ESCENA XIII
DON CÉSAR y ARBUÉS
Arbués
Aquí estoy.
Don César
Pronto, responde:
Aurora a otro hombre ama.
¿Quién es? Di. ¿Cómo se llama?
¿Adónde está ahora? ¿Adónde
le vio? ¿Cuándo?
Arbués
Capitán,
ya os previne que acercaros
a nosotros era echaros
en un abismo de afán;
y ya lo veis; un instante
nada más que habéis hablado
con ella, os ha trastornado
corazón, juicio y semblante.
Don César
La amo, Arbués, y estoy celoso.
Dime por tu vida, Arbués.
¿Sabes bien si Gabriel es
su padre?
Arbués
¡Pues es chistoso!
Don César
¡Ay! de la duda la hiel
me emponzoña el corazón.
Arbués
Pues no perdáis la ocasión
de consultarla con él.
Don César
¿Llega?
Arbués
Le siento venir.
Don César
¿Cómo?
Arbués
Acostumbra a silbar
recio.
Don César
¿Y silbó?
(Llaman: aldabonada).
Arbués
De llamar
acaban.
Don César
Ve, pues, a abrir.
(Vase Arbués por el fondo llevando la llave).
Es forzoso: le hablaré;
la vida en ello le va.
Si se obstina..., mas no a fe,
primero le salvaré
y Dios amanecerá.
ESCENA XIV
DON CÉSAR, ARBUÉS y GABRIEL embozado
Gabriel
¡Hola, señor capitán!
Don César
Os aguardaba.
Gabriel
¿Qué hay, pues?
Don César
Solos.
Gabriel
Déjanos, Arbués.
ESCENA XV
DON CÉSAR y GABRIEL
Gabriel
Podéis hablar.
Don César
Tal vez van
mis palabras a causaros
extrañeza.
Gabriel
No lo espero.
Don César
Muy claro con vos ser quiero.
Gabriel
Pues no os andéis con reparos.
Con cuanta más claridad
habléis, vos, a mi entender
os debo yo comprender
con mayor facilidad.
Don César
Yo soy...
Gabriel
(Interrumpiéndole).
Os conozco bien:
adelante.
Don César
En Madrigal
me acantoné de orden real...
Gabriel
Para guardarme; también
lo sé: adelante.
Don César
Hoy en pos
de vuestros pasos...
Gabriel
Venís
por lo mismo; me decís
cosas que sé como vos.
Don César
Pues bien: lo que según creo
ignoráis vos todavía,
os diré.
Gabriel
¡Por vida mía,
capitán, que yo deseo
que algo nuevo me digáis!
Don César
Pues oíd.
Gabriel
Estoy atento.
Don César
La casa en este momento
está cercada, y estáis
preso en ella.
Gabriel
Ya lo sé.
Don César
¿Conque sabiéndolo ya
entrasteis?
Gabriel
Pues claro está.
Don César
¿Por voluntad?
Gabriel
Ya se ve.
Don César
¿Luego confiáis?...
Gabriel
En Dios
primero, y después en mí.
Don César
¿Sabéis que os acusan?
Gabriel
Sí.
Don César
¿De un delito?...
Gabriel
(Interrumpiéndole).
No, de dos.
Don César
¿Sabéis cuáles?
Gabriel
Sí por cierto.
Don César
Pues a lo que se murmura,
cualquiera de ellos...
Gabriel
Segura
trae mi sentencia: soy muerto.
Don César
¿Con ella os chanceáis?
Gabriel
Sí tal.
Don César
¿Podréis probar?...
Gabriel
Una cosa.
Don César
¿Que sois?...
Gabriel
(Interrumpiéndole).
Gabriel Espinosa,
pastelero en Madrigal.
Don César
Podrán dudarlo tal vez.
Gabriel
¿Por qué?
Don César
Porque lo desmiente
vuestro gentil continente,
y es muy receloso el juez.
Gabriel
Dios me hizo así, y en mi mano
no está cambiar de figura.
Don César
Diz que andáis con mucha holgura
para ser solo un villano.
Gabriel
Soy rico.
Don César
Querrán papeles
que os acrediten de tal.
Gabriel
Resmas tengo en Madrigal
de los de envolver pasteles.
Don César
¿Hay algunos con pinturas?
Gabriel
Mil.
Don César
¿Son estampas de santos?
Gabriel
Hay de todo.
Don César
¿Y entre tantos,
hay conocidas figuras?
Gabriel
¿Echáis menos, capitán,
alguna?
Don César
No; mas ha un rato
que el juez buscaba un retrato
fiel del rey don Sebastián.
Gabriel
Siento no tener ninguno.
Don César
Pues creo que el juez pretende
deteneros, porque entiende
que lleváis sobre vos uno.
Gabriel
¿Qué habría en que le llevara,
para que en mí se encarnicen
los golillas?
Don César
(Mirándole atentamente).
Es que dicen
que le lleváis en la cara.
Gabriel
Ni es tan deforme la mía,
ni osara yo andar por cierto
con la cara que un rey muerto
usaba cuando vivía.
Don César
Pues la justicia cree ver
en vos semejanza tal
con él, que de vos muy mal
sospecha.
Gabriel
¡Cómo ha de ser!
(Un momento de pausa).
Don César
Yo os cobré afecto: fiad
vuestro secreto de mí,
y al depositarlo aquí
lo echáis en la eternidad.
Gabriel
Mozo, si tuviera un día
que fiar algo a algún hombre,
creed, os juro a mi nombre,
que de vos lo fiaría.
Don César
Fiadme ese nombre, pues.
Gabriel
Gabriel: lo acabáis de oír.
Don César
¡Os obstináis en morir!
Gabriel
Ley de los que nacen es.
Don César
¡No me entendéis!
Gabriel
¡Vive Dios!
Ni vos me entendéis tampoco
a mí.
Don César
Pareceisme loco.
Gabriel
Y a mí mentecato vos.
Porque a la verdad, mancebo,
grima me da contemplaros,
así el seso devanaros
por decirme algo de nuevo.
Tras de tanto ir y venir,
¿no habéis echado de ver
que yo no quiero entender
lo que me queréis decir?
¿Os figuráis que viví
entre el pueblo catorce años,
sin percibir los extraños
cuentos que corren de mí?
¿Pensáis que es esta la vez
primera que en mí repara
el vulgo, y que cara a cara
me veo yo con un juez?
Venid acá, pobre niño.
¿Pensáis que no conocí
que en vos germinó hacia mí
un simpático cariño?
Yo como en un libro leo
claro en vuestro corazón,
y bien de vuestra afición
la causa escondida veo.
Sé que a mí os atrae un nudo
cuyo mágico poder,
os hace ante mí poner
vuestro pecho por escudo.
Pero su atracción oculta
resistid; porque os advierto
que ese nudo con un muerto
os estrecha y os sepulta.
Resistid; porque un ser soy
que infesto el lugar que habito,
que cuanto toco marchito
y asolo por donde voy.
Don César
¿Qué me importa? El horror mismo
del misterio que hay en vos
de sí me arrebata en pos,
y ciego voy a su abismo.
Gabriel
¡Mancebo!
Don César
Con vos iré
por doquiera que vayáis.
Oídme, y cuando sepáis
mi secreto...
Gabriel
Ya lo sé.
Don César
¿Qué sabéis?
Gabriel
Cuanto ha pasado
por vuestro pecho hasta ahora.
No ignoro nada: de Aurora
sé que estáis enamorado.
Sé que por ella me habláis,
y que tras ella venís,
y que por ella vivís,
y que con ella soñáis.
¿Creéis que en vuestro semblante
no he conocido al entrar
que la acababais de hablar?
Y en vuestro mustio talante,
¿creéis que no entiendo acaso
que el amor de vuestro pecho
al declararla, no ha hecho
de vuestras palabras caso?
Don César
¡Caballero!
Gabriel
¡Qué demonio!
De todo estoy enterado,
hasta de que habéis pensado
pedírmela en matrimonio.
Don César
Sí, que mi amor...
Gabriel
(Interrumpiéndole).
Sé que es grande,
profundo, honesto y leal:
pero es un amor fatal,
imposible.
Don César
Que os demande
por qué dejad.
Gabriel
Lo primero,
porque si mal no me fundo,
no os quiere ella: lo segundo,
porque yo tampoco quiero.
Don César
¡Me escarnecéis!
Gabriel
¡No, por Dios!
¿Y a qué viene el enojaros?
¿No queréis que hablemos claro?
Pues claro os hablo yo a vos.
Don César
¡Ea, pues! Claros hablemos,
y sepamos de una vez
a qué atenernos.
Gabriel
¡Pardiez!
No alcéis la voz, que podemos
a las gentes de la casa
despertar, y creer pueden
cosas que aquí no suceden,
capitán.
Don César
Lo que aquí pasa
es que quiero penetrar
el misterio que os rodea
y que es fuerza que así sea;
porque no he de tolerar
en calma, como un villano,
que tan sin razón los dos,
despreciéis mi amistad vos
y vuestra hija mi mano.
Confieso que el alma mía
del punto en que os llegó a ver,
por vos comenzó a tener
misteriosa simpatía.
Confieso, sí, que amo a Aurora
con amor tan delirante
que no hay acción que me espante
por ella; mas me devora
a par con el del amor,
el fuego de un justo enojo,
y no quiero a vuestro antojo
ceder sin razón mejor.
Soy noble, y cuando os ofrezco
mi raza unir con la vuestra,
que me deis más noble muestra
de lo que valéis merezco;
porque si no, con derecho
tendré por cosa segura,
lo que de vos se murmura
y lo que yo me sospecho.
Gabriel
¿Y qué es lo que sospecháis?
Don César
Que sois...
Gabriel
¿Quién?
Don César
Un impostor,
y que desecháis mi amor...
Gabriel
¿Por qué?
Don César
Porque vos la amáis.
Gabriel
¡Desdichado!
Don César
Una de dos:
satisfacedme al momento,
o sepulcro este aposento
es para mí o para vos.
Gabriel
Niño, dándoles gran precio
la mayor satisfacción
que debo a tu protección
y a tu amor, es el desprecio.
Ve, pues, si te satisface
la de que no los admito,
porque el amor no me place,
y el favor no necesito.
Don César
¿Eso a mí?
Gabriel
Y antes que te abra
sepulcro, entiende que puedo
abismarte con un dedo
como con una palabra.
Don César
Decídmela.
Gabriel
No la esperes.
Don César
Pues bien, quiero en mi despecho
ser o muerto o satisfecho.
(Don César desenvaina su espada, yendo contra Gabriel. Este desenvaina la suya, poniéndose en guardia, en cuyo punto aparece Aurora).
Gabriel
Sea, pues que tú lo quieres.
ESCENA XVI
GABRIEL, DON CÉSAR y DOÑA AURORA; después DON RODRIGO
Doña Aurora
¡Teneos!
Don César
Todo es en balde.
(La puerta del fondo se abre de repente y sale don Rodrigo, detrás del cual se ven cuatro soldados con mosquetes en la parte exterior de la puerta. Gabriel baja su espada, dando un paso atrás con tal rapidez que el juez no pueda tener tiempo de apercibirse de que estaba en guardia).
Don Rodrigo
En nombre del rey.
Gabriel
¿Qué es eso?
Don Rodrigo
Gabriel Espinosa, preso
sed.
Gabriel
Lo estoy, señor alcalde.
Don Rodrigo
¿Cómo?
Gabriel
Ese mozo, sintiendo
que aún en vela andaba yo,
por esa ventana entró,
que me fugara temiendo:
hallándome en pie y armado,
darme a prisión me intimaba,
y mi espada le entregaba
cuando vos habéis entrado.
Don Rodrigo
Vuestras armas y equipaje
quedan embargados.
(A don César).
De él
y ellas te encargo. Gabriel
Espinosa, vuestro viaje
no os es dado continuar
hasta que duda no quede
de quién sois.
Gabriel
Su merced puede
cuando guste comenzar
sus indagaciones.
Don Rodrigo
Luego
interrogar me es preciso
testigos; mas, ya os lo aviso,
preso estáis.
(A don César).
Con él te entrego
aquella mujer.
Gabriel
Señora
se dice, alcalde: esta dama
noble es cual vos, y se llama,
por buen nombre, doña Aurora.
Don Rodrigo
Si es dama y noble, después
lo sabremos.
Gabriel
¡Quiera Dios
que no os pese luego a vos
saberlo!
Don Rodrigo
Excesiva es
vuestra arrogancia.
Gabriel
No tanta
como tener con vos puedo.
Don Rodrigo
Nadie a mí me infunde miedo.
Gabriel
Pues a mí nadie me espanta.
Conque adelante.
Don Rodrigo
Adelante.
Vos a ese cuarto, señora,
y vos dad la espada ahora
al capitán.
Gabriel
Al instante.
(Alargando la espada sin soltarla).
Ahí la tenéis, y os suplico,
joven, que si no os enoja,
me la guardéis, que es la hoja
buena y el puño muy rico.
(Gabriel entrega su espada a don César, quien, al mirarla, exclama asombrado):
Don César
¡Jesús!
Gabriel
Ved con atención
su primor.
Don César
¡Corona real
tiene el pomo!
Gabriel
Y el tazón
las armas de Portugal.
Don Rodrigo
¡Hola! Pondréis a mi alcance
cómo hubisteis esa espada.
Gabriel
Dadlo por cosa alcanzada:
la compré en Cintra de lance.
Don Rodrigo
(Acercándose y viendo la espada que tiene don César).
¡Prenda regia!
Gabriel
¡Por San Juan!
Ya lo creo; como que es
prenda de un rey portugués:
fue del rey don Sebastián.
Don Rodrigo
(A don César, aparte).
(César, guárdale, por Dios;
porque si se huye, perdemos
la cabeza ambos a dos).
Don César
(Ya lo sé.)
(Vase don Rodrigo por la puerta del fondo).
ESCENA XVII
GABRIEL y DON CÉSAR.
(Don César va a acercarse a Gabriel con
precipitación,
este le contiene con un gesto).
Gabriel
No hagáis extremos,
que os perdéis.
Don César
¿Pero sois vos?...
Gabriel
¿Quién?
Don César
Él.
Gabriel
Porfiado estás.
Don César
Pero...
Gabriel
¿Y si fuese quizás?
Don César
Muriera por vos, señor.
Gabriel
Dormir un poco es mejor.
Dejad a Dios lo demás.
(Vase por la izquierda, dejando a don César estupefacto).
FIN DEL ACTO PRIMERO