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Traidor, inconfeso y martir

Chapter 33: ESCENA XI
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About This Book

The drama unfolds as a masked traveler and a young woman arrive at an inn and soon provoke suspicion, rivalries, and official scrutiny that escalate into interrogation, public accusation, and judicial consequences. Told in verse across three acts, the piece moves between intimate domestic scenes and formal proceedings, following how personal loyalties, social honor, and political pressures collide. Plot developments hinge on questions of identity and credibility, while motifs of deception, reputation, and conscience shape characters’ choices and propel the work toward a moral and legal reckoning.

ESCENA XI

DOÑA AURORA y GABRIEL

Gabriel

A él solo, sí, desenredar le toca

la peligrosa red que se me tiende;

solo el rey puede descoser mi boca;

él solo; si me salva o si me vende,

él con Dios se verá: no es cuenta mía.

Yo acepto mi fortuna, tal cual sea

la que el cielo me dé; mas vendrá un día

en que todo mortal con Dios se vea,

y en aquel día en que de Dios espero

temblar ante el semblante soberano,

yo, de cetro en lugar, tener prefiero

una palma de mártir en la mano.

Doña Aurora

¿Ni una mirada para mí?

Gabriel

Mi Aurora,

único sol que en mi sombría frente

disipa con la luz de una sonrisa

las nubes del pesar que la ennegrecen,

perdóname si en reflexiones tristes

abismado ante ti pasé sin verte.

Mas, ¿por qué el llanto tu mirada enturbia?

¿Por qué la agitación que te conmueve?

¿Qué te asusta, mi bien?

Doña Aurora

Riesgos traidores

te acechan por doquier, tal vez la muerte.

¿Y te admira, señor, de que mi llanto

copioso y triste mis mejillas riegue?

Gabriel

Te engañas.

Doña Aurora

Tú, la misteriosa nube

que impenetrable tu existencia envuelve,

es fuerza que hoy ante la ley se rasgue

de un juez, terror de cuantos nobles seres

asilo hallaron, nacimiento o nombre

de Tajo y Miño en las riberas fértiles.

Gabriel

¿Quién te lo ha dicho?

Doña Aurora

Yo lo sé.

Gabriel

Pregunto

quién te lo ha dicho.

Doña Aurora

El capitán, que tiene

más de leal, de noble y generoso

que tú de franco con quien más te quiere.

Gabriel

¡Aurora!

Doña Aurora

No receles que mis labios

dejen salir palabras imprudentes,

que a impulso de un amor desatinado

compliquen más la situación presente.

Gabriel

¿De don César, al fin, desventurada,

al fuego dio tu corazón albergue?

Doña Aurora

El corazón entero es de otro hombre

y me son los demás indiferentes.

Ni te hablara yo de él en esta hora,

que habrá de ser para los dos solemne.

Yo quiero al capitán porque tú mismo

me viniste a decir: «Aurora, quiérele»;

mas yo le quiero porque tú lo mandas,

porque quiero no más lo que tú quieres.

Gabriel

Quiérele, Aurora, porque ya es acaso

el solo amigo que tu padre tiene.

Doña Aurora

¡Mi padre, sí, mi cariñoso padre!...

¿No es este el nombre que emplear conviene

en esta situación?

Gabriel

Silencio, Aurora;

que es el encanto de mi vida advierte

ese nombre feliz.

Doña Aurora

Pero ese nombre,

dímelo de una vez, ¿te pertenece?

Gabriel

¿Quién te lo hizo dudar? ¿Quién te lo dijo?

Doña Aurora

La que a tu lado y con placer mil veces

y acaso en busca de la paz perdida

veló tu sueño y sorprendió inocente

tu secreto.

Gabriel

¡Gran Dios! ¿y nada dije

de mi vida anterior? ¿De otros placeres,

de otros tiempos, en fin?

Doña Aurora

Nada dijiste,

nada, señor; mas aunque dicho hubieres

en el pecho de Aurora lo enterraras,

que en ti a sufrir como a callar aprende.

Gabriel

(¡Miserable de mí! Porque el misterio

que intentan aclarar oculto quede

siempre en mi corazón, ¿será preciso

que yo mismo la lengua me cercene?).

(Gabriel escucha desde aquí como distraído
en sombrías reflexiones
).

Doña Aurora

¡Padre!

Gabriel

Explícate, Aurora.

Doña Aurora

Oye: al impulso

de una curiosidad impertinente,

o de otro sentimiento inexplicable

que en mí se agita y que en mi alma enciende

la misteriosa luz de una esperanza

lejana, incierta, misteriosa, débil,

cedí, señor, y en la callada noche

mi lecho abandoné..., porque a mi mente

mil visiones de amor se amontonaron

en confuso tropel, puras y alegres

como las olas que la mar en calma

sobre sus lomos incansable mece;

como las aves que en el árbol saltan

trinando al son de la escondida fuente.

Gabriel

Prosigue, Aurora.

Doña Aurora

Abandoné mi lecho,

y al tuyo me acerqué, como quien teme

ser sorprendido en criminal intento

por un extraño que a su lado duerme.

Tu faz un punto contemplé, y mi labio

un ósculo filial posó en tu frente.

¿Me oyes, Gabriel?

Gabriel

Prosigue, Aurora mía,

tu voz la voz de un ángel me parece.

Doña Aurora

Al contacto sutil del labio mío

sonreíste, señor; y tu voz débil

oí que el nombre mío murmuraba

entre esos ayes conque el mal divierte

de una pasión el que vivió en el mundo

secretos hondos ocultando siempre;

y entonces supe por la lengua misma

que hablar en sueños indiscreta suele,

que si es la tuya misterioso arcano,

espesa sombra mi existencia envuelve.

Gabriel

¿Y entonces?

Doña Aurora

Me aparté ruborizada

de quien mi padre no es; sentí más fuerte

latir mi corazón; sentí otra sangre

circular por mis venas más ardiente;

sentí en presencia del mayor cariño

mi cariño filial desvanecerse,

y al apartarme de tu lecho trémula

un ósculo de amor grabé en tu frente.

Gabriel

No lo digas jamás, Aurora mía.

Jamás a nadie tu pasión reveles.

Quema los labios que en mi frente seca

pusiste; quema el corazón rebelde

que el cariño filial de sí arrojando,

dio a mi cariño en su lugar albergue.

Doña Aurora

Es ya tarde, Gabriel, mi amor es hijo

de tu callado amor.

Gabriel

Tú lo mereces;

tú eres la sola flor que brotar hizo

en mi camino Dios... Dios, que al ponerme

sobre la tierra, me alfombró de espinas

la senda que mis pies recorrer deben;

pero yo no merezco tu amor santo;

yo soy un árbol cuyo tronco estéril

despojado de vida por el rayo,

ya ni sombra, ni flor, ni aroma tiene.

Doña Aurora

No, no: tú eres un árbol cuya sombra

cobijó mi niñez: cuyo ámbar bebe

mi pobre corazón, de quien tú solo

sombra, delicia y alimento eres.

Dios me entregó a tus brazos en mi infancia,

porque Dios quiso que en tu pecho ardiente

brotase, para encanto de tu vida,

de esta pasión correspondida el germen.

Gabriel

Tienes razón, Aurora, reconozco

en tu amor la piedad omnipotente.

Tienes razón, Aurora, Dios del cielo

te envía..., un ángel de los cielos eres.

Doña Aurora

Escúchame, Gabriel.

Gabriel

Habla.

Doña Aurora

En el nombre

de esa pasión que en nuestras almas hierve,

desaparezcan hoy esos misterios

que nuestras dos historias oscurecen.

Gabriel

Imposible.

Doña Aurora

No temas que me espante,

Gabriel, ni me arrepienta, conociéndote,

de haberte amado nunca.

Gabriel

Es imposible.

Doña Aurora

Habla. Dime quién soy, dime quién eres.

Si eres villano y en tus venas viles

la sangre impura y maldecida tienes

de raza hebrea o de morisca tribu,

yo te amaré, Gabriel; si reales puedes

ostentar de tu estirpe en el escudo

coronados y espléndidos cuarteles,

yo te amaré, Gabriel; si eres acaso

criminal fugitivo y por mí temes

de un patíbulo infame la deshonra,

yo te amaré, Gabriel; llama si quieres

a un sacerdote, y que con lazo eterno

anude nuestras almas; y no pienses

que el deshonor de criminal memoria

me humille. Te amo con amor tan fuerte,

que oraré mientras viva en tu sepulcro,

orgullosa del nombre que me dejes.

Gabriel

¡Calla, Aurora, deliras!

Doña Aurora

Un momento,

Gabriel, óyeme aún, no te impacientes.

Si eres un impostor, un ambicioso,

cogido al fin entre sus propias redes,

huyamos; tienes ocasión y tiempo.

Sí, nuestra fuga el capitán protege,

huyamos, nuestro amor y nuestra infamia

arrastrando a remoto continente.

Gabriel

¡Aurora!

Doña Aurora

Hoy a la cárcel de Medina

rayando el alba trasladarnos deben,

y el capitán que en nuestra guarda parte...

Gabriel

Silencio, Aurora. ¿Deshonrarle quieres

para salvarte tú? ¿Sabes que si huyo

cuando en su guardia el infeliz me lleve,

morirá en mi lugar, y que al fugarme

me doy por criminal siendo inocente?

Yo no huiré jamás; ni sé, ni quiero,

ni nací para huir: ya muchas veces

la he visto cara a cara, y en el pecho,

no por la espalda, me herirá la muerte.

Doña Aurora

Hiéranos a los dos un mismo golpe.

Gabriel

Tú no debes morir; aún que hacer tienes

sobre la tierra.

Doña Aurora

¿Qué, sin ti?

Gabriel

Llorarme.

Doña Aurora

¿Me lo mandas?

Gabriel

Yo, no: Dios. Obedece.

Dios me pone en los labios un candado,

no lo intentes romper. Pura, inocente,

noble eres tú; si a deshonrada tumba

mi silencio me lleva, Dios lo quiere.

Inclina, Aurora, la cabeza humilde

bajo la voluntad omnipotente,

y ora en mi tumba sin vergüenza, Aurora.

Mártir me quiere Dios, y obedecerle

es fuerza. Vive; y si te dice el mundo

que he sido un impostor, el mundo miente.

Yo no he dicho jamás que era el que buscan,

y a morir me enviarán sin conocerme.

Ora en mi tumba sin vergüenza, y ora

mientras los hombres libertad te dejen;

y si te culpan como a mí, en silencio,

digna siempre de mí, como yo muere.

Doña Aurora

¿Tú me lo mandas? Obedezco: sea,

Gabriel; digna de ti quiero ser siempre.

ESCENA XII

DOÑA AURORA, GABRIEL, DON CÉSAR

Don César

Don Rodrigo sube.

Gabriel

(A don César).

Oíd

antes. Si en algo apreciáis

a Aurora, ved cómo enviáis

ese papel a Madrid.

(Gabriel da una carta a don César, que la toma rápidamente).

Don César

Sabéis que mi fe la aprecia

en más que en mi mismo honor.

Yo lo llevaré.

Gabriel

Al señor

embajador de Venecia.

ESCENA XIII

DICHOS, un ALGUACIL, después DON RODRIGO

Alguacil

(Entrando).

Su señoría.

Gabriel

Aguardamos

sus órdenes.

Don Rodrigo

(Entrando).

Os espera

allá abajo una litera,

señor Gabriel.

(Gabriel, tomando de la mano a doña Aurora
y dirigiéndose a la puerta, dice
):

Gabriel

Pues partamos.

Don Rodrigo

¿Ni inquirís adónde vais

ni tomáis vuestro equipaje?

Gabriel

Vos que disponéis mi viaje

sabréis cómo me lleváis.

Don Rodrigo

Conmigo.

Gabriel

Pues ya tardamos.

Don Rodrigo

Vuestros cofres van con sellos.

Gabriel

Haced lo que os plazca de ellos.

Don Rodrigo

Pues cuando gustéis.

Gabriel

Pues vamos.

(Vanse delante Gabriel con doña Aurora,
luego don Rodrigo y don César
).

FIN DEL ACTO SEGUNDO