ACTO PRIMERO
Antesala de una posada de Valladolid. Puerta en el fondo, que da al exterior. Dos a la izquierda, que dan al interior. Ventana a la derecha.
ESCENA PRIMERA
BURGOA, que aparece; un CRIADO, que sale por el fondo.
Criado
Señor amo.
Burgoa
¿Qué hay?
Criado
Un hombre.
Burgoa
¿Qué quiere?
Criado
Veros.
Burgoa
Que pase.
Criado
Entrad aquí, seor hidalgo.
ESCENA II
BURGOA y el MARQUÉS, embozado.
Marqués
Buenas noches.
Burgoa
Dios le guarde.
Marqués
¿Eres tú el huésped?
Burgoa
Yo soy.
Marqués
¿Luis Burgoa?
Burgoa
Y Nao d’Andrade.
Marqués
¿Portugués?
Burgoa
Lo canta el nombre:
De Alfontes en el Algarbe.
Marqués
Paisanos somos.
Burgoa
¿Sois vos
también?...
Marqués
Escúchame y cállate.
Burgoa
Callo y escucho.
Marqués
Esta noche
vendrá a pedirte hospedaje
en esta posada un hombre,
cuyas señas voy a darte
para que no le equivoques.
Edad, cuarenta años; traje
negro, cabello rapado,
barba crecida, semblante
pálido, mirada de águila,
sonrisa triste, andar grave.
Burgoa
Con tantas señas, señor,
que le equivoque no es fácil.
Marqués
Aún faltan más; una dama
en su compañía trae
de apenas diecisiete años,
y haciendo veces de paje,
viene sirviéndoles a ambos
un veterano de Flandes,
en quien, por más que se afana
por tosco labriego en darse,
se revelan a la legua
las costumbres militares.
Lo mismo sea sentirles
a tus puertas acercarse,
con luz y sombrero en mano
saldrás hasta los umbrales:
mandarás de sus caballos
cuidar, y sus equipajes
subir a los aposentos
mejores que puedas darles.
Les servirás a su antojo
los más sabrosos manjares,
y los vinos más añejos,
y entretanto que ocuparen
cuarto en tu posada, en ella
no recibirás a nadie.
Yo toda entera la alquilo
para ellos. Ahí va parte
del gasto que hacerte puedan;
cuando esa suma se acabe,
te rellenaré esa bolsa:
lo que sobre, para gajes
del huésped y de los mozos.
Adiós, y silencio, Andrade.
Burgoa
Un momento, caballero,
¿Y si ese hombre preguntare
quién paga su gasto?
Marqués
Nada
digas.
Burgoa
¿Y si se obstinase
en saberlo?
Marqués
Guardarás
silencio, y la cuenta al darme,
tu silencio y sus porfías
pondrás como cantidades
en guarismos, y yo solo
veré las sumas totales.
Pero ten cuenta, Burgoa:
porque el oro que aquí ganes
crecerá con tu prudencia
y te se irá con tu sangre;
porque indiscreciones de oro
con hierro es bien que se atajen,
y fortuna que se canta
siempre se la lleva el aire.
Burgoa
Señor...
Marqués
Adiós, que no quiero
que aquí si llegan me hallen.
(Vase).
ESCENA III
BURGOA; después DON CÉSAR
Burgoa
¡Aventura más extraña!
alguna apuesta, algún lance
de amor: pero ¿qué me importa
a mí? Lo que es indudable
es que el bolsillo está lleno
de doblillas; ¿para gajes
las que sobren? ¡Bah! lo menos
ciento por veinte. Adelante.
Don César
(Saliendo).
Buenas noches.
Burgoa
¿Qué se ofrece?
Don César
Hablar con el dueño.
Burgoa
Habladle.
Don César
¿Eres tú?
Burgoa
Yo mismo.
Don César
¿Estamos
solos?
Burgoa
Sí.
Don César
Atento estame.
Tres personas a tu puerta
vendrán muy pronto a apearse;
un hombre galán, de pálido
rostro y de noble talante,
una dama tan hermosa
como pintan a los ángeles,
y un escudero que tiene
mezcla de asistente y paje.
Dale lo mejor que tengas,
como a príncipes regálales:
lo que no poseas, cómpralo,
y en el precio no repares.
Ahí tienes doscientos pesos
en oro: cuando los gastes
en su servicio, me pides
más, y si sobran, por gajes
te los embolsas, con ceros
sumas y cuentas cabales.
Burgoa
Caballero, perdonad:
pero habéis llegado tarde.
Don César
No te entiendo.
Burgoa
Un embozado
que salía cuando entrabais
os ha ganado la mano;
y para esos personajes
por quien os interesáis,
con palabras semejantes
a las vuestras ha alquilado
y pagado el hospedaje
de mi casa con el oro
de este bolsillo: miradle.
Don César
¿Y quién es ese embozado?
Burgoa
No le conozco.
Don César
¿Su traje,
su porte, ni sus palabras
indicios no pueden darte
de quién sea?
Burgoa
No, señor
militar; ni su semblante
vi jamás, ni haber oído
recuerdo en ninguna parte
su voz.
Don César
¿Es joven o viejo?
Burgoa
¿No le habéis visto?
Don César
En la calle
estaba ya cuando yo
llegaba a tu puerta, y casi
no puse atención en él.
Burgoa
Es un señor respetable,
de barba gris, noble y rico.
Don César
¿Noble y rico? ¿De qué sabes
que lo es si no le conoces?
Burgoa
Dan en él lo muy bastante
a conocer la riqueza,
su oro y modo de darle,
y la nobleza, además,
de su tono y de sus frases,
el aroma que se exhala
de su valona y sus guantes.
Don César
Pues, señor, ¡cómo ha de ser!
Dijiste bien, llego tarde.
Réstame, pues, solamente
mis ofertas reiterarte:
emplea ese oro a gusto
de quien lo da, y lo que falte
yo lo abono: y a otra cosa,
que el tiempo vuela. Melquiades,
acomoda los caballos
en la cuadra.
Burgoa
Dispensadme,
capitán; no puede ser.
Don César
¿Por qué?
Burgoa
Porque no hay vacante
un solo pesebre en ella.
Don César
Pues en ese caso dame
un cuarto a mí y una cama,
y que se vaya Melquiades
con los caballos.
Burgoa
Tampoco
puedo serviros.
Don César
¡Bergante!
¿Intentas burlas conmigo?
Burgoa
¡Dios me libre de burlarme
de tan gallardo mancebo!
Mas tengo orden terminante
de aquel embozado incógnito
de no recibir a nadie
por esta noche en mi casa,
más que a ellos. Excusadme,
pues, capitán.
Don César
(Se sienta).
Pues entonces
dame un bocado que el hambre
me satisfaga y un trago
que me remoje las fauces.
Burgoa
Señor, todo está comprado,
y nos cansamos en balde.
Pues que por esos viajeros
os interesáis, dejadles
libre la casa, y no hagáis
que yo a mi palabra falte.
Don César
El caso es que a mí me importa
en esta casa quedarme
por esta noche, y es fuerza
que me quede.
Burgoa
Pues en grave
compromiso me ponéis
si os quedáis, y por mi parte
por cuantos medios me ocurran
estoy dispuesto a evitarle.
Don César
¿De modo que te propones
en la plazuela plantarme
en una noche como esta,
con frío tal, oro y hambre?
Burgoa
Sí, señor.
Don César
¿Sin más razones?
Burgoa
Os llevo dadas bastantes.
Don César
Pues señor, lo siento mucho;
mas fuerza es que te se alcance,
pues no eres tonto, que cuando
muestro empeño semejante
en hospedarme en tu casa,
no vine para marcharme
de ella otra vez despedido
como un buhonero errante.
Burgoa
Pues mirad cómo ha de ser.
Don César
Así: toma, y lee si sabes.
(Le da un papel).
Burgoa
¿Y qué es esto?
Don César
Lee.
Burgoa
(Leyendo).
«Dará
Luis Burgoa Nao d’Andrade
alojamiento en su casa
número dos de la calle
de la Antigua, al capitán
del primer tercio de Flandes
don César de Santillana,
con seis jinetes».
Don César
Cabales.
Burgoa, en nombre del rey
vas a ofrecerme de balde
lo que por oro me niegas.
Burgoa
La boleta haré que os cambien
a cualquier costa.
Don César
Será
trabajo inútil; es tarde.
Burgoa
No importa, tengo dineros
y muy buenas amistades
hoy en el Ayuntamiento.
Don César
Pues Burgoa, no las canses
inútilmente esta noche;
porque a más de que es mi padre
juez de la chancillería,
y de casa y corte alcalde,
tengo seis hombres
y un escudero, incapaces
de obedecer otras órdenes
que las que yo quiera darles,
que del umbral de la puerta
no permitirán que pases.
Conque cede a mis razones,
que son a fe terminantes,
y dame luz, cena y cuarto,
que con ese personaje
misterioso, seré yo
solamente el responsable
de todo, en nombre del rey.
Burgoa
Callo al rey.
Don César
Y muy bien haces,
que contra el rey nadie es cuerdo
en oponerse. Melquiades,
toma luz y desensilla
a Bayardo: a acomodarme
voy en algún cuarto bajo,
para que cuando llegaren
esos huéspedes, en casa
ya pagada no me hallen.
Burgoa
Capitán, pues no hay remedio,
yo os ruego, con la más grande
humildad, que os alojéis
en una sala que cae
al huerto que tengo a espalda
de la casa.
Don César
Que me place
te digo el alojamiento.
Vamos allá.
Burgoa
(Los dos a la puerta).
Hacia esta parte
y en el fin del corredor
veréis una puerta grande
que da sobre esta escalera:
tomad el farol que arde
en el descanso; bajadla,
y Andrés os dará la llave
de vuestro cuarto, y decidle
que a vuestras gentes os llame.
Yo os enviaré buena cena
y fuego.
Don César
Dios te lo pague.
(Vase).
ESCENA IV
BURGOA; después DON RODRIGO
Burgoa
Santillana y capitán,
y de los tercios de Flandes
y con la boleta en regla
y espada de gavilanes,
¿quién le resiste? El incógnito
se hará cargo del percance,
y tendrá su compañía
que sufrir y resignarse.
Contra el rey nadie es valiente.
Don Rodrigo
(Entrando).
¡Ah de esta casa!
Burgoa
Adelante.
Don Rodrigo
¿Sois el dueño de ella?
Burgoa
Soy
Luis Burgoa.
Don Rodrigo
Dios le guarde.
Burgoa
Mil gracias; lo mismo digo.
¿Qué se ofrece?
Don Rodrigo
Que oiga y calle.
Esta noche a esta posada
vendrá un viejo a apearse
con una dama encubierta
y un escudero; hospedadles
con mucho agrado y servidles
sin dudar cuanto demanden:
su gasto corre por cuenta
del rey, y desde el instante
en que vuestra casa ocupen,
de ellos, de sus equipajes
y cuanto les pertenezca,
seréis vos el responsable.
Dejaréis entrar a todos
los que por él preguntaren:
a todos, quienquier que fueren;
mas no dejaréis a nadie
volver a salir. Abajo
tenéis unos militares
alojados, y las órdenes
competentes voy a darles
para que os presten auxilio,
y en caso de apuro guarden
las puertas. Conque silencio
y adiós; volveré más tarde.
Burgoa
Señor, vuestra autoridad,
sea cual fuere, excusadme
que os pregunte a quién la honra
tengo de hablar.
Don Rodrigo
Al alcalde
Rodrigo de Santillana.
Burgoa
¡Jesucristo!
Don Rodrigo
Dios le guarde.
ESCENA V
Burgoa
¡Dios nos asista! Con un
Santillana era bastante
para su mal; pero ¿juntos
el capitán y el alcalde
pisándoles los talones?
Ya, ya están frescos los tales
viajeros. Los Santillanas...
Raza de réprobos; aves
de mal agüero; golillas
todos; búhos de las cárceles
y de las horcas, que solo
pronosticar pueden males.
Santillanas..., ¡fuego en ellos
y en quien a casa los trae!
No hay portugués que no tenga
con ellos cuentas. Mas baste,
que Dios dirá. Gente llega.
¡Andrés!
(Al ir a entrar por el fondo, sale Arbués de viaje, enlodado).
ESCENA VI
BURGOA y ARBUÉS
Arbués
No hay que incomodarse,
patrón; somos gente llana
mis amos y yo, y a nadie
gustamos de dar que hacer.
¿Hay aposentos capaces,
limpios y con buenas camas
para una dama, su padre,
su escudero y dos criados?
Burgoa
Sí, señor, los hay; y tales
que no habrá en palacio muchos
que en lo limpio les alcancen.
Arbués
Pues poned en uno luces
para la dama.
Burgoa
Que bajen;
voy a mandar por los trastos
que traigáis.
Arbués
Que no se cansen
vuestros mozos; ya los nuestros
suben con los equipajes.
(Suben los mozos con baúles).
¿Dónde los pondrán?
Burgoa
Allí,
en esos cuartos.
Arbués
(A los mozos).
Llevadles,
pues.
Burgoa
¿Y la dama?
Arbués
Se está
despidiendo de su padre.
Burgoa
¿Pues qué, no se queda en casa
con ella?
Arbués
Sí, mas tiene antes
que entregar unos breviarios
a un primo suyo que es fraile
en San Pablo, y tardará
tal vez, mas no hay que esperarle.
Burgoa
Marta, Ginés, a esa dama
alumbrad.
(Sale doña Aurora).
Arbués
Ya llegan tarde,
patrón.
Burgoa
¡Qué! ¿Sin aguardar
que la sirvan?...
Arbués
Si es más ágil
que un lancero, y nunca se anda
con cumplimientos.
ESCENA VII
ARBUÉS, BURGOA y DOÑA AURORA
Burgoa
(Aparte).
(Buen talle,
garboso andar, y ¡qué hermosa!
Dijo bien cuando a los ángeles
la comparó el capitán).
Doña Aurora
¿Sois el huésped?
Burgoa
Ordenadme,
señora; yo soy.
Doña Aurora
¿Hay fuego
en mi aposento?
Burgoa
Y bujía,
y puede vueseñoría
disponer de él desde luego
y de toda mi posada.
Os mandaré a mi mujer
que os sirva.
Doña Aurora
No es menester;
yo me sirvo sola, y nada
necesito. ¿Arbués?
Arbués
Señora.
Doña Aurora
Cuando vuelva, aunque sea tarde,
me avisarás.
Arbués
A la hora
en que llegue.
Doña Aurora
(A Burgoa).
Dios os guarde.
Burgoa
¿Tomaréis un refrigerio,
un tentempié, para abrigo
del estómago?
Doña Aurora
¿No os digo
que nada quiero?
(Vase por la izquierda).
Burgoa
¡Qué imperio!
ESCENA VIII
ARBUÉS y BURGOA
Burgoa
¿Y vos no cenáis?
Arbués
Poco ha
que comimos y costumbre
no tenemos.
Burgoa
A la lumbre
podéis venir, que la habrá
buena en el hogar.
Arbués
No tengo
frío; podéis sin reparos
cuando queráis acostaros;
porque mi amo, os lo prevengo,
de que le sirva no gusta
nadie más que yo, que sé
sus mañas.
Burgoa
Tenéis a fe
buen trabajo.
Arbués
¡Bah! Se ajusta
cada cual al que le toca
en esta vida: yo estoy
a su servicio y le doy
cumplimiento..., y punto en boca,
que tengo sueño. Dejad
la llave a mano y a abrir
bajaré, cuando venir
le sienta; que echen, mandad,
pienso a los caballos, yo
de este sillón haré lecho.
Burgoa
¿Dormiréis ahí?
Arbués
¿Pues no?
Es costumbre y ya estoy hecho.
Burgoa
Pues para cuando me acueste
ahí queda la llave, y vos
os gobernaréis.
Arbués
Adiós,
pues.
Burgoa
Descansad. (¡Mala peste
me coja si yo me acuesto
sin ver a ese hombre quedar
dentro de casa!).
(Vase).
Arbués
Cerrar
no está demás.
(Cierra la puerta del fondo).