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Tirso de Molina

Chapter 93: ESCENA XXX
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About This Book

La obra presenta a Paulo, un ermitaño cuya visión de un tribunal divino y la experiencia de una condena onírica siembran en él una paralizante duda sobre su salvación. Un demonio, tomando apariencia angélica, explota esa desconfianza e impulsa al ermitaño a viajar a Nápoles para observar la vida de otro hombre, cuya suerte habrá de reflejar la suya. A lo largo de jornadas y escenas se enfrentan la penitencia, la tentación y la soberbia, con apariciones sobrenaturales y pruebas morales que examinan la fe, la conciencia y las consecuencias de anteponer visiones personales a la confianza en lo divino.

Mireno.

Confuso vengo a tus pies.

Lauro.

Hijo mío, aquesos brazos

den nueva vida a estas canas.

Este es don Dionís.

Doña Ser.

¿Qué engaños

son éstos, cielos crueles?

Duque.

Abrazadme, que ya ha hallado

el más gallardo heredero

de Portugal, este Estado.

Lauro.

¿Qué miras, hijo, perplejo?

El nombre tosco ha cesado

que de Mireno tuviste;

ni lo eres, ni soy Lauro,

sino el Duque de Coímbra:

el Rey está ya informado

de mi inocencia.

Mireno.

¿Qué escucho?

¡Cielos! ¡Amor! ¡Bienes tantos!

ESCENA XXX

Don Antonio.—Dichos.

Don Ant.

Dame, señor, esos pies.

Duque.

¿A qué venís, secretario?

Doña Ser.

Conde, ¿qué es de don Dionís,

mi esposo?

···············

[Se descubre que don Antonio es el Conde de Penela; el Duque le perdona y accede a que doña Serafina sea su esposa. El Conde de Estremoz se casa con Leonela, hermana de Ruy Lorenzo, y éste, después de perdonado, vuelve a ocupar el cargo de secretario.]