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Traidor, inconfeso y martir

Chapter 19: ESCENA XVI
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About This Book

The drama unfolds as a masked traveler and a young woman arrive at an inn and soon provoke suspicion, rivalries, and official scrutiny that escalate into interrogation, public accusation, and judicial consequences. Told in verse across three acts, the piece moves between intimate domestic scenes and formal proceedings, following how personal loyalties, social honor, and political pressures collide. Plot developments hinge on questions of identity and credibility, while motifs of deception, reputation, and conscience shape characters’ choices and propel the work toward a moral and legal reckoning.

ESCENA XIII

DON CÉSAR y ARBUÉS

Arbués

Aquí estoy.

Don César

Pronto, responde:

Aurora a otro hombre ama.

¿Quién es? Di. ¿Cómo se llama?

¿Adónde está ahora? ¿Adónde

le vio? ¿Cuándo?

Arbués

Capitán,

ya os previne que acercaros

a nosotros era echaros

en un abismo de afán;

y ya lo veis; un instante

nada más que habéis hablado

con ella, os ha trastornado

corazón, juicio y semblante.

Don César

La amo, Arbués, y estoy celoso.

Dime por tu vida, Arbués.

¿Sabes bien si Gabriel es

su padre?

Arbués

¡Pues es chistoso!

Don César

¡Ay! de la duda la hiel

me emponzoña el corazón.

Arbués

Pues no perdáis la ocasión

de consultarla con él.

Don César

¿Llega?

Arbués

Le siento venir.

Don César

¿Cómo?

Arbués

Acostumbra a silbar

recio.

Don César

¿Y silbó?

(Llaman: aldabonada).

Arbués

De llamar

acaban.

Don César

Ve, pues, a abrir.

(Vase Arbués por el fondo llevando la llave).

Es forzoso: le hablaré;

la vida en ello le va.

Si se obstina..., mas no a fe,

primero le salvaré

y Dios amanecerá.

ESCENA XIV

DON CÉSAR, ARBUÉS y GABRIEL embozado

Gabriel

¡Hola, señor capitán!

Don César

Os aguardaba.

Gabriel

¿Qué hay, pues?

Don César

Solos.

Gabriel

Déjanos, Arbués.

ESCENA XV

DON CÉSAR y GABRIEL

Gabriel

Podéis hablar.

Don César

Tal vez van

mis palabras a causaros

extrañeza.

Gabriel

No lo espero.

Don César

Muy claro con vos ser quiero.

Gabriel

Pues no os andéis con reparos.

Con cuanta más claridad

habléis, vos, a mi entender

os debo yo comprender

con mayor facilidad.

Don César

Yo soy...

Gabriel

(Interrumpiéndole).

Os conozco bien:

adelante.

Don César

En Madrigal

me acantoné de orden real...

Gabriel

Para guardarme; también

lo sé: adelante.

Don César

Hoy en pos

de vuestros pasos...

Gabriel

Venís

por lo mismo; me decís

cosas que sé como vos.

Don César

Pues bien: lo que según creo

ignoráis vos todavía,

os diré.

Gabriel

¡Por vida mía,

capitán, que yo deseo

que algo nuevo me digáis!

Don César

Pues oíd.

Gabriel

Estoy atento.

Don César

La casa en este momento

está cercada, y estáis

preso en ella.

Gabriel

Ya lo sé.

Don César

¿Conque sabiéndolo ya

entrasteis?

Gabriel

Pues claro está.

Don César

¿Por voluntad?

Gabriel

Ya se ve.

Don César

¿Luego confiáis?...

Gabriel

En Dios

primero, y después en mí.

Don César

¿Sabéis que os acusan?

Gabriel

Sí.

Don César

¿De un delito?...

Gabriel

(Interrumpiéndole).

No, de dos.

Don César

¿Sabéis cuáles?

Gabriel

Sí por cierto.

Don César

Pues a lo que se murmura,

cualquiera de ellos...

Gabriel

Segura

trae mi sentencia: soy muerto.

Don César

¿Con ella os chanceáis?

Gabriel

Sí tal.

Don César

¿Podréis probar?...

Gabriel

Una cosa.

Don César

¿Que sois?...

Gabriel

(Interrumpiéndole).

Gabriel Espinosa,

pastelero en Madrigal.

Don César

Podrán dudarlo tal vez.

Gabriel

¿Por qué?

Don César

Porque lo desmiente

vuestro gentil continente,

y es muy receloso el juez.

Gabriel

Dios me hizo así, y en mi mano

no está cambiar de figura.

Don César

Diz que andáis con mucha holgura

para ser solo un villano.

Gabriel

Soy rico.

Don César

Querrán papeles

que os acrediten de tal.

Gabriel

Resmas tengo en Madrigal

de los de envolver pasteles.

Don César

¿Hay algunos con pinturas?

Gabriel

Mil.

Don César

¿Son estampas de santos?

Gabriel

Hay de todo.

Don César

¿Y entre tantos,

hay conocidas figuras?

Gabriel

¿Echáis menos, capitán,

alguna?

Don César

No; mas ha un rato

que el juez buscaba un retrato

fiel del rey don Sebastián.

Gabriel

Siento no tener ninguno.

Don César

Pues creo que el juez pretende

deteneros, porque entiende

que lleváis sobre vos uno.

Gabriel

¿Qué habría en que le llevara,

para que en mí se encarnicen

los golillas?

Don César

(Mirándole atentamente).

Es que dicen

que le lleváis en la cara.

Gabriel

Ni es tan deforme la mía,

ni osara yo andar por cierto

con la cara que un rey muerto

usaba cuando vivía.

Don César

Pues la justicia cree ver

en vos semejanza tal

con él, que de vos muy mal

sospecha.

Gabriel

¡Cómo ha de ser!

(Un momento de pausa).

Don César

Yo os cobré afecto: fiad

vuestro secreto de mí,

y al depositarlo aquí

lo echáis en la eternidad.

Gabriel

Mozo, si tuviera un día

que fiar algo a algún hombre,

creed, os juro a mi nombre,

que de vos lo fiaría.

Don César

Fiadme ese nombre, pues.

Gabriel

Gabriel: lo acabáis de oír.

Don César

¡Os obstináis en morir!

Gabriel

Ley de los que nacen es.

Don César

¡No me entendéis!

Gabriel

¡Vive Dios!

Ni vos me entendéis tampoco

a mí.

Don César

Pareceisme loco.

Gabriel

Y a mí mentecato vos.

Porque a la verdad, mancebo,

grima me da contemplaros,

así el seso devanaros

por decirme algo de nuevo.

Tras de tanto ir y venir,

¿no habéis echado de ver

que yo no quiero entender

lo que me queréis decir?

¿Os figuráis que viví

entre el pueblo catorce años,

sin percibir los extraños

cuentos que corren de mí?

¿Pensáis que es esta la vez

primera que en mí repara

el vulgo, y que cara a cara

me veo yo con un juez?

Venid acá, pobre niño.

¿Pensáis que no conocí

que en vos germinó hacia mí

un simpático cariño?

Yo como en un libro leo

claro en vuestro corazón,

y bien de vuestra afición

la causa escondida veo.

Sé que a mí os atrae un nudo

cuyo mágico poder,

os hace ante mí poner

vuestro pecho por escudo.

Pero su atracción oculta

resistid; porque os advierto

que ese nudo con un muerto

os estrecha y os sepulta.

Resistid; porque un ser soy

que infesto el lugar que habito,

que cuanto toco marchito

y asolo por donde voy.

Don César

¿Qué me importa? El horror mismo

del misterio que hay en vos

de sí me arrebata en pos,

y ciego voy a su abismo.

Gabriel

¡Mancebo!

Don César

Con vos iré

por doquiera que vayáis.

Oídme, y cuando sepáis

mi secreto...

Gabriel

Ya lo sé.

Don César

¿Qué sabéis?

Gabriel

Cuanto ha pasado

por vuestro pecho hasta ahora.

No ignoro nada: de Aurora

sé que estáis enamorado.

Sé que por ella me habláis,

y que tras ella venís,

y que por ella vivís,

y que con ella soñáis.

¿Creéis que en vuestro semblante

no he conocido al entrar

que la acababais de hablar?

Y en vuestro mustio talante,

¿creéis que no entiendo acaso

que el amor de vuestro pecho

al declararla, no ha hecho

de vuestras palabras caso?

Don César

¡Caballero!

Gabriel

¡Qué demonio!

De todo estoy enterado,

hasta de que habéis pensado

pedírmela en matrimonio.

Don César

Sí, que mi amor...

Gabriel

(Interrumpiéndole).

Sé que es grande,

profundo, honesto y leal:

pero es un amor fatal,

imposible.

Don César

Que os demande

por qué dejad.

Gabriel

Lo primero,

porque si mal no me fundo,

no os quiere ella: lo segundo,

porque yo tampoco quiero.

Don César

¡Me escarnecéis!

Gabriel

¡No, por Dios!

¿Y a qué viene el enojaros?

¿No queréis que hablemos claro?

Pues claro os hablo yo a vos.

Don César

¡Ea, pues! Claros hablemos,

y sepamos de una vez

a qué atenernos.

Gabriel

¡Pardiez!

No alcéis la voz, que podemos

a las gentes de la casa

despertar, y creer pueden

cosas que aquí no suceden,

capitán.

Don César

Lo que aquí pasa

es que quiero penetrar

el misterio que os rodea

y que es fuerza que así sea;

porque no he de tolerar

en calma, como un villano,

que tan sin razón los dos,

despreciéis mi amistad vos

y vuestra hija mi mano.

Confieso que el alma mía

del punto en que os llegó a ver,

por vos comenzó a tener

misteriosa simpatía.

Confieso, sí, que amo a Aurora

con amor tan delirante

que no hay acción que me espante

por ella; mas me devora

a par con el del amor,

el fuego de un justo enojo,

y no quiero a vuestro antojo

ceder sin razón mejor.

Soy noble, y cuando os ofrezco

mi raza unir con la vuestra,

que me deis más noble muestra

de lo que valéis merezco;

porque si no, con derecho

tendré por cosa segura,

lo que de vos se murmura

y lo que yo me sospecho.

Gabriel

¿Y qué es lo que sospecháis?

Don César

Que sois...

Gabriel

¿Quién?

Don César

Un impostor,

y que desecháis mi amor...

Gabriel

¿Por qué?

Don César

Porque vos la amáis.

Gabriel

¡Desdichado!

Don César

Una de dos:

satisfacedme al momento,

o sepulcro este aposento

es para mí o para vos.

Gabriel

Niño, dándoles gran precio

la mayor satisfacción

que debo a tu protección

y a tu amor, es el desprecio.

Ve, pues, si te satisface

la de que no los admito,

porque el amor no me place,

y el favor no necesito.

Don César

¿Eso a mí?

Gabriel

Y antes que te abra

sepulcro, entiende que puedo

abismarte con un dedo

como con una palabra.

Don César

Decídmela.

Gabriel

No la esperes.

Don César

Pues bien, quiero en mi despecho

ser o muerto o satisfecho.

(Don César desenvaina su espada, yendo contra Gabriel. Este desenvaina la suya, poniéndose en guardia, en cuyo punto aparece Aurora).

Gabriel

Sea, pues que tú lo quieres.

ESCENA XVI

GABRIEL, DON CÉSAR y DOÑA AURORA; después DON RODRIGO

Doña Aurora

¡Teneos!

Don César

Todo es en balde.

(La puerta del fondo se abre de repente y sale don Rodrigo, detrás del cual se ven cuatro soldados con mosquetes en la parte exterior de la puerta. Gabriel baja su espada, dando un paso atrás con tal rapidez que el juez no pueda tener tiempo de apercibirse de que estaba en guardia).

Don Rodrigo

En nombre del rey.

Gabriel

¿Qué es eso?

Don Rodrigo

Gabriel Espinosa, preso

sed.

Gabriel

Lo estoy, señor alcalde.

Don Rodrigo

¿Cómo?

Gabriel

Ese mozo, sintiendo

que aún en vela andaba yo,

por esa ventana entró,

que me fugara temiendo:

hallándome en pie y armado,

darme a prisión me intimaba,

y mi espada le entregaba

cuando vos habéis entrado.

Don Rodrigo

Vuestras armas y equipaje

quedan embargados.

(A don César).

De él

y ellas te encargo. Gabriel

Espinosa, vuestro viaje

no os es dado continuar

hasta que duda no quede

de quién sois.

Gabriel

Su merced puede

cuando guste comenzar

sus indagaciones.

Don Rodrigo

Luego

interrogar me es preciso

testigos; mas, ya os lo aviso,

preso estáis.

(A don César).

Con él te entrego

aquella mujer.

Gabriel

Señora

se dice, alcalde: esta dama

noble es cual vos, y se llama,

por buen nombre, doña Aurora.

Don Rodrigo

Si es dama y noble, después

lo sabremos.

Gabriel

¡Quiera Dios

que no os pese luego a vos

saberlo!

Don Rodrigo

Excesiva es

vuestra arrogancia.

Gabriel

No tanta

como tener con vos puedo.

Don Rodrigo

Nadie a mí me infunde miedo.

Gabriel

Pues a mí nadie me espanta.

Conque adelante.

Don Rodrigo

Adelante.

Vos a ese cuarto, señora,

y vos dad la espada ahora

al capitán.

Gabriel

Al instante.

(Alargando la espada sin soltarla).

Ahí la tenéis, y os suplico,

joven, que si no os enoja,

me la guardéis, que es la hoja

buena y el puño muy rico.

(Gabriel entrega su espada a don César, quien, al mirarla, exclama asombrado):

Don César

¡Jesús!

Gabriel

Ved con atención

su primor.

Don César

¡Corona real

tiene el pomo!

Gabriel

Y el tazón

las armas de Portugal.

Don Rodrigo

¡Hola! Pondréis a mi alcance

cómo hubisteis esa espada.

Gabriel

Dadlo por cosa alcanzada:

la compré en Cintra de lance.

Don Rodrigo

(Acercándose y viendo la espada que tiene don César).

¡Prenda regia!

Gabriel

¡Por San Juan!

Ya lo creo; como que es

prenda de un rey portugués:

fue del rey don Sebastián.

Don Rodrigo

(A don César, aparte).

(César, guárdale, por Dios;

porque si se huye, perdemos

la cabeza ambos a dos).

Don César

(Ya lo sé.)

(Vase don Rodrigo por la puerta del fondo).

ESCENA XVII

GABRIEL y DON CÉSAR.

(Don César va a acercarse a Gabriel con precipitación,
este le contiene con un gesto
).

Gabriel

No hagáis extremos,

que os perdéis.

Don César

¿Pero sois vos?...

Gabriel

¿Quién?

Don César

Él.

Gabriel

Porfiado estás.

Don César

Pero...

Gabriel

¿Y si fuese quizás?

Don César

Muriera por vos, señor.

Gabriel

Dormir un poco es mejor.

Dejad a Dios lo demás.

(Vase por la izquierda, dejando a don César estupefacto).

FIN DEL ACTO PRIMERO