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Tirso de Molina

Chapter 60: ESCENA V
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About This Book

La obra presenta a Paulo, un ermitaño cuya visión de un tribunal divino y la experiencia de una condena onírica siembran en él una paralizante duda sobre su salvación. Un demonio, tomando apariencia angélica, explota esa desconfianza e impulsa al ermitaño a viajar a Nápoles para observar la vida de otro hombre, cuya suerte habrá de reflejar la suya. A lo largo de jornadas y escenas se enfrentan la penitencia, la tentación y la soberbia, con apariciones sobrenaturales y pruebas morales que examinan la fe, la conciencia y las consecuencias de anteponer visiones personales a la confianza en lo divino.

EL VERGONZOSO EN PALACIO

JORNADA PRIMERA

ESCENAS I a IV

[Ruy Lorenzo, secretario del Duque de Avero, intenta asesinar al Conde de Estremoz para vengar ciertos agravios que de él había recibido; pero sus intenciones son descubiertas a tiempo. Huye precipitadamente Ruy Lorenzo y el Duque ordena que le busquen y le prendan.]

ESCENA V

(Campo del ducado de Avero. Mireno y Tarso, pastores.)

Mireno.

···············

Mucho ha que me tiene triste

mi altiva imaginación,

cuya soberbia ambición

no sé en qué estriba o consiste.

Considero algunos ratos,

que los cielos, que pudieron

hacerme noble, y me hicieron

un pastor, fueron ingratos;

y que, pues con tal bajeza

me acobardo y avergüenzo,

puedo poco, pues no venzo

mi misma naturaleza.

Tanto el pensamiento cava

en esto, que ha habido vez

que, afrentando la vejez

de Lauro, mi padre, estaba

por dudar si soy su hijo,

o si me hurtó a algún señor,

aunque de su mucho amor

mi necio engaño colijo.

Mil veces, estando a solas,

le he preguntado, si acaso

el mundo, que a cada paso

honras anega en sus olas,

le sublimó a su alto asiento

y derribó del lugar

que intenta otra vez cobrar

mi atrevido pensamiento;

···············

Siempre, Tarso, ha malogrado

estas imaginaciones,

y con largas digresiones

mil sucesos me ha contado,

que todos paran en ser,

contra mis intentos vanos,

progenitores villanos

los que me dieron el ser.

Esto, que había de humillarme,

con tal violencia me altera,

que desta vida grosera

me ha forzado a desterrarme,

y que a buscar me desmande

lo que mi estrella destina,

que a cosas grandes me inclina

y algún bien me guarda grande;

···············

si quieres participar

de mis males o mis bienes,

buena ocasión, Tarso, tienes;

déjame de aconsejar,

y determínate luego.

Tarso.

Para mí, bástame el verte,

Mireno, de aquesa suerte:

ni te aconsejo ni ruego;

discreto eres; estodiado

has con el cura; yo quiero

seguirte, aunque considero

de Lauro el grave cuidado.

Mireno.

Tarso, si dichoso soy,

yo espero en Dios el trocar

en contento su pesar.

Tarso.

¿Cuándo has de irte?

Mireno.

Luego.

Tarso.

¿Hoy?

Mireno.

Al punto.

Tarso.

¿Y con qué dinero?

Mireno.

De dos bueyes que vendí,

lo que basta llevo aquí.

Vamos derechos a Avero.

···············

ESCENAS VI a XII

[Mireno y Tarso han dejado de ser pastores y parten, muy gozosos, por el camino de Avero. En el bosque, al lado del camino, encuentran al fugitivo Ruy Lorenzo y a su criado Vasco.]

Ruy.

··················

¿Adónde bueno, amigos?

Mireno.

¡Oh, señores!

a la villa a comprar algunas cosas

que el hombre ha menester. ¿Está allá el Duque?

Ruy.

Allá quedaba.

es que los dos troquéis esos vestidos
por aquestos groseros;

Mireno.

Déle vida el cielo.

Y vosotros, ¿dó bueno? Que esta senda

se aparta del camino real y guía

a unas caserías que se muestran

al pie de aquella sierra.

Ruy.

Tus palabras

declaran tu bondad, pastor amigo.

Por vengar la deshonra de una hermana

intenté dar la muerte a un poderoso,

y sabiendo mi honrado atrevimiento,

el Duque manda que me siga y prenda

su gente por aquestos despoblados;

y ya desesperado de librarme,

salgo al camino. Quíteme la vida,

de tantos, por honrada, perseguida.

Mireno.

Lástima me habéis hecho; y ¡vive el cielo!

que si como la suerte avara me hizo

un pastor pobre, más valor me diera,

por mi cuenta tomara vuestro agravio.

Lo que se puede hacer, de mi consejo,

es que los dos troquéis esos vestidos

por aquestos groseros; y encubiertos

os libraréis mejor, hasta que el cielo

a daros su favor, señor, comience;

porque la industria los trabajos vence.

Ruy.

¡Oh noble pecho, que entre paños bastos

descubres el valor mayor que he visto!

Páguete el cielo, pues que yo no puedo,

ese favor.

Mireno.

La diligencia importa:

entremos en lo espeso, y trocaremos

el traje.

Ruy.

Vamos. ¡Venturoso he sido!

(Vanse los dos.)

Tarso.

¿Y habéis también de darme por mi sayo

esas abigarradas, con más cosas

que un menudo de vaca?

Vasco.

Aunque me pese.

Tarso.

Pues dos liciones me daréis primero,

porque con ellas pueda hallar el tino,

entradas y salidas desa Troya;

··················

Ruy Lorenzo, de pastor; Mireno, de galán.

Ruy.

De tal manera te asienta

el cortesano vestido,

que me hubiera persuadido

a que eres hombre de cuenta,

a no haber visto primero

que ocultaba la belleza

de los miembros la bajeza

de aqueste traje grosero.

···············

Alguna nobleza infiero

que hay en ti, pues te prometo

que te he cobrado el respeto

que al mismo Duque de Avero.

¡Hágate el cielo como él!

Mireno.

Y a ti con sosiego y paz

te vuelva, sin el disfraz,

a tu Estado; y fuera dél,

con paciencia vencerás

de la fortuna el ultraje.

Si te ve en aquese traje

mi padre, en él hallarás

nuevo amparo; en él te fía,

y dile que me destierra

mi inclinación a la guerra;

que espero en Dios que algún día

buena vejez le he de dar.

Ruy.

Adiós, gallardo mancebo;

la espada sola me llevo

para poder evitar,

si me conocen, mi ofensa.

···············

(Vanse Ruy Lorenzo y Vasco.)

Tarso.

···············

Mas pues eres ya otro hombre,

por si acaso adonde fueres

caballero hacerte quieres,

¿no es bien que mudes el nombre?

Que el de Mireno no es bueno

para nombre de señor.

Mireno.

Dices bien: no soy pastor,

ni he de llamarme Mireno.

Don Dionís en Portugal

es nombre ilustre y de fama;

don Dionís desde hoy me llama.

Tarso.

No le has escogido mal.

···············

Extremado es el ensayo;

pero ya que así te ensalzas,

dame un nombre que a estas calzas

les venga bien, de lacayo,

que ya el de Tarso me quito.

Mireno.

Escógele tú.

Tarso.

Yo escojo,

si no lo tienes a enojo...

¿No es bueno?...

Mireno.

¿Cuál?

Tarso.

Gómez Brito.

¿Qué te parece?

Mireno.

Extremado.

Tarso.

¡Gentiles cascos, por Dios!

Sin ser obispos, los dos

nos habemos confirmado.