WeRead Powered by ReaderPub
Tirso de Molina cover

Tirso de Molina

Chapter 25: JORNADA PRIMERA
Open in WeRead

Explore more books like this:

About This Book

La obra presenta a Paulo, un ermitaño cuya visión de un tribunal divino y la experiencia de una condena onírica siembran en él una paralizante duda sobre su salvación. Un demonio, tomando apariencia angélica, explota esa desconfianza e impulsa al ermitaño a viajar a Nápoles para observar la vida de otro hombre, cuya suerte habrá de reflejar la suya. A lo largo de jornadas y escenas se enfrentan la penitencia, la tentación y la soberbia, con apariciones sobrenaturales y pruebas morales que examinan la fe, la conciencia y las consecuencias de anteponer visiones personales a la confianza en lo divino.

LA PRUDENCIA
EN LA MUJER

La escena es en Toledo, León y otros puntos.

JORNADA PRIMERA

Sala en el alcázar de Toledo.

ESCENA I

El infante don Enrique, el infante don Juan, don Diego de Haro.

D. Enrique.

Será la viuda reina esposa mía,

y daráme Castilla su corona.

O España volverá a llorar el día

que al conde don Julián traidor pregona.

¿Con quién puede casar doña María,

si de valor y hazañas se aficiona,

como conmigo, sin hacerme agravio?

Enrique soy; mi hermano, Alfonso el Sabio.

Don Juan.

La Reina y la corona pertenece

a don Juan, de don Sancho el Bravo hermano:

mientras el niño rey Fernando crece,

yo he de regir el cetro castellano.

Pruebe, si algún traidor se desvanece,

a quitarme la espada de la mano;

que mientras gobernare su cuchilla,

sólo don Juan gobernará a Castilla.

Don Diego.

Está vivo don Diego López de Haro,

que vuestras pretensiones tendrá a raya,

y dando al tierno Rey seguro amparo,

casará con su madre; y cuando vaya

algún traidor contra el derecho claro

que defiendo, señor soy de Vizcaya:

minas son las entrañas de sus cerros,

que hierro dan con que castigue yerros.

···············

D. Enrique.

Vos, caballero pobre, cuyo Estado

cuatro silvestres son, toscos y rudos,

montes de hierro, para el vil arado,

hidalgos por Adán, como él desnudos,

adonde en vez de Baco sazonado,

manzanos llenos de groseros ñudos

dan mosto insulso, siendo silla rica,

en vez de trono, el árbol de Garnica,

¡Intentáis de la Reina ser consorte,

sabiendo que pretende don Enrique

casar con ella, ennoblecer su corte

y que por rey España le publique!

Don Juan.

Cuando su intento loco no reporte

y edificios quiméricos fabrique,

mientras el reino gozo y su hermosura,

se podrá desposar con su locura.

···············

Don Diego.

Cuatro bárbaros tengo por vasallos,

a quien Roma jamás conquistar pudo,

que sin armas, sin muros, sin caballos,

libres conservan su valor desnudo.

Montes de hierro habitan, que a estimallos,

valiente en obras, y en palabras mudo,

a sus miras guardárades decoro,

pues por su hierro España goza su oro.

Si su aspereza tosca no cultiva

aranzadas a Baco, hazas a Ceres,

es porque Venus huya, que lasciva

hipoteca en sus frutos sus placeres.

La encina hercúlea, no la blanda oliva,

teje coronas para sus mujeres,

que aunque diversas en el sexo y nombres

en guerra y paz se igualan a sus hombres.

El árbol de Garnica ha conservado

sin que tiranos le hayan deshojado,

la antigüedad que ilustra a sus señores,

ni haga sombra a confesos ni a traidores.

En su tronco, no en silla real sentado,

nobles, puesto que pobres, electores

tan sólo un señor juran, cuyas leyes

libres conservan de tiranos reyes.

Suyo lo soy ahora, y del Rey tío,

leal en defendelle, y pretendiente

de su madre, a quien dar la mano fío,

aunque la deslealtad su ofensa intente.

Infantes, si a la lengua iguala el brío,

intérprete es la espada del valiente;

vizcaíno es el hierro que os encargo,

corto en palabras, pero en obras largo.

¡Ser mis esposos queréis...!

ESCENA II

La reina doña María, de viuda; don Enrique, don Juan, don Diego.

Reina.

¿Qué es aquesto, caballeros,

defensa y valor de España,

espejos de lealtad,

gloria y luz de las hazañas?

Cuando muerto el rey don Sancho,

mi esposo y señor, las galas

truecan León y Castilla

por jergas negras y bastas;

cuando el moro granadino

moriscos pendones saca

contra el reino sin cabeza,

y las fronteras asalta

por la lealtad defendidas,

y abriéndose su Granada,

por las católicas vegas

blasfemos granos derrama;

¡en civiles competencias,

pretensiones mal fundadas,

bandos que la paz destruyen,

ambiciosas arrogancias,

cubrís de temor los reinos,

tiranizáis vuestra patria,

dando en vuestra ofensa lenguas

a las naciones contrarias!

¡Ser mis esposos queréis,

y como mujer ganada

en buena guerra, al derecho

me reducís de las armas!

¡Casarme intentáis por fuerza,

e ilustrándoos sangre hidalga,

la libertad de mi gusto

hacéis pechera y villana!

···············

Os engañáis, caballeros,

que no está desamparada

de estos reinos la corona,

ni del Rey la tierna infancia.

Don Sancho el Bravo aún no es muerto;

que como me entregó el alma,

en mi pecho se conservan

fieles y amorosas llamas.

Si, porque es el Rey un niño

y una mujer quien le ampara,

os atrevéis ambiciosos

contra la fe castellana,

tres almas viven en mí:

la de Sancho, que Dios haya;

la de mi hijo, que habita

en mis maternas entrañas,

y la mía, en quien se suman

esotras dos: ved si basta

a la defensa de un reino

una mujer con tres almas.

Intentad guerras civiles,

sacad gentes a campaña,

vuestra deslealtad pregonen

contra vuestro Rey las cajas;

que aunque mujer, yo sabré

en vez de las tocas largas

y el negro monjil, vestirme

el arnés y la celada.

Infanta soy de León;

salgan traidores a caza

del hijo de una leona,

que el reino ha puesto en su guarda,

veréis si en vez de la aguja

sabré ejercitar la espada,

y abatir lienzos de muros

quien labra lienzos de Holanda.

···············

ESCENAS III a V

[Los pretendientes, al verse rechazados, reúnen sus partidarios y alzan bandera de rebelión contra el Rey y la Regente. Don Juan busca el apoyo de los árabes granadinos: don Enrique acude en demanda de ayuda a su sobrino el Rey de Portugal; don Diego de Haro espera tropas de Aragón y Navarra.
La Reina llama a sus vasallos a palacio y les presenta al niño Fernando IV como rey legítimo de Castilla y León; pero mientras les habla excitándoles a la lealtad, las tropas rebeldes cercan el palacio y lo toman por asalto. La Reina y su hijo huyen precipitadamente a León.]

ESCENAS VI a VIII

(En Valencia de Alcántara.)

[Las familias Benavides y Caravajal tienen desde antiguo profundos resentimientos. Don Alonso Caravajal consigue el amor de doña Teresa de Benavides y se desposa secretamente con ella. Don Juan de Benavides se siente afrentado por esta unión y reta a don Alonso: cuando están a punto de llegar a las manos se presenta la Reina, fugitiva.]