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Traidor, inconfeso y martir

Chapter 32: ESCENA X
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About This Book

The drama unfolds as a masked traveler and a young woman arrive at an inn and soon provoke suspicion, rivalries, and official scrutiny that escalate into interrogation, public accusation, and judicial consequences. Told in verse across three acts, the piece moves between intimate domestic scenes and formal proceedings, following how personal loyalties, social honor, and political pressures collide. Plot developments hinge on questions of identity and credibility, while motifs of deception, reputation, and conscience shape characters’ choices and propel the work toward a moral and legal reckoning.

ESCENA VII

DON RODRIGO, GABRIEL y el MARQUÉS DE TAVIRA.

(Gabriel se aparta a un lado, y, sentándose, se mantiene en toda esta escena dando la espalda al marqués).

Don Rodrigo

Señor marqués, perdonad

si cumpliendo obligaciones

de juez...

Marqués

Vuestras atenciones

os agradezco, en verdad;

pero advertid que mañana

quiero dejar a Castilla,

y que el mesón de una villa

no es el lugar, Santillana,

que me conviene; os prevengo

que hombre soy muy principal

y de todo Portugal

la sangre más limpia tengo.

Gabriel

(Aparte).

(Si mi mente no delira,

por Dios, que está en mi presencia

la hinchada magnificencia

del buen marqués de Tavira.)

Don Rodrigo

No os he de faltar en nada;

mas quiero que me digáis

sin doblez cuanto sepáis

de aquella fatal jornada

de África; corre el rumor

por ahí de que no es cierto

que don Sebastián ha muerto;

y aun hay algún impostor

que usurpa su augusto nombre.

Gabriel

(Mirándole).

(Y el gesto y el ademán.

¡Pobre rey don Sebastián

si en manos cae de ese hombre!)

Don Rodrigo

Conque decid, ¿es verdad

que en África el rey murió?

Que allá estuvisteis sé yo

con toda seguridad.

Hablad, marqués de Tavira,

vuestra nobleza es notoria.

No echéis en su ejecutoria

el borrón de una mentira.

Marqués

Inexperto capitán,

de mi edad en el vigor

esclavo fue mi valor

de mi rey don Sebastián.

Juntos un mismo bajel

a tierras del africano

nos llevó; como un hermano

al combate fui con él.

Un mar de sangre corrió.

Pero al partirse la suerte

solo el baldón y la muerte

a nosotros nos tocó.

Gabriel

(No sé por qué la memoria

de este lance me enternece

y me irrita; no parece

sino que cuentan mi historia).

Marqués

El rey, que escudo y celada

tiró para más grandeza

de valor, en la cabeza

recibió una cuchillada

tal, que la frente serena

le rajó hasta la nariz.

Don Rodrigo

(A Gabriel).

¡No es mala esa cicatriz!

Gabriel

La cuchillada fue buena.

Don Rodrigo

(Al marqués).

Seguid.

Marqués

El rey, nuevo Marte

de tan sangrienta jornada,

continuó, rota la espada

defendiendo su estandarte,

hasta que el filo fatal

de un yatagán africano,

segó de su izquierda mano

dos dedos.

Don Rodrigo

(A Gabriel).

Si no oí mal,

me habéis dicho...

Gabriel

(Con calma y sin volverse).

Que perdí

dos dedos en un combate

naval.

Don Rodrigo

Marqués, el remate

de la batalla.

Marqués

Caí

bajo un hachazo a los pies

de mi rey..., y no viví más;

perdí el sentido.

Don Rodrigo

Quizás

al recobrarlo después...

Marqués

Ya no le hallé; con la luna

tomé del mar el camino,

maltratado peregrino,

caballero sin fortuna,

llevando en el corazón

el recuerdo de una hazaña

que será, no para España,

para su rey, un baldón.

Don Rodrigo

¡Señor marqués de Tavira!

Esa frase infamatoria...

Marqués

No tendrá mi ejecutoria

el borrón de una mentira.

Don Rodrigo

Conque, en fin, ¿el rey murió?

Marqués

No lo sé, ¡por vida mía!

Si lo supiera os diría,

señor alcalde, que no.

Don Rodrigo

(Al Marqués, llevándole aparte).

¿Buena memoria tenéis?

Marqués

Buena.

Don Rodrigo

¿Y vista?

Marqués

Perspicaz.

Don Rodrigo

Si vive y le veis, ¿capaz

de conocerle seréis?

Marqués

¡Si vive habéis dicho!

Don Rodrigo

Sí.

Marqués

¿Tenéis, pues, noticias de él?

Don Rodrigo

¿Recibisteis un papel

anónimo?

Marqués

Recibí

uno ayer.

Don Rodrigo

¿Y qué os decía?

Marqués

Las señas de un personaje

me daban, que iba de viaje

y aquí a hospedarse vendría.

Mandábanme a un comerciante

que me daría dinero

para pagar del viajero

el gasto, y que en el instante

fuera a cobrarlo y corriera

con el pago, y tras el tal

viajero hacia Portugal

la vuelta sin falta diera.

Don Rodrigo

¿Y cobrasteis?

Marqués

Sí cobré.

Don Rodrigo

¿Y pagasteis?

Marqués

¿Pues cobrado

por mí, no fuera pagado?

Don Rodrigo

Perdonad; ¿e iréis?

Marqués

Iré.

Don Rodrigo

¿Luego sabéis de quién es

el anónimo?

Marqués

Aunque no

lo sé, jamás me engañó

en uno.

Don Rodrigo

¿Os ha escrito, pues,

otros?

Marqués

Varios.

Don Rodrigo

Sobre asuntos...

Marqués

Secretos.

Don Rodrigo

Mas ¿ciertos?

Marqués

Sí.

Siempre que salieron vi

ciertos en todos sus puntos.

Gabriel

(Aparte).

(¡Con famosos servidores

cuenta el rey don Sebastián!

¡Pobres reyes! ¡Siempre dan

con tontos o con traidores!).

Marqués

Si he concluido, no es cosa

de estarme aquí sin provecho.

Don Rodrigo

Perdonadme que aún insista;

mas ya que memoria y vista

tenéis, de ese hombre en acecho

estad, y del rey en nombre

os mando decir, marqués,

si le conocéis, quién es.

Gabriel

(Aparte).

(Santillana es todo un hombre).

Marqués

(Aparte).

(¿Qué diablos de juego es este?

¡Posición más engorrosa!).

Don Rodrigo

(A Gabriel).

Señor Gabriel Espinosa,

permitid que os manifieste

que habéis descortés andado

con el marqués de Tavira,

que está mirándoos con ira.

Gabriel

¿Se lo habéis vos ordenado?

Don Rodrigo

Ved que son los portugueses

quisquillosos; despedidle

al menos; vamos, decidle

cuatro palabras corteses.

Gabriel

Voy, pues que vos lo queréis.

Don Rodrigo

(Yo apuraré la mentira).

Gabriel

¿Señor marqués de Tavira?

Marqués

¡Jesucristo!

Gabriel

¿Qué tenéis?

Marqués

¡Señor!... ¿Sois vos?... ¿Aún vivís?

Gabriel

¡Si vivo! ¿Pues no lo veis?

¡Pero qué diablos decís!

Marqués

¡Ese gesto, ese ademán,

esa voz, ese semblante

que no olvidé ni un instante!

(Cae de rodillas).

Es el rey don Sebastián.

Gabriel

¡Imbécil! A ser de cierto

don Sebastián, ¿no reparas

que antes que me delataras

a mis pies te hubiera muerto?

Marqués

¡Jesús!

Gabriel

Señor Santillana,

¿que sé, daréis por supuesto,

que sois vos quien me ha dispuesto

una farsa tan villana?

Don Rodrigo

¡Yo! ¡Farsa!... ¿Y con qué interés?

Gabriel

Salta a los ojos: es fuerza

que ya la opinión se tuerza

del buen pueblo portugués.

Interesa a un impostor

ahorcar porque más en él

no espere, y soy yo, Gabriel,

el que os parece mejor.

Ya veis que os he comprendido.

Vos y ese hombre los traidores

sois aquí y los impostores;

con él estáis convenido.

Don Rodrigo

¡Yo!

Gabriel

Traedme otro marqués

como ese; aunque sean doce.

Ni ese sandio me conoce,

ni es noble ni portugués.

(Gabriel se mete desenfadadamente en su cuarto,
dejando estupefactos al marqués y a don Rodrigo
).

ESCENA VIII

DON RODRIGO y el MARQUÉS DE TAVIRA

Don Rodrigo

Ese hombre me va a volver

el juicio a mí. ¡Por mi vida

que está buena la salida!

No me queda más que ver.

Mas me pone en confusión

su aplomo, su majestad

y su audacia... ¿Habrá verdad

en esta resurrección?

Marqués

Sandio dijo..., sandio soy,

mas contenerme no pude.

Don Rodrigo

¿Es él?

Marqués

No habrá quien lo dude.

Don Rodrigo

¿Estáis seguro?

Marqués

Lo estoy.

Don Rodrigo

¿Engañado no os habrán

vuestro error y su apariencia?

Marqués

No.

Don Rodrigo

¿Jurárais en conciencia?

Marqués

Que es el rey don Sebastián.

Don Rodrigo

(Llamando).

El capitán Santillana.

ESCENA IX

DON RODRIGO, el MARQUÉS y DON CÉSAR

Don Rodrigo

Ruégoos que me perdonéis,

señor marqués, mas me obliga

mi deber a hacer que el viaje

suspendáis.

Marqués

(Ya no podría

continuarlo: ya le he visto

y a verle nada más iba).

Don Rodrigo

(Aparte a don César).

Escucha, César.

Don César

Decid.

Don Rodrigo

Antes de que apunte el día

deben de partir los presos.

Don César

¿Adónde van?

Don Rodrigo

A Medina

del Campo.

Don César

¿Pues qué razones

hay?

Don Rodrigo

Dos: aquí la atrevida

audacia de algunos pocos

que mucho a Gabriel estiman,

pudiera hacer un arresto

y burlar a la justicia.

Don César

¿Sabéis, pues?...

Don Rodrigo

Yo no sé nada.

La situación se complica

de tal modo, que no hay ciencia

ni sagacidad que sirvan

para dominarla. Doña

Ana de Austria, sobrina

del rey y abadesa ahora

de las monjas agustinas

de Madrigal, y otras muchas

personas como ellas dignas

de respeto, es menester

que declaren. En la villa

de Madrigal peligroso

fuera instalarme; en Medina

hay cárcel segura, estoy

casi a la distancia misma

de aquí que de Madrigal,

y hay algunas compañías

de arcabuceros.

Don César

¿Pues tantas

precauciones son precisas?

Don Rodrigo

Todas son pocas tratándose

de una cabeza proscrita,

que puede hacer la desgracia

de toda una monarquía.

Tú le escoltarás, y luego

partirás a toda prisa

a la corte, para el rey

con una consulta mía.

Voy a mandar las literas

traer, y estar prevenida

la escolta que has de llevar.

César, la más exquisita

vigilancia ten: con ellos

vas guardando nuestras vidas.

Adiós. Seguidme si os place,

señor marqués de Tavira.

ESCENA X

DON CÉSAR; después DOÑA AURORA

(Don César aguarda a que se vayan don Rodrigo y el marqués, escucha un momento a la puerta del fondo y va a abrir la primera de la izquierda, donde está el cuarto de doña Aurora, llamándola con precaución).

Don César

¿Aurora?... ¿Aurora?... Cerráronla

en la cámara vecina,

sin duda porque no oyera

lo que en esta sucedía.

(Entra y vuelve a salir con doña Aurora).

Venid, Aurora.

Doña Aurora

¿Qué pasa,

capitán, que así os obliga

a llamar?

(Don César cierra la puerta del fondo).

¿A qué cerráis

las puertas con tanta prisa?

Don César

¡Aurora, Aurora! Esta casa

es ya una cárcel sombría

para vosotros.

Doña Aurora

¡Dios mío!

¿Qué decís?

Don César

De la justicia

en poder estáis. Gabriel

con pertinacia inaudita

se obstina en callar, e inútil

todo es con él. Ni le obligan

las ofertas, ni le mueven

los ruegos, ni le dominan

las amenazas. Impávido

hacia el abismo camina

con el semblante sereno

y en los labios la sonrisa,

cual si pudiera de un soplo

disipar la enfurecida

tempestad en que sin rumbo

va la nave de su vida.

Doña Aurora

Capitán, es inflexible;

sus acciones son siempre hijas

de una decisión resuelta

y de una convicción íntima,

y no cede.

Don César

Pues os lleva

esa condición altiva

hoy, antes que raye el alba,

a la cárcel de Medina

bajo mi custodia.

Doña Aurora

¿Entonces?

Don César

Ya os he dicho que no había

ley ni deber que valiera

para mí lo que una mínima

insinuación vuestra. Habladle

vos, que sois su amor, su hija;

habladle y decidle: «Huyamos;

don César nos facilita

la fuga, huyamos...», y huid,

Aurora. Y ya que mi vida,

por un tenebroso arcano

que vuestro padre no explica,

está, ¡ay de mí!, para siempre

de la vuestra dividida,

huid, y al menos debédmela

aunque pierda yo la mía.

Huid. Nada hay que me espante:

seré traidor, si es precisa

la traición para salvaros.

Doña Aurora

Dios hará que tal mancilla

sobre vuestro honor no caiga.

(Mira por el hueco de la cerradura del cuarto de Gabriel).

Él va a salir... ¡Que me asista

rogad al cielo!... Y dejadme

con él.

(Vase don César, cerrando la puerta).

Trae embebida

su alma en los pensamientos

de hiel que le martirizan.

(Sale Gabriel sombrío, los brazos cruzados, sin ver a Aurora,
que se ha retirado a un lado, y habla consigo mismo
).