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Tragedias

Chapter 2: NOTA PRELIMINAR
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About This Book

Una colección de tragedias antiguas presenta relatos dramáticos en los que dioses y mortales se enfrentan por la ley, la culpa y la expiación. Una de las piezas describe el castigo impuesto a un ser divino por haber dado el fuego a la humanidad y su resistencia ante la autoridad celestial. Otras obras siguen la sangrienta secuencia de un crimen familiar y su lenta disipación, mostrando la transición de la venganza privada a procedimientos de justicia más públicos. El coro conserva un papel central, alternando odas líricas y comentarios morales, mientras los temas recurrentes exploran el destino, la hybris y la tensión entre orden divino y orden humano.

NOTA PRELIMINAR

La tragedia griega se ocupa —más directamente que la epopeya y la lírica— en los problemas de la vida, en el misterio que rodea a la voluntad humana, en las leyes superiores que presiden nuestros destinos.

Florece en el siglo V, antes de Cristo, y se derivó del ditirambo, coro en el culto de Dionisos (Baco), que se distinguió por su exaltación y violencia de sentimientos dolorosos. Los cantores simulaban ser sátiros y demás entidades del cortejo de Dionisos, y se entregaban a apasionadas lamentaciones con motivo de los patéticos episodios de la leyenda del dios. Con el tiempo, este coro vino a ser precedido por un recitado en que acaso se exponía algún trance doloroso de la divinidad; más tarde el narrador se tornó actor; además de los mitos báquicos se utilizaron los de otros dioses y héroes; y desapareció el coro de sátiros que no tenía ya razón de ser en leyendas diversas del culto de los viñadores y se le relegó el drama satírico. El ditirambo al evolucionar pierde su carácter lírico y se vuelve dramático: la acción o trama se precisa y Esquilo finalmente da a la tragedia griega su forma definitiva, como Lope de Vega hizo con la comedia española.

La tragedia no perdió nunca su carácter religioso; no fué sino un acto público por medio del cual la ciudad procuraba tener propicio al dios. La organizaban magistrados y se representaba únicamente en las fiestas de Baco (en Atenas —donde florece de modo exclusivo— durante las Grandes Dionisíacas, las Leneas y las Pequeñas Dionisíacas o Dionisíacas de los demos o barrios). Así pues, la tragedia difiere totalmente de nuestro drama moderno.

“Un bello espectáculo religioso, danzas, cantos, una acción simple y fuerte, he aquí lo que el público pedía;”[1] y he aquí, cabe agregar, lo que comprendía una tragedia griega. Acaso la humanidad no ha vuelto a tener nunca espectáculo tan magnífico: en el que, dentro de la mayor simplicidad de concepción, se sucedían las danzas austeras del coro, los cantos líricos al son de la flauta, las exclamaciones orgullosas de algún rey insensato, a quien los dioses enloquecen antes de perder.

[1] A. y M. Croiset, Histoire de la Littérature Grecque, tomo III.

Esquilo ennobleció la tragedia; la purificó de elementos extraños y la hizo apta para recibir y contener el más alto pensamiento filosófico y religioso. Nació en Eleusis —Ática— el año de 525 antes de Cristo. Era eupátrida, es decir, noble; y se distinguió como soldado en la guerra contra los persas, que invadían Grecia con el propósito de conquistarla. Combatió en Marathón, Salamina y Platea, y estas jornadas gloriosas dejaron honda huella en las ideas centrales de su obra. Comienza su carrera literaria a los veintiséis años. El número de sus obras, según Suidas, era de noventa. Sólo nos restan siete tragedias, algunos títulos de otras y fragmentos. En las fiestas de Dionisos se celebraban concursos trágicos; cada concurrente presentaba tres tragedias y un drama satírico; el arconte concedía o negaba el coro, con lo cual se representaban las obras de los vencedores. Esquilo fué premiado en doce concursos por lo menos. Viajó tal vez por Tracia, y de seguro por Sicilia. Murió en esta isla, en Gela, año de 456 antes de Cristo.

Esquilo tomó sus asuntos del acervo de leyendas y mitos homéricos. No es tampoco un pensador original en el sentido de que haya descubierto nuevos sistemas filosóficos. Para él la fatalidad está por encima de las pasiones humanas y del capricho de los dioses. Nuestros destinos, al igual que el reinado de Zeus, están sometidos a una ley superior y misteriosa. Por sobre la divina inconciencia de los protagonistas, el autor recuerda a los espectadores que nuestras acciones tienen un sentido oculto, y que fatalmente nos apresuramos a nuestra ruina y total aniquilamiento cuando impíamente pensamos escapar al destino. La terrible fatalidad pesa no sólo sobre los individuos, sino también sobre las familias enteras, y así presenciamos, en la casa de los Labdácidas y los Atridas, la lenta y dolorosa expiación de un antiguo crimen.

Un hondo sentimiento religioso y un exaltado amor patrio animan toda la obra de Esquilo. Sin duda constituyen su auditorio atenienses que van olvidando ya las virtudes antiguas, generaciones escépticas que comienzan a perder el sentido de la seriedad de la vida y de la dolorosa corriente de los sucesos.

Julio Torri.