle a usted. Buena edad sí parece...

D.ª Rosa

Se quedará usted pasmado cuando le diga a usted que soy mucho más joven que mi cuñada...

D.ª Julita

(Bajo.) No lo creas.

D.ª Rosa

Pero ella no ha sufrido lo que yo... una mártir... ¿Dónde he dejado yo el pañuelo? (A la Dacia.) ¡Déjame el tuyo, haz el favor! (Llora.)

D.ª Julita

(A Feliciano.) No le hagas caso. El mártir fue su pobre marido que, por fin, no pudo más y se fue con la criada. Un mes lleva con nosotros y no podemos más...

Feliciano

Y qué, ¿qué le han pedido ustedes a San Antonio?

D.ª Julita

Yo, por mi parte, salud para todos, nada más que salud. En lo demás el santo verá lo que nos conviene.

D.ª Rosa

Yo resignación para sobrellevarlo todo.

Feliciano

Y la Dacia, ¿un buen novio?

Dacia

No pienso en eso, ¿pa qué?

D.ª Rosa

¡Qué disparate! ¡Quién piensa en bodas!

Feliciano

No le diga usted eso. ¿Conque vamos a ser cuñados muy pronto?

Dacia

¡Búrlate de mí! ¡A tiempo hablas!

D.ª Julita

No, hijo. No está de Dios que emparentemos las dos familias, por lo visto. Primero fuiste tú quien debió de casarse con ella; pero te sorbió el seso la Dominica...

Feliciano

No fue eso. Es que yo vi que era mi hermano el que la quería.

D.ª Julita

Tú no debiste ver quién la quería, sino a quién quería ella.

Feliciano

Es que ella también me pareció que le quería.

Dacia

No es verdá.

D.ª Julita

En fin, por lo que fuera... tu hermano ahora ya ves, dos cuartos de lo mismo, con la María Juana... Es que os tira el zagalejo... Es que vuestro padre no os educó como correspondía a su posición; siempre se lo dije... No es que yo lo sienta, porque ni tu hermano ni tú sois para hacer felices a ninguna mujer.

Feliciano

Usté es muy clara.

D.ª Julita

Ya lo sabes. Soy castellana vieja. Los de esta parte sois más dobles... ¡Que mi hija iba a haberte consentido lo que te consiente la Dominica! Verdad es que ella... ¿Qué va a hacer? Bastante es que te hayas casado con ella. Porque, francamente, sin ofenderla, no fue boda para ti... porque su padre tendrá todo el dinero y las tierras que se quiera... pero sus principios... ¿No sabemos todos sus principios? Tu abuelo, un triste cabrero de casa de mi tío Juanito, que le vino el dinero y todo lo que tiene, todos sabemos cómo, gracias a su mujer y a sus hijas...

D.ª Rosa

¡Yo me pasmo de oír estas cosas! Nunca creí que en lugares tan humildes fuera tanta la corrupción de costumbres... Cuidado que yo he visto mucho; he vivido seis meses en Madrid y dos años en Torrijos, pero como aquí... ¡Qué horror! Hasta el mismo clero, que la quitaría a una la devoción si no mirara más arriba...

D.ª Julita

Pues eso es lo que le pasa a mi Romualdo, que como conoce a todos los curas de alrededor, le han hecho ser tan republicano.

D.ª Rosa

¡Yo, desde que estoy aquí, no oigo contar más que trapisondas y deshonestidades!

D.ª Julita

De eso nadie nos asustamos... siempre ha sido igual y en todas partes; por algo dicen: «Quien ve un pueblo, ve un reino, y quien ve un reino, ve el mundo entero.» Lo peor que hay aquí es que no hay unión en los que pueden, y de eso se aprovechan más de cuatro pillos que nunca debieron subir a donde han subido. Y toda la culpa la tuvo tu padre que siempre fue un abandonado y la tenéis sus hijos, y mucha también mi marido... ¿No es una vergüenza ver de juez municipal al tío Bruno? ¿No sabemos todos quién fue su padre? Un triste gañán de en casa de mi tío Doroteo... ¡Y de alcalde al tío Catalino! ¿No sabemos todos quién fue su padre? Es decir, no lo sabemos, que todos dicen que fue otro, y esa ha sido su suerte... ¡Y así todos los de justicia! ¡Y si siquiera mandaran ellos! Pero no, si quien mandan son sus mujeres, que estamos mandados por mujeres. Pero yo se lo tengo dicho a Romualdo, que como en la primera junta de Ayuntamiento no vaya y les diga todo lo que hay que decirles, me planto yo y se lo digo muy claro y me oyen como tienen que oírme todos los días sus mujeres... que es lo que no puede aguantarse, que las mujeres sean aquí las que se metan en todo... y lo gobiernen todo.

Feliciano

Todas no son como usted.

D.ª Julita

Ya puedes decirlo.

D.ª Rosa

Crea usted que si yo tuviera mando, lo que traería aquí es muchas misiones que predicaran, mejor que mandarlas a la China y a los negros antropólogos.

D.ª Julita

Pues yo mucha Guardia civil que los metieran en cintura a todos. Ahora mismo por el camino he tenido un sofoco, estas lo han visto, no sé cómo no me ha dado un insulto... todo el ganado del tío Bruno en la linde de la Robleda. ¡Y no habrá quién lo denuncie! ¡Y el chanchullo que nos quieren meter con los pastos, para comérselos cuatro pillos! ¿Y con los consumos? ¿Y con el caño nuevo? Que ha de ponerse a la puerta del tío alcalde para su conveniencia y para que salgan luego sus criadas a lavar la ropa y fregar la espetera. ¡Las muy puercas!

Dacia

Pero, ¡madre! ¿Qué adelanta usted con sofocarse?

D.ª Julita

Ya lo sé que no adelanto nada. Pero déjame, que tú eres como tu padre, que como yo le digo: «Tu suerte ha sido tenerme a mí por mujer», que lo que a mí no me hubiera importado, a él le hubiera importado menos.

Francisco

(Sale.) Ya está ahí el ama...

Feliciano

Con la conversación se ha pasao el tiempo sin sentirlo.

Gubesinda

(Dentro.) ¡Aquí está el ama! ¡Y toos!...

D.ª Julita

Y te hemos quitado de ir a esperarla. Yo se lo diré que ha sido culpa nuestra...

Feliciano

Es lo mismo. Más era por echar un paseo.

D.ª Julita

Anda, anda y ve... Nosotras somos de confianza.

Feliciano

Con su permiso... Ahora vendrá ella a saludarles a ustedes... Si no quieren ustedes venir...

D.ª Julita

Anda tú solo, que siempre tendréis que deciros algo, con todo lo que ha pasado, que todo se sabe... ¿Pero cuándo querrás tener formalidad, hombre?

Feliciano

No me diga usté que ahora no hay razón para ello.

D.ª Julita

¡Si no te conociéramos! Anda, anda...

(Sale Feliciano.)

ESCENA V

DICHOS, menos FELICIANO

D.ª Julita

Ya sabía yo que no podía ser lo que decían; que la Dominica se iba al Sotillo con su padre... Por otras cosas ha pasao para no pasar por esta...

D.ª Rosa

Di que se trata de una mujer ordinaria... Una señora de clase no lo consentiría... ¿Pero qué idea va a pedirse a esta gente de lo que es dignidad? A saber si ella hará lo mismo...

Dacia

Eso no, tía; la Dominica es honrada, donde haya mujeres honradas, y si pasa por todo es porque quiere a su marido.

D.ª Rosa

¡No me digas! Si le quisiera no pasaría por nada. Cuando se quiere de verdad todo ofende. Y lo que yo sé de este hombre es para que su mujer no le mirara a la cara... ¡Y pensar que tú podías haberte casado con él! ¿No sabíais lo que era?

D.ª Julita

De mozos todos son lo mismo.

D.ª Rosa

Pero este ha seguido igual de casado.

D.ª Julita

Es joven todavía, y como es buen mozo y es el más rico por aquí... ya se sabe... Ya parará cuando llegue a viejo.

D.ª Rosa

Y entre tanto, ¿te parece bien que no haya guardesa, ni hortelana, ni molinera, ni criada de sus tierras que no haya tenido que ver con él...? ¿Y ese enjambre de criaturas sin padre...?

D.ª Julita

Eso no... todas se casan, y como si nada hubiera pasado.

D.ª Rosa

Engañando a pobres infelices...

D.ª Julita

¡No seas tonta! Nadie va engañado...

D.ª Rosa

¡No me lo digas! ¡Entonces peor que entre los moros! ¿Entonces aquí no hay religión, ni moralidad, ni vergüenza?

D.ª Julita

¡No le des vueltas! Hay hombres y mujeres...

D.ª Rosa

¡Que viven como los animales!

D.ª Julita

Tampoco hay quien les enseñe a vivir de otro modo. ¿Ven ellos algo mejor que los animales?

D.ª Rosa

¡Lo que yo digo! Misiones, misiones que les predicaran...

D.ª Julita

No te canses. Aquí no vienen. ¿No ves que no hay dinero? Si hubiera siquiera alguna mina cerca. Pero esta tierra seca y pobre no es tierra de conventos ricos... ¡Pobres curas de aldea nada más! ¡Tan pobres como la tierra y como nosotros!

D.ª Rosa

Eso es, habla tú también como mi hermano.

D.ª Julita

Es que mi Romualdo cuando habla de las cosas de aquí bajo no le falta razón... Ahora cuando habla de las de arriba, ya no estamos conformes... que yo soy tan cristiana como la primera... (Se oye lejano el toque de medio día.)

Dacia

Las doce, madre... ¡Qué bien se oye desde aquí la campana del pueblo!

D.ª Julita

Vendrá de allí el aire... Hija, el Ave María; que esté donde esté, no falto yo a mis rezos de mañana y tarde. (Rezan en voz baja. Dominica aparece a la puerta y, al verlos rezando, se para y reza también.) Y un Padre nuestro por nuestros difuntos.

ESCENA VI

DICHOS y DOMINICA

D.ª Julita

(Viendo a Dominica.) ¡Dominica! ¡Hija! ¿Cómo estás? (Abrazándola.)

Dominica

Las vi que estaban ustedes rezando y he rezao con ustedes...

D.ª Rosa

¿Cómo está usted?

Dominica

Así ando, pero no es de cuidao... Ven acá, Dacia... ¡Jesús, de cada día más guapetona! (Besándola.)

Dacia

Te he llenao de polvos... Con estos aires se corta la cara y hay que ponerse algo.

D.ª Julita

No hay más remedio.

Dominica

¿Cómo lo pasa usted, doña Rosa?

D.ª Rosa

Ya ve usted. ¡Con mis disgustos y mis adversidades!

Dominica

¡A nadie nos falta! ¿Conque del Tiemblo de ver al bendito San Antonio? También yo quisiera ir que tengo que pedirle mucho; no sé si me dará too lo que tengo que pedirle.

D.ª Julita

Lo primero una docena de chicos, que buena falta os están haciendo... vosotros que podéis... En cambio a otros pobres...

Dominica

Le pediré uno nada más. Pero antes tengo que pedirle marido... .

D.ª Julita

Qué, ¿no le tienes ya?

Dominica

Sí, pero este marido mío es de los que se pierden, y como San Antonio sabe encontrar todo lo perdido...

D.ª Julita

Anda, mujer. (A la Dacia.) Dale a la Dominica una medalla de esas que traemos benditas y una cinta tocada también en el santo.

Dacia

Toma, esta de plata. ¿De qué color quieres la cinta? ¿Azul?

D.ª Julita

No, que son celos.

Dominica

Por eso no. De ese mal ya me hubiera muerto... Pero como soy negrucha, dámela de otro color que me vaya a la cara.

Dacia

Toma esta grana...

Dominica

Muchas gracias... Pónmela al cuello, que quiero estar santa. ¡Dios te lo pague! ¿Y cómo les ha ido en la romería?

D.ª Julita

Allí muy bien. Muy atendidas y muy obsequiadas.

Dominica

Es verdad, que allí tenían ustedes familia.

D.ª Julita

¡Ay, no! Con la familia, nada; ni nos tratamos. ¡Valiente gentuza está! Los amigos... Y tú, ¿qué nos dices de tus cosas? Ya se sabía allí todo... Por supuesto, abultado. Daban por hecho que de esta tú te ibas con tu padre.

Dominica

¡Eso quisieran! Mire usté, no es que yo quiera santificar a Feliciano, pero ahora la que ha dao too el ruido ha sío la María Juana. Si él la perseguía, con que me lo hubiera dicho a mí, bastaba; yo hubiera visto lo que me cumplía hacer... Pero no, se ha ido publicándolo por todo el pueblo... pa que todos sepan que ella es muy santa... Y es lo que yo digo: ninguna mujer que quiere ser buena necesita de publicarlo... A todas nos habrán buscado, con una mira o con otra, de mozas y de casadas, que a todo hay quien se atreve, y no hemos ido pregonándolo; que la honra de la mujer, cuanto más callá está mejor.

D.ª Julita

Y por fin, ¿se casa con tu cuñado?

Dominica

Así parece. Ahora se la lleva mi padre... Conmigo han venido hasta aquí y ahí están, pero ni siquiera quieren comer aquí, siguen pa el Sotillo. (A la Dacia.) Tú, ¿qué dices de todo esto?

Dacia

Nada... No creas que me importa. Si yo nunca he querido a José.

D.ª Rosa

Ni debe pensar en casarse... ¡con lo que se ve en los matrimonios!

D.ª Julita

Si está de Dios ya se casará. Como yo digo: no hay olla tan fea que no encuentre su cobertera. Ahora que aquí no hay mucho donde escoger...

Dominica

La Dacia me parece a mí que ya no tiene ilusión por ninguno. Tú no has querío más que uno... A Feliciano, ¿verdad?

Dacia

¡Qué cosas tienen!

Dominica

Yo no puedo hacer más que dejarlo viudo.

Dacia

¡No me digas eso!... Otras se alegrarían que no yo...

Dominica

Ya lo sé, que tú me quieres y que no eres como otras tantas, que porque él no las ha querío van diciendo y que son ellas las que le han despreciao...

Dacia

Yo sí que le quería. ¿Pa qué voy a decir otra cosa?

Dominica

Como le han querío ande quiera que se ha acercao... ¡Como que no hay otro como él! ¡Y mira que me tie hecho pasar!

D.ª Julita

¡No digas! Si yo no sé de qué pasta eres... Si a ti parece que te agrada que se rifen a tu marido.

Dominica

Pues le diré a usté. Me tengo desesperá miles de veces, cuando creía y que él podía querer a cualquiera otra... pero ya me he convencío y que no es así, que son ellas las que le quieren a él y en medio de todo pa mí es una satisfacción. ¡Todas por él y él por mí! ¿No es pa estar orgullosa?

D.ª Julita

Teniendo ese modo de ver...

D.ª Rosa

Sí que no lo entiendo. Yo, que solo ante la hipótesis de que mi marido no me guardaba todas las consideraciones debidas a una esposa, he llegado al trance más doloroso para mí, al escándalo de una separación judicial...

Dominica

No le querría usté mucho, cuando se acostumbra usté a estar sin él.

D.ª Rosa

Le quería como debe querer una esposa; anteponiendo sobre por encima de todo su dignidad de esposa.

Dominica

En su clase de usté así será... Tienen ustedes otros miramientos... A mí también me están siempre con que no debía de consentirlo, mi padre y todos... Y algunas veces se lo he dicho a él; que no consentía más, que me iba con mi padre, que me desapartaba de él y se acabó todo. Pero él se echaba a reír, y ¿saben ustedes lo que me decía?: «¡Anda con Dios! Si te vas con tu padre yo me voy con otra.» ¡Y lo hubiera hecho como lo decía! ¡Ya ven ustedes quién iba a salir perdiendo! Y que no, señora, cuando me casé fue pa vivir juntos toda la vida y llevarle el genio con paciencia... Algo había de tener... Peor fuera que hubiera salido un borracho, o de esos hombres que por cualquier motivo ponen la mano encima a sus mujeres... o que hubiera enfermao de algún mal que no pudiera valerse... Muchas cosas que hubiera tenido que conllevar como conllevo esta, que mala es, pero es como todo, hasta acostumbrarse...

D.ª Julita

Y por lo que se ve, tú ya estás acostumbrada...