EL VERGONZOSO EN PALACIO
JORNADA PRIMERA
ESCENAS I a IV
[Ruy Lorenzo, secretario del Duque de Avero, intenta asesinar al Conde de Estremoz para vengar ciertos agravios que de él había recibido; pero sus intenciones son descubiertas a tiempo. Huye precipitadamente Ruy Lorenzo y el Duque ordena que le busquen y le prendan.]
ESCENA V
(Campo del ducado de Avero. Mireno y Tarso, pastores.)
Mireno.
···············
Mucho ha que me tiene triste
mi altiva imaginación,
cuya soberbia ambición
no sé en qué estriba o consiste.
Considero algunos ratos,
que los cielos, que pudieron
hacerme noble, y me hicieron
un pastor, fueron ingratos;
y que, pues con tal bajeza
me acobardo y avergüenzo,
puedo poco, pues no venzo
mi misma naturaleza.
Tanto el pensamiento cava
en esto, que ha habido vez
que, afrentando la vejez
de Lauro, mi padre, estaba
por dudar si soy su hijo,
o si me hurtó a algún señor,
aunque de su mucho amor
mi necio engaño colijo.
Mil veces, estando a solas,
le he preguntado, si acaso
el mundo, que a cada paso
honras anega en sus olas,
le sublimó a su alto asiento
y derribó del lugar
que intenta otra vez cobrar
mi atrevido pensamiento;
···············
Siempre, Tarso, ha malogrado
estas imaginaciones,
y con largas digresiones
mil sucesos me ha contado,
que todos paran en ser,
contra mis intentos vanos,
progenitores villanos
los que me dieron el ser.
Esto, que había de humillarme,
con tal violencia me altera,
que desta vida grosera
me ha forzado a desterrarme,
y que a buscar me desmande
lo que mi estrella destina,
que a cosas grandes me inclina
y algún bien me guarda grande;
···············
si quieres participar
de mis males o mis bienes,
buena ocasión, Tarso, tienes;
déjame de aconsejar,
y determínate luego.
Tarso.
Para mí, bástame el verte,
Mireno, de aquesa suerte:
ni te aconsejo ni ruego;
discreto eres; estodiado
has con el cura; yo quiero
seguirte, aunque considero
de Lauro el grave cuidado.
Mireno.
Tarso, si dichoso soy,
yo espero en Dios el trocar
en contento su pesar.
Tarso.
¿Cuándo has de irte?
Mireno.
Luego.
Tarso.
¿Hoy?
Mireno.
Al punto.
Tarso.
¿Y con qué dinero?
Mireno.
De dos bueyes que vendí,
lo que basta llevo aquí.
Vamos derechos a Avero.
···············
ESCENAS VI a XII
[Mireno y Tarso han dejado de ser pastores y parten, muy gozosos, por el camino de Avero. En el bosque, al lado del camino, encuentran al fugitivo Ruy Lorenzo y a su criado Vasco.]
Ruy.
··················
¿Adónde bueno, amigos?
Mireno.
¡Oh, señores!
a la villa a comprar algunas cosas
que el hombre ha menester. ¿Está allá el Duque?
Ruy.
Allá quedaba.
es que los dos troquéis esos vestidos
por aquestos groseros;
Mireno.
Déle vida el cielo.
Y vosotros, ¿dó bueno? Que esta senda
se aparta del camino real y guía
a unas caserías que se muestran
al pie de aquella sierra.
Ruy.
Tus palabras
declaran tu bondad, pastor amigo.
Por vengar la deshonra de una hermana
intenté dar la muerte a un poderoso,
y sabiendo mi honrado atrevimiento,
el Duque manda que me siga y prenda
su gente por aquestos despoblados;
y ya desesperado de librarme,
salgo al camino. Quíteme la vida,
de tantos, por honrada, perseguida.
Mireno.
Lástima me habéis hecho; y ¡vive el cielo!
que si como la suerte avara me hizo
un pastor pobre, más valor me diera,
por mi cuenta tomara vuestro agravio.
Lo que se puede hacer, de mi consejo,
es que los dos troquéis esos vestidos
por aquestos groseros; y encubiertos
os libraréis mejor, hasta que el cielo
a daros su favor, señor, comience;
porque la industria los trabajos vence.
Ruy.
¡Oh noble pecho, que entre paños bastos
descubres el valor mayor que he visto!
Páguete el cielo, pues que yo no puedo,
ese favor.
Mireno.
La diligencia importa:
entremos en lo espeso, y trocaremos
el traje.
Ruy.
Vamos. ¡Venturoso he sido!
(Vanse los dos.)
Tarso.
¿Y habéis también de darme por mi sayo
esas abigarradas, con más cosas
que un menudo de vaca?
Vasco.
Aunque me pese.
Tarso.
Pues dos liciones me daréis primero,
porque con ellas pueda hallar el tino,
entradas y salidas desa Troya;
··················
Ruy Lorenzo, de pastor; Mireno, de galán.
Ruy.
De tal manera te asienta
el cortesano vestido,
que me hubiera persuadido
a que eres hombre de cuenta,
a no haber visto primero
que ocultaba la belleza
de los miembros la bajeza
de aqueste traje grosero.
···············
Alguna nobleza infiero
que hay en ti, pues te prometo
que te he cobrado el respeto
que al mismo Duque de Avero.
¡Hágate el cielo como él!
Mireno.
Y a ti con sosiego y paz
te vuelva, sin el disfraz,
a tu Estado; y fuera dél,
con paciencia vencerás
de la fortuna el ultraje.
Si te ve en aquese traje
mi padre, en él hallarás
nuevo amparo; en él te fía,
y dile que me destierra
mi inclinación a la guerra;
que espero en Dios que algún día
buena vejez le he de dar.
Ruy.
Adiós, gallardo mancebo;
la espada sola me llevo
para poder evitar,
si me conocen, mi ofensa.
···············
(Vanse Ruy Lorenzo y Vasco.)
Tarso.
···············
Mas pues eres ya otro hombre,
por si acaso adonde fueres
caballero hacerte quieres,
¿no es bien que mudes el nombre?
Que el de Mireno no es bueno
para nombre de señor.
Mireno.
Dices bien: no soy pastor,
ni he de llamarme Mireno.
Don Dionís en Portugal
es nombre ilustre y de fama;
don Dionís desde hoy me llama.
Tarso.
No le has escogido mal.
···············
Extremado es el ensayo;
pero ya que así te ensalzas,
dame un nombre que a estas calzas
les venga bien, de lacayo,
que ya el de Tarso me quito.
Mireno.
Escógele tú.
Tarso.
Yo escojo,
si no lo tienes a enojo...
¿No es bueno?...
Mireno.
¿Cuál?
Tarso.
Gómez Brito.
¿Qué te parece?
Mireno.
Extremado.
Tarso.
¡Gentiles cascos, por Dios!
Sin ser obispos, los dos
nos habemos confirmado.