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Tirso de Molina

Chapter 72: ESCENA X
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About This Book

La obra presenta a Paulo, un ermitaño cuya visión de un tribunal divino y la experiencia de una condena onírica siembran en él una paralizante duda sobre su salvación. Un demonio, tomando apariencia angélica, explota esa desconfianza e impulsa al ermitaño a viajar a Nápoles para observar la vida de otro hombre, cuya suerte habrá de reflejar la suya. A lo largo de jornadas y escenas se enfrentan la penitencia, la tentación y la soberbia, con apariciones sobrenaturales y pruebas morales que examinan la fe, la conciencia y las consecuencias de anteponer visiones personales a la confianza en lo divino.

ESCENA X

Jardín del palacio.

El Duque, doña Magdalena.

Duque.

Si darme contento es justo,

no estés, hija, desa suerte;

que no consiste mi muerte

mas de en verte a ti sin gusto.

Esposo te dan los cielos

para poderte alegrar,

sin merecer tu pesar

el Conde de Vasconcelos.

A su padre el de Berganza,

pues que te escribió, responde;

escribe también al Conde,

y no vea yo mudanza

en tu rostro ni pesar,

si de mi vejez los días

con esas melancolías

no pretendes acortar.

Doña Mag.

Yo, señor, procuraré

no tenerlas, por no darte

pena, si es que un triste es parte

en sí de que otro lo esté.

Duque.

Si te diviertes, bien puedes.

Doña Mag.

Yo procuraré servirte;

y agora quiero pedirte,

entre las muchas mercedes

que me has hecho, una pequeña.

Duque.

Con condición que se olvide

aquesa tristeza, pide.

Doña Mag.

(Ap.) (Honra, el amor os despeña.)

El preso que te pedí

librases, y ya lo ha sido,

de todo punto ha querido

favorecerse de mí:

con sólo esto, gran señor,

parece que me ha obligado:

y así, a mi cargo he tomado,

su remedio y tu favor.

Es hombre de buena traza

y tiene extremada pluma.

Duque.

Dime lo que quiere, en suma.

Doña Mag.

Quisiera entrar en la plaza

de secretario.

Duque.

Bien poco

ha que dársela pudiera;

aún no ha un cuarto de hora entera

que está ocupada.

Doña Mag.

(Ap.) (Amor loco.

¡Muy bien despachado estáis!

Vos perderéis por cobarde,

pues acudistes tan tarde,

que con alas no voláis.)

Duque.

Por orden del camarero

a un mancebo he recibido,

que de Lisboa ha venido

con aquese intento a Avero;

y según lo que en él vi,

muestra ingenio y suficiencia.

Doña Mag.

Si gusta vuestra excelencia,

ya que mi palabra di,

y él está con esperanza

que le he de favorecer,

pues me manda responder

al Conde y al de Berganza,

sabiendo escribir tan mal,

quisiera que se quedara

en palacio, y me enseñara;

porque en mujer principal

falta es grande no saber

escribir cuando recibe

alguna carta, o si escribe,

que no se pueda leer.

Dándome algunas liciones,

más clara la letra haré.

Duque.

Alto, pues; lición te dé,

con que enmiendes tus borrones;

que en fin, con ese ejercicio

la pena divertirás,

pues la tienes porque estás

ociosa; que el ocio es vicio.

Entre por tu secretario.

Doña Mag.

Las manos quiero besarte.