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Traidor, inconfeso y martir

Chapter 28: ESCENA VI
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About This Book

The drama unfolds as a masked traveler and a young woman arrive at an inn and soon provoke suspicion, rivalries, and official scrutiny that escalate into interrogation, public accusation, and judicial consequences. Told in verse across three acts, the piece moves between intimate domestic scenes and formal proceedings, following how personal loyalties, social honor, and political pressures collide. Plot developments hinge on questions of identity and credibility, while motifs of deception, reputation, and conscience shape characters’ choices and propel the work toward a moral and legal reckoning.

ESCENA VI

DON RODRIGO y GABRIEL

Don Rodrigo

¡Hidalgo!

Gabriel

Más alto pico.

Don Rodrigo

¿Caballero?

Gabriel

Todavía

más alto.

Don Rodrigo

Su señoría

me excuse si no le aplico

su título verdadero:

mas hablemos un instante,

y de hoy para en adelante

no erraré en él: porque espero

que aquí, y a solas los dos,

me diréis la jerarquía

que ocupáis.

Gabriel

Su señoría

espera bien, pues por Dios,

que sabiendo yo quién es,

debo de hablar sin reparo.

Don Rodrigo

Eso quiero, que habléis claro.

Gabriel

Ya veréis.

Don Rodrigo

Decidme, pues,

señor Gabriel.

(Don Rodrigo va a sentarse a la mesa).

Gabriel

Un momento

señor don Rodrigo.

Don Rodrigo

¿Qué?

Gabriel

¿Vais a sentaros?

Don Rodrigo

(Se sienta).

Sí a fe.

(Gabriel trae con mucha calma una silla, y la coloca frente a la mesa de don Rodrigo).

¿Qué hacéis?

Gabriel

Lo mismo; me siento.

Don Rodrigo

Yo soy alcalde de corte.

Gabriel

Sí; mas no sabéis quién soy

yo, y si mal o bien estoy

sentado ante vos.

Don Rodrigo

¿Del porte

audaz que usáis conmigo,

buenas razones supongo

que me daréis?

Gabriel

Me propongo

hacerlo así.

Don Rodrigo

Pues prosigo.

Gabriel

Seguid.

Don Rodrigo

La duda primera

que al escucharos me asalta

es la de que nombre os falta

digno de vuestra alta esfera.

Gabriel

Lo tengo.

Don Rodrigo

Pues no lo sé.

Gabriel

Gabriel Espinosa.

Don Rodrigo

¿Un tal

pastelero en Madrigal?

Gabriel

Sí.

Don Rodrigo

Pues poneos en pie,

señor pastelero.

(Gabriel se levanta).

Así:

ante el juez solo se sienta

quien altos títulos cuenta.

Gabriel

Como me sucede a mí.

(Se vuelve a sentar).

Don Rodrigo

(Aparte).

(Ir le tengo de dejar

por donde quiera, y a ver).

Gabriel

(Aparte).

(Pienso que mi proceder

le empieza a desconcertar).

Don Rodrigo

¿Pues cómo oficio tan bajo

siendo tan alto elegís?

Gabriel

Por vivir, cual vos vivís

de la ley, de mi trabajo.

Don Rodrigo

Mas mi toga y aranceles

no deshonran.

Gabriel

No a fe mía;

pero yo hacer no sabía

otra cosa que pasteles.

Don Rodrigo

(No es lerdo el señor Gabriel).

Gabriel

(Astuto es el don Rodrigo).

Don Rodrigo

(Por aquí nada consigo,

pero yo daré con él

en tierra al fin). ¡Caballero!

Gabriel

Mandad.

Don Rodrigo

Una relación

que os llamará la atención

contaros quisiera.

Gabriel

Espero

que será por lo galana,

lo discreta y lo curiosa,

la invención más ingeniosa

del señor de Santillana.

Don Rodrigo

Pues oíd. Buen capitán,

más que rey, de fe tesoro,

allá en las playas del moro

murió el rey don Sebastián.

¿Supongo que de una historia

tan pública oísteis algo?

Gabriel

¡Si viérais qué poco valgo

en esto de la memoria!

Don Rodrigo

En vuestro horno no me extraña

que estéis de noticias falto.

Gabriel

Sé que a su muerte, de un salto

pasó Portugal a España.

Don Rodrigo

Justo: más hoy los noveles

vasallos, por sacudir

sus leyes, dan en decir

a los pueblos a ellas fieles

que ha sido una usurpación,

y pregonan de concierto

del rey en África muerto

la fausta resurrección.

Gabriel

¡Oiga! No está mal pensado.

Don Rodrigo

No, mas la dificultad

era el dar en realidad

con el rey resucitado.

Buscósele con esmero,

y hallose por toda cosa

un tal Gabriel Espinosa,

en Madrigal pastelero.

Gabriel

Vamos, ya caigo; el error

de esta semejanza mía

hizo a vuestra señoría

creer que soy...

Don Rodrigo

(Interrumpiéndole).

Un impostor.

Gabriel

¿Quién lo dice?

Don Rodrigo

Yo lo digo,

y el rey Felipe y el mundo

entero.

Gabriel

Pues miente el mundo

y el rey, y vos, don Rodrigo.

Don Rodrigo

Inútil es vuestra audacia:

testigos tengo allá fuera

que os acusan por doquiera

por impostor.

Gabriel

¡Vaya en gracia!

Mas permitid que os arguya:

para llamarme impostor,

esa impostura, señor,

ha de ser mía y no suya.

¿Y dónde hay hombre capaz

de jurar que he dicho yo

que era el rey?

Don Rodrigo

Vos mismo, no.

Gabriel

Entonces dejadme en paz.

Si yo me parezco a un rey,

y el vulgo por rey me tiene,

citar al vulgo os conviene,

pero no a mí, ante la ley.

Don Rodrigo

¡Espinosa!

Gabriel

Don Rodrigo,

aunque en leyes sois muy ducho,

os falta que aprender mucho

para habéroslas conmigo.

¿Cree, buen juez, vuestra altiveza,

que a ser yo el que habéis pensado

estaríais vos sentado

y cubierta la cabeza?

(Don Rodrigo se levanta y se descubre conforme va hablando Gabriel).

Rodrigo de Santillana,

a ser yo el que habéis creído,

hubiérais vos ya salido,

¡vive Dios!, por la ventana.

Don Rodrigo

(Por quien soy, que me ha turbado.

¿Si contarán con razón

lo de la resurrección?).

Gabriel

(¡Pobre juez!).

Don Rodrigo

(No habría osado

palabras tan arrogantes

decir.) Señor... Si en mal hora...

Gabriel

Ni tan bajo como ahora,

ni tan alto como antes.

Don Rodrigo

(Tanta majestad me asombra).

Gabriel, quienquier que seáis,

manda en mí el rey que digáis

quién sois, en fin.

Gabriel

Una sombra;

y porque acabemos, voy,

y afanes para excusaros,

señor Santillana, a daros

cuenta exacta de quién soy.

Nací donde quiso Dios;

si de noble raza, bien

se demuestra en mí; de quién

me importa callar, y a vos

saber de mí no os importa;

prestadme, empero, atención,

pues va a ser mi relación,

cuanto complicada, corta.

Apenas cumplí la edad

que se llama juventud,

con loca solicitud,

con ciega temeridad,

abandoné mis hogares,

y en más remoto hemisferio,

dueño del mayor imperio,

pirata fui de los mares.

En ellos, profundo osario

de cien bajeles, guerrero

alcé mi estandarte fiero

de Asia y Europa corsario,

y amontoné más tesoros

que guarda el mar en su centro

y arenas quemadas dentro

de sus desiertos los moros.

Ebrio con tanta riqueza,

dejé mi gente y la mar,

queriendo en tierra ostentar

mi valor y mi grandeza,

y con el nombre supuesto

de marqués de Mari-Alba,

al lado del duque de Alba

gané en sus glorias un puesto

y en la cabeza esta herida

(La muestra);

bien es que al que me la abrió,

con mi espada le abrí yo

las puertas de la otra vida.

Don Rodrigo

No os daría poca pena

después.

Gabriel

¡Fue un fatal desliz!...

Don Rodrigo

(Mirándole a la frente).

No es mala la cicatriz.

Gabriel

La cuchillada fue buena.

No me tendió, sin embargo;

el furor me mantenía,

y combatí todavía

hasta caer, tiempo largo.

Mas, harto al fin del oficio

de lidiar en tierra firme,

licencia para salirme

por entonces del servicio

al duque de Alba pedí;

diómela el duque cortés,

y vedla.

(Le da un papel).

Don Rodrigo

Su firma es:

para el marqués...

Gabriel

Para mí.

Di, pues, vuelta hacia la corte,

sirviéndome mucho en ella,

primero mi buena estrella,

después mi lujoso porte.

Por ese tiempo, de vos

nadie hablaba todavía,

y a mí el rey me recibía

con grande amistad.

Don Rodrigo

(¡Gran Dios,

entonces fue cuando vino

el monarca portugués

a Castilla! ¿Será, pues,

este hombre?). ¿Quién previno

más festejos a usarced?

Gabriel

No hay por qué ocultarlo al fin;

el conde de Medellín

con tantos me hizo merced

que corresponder no supe,

como era mi obligación.

Don Rodrigo

¿Y os tuvo tal atención

en Madrid?

Gabriel

No, en Guadalupe.

Don Rodrigo

¿En ese pueblo?

Gabriel

Sí tal.

Don Rodrigo

No recuerdo que de allí...

Gabriel

Al rey de España en él vi

junto al rey de Portugal.

Después..., abrid, Santillana,

un paréntesis aquí,

y poned en él de mí

cuanto mal os diere gana.

Básteos saber, don Rodrigo,

que perdí mi oro y mi gloria

sin que una buena memoria

me quedara, ni un amigo.

Por tierra extranjera anduve

errante, como un bandido,

y el pan que en ella he comido

que mendigármelo tuve.

Mas el desengaño, al fin,

¿qué ánimo feroz no doma?

Llegué arrepentido a Roma

remando en un bergartín.

Visité a Su Santidad;

confesión le hice de todo,

y el Santo Padre halló modo

de absolverme en su piedad,

dándome por penitencia

de los pecados sin cuento

que abrasan mi pensamiento

y me abruman la conciencia,

que emprendiera el viaje entero

del Santo Sepulcro a pie.

Don Rodrigo

¿Y lo hicisteis?

Gabriel

Por la fe

lo juro de caballero.

Y aun fue más: Su Santidad

me ordenó que renunciara

mi jerarquía y que echara

mi nombre en la eternidad.

He aquí por qué no os lo digo.

Penitente le arrojé

dentro de ella, y le olvidé

para siempre, don Rodrigo.

Don Rodrigo

¡Interesante proemio!

Y a ser tan cierto...

Gabriel

Lo es tanto,

que tengo del Padre Santo

por testimonio y por premio

esta bula. Me conviene

que la leáis.

(Le da otro papel).

Don Rodrigo

Os la tomo.

No está vuestro nombre.

Gabriel

¿Y cómo,

si a quien se dio no lo tiene?

Don Rodrigo

Proseguid.

Gabriel

Mi protector,

el Papa, en sus santos juicios,

utilizar mis servicios

imaginó, y fiador

constituyéndose mío,

me envió a un poderoso Estado,

que al verme tan bien fiado

fió un bajel a mi brío.

Venecia fue nuevamente

del corsario protectora;

ved de tan noble señora,

don Rodrigo, la patente.

(Le da otro papel).

Volví al mar; del africano

las costas guardando anduve,

y en un combate que tuve

los dos dedos de esta mano

perdí; mas su nave, hundida,

cogí a mi enemigo preso.

La mano llevo por eso

siempre en el guante metida.

El rumbo a Venecia di

contento, cuando topé

con un barco de no sé

qué argelino, resolví

abordarle, y por despojo

de esta sangrienta jornada,

rescaté una desgraciada

niña, a quien con noble arrojo

defendía un pobre anciano,

y a quien, según esperaba,

iba a vender por esclava

el argelino inhumano.

Don Rodrigo

¿Y esa niña es doña Aurora?

Gabriel

Que pasa por hija mía.

Don Rodrigo

¿Familia, pues, no tenía?

Gabriel

Y tiene.

Don Rodrigo

¿Por qué hasta ahora

no se la habéis vos devuelto?

Gabriel

Necesito presentar

documentos que probar

puedan que es ella, y resuelto

estoy conmigo a guardarla

mientras tanto.

Don Rodrigo

¿Y dónde están

los documentos?

Gabriel

Vendrán

muy pronto; porque entregarla

mucho a su padre me importa.

Don Rodrigo

Pensáis que él os dé...

Gabriel

Al contrario:

las riquezas del corsario

son para ella.

Don Rodrigo

Porción corta

no será.

Gabriel

¡No habrá, a fe mía,

quien competirla pretenda!

Millones tiene en hacienda,

millones en pedrería.

Don Rodrigo

¿Dónde?

Gabriel

En Venecia.

Don Rodrigo

¿Estarán

en el poder?...

Gabriel

Del Estado;

es ahijada del Senado

serenísimo, y tendrán

que devolvérsela salva

sus parientes a Venecia,

rica y libre, cual la precia

el marqués de Mari-Alba.

Ya nuestra historia sabéis.

A qué vine a Madrigal

y a qué voy a Portugal,

indagadlo si podéis.

Ni sabréis de mí otra cosa,

ni nadie más de mí sabe.

Solo Dios tiene la llave

del corazón de Espinosa;

y si más de lo que digo

saber importa a la ley,

llevadme a Madrid, el rey

me conoce, don Rodrigo.

Don Rodrigo

(Su altivez en confusión

me pone, y su majestad

me asombra. ¿Será verdad

lo de la resurrección?

Si miente, lo hace con tal

aplomo y con tanta fe,

que a poco más le daré

por el rey de Portugal.

Mas no ha de quedar por mí.

Yo he de apurar este arcano;

no dirán que de un villano

impostor juguete fui).

(Llama don Rodrigo y habla en secreto con un alguacil,
que se vuelve a marchar
).

Gabriel

(¿Secretos con el ministro

de justicia? Estoy al cabo:

tenemos careo; alabo

por sorprendente el registro).